San Ginés de Arlés, mártir

Detalle del Santo en una vidriera decimonónica. Iglesia de San Trófimo de Arlés, Francia.

Detalle del Santo en una vidriera decimonónica. Iglesia de San Trófimo de Arlés, Francia.

El pasado 5 de diciembre, contestando a una pregunta sobre San Ginés de la Jara, decíamos que aquel santo era un desdoblamiento de San Ginés de Arlés y prometimos escribir en otra ocasión sobre el verdadero santo histórico. Hoy lo hacemos, a sabiendas de que estamos hablando de un personaje sobre cuya existencia no existe la más leve duda y del que han derivado otros, de los cuales no podemos decir lo mismo.

La revisión más antigua de las Actas de San Ginés dicen que era natural de Arlés, que entró en el servicio imperial siendo muy joven y que en él consiguió el empleo de “notarius” (secretario o escribano), lo que consistía en tomar breves notas a mano, dando fe de actos o dichos realizados en su presencia. Cuando se inició la persecución contra los cristianos, abandonó de forma imprevista esta tarea y huyó escondiéndose de los perseguidores. ¿Por qué lo hizo? Pues porque era catecúmeno y se estaba preparando para recibir el bautismo, sacramento que ya había solicitado, pero que el obispo no le pudo administrar; bien porque lo impidieron las limitaciones de tiempo, o porque fuera aún demasiado joven e insuficientemente preparado. Así lo narra la “passio”: “Arelatensis urbis indigena… eam officii partem… complexus… quae… iudicum signorum brevium notata compendiis manu raperet… vel temporis angustiis impeditus vel iuvenili aetate diffidens… distulit”.

En su persecución, fue descubierto junto al río Ródano. Había conseguido atravesarlo, pero en la otra orilla, fue capturado, martirizado y matado. Recibió el llamado “martirio de sangre”. Los cristianos recuperaron su cuerpo y continuaron recordándolo (conmemorándolo) en el lugar donde había sufrido el martirio. De “cosecha propia”, algunos hagiógrafos de la Edad Media añadieron que, siendo el secretario del magistrado de Arlés, se negó a transcribir el edicto de persecución de Diocleciano, que tiró los papeles a los pies del magistrado y que murió decapitado en el año 303, al pie de un árbol junto al Ródano.

Desde muy antiguo su nombre aparece en el Martirologio Jeronimiano, y según un manuscrito del siglo XIII conservado en París, esta “passio”, de la que hemos extraído estas breves notas, fue redactada en su memoria por un tal “Paulino obispo”. Algunos hagiógrafos, como por ejemplo, Ruinart, confundieron al tal Paulino con el santo obispo de Nola, mientras que otros han defendido que fue un obispo llamado Paulino que gobernó la diócesis de Béziers desde el año 400 al 419. También existe otro texto sobre este santo mártir, que tiene el mismo valor biográfico y que es un sermón atribuido a un tal Eusebio de las Galias, aunque no es posible identificar al tal Eusebio. Estas autorías han sido puestas en entredicho por Cavallín, que ha probado que la “passio” es de finales del siglo V, por lo que no pudo ser escrita por ninguno de los dos Paulinos mencionados, aunque sabemos que San Paulino de Nola fue un importante hagiógrafo, pues escribió sobre San Juan Bautista, San Félix, Santa Melania la Anciana, etc., aunque con una prosa totalmente distinta a la usada en estas Actas de San Ginés de Arlés.

Martirio del Santo. Lienzo en el altar mayor de su iglesia en Madrid, España.

Martirio del Santo. Lienzo en el altar mayor de su iglesia en Madrid, España.

Aún así, hay que aceptar el testimonio del escritor de la “passio” que manifiesta claramente que él se limita a escribir aquello que le ha llegado según una autorizada tradición oral, la cual reproduce con total fidelidad: “… ea quae adhuc viva recordatione rerum ut gesta sunt referuntur… haec omnia fideliter atque ut gesta sunt, vel dicta vel comperta… agnoscite”. Resumiendo: estamos ante un texto pobre en noticias, pero que conserva fielmente una tradición oral que, en líneas generales, llegó inalterable hasta finales del siglo V, como ya hemos dicho.

Entonces, ¿podemos tener algún tipo de dudas acerca de la historicidad de este mártir? Rotundamente no y no sólo por los dos testimonios que acabamos de mencionar (“passio” y sermón), sino porque Prudencio en el “Peristephanon” y Venancio Fortunato en su “Carmen VIII” también lo mencionan. Prudencio dice: “teque praepollens Arelas habebit-sante Genesi” y Venancio Fortunato afirma: “porrigit ipsa decens Arelas pia dona Genesi-astris, Caesario concomitante suo”. Es cierto que ambos simplemente mencionan al santo mártir, colocándolo en su contexto, pues mencionan a Ginés como el santo propio de la ciudad de Arlés, a semejanza de lo que hacen otras ciudades de las Galias o de Hispania, las cuales donaron a Cristo sus propios mártires: Arlés le ofrece a Cristo a Ginés como un mártir suyo propio. Ginés es de Arlés, como tal se ofrece y como tal lo mencionan.

Pero además, hay un detalle más, que no es menos importante. En esta ciudad, en Arlés, existen una serie de sarcófagos del siglo IV, que muestran en sus extremidades unos rostros imberbes; pues bien, De Rossi y Le Blant defienden la hipótesis de que esto no es casualidad, estos rostros no son simples figuras decorativas, sino que hacen referencia a San Ginés, haciendo alusión de manera evidente a su juventud: Ginés era un mártir de edad juvenil.

