Beato Augusto Czartorysky, presbítero SDB

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Introducción
El pueblo polaco ha dado muchos nombres e historias al santoral, desde San Estanislao, obispo de Cracovia y mártir, hasta los Beatos Mártires de la Segunda Guerra Mundial. La vida del Beato Augusto Czartorisky se ofrece como un ejemplo juvenil de renuncia al mundo y de la lucha por lograr alcanzar la vocación a que Dios nos ha llamado. Cuando San Juan Bosco convivía con sus muchachos, para llamar su atención y ganar su confianza, les llamaba de muchas maneras, entre ellas, señor marqués y otros títulos nobiliarios. Hacia la última etapa de su vida hizo algunos viajes fuera de Italia, entre ellos Francia en 1883. En París fue invitado por el noble polaco Ladislao Czartorysky, jefe de una de las familias nobles de Polonia en el exilio. En su hogar, Don Bosco celebró la misa y le ayudó en el altar el hijo del mencionado noble. Se trata de Augusto, que cuenta con 25 años. En la primera oportunidad que tuvo le dijo: “Señor Príncipe, hace tiempo que deseaba conocerlo”. Este muchacho, heredero de una de las familias más nobles y antiguas de Polonia, podría llegar a ser jefe de esa nación.

Infancia
Augusto es hijo del príncipe Ladislao Czartoryky y de la princesa María Amparo Muñoz de Vista Alegre, hija de la reina Cristina de Borbón y media hermana de la reina Isabel II. Nació en París el 2 de agosto de 1858 y recibió en el bautismo los nombres de Augusto Francisco María Ana José Cayetano. Pronto quedará huérfano de madre, que morirá en 1864 y quien además de heredarle la nobleza, le predispondrá a la misma enfermedad que le quitará la vida: la tisis. Ya desde este tiempo mostrará los signos latentes de esta enfermedad, por lo que su padre buscará el remedio mandándolo a vivir a distintas partes para buscar que el clima le restableciera la salud. Así conoció Pau, Montpellier, Roma, Polonia, África; mientras estudia francés y polaco. Cuando tiene 13 años hace la Primera Comunión en la iglesia parroquial de Sienawa, cripta familiar donde reposan los restos de sus abuelos y de su madre. La fiesta que se hizo para festejar este evento lo fastidió más que alegrarlo. A un sirviente de confianza le comentó: “¿No podrían dejarme solo en paz este día y en compañía de Nuestro Señor?”.

Fotografía del Beato en su juventud.

Fotografía del Beato en su juventud.

Un Beato animado por un Santo
En 1874 es un joven espigado y alto. Para educarlo, su padre lo puso bajo la tutela de un preceptor lituano polaco lleno de una calidad moral y muy notable por su vida santa. Se llamaba Rafael Kalinowsky. Tres años estuvo a su cargo. Luego el maestro abandonó el mundo e ingresó al Carmelo, donde se hizo Santo. Hoy lo conocemos como San Rafael de San José Kalinoswky. Con él leyó la vida de San Luis Gonzaga y de San Estanislao de Kostka, que prefirieron la vida religiosa a la política y la vida noble y; cuando su maestro murió para el mundo, Augusto pensó seriamente en hacer lo mismo.

Un destino con una mala salud
Su salud es precaria entonces y por invitación de su primo, el rey Alfonso XII, pasa a España buscando un alivio. Luego va a Davos, Nápoles, Capri, Asís, donde piensa más en el pobrecillo Francisco que en las prescripciones médicas. Luego va a Sicilia y después Normandía, hasta llegar al Sáhara. Allí conoció al obispo Lavigerie. En 1879 alcanza la mayoría de edad y recibe de su padre el depósito del patrimonio familiar. Un gesto simbólico, ya que él seguirá al frente de la familia. Además, tiene el alivio que del segundo matrimonio de su progenitor, con Margarita de Orleáns, han nacido otros dos hermanos con mejor salud que la suya.

Salesiano
En 1883 tiene su encuentro con Don Bosco, que desea enviar su Congregación a Polonia. En esta entrevista Augusto le comparte su deseo de ser carmelita como Rafael Kalinoswky, pero el Santo le aconseja que no se apresure y que medite muy bien acompañado de mucha oración. A partir de esta fecha se hace una profunda amistad por correspondencia entre ambos. Don Bosco le aconseja: “Si de verdad aspira al sacerdocio, debe renunciar a todos los mayorazgos, si su voluntad es fuerte, lo hará, pero si no está seguro, sebe secundar los planes de su padre y aceptar el mayorazgo”. Augusto es ya mayor de edad y sabe que tiene que tomar una decisión. Enfrentará todas las consecuencias y luego de un cierto tiempo, decide entregarse a Dios. En respuesta a una carta donde se le plantea a Don Bosco las necesidades de la juventud polaca, se le invita a mandar a sus hijos a ese país. El Santo responde: “Ya iremos, ya iremos cuando tengamos personal”, y luego arroja el anzuelo también a Augusto: “Señor Príncipe, hágase usted salesiano y luego abriremos una casa en Polonia”. Esto lo dice en broma, pues al parecer, Don Bosco se inclinaba porque el joven ingresara con los jesuitas. Sin embargo, Augusto decide ser salesiano. En julio de 1886, el príncipe Ladislao y su hijo se presentan en Valdocco. Ha tenido que vencer la oposición paterna, ha acudido al mismo Papa León XIII para conseguir que su padre diera el permiso y que Don Bosco dejara de titubear.

El Beato, de sacerdote.

El Beato, de sacerdote.

