Hieroskemamonje Nil Dorobanțu, loco por Cristo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de Nil Dorobanțu.

Fotografía de Nil Dorobanțu.

El hieroskemamonje Nil Dorobanțu es una persona recientemente recuperada en el discurso público de la cristiandad rumana. Ha sido este año, después de un escándalo sobre la obligatoriedad de la asignatura de Religión en las escuelas, cuando ha sido publicado un pequeño opúsculo sobre él, titulado “Cristo predica en la escuela”. A partir de entonces, se ha publicado una biografía y el segundo, sobre su “Mística”, está a punto de salir. Esta biografía muestra un personaje atípico en Rumanía, el loco por Cristo.

La biografía de Nil Dorobanțu se ha compilado en este artículo a partir, especialmente, de su autobiografía, escrita durante uno de sus arrestos por la Securitatea (Seguridad) rumana, el 2 de abril de 1970. Otras informaciones proceden de diferentes testimonios, todos incluidos en el libro biográfico Hieroskemamonje Nil Dorobanțu, loco por Cristo, y la llama viva del monasticismo rumano en el siglo XX, compilado por Ionel Dumitru Adam, un sacerdote del condado de Mehedinți, donde vivió Nil Dorobanțu.

Primeros años
Nacido el 1 de agosto de 1920 en la aldea de Crainici, comarca de Bala en el condado de Mehedinti, de una antigua familia de propietarios libres en la provincia de Oltenia (suroeste de Rumanía), el joven Nicolae Dorobanțu siguió los tres primeros cursos en su aldea y se trasladó al cuarto a Bucarest con algunos parientes, donde fue a la escuela primaria del Ateneo Popular, teniendo entre sus compañeros al rey Mihai. Después del instituto en el Colegio de San Sabas, el mejor de Bucarest, entró en clase de octavo en la Escuela Militar Alexandru Sturdza en Craiova.

Se graduó en la escuela militar como oficial activo, siendo segundo lugarteniente, y comenzó su carrera militar, como su tío, el general Gheorghe Dorobanțu. No estuvo mucho tiempo, porque, como él mismo declara, no quería luchar en una guerra tan injusta como lo fue la Segunda Guerra Mundial. Siendo abiertamente opositor a la guerra, huyendo de su base en Pedreal, a través del sur de los Cárpatos hasta su aldea, fue primero declarado desertor. El castigo por este delito era, durante la guerra, la pena de muerte. Después de ser clínicamente examinado, se declaró que tenía “dromomanía epiléptica” y fue desmovilizado en diciembre de 1942.

Nicolae Dorobanțu en su uniforme de teniente segundo.

Nicolae Dorobanțu en su uniforme de teniente segundo.

Tras abandonar su carrera militar, estudió matemáticas y biología y se examinó en la facultad de silvicultura (forestal), donde fue aceptado. En cualquier caso, finalmente escogió la teología, donde entró como escolar y tomó clases de algunos de los más grandes profesores de ese tiempo. Paralelamente accedió a la facultad de filosofía y letras y la facultad de derecho, donde se examinó en sesiones extraordinarias. Terminó Teología en 1947 y Filosofía en 1948 con calificación de “magna cum laude”. En diciembre de 1947 inició el doctorado en teología con la tesis “La teoría del Logos encarnado en la vida espiritual” con el padre Dumitru Stăniloae, el teólogo rumano más famoso de todos los tiempos.

Antes de ser ordenado monje, asistió a diferentes cursos como estenodactilografía, publicó monografías de diferentes aldeas rumanas y no compartió la tendencia de la mayoría respecto a ideas políticas. De hecho, no se interesó en absoluto por la política. Su saludo habitual, como la monja Verónica de Vladimirești afirmó, era “Cristo ha resucitado, tanto de civil como de monje.

Monje
Fue tonsurado como monje el Domingo de Ramos de 1947 por el archimandrista Partenio Buscu, abad del monasterio de Radu Vodă en Bucarest. Su nombre de monje fue Nechifor. Un año después, fue ordenado hierodiácono el 23 de abril de 1948 en Zaclău, condado de Tulcea (la aldea enfrente de Galați, más allá del Danubio) y sacerdote en la aldea de Florești, en el condado de Tecuci (baja Moldavia) el 22 de septiembre.

Como sacerdote ordenado para el pequeño monasterio de Mușunoaiele no estuvo mucho tiempo. Incluso antes de ser conocido por vivir una vida muy ascética, empezó una auténtica campaña de iniciación a la enseñanza de la ortodoxia predicando en iglesias, pero también en aldeas, ciudades e incluso en los bosques deshabitados, siempre “con la iglesia detrás”, es decir, con el antimension bizantino, algo de pan y vino, celebrando la liturgia prácticamente cada día.

Ornamentos sacerdotales de Nil Dorobanțu.

Ornamentos sacerdotales de Nil Dorobanțu.

Itinerarium
Como monje no pudo quedarse en un único lugar, como exigen las normas monásticas ortodoxas. Su biografía muestra muchos traslados de un monasterio a otro, de ser un simple sacerdote, a convertirse en profesor y pedagogo en la escuela de cantores eclesiásticos en Galați en 1949, posteriormente confesor en el monasterio de Sihastru, la sketa de San Juan en Panciu y el monasterio Tarnița en el condado de Putna (baja Moldavia), y más tarde sacerdote en diferentes monasterios de los condados de Bacău, Neamț y Buzău, en la región de los Subcárpatos.

Sus constantes cambios de status se debían a su carácter. Predicaba mucho, siendo muy estricto con la moralidad de la gente y siendo él mismo un buen ejemplo de verdadera vida cristiana. Prácticamente rechazaba dormir en una cama, ofrecía repetidamente las ropas y zapatos que recibía y despreciaba el dinero. Por su comportamiento lo apodaron “Zănatecul” (el Loco, o más bien, el embaucador). Le gustaba caminar descalzo, con los mechones de pelo al viento, con ropas sencillas y ceñido con una cuerda. Mucha gente confiesa que fue bendecido por Dios con muchos dones, y que incluso podía desaparecer y aparecer instantáneamente e incluso estar en dos lugares al mismo tiempo. Por ejemplo, una vez que estaba siendo buscado por la Securitate, huyó a través del bosque y llamó al monasterio para decir que ya estaba lejos, en Bicaz (a 200 km).

En el monasterio Vladimirești se dice que una vez el archimandrita ordenó a las monjas darle buenas ropas y zapatos al padre Nechifor sólo durante los oficios y de recuperarlos después, para que él no pudiese regalárselos a nadie más. No le avergonzaba desafiar a los abades y monjes si no respetaban las reglas predicadas por la Iglesia y solía hacer cosas absurdas, como dar extrañas enseñanzas. Por ejemplo, cuando mujeres que habían abortado acudían a él, les ofrecía cajas con huesos exhumados de las tumbas del monasterio. Durante la construcción del monasterio Vladimirești se atrevió a hacer que mujeres ricas realizaran tareas pesadas como cargar arena, ladrillos o cemento, y le obedecieron sin protestar. Amonestaba duramente a los sacerdotes que solían fumar y una vez ofendió a un sacerdote que lo había invitado a una opulenta comida, tomando sólo zanahorias.

Fotografía de Nil Dorobanțu en 1977, cuando tenía 56 años de edad.

Fotografía de Nil Dorobanțu en 1977, cuando tenía 56 años de edad.

El hieromonje Nechifor recibió el gran skema siendo recomendado por el abad Benedicto Ghius en el monasterio de Sihăstria el 5 de agosto de 1952. Fue tonsurado por el abad Daniil Sandu Tudor y recibió el nombre de Nil.

Cuando pidió ser trasladado posteriormente a Transilvania, al famoso convento de Nicula en 1953, el obispo Teofil Herineanu escribió en una carta sobre él: “En lugar de realizar su noviciado bajo un abad mayor en un monasterio tradicional, él sigue su propio modelo de comportamiento, el cual, si no se analiza detenidamente, podría generar prejuicios por parte de la Iglesia y de la sociedad. Respecto a cuestiones materiales está total y permanentemente indiferente. Lleva una vida austera, desde la perspectiva de los placeres de la comida y el descanso. No rechaza ninguna privación. Su celo, siempre despierto y brillante, necesita la barrera de la prudencia, para no caer en una exaltación contra el sentido común y la razón. Respecto al dinero, el vino y los placeres corporales, no se le puede tentar de ninguna manera. Pero no es tan inmune respecto al orgullo. Quizá a eso se deba que el fracaso durante una misión lo desalienta rápidamente, y si se encuentra en un lugar espiritualmente difícil y resistente a la predicación, lo abandona y se marcha, intentando encontrar otro lugar más propicio”.