Existen otros muchos testimonios que nos confirman la existencia de este santo mártir, como la peregrinación que hizo San Apolinar de Valenza a su tumba o lo que escribe San Gregorio de Tours sobre los milagros que ocurrían en ella. Todos estos son datos objetivos que confirman un culto muy antiguo al santo no sólo en Arlés, sino también en otras ciudades de las Galias e incluso de fuera de ellas, y precisamente de ahí vienen los desdoblamientos de los cuales hablábamos cuando escribimos sobre San Ginés de la Jara: Ginés de Alvernia, Ginés de Béziers, Ginés de Barcelona, Ginés de Córdoba e incluso Ginés de Roma, que también es puesto en entredicho, aunque de este último merece que hablemos en otra ocasión.

Urna del Santo dentro de la capilla de las reliquias de San Trófimo de Arlés, Francia.

Urna del Santo dentro de la capilla de las reliquias de San Trófimo de Arlés, Francia.

De San Ginés de la Jara dijimos ya lo suyo, pero ¿San Ginés de Córdoba? Pues de él nos habla Juan Tamayo de Salazar haciendo referencia a un antiguo breviario mozárabe que contenía un himno sobre San Ginés, pero que sin duda era sobre San Ginés de Arlés, aunque el breviario tuviese origen cordobés. Algo semejante podemos decir de San Ginés de Alvernia, ya que San Gregorio de Tours, en su obra “De gloria martyrum”, nos dice que el obispo Avito construyó una gran basílica sobre la tumba del mártir del lugar, donde, sin embargo, lo que habían eran reliquias de San Ginés de Arlés, y lo mismo pasó en Béziers y en… Este es un fenómeno del desarrollo del culto de un mártir, que se transforma en otros personajes distintos, a los que se les inventa una historia, se les da una fisonomía y pasado el tiempo, incluso se confirma. Como ya sabemos, no es el único caso presente en la hagiografía.

La festividad de San Ginés se celebra el día 25 de agosto, aunque la dedicación de su basílica en Arlés se conmemora el 16 de diciembre. Debido a su profesión dentro de la milicia o servicio imperial, es el santo patrono de los notarios y secretarios. Las reliquias se conservan en la capilla-relicario de la iglesia de San Trófimo de Arlés.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Cavallin, S., “Saint Gènes le notaire”, Eranos Löfstedtianus, XLIII, Upsala, 1945.
– Franchi De’Cavalieri, P., “San Genesio di Arelate…” Note Agiografiche, Vaticano, 1935.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Venerable Saturnino López Novoa, sacerdote fundador

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

“La caridad hace ceder, hace esperar, hace amar”.

Infancia
En la noble e histórica ciudad de Sigüenza (Guadalajara) nació el niño Saturnino en las primeras horas del día 29 de noviembre de 1830. Era el primer hijo de los tres que llegaron a tener el joven matrimonio que formaron Julián e Ildefonsa. Al día siguiente de nacer, se le bautizó en la parroquia de San Vicente, poniéndole el nombre de Saturnino en honor al santo del día.

Trascurridos casi cinco años, Dª Ildefonsa se dispone a dar a luz a su tercer hijo, Justa, en el parto sufre complicaciones y desafortunadamente muere. Para el pequeño Saturnino este episodio fue muy triste, aunque por razones obvias no fue muy consciente del momento tan doloroso que vivía la familia. A lo largo de su vida, recordó a su madre con un inmenso cariño, solía decir que fue el germen de lo que era él, de todas sus virtudes y afectos.

Al quedar la familia sin un pilar tan importante como es la madre, Dª Manuela, tía materna de la fallecida y a su vez madre del futuro obispo de Huesca; Basilio Gil y Bueno, se hace cargo de Saturnino, desempeñado las tareas de una verdadera madre. Esta virtuosa mujer fue clave para la educación y vocación religiosa del niño Saturnino. Con diez años recibió la primera comunión y poco tiempo después empieza sus estudios de latinidad, destacando por ser un ejemplar estudiante. Educado en un ambiente familiar religioso, maduraron tempranamente sus deseos de ser sacerdote de Cristo.

Vocación
Con doce años, en el mes de septiembre de 1842, Saturnino ingresa como seminarista externo en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza, afamado por ser uno de los que mejores sacerdotes formaba en España. Entre estos muros se caracterizó por ser un seminarista ejemplar, de profunda vida interior y constante en sus obligaciones. En lo referente a los estudios de filosofía y teología adquirió unos sobresalientes conocimientos. El veintiuno de junio de 1848 recibió la tonsura junto a su hermano Silverio, también seminarista. Con casi dieciocho años ya había finalizado con éxito su tercer año de estudios teológicos. En el curso 1851-1852 Saturnino termina su séptimo y último curso en el seminario, tenía entonces tan sólo veintiún años y por esa razón no podía ser todavía ordenado sacerdote: veinticuatro años era la edad que marcaban las leyes. En este transcurso de tiempo, se le confiaron los cargos de celador y subdirector del seminario, además de ser nombrado catedrático de segundo de latinidad. El día 12 de marzo de 1853 recibió las cuatro órdenes menores, el presbiterado.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