El 30 de julio de 1887, Don Bosco lo recibe en el aspirantado, y su noviciado lo comienza el 20 de agosto siguiente. Al entrar en el edificio lee un cartel que dice: “Dios, alma, eternidad”. Esa noche escribirá su impresión: “Eternidad. Qué poderosa es esta palabra. Se le debería escribir en todo lugar, en la fachada de todas las casa, al pie de los monumentos, en la portada de los libros”. El 31 de enero de 1888 muere San Juan Bosco, antes de que se termine su noviciado, y el Santo es sepultado en Valsálice, precisamente donde está él preparándose. Allí pasa largas horas orando ante su sepulcro. En la casa, conoció al Venerable Andrés Beltrami. Ambos desarrollaron una profunda amistad espiritual cuando Andrés cuidó a Augusto durante su enfermedad. A causa de la misma es enviado a la costa de Liguria, y aquí se enfrenta a los estudios de teología. El decurso de su enfermedad hace que la familia emprenda con mayor insistencia las tentativas de alejarlo de la vocación religiosa, pero Augusto se muestra feliz con la elección que ha hecho en su vida. El 2 de octubre de ese año profesa finalmente como salesiano. La noticia se conoce en Polonia a través del Boletín Salesiano. Al saberse este suceso, algunos jóvenes polacos van a Turín, queriendo seguir su ejemplo. Por fin es ordenado sacerdote el 2 de abril de 1892. Cuando fue ordenado, su familia estuvo ausente; habían hecho muchos esfuerzos para que él dejara la congregación. En su primera misa es ayudado por su hermano Vitoldo y les da la Comunión a su padre y su esposa Margarita. Esto supuso la renuncia de su padre a las aspiraciones dinásticas y a la reconciliación con su vástago.

Sin embargo, la enfermedad, que había cedido, se recrudece; y en la primavera de 1893 el novel sacerdote sabe que tiene que prepararse dejar este mundo con la alegría y facilidad que dejó el poder, el lujo y el trono. Muere en la noche del 9 de abril en Alassio. En Turín, el Beato Miguel Rúa celebra sus funerales, en los que participa su tía la princesa Marcelina Czartorysky. Al concluir la ceremonia, descubrió que habían presentes 120 jóvenes polacos, deseosos de imitar a su sobrino y llevar a Polonia el carisma salesiano. La espiga de Augusto, al morir, dio un fruto del 120 por ciento.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

Culto
Sus restos fueron repatriados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a las tumbas de la familia, donde un día Augusto había hecho su primera comunión. Posteriormente sus restos fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl, donde se encuentran actualmente. Fue beatificado por San Juan Pablo II el 25 de abril de 2004 en Roma. Su celebración litúrgica se celebra el 2 de agosto, fecha de su nacimiento, puesto que la fecha de su muerte coincide con la Cuaresma.

Oración
Dios omnipotente y misericordioso, que llamaste al beato Augusto, sacerdote, a seguir las huellas de tu Hijo, que siendo rico se hizo pobre, concédenos, estimulados por su ejemplo y dóciles a la acción del Espíritu Santo, que sirvamos humildemente en los jóvenes más necesitados. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Humberto

Bibliografía:
- BOSCO, Teresio, Familia Salesiana, Familia de Santos, Editorial CCS, 1998, Madrid, pp. 85-90.

Santa Julita, mártir de Cesarea de Capadocia

Detalle de la Santa en un santoral para el Prólogo de Ochrid.

Detalle de la Santa en un santoral para el Prólogo de Ochrid.

Hoy se celebra la festividad de una Santa poco conocida y de la que se sabe muy poco, pero de la que podemos afirmar su existencia histórica gracias a la fiabilidad de la fuente que nos ha transmitido estos datos. La historia de su vida y martirio, aunque breve, ofrece visos de autenticidad por la claridad y sencillez de su exposición. La Santa, llamada Julita, no debe ser en modo alguna confundida con la mártir de Licaonia Santa Julita, madre del niño San Quirce, que es mucho más conocida y cuya festividad es celebrada el 16 de junio. Tampoco cabe confundirla con otras mártires del mismo nombre, también poco conocidas, como la que se menciona en el grupo de las vírgenes mártires de Ancira-Amiso.

Conocemos la existencia de esta Santa gracias a una homilía de San Basilio, obispo de Cesarea, pronunciada en el día del aniversario de su martirio, a tan sólo 70 años después del mismo. Aunque no proporciona una biografía completa de la Santa, sin embargo, trata acerca de algunas de las peculiaridades de su martirio y, en consecuencia, facilita una fecha un tanto aproximada, aunque imprecisa en sí misma. Él hace un excelente panegírico de las virtudes de esta mujer, que vivió en Cesarea de Capadocia. Los sucesos narrados pueden ubicarse poco después de la proclamación del primer edicto de persecución de Diocleciano, que, como sabemos, fue promulgado en Nicomedia el 24 de febrero del 303.

Dice que Julita era una viuda cristiana que pertenecía a una clase acomodada -era, por tanto, rica- y que cayó bajo el poder de un hombre deshonesto que, poco a poco, la fue despojando de todos sus bienes. Ella, cansada de las pretensiones de este hombre, presentó un recurso ante el juez. El denunciado, en su defensa, dijo que Julita era cristiana, lo que de “ipso facto” la despojaba de todos sus derechos civiles. Es decir, que vilmente convirtió su defensa en un ataque, denunciándola ante las autoridades, sabedor de que por su fe cristiana, llevaba todas las de perder.

Para proseguir con su proceso, le exigieron a Julita que abjurara del cristianismo y adorase a los dioses del emperador: “Eres cristiana, le dijo el magistrado, y por tanto no debo oírte a menos que sacrifiques a los dioses. Entonces te ayudaré y te devolveré todos tus bienes”. Ella, sopesando las ventajas de los bienes materiales y celestiales, se negó enérgicamente a realizar estos sacrificios y respondió valientemente: “Prefiero que mis campos mueran o sean entregados a extraños; prefiero yo también perder mi vida, o que mi cuerpo sea cortado en pedazos, antes que yo ofenda al Dios que me creó con la menor de las palabras impías. Si me quitas la más pequeña porción de esta tierra, ganaré el cielo con ello”.

