Santa Dulcísima de Sutri, un posible caso de desdoblamiento hagiográfico

Gloria de la Santa. Fresco de Luigi Fontana. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Gloria de la Santa. Fresco de Luigi Fontana. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

En este blog hemos hablado numerosamente de lo que son los desdoblamientos en hagiografía: es decir, cuando un Santo asume la identidad de otro distinto y es venerado de forma local como una figura autóctona, cuando no lo es. Por ejemplo, Santa Marina de Orense, que no es otra que Santa Marina-Margarita de Antioquía; las nueve hermanas mártires de Santa Quiteria, que sólo son cada una un “alter ego” de las Santas homónimas más famosas; o tres de las cuatro vírgenes mártires de Aquileya -Eufemia, Tecla, Dorotea- que son en realidad las mártires de Calcedonia, Iconio y Capadocia respectivamente; o el problema de las dos Eulalias -la de Mérida y la de Barcelona-, por sólo citar algunos casos.

El desdoblamiento hagiográfico es un hecho y gracias a los hagiógrafos, que han dedicado su vida a estudiar las vidas y rastro histórico y cultural de los Santos, hemos podido ir dilucidando en algunos casos Santos que se han desdoblado en diversas identidades que en realidad sólo correspondían a un único individuo. Es el probable caso que trataremos hoy respecto a una virgen mártir muy venerada en la ciudad italiana de Sutri, Santa Dulcísima.

Sobre la Santa
La historia de Dulcísima (en italiano Dolcissima, “de gran dulzura”) es imprecisa, y se tienen muy pocos datos sobre ella, que según se dice predicaba el Evangelio en la región del Lacio, es decir, era una apóstol, una santa predicadora, como por ejemplo, Santa Parasceve (Venera) de Roma. Su martirio, al parecer, tuvo lugar en Sutri (Viterbo) el 16 de septiembre de un año impreciso en el siglo IV, bajo el imperio de Diocleciano.

Imagen-relicario procesional de la Santa, atribuida al taller de Gian Lorenzo Bernini. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Imagen-relicario procesional de la Santa, atribuida al taller de Gian Lorenzo Bernini. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Esto se halla atestiguado en una lápida de mármol, hallada en el siglo XVII en el lugar de su sepultura, cerca de las catacumbas de San Juvenal, al lado del actual cementerio de Sutri. A partir del año en que se hallaron sus huesos, la mártir pasó a ser festejada por toda Sutri, que la escogió como patrona. La susodicha inscripción en latín, hoy día expuesta en los muros de su capilla de la catedral de Sutri, dice que Dulcísima fue “una virgen que, por su fe en Dios, odió el mundo” y fue martirizada, cosa que tan sólo es deducible a partir de una palma, supuestamente martirial, grabada en el mármol. Ésta es la traducción completa:

“Tú eres bendita,
oh virgen Dulcísima,
que por tu Dios has odiado el mundo;
por ti se ha hecho más grande el reino de los cielos.
Intercede por nosotros.
El dies natalis de esta virgen se celebra el decimosexto día de las calendas de octubre”
.

Los restos mortales de la Santa fueron trasladados a la catedral de Santa Maria Assunta de Sutri en el mismo siglo XVII. Desde entonces, ha conocido un gran culto local, suscitando gran devoción por los ciudadanos de Sutri, una devoción todavía muy arrelada y viva, documentada por la presencia de muchísimos exvotos depositados, hasta hoy, en su capilla de la catedral.

Iconografía
Al ser una Santa venerada muy localmente y de la cual apenas se sabe nada, no hay apenas representaciones artísticas de la misma, lo que contribuye a extender un velo de indeterminación y misterio sobre los orígenes y la historia de su culto. Sin embargo, las pocas obras de arte existentes que la representan son de una gran belleza.