Sacerdocio y traslado a Barbastro
En la primavera de 1853 el tío del Venerable Saturnino, Dº Basilio Gil y Bueno, fue trasladado a la diócesis de Barbastro para despeñar el nuevo cargo que le había sido confiado. Saturnino marchó a las tierras aragonesas con su tío, abriéndose para él un nuevo camino. Como su nombre empezaba a destacar en Sigüenza y en otros lugares, el anciano Obispado de Barbastro confió en él para que fuese vicerrector y catedrático de Filosofía del recién restaurado seminario de Sto. Tomás de Aquino. En Huesca ve culminados sus años de estudios y se prepara para la inminente ordenación, el 3 de marzo de 1855 fue conferido subdiácono; el 2 de junio recibió el diaconado y el 22 de septiembre fue ordenado sacerdote. Celebró pocos días después su primera misa en el Santuario barbastrense de Ntra. Sra. del Pueyo.

Como joven sacerdote se dedicó por completo a atender su parroquia, a impartir sus clases en el seminario y pero sobre todo a ayudar a su tío, el ya obispo de Huesca, del que fue su mano derecha, su amigo, su fiel colaborador, su secretario, etc. El joven Dº Saturnino obtuvo por méritos propios la canonjía titular y capellanía de la catedral de Barbastro. En esta nueva andadura se dedicó con el máximo celo a las tareas pastorales, fundando también muchas cofradías y asociaciones pías, como la Conferencia de San Vicente de Paúl, que de alguna forma hacían entrever el carisma de su futura fundación de las Hermanitas.

En 1863 se traslado de Barbastro a Huesca, por petición de su tío que lo necesitaba allí en la sede episcopal. Aquí tomo posesión de la canonjía y vistió por primera vez el hábito coral característico. También fue nombrado Chantre de la catedral. Con motivo del Concilio Vaticano I, el Venerable Saturnino viajó a Roma con su tío para asistir como secretario y consultor teólogo, mientras duró esta estancia Dº Basilio murió en la Ciudad Eterna.

Al regresar del Concilio Vaticano I, se encontró más libre de todo lo que conllevaba la burocracia de la diócesis, por esta razón se dedicó con mayor celo –si cabe- al ministerio pastoral, a la dirección de almas, a la predicación y a escribir cantidad obras pastorales, espirituales e históricas. Entre sus trabajos como historiador, escribió la historia de la ciudad de Barbastro (siendo hoy en día una obra clave para el estudio de esta ciudad).

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

Fundación de la Hermanitas de los ancianos desamparados
Como venimos diciendo a lo largo del artículo, el Venerable Saturnino destacó por ser un sacerdote coherente con su vocación, su amor a Jesús y a la Iglesia prevalecían sobre todo, pero los pobres, en los que veía el rostro de Jesús agonizante, eran su predilección, desde pequeño se esmeró por cumplir la voluntad de Dios, en los pobres y ancianos encontró la manera de servirlo fielmente.

En el año 1871, convencido de ayudar a los ancianos en soledad, establece con todo su esfuerzo una casita de las Hermanitas de los pobres (congregación originaria de Francia). No colmados sus deseos, emprende la fundación de una nueva congregación junto a unos amigos sacerdotes oscenses. Los primeros días de octubre de 1872 reúne a las cinco primeras aspirantes que deciden seguir su carisma de servir a la ancianidad desvalida de ambos sexos.

Como ya vimos en el artículo de ayer, a través del sacerdote Pedro Llacera, el Venerable Saturnino conoce a Santa Teresa de Jesús Jornet y a su hermana María. Maravillado con la rica y virtuosa personalidad de Teresa y haciendo caso a Dº Pedro, el padre Saturnino la nombra provisionalmente superiora y le hace entrega de las Constituciones que él mismo redacta. Al recibir estas reglas de vida de la naciente congregación, exclamó: “Este librito, Padre, me ha de salvar o me ha de condenar”. Finalmente, el 27 de enero de 1873 vio cumplido su ardiente deseo, la Congregación había sido aprobada, la casa del El Pueyo ya estaba recibiendo vocaciones y las diez primeras hermanas tomaban el hábito (que él mismo diseñó) este mismo día. Gracias al arzobispo de Valencia, Mariano Barrio Fernández, que vio muy necesario este nuevo carisma para su diócesis, las Hermanitas establecen la casa madre en Valencia, instalándose definitivamente el día 8 de mayo de 1873. Desde aquí echaron a andar, hasta llegar a muchos países donde están presentes a día de hoy.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

Últimos años en Huesca y muerte
El Venerable Saturnino, después de que fundará y dejara establecidas a las Hermanitas, se retiró a Huesca, no las dejó abandonadas, sino que prefirió retirarse y dejarlas obrar por ellas mismas – les dejó el protagonismo a ellas-. No queriendo ser el centro y motivo de halago, dejó anotado: “Es santo el que es humilde; más santo el que es más humilde; y santísimo el que es humilísimo; porque tanto es uno más precioso a los ojos de Dios, cuando es más despreciable a sus propios ojos”. Él siempre estuvo en continuo contacto y dirección con las Hermanitas desde Huesca. A pesar de tener la mayor parte de su tiempo ocupado con las nuevas casas y aspirantes, siguió dedicando todos sus esfuerzos a las obras de beneficencia, como por ejemplo, la “casa de estudiantes pobres”, que fue residencia de todos aquellos chavales sin recursos. Por aquellas fechas adoptó a un niño llamado Francisco Oliván, era huérfano y, en un acto de amor sin medida, lo adoptó el día de Nochebuena. En 1885 una epidemia de cólera arrasó Huesca y Dº Saturnino puso todo su empeño, trabajo y recursos a favor de los enfermos, éste le consto el unánime reconocimiento de la ciudad, que lo quiso premiar con una notable distinción de honor, a lo que él se negó.