Acuarela de la Santa en la pira, obra de Laure Th. Chanal (2009). Fuente: http://lauredessinemoi.canalblog.com/

Acuarela de la Santa en la pira, obra de Laure Th. Chanal (2009). Fuente: http://lauredessinemoi.canalblog.com/

Consecuentemente, la situación cambió, convirtiéndose ella en la acusada, pero por más que se le insistía en que sacrificase a los dioses, ella sólo repetía: “Soy una sierva de Dios”. El juez la condenó a morir quemada en la hoguera, aceptando ella de manera gozosa su sentencia de muerte, a la cual se sometió demostrando un gran coraje. Cuando se dirigía hacia su pira, la valiente viuda se dirigió a las mujeres que observaban su suplicio, cristianas que habían venido a consolarla en su tribulación, y les dijo que en adelante no usaran su sexo como excusa para escatimar la virtud y el valor: no sólo podían ser igual a los hombres en virtud, sino que de hecho, lo eran en todas las cosas. Debían ser fuertes para afrontar la persecución y orar por el triunfo de la fe. “Porque, dijo, estamos hechas de la misma masa que los hombres, y fuimos creadas por la diestra de Dios después de ellos. Así pues, la mujer fue hecha por Dios con idéntica virtud: no mostremos, pues, menos fuerza que los hombres en la fe, tengamos paciencia y constancia en la adversidad”. Basilio elogia esta valentía como signo de la igualdad de la virtud en el hombre y en la mujer, lo que es significativo en una época en que la mujer, ya fuese pagana o cristiana, era considerada inferior por sus congéneres masculinos.

Luego, ella se acercó a la pira, los verdugos se acercaron para atarla y arrojarla a la fuerza, pero ella los rechazó y subió desatada y voluntariamente, con una expresión de gran alegría en el rostro, causando una gran impresión en los que la veían. Según este panegírico de San Basilio, ella murió por asfixia, pues su cuerpo permaneció intacto a las llamas, que no llegaron a alcanzarla. Una vez fallecida, y solicitando los cristianos su cuerpo, les fue concedido y le dieron sepultura. Con el tiempo y llegada la paz para la cristiandad, las reliquias fueron colocadas y veneradas en la principal iglesia de la ciudad. Así la elogia San Basilio: “Enriquece con bendiciones tanto este lugar como a los que acuden a él”. Nos asegura que “la tierra que recibió el cuerpo de esta bendita mujer hizo brotar ampliamente una fuente de agua sana y fresca, aunque las aguas de esta zona son salobres y con sabor a sal. Estas aguas preservan la salud y alivian a los enfermos”.

Ilustración de la Santa en la pira. Fuente: http://www.comptoir-religieux.fr/

Ilustración de la Santa en la pira. Fuente: http://www.comptoir-religieux.fr/

Nada más se sabe sobre esta mártir, que fue víctima de la injusticia de la persecución y que, acudiendo a las autoridades en busca de justicia contra quien le estaba robando, se encontró acusada y condenada a muerte de quien esperaba recibir justicia. Pudo haberse librado fácilmente de ello, de haber querido sacrificar, y quizá hubiese obtenido la justicia que buscaba, pero no quiso traicionar su fe, a la que tenía en mayor estima que sus bienes y su propia vida; y prefirió sufrir la injusticia en forma de una muerte terrible.

Los sinaxarios bizantinos la conmemoran el 30 o el 31 de julio, añadiendo algunos datos tomados de la homilía de San Basilio. De estos sinaxarios tomó nota el cardenal Baronio, el cual la introdujo en el Martirologio Romano el día 30 de julio. Esto mismo hay que decir del sinaxario alejandrino de Miguel, obispo de Atrib y Malig, que la introduce el día correspondiente al 6 del mes de Misri.

Meldelen

Bibliografía:
- LIMBERIS; Vasiliki M., Architects of Piety: The Cappadocian Fathers and the Cult of the Martyrs, Oxford Univeristy Press, 2011.
- VVAA, Bibliotheca sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1987.

Enlaces consultados (24/07/2014):
- http://www.bartleby.com/210/7/302.html
- http://www.heiligenlegenden.de/monate/juli/30/julitta/home.html

Santos Viatrix (Beatriz) y compañeros, mártires romanos

Mosaico neobizantino de los Santos Viatrix, Simplicio, Faustino y Rufiniano, rodeando de izqda. a dcha. a Cristo, obra de Antonello Anappo, que imita el fresco paleocristiano original en la catacumba romana de Generosa. Iglesia de los Santos en Hainzell, Fulda (Alemania).

Mosaico neobizantino de los Santos Viatrix, Simplicio, Faustino y Rufiniano, rodeando de izqda. a dcha. a Cristo, obra de Antonello Anappo, que imita el fresco paleocristiano original en la catacumba romana de Generosa. Iglesia de los Santos en Hainzell, Fulda (Alemania).

Hoy se celebra la festividad de un trío de mártires romanos, dos hombres, Simplicio y Faustino, y una mujer, llamada Viatrix -nombre en latín que viene a significar “caminante”, “aquella que recorre un camino”- pero que, con el tiempo, ha visto modificado su nombre a Beatriz, que suena más común y menos extraño a nuestros oídos. A estos tres mártires se añade un cuarto, Rufo, conmemorado con ellos también.

Passio de los mártires
Es difícil establecer quiénes fueron estos mártires y cuándo sufrieron martirio. Según la passio – que no tiene ningún valor histórico –, dos hermanos varones romanos, Simplicio y Faustino, que profesaban la fe cristiana, fueron degollados en tiempos del emperador Diocleciano (s.IV) y sus cadáveres tirados al río Tíber. Naturalmente, en el contexto de la persecución cristiana. Ellos tenían una hermana llamada Viatrix, también cristiana como ellos; la cual, sabiendo lo que había sucedido, y ayudada por los sacerdotes Crispo y Juan, recogió los cuerpos de sus hermanos y los sepultó el 29 de julio “in sexto Philippi”, un terreno cedido por una matrona de significativo nombre, Generosa.

