Virgen de la Esperanza de Onda

Detalle de la imagen de la Virgen de la Esperanza venerada en su santuario de Onda, Castellón (España).

Detalle de la imagen de la Virgen de la Esperanza venerada en su santuario de Onda, Castellón (España).

De entre las tradiciones “singulares” con que cuenta la Comunidad Valenciana en el entorno mariano, es destacable aquella que cuenta que, a mediados del siglo XIII, vivía en Onda (Castellón) un rico musulmán en el mismo lugar que ahora ocupa el Santuario de la Virgen de la Esperanza. Cuando su querida hija dio a luz su primer hijo, ésta falleció, y el noble moro quiso perpetuar su memoria haciendo que un escultor esculpiera una estatua idéntica a la imagen de su hija mostrando con orgullo su embarazo.

La noche siguiente tuvo un sueño y se le apareció la imagen brillante y coronada de su hija con un sol que se posaba en su vientre. Pensando que era fruto del cansancio, no le dio mayor importancia, pero observó cómo, incluso despierto, seguía contemplando la misma visión, y también esto podían presenciar muchos cristianos y musulmanes que acudían a su casa, por lo que los que no creían en Cristo se acabaron convirtiendo. Este suceso milagroso se propagó de boca en boca de los habitantes y provocó que se levantara una pequeña ermita dedicada a la Virgen de la Esperanza, donde fue venerada.

La ermita dataría del año 1328 y los carmelitas la reedificarían alrededor del año 1437, ya asentados allí. El hecho es que en 1512, una embajada popular acudió a entrevistarse con el rey Fernando II de Aragón, “el Católico“, porque éste había cedido la villa a su sobrino, D. Fernando de Aragón, Duque de Calabria. Temiendo el pueblo la desprotección real, se encomendó a la Virgen de la Esperanza y, tras la entrevista con el rey, Onda se anexionó de nuevo a la Corona, pasando a ser de nuevo Villa Real. La devoción creciente hacia la Virgen de la Esperanza motivó que otra embajada de Onda peregrinase a Roma, para solicitar del Papa su proclamación como patrona de la villa. Esta petición fue atendida en 1502 por el Papa Julio II, pero fue el Papa Urbano VIII quien concedió en 1643 el patronazgo de María de la Esperanza sobre la villa.

Cerámica de la Virgen de la Esperanza en Onda, Castellón (España).

Cerámica de la Virgen de la Esperanza en Onda, Castellón (España).

El lugar es hoy ocupado por el santuario de Nuestra Señora de la Esperanza, en estilo neogótico. Éste fue abandonado tras la desamortización de Mendizábal en 1836, por exclaustración forzosa de los frailes carmelitas que allí tenían su cenobio. El resultado de este decreto es que el convento fue saqueado y demolido, y todos sus bienes inmuebles fueron confiscados y vendidos. Un incendio posterior, provocado por soldados de la Legión Portuguesa, integrados en las fuerzas liberal-cristianas, en plena Guerra Carlista, obligó a su restauración y fue reinaugurada para su uso y culto, tras haberse iniciado las obras de reconstrucción en el año 1891, el 16 de julio de 1903, festividad de Ntra. Sra. del Carmen.

Un nuevo incendio en los días de nuestra contienda civil se produjo en julio de 1936, en el que se asesinó además a doce hermanos carmelitas. Muy pocas piezas de valor se salvaron de esta nueva quema, sólo un puñado de libros y una talla antigua del siglo XVII de Nuestra Señora de la Esperanza, que hoy se custodia en la capilla conventual. Los frailes que sobrevivieron no regresaron hasta el 5 de agosto de 1938. Una nueva restauración se produciría entre los años 1989 y 1990.

Las sucesivas construcciones se amontonan en su visión, pero destaca la iglesia primitiva y su campanario, así como la iglesia moderna y su correspondiente torre. Entre ellas existe un largo cuerpo de edificio de celdas y dependencias de la comunidad y, al otro lado de la iglesia, el Museo de Ciencias Naturales. La iglesia nueva es de estilo neogótico, constando de una nave con cinco capillas laterales y coro sobre el acceso. Su capilla quinta del lado del Evangelio posee un arco de sillería de traza gótica embutido en el muro, que bien pudiera ser uno de los escasos restos de las construcciones primitivas del convento.

Vista general del Santuario de la Virgen de la Esperanza en Onda, Castellón (España), en estilo neogótico.

Vista general del Santuario de la Virgen de la Esperanza en Onda, Castellón (España), en estilo neogótico.

El 25 de mayo de 1956 se bendijo la actual imagen de la Virgen de la Esperanza, obra del escultor valenciano D. José Rabasa y, dos años más tarde, el camarín de la Virgen del mismo autor.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

Contestando a algunas breves preguntas (XXVIII)

Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Fotografía del Siervo de Dios Guido Vidal França Schäffer practicando surf.

Pregunta: Soy surfista y creo que estoy de enhorabuena, porque acabo de enterarme de que ya tenemos un santo patrono. Con el surf descargo mi adrenalina y paso mis mejores horas de diversión. Soy católico practicante y el tener un patrón que fue surfista como yo, me hace mucha ilusión, ya que así podré encomendarme a él cuando practique este deporte. Gracias.

Respuesta: Pues yo me alegro de que tengas esta diversión tan sana aunque arriesgada, pero creo que te precipitas, porque no hay ningún santo que haya sido surfista y que sea vuestro patrono. Como decimos por mi tierra, tú “has oído campanas, pero no sabes dónde” y me explico: la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dio el visto bueno (Nihil Obstat) el pasado 16 de octubre para que la archidiócesis brasileña de Río de Janeiro iniciase la apertura del proceso de beatificación de Guido Vidal França Schäffer, que era un seminarista muy comprometido con los pobres de Río de Janeiro y que murió muy joven, el día 1 de mayo del año 2009, cuando practicaba el surf en la playa de Recreación, en Río, ya que ésta era una de sus aficiones favoritas. Había nacido el 22 de mayo de 1974 en Volta Redonda y estaba punto de ser ordenado como sacerdote.