En las navidades de 1904 su salud va haciéndose cada día más delicada, el Venerable Saturnino es consciente que esta enfermedad es crónica (neumonía pulmonar), y que debe cuidarse. No obstante atiende todos sus asuntos y saca tiempo para escribir felicitaciones a todas las casas, la Congregación contaba en ese mismo momento con 138 fundaciones. Pocos meses después, el 12 de marzo de 1905, su vida se va apagando y a las cinco de la mañana entrega su alma a Dios en absoluta paz y rodeado de sus hijas. Tenía setenta y cuatro años. A la misma hora que murió se solía levantar todas las mañanas diciendo esta misma oración escrita por él: “He de morir y no sé cuándo, concededme Señor, por el Inmaculado Corazón de vuestra Santísima Madre y mía, que cuando llegue la hora, responda a vuestro divino llamamiento, y tenga una muerte tranquila, pacífica y santa”. Al día siguiente su entierro fue multitudinario, las Hermanas, los sacerdotes y toda Huesca lo acompañaron hasta el cementerio. Habían perdido a un padre, a un amigo y a un santo.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Proceso de canonización
Siete años después de su muerte, según sus últimos deseos, sus restos mortales fueron trasladados desde este cementerio a la cripta de la Casa Madre de Valencia, donde en la actualidad se encuentra. En 1974 se examinó toda su vida y obra, fue abierto el proceso de beatificación. En la diócesis de Valencia, durante tres años se sucedieron las investigaciones diocesanas, que fueron reconocidas válidamente en 2001. En 2013 tuvo lugar el congreso de consultores teólogos, que dieron un resultado positivo a esta causa. Finalmente, el Papa Francisco ha autorizado a la Congregación de la Causa de los Santos la promulgación del decreto de las virtudes heroicas, declarándolo Venerable. Ya se está estudiando un posible milagro atribuido a su intercesión.

David Garrido

Bibliografía:
– ASENJO PELEGRINA, Juan José, Saturnino López Novoa, Col. Santos, Amigos de Dios, Ed. Edibesa.
Decretum Super Virtutibus, Causa de Los Santos, El Vaticano.

Enlaces consultados (12/01/2015):
– www.aciprensa.com/noticias/etiquetas/beatificacion-siervo-de-dios-saturnino-lopez-novoa-hermanitas-de-los-ancianos-desamparados/
– es.wikipedia.org/wiki/Saturnino_L%C3%B3pez_Novoa
– www.hermanitas.net

Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, virgen fundadora

Estampa devocional de la Santa a partir de un retrato original suyo.

Estampa devocional de la Santa a partir de un retrato original suyo.

Hija de Francisco Jornet y Antonia Ibars, Teresa nació en Aytona (Lleida) el día 9 de enero del año 1843, siendo bautizada al día siguiente de su nacimiento. Recibió el sacramento de la Confirmación cuando tenía seis años de edad. Su infancia y adolescencia las pasó en Aytona y en la ciudad de Lleida en casa de su tía Rosa, cursando posteriormente estudios de magisterio en la ciudad de Fraga. Allí, tutelada por su tío abuelo, el beato carmelita descalzo Francisco Palau y Quer, obtuvo su diploma de maestra y con diecinueve años de edad ya había conseguido aprobar las oposiciones sacadas por el Ministerio de Educación. Su tío tenía in mente la fundación de varios Institutos religiosos dedicados a la enseñanza – cosa que posteriormente hizo -, y pensaba que su sobrina Teresa podría ser su colaboradora, llevando la dirección de los colegios por él fundados aunque no quisiera ligarse con un compromiso de vida religiosa.

Y en efecto, después de estar destinada como maestra durante un breve período de tiempo en la localidad barcelonesa de Argensola, en el año 1862 Teresa se asoció a las terciarias carmelitas que estaban reunidas bajo la dirección de su tío, haciéndose cargo de la dirección de las escuelas. Pero deseosa de conseguir una mayor perfección, en el año 1868 entró en el convento que las monjas Clarisas tenían en la localidad burgalesa de Briviesca, aunque dos años más tarde tuvo que abandonar el convento a causa de su mala salud; aun así, aquella experiencia la marcó para toda su vida. Se fue a Aytona y cuando se repuso volvió junto a su tío, siéndole confiada de nuevo la dirección de las escuelas dependientes del recién nacido Instituto. Esta experiencia hizo darle un cierto componente carmelitano a su espiritualidad, la hizo madurar y, ayudada por su tío, desarrolló su vida espiritual y organizó su vida de oración. Cuando el beato Francisco Palau murió en 20 de marzo del 1872, sumida en un mar de contrariedades, se separó definitivamente de la obra de su tío abuelo y volvió a su localidad natal.

Escultura ante el Asilo de la Comunidad en Valencia, España.

Escultura ante el Asilo de la Comunidad en Valencia, España.