Viatrix fue posteriormente acosada por un hombre llamado Lucrecio, quien quería hacerse con ella y, a través de ella, de los bienes y posesiones que ella había heredado de sus parientes difuntos. Como ella no quiso acceder a sus pretensiones, el tal Lucrecio, sabiendo que era cristiana, la acusó de ello ante las autoridades, y como ella se negó rotundamente a sacrificar a los dioses, fue encarcelada. Pero no llegó a conocer el tormento ni la ejecución pública como sus hermanos, pues fue estrangulada en su misma celda a manos de los esclavos de Lucrecio. Luego, su cadáver fue también arrojado al río Tíber, concretamente, desde el puente Emilio, llamado así en honor a su constructor, Emilio Lépido. Este puente queda cerca de la isla Tiberina y desde él fueron arrojados muchos otros cristianos en tiempos de Diocleciano, por la furia o diversión de la plebe.

Martirio de Santa Beatriz de Roma. Grabado de Antonio Tempesta para la serie "Immagine dei molte sante vergini romane nel martirio", Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Martirio de Santa Beatriz de Roma. Grabado de Antonio Tempesta para la serie “Immagine dei molte sante vergini romane nel martirio”, Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

Una piadosa mujer, la matrona llamada Lucina, recuperó su cuerpo junto al de otro mártir, llamado Rufo, y los enterró a ambos junto a Simplicio y Faustino, en la misma parcela donada por Generosa. Casualmente, el martirio de Viatrix y Rufo coincidió en la misma fecha, aunque un año después de Simplicio y Faustino: el 29 de julio. Y se cuenta también que Lucrecio, que logró incautarse los bienes de Viatrix asesinándola, no pudo llegar a disfrutarlos mucho tiempo, pues murió horriblemente al poco tiempo, de la siguiente manera: estaba dando un buen festín y durante la cena, se burló en público de los mártires. Entonces, un niño pequeño que estaba allí gritó súbitamente: “Has cometido asesinato y has robado tierras injustamente. Eres esclavo del demonio”. Entonces, Satán se apoderó de él y lo torturó cruelmente durante tres horas, para acabar precipitándolo de cabeza en un pozo sin fondo. Toda una lección moral.

Pruebas documentales y arqueológicas
Si bien la passio de los mártires no puede tomarse como un relato histórico, sino más bien como un relato devoto y moralizador, los mártires son reales y de ello dan fue numerosas pruebas documentales y arqueológicas. Por ejemplo, el Martirologio Jeronimiano los recuerda el día 29 de julio, efectivamente, diciendo que estaban sepultados en la milla sexta de la vía Portuense, en las catacumbas de Generosa. En esa misma fecha consta en los Sacramentarios Gelasiano antiguo, Gelasiano de San Galo y en el Gregoriano, así como en todos los martirologios históricos. En todos estos textos, el nombre de Viatrix es transformado en Beatriz, pero el verdadero y auténtico es el primero – Viatrix –, como consta en un fragmento de una inscripción atribuida al Papa San Dámaso.

Escultura de Santa Viatrix en la balaustrada de la plaza de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura de Santa Viatrix en la balaustrada de la plaza de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

En realidad, sus sepulcros no estaban en la milla sexta de la vía Portuense, sino en la quinta. La equivocación del Martirologio Jeronimiano se debe al hecho de que el lugar era llamado “ad sextum Philippi”, como ya hemos dicho. En el siglo XIX, De Rossi descubrió las ruinas de una pequeña basílica edificada por el Papa San Dámaso en honor de estos mártires, en el año 382, y posteriormente restaurada por el Papa Vigilio. Ésta conducía a un cubículo donde estaban representados los tres mártires junto con otro desconocido, llamado Rufiniano (Rufo). Para explicar el origen de este cubículo, debemos decir que durante el siglo IV, para recordar la memoria de estos mártires, se formó una área sepulcral subterránea cuyo centro era el sepulcro de los mártires en donde más tarde, probablemente, en el siglo VI se colocó una espléndida pintura representando la Coronatio Martyrum que hoy, después de repetidas profanaciones sacrílegas y sucesivas restauraciones, se conserva, aunque no muy clara en sus trazos. Representa la gloria de los mártires Viatrix, Simplicio, Faustino y Rufiniano, colocados de dos en dos a los lados de Cristo.

El Papa San León II transfirió las reliquias el día 22 de febrero del año 683 a un oratorio dedicado a San Pablo, situado en las cercanías de la iglesia de Santa Bibiana. Cuando el oratorio fue destruido, el sarcófago que contenía las reliquias de estos tres mártires fue llevado a la iglesia de Santa María la Mayor. El sarcófago tiene una inscripción que dice: “Martires Symplicius et Faustinus qui passi sunt in Flumen Tibere et positi sunt in coementerium Generoses super Philippi”. Es decir, que la inscripción sólo menciona a Simplicio y Faustino, pero Viatrix estaba también con ellos.

Según algunas noticias posteriores, en una fecha no muy bien precisada, las reliquias de los mártires fueron llevadas a la basílica de San Nicola in Carcere y puestas bajo el altar mayor, donde siguen actualmente. El Papa Inocencio X, en el año 1583, regaló parte de las reliquias de la Santa mártir a la emperatriz Ana de Austria, quien las puso en su capilla privada del Palacio Real de Madrid. Según un relato del siglo XVII, cuando el cardenal Francisco Federico Borromei quiso reabrir al culto la confessio de San Nicola in carcere, se encontró, efectivamente, con las reliquias de Faustino y Viatrix, junto a la de los también mártires Marcos y Marcelino.