Ahora se pone en marcha la Causa y, como comprenderás, a ésta le queda un largo camino por recorrer, porque hay que analizar con lupa su vida y sus compromisos con las causas sociales, y el por qué “estaba tan enganchado” al surf, deporte que no abandonó ni cuando estaba en el seminario. Él también era médico y trabajaba de manera altruista en la Santa Casa de la Misericordia de la ciudad carioca. Si la Causa sigue hacia delante, y hay muchos visos de que así sea, algún día será beatificado, y entonces sí que podría ser declarado vuestro patrono. Aun así, ya es considerado Siervo de Dios y tú te puedes encomendar a él para que te proteja cuando practiques ese arriesgado deporte.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Pregunta: He leído el artículo que habéis publicado sobre el estudio de las reliquias de San Lucas evangelista y lo he leído con mucho interés porque me llamo Lucas, visité su sepulcro en Padua hace algunos años y siempre me ha interesado todo lo que he encontrado escrito sobre él. Por supuesto, he leído en numerosas ocasiones su Evangelio y el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero mi pregunta va por otro camino. He leído que cuando se analizaron sus huesos se descubrió que padecía de una enfermedad dental y como soy odontólogo, esto me ha llamado la atención y la verdad es que quisiera saber algo más, si es que vosotros lo sabéis. Muchísimas gracias y saludos desde Argentina.

Respuesta: Cuando el día 23 de septiembre del año 2013 publicamos el artículo sobre la autenticidad de las reliquias de San Lucas, sabíamos que dejábamos algunas cosas en el tintero, pero lo hicimos adrede a fin de no alargar excesivamente el artículo. No hace falta recordar lo dicho en ese texto, pero sí incidir en que estos restos fueron analizados por un equipo interdisciplinario y entre ellos estaba el odontoestomatólogo Antonio Beltrame, quien investigó los pocos dientes que le quedaban al cráneo, que como sabes, es el que se encuentra en Praga y no en Padua. Este especialista comprobó que los dientes estaban muy desgastados, especialmente en sus coronas, y determinó que San Lucas padecía de bruxismo, que como tú sabes mejor que yo, es hacer rechinar los dientes de manera rítmica y espasmódica principalmente durante la noche mientras se duerme. Esto antes, era considerado una manía, pero en realidad es una enfermedad que difícilmente se puede controlar, salvo que te pongas en tratamiento, y ya me dirás tú que tratamientos había en el siglo I, aun cuando él mismo fuera médico. El profesor Beltrame dedujo que debido a esto, San Lucas debió tener serios problemas al masticar. Es lo único que puedo decirte sobre este tema.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Fotografía de algunos de los mártires cistercienses que van a ser beatificados.

Pregunta: El pasado día 23 de enero el Papa Francisco promulgó varios decretos de la Congregación de los Santos, y entre ellos estaba el de dieciocho mártires trapenses. Supongo que publicaréis algún artículo sobre estos mártires, pero tengo entendido que el martirio fue una auténtica bestialidad. Aunque sea de manera breve, me podríais adelantar alguna información. Muchísimas gracias.

Respuesta: En efecto, muy probablemente escribiremos sobre ellos cuando sean beatificados, pero bueno, para atenderte te adelantaremos ese dato que nos preguntas. Estos mártires pertenecían a la Abadía cisterciense de Viaceli, de la que fueron expulsados de mala manera el 8 de septiembre de 1936, metidos en prisión, pero posteriormente liberados. Ellos se dispersaron en tres grupos, intentando llevar vida de comunidad de forma clandestina.

A los miembros de uno de estos grupos los volvieron a detener y, en las noches del 2 y del 3 de diciembre, los montaron en camiones para asesinarlos. A algunos los llevaron a la bahía de Santander donde los embarcaron en una barcaza y, como iban rezando, les cosieron las bocas con alambres. Cuando estaban a bastante distancia de la costa, les ataron piedras a los pies y los arrojaron al Mar Cantábrico, donde murieron ahogados. Hay quienes afirman que fueron arrojados al mar desde las rocas del faro de Santander. Al resto, después de torturarles, los fusilaron. Varios de ellos eran postulantes y novicios menores de 25 años de edad. Daremos más detalles en el artículo que publiquemos en su día.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, católicos. La horca identifica a los que murieron ahorcados. Lienzo de Daphne Pollen.

Pregunta: Sabemos que durante el reinado de Enrique VIII de Inglaterra y algunos de sus sucesores fueron martirizados innumerables católicos que no quisieron renunciar a su fe en la Sede de San Pedro. Sé que de algunos de ellos ya habéis escrito en este blog. ¿Me podríais decir cuantas Causas fueron abiertas? Muchas gracias.

Respuesta: Si no me equivoco, de los mártires ingleses y galeses hay cinco Causas distintas, todas ellas iniciadas en Westminster:

- La primera es la de los Santos Juan Fisher y Tomás Moro, cuyo culto se confirmó el 29 de diciembre de 1886 (no hubo beatificación) y que fueron canonizados el 29 de diciembre de 1935.

- La segunda es la encabezada por San Cutberto Mayne y que está compuesta por un total de 40 mártires (del 1535 al 1679), cuyo culto también se confirmó el 29 de diciembre de 1886, pero que si fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 y canonizados el 25 de octubre de 1970.

- La tercera es la encabezada por la Beata Margarita Pole y 39 compañeros mártires (del 1535 al 1583) cuyo culto se confirmó también el 29 de diciembre de 1886, luego sólo son beatos, aunque no ha habido ceremonia de beatificación.

- La cuarta es la encabezada por el Beato Hugo Faringdon y 8 compañeros mártires (del 1539 al 1572), cuyo culto fue confirmado el 13 de mayo de 1895, luego sólo son beatos, sin ceremonia de beatificación.

- La quinta es la encabezada por el Beato Tomás Hemerford y 106 compañeros mártires (del 1541 al 1680), que sí fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 junto con Cutberto Mayne y compañeros, pero que no han sido aún canonizados.

- Y por último hay una sexta Causa, en la que se incluyeron algunos mártires escoceses, encabezada por el Beato Jorge Haydock y 84 compañeros mártires (del 1584 al 1679), que fueron beatificados el 22 de noviembre de 1987.