Después de Nicula y un pequeño descanso en Râmeți y Arnota, llegó incluso a un monasterio en la Rumanía oriental, en Banat. Posteriormente volvió a Moldavia, pidiendo al obispo Teofil Herineanu aceptarlo de regreso y se obligó a sí mismo a:
“1. Tener estabilidad.
2. No peregrinar.
3. No dejar la sketa nunca más.”

Aislándose en la sketa de Nechit el 10 de mayo de 1954, el abad Zenovie Ghidescu alabó su conducta y celo. Pero al estar enfermo, el abad se tuvo que ir al hospital y dejó la dirección del convento en manos del skemamonje Nil. En su ausencia, Nil entregó todas las posesiones de la sketa, incluyendo el dinero, los rebaños, los cereales, los muebles e incluso la cama del abad a los pobres. Cuando el abad regresó, se enfadó, dio una paliza a Nil y lo echó de allí. Desde ese momento predicó como sacerdote itinerante, al margen de las normas de la Iglesia, en las aldeas de Bacău y el condado de Neamț.

La situación personal de Nil Dorobanțu: sus continuos traslados de un lugar a otro.

La situación personal de Nil Dorobanțu: sus continuos traslados de un lugar a otro.

Arrestado
Siendo arrestado en dos ocasiones, primero en el monasterio de Tismana en 1952 después de las quejas de la abadesa Tatiana, y después el 26 de octubre del mismo año en Craiova, sospechoso de itinerancia, su tercera detención fue muy dura para él. Lo arrestaron el 3 de enero de 1956 en una aldea del condado de Neamț y lo encarcelaron 120 días en un lugar frío, sin comida ni bebida. Su mayor terror no se debió a causa de las torturas y los interrogatorios, sino porque los comunistas le confiscaron el antimension y el pan y el vino ya consagrados, transformados en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor.

El disidente anticomunista Petru Baciu escribió en su libro “Răstigniri ascunse” (Crucifixiones ocultas) sobre “Zănatecul”: “Su rostro estaba intensamente pálido, con el ceño ligeramente fruncido y las mejillas chupadas (…) parecía un icono viviente (…). En su camisa había trazado una gran cruz con una sustancia oscura. Era una sencilla y áspera ropa, llevaba la cruz en la mano y un bastón de palo de trigo en la otra mano”.

Su proceso comenzó el 13 de marzo en Iași y fue alternado con interrogatorios y torturas. Según la sentencia núm. 83 del Tribunal Militar en Iași, fue acusado de agitación pública, abuso de sus funciones, realizar oficios religiosos sin el consentimiento de la Iglesia y predicar contra la doctrina comunista de retirar los iconos de las clases. El primer examen médico lo declaró como que estaba bajo “un delirio místico, sistematizado sobre una base epiléptica” y afirmó que el hieroskemamonje Nil no era capaz de distinguir entre el mundo real y sus fantasías.

Portada de su obra "Mística".

Portada de su obra “Mística”.

En su “Mística” él describe esta situación: “Habéis hecho que me vuelva loco, para que me jacte y predique lo que he sufrido por mi Dios, mientras vosotros me vilipendiáis y creéis que soy una plaga. Pero yo me complazco en mis dolores y sufrimientos por Dios, que ha sufrido por mí tanto ¡y que todavía sufre hasta el final! Cada día muero por Cristo y subo al Calvario, lejos de tus altares, oh Señor, que tanto he amado. Y me devora el celo por tu casa, porque la abominación de la desolación ha llegado al lugar santo. Esperamos el nuevo cielo y la tierra nueva y la transfiguración por la virtud y la gracia, entrando por el camino estrecho y la puerta de la vida, por los escalones de la perfección hacia el Reino de los Cielos”.

Durante estos interrogatorios, confesó sus teofanías y visiones y fue ridiculizado, pero siguió confesando a Cristo ante los agentes de la Securitate. Incluso se atrevió a amonestar a un interrogador que estaba fumando, quitándole el cigarro de la boca. Por esta razón y porque maldecía a los demonios repetidamente, todos creyeron que estaba loco. El 23 de abril, tras un examen médico, los doctores lo declararon mentalmente sano y el segundo día, el 24 de abril, sin embargo, amonestó a los jueces llamándolos “satanases” y “anticristos”. Fue finalmente liberado el 5 de mayo, Sábado Santo. Sus dones sagrados estaban intactos y su felicidad fue indescriptible. Después de peregrinar por varias parroquias y monasterios, volvió a la sketa de Nechit.

Apartado del sacerdocio
Desgraciadamente, debido a su comportamiento y seguramente bajo presión de los comunistas, fue apartado del sacerdocio el 27 de noviembre de 1956. Visitó diferentes monasterios y sketas, y finalmente regresó a casa de su madre en Crainici, donde ya no hizo ninguna propaganda ni se dejó ver.

En 1964, tras la muerte de Stalin, intentó recuperar la normalidad, solicitando una partida de nacimiento, un DNI, pidiendo a diferentes diócesis que lo readmitieran, pero fue rechazado. El obispo Teofil Herineanu, que entonces era arzobispo de Cluj, lo rechazó, diciendo que no quería un nuevo “Maglavit” (refiriéndose a un lugar de peregrinación que surgió tras las visiones de un laico llamado Petrache Lupu). Dos de sus primos, Iulian Dracea, rector de la Universidad de Agronomía en Timișoara y Valerian Popescu, rector de la Universidad de Estomatología en Bucarest, le pidieron que se examinara e iniciara una carrera universitaria, pero él lo rechazó y, en su lugar, publicó en la prensa un anuncio de su muerte.

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Fotografía de Nil Dorobanțu para el DNI que solicitó en 1964.

Fotografía de Nil Dorobanțu para el DNI que solicitó en 1964.

Entonces empezó a peregrinar de nuevo, escondiéndose durante 14 años en diferentes casas, siendo protegido por dos ex-monjas y estudiando ciencias, psicología, tecnología y escribiendo mucho. A diferencia de 1952-1956, no celebró la Divina Liturgia clandestinamente hasta que regresó a su hogar, donde se construyó su propio altar en la leñera de su casa. Aquí reanudó la misa diaria y su canon monástico de ayuno y oración. En cualquier caso, la gente a su alrededor se dio cuenta de su presencia y creyó que llevaba una vida viciosa junto con algunas mujeres ancianas, todas ellas místicas exaltadas.

Siendo arrestado de nuevo, escribió su autobiografía en la sede de la Securitate en Turnu Severin, el 2 de abril de 1970. Al ser liberado, regresó a casa, pero siendo continuamente vigilado por la Securitate. Su ficha contiene muchas notas informativas sobre su vida cotidiana. Continuó su vida privada junto a tres mujeres jubiladas, a quienes él “adoctrinaba religiosamente”. De vez en cuando iba a Bucarest, encontrándose casualmente con viejos conocidos que luego darían testimonio de su vida ascética.

Algunos testimonios posteriores dan fe al menos de una visita a Bucarest. La monja Ecaterina Iordache, del monasterio de Măgura Ocnei, dijo que se encontró con él en una peregrinación para venerar las reliquias de San Demetrio el Nuevo y que estaba muy delgado, desdentado, vestido como un civil y probablemente llevando el epitraheilon (estola) bajo el abrigo.

En marzo de 1977 Nil fue llevado de vuelta a casa en Crainici con un fuerte golpe en el pecho. Nadie sabe qué le pasó. No quiso estar con nadie fuera de su hermana Paulina. El 27 de marzo, con 56 años de edad, anciano, pero muy enfermo, partió al Señor y fue enterrado en el cementerio de la aldea de Crainici.

Tumba de Nil Dorobanțu en Crainici, Rumanía.

Tumba de Nil Dorobanțu en Crainici, Rumanía.