Cabe destacar, en primer lugar, la bellísima imagen procesional de la mártir, hecha de madera recubierta de dorado y cabeza, manos y pies de plata, de estilo barroco, que se atribuye a la escuela de Bernini y se conserva en su capilla, la tercera de la nave derecha de la catedral. Esta imagen reproduce la única iconografía existente de la Santa: una joven y hermosa doncella, tocada con una corona radiada, portando la palma del martirio en la mano derecha y la mano izquierda abierta, símbolo de su caridad. Esta imagen lleva inserta en el pecho una pequeña cápsula-relicario.

Lienzo de la Santa, obra de Heinrich Schmidt. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Lienzo de la Santa, obra de Heinrich Schmidt. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

También existen en su capilla un lienzo de Heinrich Schmidt -quien llegó a Roma en 1787- que en 1793 pintó a la Santa en la misma pose que sigue la estatua, con la ciudad de Sutri, de la que es patrona, al fondo. Otra imagen a destacar en el fresco de la cúpula en la nave central de la catedral, obra de Luigi Fontana, que trabajó en la catedral entre los años 1891-1894. Aquí la Santa aparece en gloria, rodeada de ángeles, con su iconografía habitual a la que se añade el lirio, símbolo de su virginidad. Estas tres obras de arte las podemos ver en el artículo; a las cuales se sumarían diversas habitaciones llenas de cuadros en bajorrelieve dorado que representan también a la Santa, donados por los devotos, que la celebran solemnemente cada 16 de septiembre con grandes procesiones y la participación de todas las cofradías, que llevan la imagen por toda la ciudad.

¿Dulcísima o Mustiola?
Poco más se puede decir sobre Santa Dulcísima de Sutri, llegados a este punto, cabe concluir que es una mártir cuyos restos fueron hallados en las catacumbas sutrinas y de la que no se sabe absolutamente nada de su vida y martirio, salvo los datos aportados por la lápida.

Sin embargo, numerosos hagiógrafos han planteado la posibilidad, comúnmente aceptada por muchos, de que estamos ante un desdoblamiento de la también mártir Santa Mustiola de Chiusi, a la cual ya dedicamos un artículo, que recomiendo leer de nuevo para ubicarnos mejor en este punto. Recordemos que Santa Mustiola fue una noble matrona romana que fue capturada y cruelmente martirizada junto a algunos compañeros en Clusium -actual Chiusi-. Uno de los pasajes de la passio de esta mártir menciona que estuvo algún tiempo en Sutri, donde conoció a su futuro compañero de martirio, Ireneo, y donde fueron ambos capturados y llevados a Clusium para ser martirizados. La documentación arqueológica e histórica acerca de Santa Mustiola es tan fiable que no cabe duda de que estamos ante una mártir auténtica, que fue enterrada allí y cuyas reliquias son veneradas allí hasta hoy.

De esta relación entre Santa Mustiola y la ciudad de Sutri se infiere que, dado el antiquísimo culto que existe en Sutri a una Santa virgen mártir llamada Dulcísima, ésta no es sino un desdoblamiento de la mártir histórica Santa Mustiola, venerada en Chiusi. De hecho, el mismo nombre del Dulcísima, que es un seudónimo parlante -que revela un adjetivo, no un nombre propio-, nos habla de la inexistencia o, cuanto menos, desconocimiento del auténtico nombre de la mártir de Sutri, proponiendo, pues, que estamos realmente ante un seudónimo de Santa Mustiola, mártir de Chiusi.

Capilla-sepulcro de la Santa. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Capilla-sepulcro de la Santa. Catedral de Santa Maria Assunta, Sutri (Italia).

Sería fácil aceptar, entonces, que en Sutri y en Chiusi se está venerando a la misma Santa, en un lugar con seudónimo (Dulcísima) y en otro con su auténtico nombre (Mustiola), pero; ¿cómo asumir la problemática de las reliquias? Pues en ambas ciudades fueron encontrados los cuerpos de dos Santas y no parecen haberse realizado traslados. ¿Cómo resolvemos, pues, este problema? ¿Podemos admitir que sólo existe una mártir y que el culto en Sutri sólo es una adaptación local del culto a Santa Mustiola; o estamos realmente hablando de dos personas distintas, y que merecen ser diferenciadas en culto e identidad?