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio "hang, drawn and quartered".

Grabado de mártires ingleses sufriendo el suplicio “hang, drawn and quartered”.

Todas fueron abiertas en Westminster y ¿por qué han seguido distintos caminos? ¿Por qué algunos beatos lo son sólo por confirmación de culto, sin ceremonia de beatificación? ¿Por qué se beatifican en un mismo día a los componentes de dos Causas distintas y luego sólo los de una de ella han sido ya canonizados? Éste es un tema muy complejo, del que yo no sabría decirte por qué cada Causa ha seguido caminos distintos.

Además, hay otra cosa que me extraña: sé que en aquella época hubo muchos mártires más, pero ni siquiera se les ha abierto Causas, ¿por qué? No lo sé. ¿Habrá influido en todo esto los vaivenes de la política de relaciones entre las Iglesias Católica y Anglicana? ¡Vete tú a saber!

Antonio Barrero

San Alonso Rodríguez Gómez, SJ

Detalle de una escultura orante del Santo en Palma de Mallorca, España.

Detalle de una escultura orante del Santo en Palma de Mallorca, España.

“Ya voy, Señor”.

A menudo vemos en este blog cómo los primeros miembros fundadores de una nueva congregación u orden religiosa parece que son los más conocidos, tanto en vida como después de la muerte, y personas contemporáneas a éstos que estuvieron siempre en un segundo plano, quedan eclipsadas incluso después de la muerte y aún después de ser canonizados. Desde mi punto de vista, la vida de San Alonso Rodríguez podría ser un claro ejemplo de un santo que pasó desapercibido.

Infancia y vocación
En la castellana ciudad de Segovia nació el niño Alonso Rodríguez Gómez, el día veinticinco de julio de 1532. Él fue el segundo hijo de los once que llegó a tener el matrimonio formado por Diego Rodríguez y María Gómez de Alvarado. Este matrimonio de piadosos cristianos se dedicaban al comercio de telas y lanas, por lo tanto su economía era desahogada y esto les permitió sacar adelante a esta numerosa familia; familia que algunas fuentes citan como burguesa.

Doña María Gómez instruyó en la Fe a sus siete hijos y a sus cuatros hijas, de todos ellos fue su catequista y maestra, el fervor religioso que ella tenía se lo transmitió de una forma sencilla y cercana a todos ellos, por lo que no es de extrañar que algunos de estos hijos fuesen más tarde religiosos. Poquito a poco el niño Alonso fue frecuentando los sacramentos y creciendo en él un deseo por acercarse más y más a las cosas de Dios.

Cuando él contaba con unos diez u once años, un hecho marcaría su vida. Su padre, Don Diego, hospedó en su casa a dos sacerdotes jesuitas que pasaban por Segovia, uno de ellos era San Pedro Fabro, fiel compañero del santo fundador de la Compañía de Jesús. De este primer sacerdote jesuita se le quedaron grabadas todas sus enseñanzas y más si cabe, sus ganas de conocer a esta nueva familia religiosa que era la naciente Compañía de Jesús.

"Visión de San Alonso Rodríguez". Lienzo barroco del pintor español Francisco de Zurbarán, año 1633.

“Visión de San Alonso Rodríguez”. Lienzo barroco del pintor español Francisco de Zurbarán, año 1633.

Muy poco tiempo después de tener este primer contacto con los jesuitas, Alonso y su hermano mayor fueron enviados a estudiar a la Universidad de Alcalá de Henares por deseo de su padre. Después de permanecer aquí solamente un curso, en el año 1545, dos sucesos trágicos como el quiebre del negocio familiar y la muerte de Dº Diego, obligarían al joven estudiante a abandonar los estudios y quedarse al cargo de este negocio que tenía que reflotar de alguna manera para mantener a esta numerosa familia. En esta ciudad de la sabiduría, Alcalá de Henares, siguió teniendo contacto con los jesuitas. Por ese entonces la nueva orden religiosa había abierto un colegio en esta ciudad y Alonso, en su empeño de seguir conociéndolos, estableció una buena relación con los superiores.

Matrimonio
De vuelta a la ciudad de Segovia, Alonso siguió haciéndose cargo del negocio familiar. Muy a duras penas consiguió reflotarlo, sólo tenía quince años y le faltaba experiencia en esto de negociar con unos y otros. Así fueron pasando los años lentamente y, cuando cumplió veintiséis años, contrajo matrimonio con María Juárez, era el año 1557. Su joven esposa tenía una buena posición social, con la dote aportada al matrimonio por parte de ella, el negocio se mantuvo a flote durante unos años más. Y como es lógico, entre tantos quehaceres y cargos familiares, la vocación religiosa que un día tuvo Alonso se fue enfriando poquito a poco, pero como veremos no se apagó del todo. A los pocos meses llegó la bendición del primer hijo al matrimonio, y más tarde vendría otro niño y una niña más, que fue la última en llegar.

La felicidad que reinaba en este hogar pronto se vio truncada. En un período de cinco años, María Juárez y dos de los pequeños hijos murieron. Alonso, que con treinta años quedó viudo y a cargo de un hijo, se vio obligado por la situación a dejar definitivamente el negocio y trasladarse a vivir con su madre y demás familiares. No quedando completo el cupo de las tragedias familiares, su madre murió y a esta muerte le siguió la de su único hijo. Alonso, muy desolado por todo lo acontecido en tan poco tiempo, se creía solo en el mundo, volvió a recurrir a Dios, porque sabía que no lo había abandonado a pesar de tanto sufrimiento.

Aparición de la Virgen a San Alonso Rodríguez. Estampa devocional.

Aparición de la Virgen a San Alonso Rodríguez. Estampa devocional.

Nueva vida
En el año 1559 volvió a retomar la amistad de los Jesuitas de Segovia, concretamente con el padre Luis de Santander, que fue un gran amigo y consejero. Este jesuita, director espiritual de Santa Teresa de Jesús, le aconsejó para que solicitara entrar en la Compañía de Jesús. Haciéndole caso hizo esta solicitud. Los padres jesuitas, después de examinarlo a fondo, llegaron a la conclusión de que no lo aceptaban por su edad y débil salud, contaba con casi cuarenta años cuando decidió ser jesuita.