En el mes de junio se fue con su madre al balneario termal de Estadilla, en Huesca y de regreso a casa, se detuvieron en Barbastro donde casualmente se encontró con el sacerdote Pedro Llacera, que admirado por sus cualidades no podía comprender cómo a sus treinta años de edad Teresa aun no había orientado definitivamente su vida y conociendo la idea de un antiguo párroco de Barbastro que tenía in mente una asociación que cuidara de los ancianos más desamparados, la puso en contacto con él. Así en el mes de junio de ese mismo año contactó de manera providencial con el sacerdote Saturnino López Novoa, que entonces era maestro de capilla de la catedral de Huesca y que estaba fundando una Congregación religiosa que se dedicase a la asistencia material y espiritual de los ancianos de ambos sexos. Teresa, iluminada por Dios, comprendió que aquel era su camino, que Dios la llamaba para esa tarea y así, abandonando su casa, el 11 de octubre entró a formar parte de un primer grupo de jóvenes que el padre Saturnino había reunido en Barbastro, recibiendo el hábito junto con sus compañeras. Como destacó desde el primer momento, el 27 de diciembre fue nombrada superiora general. Fue designada por la autoridad eclesiástica y posteriormente reelegida en los Capítulos Generales de la nueva Congregación.

En el mes de mayo del año siguiente, se fue con un grupo de hermanas a Valencia, donde una asociación católica les ofrecía una casa al recién estrenado Instituto. Ese mismo año, el arzobispo Mariano Barrios Fernández, aprobó las Constituciones confirmando a la madre Teresa como superiora de las “Hermanitas de los pobres desamparados”.

En el 1874, cuando Teresa emitió los votos temporales, se abrió una nueva casa en Zaragoza, inmediatamente seguida por otras fundaciones. En doce años llegaron a tener cuarenta y siete casas abiertas en toda España, en las cuales atendían a los ancianos abandonados. En 1876 les era concedido el decreto de alabanza y el 24 de agosto de 1887 fueron aprobadas provisionalmente las Constituciones, consiguiéndose la aprobación definitiva de las mismas, diez años más tarde.

Uno de sus lemas.

Uno de sus lemas.

En el año 1885 Teresa había agregado a su Congregación a las “Hermanitas de los pobres inválidos” de Santiago de Cuba, adonde había enviado a un grupo de religiosas, que fue el primero de otros muchos envíos de hermanas que consiguieron abrir casas de la Congregación en casi todos los países de América Latina, donde aún continúan.

Cuando en el 1877 emitió los votos perpetuos, comenzó una lucha que duraría mucho tiempo. El Instituto francés de las “Pequeñas hermanas de los pobres” inició una campaña en la que pretendía o la fusión con la Congregación española o el cambio de nombre de las “Hermanitas de los pobres desamparados”. Ella, con fortaleza, pero también con caridad hizo valer los derechos de su Congregación de llevar una vida independiente, aunque en el año 1882 llegó a un acuerdo aceptando que sus hermanas tomaran el nuevo nombre de “Hermanitas de los ancianos desamparados”.

Consumida por sus esfuerzos y débil salud, aunque aún era joven, murió en Llíria (Valencia) el 26 de agosto del 1897, con cincuenta y cuatro años de edad. En aquel momento, su Congregación tenía más de mil doscientas hermanas y ciento tres casas-asilos abiertas, en las que eran atendidos los ancianos pobres.

Urna de la santa en Valencia, España.

Urna de la santa en Valencia, España.

Su espiritualidad era eminentemente cristocéntrica y mariana. Cristo era el origen, el centro, el impulso y la meta de su vida espiritual. Era la razón de su existencia y a Él tenía que servir en todo momento tanto en la adoración eucarística como en la atención a los ancianos. Como Cristo pobre, vivió en pobreza absoluta y totalmente abandonada en las manos de la Divina providencia. Asimismo, María era también otro pilar en el que se sostenía, no sólo por su anterior vinculación con la familia carmelitana, sino también porque desde que llegó a Valencia conoció a la Virgen de los Desamparados. De hecho, en el punto 171 de las Constituciones se dice: “Consagración filial de nuestro humilde Instituto a ella, esforzándonos con amorosa fidelidad a hacerla real y actuante en la comunidad y en la intimidad de nuestra vida espiritual”.

Sus restos permanecieron en Llíria hasta el 1 de junio de 1904, cuando fueron exhumados y llevados a la Casa Madre de Valencia, donde aún continúa. Su Causa de beatificación no se iniciaba porque ella, antes de morir, había insistido en que su Instituto dedicara todos sus fondos a la asistencia de los ancianos y no se promoviera ninguna Causa por motivos de santidad de ninguna de sus hermanas. Aun así, como empezaron a aparecer algunas curaciones debido a su intercesión, la autoridad eclesiástica solicitó la apertura de la Causa, que tuvo una duración muy breve.

Urna de la santa en Valencia, España.

Urna de la santa en Valencia, España.

El proceso informativo se inició en la archidiócesis de Valencia el 23 de abril de 1945, concluyéndose el 7 de marzo del año siguiente. El decreto sobre sus escritos fue promulgado el 4 de abril de 1948 y la introducción de la Causa, el 27 de junio de 1952. El decreto de “non cultu” se aprobó el 27 de noviembre de ese mismo año. Fue declarada Venerable el 22 de enero de 1957, beatificada el 27 de abril de 1958 y finalmente canonizada por el Beato Pablo VI, el 27 de enero del 1974. Su fiesta se celebra el día de su muerte, o sea, el 26 de agosto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Pietromarchi, E., “La beata Teresa de Jesús Jornet e Ibars”, Roma, 1958
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VII2, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (12/12/2014):
– www.hermanitas.net

Santa Mesalina, virgen mártir de Foligno

Imagen de la Santa con su atributo principal: la cesta de mimbre. Catedral de Foligno, Italia.