Veneración
La vida y obras del padre Nil quedaron en silencio durante muchos años, de modo que hasta 2015, prácticamente sólo unos pocos recordaban al loco Nil. Ha sido gracias a una investigación del sacerdote Ionel Dumitru Adam que ha empezado a ser conocido. Las fuentes de esta investigación son los archivos del Comité Nacional de Investigación de los Archivos de Seguridad (CNSAS), la Dirección del Archivo Militar de Pitești, diferentes archivos diocesanos y los escritos del padre Nil.

Actualmente hay un folleto y un opúsculo sobre el padre Nil. Su biógrafo ha prometido publicar nuevos trabajos. El siguiente, titulado “Mistica”, ya se puede encontrar en Internet en la web dedicada a él. Los otros son: Teofanías del Paterikon, Palabras celestiales, Lógica, El bien en las escuelas, Apologética, Ciencia, Estética, Dios en la naturaleza, La mujer, Fumar, Ética, Comentarios a los cánones y Comentarios a Molitfelnic (Libro de Oración).

Varios testimonios sobre él pueden hallarse en la misma web. La próxima publicación de su obra revelará la compleja personalidad del hieroskemamonje Nil Dorobanțu, quien es, probablemente, el primer loco por Cristo de Rumanía.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
Ieroschimonahul Nil Dorobanțu „nebun pentru Hristos” și flacăra vie a monahismului secolului XX, Editura Babel, București, 2015.

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Santas Máxima, Donatila y Segunda, mártires africanas

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Estampa devocional italiana de Santa Donatila, virgen y mártir africana.

Estampa devocional italiana de Santa Donatila, virgen y mártir africana.

En Tuburbo, provincia de África, durante la persecución de Diocleciano y Galerio (s.IV), fueron detenidas dos mujeres, Máxima y Donatila, y una niña de doce años, Segunda, a quienes se conmemora el 30 de julio en el calendario cartaginés con la siguiente mención: “III Kal. Aug. sanctarum Tuburbitanarum et Septimiae”.

Esto lo confirma también la arqueología, ya que en una antigua lápida, descubierta en África en el año 1889, se lee: “Sanctae tres Maxima, Donatilla et Secunda bona puella”, por lo que estaríamos, sin duda, ante tres mártires históricas, de indudable existencia y documentado martirio. Sin embargo, la passio que ha llegado hasta nosotros es probablemente una nueva versión hecha en un ambiente donatista en el siglo V, basándose en un documento auténtico precedente. Sigamos este texto.

Passio de las Santas
Al inicio de la narración, se menciona solamente a Máxima, diciendo que tenía catorce años -luego todavía era una adolescente- y a Donatila, aunque de ésta no especifica la edad, diciendo que eran dos jóvenes que vivían en una posesión imperial –possesio Cephalitana– en las cercanías de Tuburbo (Thuburbo Majus), las cuales habían hecho voto de castidad.

El procónsul Anulino, en el año 303, había promulgado los edictos imperiales en los cuales se prescribía que todos los cristianos debían cumplir con los actos de cultos a los dioses y que el que se negase, sería castigado de manera severa. Toda la población de aquel dominio, incluido el clero, obedeció y ofreció sacrificios a los dioses. Solamente estas dos jóvenes, Máxima y Donatila, no apostataron, manteniéndose fieles. El hecho habría pasado desapercibido si una mujer de aquel lugar no lo hubiese denunciado, por lo cual, las dos jóvenes fueron apresadas y llevadas a Tuburbo a fin de ser juzgadas en un tribunal presidido por Anulino, obligadas a caminar a pie para extenuarlas y castigarlas.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot.

Martirio de las Santas. Grabado de Jacques Callot.

Es en este punto cuando se inserta la historia de Segunda – una niña de doce años, de familia noble -, que también había hecho profesión de virginidad y que, viéndolas pasar cuando eran llevadas ante el tribunal, se lanzó desde el balcón de su propia casa (!!!!!) y aterrizó ilesa en el suelo, haciendo todo lo posible para que la asociaran con Máxima y Donatila, para ser arrestada y llevada con ellas (!!), pese al dolor que con ello causó a su padre.

De lo que pasó ante el tribunal sólo se sabe lo que dice la passio acerca del interrogatorio y las respuestas de Máxima y Donatila, a veces de forma arrogante, pero muy firmes. Halladas culpables, a las dos jóvenes se les aplicó tortura del siguiente modo: se les hizo beber una repugnante mezcla de hiel y vinagre, fueron azotadas, descoyuntados sus cuerpos en el potro, abrasadas en parrillas y luego aplicada cal viva en sus heridas. Pero a pesar de estos insufribles dolores, las dos cristianas no cedieron.

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Es muy extraño que falta el interrogatorio a Segunda, que sólo es mencionada al final cuando Anulino, viendo inútiles todos sus esfuerzos para hacerlas abjurar, las condenó ad bestias y posteriormente, a la decapitación. Así que, finalmente, fueron arrojadas, con Segunda, a las bestias en el anfiteatro, pero como éstas no les hicieran daño alguno -un oso feroz se amansó a la vista de las tres mártires-, fueron finalmente degolladas con la espada.

Interpretación
Como sucede en muchos otros textos similares, la passio de estas Santas no está exenta de interpolaciones y modificaciones que deben considerarse. Muchos hagiógrafos consideran, no sin razón, que el texto original está alterado por añadidos y retoques de los donatistas. Esto se observa, ante todo, en la figura de Segunda, que analizaremos a continuación.

Mapa del yacimiento arqueológico de Tuburbo (Túnez). A destacar el anfiteatro, lugar del martirio de las Santas.

Mapa del yacimiento arqueológico de Tuburbo (Túnez). A destacar el anfiteatro, lugar del martirio de las Santas.

El hecho de tirarse desde un balcón y haber salido indemne, sin lesión alguna, le ha parecido a muchos hagiógrafos críticos, en efecto, como una interpolación donatista, pues se sabe que entre los miembros de esta secta -los donatistas- no faltan quienes se suicidaron de esa misma manera. Asimismo, en cuanto a las respuestas “arrogantes” de Máxima y Donatila ante el tribunal, también en este detalle los críticos ven la mano de los donatistas.

Aunque estas observaciones tienen un cierto valor, nada impide creer que las tres jóvenes fueran martirizadas juntas. La passio, aunque haya sido interpolada, puede haber sufrido variaciones y retoques más allá de cualquier otra consideración.

Estampa devocional italiana de Santa Máxima, virgen y mártir africana. Fuente: www.tuttocollezioni.it

Estampa devocional italiana de Santa Máxima, virgen y mártir africana. Fuente: www.tuttocollezioni.it

Cabe decir, sin embargo, que si es cierto que Santa Segunda tenía doce años, entonces, según la ley romana, era demasiado joven para testificar en un juicio -recordemos el caso de Santa Inés– y por lo tanto, no tendría por qué haber sido sometida a interrogatorio. Pero de la legalidad e ilegalidad del proceso mejor no explayarse, porque sería divagar y poner en duda todo lo que sabemos al respecto: no olvidemos que torturar y ejecutar vírgenes era del todo ilegal, así como los menores de 25 años estaban protegidos por la Lex Laetoria. Pero ya hemos comentado otras veces qué se hacía para subsanar estas aparentes trabas legales, así que lo dejaremos aquí.

Como ya apareciera en todos los martirologios precedentes, estas tres mártires también fueron inscritas en el Martirologio Romano ese mismo día, 30 de julio, aunque el cardenal Baronio cometió el error de decir que sufrieron martirio en tiempos de Valeriano en lugar de bajo Diocleciano.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Enlace consultado (27/07/2014):
– www.santiebeati.it/dettaglio/65050

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San Ladislao, rey de Hungría

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Relicario del cráneo del santo en la catedral de Gÿor (Hungría).

Relicario del cráneo del santo en la catedral de Gÿor (Hungría).

San Ladislao I nació en lo que hoy es Polonia, alrededor del año 1040, siendo sus padres el rey Bela I, perteneciente a la dinastía de los Árpád y la princesa polaca Riska (o Riquilda), que era hija del duque Miecislao II. El matrimonio tuvo varios hijos, entre ellos a Géza, Ladislao, Lamperto y Elena. Al igual que su padre escogió el nombre de su hijo Géza siguiendo las tradiciones húngaras, su madre escogió el de Ladislao, siguiendo las tradiciones eslavas.