No dándose por vencido, Alonso quiso contar con una segunda opinión, por esta razón viajó hasta Valencia para ver a su amigo Luis de Santander. Éste, que ejercía el cargo de rector, le dijo que volviera a retomar los estudios que había dejado dos décadas atrás y Alonso, muy obediente y seguro de que esto le abriría las puertas a la Compañía, los retomó en el colegio de Cordelles (Barcelona). Para cubrir gastos se puso a trabajar como sirviente en la casa de una marquesa.

Un año después, no sin muchas ofertas de cambiar de vida, Alonso interrumpió sus estudios por diferentes motivos de salud, pero sobre todo con la idea de pedir nuevamente el ingreso en la Compañía. Esta nueva petición le fue denegada, pero gracias a la intervención del padre provincial, Antonio Cordesses, que viendo algo especial en él, dijo: “Vaya, recibámosle como santo”. De esta manera tan inusual, el treinta y uno de enero de 1571, pasó a ser un laico Jesuita.

Jesuita
Como miembro laico de la Compañía de Jesús, sus superiores lo enviaron al colegio de San Pablo de Valencia y también a la casa de Gandía (Valencia), residencia de otro gran Santo jesuita como San Francisco de Borja. Tras un breve periodo de tiempo en la provincia de Valencia, fue destinado al nuevo colegio de Montesión de Palma de Mallorca. Tres años estuvo esperando para hacer los votos, en este tiempo su espiritualidad fue creciendo y a la vez se sucedieron en él no pocas experiencias místicas, visiones, éxtasis etc. También había veces que creía que su vida religiosa estaba perdida a causa de las fuertes tentaciones que le sobrevenían, eran de todo tipo y él para remediarlas intensificaba las mortificaciones. Pero sobre todo fue alcanzando un grado de invitación a Cristo que no pasó desapercibido para nadie.

Altar-sepulcro del Santo. Iglesia de Montesión, Palma de Mallorca, España.

Altar-sepulcro del Santo. Iglesia de Montesión, Palma de Mallorca, España.

Como hermano lego sólo ejerció trabajos muy humildes, su incompleta formación le impidió desempeñar otros trabajos más reconocidos como el de maestro. En estos trabajos, como por ejemplo el de portero, que fue a lo que se dedicó el resto de su vida, se santificó de tal manera que atendía a muchísimas personas que acudían en busca de su caridad y sabio consejos, se cree que hasta la nobleza mallorquina solicitaba su consejo. Estos fieles, animados por su fama de santo hacían largas colas en la portería, porque sabían que San Alonso no los dejaría sin atender. Los superiores Jesuitas, en vista de estas multitudes agolpadas a las puertas del colegio, regañaban al Santo, diciéndole que fuese más serio y áspero con los que llegaban hasta la portería. El hermano Alonso, consciente de que era el mismo Jesucristo vestido de pobre el que llamaba a su puerta, decía: “Ya voy, Señor”, “A Jesús que se disfraza de prójimo, nunca le podemos tratar con aspereza y de malas formas”.

Los superiores de la Compañía que un día lo rechazaron, ahora, admirados por su espiritualidad, cultura y extraordinarias experiencias; obligaron a San Alonso a escribir su autobiografía, siendo a día de hoy unos volúmenes de gran riqueza. Empezó a escribirlas en el año 1604 y hasta los últimos años de su vida fue añadiéndole pequeñas notas.

Durante casi medio siglo que permaneció en esta casa de Montesión de Mallorca, fueron numerosos los seminaristas y sacerdotes jesuitas que lo conocieron, pero sobre todo fue San Pedro Claver quien mantuvo una gran amistad con nuestro Santo. Un día, estando San Alonso en oración, de pronto le sobrevino una visión que le decía: “Pedro Claver está destinado a hacer un gran bien en Sudamérica”, y efectivamente así sucedió, ya que este jesuita contribuyó a la evangelización de Colombia, bautizando a miles de personas.

Como venimos diciendo a lo largo del artículo, su vida humilde y entregada sin límite al bien del prójimo le ocasionó una fama de santo que él rehuía, pero si a estas virtudes heroicas le añadimos las experiencias místicas, es imposible que pasara desapercibido como quería. Con el fin de no alargar el artículo, sólo veremos sus visiones místicas más conocidas: estando enfermo vio a María y a Jesús, con ambos se puso a caminar como si por Nazaret estuvieran, esto le ocasionó la sanación espiritual y física. En otra ocasión, muy sofocado y cansado, se sentó a la orilla de un camino y la Santísima Virgen acudió a secarle el sudor (por este motivo es representado en la pintura y la escultura sudando y rezando). Y en otra ocasión, muy atormentado con tentaciones impuras, pasó por delante de una imagen de la Virgen y al verla, exclamó: “Sancta Maria, Mater Dei, memento mei”, al instante cesaron estas tentaciones y desde entonces se esforzó por extender la devoción a María a través del rezo del Rosario.

Sepulcro con las reliquias del Santo. Iglesia del Montesión, Palma de Mallorca (España). Fuente. www.jccanalda.es

Sepulcro con las reliquias del Santo. Iglesia del Montesión, Palma de Mallorca (España). Fuente. www.jccanalda.es

Muerte y canonización
Anciano y sin apenas fuerzas para seguir atendiendo la portería, lo siguió haciendo día a día. En 1613 su debilitada salud ya presagiaba su final, pero se reponía contra todo pronóstico en cada recaída. El padre superior de Montesión, para comprobar su lealtad y obediencia a la Compañía, le dijo: “Le ordeno que se vaya de misionero a América del Sur”. Con absoluta obediencia recogió sus pocas pertenencias y se dispuso a salir del colegio para reunirse con los demás jesuitas; el superior, comprobando su lealtad a pesar de su vejez, le ordenó que volviera de nuevo a su celda.