Sepulcro de los mártires, bajo el altar mayor. Basílica de San Nicola in Carcere, Roma (Italia).

Sepulcro de los mártires, bajo el altar mayor. Basílica de San Nicola in Carcere, Roma (Italia).

También se dice que, hace más de mil años, algunas reliquias de estos mártires llegaron a la ciudad de Fulda llevadas por San Bonifacio, el evangelizador de Alemania que ahora es su patrón. Las reliquias están guardadas y dan el nombre a la parroquia de un poblado que está cerca de Fulda, Hainzell.

Conclusión: mártires históricos, passio legendaria
Para cerrar este artículo, podemos decir que si bien, debido a las numerosas pruebas documentales y aqueológicas, estamos ante unos mártires reales, la passio simplemente parece ser un relato moralizador que ha unido en una misma historia a unos cristianos martirizados que estaban enterrados juntos; pues no parece claro el parentesco entre Viatrix, Simplicio y Faustino. Puede que este parentesco carnal simplemente sea una invención del piadoso redactor de la passio -como ocurre también en el caso de mártires como Cecilia, Tiburcio y Valeriano; Balbina y Quirino, etc…-. Pero en cualquier caso, si no hermanos de sangre, sí se puede afirmar que debieron ser hermanos en la fe.

Pero, ¿quién es ese cuarto mártir llamado ora Rufo, ora Rufiniano? De él dijo el mismo De Rossi: “El mártir Rufo, nombrado en las actas de San Crisógono, que primero fuera vicario del Emperador y después convertido por San Crisógono, fue también mártir y por esto se le representa con la clámide, signo especial de los esbirros del Emperador (tal vez fue él quien sentenció a muerte a los otros)”. Pero Rufo y Rufiniano, aunque procedan de la misma raíz latina -rufus, “pelirrojo”, que también da nombre a la ilustre gens Rufina- no son en absoluto el mismo nombre, por más que se parezcan. ¿Es este mártir Rufiniano, que estuvo en las catacumbas de Generosa con los otros mártires, el mismo mártir Rufo de las actas de San Crisógono y de los otros tres hermanos? Ahí queda la cuestión.

Detalle del sepulcro de los mártires. Basílica de San Nicola in Carcere, Roma (Italia).

Detalle del sepulcro de los mártires. Basílica de San Nicola in Carcere, Roma (Italia).

Oración
Danos, Señor Jesús, la fe viva que sostuvo a los santos mártires Simplicio, Faustino, Beatriz y Rufo, y que es su corona de gloria; que ella ilumine nuestro camino, nos sostenga en las pruebas y nos haga agradables a Tu Nombre. Amén.

Meldelen

Bibliografía:
- VVAA, Bibliotheca sanctorum: enciclopedia dei Santi, Ed. Città Nuova, Roma 1987.

Enlaces consultados (24/07/2014):

http://www.comitatocatacombedigenerosa.it/public/post/las-catacumbas-de-generosa-65.asp

Santo Niño de la Peña de Atlixco

Vista del Santo Niño en su pesebre.

Vista del Santo Niño en su pesebre.

El Santo Niño de la Peña y las Clarisas de Atlixco
La ciudad de Atlixco es una de las ciudades más pintorescas del estado de Puebla, famosa por su clima que favorece la producción de flores. A la llegada de los españoles, el poblado indígena que existía era Acapetlahuacan. Una vez conquistado el territorio y al crecer la comunidad española, se realizaron las gestiones necesarias ante la Corona para que se les autorizara la fundación de la Villa de Carrión. Don Pedro del Castillo Maldonado y Cristóbal Ruiz Cabrera fundaron la Villa de Carrión, hoy Atlixco, pasando a ser los primeros Alcaldes Ordinarios. La evangelización de la zona fue confiada a la Seráfica Orden Franciscana. La fertilidad del valle hizo que la Villa de Carrión pronto fuera una importante zona agrícola, convirtiéndose ya para principios de siglo XVII en el primer granero de la Nueva España, lo que llamó la atención de otras órdenes religiosas como la de los agustinos, carmelitas, mercedarios, juaninos y la de las monjas clarisas, que llegaron hasta el valle para edificar sus conventos.

El Monasterio de Santa Clara de Asís es la única fundación religiosa para mujeres que hubo en esta localidad, realizada entre 1617 y 1618, con monjas del convento de San Juan de la Penitencia de la Ciudad de México. A finales del siglo XVI, siendo Provincial franciscano de San Pedro y San Pablo de Michoacán Fray Pedro de Leiva, salió de visita a los conventos de su provincialato, y una mañana, pasando por un despoblado, hacia un lado del camino oyó junto a sus compañeros de viaje llorar tiernamente un niño; esto causó extrañeza al oír en aquel paraje desolado semejante llanto, se fueron acercando a un cerrillo de donde venia el sonido infantil y vieron cómo salían de aquella parte unos resplandores semejantes al brillo de la plata expuesta al sol. Se acercaron para observar el origen de tales destellos luminoso y con asombro vieron que se trataba de la imagen del Niño Jesús a media talla en una peña. Fray Pedro, dando gracias por el prodigio, recogió la imagen y resolvió que lo ideal es que fuera depositado donde continuamente se le ofrecieran alabanzas por almas dedicadas totalmente a la oración. Así que lo envió a su prima, Sor Mariana de la Santísima Trinidad, monja profesa del Convento de Clarisas de San Juan de la Penitencia.

El 2 de febrero de 1618 llegaron las ocho hermanas fundadoras, procedentes del Convento de San Juan de la Penitencia, entre ellas venía como monja fundadora Sor Mariana de la Santísima Trinidad, y ese mismo año, el día de la Navidad, fue colocada la imagen milagrosa del Santo Niño en el coro bajo con mucha devoción, llevándola la Prelada con la comunidad con vela en mano; desde ahí sus milagros lo hicieron consuelo de los enfermos en toda la ciudad. Uno de esos milagros, quizá el más famoso, archivado en el Convento de Santa Clara de Atlixco y firmado por el visitador de la Hermanas Clarisas Fray Francisco Rodríguez, sucedió el día de la Purísima Concepción de 1620:

Exterior del Templo del Exconvento de Sta. Clara de Asís,  Cdad. de Atlixco, Puebla (México).