Imagen de la Santa con su atributo principal: la cesta de mimbre. Catedral de Foligno, Italia.

Hoy se celebra la festividad de una virgen mártir de la Antigüedad, venerada prácticamente sólo a nivel local -en la ciudad de Foligno, en Umbría- de curioso nombre: Mesalina. Y digo curioso no por sí mismo, puesto que es un nombre latino documentado en la Antigüedad -el femenino de Mesala, un nombre común por lo demás entre las familias nobles romanas-; sino porque se ha hecho famoso al haber pertenecido a una emperatriz romana, la tercera esposa del primer emperador Claudio -Valeria Mesalina-, quien, debido a algunas acciones propias que sus enemigos y la leyenda se encargaron de exagerar -corrupción, ambición, conspiración política y adulterio- pasó a ser el epítome de mujer corrupta y malvada, hasta tal punto de que incluso actualmente, a una mujer que responda a estas características se la acusa de “ser una Mesalina”.

En contrapartida, esto poco tiene que ver con la otra Mesalina de quien hablamos hoy: Santa, virgen y mártir; aunque prácticamente desconocida si la comparamos con la ilustre emperatriz romana. También se sabe relativamente poco sobre ella y la cuestión del martirio no está exenta de cierta polémica, pero abordaremos estas cuestiones de inmediato.

Historia de la Santa
El documento más antiguo que nos habla sobre Santa Mesalina es la passio de San Feliciano, primer obispo de Foligno, escrita en la segunda mitad del siglo VII y a principios del VIII, cuyo valor histórico es, cuanto menos, dudoso. Según este relato, que reproduce Lodovico Iacobilli en su Vite de’ Santi e Beati di Foligno, Mesalina, como su nombre parece indicar, nació de noble familia y era discípula de San Feliciano, quien, como hemos dicho, era obispo de la ciudad de Foligno, de donde se cree que ella también era oriunda. En su juventud, después de haber sido criada y educada por el obispo, decidió consagrar su virginidad a Cristo y dedicaba su vida a la oración y a las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales.

Muerte y apoteosis de la Santa. Lienzo de Enrico Bartolomei (1850). Catedral de Foligno, Italia.

Muerte y apoteosis de la Santa. Lienzo de Enrico Bartolomei (1850). Catedral de Foligno, Italia.

Era el siglo III, en tiempos del emperador Decio, quien al retornar de su victoria militar descansó unos días en Foligno con su legión. Sabiendo de la fama del obispo Feliciano, quien había logrado convertir a muchas personas a la fe cristiana, se irritó contra él y lo hizo encarcelar, prohibiendo al mismo tiempo el culto cristiano. Pero Mesalina, aunque no tenía más que dieciocho años de edad, y sin temer al peligro que ello suponía, se preocupaba de cuidar al pastor, por lo que acudía cada día a la cárcel a traerle comida y agua, que llevaba en una cesta de mimbre, y en sus visitas no descuidaba de conversar con él sobre las obras de Dios.

Esto acabó por fastidiar a los carceleros, quienes, con lisonjas y halagos a su juventud y belleza, la invitaron a sacrificar a los dioses, cosa que ella, por supuesto, rechazó. En presencia de su maestro, el obispo prisionero, se puso de rodillas en la celda y confesó a Jesucristo, declarándolo su Esposo. Los carceleros, entonces, empezaron a azotarla con unos látigos que tenían, para hacerla ceder, pero como ella permaneciese inmóvil, silenciosa y con los ojos puestos en el cielo, pasaron a aporrearla brutalmente con bastones nudosos y punzantes, hasta que expiró con las carnes laceradas.

El cuerpo de la muchacha, convertida en un guiñapo sanguinolento, fue arrojado en el exterior de la cárcel y recogido por unas mujeres piadosas, que lo ocultaron en la iglesia palatina, la cual se convertiría después en la catedral de San Feliciano.

¿Mártir o no mártir?
Esto nos cuenta la passio, pero, ¿qué certezas tenemos sobre esta virgen mártir? Como hemos dicho, se tienen dudas sobre la certeza histórica del relato. Hay quien ha cuestionado que las palabras exactas que se refieren al maltrato que la Santa sufrió a manos de los soldados -“iniuriata et caesa poenaliter”- no son un indicativo de martirio. Es decir, que según esta tesis, de estas palabras no tiene por qué deducirse que realmente sufriera martirio, ya que su muerte puede explicarse como la consecuencia de un simple maltrato al que los soldados sometieran a la joven. La controversia está en considerar si esto es martirio o no lo es.

Detalle de la Santa en un mosaico decimonónico. Fachada de la catedral de Foligno, Italia.

Detalle de la Santa en un mosaico decimonónico. Fachada de la catedral de Foligno, Italia.

Es decir, que aunque la muchacha murió a consecuencia de las heridas producidas por la paliza, muchos han considerado que esto no puede considerarse realmente como martirio (??). Una visión que, personalmente, no comparto, ya que la paliza y la muerte le vinieron por socorrer a su maestro en prisión -pudiendo haberse quedado a salvo en su casa-; por confesar a Cristo -pudiendo haberse quedado callada-; y por no haber cedido a las demandas de los soldados a pesar de la paliza -pudiendo haber sacrificado a los dioses y salir airosa de la situación-. Si esto no es martirio… ¿qué lo es?