Aquejado por multitud de dolores físicos, el día veintinueve de octubre de 1617 queda postrado en su cama, esperando la llamada de Dios, al recibir la sagrada comunión ese mismo día, sintió algo especial y dijo: “Qué felicidad”, a continuación quedó sereno y ausente del mundo, como si en un continuo éxtasis estuviera. Finalmente, el treintaiuno de octubre de 1617, a los ochenta y cinco años, besando un crucifijo, murió pacíficamente, siendo estas sus últimas palabras: “Jesús, Jesús, Jesús”. La noticia de su muerte sacudió a toda la isla de Mallorca, el funeral coincidió con la celebración de la fiesta de Todos los Santos y a la hora de enterrarlo, se decidió hacerlo dentro del mismo colegio de Montesión, donde hoy en día se puede venerar.

Que había muerto en olor de santidad era de sobra conocido, tan sólo un año después de su muerte se abrió el proceso de beatificación. Por diferentes causas históricas, el proceso quedó parado casi doscientos años, hasta que finalmente el Papa León XII lo beatificó el veinticinco el mayo de 1825. Sesenta y tres años después, el quince de enero de 1888, fue canonizado por León XIII, junto a su fiel amigo San Pedro Claver. Es el patrón de la isla de Mallorca y su fiesta se celebra el día treinta y uno de octubre.

David Garrido

Enlaces consultados (23/02/2015):
– www.corazones.org/santos/alonso_rodriguez_sj.htm
– www.jccanalda.es
– http://jesuitascam.org/san-alonso-rodriguez/
– http://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_Rodr%C3%ADguez

San Antonio María Zaccaria, sacerdote fundador

Escultura del santo, obra de Cesare Aureli. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura del santo, obra de Cesare Aureli. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Hoy quiero escribir sobre un joven sacerdote santo, quien con sólo treinta y seis años de vida, dio vitalidad a una Iglesia que necesitaba una transformación urgente. Se trata de San Antonio María Zaccaria, que nació en Cremona (Italia), en el año 1502, siendo sus padres Lázaro y Antonieta Pescaroli. A los pocos meses de nacer se quedó huérfano de padre, por lo que creció bajo la vigilancia de su madre, la cual a pesar de las penurias económicas sufridas como consecuencia de los continuos conflictos de la época, supo desarrollar en su hijo una atracción hacia la caridad para con los pobres y hacia una vida piadosa y carente de todo tipo de lujos.

Sus primeros estudios los realizó en Cremona, pero con dieciocho años de edad se matriculó en la universidad de Padua, de la que salió en el año 1524 como licenciado en medicina. Regresó a Cremona, donde no ejerció la profesión, y donde se puso bajo la dirección espiritual de un fraile dominico, que le inculcó se dedicara al apostolado popular, dando clases de religión y catequesis en una pequeña iglesia dedicada a San Vidal, pero al morir fray Marcelo – que así se llamaba este sacerdote dominico –, su nuevo director espiritual lo encaminó hacia el sacerdocio. Entró en el seminario, se ordenó de sacerdote en el año 1528, y en su primera Misa se vio sorprendido por la aparición milagrosa de un coro de ángeles en el momento de la Consagración. Pronto fue nombrado beneficiado de la iglesia de San Jorge, lo que le proporcionaba una cómoda situación económica.

Sabiendo de las carencias que había de clero, se dedicó totalmente al ministerio sacerdotal, pero como veía que su trabajo no suplía tal carencia, se dedicó a fundar una serie de grupos de seglares, que vivían a nivel personal el Evangelio, y a los que preparó para que le ayudasen en sus tareas apostólicas. Renunció al beneficiado de San Jorge, aceptó ser el capellán de la condesa Ludovica Torelli de Guastalla, y con ella, en el año 1530, se marchó a Milán, donde conoció a dos sacerdotes: Bartolomé Ferraru y Jacobo Antonio Morigia, quienes le acompañarían en sus trabajos apostólicos.

El Santo con sus compañeros y colaboradores. Iglesia de los padres barnabitas de Cremona, Italia.

El Santo con sus compañeros y colaboradores. Iglesia de los padres barnabitas de Cremona, Italia.

Allí, se inscribió en el Oratorio de la Eterna Sabiduría, que estaba cercano al convento de las monjas agustinas de Santa Marta, sabedor de que iba languideciendo el fervor en el mismo como consecuencia de la muerte de la Venerable Arcángela Panigarola y del fundador, monseñor Juan Antonio Bellotti. La primera había fallecido en el 1525 y el segundo, tres años más tarde. Muy pronto se convirtió en el cabecilla espiritual de aquella antigua confraternidad, de tal manera que esta floreció bajo su impulso, formándose tres nuevas familias religiosas, que él puso bajo la protección de San Pablo.

La primera fue la de “Los hijitos de San Pablo”, llamados “Clérigos Regulares de San Pablo Decapitado” (o Barnabitas, por el nombre de la primera iglesia milanesa donde se establecieron, que estaba dedicada al apóstol San Bernabé), los cuales fueron aprobados por el Papa Clemente VII el día 18 de febrero del 1533. Ayudado por la condesa Ludovica Torelli de Guastalla, fundó también a las “Hermanas Angélicas de San Pablo Converso”, con un grupo de mujeres que realizaban una labor apostólica en las calles y en los hospitales, Congregación que fue aprobada por el Papa Pablo III, el 15 de junio de 1535. Finalmente, en 1539, fundó a “Los casados devotos de San Pablo”, (o Laicos de San Pablo), congregación de seglares que, aunque estaban vinculados entre sí por el enlace matrimonial, colaboraban con los padres barnabitas. ¿Por qué vinculó a estas tres fundaciones con el apóstol de los gentiles? Lo hizo tanto por su devoción hacia el santo apóstol, como para imbuir del espíritu paulino a quienes formarían parte de estas tres fundaciones.

Convencido de que un gesto vale más que mil palabras, para llamar la atención de los descreídos fieles, envió a los padres barnabitas y a las madres angélicas a realizar actos de mortificaciones públicas en las calles de Milán, convencido de que una drástica demostración externa de vida de penitencia convencería al pueblo mucho más que una predicación formal sobre la penitencia. El pueblo se mostró influenciado de manera muy positiva, pero el clero reaccionó violentamente, acusando ante la Curia romana tanto a Antonio María como a sus discípulos de herejía y de tener ideas revolucionarias. Por este motivo, fue sometido a dos procesos eclesiásticos: uno en el 1534 y otro en el año 1537, pero de ambos salió absuelto.