Cuando en el año 1038 murió el rey San Esteban I, su sobrino Pedro Orseolo gobernó el reino durante ocho años, hasta que estalló una revuelta que acabó con su mandato. Como los miembros de la Casa de Árpád eran los descendientes legítimos, con la ayuda de la Iglesia y de la nobleza fue elegido como rey Andrés I de Hungría, hermano del padre de San Ladislao. Bela se sublevó en varias ocasiones contra su hermano Andrés, esperando heredar el trono ya que el rey no tenía hijos, pero sin embargo, en el año 1053, para sorpresa de todos nació Salomón, a quién su padre Andrés coronó de inmediato para garantizarse la continuidad en el trono. Cuando murió Andrés I, Salomón debió heredar el trono, pero como era muy joven, las costumbres de la Casa de Árpád hicieron que fuera coronado el miembro varón de mayor edad de la familia, o sea, Bela, el padre de Ladislao. Bela ocupó el trono solo durante tres años, ya que murió en el 1063, sucediéndole Salomón, quién fue ayudado por el ejército germánico. Fue entonces cuando Géza, Ladislao y Lamperto se vieron obligados a abandonar el reino.

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Un año más tarde, los tres hermanos llegaron a un acuerdo con su primo Salomón, el cual les cedió una pequeña parte del noreste del reino. Las relaciones entre los primos se fueron normalizando, llegando incluso a batallar juntos contra los invasores cumanos y pechenegos, estos últimos, instigados por los bizantinos en contra de Hungría. Después del asedio y conquista de Belgrado, a causa del reparto del botín, comenzaron nuevamente las desavenencias entre los primos, los bizantinos las aprovecharon para recuperar la ciudad, pero en represalia, los húngaros atacaron y tomaron la ciudad serbia de Nis. En todo este jaleo, Ladislao se mantuvo un poco apartado hasta que su hermano Géza y su primo Salomón firmaron un tratado de paz. La actitud de Ladislao fue apoyada por el Papa San Gregorio VII, lo que provocó aun más las desavenencias entre el Papado y el Imperio Germánico.

Batalla de Mogyoród. Miniatura que aparece en la Crónica Picta húngara.

Batalla de Mogyoród. Miniatura que aparece en la Crónica Picta húngara.

Las rencillas entre los primos continuaron a causa del sometimiento de Salomón a los deseos del Imperio Germánico, hubo luchas entre ellos y finalmente, el 14 de marzo del 1074, ambos hermanos vencieron a su primo Salomón en la Batalla de Mogyoród. A Salomón les perdonaron la vida y Géza fue coronado como rey de Hungría, aunque murió tres años más tarde como consecuencia de las heridas recibidas en el campo de batalla.

“Grosso modo”, fue así como San Ladislao accedió al trono de Hungría. Los nobles del reino lo eligieron como rey y aunque en un principio él no quiso ser coronado pues aún vivía su primo Salomón y “él prefería la corona celestial antes que la corona terrenal”, finalmente aceptó de mala gana en el año 1077. Durante su reinado, su primo Salomón se levantó varias veces contra él; siempre lo perdonaba, pero finalmente se vio forzado a encarcelarlo. Se esforzó por mantener tanto la paz interna dentro del reino como la paz con los reinos vecinos, mantuvo una posición neutral en el conflicto entre el Papado y el Imperio Germánico y se esforzó por ser un rey justo. Impulsó la promulgación de leyes condenando los robos y los asesinatos y como los obispos se entrometían en las cuestiones políticas del estado, redefinió sus funciones episcopales a fin de mantener la independencia de poderes. Consiguió que el Papa creara las diócesis de Várad y Zagrab, construyó numerosos monasterios e hizo numerosas donaciones no solo a los mismos sino a diversas instituciones caritativas que él mismo se encargó de impulsar.

Como ya hemos podido comprobar en algún otro caso (leer los artículos sobre San Luís IX, rey de Francia), jugó el papel de “rex et sacerdos”. Podríamos decir de él algo parecido a lo que decíamos de San Luís: se preocupaba tanto del bien material como del espiritual de sus súbditos, consideraba su misión real como una misión religiosa, algo que era reconocido por la propia Iglesia, pues en las ceremonias de consagración de los reyes y emperadores, de alguna forma la propia Iglesia buscaba alguna similitud con el orden sagrado a fin de reforzar de esta manera dicho carácter. Procuraba que sus leyes fueran conformes al espíritu evangélico y por eso, sus normas eran percibidas por todos como asuntos sacros. Todo esto, muy característico del llamado “Período Carolingio”, fue desapareciendo incrementándose el poder del Papado a costa del debilitamiento de la imagen y labor de los monarcas.

Escenas de la vida del santo. Legendario de Anjou el húngaro (1320/1340)

Escenas de la vida del santo. Legendario de Anjou el húngaro (1320/1340)

Sintiéndose amenazado por Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Germánico formó una alianza con el Papa y con otros reyes vecinos, viéndose así reforzado cuando enviudó de su primera esposa. En el año 1079 contrajo segundas nupcias con Adelaida de Rheinfelden, hija de Rodolfo de Suavia, con la cual tuvo varias hijas, entre ellas Santa Piroska (Irene) de Hungría, quién se casó con el emperador bizantino Juan II Comneno en el año 1104.

Bajo su reinado se realizó la “elevatio corporis” de San Esteban I y posteriormente, la de su hijo San Emerico y la del obispo San Gerardo de Csanád. Fue él quién promovió ante el Papa San Gregorio VII la canonización de estos tres santos húngaros. Antes de abrir el sarcófago de San Esteban I se preparó con tres días de ayuno. En el momento de abrir el sarcófago ocurrió un extraño suceso: no había forma de mover la tapa. Entonces, una monja del monasterio de Kökénysomyló se acercó al rey y le dijo que dicha tapa no se movería hasta que dejara en libertad a su primo Salomón y eso fue lo que Ladislao hizo. Liberado su primo, el 20 de agosto del 1083, pudo abrirse el sarcófago apareciendo el cuerpo incorrupto del santo rey, que desprendía un delicioso perfume; sin embargo, faltaba la mano derecha, la cual había sido robada en el año 1060 cuando el cuerpo de San Esteban tuvo que ser trasladado para protegerlo de algunas invasiones. Ladislao ordenó buscar la mano de San Esteban I y esta apareció en el año 1084, siendo depositada en un monasterio.

Aunque sobre el reinado de San Ladislao podríamos seguir hablando, como no es el objetivo de este artículo, no profundizaremos más en él salvo para decir que fue considerado como defensor del mundo cristiano y del reino de Hungría, como un rey bondadoso y piadoso que incluso perdonaba la vida a quienes se levantaban contra él o intentaban invadir su reino.

Cráneo del santo.

Cráneo del santo.

En la Pascua del año 1095 fue invitado a participar en la Primera Cruzada convocada por el Papa Urbano II. El aceptó y se puso en marcha, pero cayó enfermo de manera repentina, muriendo el 29 de julio de ese mismo año en la ciudad eslovaca de Nitra, que por entonces pertenecía al reino de Hungría. Como no tenía descendencia varonil, antes de fallecer, llamó a su sobrino Colomán, hijo de Géza aunque educado por Ladislao y lo nombró su heredero. Los nobles decidieron sepultarlo en el monasterio de Somogyvár, pero dice la leyenda que los bueyes que llevaban la carreta que transportaba el ataúd del rey tomaron rumbo hacia el monasterio Nagyvárad, sin que nadie pudiera impedirlo. Allí fue sepultado y todo el pueblo húngaro le guardó luto por espacio de tres años y le veneró como a un santo aun sin estar canonizado.

Sobre la fecha de su canonización existen discrepancias entre los historiadores basadas en diferentes leyendas, aunque la fecha más probable es el 27 de junio del año 1192 cuando el rey Bela III de Hungría se lo solicitó al Papa Celestino III. A partir del siglo XIV, el culto a San Ladislao traspasó las fronteras de su reino. Como he dicho antes, su reinado se caracterizó por la consolidación del cristianismo en Hungría y para muestra, un botón: los decretos emanados del sínodo de Szabolcs, presidido por él mismo en el año 1092, que atestiguan su esfuerzo por rehabilitar la relajación moral del clero y del pueblo húngaros, país que muy lentamente había asimilado la nueva religión introducida por San Esteban I.