Son preguntas para las que no tengo respuesta, por lo que abro al debate y animo al comentario de gente más experta que yo. Hagiográficamente, parece estar asumido que sí, que Dulcísima y Mustiola son la misma persona. Pero quedaría ver qué hacemos con las reliquias. Sólo un par de datos más: el dies natalis de ambas no coincide, siendo el 3 de julio para Mustiola y el 16 de septiembre para Dulcísima, aunque sí su naturaleza: ambas son vírgenes, mártires, y hacedoras de caridad, aunque sólo a la segunda se le atribuye la cualidad de predicadora. Mustiola consta en los Martirologios y fuentes; Dulcísima, en ninguna. El debate está servido y entretanto, ya sean una o dos, ruega por nosotros, mártir de Cristo.

Meldelen

Enlace consultado (11/09/2014):

http://www.comune.sutri.vt.it/new/il-santo-patrono/132-santa-dolcissima

Nuestra Señora de los Dolores

"Mater Dolorosa", lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

“Mater Dolorosa”, lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

Introducción
Para entender la fiesta mariana de este día, hay que utilizar dos textos bíblicos: el primero del libro del Génesis y el segundo del Evangelio de San Juan. En el primer caso, recordamos a la primera pareja que cayó en el pecado y en el segundo a Cristo y María en el Calvario, siendo el primero el Redentor de los caídos y la segunda, la mujer asociada a la salvación del género humano. En una de sus homilías, San Juan Crisóstomo compara como en el Edén estaba un hombre, la mujer y el árbol de cuyo fruto prohibido comieron, desobedeciendo el mandato de Dios y logrando como consecuencia el dolor, la muerte y la derrota. En cambio, en el segundo pasaje, Cristo es el nuevo Adán, María, la nueva Eva, la Cruz, donde esta clavado el Redentor es el árbol de la vida, cuyo fruto salvífico es Cristo mismo. Cristo y su Madre obedecieron el plan de Dios y obteniendo así la reparación del error de la primera pareja. El Señor Jesús logró el perdón, la esperanza, la recreación del hombre y la salvación del género humano. Así en este proceso, quiso tener a María a un lado suyo, para hacerla madre de la humanidad redimida, siendo así una verdadera Madre de los vivientes.

El texto evangélico de esta fiesta
Para sintonizar mejor con lo que esta fiesta celebra, conviene recordar el pasaje alusivo del Evangelio de San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19,25-27).

María al pie de la Cruz
En toda la vida pública de Cristo, luego de su primer milagro en las bodas de Cana, el Evangelio no refiere algún hecho donde intervenga directamente María de Nazareth. Esto podría entenderse desde dos puntos, el primero, María no aparece reclamando atención y queriendo ser el centro de las miradas, proponiéndose como la Madre de Cristo. No roba cámara ni llama la atención, permanece en su hogar cumpliendo sus obligaciones y esperando la hora de Cristo. Cuando ésta llega, que es el punto siguiente, se muestra como la que es solidaria con el que sufre, la que permanece al lado de Cristo cuando todos le abandonan, la que no teme que la relacionen con Él. Lo hace porque en su Madre y está consciente de que debe colaborar con a su lado para que se realice la Redención.

"Descendimiento de Cristo", de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a  la Virgen desmayada.

“Descendimiento de Cristo”, de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a la Virgen desmayada.

Los sufrimientos de María deben verse a la luz de la fe, una fe como la suya, que ve en Cristo a su hijo, que como judía sabe que el que pende en la Cruz es su Mesías y como creyente sabe que el crucificado es su Dios. Todo ello en base a la experiencia de su oración y su meditación constante, sobre todo a la luz del misterio de la Encarnación: María estaba convencida de que la vida que había germinado milagrosamente en su seno no podía acabar en la Cruz.