Lienzo de San Antonio Maria Zaccaria, obra de Mattia Traverso. Iglesia de San Sebastián, Livorno (Italia).

Lienzo de San Antonio Maria Zaccaria, obra de Mattia Traverso. Iglesia de San Sebastián, Livorno (Italia).

Los hasta en ese momento inquisidores, las autoridades eclesiásticas y el pueblo fiel le permitieron intensificar su labor apostólica, con actividades como la reinstauración de la exposición solemne de las Cuarenta Horas, que aunque habían sido fundadas en el 1527 en la iglesia del Santo Sepulcro para los hermanos de la confraternidad de la Eterna Sabiduría, habían sido clausuradas. Lo intentó en el 1534 no con mucho éxito, pero lo logró en el mes de mayo del 1537. Instituyó la costumbre de que todos los viernes a las tres de la tarde sonaran las campanas para recordar la muerte de Cristo, predicaba no sólo en las iglesias, sino también en las calles, y diariamente impartía charlas espirituales a todos aquellos que pretendían crecer en su vida como cristianos.

Inició – primero entre las “Angélicas” -, la implantación de la comunión diaria, algo impensable en aquel tiempo, se dedicó al apostolado de la dirección espiritual, a las misiones populares e incluso se atrevió a emprender la reforma de algunos monasterios. Pero a lo que verdaderamente dedicó sus mejores empeños fue a la dirección espiritual de las “angélicas”, que era la primera Congregación de mujeres consagradas que realizaban apostolado fuera de los monasterios de clausura, y esto lo hizo incluso renunciando a ser el superior general de su Congregación masculina.

En el mes de mayo del año 1539 fue en misión de paz a Guastalla, población que estaba sometida a interdicto por decisión Papal, que en el derecho canónico es una censura eclesiástica por la cual las autoridades religiosas prohíben a los fieles la asistencia a los oficios divinos, la recepción de los sacramentos y dar sepultura cristiana a los difuntos. Consiguió, aunque con muchísimo esfuerzo, apaciguar los ánimos y arreglar el conflicto, pero esto tanto le afectó físicamente que tuvo que volver a Cremona, junto a su madre, donde murió el 5 de julio de 1539, con poco más de treinta y seis años de edad.

Fue sepultado en la iglesia de San Pablo en Milán, aunque en el año 1891 su cuerpo fue trasladado a la iglesia de los Padres Barnabitas de dicha ciudad. Rápidamente fue venerado como si fuera un beato, pero esta veneración fue suspendida por el Papa Urbano VIII en el siglo XVII. Su Causa fue introducida en la Sagrada Congregación de Ritos el día 20 de septiembre del año 1806, siendo declarado Venerable el día 2 de febrero del año 1849. Fue beatificado el día 3 de enero del año 1890 y finalmente, canonizado por el Papa León XIII, el 27 de mayo del 1897. Su festividad se celebra en el día de su muerte, o sea, el 5 de julio.

Urna con los restos del santo en la iglesia de los barnabitas en Milán, Italia.

Urna con los restos del santo en la iglesia de los barnabitas en Milán, Italia.

Su vida fue tan breve que no se tiene un compendio de cuál fue su doctrina espiritual, aunque es cierto que en él aparecen claros síntomas de un inmenso amor a Cristo, una atracción especial ante la obra apostólica de San Pablo, una lucha feroz contra la tibieza sacerdotal y una entrega total a su apostolado. De él se conservan doce cartas, seis sermones y las Constituciones de las Congregaciones por él fundadas.

No existe ninguna representación iconográfica que nos muestre sus características físicas, aunque sin embargo, en la iconografía sí que están bien representados sus tres grandes amores: la Eucaristía, el Crucifijo y San Pablo. Era considerada una persona tan íntegra y tan pura que desde el primer momento fue conocido como el “padre angelical” o “el ángel hecho de carne” y es por eso por lo que normalmente aparece representado con un lirio. En muchas representaciones iconográficas aparece acompañado por dos compañeros de fundación, a los que se les ha dado el título de beatos, y que son los anteriormente mencionados padres milaneses Bartolomé Ferraru y Jacobo Antonio Morigia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Gabuzio, A., “Historia de la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo”, Roma, 1852.
– Premoli, O., “Historia de los barnabitas en el siglo XVI”, Roma, 1913.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo II”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Padre Juan Iovan de Recea

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

El padre Juan Iovan fue un monje y confesor, conocido por su práctica de aconsejar la comunión frecuente. Era el confesor de las monjas de los monasterios de Vladimirești en Moldavia, Plumbuita en Valaquia y Recea en Transilvania, y sufrió en las prisiones comunistas a causa de su fe.

Primeros años
El padre Juan Iovan nació el 26 de junio de 1922 en Husasău Criș, condado de Bihor en Rumanía occidental, siendo bautizado como Silvio Cornel, el octavo hijo del sacerdote Gabriel y su esposa María, y creciendo en un saludable entorno cristiano. Tras la escuela primaria, marchó al instituto a Oradea y siguió sus estudios en la facultad de Teología de Cluj, y después, debido a la ocupación húngara, en Sibiu, donde se graduó en 1946 con una tesis sobre la Eucaristía y la vida mística.

En 1947, comenzó su doctorado en teología, pero nunca lo terminó. Paralelamente estudió Derecho en Cluj y trabajó como profesor de religión en el Instituto Gheorghe Barițiu de Cluj y en el Instituto Comercial para chicas de la misma ciudad. Como estudiante, y posteriormente, fue muy activo entre las organizaciones estudiantiles, y solía organizar conferencias para refutar la doctrina comunista, hablando abiertamente en contra del peligro comunista para Rumanía.