Relicario del santo en la catedral de Oradea (Rumania).

Relicario del santo en la catedral de Oradea (Rumania).

Sobre San Ladislao I se han escrito muchas leyendas, pero prefiero no entrar en este terreno, salvo para decir que las fuentes principales para reconstruir su vida, son dos leyendas anónimas, redactadas a principios del siglo XIII, de la cual, la segunda es considerada como una reducción de la primera hecha para el uso litúrgico. Se les denominan: “Legenda maior” y “Legenda minor”, las cuales han sido muy estudiadas desde el punto de vista crítico por E. Bartoniek en su obra: “Scriptores Rerum Hungaricarum”, editada en Budapest en el año 1938.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bartoniek, E., “Scriptores Rerum Hungaricarum”, Budapest, 1938.
– Györffy, G., “En memoria de San Ladislao”, Budapest, 1977.
– Kosáry, D., “Introducción a las fuentes y a la literatura de la historia de Hungría”, Budapest, 1951.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (12/07/2015):
– www.magyartudat.com/820-eve-avattak-szentte-i-laszlo-magyar-kiralyunkat/
– https://hu.wikipedia.org/wiki/I._L%C3%A1szl%C3%B3_magyar_kir%C3%A1ly

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beata Juliana de Norwich, mística inglesa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono de la Santa.

Icono de la Santa.

Pregunta: No me queda claro si para la Iglesia Católica, Juliana de Norwich es Santa, aunque se la menciona con mucha frecuencia. Le ruego me saquen de dudas. Muchísimas gracias desde Argentina.

Respuesta: No se la venera como santa, sino como beata, aunque jamás ha sido beatificada oficialmente. Juliana de Norwich es una mística inglesa que vivió aproximadamente entre 1342 y 1430, años muy difíciles para la Iglesia, que estaba desgarrada por el Cisma después del regreso del Papa desde Avignon a Roma, años también muy difíciles para todos aquellos que sufrieron las consecuencias de una larga guerra entre Inglaterra y Francia. De ella no se conoce su nombre de bautismo, ni siquiera los de su familia. Sobre su existencia, además del libro de las “Revelaciones” – escrito o dictado por ella -, existe otro testimonio coetáneo, que fue descubierto el pasado siglo en la autobiografía de Margery Kempe, que es otra santa mujer de aquellos tiempos.

Según esta autobiografía, en el año 1413 Margery había ido a la ermita de Norwich a fin de visitar a la “señora Juliana” – se supone que era la santera o cuidadora de la ermita – para pedirle consejo y ayuda espiritual, o sea, que nuestra beata era conocida en vida como la “señora Juliana”, nombre que se mantuvo después de su muerte. Es posible que este nombre lo adoptara en honor de San Julián, que era el santo al que estaba dedicada la iglesia, en la cual transcurrió gran parte de su vida, iglesia que pertenecía al monasterio de Santa María y San Juan que las monjas benedictinas tenían en Carrow, dentro de la ciudad de Norwich. Hay quienes defienden que Juliana era una de esas monjas, pero esta hipótesis es poco probable.

Todo lo que realmente se sabe de ella está en el texto de las “Revelaciones”, en el que dice, refiriéndose a ella misma, que “es una criatura sencilla que no conoce las letras”, algo similar a lo que dice Santa Catalina de Siena, quien de sí misma dice que es una iletrada en su libro más notable: “El Diálogo”. De esta obra de la Beata Juliana nos han llegado dos versiones, una corta y otra larga. Se considera que la versión breve es la más antigua, aunque la larga fuese editada en primer lugar, concretamente en el año 1670 por parte del monje benedictino Serenus Cressy. El texto breve fue editado por primera vez en el año 1911 por Harford y se encuentra en el British Museum de Londres. En el siglo pasado se hicieron muchas ediciones de esta obra, de la cual todos deducen que su autora debió tener una personalidad excepcional.

Escultura de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Escultura de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Juliana, que merece ser recordada por sus continuas declaraciones de lealtad hacia las enseñanzas de la Iglesia Católica, es la primera escritora que utiliza el lenguaje vulgar inglés cuando escribe, cuestión que añade un especial interés lingüístico por esta obra, en la que Juliana, como mística, ocupa un puesto preeminente.

La fecha crucial de su vida fue el 8 de mayo del año 1373. Con anterioridad a esa fecha sólo sabemos que ella se dedicó a cuidar tiernamente de su madre y que era una mujer muy piadosa. Esto último, que era muy piadosa, se deduce por sus afirmaciones en las que dice que, antes de tener las revelaciones, ella pedía a Dios tres dones: una visión material de la Pasión de Cristo, participar en sus sufrimientos como lo había hecho la Santísima Virgen y tener la experiencia personal de padecer una enfermedad corporal, que la purificase de cualquier apego a las cosas terrenales. Las dos primeras gracias las pedía si ésa era la voluntad de Dios, pero la tercera la solicitaba sin reserva alguna, pues quería sufrir por los pecados de los hombres, para asemejarse a los padecimientos de Cristo y porque anhelaba ardientemente tener a Dios consigo misma. Estos deseos, expresados por ella misma, nos hacen suponer que la disponibilidad de su alma para recibir la gracia de Dios era total, por lo que se encontraba preparada para recibir extraordinarias gracias místicas.

Y esto fue lo que pasó. La enfermedad que ella había ardientemente solicitado la golpeó de manera imprevista el día 8 de mayo del 1373, aunque algunos autores afirman que fue el día 13, o sea, cinco días más tarde; es lo mismo. No se sabe con exactitud cuál fue esa enfermedad, pero tuvo que ser suficientemente grave, porque estuvo a punto de morir: “Me quedé así tres días y tres noches y al cuarto día, después de recibir todos los sacramentos de la Santa Iglesia, pensé que no vería el alba de la mañana siguiente. Pero después quedé lánguida durante dos días y dos noches, aunque a la tercera noche pensé nuevamente que me moría, por lo que se me vinieron a la cabeza algunos pensamientos, como por ejemplo, por qué habría de morir si aun era muy joven. Pero estuve de acuerdo, con todo mi corazón, en que se realizase la voluntad de Dios. Llamé al sacerdote para que estuviese conmigo en mis últimos momentos y él me puso la cruz delante de mi vista diciéndome: “Te he traído la imagen de tu Creador y Salvador; quédate con ella y verás cómo te reconforta”. Intenté hacerlo y lo conseguí, pero, realmente, no se cómo”. Esta imagen de Cristo siempre estuvo presente en su vida; ella la veía siempre goteando sangre por el rostro.

Icono de la Santa en su scriptorium, redactando su obra.

Icono de la Santa en su scriptorium, redactando su obra.

Según nos lo dice ella misma en el capítulo XVII de su obra, fue entonces cuando recordó su deseo de experimentar en su cuerpo los sufrimientos de Cristo: “La visión de los dolores de Cristo me llenó de pena, porque aunque yo bien sabía que Él había sufrido una sola vez, era como si Él quisiera mostrármelo y llenarme con ese pensamiento. Así que pensé: yo sé bien poco qué sufrimientos son los que yo quería y, como una desgraciada, me arrepentí pensando: si yo hubiera sabido lo que era esto, me lo habría pensado antes de pedirlo. Porque me parecía que mis penas habían superado los sufrimientos del cuerpo. Yo pensé: ¿hay algún sufrimiento como éste? Y yo misma me respondía con este razonamiento: el infierno es un sufrimiento peor porque allí no hay esperanza. Pero, Señor, de todos los sufrimientos que me han de llevar hacia la salvación, el peor de todos es verte sufrir a Ti”.