Exterior del Templo del Exconvento de Sta. Clara de Asís, Cdad. de Atlixco, Puebla (México).

“Habiendo las religiosas acabado de rezar la corona franciscana en honor a la Inmaculada Reina de los Ángeles, una de ellas tomó el Santo Niño y se le cayó de las manos, haciéndolo pedazos, y tan pequeños que los más eran del tamaño de una lenteja. Comenzaron a llorar y la desgraciada (!) se puso en cruz delante del Santísimo, pidiéndole hiciera una de sus maravillas, y que este monasterio se quedara sin un tesoro tan grande, otra religiosa dijo a la comunidad que hicieran oración, ella comenzó a juntar los pedazos con trabajo, pues el suelo estaba lleno de flores y hojas de árboles. Comenzó a unirlo con clara de huevo, y acabado reconoció faltarle un ojo; lo fue a buscar y lo vio relumbrar como un diamante, siendo tan chico que se perdía entre los dedos, se lo puso y toda comunidad dios gracias al Señor por esta maravilla. Al día siguiente, llamaron a un escultor, el cual halló tan bien al Santo Niño, que dudaba que lo que había sucedido…”

La devoción en torno a la sagrada imagen, que apareció entre unos riscos, desarrolló durante la época virreinal un tierno afecto, llamándolo de la Peña, dedicándole pequeñas figuras en oro y plata como exvotos por las gracias concedidas. La imagen representa al Niño Jesús en su nacimiento que surge del mismo pedrusco. A principios del siglo XIX, el templo y convento fueron dedicados al Corazón de Jesús, tras este acto el obispo de la Diócesis, Dn. Pablo Vázquez, le tomó devoción, al grado que, junto con otros obispos, decretaron en 1845 la concesión de 200 días de indulgencia al rezar un Triduo ante la sagrada imagen de Cristo Niño, hecha por una monja anónima. A raíz de las Leyes de la Reforma, fue suprimido el monasterio y expulsadas las religiosas, quedando como casa de vecindad el inmueble. Las religiosas llevaron consigo la sacra imagen del Santo Niño y algunas piezas de arte que hasta hoy se conservan. Para evitar el despojo de los exvotos de oro y plata, resolvieron fundirlos y hacer una primorosa cuna para mayor resguardo de la imagen. A pesar de los avatares sociales y políticos de la época, los fieles siguieron teniendo devoción a la imagen milagrosa. El convento ha sufrido adaptaciones y modificaciones, sin embargo se conservan las arcadas que delimitan el patio, algunas crujías, restos de muros y vestigios de la pintura original de este inmueble, que fue en su momento un bello conjunto arquitectónico, y sin duda, debido a su ubicación geográfica, un caso único entre los conventos de monjas en el Estado de Puebla, actualmente se le conoce como “La Casa del Pueblo”.

Imagen del Santo Niño en un Belén. Portería del convento de las Clarisas en Atlixco, Puebla (México).

Imagen del Santo Niño en un Belén. Portería del convento de las Clarisas en Atlixco, Puebla (México).

Mientras, la comunidad de las Clarisas logró sobrevivir, ubicándose una calle atrás de su antiguo templo hacia el norte, sobre la avenida 6 poniente. En su portería tiene a la veneración pública la imagen del Santo Niño, acompañado por una imagen de San José y la Virgen María; siendo objeto devocional especialmente por habitantes de los pueblos aledaños a la ciudad de Atlixco, circulando entre ellos la idea que conforme va pasando el tiempo, la imagen va saliendo de las misma peña, ideas poéticas en la que está envuelta la imagen por la piedad que le profesa la gente sencilla. Las religiosas festejan a la sacra imagen el día de la Navidad y los devotos llenan su nicho con juguetes como agradecimiento por los favores recibidos, que las mismas religiosas una vez lleno el nicho, regalan a niños pobres.

Los devotos, al contemplar esta imagen de Cristo en su infancia, harán suyas seguramente las palabras del villancico:
“Duerme, no llores, Jesús del alma;
duerme, no llores, mi dulce amor.
Duerme, no llores que esas tus lágrimas
parten el alma de compasión…”

Tacho de Santa María

Bibliografía:
- Guía Puebla-Atlixco-Cholula. Arquitectura Representativa, Semana del Patrimonio. Secretaría de Cultura del Estado de Puebla. Gobierno del Estado de Puebla, 2005-2011.
- Triduo en honor al Sto. Niño de la Peña, que se venera en el Monasterio de Nuestra Madre Santa Clara en esta Ciudad de Atlixco, 1998.

Enlace consultado (24/07/2014):
- http://atlixco.gob.mx/historia-de-atlixco/

Beata Margarita María López de Maturana, fundadora

Fotografía de la Beata tomada en 1926, después de la imposición del crucifijo de misionera.

Fotografía de la Beata tomada en 1926, después de la imposición del crucifijo de misionera.

“Hay momentos en la vida de trascendencia importantísima,
y es cuando Dios nos enseña un camino a seguir
y luego deja a nuestra voluntad la correspondencia”
(Beata Margarita María López de Maturana)

Infancia
El día 25 de Julio de 1884, nacían en Bilbao (España), en el seno de una familia numerosa y acomodada, dos niñas gemelas: Pilar (nombre de pila de la Beata Margarita) y Leonor. Ambas hermanas permanecieron íntimamente ligadas, espiritual y afectivamente, durante toda su vida. Sus padres, don Vicente Lopéz de Maturana y doña Juana Ortiz de Zárate, transmitieron a todas sus hijas una esmerada y rica educación en valores. Desde muy pequeñas, las niñas gemelas destacaban por su piedad y docilidad. Así transcurrieron sus vidas hasta la edad de la adolescencia.