Durante sus estudios teológicos, conoció la remarcable personalidad de Arsenio Boca, quien le aconsejó que dejara de teorizar y comenzara una auténtica vida espiritual. Así, se convirtió en el monje Juan y fue ordenado diácono en el monasterio Sihastru en Moldavia del sur, y sólo un año más tarde, en 1949, hieromonje (sacerdote) en el nuevo monasterio de monjas de Vladimirești, donde la hermana Vasilica – la que después sería la madre Verónica Gurău – comenzó una nueva vida monástica para las chicas en esta región, pues quería una vida ascética dedicada a la Virgen María.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Monje y confesor
El padre Juan llegó a Vladimirești al mismo tiempo que la monja Teodosia Lațcu y otras, de modo que en poco tiempo el monasterio se convirtió en uno de los más grandes de Rumanía en número y también famoso por la intensa vida allí practicada. En Vladimirești sirvió como confesor de las monjas durante siete años e inició un movimiento espiritual basado en la densa participación en la Santa Comunión, algo muy inusual incluso en la actual Rumanía, donde todavía domina la norma no escrita de una Comunión esporádica, a menudo reducida sólo a cuatro veces durante los cuatro tiempos de ayuno. Esta “innovación”, que vino del obispo mártir Nicolás Popoviciu de Oradea, el que le ordenó de diácono, fue interpretada como un retorno a las prácticas de los primeros cristianos. A veces él incluso realizaba confesiones en grupo y a las acusaciones que recibió él respondía que “el demonio también roba las almas por grupos”.

Este movimiento nada común, sorprendente para la jerarquía de la Iglesia, pero especialmente molesto para los comunistas, que habían tomado el poder en 1947, fue perseguido con burlas, propaganda injusta y no muy tarde por la persecución, oculta o directa, combinada con la restricción de libertades y derechos religiosos.

Juan y la monja Verónica trabajaron a menudo juntos para sostener las necesidades de la Iglesia. En 1948 visitaron el monasterio de Miclăușeni, cerca de Roman, y evitaron su cierre enviándoles diversas monjas de Vladimirești, para fortalecer la vida monástica en este lugar. Según una afirmación conservada en sus declaraciones grabadas para el archivo de la Securitate, se sabe que en Miclăușeni había un relicario con reliquias de San Menas, entre otros Santos. Tras la oración de la monja Verónica ante ellas, las reliquias empezaron a exudar mirra, que los dos usaron para ungirse el rostro y los ojos.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

No teniendo miedo a la amenaza comunista, el padre Juan siguió predicando contra el régimen ateo e incluso escribió una memoria, quejándose denunciando que la Iglesia se había visto privada de sus textos para misionar en las escuelas, casernas militares y otros lugares públicos, lo que significaba que la libertad religiosa estaba prácticamente restringida, aunque teóricamente garantizada por la Constitución.

Poco después, el padre Juan, junto con la abadesa Verónica, la monja Teodosia y otras monjas, fueron objeto de la primera persecución directa contra los monasterios rumanos. Vladimirești fue el primer monasterio cerrado por los comunistas, después de un proceso donde se les acusó se esconder generales alemanes durante la ofensiva soviética, a finales de la Segunda Guerra Mundia. Aunque esta acusación no ha podido ser probada, otra -la de apoyar partisanos anticomunistas ocultos en las montañas con dinero, cartas y comida- estaría probada por las declaraciones de diferentes testigos.

El padre Juan era un activo apoyo de todos los movimientos anticomunistas, su cristianismo era fuertemente militante, basado en el activismo social, y diciendo palabras directas contra nada hería las enseñanzas cristianas. Aunque él nunca fue un Legionario (miembro de la Legión de San Miguel Arcángel, un partido de extrema derecha en Rumanía basado en la doctrina cristiana, pero que desafortunadamente obraba mediante públicas ejecuciones y asesinatos), él apoyaba a personas de estos círculos, sin fomentar en ellos ninguna agresión física y manteniéndose fuertemente posicionado dentro de la correcta fe de la Iglesia.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Tiempo de prisión
Bajo presión política, el hieromonje Juan fue apartado del sacerdocio el 17 de enero de 1955, debido a sus confesiones grupales y su insubordinación después de que se le prohibiera predicar y retirarse a otro monasterio. El arresto tuvo lugar la noche del 29 al 30 de marzo de 1955, cuando cientos de soldados invadieron el monasterio y arrestaron a Juan, a la abadesa Verónica y a las monjas Teodosia y Micaela. Un año después, el convento fue cerrado.

Durante una investigación en Galați, el padre Juan fue sentenciado a muerte, pero pronto se le conmutó por una cadena perpetua. Su condena, registrada con el número 1655 del 5 de diciembre de 1955 estipulaba que “Juan Cornelio Silvio (su nombre civil) sacerdote en el monasterio del pueblo Tudor Vladimirescu, ha mostrado su hostilidad contra el régimen a través de sus prédicas y las palabras que mantuvo (…) ya sea directamente o usando términos en doble sentido (…). Él hizo actos de favor a los bandidos Lupeș Ion y Ghiță Păiș, a pesar de que conocía sus actos terroristas (…) él favoreció toda la actividad de la monja legionaria Micaela Iordache (…) de modo que, con voto unánime, lo condenamos a trabajos forzados de por vida -por favorecer el crimen y los actos de terror- y a la confiscación de todas sus posesiones”.

A diferencia de Arsenio Boca, que nunca celebró la liturgia después de haber sido injustamente retirado del sacerdocio, motivado por la obediencia a las autoridades eclesiásticas, el padre Juan solía celebrar el Santo Sacramento en las prisiones, usando ornamentos litúrgicos improvisados. El habitual antimension (que, traducido, significa “sustitutivo de mesa”, siendo la pieza de lino con la escena del entierro de Cristo en ella, que contiene reliquias de santos y por tanto, sustituye el santo altar de la iglesia), él lo cosió a su camisa, de modo que podía llevarlo con él a las prisiones. En lugar del epitrahil (traducido como “alrededor del cuello”), el equivalente ortodoxo a la estola católica, usaba una cuerda que solía esconder a modo de cinturón. El cáliz era una caja de caucho duro, y el vino lo traía en botellas de vino tónico. Su teología, centrada en la presencia eucarística de Cristo, no le permitía vivir sin la Santa Comunión.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Como los demás prisioneros políticos, el padre Juan pasó por varias prisiones. Después de Galați, donde contrajo tuberculosis gangliónica, fue trasladado al hospital penitenciario del ex-monasterio de Văcăreşti en Bucarest, después a Jilava, cerca de la capital, y después a Transilvania, donde permaneció mucho más tiempo, en las terribles prisiones de Gherla y Aiud, los gulags rumanos.