Ésta fue la primera de las dieciséis “Revelaciones,” y se refiere a la mañana siguiente de su misteriosa enfermedad e improvisada curación. “La primera comenzó muy de mañana; eran cerca de las cuatro de la madrugada y esta visión continuó en un proceso lleno, claro y neto, una detrás de otra hasta las nueve de la mañana”. La última aparición tuvo lugar la noche siguiente y cuando finalizó, retornaron los síntomas de la enfermedad, por lo que Juliana comenzó a tener dudas sobre la realidad de sus experiencias y deseó “conocer qué significado le daba Nuestro Señor a todo esto”. Tuvo que esperar más de quince años antes de recibir una respuesta directa y ella misma nos lo cuenta: “¿Quieres conocer el designio de tu Señor sobre estas cosas? El Amor. Apréndetelo bien: el amor era su designio. ¿Qué fue lo que te mostró? El Amor. ¿Por qué te lo mostró? Por Amor. Quedátelo dentro y aprenderás y conocerás más cosas”.

Estas visiones fueron para Juliana como “semillas celestiales plantadas por el mismísimo Cristo en lo más íntimo de mi alma”, y así se desarrollaron interiormente durante todo el curso de su vida. Todo el libro no es otra cosa que un comentario sobre aquello que le fue mostrado, durante aquellas horas, en su lecho de enferma, cuando tenía treinta y un años de edad. Pero ella vivió mucho más tiempo, recluida en aquella ermita junto a la iglesia de San Julián de Norwich, aunque ayudada por dos mujeres, que en los últimos años de su vida atendieron todas sus necesidades. Durante toda su vida, Juliana fue continuamente visitada por multitud de personas de todas las clases sociales, que acudían a ella para solicitarle consejo.

Vidriera contemporánea de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Vidriera contemporánea de la Beata en la catedral de Norwich, Inglaterra.

Posiblemente, el libro fue escrito por algún clérigo a quien ella se lo iba dictando, personaje que al mismo tiempo la fue instruyendo en las vidas de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia. Posiblemente, este mismo clérigo le hizo llegar los escritos de su contemporánea Santa Catalina de Siena, los cuales quizás ella conoció, pero que no tuvieron ninguna influencia que adulterara la originalidad de Juliana. El libro que Juliana escribió o dictó fue la más dulce exposición de lo que es el amor divino escrito en lengua inglesa. Algunos capítulos son realmente sublimes y poseen un mensaje válido para todos los cristianos de todos los tiempos.

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La división del libro en dieciséis “Revelaciones” puede parecer como algo artificial, aunque no deja de ser un detalle secundario. Cubre todas las fases de la actitud de todo cristiano con respecto a Dios y a sus hermanos, los hombres, insistiendo de manera particular en la sabiduría y en la bondad de Dios: “Yo puedo hacer bien todas las cosas. Yo haré bien todas las cosas y tú verás, por ti mismo, que todas las cosas pueden hacerse bien”.

La fecha se su muerte se sitúa en el año 1430. La beata Juliana de Norwich nunca ha sido oficialmente beatificada y ni siquiera ha recibido culto público, aunque siempre se la ha llamado beata, siendo recordada el día 13 de mayo.

Aun así, sin estar oficialmente reconocida como beata, el Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del miércoles día 1 de diciembre del 2010, dijo de ella: “Recuerdo con gran alegría el viaje apostólico que realicé al Reino Unido en septiembre pasado. Inglaterra es una tierra que ha dado a luz a muchas figuras ilustres, que por su testimonio y por su enseñanza adornan la historia de la Iglesia. Uno de ellos, tan venerada por la Iglesia Católica como por la Comunión Anglicana es Juliana, la mística de Norwich, de quién me gustaría hablar esta mañana aunque las noticias que tenemos sobre su vida no son muchas y derivan, principalmente, del libro en el que este tipo de piadosa mujer reunió el contenido de sus visiones. Cuando en el año 1373 Juliana enfermó gravemente, recibió dieciséis revelaciones centradas en el amor de Dios. Inspirada por el amor divino, optó por una decisión radical. Como una antigua anacoreta eligió vivir dentro de una celda, situada cerca de la iglesia de San Julián en la ciudad de Norwich. Los anacoretas se dedicaban a la oración, a la meditación y al estudio. De este modo, tenían una gran sensibilidad humana y religiosa que causaba admiración en la gente y por eso, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, deseosas de consejos y de consuelo, la buscaban devotamente. En su libro “Revelaciones del Amor divino” hay un mensaje de optimismo fundado en la certeza de que somos amados por Dios y protegidos por su Providencia. Juliana compara el amor divino con el amor materno y este es uno de los mensajes más característicos de su teología mística. La ternura, la solicitud y la dulzura de la bondad de Dios con nosotros es tan grande que, para nosotros, peregrinos en la tierra, evocan el amor de una madre por sus hijos”.

Icono de la Beata con su gato, que la acompañaba en la soledad de su celda de reclusa.

Icono de la Beata con su gato, que la acompañaba en la soledad de su celda de reclusa.

“Juliana de Norwich entendió el mensaje central de la vida espiritual: Dios es amor y solo cuando nos abrimos totalmente a ese amor y dejamos que se convierta en la única guía de la vida, todo se transforma, se encuentra la verdadera paz y la verdadera alegría y se es capaz de difundirlas alrededor. En el Catecismo de la Iglesia Católica se recogen unas palabras de Juliana de Norwich cuando expone el punto de vista de la fe católica sobre la existencia del mal y del sufrimiento de los inocentes, teniendo en cuenta que Dios es sumamente bueno. En los misteriosos designios de la Providencia, Dios es capaz de obtener incluso del mal un bien mayor, como escribió Juliana de Norwich: “Aprendí por la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe y, por tanto, debía creer con firmeza y plena convicción en que todo habría terminado bien”. Las promesas de Dios son siempre más grandes que nuestras expectativas. Si entregamos a Dios, a su gran amor, los deseos más puros y más profundos de nuestros corazones, nunca quedaremos defraudados. Éste es el mensaje que Juliana de Norwich nos transmite”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Molinari, P., “Iulian of Norwich”, Londres, 1958.
– Warrack, G., “Revelations of Divine Love”, Londres, 1901.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (05/07/2015):
– http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2010/documents/hf_ben-xvi_aud_20101201.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa y Jorge, mártires mozárabes

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Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Fresco de los Santos Aurelio, Sabigoto y Jorge, obra de Cesare Arbasia. Mezquita catedral de Córdoba, España.

Hoy conmemoramos a un grupo de mártires cordobeses, ejecutados en tiempos de Al-Andalus, que tuvieron contacto con las Santas Flora y María, vírgenes y mártires de las cuales hemos ya escrito, y murieron al año siguiente del martirio de éstas, en 852, en tiempos del emir Abd-Al- Rahman II, cuarto omeya gobernante de Al-Andalus.

Conocemos muy bien la historia de este grupo de mártires gracias a la misma fuente por la que conocimos la de Flora y María y otros mártires mozárabes, es decir, a través de San Eulogio. Siguiéndole a él y completando con otras informaciones, iremos reconstruyendo los sucesos en torno al martirio de estos cristianos cordobeses.

Contexto histórico
Es muy importante recordar que no puede aplicarse a estos mártires el mismo contexto que los mártires de la Antigüedad. La comunidad mozárabe residente en Al-Andalus nunca dejó de sentir y de transmitir de generación en generación una conciencia de reducto cristiano frente al resto de la sociedad andalusí, mayoritariamente musulmana, además de la comunidad judía. Parte de esta conciencia fue su resistencia a la aculturación, es decir, a las presiones para que abandonaran las lenguas latinas y romance en pro del árabe, lengua oficial religiosa y administrativa.

Cualquier chispa bastaba para hacer estallar el polvorín de esta difícil convivencia cultural y religiosa, y esa chispa fue la ejecución de San Perfecto, sacerdote cordobés que fue decapitado en 850 por declarar que Mahoma era un falso profeta. Aunque habían existido precedentes, esto generó una reacción en cadena que llevó a 48 cristianos cordobeses a desafiar deliberadamente las leyes contra la blasfemia, la apostasía y el proselitismo cristiano, siendo conscientes, en todo momento, que tal actitud les reportaría la muerte, y deseándolo. Poco antes de la fecha que nos ocupa, el mismo año de su muerte -852- el emir Abd-Al-Rahman II logró que un concilio de obispos mozárabes prohibiera estas actitudes, pero como no se condenó específicamente la actitud de los mártires, hubo todavía algunos martirios más hasta el fin de la resistencia, en 859.