Considerémosla mártir o no, la realidad es que Mesalina fue venerada como mártir en Foligno entre los siglos XVI-XVII, a pesar de que un poeta local, en el año 1426, poniendo en verso la leyenda de San Feliciano, no la considera como mártir. De hecho, el poeta no hace ninguna mención al culto a Santa Mesalina en su ciudad, lo que atestigua o demuestra que la veneración fue posterior al siglo XV.

Aunque la memoria de la Santa no aparece registrada en el Martirologio Romano, la Iglesia de Foligno la celebra el 23 de enero, día de Santa Emerenciana, virgen mártir romana. Cabe indicar, por último, que pese a lo dicho por la passio de San Feliciano, se desconoce el año de su martirio: algunas fuentes dicen que el año 254, lo que sería tres años tras la muerte de Decio, no en tiempos de Decio, por tanto.

Reliquias
Según Iacobilli, a quien hemos mencionado anteriormente, a la Santa siempre se le había tenido veneración como protomártir de la ciudad de Foligno, así que el obispo de esta ciudad, monseñor Antonio Bizzoni, encargó a un sacerdote que encontrara las desaparecidas reliquias de la Santa. Tras muchas búsquedas, el 13 de diciembre de 1599, fiesta de Santa Lucía de Siracusa, fue hallado un sarcófago con la siguiente inscripción:

HIC SVBTVS IACET CORPVS SANCTAE MESSALINAE

Urna con parte del cráneo de la Santa. Milán, Italia.

Urna con parte del cráneo de la Santa. Milán, Italia.

Se dice que al abrir la urna, las reliquias soltaron una fragancia perfumada y tuvo lugar la curación de un ministro y la liberación de muchos poseídos. El número creciente de gracias obtenidas por la intercesión de la Santa indujo al pueblo a solicitar una solemne procesión a la Santa, que fue concedida en 1613. Las reliquias fueron colocadas en la catedral de Foligno, en la capilla de la Virgen de Loreto. Sin embargo, parte de su cráneo fue enviada a Milán, donde se conserva.

Iconografía
La Santa aparece siempre como una joven doncella virgen, portando la cesta de mimbre en la que traía la comida para el obispo Feliciano. Indistintamente puede aparecer con la palma del martirio o sin ella, por tanto, como virgen mártir o como virgen a secas, según haya sido considerada por el artista en cuestión.

Su efigie aparece reproducida en el mosaico de 1900 en la fachada principal de la catedral de Foligno, encargado por el Papa León XIII, donde la vemos con la cesta y una corona de oro, y el lirio de virginidad. En un lienzo de 1850 sobre el altar de la Virgen de la misma catedral, donde se ve a las mujeres recoger el cuerpo exánime de la Santa en el exterior de la cárcel, mientras el obispo Feliciano, desde su celda, ve el alma de Mesalina ascender al cielo y recibir la corona de virgen y la palma del martirio. También, una estatua marmórea en la catedral la representa sólo como virgen, llevando la cesta de mimbre con alimento para el prisionero.

Tabla  de Ottaviano Nelli con el Calvario, San Feliciano y Santa Mesalina. Palazzo Trinci de Foligno, Italia.

Tabla de Ottaviano Nelli con el Calvario, San Feliciano y Santa Mesalina. Palazzo Trinci de Foligno, Italia.

Finalmente, en una tabla medieval de Ottaviano Nelli que representa el Calvario vemos a la Santa en un extremo, enarbolando orgullosamente la palma del martirio como único atributo que la distingue. Esta tabla, conservada en el Palazzo Trinci de Foligno, prueba que ya en la Edad Media Mesalina era venerada como mártir.

Meldelen

Bibliografía:
– IACOBELLI, Lodovico, Vite de’ Santi e Beati di Foligno. Disponible en Google Books.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum, Enciclopedia dei Santi, Città Nuova Editrice, Roma 1984.

Santas de nombre Genoveva (Ginebra)

Estampa devocional británica de Santa Genoveva de París.

Estampa devocional británica de Santa Genoveva de París.

El nombre tiene orígenes literarios, habiéndose extendido durante la Edad Media con la aparición de las aventuras del rey Arturo. Deriva del nombre de una deidad céltica, que a su vez deriva del normando Gwenhwyar, que tiene el significado de “resplandeciente entre los elfos”. El nombre fue tomado por Chrétien de Troyes, que se lo dio al famoso personaje de la esposa del rey Arturo. él lo traduce al francés antiguo, transformándolo en Guenievre, del que deriva el italiano y el español Ginebra. En la versión anglosajona de esta leyenda, aparece la variante Guinivere. Otros significados atribuidos a este nombre son “tejedora” – también derivado del celta -, y “onda blanca”.

Santas de nombre Genoveva
No existe actualmente ninguna santa que se llame Ginebra y es porque el nombre de Genoveva deriva de la misma raíz; generalmente su onomástica se celebra el día 3 de enero, día dedicado a Santa Genoveva de París.

Santa Genoveva de París; Nanterre, 422 – París 3 de enero del año 512. Es venerada en la Iglesia católica como santa y patrona de la ciudad de París y de la policía. Su culto fue redescubierto también por las Iglesias Ortodoxas en Occidente.