El procedimiento de “reeducación” contra los “enemigos del pueblo” era muy duro en todas estas prisiones. Los prisioneros eran terriblemente torturados, y especialmente los religiosos obligados a hacer cosas muy humillantes, como oficiar la Eucaristía con materias fecales, escupir a la Cruz y a los iconos, se les forzaba a masturbarse, a estimularse con perversiones sexuales, se les abandonaba al hambre durante cuarenta días y entonces se les obligaba a comer carne en Viernes Santo, etc.

Lo que le ocurrió al padre Juan apenas se sabe, porque él nunca quiso hablar de esta época. En lugar de esto, solía decir: “No puedo y no quiero olvidar la prisión. Allí viví los momentos espirituales más edificantes de mi vida. Allí nací por segunda vez y Dios me dio a vivir incontables milagros, para conocer Su poder”. En Aiud sólo se sabe que fue obligado a leer la “Biblia hilarante”, un libro de propaganda contra la Biblia comúnmente usado en tiempos comunistas. Como se negó a hacerlo, lo enviaron a Zarca, que era la celda de aislamiento y exterminio, un lugar pequeño, oscuro y húmedo, donde muchos murieron.

Rehabilitación
Después de nueve años y medio, el 1 de agosto de 1964, fue liberado por el decreto de amnistía a prisioneros políticos. Bajo severa vigilancia de la Securitate, se estableció en Bucarest, para no crear problemas a sus amigos más cercanos. Allí le ayudó la ingeniera María Chichernea, la futura abadesa Cristina del monasterio de Recea.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Como ofició ilegalmente de sacerdote, fue juzgado de nuevo por abuso de sus funciones y condenado a trabajos forzados durante un año en 1966. Liberado de nuevo, vivió en las casas de ex-monjas de Vladimirești, pero siendo estrechamente vigilado por la Securitate, siendo muchas veces agredido y una vez más arrestado entre 1970 y 1971, durante una subida a Tecuci, donde intentó fortalecer a algunas ex-monjas que vivían en esta ciudad.

Fue en 1979, después de una memoria apoyada por el Santo Sínodo del metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania, cuando se le reintegró de nuevo como sacerdote, permitiéndosele oficar en el monasterio Cernica y luego en Plumbuita, los dos cercanos a Bucarest, donde se quedó durante doce años. En 1991, el arzobispo Andrés de Alba Iulia -entonces metropolita de Cluj- le invitó a poner las bases para un nuevo convento en su diócesis. Así fue cómo el padre Ioan, junto con la ingeniera María, que se convirtió en la monja Cristina, fundaron el nuevo monasterio en Recea, cerca del aeropuerto de Târgu Mureș en el centro de Transilvania.

En 1992 ya habían construido un altar y una campana, en 1993 la entrada del convento y en 1995 la iglesia. Ésta última fue consagrada en septiembre de 2003, en presencia de los patriarcas Pedro VII de Alejandría y Teoctisto de Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Últimos años y veneración del padre Juan entre la gente común
El padre Juan continuó su misión como confesor de las monjas en el nuevo monasterio hasta el año 2008, promoviendo su teología eucarística entre todos sus hijos e hijas espirituales. Muchos de ellos hablan del confesor que tenía una gran manera de llegar a sus profundidades interior y de encontrar buenas raíces en todas las cosas.

Hay testimonios de su clarividencia procedentes de personas que le conocían. A un sacerdote que lo juzgó poco ascético por verlo tan gordo, le respondió con una anécdota de la prisión, cosa que muy raramente hacía: “Sabes, cuando me interrogaban antes del proceso, en una ocasión no me dejaron ir al baño en tres días, para que me hiciese mis necesidades encima y se profanaran así mis ropas sacerdotales. Pero resistí y los riñones se me atascaron, de modo que mi cuerpo debe estar reteniendo líquidos desde entonces”.

El mismo testigo dice que el padre Juan solía pasar varios días en su silla de confesor, desde la madrugada hasta la medianoche, sin tiempo para comer, porque quería mucho a la gente que acudía a él y no quería que se fueran sin apoyo y perdón para sus pecados. La “oración del corazón” (“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí, pecador!”) la practicaba desde sus tiempos de estudiante y la perfeccionó en sus últimos años.

Cuando fomentaba la comunión frecuente, decía: “El cáliz es la raíz de la unidad de la Iglesia. Sin la Santa Comunión nos quedamos sólo con teorías, con doctrinas”. A los conservadores que veían sus creencia como una laxitud a la hora de compartir el Cuerpo de Cristo y una relativización de la importancia de la Eucaristía, se oponía firmemente, pues pensaba que el Cuerpo y la Sangre del Señor eran la comida habitual de los cristianos, y que sin ellos, estamos en peligro de morir de hambre. Sus enseñanzas aún ganan muchos adeptos hoy en la Iglesia rumana.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Falleció el 17 de mayo de 2008 y fue enterrado en el monasterio de Recea. Su tumba es ya un lugar de peregrinación y, durante una visita en la que tomé parte en agosto de 2013, el nuevo confesor del monasterio nos dijo que, a veces, cerca de la tumba se esparce un hermoso aroma, típico de la tumba de los Santos. El mismo confesor nos habló de una profecía del padre Juan, a quien conoció hace muchos años y que le anunció que sería el nuevo confesor de Recea. Testimonios de este tipo permanecen aún en labios de muchos cristianos que le conocieron, y que creen que fue un santo.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Metropolita Andrés Andreicuț de Cluj, Părintele Ioan Iovan de la Recea – Călugăr dârz, statornic şi anticomunist, en: idem, Cuvinte împărtășite, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2007, 5-21.
– Claudiu Târziu, A murit Părintele Ioan de la Recea. Legenda continua, en: Formula AS – nr. 821/2008.

Enlaces consultados (22(02/2015):
– www.fericiticeiprigoniti.net/ioan-iovan/65-parintele-ioan-iovan-de-la-recea
– http://ioaniovan.ro/