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Santa Natalia (Sabigoto), perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Dos matrimonios mozárabes
Entre ellos contamos a Aurelio, hijo de un musulmán cordobés y de una cristiana, que le instruyó en su religión. Al quedar huérfano, fue acogido por una tía cristiana hasta que tuvo edad de casarse. Entretanto, según nos dice San Eulogio, estudió literatura árabe forzado por sus parientes y asimiló la cultura en la que había nacido y crecido, manteniéndose cristiano en la intimidad.

Tomó por esposa a una cristiana llamada Sabigoto, un nombre visigodo que ciertamente se nos antojará raro a los oídos, pero que era una manifestación de su fe cristiana. En realidad su nombre de nacimiento había sido Natalia, nombre latino asociado al paganismo, por ser hija de musulmanes y musulmana también, hasta que su madre, enviudando de su primer marido, se casó en segundas nupcias con un cristiano. Instruida por su padrastro, abrazó la fe cristiana y se hizo bautizar, momento en que había cambiado de nombre. “A esta Sabigoto, nos cuenta San Eulogio, aceptándola por esposa el piadoso joven Aurelio, una vez firmados los esponsales y cruzados entre ambos los regalos de boda según la ley, recibieron el sacramento ante el sacerdote conforme la prescripción de la Iglesia y, convenidos, vivieron algún tiempo ocultamente como cristianos, sin atreverse a revelar en público su fe, un poco por respeto humano, sin dejar por eso de ser fervorosos.” Aquel matrimonio tuvo dos hijas, a las que naturalmente educaron como cristianas pese a que en su calidad de ricos, estaban emparentados con gente importante de la ciudad, de cultura y fe árabe.

Por su parte, Liliosa, también cristiana, era la esposa de Félix, amigo cristiano de Aurelio, que por miedo al tormento y a la muerte, había renunciado a su fe ante el juez. Avergonzado por ello, no asistía a las asambleas y había ocultado su apostasía a los demás. “Casó este con una hija de padres cristianos llamada Liliosa, pero que en público simulaba practicar la ley musulmana. Tan íntimamente convivían y se amaban y se compenetraban estos matrimonios, que unos mismos eran sus afectos y sus sentimientos, tanto en las prosperidades como en las adversidades”.

Como vemos, se trataba de una pareja de matrimonios cristianos que vivían su fe de forma discreta e incluso oculta, lo cual era lo más viable en una sociedad multicultural como la andalusí que, si bien era tolerante con los dimníes (judíos y cristianos) estaba lejos de ser un oasis de paz e igualdad entre todas las confesiones, como ya hemos avanzado.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Relieve de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba.

Una paz inestable
Entonces empezó a haber los conflictos de religión ya mencionados en la ciudad emirada, por lo que cambió la situación de los dos matrimonios. Aurelio fue testigo, cierto día cuando iba al mercado de cómo humillaban a un cristiano llamado Juan, llevándolo por las calles mientras era insultado y golpeado con cuerdas: Azotado sin compasión, iba montado en el lomo de un jumento, de espaldas, encorvado sobre el aparejo de la bestia bajo el peso insoportable de las cadenas que colgaban de sus pies; le precedían pregoneros de burla y le paseaban por toda la ciudad, escarneciéndole toda la chusma entre gritos e injurias. Decían las gentes que no castigaban a aquel reo como merecía su crimen, pues quien con tan grande irreverencia había blasfemado de su Profeta, convenía que muriese con la muerte más afrentosa. Tal espectáculo conmovió al futuro atleta hasta desear ardientemente el martirio (…)”, cuenta San Eulogio.

Entonces, Aurelio volvió a casa y contó a su esposa lo que había presenciado y le propuso “(…) ante todo, observando la continencia y la caridad más perfectas, entreguémonos a la oración para ir más fácilmente a la práctica de la santidad. Sea ahora mi hermana la que fue mi esposa, conviértase el lecho conyugal en afecto fraterno, crezcan las obras de nuestras almas, engendremos los frutos del espíritu y renunciando al cieno de la unión corporal, se esfuerce el alma sobre todo, en producir hijos de salud perdurable, sin entregarnos a los deleites de la carne. Así, de algún modo, con la meditación de estos trabajos, podremos merecer dignamente el premio del martirio”. Sabigoto aceptó esta propuesta de renunciar a la satisfacción sexual conyugal y en prepararse física y mentalmente para el martirio. Y así, según Eulogio, “(…) Se acuestan en cama distinta pero rezan juntos. Sus camas lucen ropas de diversos colores para así ocultar en público, su vida; más en sus habitaciones interiores, extienden sobre el desnudo ladrillo sus lechos y los cubren sólo con el cilicio, durmiendo separados. Ayunaban muchas veces, oraban sin cesar y durante la noche meditaban los salmos, que sabían de memoria; vencían el sueño con el trabajo de manos, evitando así los lazos y asechanzas del demonio; curaban a los enfermos y repartían limosnas entre los más necesitados.”

Y además, visitaban a los prisioneros cristianos en las cárceles, donde conocieron a San Eulogio, autor de su vida, que se dedicaba a este menester: “Aurelio visitaba a los hombres y Sabigoto visitaba a las mujeres. (…) Allí le conocí yo; allí trabé amistad con él y allí me preguntó con instancia lo que debía hacer con sus bienes y de dos hijas que les había dado el cielo.” Eulogio les aconsejó, sin reparos, el renunciar a sus bienes y a sus hijas porque no debían tener ningún obstáculo para salvar sus almas, pero para evitar que los primeros fueran incautados por el fisco y las segundas, convertidas al Islam, aconsejó vender los primeros y repartir el precio obtenido, y entregar a sus dos hijas, aún niñas -una tenía cinco y otra ocho años-, al monasterio de Tábanos, donde serían mantenidas en la fe cristiana.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Grabado español coloreado de Santa Natalia (Sabigoto) de Córdoba.

Fue precisamente en la prisión donde conocieron a las mártires Flora y María, quienes, como ya vimos, habían sido condenadas a muerte por sacrílegas. Sin embargo, las dos mujeres, luego de haber flaqueado inicialmente y haber sido fortalecidas y consoladas por Eulogio, tenían el semblante tan alegre y decidido que parecían estar a punto de recibir un premio. Ellos quedaron profundamente impresionados por ello. Tras el martirio de Flora y de María, Sabigoto las vio en un sueño en la gloria divina y éstas le aseguraron que obtendrían el mismo premio si persistían en la fe, por lo que tras esto, definitivamente se desprendieron de todo y entregaron a sus hijas al monasterio: “Una parte del precio de sus haciendas lo separaron para sus hijas y, todo lo demás, lo destinaron a socorrer a los menesterosos. Dedicáronse a visitar los monasterios de varones y mujeres, en especial el cenobio Tabanense, porque la observancia y regularidad de sus moradores eran conocidísimas en todo Occidente”.

A su propuesta se unió Jorge, un monje de origen sirio, nacido en Belén, que había sido enviado a África por limosna, el cual era diácono y erudito por su conocimiento del latín, del griego y del árabe; y que había llegado a Al-Andalus para evangelizar aquellas tierras. También Félix y Liliosa quisieron unirse al martirio: “Allí, con ellos, hablé al venerable Félix y a su muy santa consorte Liliosa. Ellos también habían vendido sus bienes y hecho donación de su importe a los santos lugares y a los pobres, estando preparados para soportar toda clase de tormentos por amor de Jesucristo”.

Detención
Naturalmente, y a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad romana, estamos en una época donde la religión cristiana no era perseguida, sino tolerada, legal, aunque la convivencia fuese, desde luego, inestable y convulsa. Esto hacía que, como ya adelantamos, cualquier chispa hiciese saltar por los aires la frágil paz, por lo que nuestros mártires de hoy -hay que decirlo- hubieron de buscar por ellos mismos el martirio provocando a las autoridades, como queda atestiguado por Eulogio.