Sin embargo, esto no impedía que sintiera la emoción y los sentimientos por ver sufrir a su Hijo. Los padecimientos de Jesús los vivió Ella uniéndose íntimamente al varón lleno de dolores con la firme esperanza de la resurrección, pero de momento, tuvo que sentir o mejor dicho, vivir, esa espada de dolor que en la Presentación de su Hijo en el Templo de Jerusalén le profetizó Simeón que iba a traspasar su alma. Así María podría decir con palabras que la liturgia pone en su boca lo que siente en estos momentos en su corazón: “¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor!” (Lam. I, 12), y con la misma Palabra de Dios, los fieles podrían responderle: “¿Con quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Inmenso como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?” (Lam. 2, 13).

Durante la Edad Media, las devociones y sentimientos de compasión hacia la Virgen Dolorosa llegaron al grado de representarla desfallecimiento de dolor, desmayada y caída porque el sufrimiento fue insoportable. Nada más equivocado. El Evangelio dice claramente: “Al pie de la Cruz, estaba su Madre”. María permaneció firme, dolorosa pero imperturbable; transida de pena, pero no derrumbada. De pie, es decir, segura, llena de confianza, aunque de momento todo parecía ser el final y una trágica derrota.

"La Pietà", conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

“La Pietà”, conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Es entonces cuando Cristo la constituye como Madre de los hombres en la persona de Juan: “Hijo, he allí a tu Madre”, “Mujer he ahí a tu hijo”. Es el momento más sublime en la vida de María luego de la Encarnación de Jesús. Ahí comienza otra misión de donde la vienen todas las advocaciones, pues por esta maternidad espiritual, todos los hombres la invocan y la aclaman.

Al ser bajado Cristo muerto de la Cruz, la Madre Dolorosa recibe en su regazo al cadáver de su amado hijo y los causantes de esa muerte son ahora sus nuevos hijos. Por ello, al ser depositado Jesús en el sepulcro, Ella tiene plena seguridad de que se cumplirán las palabras del Redentor: “Si el grano de trigo no cae y muere en la tierra, no tendrá vida”. (Jn. 12, 24) La tarde de ese primer Viernes Santo, María es la única lámpara que brilla en las tinieblas, esas tinieblas que son más densas precisamente porque está por emerger la luz.

Historia
A partir del s.VIII, los escritores eclesiásticos hablan de la “Compasión de la Virgen”, es decir de su participación en los dolores del Crucificado. Pronto surgen las devociones a sus 7 dolores y la composición de himnos con los que el pueblo fiel profesa su solidaridad con la Virgen Dolorosa. Esta fiesta comienza a celebrarse en Occidente en la Edad Media. Se habla de la Transfixión de María, de la Recomendación de María en el Calvario. Esta conmemoración se realizaba en el tiempo de Pascua.

En el s.XII, los religiosos servitas celebran el recuerdo de María bajo la Cruz con oficio y misa especial. Hacia el s.XIV en Alemania hay una conmemoración el viernes tercero de Pascua a la que se conoció como Transfixión o Martirio del Corazón de la Bienaventurada Virgen María, o de La Lamentación de la Bienaventurada Virgen María y finalmente de Los Dolores de la Bienaventurada Virgen María.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

En algunos lugares comienza a surgir la devoción a sus cinco dolores, que pronto se convertirán en siete. A Santa Brígida se le debe una piadosa tradición, según la cual la Madre de Dios le prometió que todo aquel que la honrara con el rezo de siete aves marías diariamente en honor de su siete dolores, que ella personalmente los asistiría en ese trance y que morirían en la gracia de Dios.

Hacia el siglo XVII ya se celebra el domingo tercero de septiembre esta fiesta y también el viernes anterior al domingo y de Ramos hay una conmemoración de la Virgen Dolorosa, la que popularmente se conoce como Viernes de Dolores. El Papa Benedicto XIII extendió la celebración del Viernes de Dolores a todo el mundo en 1472 y el Papa Pio VII, en 1814 fija la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre insertando la celebración en el Calendario Universal.