El día 3 de enero, el Martirologio Romano (M.R.) dice: “En París de Francia, la deposición de Santa Genoveva, virgen de Nanterre, que a los quince años, invitada por San Germán obispo de Auxerre, tomó el velo de las vírgenes, confortó a los habitantes de la ciudad que estaban aterrorizados por las incursiones de los hunos y socorrió a sus conciudadanos en tiempos de carestía”.

Estampa devocional italiana de Genoveva de Brabante, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de Genoveva de Brabante, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Santa Genoveva de Brabante. Existen cuatro relatos escritos en latín que tratan sobre Genoveva y todos ellos están fundamentados en un modelo común: una mujer inocente (esposa de Sigfrido, conde palatino), seducida por el maestro de la corte, calumniada por su seductor y víctima de un castigo inicuo: abandonada con su niño. Existe también la cierva que le proporciona la leche y la batida de caza que lleva al descubrimiento de quien ha sido abandonada.

Los acontecimientos históricos de Genoveva se acercan a los de María de Brabante, consorte de Luís II, duque de Baviera, castigada por un presunto adulterio acaecido en Mangeistein en el año 1256. Desde el punto de vista arqueológico, se encuentran trazas de su culto en la capilla de Fraukirch, cerca de Thür y recientes excavaciones realizadas en el año 1951, han descubierto una sepultura, que se piensa que sea la de Genoveva. Se cuenta que el marido, durante una batida de caza, encontró la prueba de su inocencia. El culto a esta Santa Genoveva de Brabante no es oficial, aunque desde el siglo XVII es venerada como santa el día 18 de enero.

Santa Genoveva Torres Morales, Fundadora de la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón y de los Santos Ángeles. Nació en el año 1870 en Almenara y murió en Zaragoza el día 5 de enero de 1956. Su canonización fue en el año 2003. El Martirologio Romano la recuerda ese día: “En Zaragoza de España, Santa Genoveva Torres Morales, virgen, que puesta a prueba desde su juventud por las durezas de la vida y afectada de mala salud, fundó la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles para la asistencia de las mujeres”.

Fotografía de Santa Genoveva Torres Morales revestida con el hábito de su fundación.

Fotografía de Santa Genoveva Torres Morales revestida con el hábito de su fundación.

Beata María Genoveva Meunier (Constanza), carmelita descalza. Nacida en 28 de mayo de 1765 en Saint-Denis y muerta en París el 17 de julio de 1794. Forma parte del grupo de las Carmelitas de Compiègne, beatificadas en el año 1906. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de julio: “En París, Francia, la beata Teresa de San Agustín (Marta Magdalena Claudina), Lidoina y quince compañeras, vírgenes del Carmelo de Compiègne y mártires, que durante la Revolución Francesa fueron condenadas a muerte por haber observado fielmente la disciplina monástica y, junto al patíbulo, renovaron las promesas de fe del Bautismo y los votos religiosos”.

Beata María Genoveva Josefina Ducrez (Maria Luisa de San Francisco), religiosa ursulina de Santa Ángela de Merici. Nacida el 27 de septiembre de 1756 en Condé y muerta el 17 de octubre de 1794 en Valenciennes. Forma parte del grupo de las Ursulinas de Valenciennes, beatificadas en el año 1906. El Martirologio Romano la recuerda el 17 de octubre: “En Valenciennes, en Francia, la beata Natalia de San Luís (Maria Luisa Josefa)Vanot y cuatro compañeras, vírgenes de la Orden de las Ursulinas y mártires que, condenadas a muerte durante la Revolución Francesa por odio a la fe católica, subieron al patíbulo cantando el salmo Miserere”.

Beata María Genoveva de la Foresterie, seglar de la diócesis de Angers. Nacida el 3 de enero del año 1741 en Lyon-d’Angers; muerta el 16 de abril de 1794 en Avrillé. Formó parte del grupo de los mártires de Angers, beatificados en el 1984. El Martirologio Romano la recuerda el día 1 de febrero: “En Francia, la pasión de la Beata Maria Ana Vaillot y cuarenta y seis compañeras mártires; adquirieron la corona del martirio durante la Revolución Francesa”.

Monumento a la Venerable Genoveva de Troia.

Monumento a la Venerable Genoveva de Troia.

Venerable Genoveva de Troia, seglar de la diócesis de Foggia. Terciaria franciscana. Nacida en Lucera (FG), el 21 de diciembre de 1887 y muerta en Foggia el día 11 de diciembre del 1949. fue declarada Venerable en el año 1992.

Sierva de Dios Genoveva de Trudaine, viuda Quarré de Chelers, seglar de la diócesis de Arras. Nacida en París en el año 1744 y muerta en Arras el día 15 de mayo de 1794. Forma parte del grupo de mártires en curso de canonización de las diócesis de Arras y Cambrai.

Sierva de Dios Genoveva Bárbara Goyon, monja dominica. Nacida en París en el año 1717 y muerta en París el 1 de mayo de 1794. Forma parte del grupo de mártires de las diócesis de París y Montpellier en curso de canonización.

Damiano Grenci

Bibliografía y fuentes:
– AA. VV. de newsaints.faithweb.com
– AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 12 voll., Città Nuova, 1990
– C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142
– Damiano Marco Grenci, collezione privata di immaginette sacre, 1977 – 2008
– Sitio web de Wikipedia