“Empezamos a preguntarnos mutuamente cómo llegaríamos a la tan codiciada corona del martirio y, como por inspiración divina, determinamos que nuestras hermanas fuesen a la iglesia con la cara descubierta, lo cual diera ocasión a que las apresaran, como en efecto, así sucedió, pues al volver ellas el templo, se presentó un oficial que había presenciado el acto religioso de las mujeres y que preguntó a sus maridos qué significaba aquel acudir de las mujeres a los santuarios de los cristianos. Ellos les respondieron que era costumbre de los fieles visitar las iglesias y venerar devotamente las casas de los mártires, pues como cristianos que somos, llevamos en alto con mucha honra, el estandarte de la fe. Sin pérdida de tiempo, el delator corrió ante el juez contándole falsamente quienes éramos y qué hacíamos (…)” Recordemos que, hasta ese momento, nuestros protagonistas de hoy habían fingido exteriormente ser musulmanes y seguir estos ritos, por lo que la presencia de Sabigoto y Liliosa en los templos cristianos a cara descubierta -y no con velo, propio de las mujeres musulmanas- debió chocar considerablemente a quien les había conocido hasta ese momento.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

Altar de los Santos Flora, Pelayo y Sabigoto en Córdoba, España.

“Presentada, pues, la acusación al juez y enterado éste de que Aurelio era el autor del hecho, resentido en su interior, mandó compareciesen cuanto antes los acusados en su presencia. Los soldados, acordonaron en seguida la vivienda del venerable Aurelio, donde estaban reunidos todos los mártires (…) Inmediatamente, maridos y esposas, como invitados a un festín nupcial, se ponen en camino. Van alegres, saltando de contento; hubiérase creído que esperaban en el tribunal del juez, recompensas en vez de tormentos. Viendo San Jorge que los soldados no le apresaban, les interpeló de este modo: “(…) ¿Por qué obligáis a la fuerza a adorar a un falso profeta, a quienes la santa fe cristiana reclama como suyos? ¿Para qué os empeñáis en arrastrar con vosotros, a la perdición, a los predestinados a la vida, siendo vosotros enemigos de Dios? ¿Es que no podéis entrar en los infiernos sin llevarnos por compañeros? ¿Acaso no os van a atormentar los fuegos eternales, sin que nosotros estemos en ellos? ¡Idos vosotros, marchad en buena hora, hijos de perdición, allá donde gocéis con vuestro capitán Mahoma, las delicias del tártaro! (…)”. Naturalmente, al provocar Jorge a los soldados, “apenas hubo pronunciado estas palabras, las manos de los verdugos se lanzaron sobre el monje para castigar su insolencia. Derribándole al suelo, le surcaron el cuerpo con muchos garfios, dándole patadas y puñetazos. Como Santa Sabigoto, creyéndole ya muerto, dijese: “Arriba, hermano, vámonos”, el monje habló así: “Todo esto, hermana, contribuye a acrecentar los méritos y a hacer más preciosa la corona”. Los musulmanes lo levantaron del suelo medio muerto y le arrastraron, juntamente con los otros mártires, hasta el estrado del juez”.

Y así lograron los cinco ser apresados y comparecer ante el juez, ellas por revelarse como cristianas, Aurelio, como instigador, y Jorge por haberse referido a Mahoma como un falso profeta.

Juicio
Sigue refiriendo Eulogio que en principio, el juez les trató de forma amable, preguntándoles por qué habían abandonado la fe musulmana y renunciaban de aquella manera a la vida ventajosa y cómoda que habían adquirido. Pero ellos respondieron: “(…) Todo culto o religión que no reconoce la divinidad de Jesucristo, que no profesa la esencia de Dios trino, que rechaza el bautismo, que desprecia a los adoradores de Jesucristo y deroga el sacerdocio, le consideramos falso y reprobable”, por lo cual el juez los mandó a la cárcel, cargados de cadenas, tras avisarles de que les daba cinco días para reflexionar, en los cuales reuniría al consejo para decidir sobre su suerte. Narra en este punto Eulogio diversos prodigios que supuestamente habrían acontecido en la prisión, como la visita de ángeles, la revelación de la dicha que iban a ver en el Paraíso, y que se les soltaran milagrosamente las cadenas, quedando libres ante el estupor de los guardias, que no se atrevieron a volver encadenarlos.

Cinco días después, ante los nuevos jueces, daba la impresión que tenían más empeño ellos en morir que los jueces a condenarles: “En el momento de sacarlos a presencia del juez, la venerable Sabigoto empezó a preparar con santos consejos a su marido, exhortándole, instruyéndole y confortándole. Fueron introducidos en el palacio, los carearon con los oficiales mayores, se les ofrecieron riquezas y les prometieron honores de todo lo cual gozarían si renegaban a su fe. Persistiendo ellos, inmóviles, confesando la fe, los magistrados les entregaron a los verdugos para que los rematasen.”

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Altar con las reliquias de los santos mártires de Córdoba, España.

Siendo ya sentenciados a muerte los dos matrimonios, sin embargo, el tribunal aún quiso dejar libre a Jorge, pero éste redobló sus descalificativos contra el Islam, para asegurarse de que no le respetaran la vida: “Determinaron soltar a San Jorge porque los oficiales y magnates del palacio no le habían oído proferir injuria alguna contra el profeta. Más este ilustre maestro de santidad, tan pronto como se percató de que le dejaban libre y que no moriría con un solo golpe de cimitarra, exclamó juntamente con sus compañeros: “(…) ¿Por qué pensáis que abrigo en mi pecho buenos sentimientos acerca del seducido por el demonio, vuestro falso profeta? Para que lo sepáis bien, os digo claramente de aquel ángel que, transformándose en espíritu de luz, se apareció a vuestro legislador: le tengo yo por un demonio y a vuestro profeta como el hombre más abyecto, pues fue él, crédulo ministro del Anticristo y laberinto de todos los vicios; el cual, no solo se lanzó a si mismo al piélago infernal, sino que a vosotros, seguidores de sus vanas doctrinas, os ha entregado a las llamas eternas”. Naturalmente, esto provocó la irritación de los magistrados que habían determinado soltarlo, por ello, finalmente se resolvió que fuera degollado, por maldecir al Profeta y declarar abyecta su religión.

Martirio y sepultura
Así pues, los cinco cristianos fueron decapitados, según dice Eulogio: “(…) mataron primero a San Félix, después a San Jorge, luego a Santa Liliosa y, los últimos, a los atletas Aurelio y Sabigoto, el 27 de julio de la era 890”, lo que equivale al año 852, como decíamos, en tiempos de Abd-al-Rahman II, el cual moriría el 22 de septiembre de ese mismo año.

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Los cuerpos de los cinco ajusticiados permanecieron insepultos durante tres días. Luego fueron robados, recogidos y depositados en diferentes lugares: “San Jorge y San Aurelio se conservan en el cenobio de Peñamelaria; el de San Félix en el de San Cristóbal sito al otro lado del Guadalquivir. Los restos de Santa Sabigoto, están reunidos en la basílica de los Tres Santos (Fausto, Jenaro y Marcial). En la iglesia de San Ginés descansa Santa Liliosa y las cabezas de San Jorge y Santa Sabigoto están en otra parte”.

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Urna que contiene las reliquias de los mártires cordobeses. Iglesia de San Pedro, Córdoba (España).

Conclusión
Realmente poco es lo que se puede añadir a lo narrado por San Eulogio, que constituye la fuente principal para conocer a los mártires mozárabes que fueron coetáneos suyos. Es muy importante remitirse a sus obras para ampliar la información sobre ellos, que esta servidora, forzosamente, ha tenido que recortar en demasía para no alargar más el ya prolongado artículo.

Las matizaciones hechas por San Eulogio sobre la ubicación de las reliquias de los mártires deben ser actualizadas según su estado hoy en día: en verdad, del grupo de mártires que hemos tratado hoy, sólo se conservan las reliquias de Santa Sabigoto (Natalia), que están en la urna de reliquias en la iglesia de San Pedro de Córdoba, junto a muchos otros mártires cordobeses (caso de Flora y María), pero no su esposo San Aurelio ni sus compañeros de martirio Félix, Liliosa y Jorge, cuyas reliquias se han perdido.

Meldelen

Bibliografía:
– S. RUIZ, Agustín, Obras completas de San Eulogio, edición bilingüe latín-castellano, Real Academia de Córdoba, 1959.

Enlace consultado (23/07/2014):
– www.santiebeati.it/dettaglio/64550

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