Para entender la razón de esta fecha hay que revisar este calendario. El 14 de septiembre, un día anterior, se celebra la Exaltación de la Santa Cruz; por tanto, nada mejor que este día para celebrar a la Madre Dolorosa, que como dice el Evangelio, estaba junto a la Cruz. Este comentario es muy oportuno para los lectores de México, pues al celebrarse la Santa Cruz el 3 de mayo, el día 14 de septiembre es un día ordinario y así, el 15 de septiembre pierde su conexión.

Stabat Mater
Este Himno se atribuye al franciscano Jocopone de Todi (+ 1306) y es un texto que se utiliza como secuencia en la misa de este día y fragmentado, como himno en la Liturgia de las Horas para Laudes y Vísperas. Es un poema de 20 estrofas, de profunda espiritualidad con clave poética. El discípulo de Cristo se siente interpelado en algunas estrofas para vivir en su interior el llanto y la pena de la Virgen Santa, para empatizar con sus sentimientos ante la Muerte de su Hijo. Este texto ha sido musicalizado por Palestrina, Pergolesi, Haynd, Wagner, Perosi y otros autores. A continuación se presenta el texto en castellano, oficializado en la Liturgia y cuyo arreglo se debe a Lope de Vega.

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena
.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea
.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén
.

Oración:
Dios Nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con él, de pie junto a la Cruz, sus sufrimientos, haz que nosotros, asociados con la Virgen en la Pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la Resurrección. Por…

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A., Nuevo Año Cristiano, Septiembre, Madrid, 2001 pp. 279-291.

Santa Rosa Venerini, virgen fundadora

Retrato de la Santa, anónimo de 1699. Congregación de las Maestras Pías Venerini.

Retrato de la Santa, anónimo de 1699. Congregación de las Maestras Pías Venerini.

Pregunta: Hola, saludos desde Colombia. Soy un admirador de vuestro blog y quisiera que me informaran sobre Santa Rosa Venerini. Agradezco su atención.

Respuesta: Pues lo hacemos como mucho gusto. Santa Rosa Venerini nació en Viterbo (Italia), el día 9 de febrero del año 1656. Su padre, Godofredo Venerini, era de Castelleone di Suasa (Ancona) y después de licenciarse en medicina en Roma, se trasladó a Viterbo donde ejerció su profesión en el Hospital Grande de la ciudad. Se casó con Marzia Zampichetti y en el matrimonio nacieron cuatro hijos: Domingo, María Magdalena, Rosa y Horacio. La educación que recibieron los cuatro en el seno de la familia, les permitió desarrollarse como personas y como cristianos.

Rosa era una niña muy inteligente y con solo siete años de edad, hizo voto de consagrar a Dios toda su vida, aunque durante la etapa de su juventud vivió los conflictos propios de dicha edad, entre las seducciones del mundo y su compromiso realizado cuando era solo una niña. Este conflicto lo superó y cuando tenía unos veinte años de edad, tuvo que decidir entre el matrimonio y el convento. Ella veía como santas esas dos opciones, pero, aunque por un lado había un joven que la pretendía y por otro, deseaba ingresar en un monasterio más riguroso, no terminó de convencerla ninguna de estas dos opciones y aconsejada por su director espiritual, se dedicó al trabajo evangélico, como célibe, pero fuera de los muros de un convento.

Aun así, en el otoño del año 1676 entró en el convento dominico de Santa Catalina en Viterbo, pero en él estuvo poco tiempo porque al morir su padre, tuvo que regresar junto a su madre. Aquellos años fueron muy duros para ella porque su hermano Domingo falleció con apenas veintisiete años de edad, su madre no superó tal prueba y murió enseguida y María Magdalena contrajo matrimonio. Con solo veinticuatro años de edad, se quedó sola en casa con su hermano Horacio. Pero como quería ser útil al prójimo y a la Iglesia, en el mes de mayo del 1684 comenzó a reunir en su casa a un grupo de mujeres y niñas para rezar en común y charlar sobre los problemas cotidianos. Fue entonces cuando descubrió la cruda realidad: “la mujer pobre era esclava de la pobreza económica, pero también de la pobreza cultural y de la espiritual”. Ella se sintió llamada a dedicarse con urgencia a la formación humana y cristiana de las muchachas jóvenes, pero no con encuentros periódicos en su casa, sino en el seno de una escuela en el verdadero sentido de la palabra.