Por su belleza física, era normal que muchos chicos se interesasen por ella, cosa que no gustaba mucho a sus padres, que no veían bien su amistad con un joven marinero. Por lo que decidieron ingresarla como alumna interna en el colegio de la Madres Mercedarias de Bérriz (Vizcaya). En este colegio, cuando contaba con 16 años, se sintió muy querida y útil para todas sus compañeras. Según comentaba años después la Beata Margarita, fue entre estos muros donde empezó a barruntar su deseo de ser religiosa mercedaria.

Vocación
Meditada en profundidad esta decisión de hacerse religiosa, y muy atraída por el carisma de la Orden de la Merced, Pilar, con 19 años de edad, entra en el convento de clausura de la Vera Cruz, en Bérriz. Era el día 10 de agosto de 1903, y pocas semanas antes, su hermana gemela Leonor ingresó en el noviciado de la HH. Carmelitas de la Caridad de Vitoria. Transcurridos unos meses, la joven Pilar tomó su hábito de novicia y cambió su nombre de pila por el de Margarita María. A partir de entonces fue conocida con este nombre entre todas sus hermanas y alumnas. En 1904, un año después de su toma de hábito, pronunció sus votos solemnes y comenzó a desempeñar trabajos en el colegio de la Orden, como el de profesora, tutora y hasta directora del mismo.

Muchas eran las Hermanas Mercedarias que apreciaban a la Hna Margarita María, también eran bastantes las que coincidían en resaltar dos de sus grandes virtudes, la oración y la caridad, aparte de su gran amor por el carisma mercedario de la redención de los cautivos. Tenía gran celo por abarcar el mundo llevando la íntima unión con Dios, con la que ella era inmensamente feliz día tras día en el convento. En una ocasión llegó a pronunciar estas palabras, refiriéndose a esto: “Yo no deseo más que darle a conocer a Dios lo que me ha encomendado; que es el mundo entero”.

Fotografía de la Beata con sus hermanas Leonor y Lola.

Fotografía de la Beata con sus hermanas Leonor y Lola.

Transcurridos unos tranquilos y fructuosos años, en el año 1919, el convento de la Vera Cruz de Bérriz recibió la visita de dos misioneros; uno era José Vidaurrázaga (SJ) que emprendía la misión de Wuhu, en China, y otro era Juan Vicente Zengotita-Bengoa (carmelita), destinado a misionar en India. Estas inesperadas visitas y las ilusionadas palabras con las que compartían su vocación a la misión, y su petición de apoyo a las colegialas y religiosas mediante la oración, fueron: “La semilla de la vocación misionera que Dios dejó caer en nuestros corazones, llamándonos a una empresa en la que nunca hasta entonces habíamos pensado”, como comentó la Madre Margarita María.

Fundación
En este convento mercedario, y más aún, en el corazón de la Beata Margarita María, se estaban forjando unos deseos misioneros que poco a poco fueron tomando forma. Eran los años del despertar misionero en toda España. En el colegio anexo al convento se inició en el año 1920 una asociación: “Juventud Mercedaria Misionera de Bérriz”, y a través de ella formó en espíritu misionero a varias generaciones de jóvenes que, como religiosas o como esposas, supieron vivir el ideal misionero allí donde Dios las iba llamando. Este proyecto y espíritu misionero que inculcaba la Beata Madre fue transformando la comunidad de clausura papal en una atentica “legión” de misioneras.

Todo este movimiento misional no podía quedar encerrado en el interior de un monasterio de clausura. La respuesta a los signos de los tiempos pedía algo más. Por esta razón la Beata Margarita María solicitó en septiembre de 1924 autorización a sus superiores mercedarios y a Roma la aprobación para dejar la clausura papal y marchar a las misiones, rompiendo de esta manera una clausura de siglos. Finalmente, el 23 de enero de 1926, dos años después, vino desde Roma el beneplácito del Papa Pío XI, la aprobación de un instituto misionero experimental, encomendadas al vicariato apostólico de Wuhu.

Fotografía de la Beata en la misión de Saipán, Islas Marianas.

Fotografía de la Beata en la misión de Saipán, Islas Marianas.

El Espíritu Santo inspiraba con fuerza y las monjas, impulsadas por él y por la Madre Margarita María, abrieron las rejas del convento y se dispersaron en el lejano Oriente. El 5 de noviembre de este mismo año, un preparado grupo de Hermanas partió para Wuhu (China) en la que fue la primera partida, de esta manera se había iniciado el “éxodo misionero” de aquellas mujeres contemplativas, con el único deseo de contar a sus hermanos y hermanas que Dios los amaba, que no quería que siguieran siendo esclavos, que los quería libres y felices. Su vocación mercedaria, liberadora, luchadora incansable ante cualquier esclavitud, estaba a punto de abrir un camino nuevo en el mundo. El 4 de marzo de 1928 salió otro grupo hacia las islas de Oceanía (Saipán y Ponapé) y Japón. Eran fundaciones vinculadas a la casa madre y en las que el fuego misionero iba creciendo más y más, con el contacto, preocupación y ayuda a aquellas primeras misioneras.

La entregada y fructificadora labor que hacían las hermanas misioneras en estos países asiáticos muy pronto adquirió muy buena fama en toda Europa. La Madre Margarita María, por tanto, fue nombrada superiora del convento el 16 de abril de 1927. En estos años acompañó personalmente, en 1928, a la tercera expedición, para ver de cerca las misiones y hacerse cargo de las exigencias apostólicas de la nueva vida misionera, con la mirada puesta en la definitiva transformación del convento en instituto misionero. En este viaje misionero pudo visitar a sus misioneras en Wuhu, en Saipán, dejando dos nuevas fundaciones en Tokio (Japón) y otra en Ponapé. Volvió a Europa pasando por Estados Unidos. En menos de cuatro años había creado cuatro centros de misión: en Wuhu (China), con colegio, dispensario y formación de vírgenes indígenas; en Tokio (Japón), colegio de segunda enseñanza; en Saipán (Marianas), escuela, catequesis y cooperación parroquial; en Ponapé (Carolinas), con internado indígena, catequesis, cooperación parroquial y dispensario. Todas estas vivencias las recogió en un libro que hoy en día se puede leer: Viaje misionero alrededor del mundo, en el que combinaba sus andanzas misioneras con descripciones de los lugares por los que pasó: ciudades, paisajes, gentes, costumbres…

La Beata con su hermana Lola y otras misioneras.

La Beata con su hermana Lola y otras misioneras.

En definitiva, la madre fundadora emprendió una vida envuelta, desde el comienzo, por múltiples dificultades: problemas económicos, duros trabajos, el desconcierto de vivir una nueva realidad tan distinta a la de clausura. Ella misma contaba como su llegada a China estuvo marcada por una guerra civil, la persecución a los extranjeros e incluso la cárcel. Pocos años más tarde daría comienzo la Segunda Guerra Mundial, especialmente virulenta en el Pacífico, que supuso en varias ocasiones la destrucción de la obra puesta en pie con tanto esfuerzo.

Aprobación del Instituto Misionero
Tal transformación tuvo lugar el 17 de mayo de 1930: la Sagrada Congregación para los religiosos aprueba hacer de la casa Mercedaria de Bérriz un Instituto misionero, por petición de las 94 monjas, petición sellada con un sí unánime en votación secreta, como lo pedía Roma. También las reglas quedaron definitivamente aprobadas, con la novedad de un cuarto voto: aparte de los votos de pobreza, obediencia y castidad, la orden de las Mercedarias Misioneras de Bérriz añadieron un cuarto voto específico que habla muy a las claras de su total entrega: “Permanecer en la misión por el bien de las personas a las que servimos. Cuando haya peligro, dar la vida si necesario fuera”.

El 30 de julio de 1931 la Madre Margarita María fue elegida Superiora General de las Mercedarias Misioneras de Bérriz por unanimidad, de esta forma empieza su nuevo trabajo, duro e intenso, de organización y orientación. Éste fue el gran anhelo de la Beata Margarita María: la formación del Instituto de Mercedarias Misioneras de Bérriz, que pudiera llevar la buena nueva de la redención y liberación hasta el fin del mundo, viviendo el cuarto voto redentor de permanecer en la misión cuando hubiere peligro de perder la vida. Y a este Instituto dejó en herencia una rica espiritualidad, que alcanzó su cumbre en los últimos años de su vida, en una experiencia contemplativa y gozosa de Cristo redentor.

La Beata, ya anciana, fotografiada con las niñas de una misión.

La Beata, ya anciana, fotografiada con las niñas de una misión.

“El conocimiento de Jesucristo me absorbe y llena de gozo. Todo parece que contribuye, de un tiempo a esta parte, a esclarecer el misterio de la redención con todas sus derivaciones para mi alma y la Iglesia. Y es un gozo nuevo, cumplido, profundo, que me hace sentirme como radicada en una verdad profunda que da estabilidad a todo mi ser… Todo tiende alegremente a afirmarse en Dios Padre amorosísimo, que por su voluntad libérrima nos envía a su Hijo a redimirnos y a hacernos, por él, hijos suyos adoptivos…” (Palabras de la Beata, 1933).

Muerte y proceso de canonización
Pocos años más tarde de verse aprobado el nuevo instituto misionero, la Beata Margarita María tuvo que dejar sus visitas y fundaciones misionales debido a una enfermedad muy grave en el estómago. A tan sólo dos días de cumplir 50 años, el 23 de julio de 1934, a las 12:15 a.m.; moría santamente en Donostia-San Sebastián, Bérriz (Vizcaya), rodeada de todas sus hijas espirituales. Pasó a gozar del Dios que “amaba maternalmente”, al que tanto había amado en la oración y en la entrega a los de cerca y a los de lejos. Sus últimas palabras para sus hermanas ya misioneras fueron: “Yo las ayudaré desde el cielo: sí”.

Por todos fueron reconocidas su hondura espiritual, cimentada en la oración, su amor a Cristo, a María y a la Iglesia; su audacia, ternura, bondad, visión de futuro y capacidad para leer la diversidad de realidades. En 1943 se inició el proceso para su beatificación, aprobándose sus virtudes heroicas poco tiempo después por San Juan Pablo II. Fue declarada Venerable en 1987. El proceso culminó el 22 de octubre de 2006, cuando Margarita María López de Maturana fue solemnemente beatificada en la catedral de Santiago de Bilbao, en una multitudinaria celebración que fue presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la congregación de la causa de los Santos.

Tumba de la Beata. Capilla en la iglesia de Bérriz, España.

Tumba de la Beata. Capilla en la iglesia de Bérriz, España.

En la actualidad, la tumba con los restos mortales de la Beata se puede visitar en una moderna y bonita capilla, anexa a la nave central de la iglesia de Bérriz. También en la actualidad, la hermana carnal de la Beata Margarita María; Leonor López de Maturana, Carmelita de la Caridad, misionera que murió en Argentina, tiene su causa de beatificación abierta en este país, ya muy avanzada.

David Garrido

Bibliografía:
- Margarita Maturana, el porqué de una transformación, Mercedarias Misioneras de Bérriz, Madrid 2006.

Enlaces consultados (23/07/2014):
- www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=636
- www.es-es.facebook.com/margaritamaturana
- www.mmb-esp.net/
- www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20061022_maturana_sp.html