Imagen de la Santa en Amelia, Umbría (Italia).

Imagen de la Santa en Amelia, Umbría (Italia).

Así, el 30 de agosto del año siguiente, con la aprobación del obispo de Viterbo, junto con dos compañeras – Jerónima Colluzzelli y Porzia Bacci -, abandonó su casa paterna para montar una escuela donde ofrecer a las niñas pobres la posibilidad de adquirir una formación humana completa a fin de que pudiesen enfrentarse a las dificultades que planteaba la vida. A esta primera escuela la llamó “Escuela pública femenina de Italia” y aunque no tenía grandes pretensiones y los medios económicos escaseaban, se dedicó a la promoción de la mujer, obteniendo muy pronto el reconocimiento tanto de las autoridades civiles como de las eclesiásticas. Es cierto que en un principio, una parte del clero se resistía a que una mujer enseñase el catecismo, pero los principales obstáculos procedieron de una parte de la alta burguesía de Viterbo, que no comprendían la osadía de una mujer que intentaba educar a las niñas de baja clase social.

Rosa hacía caso omiso a estas incomprensiones, estando convencida de que esa era la voluntad de Dios, lo que Él quería que ella hiciera. Como dije anteriormente, su trabajo fue reconocido por las autoridades y el propio cardenal Marco Antonio Barbarigo, obispo de Montefiascone, comprendió la importancia de este trabajo y llamó a Rosa para que se instalase en su diócesis. Ella se mostró receptiva y entre los años 1692 al 1694, con la ayuda del cardenal, abrió una decena de escuelas en aquella ciudad y en las ciudades de alrededor del lago de Bolsena: Bagnaia y Oriolo (1699), Bolsena (1702), Soriano (1705), Ronciglione (1706), Civittà Castellana (1711), etc. Cuando tuvo que volver a Viterbo, encomendó su obra a la joven Lucía Filippini, de cuya preparación ella estaba convencida.

Continuó su obra abriendo escuelas en la región del Lazio, llegando a fundar una en Roma en el año 1706, aunque esta experiencia fue un fracaso para ella y un cierto retroceso en su obra. El 8 de diciembre de 1713, con la ayuda de un abad muy amigo de su familia, volvió a abrir una escuela en el centro de Roma, muy cercana al Campidoglio. El 24 de octubre de 1716 recibió la visita del Papa Clemente XI, quién acompañado por ocho cardenales quiso comprobar como funcionaba su obra. Después de escucharla impartir una clase, el Papa quedó maravillado y le dijo: “Señora Rosa, usted hace lo que nosotros no podemos hacer. Se lo agradecemos mucho porque con estas escuelas, usted está santificando la ciudad de Roma”. Desde ese momento, todas las puertas se le abrieron recibiendo solicitudes de aperturas de escuelas en numerosas diócesis italianas. Su obra fue un éxito porque donde se abría una escuela, se notaba un cambio radical en la juventud.

Exhumación de la Santa.

Exhumación de la Santa.

Después de abrir más de cuarenta escuelas, agotada, Rosa Venerini murió en la casa de San Marcos en Roma, en la noche del 7 de mayo del año 1728. Fue sepultada en un sepulcro que desde dos años antes, las Pías Maestras Venerini tenían preparado en la vecina Chiesa del Gesù, encomendada a los jesuitas, aunque en el año 1952, antes de la beatificación, sus restos fueron trasladados a la Casa General de la Congregación (Maestre Pie Venerini) en Roma.

Su Causa de canonización se inició en la diócesis de Viterbo y fue introducida en Roma el día 16 de mayo de 1928. El 6 de marzo de 1949 fue declarada Venerable, siendo beatificada por el venerable Papa Pío XII el día 4 de mayo de 1952. Fue canonizada por el Papa Benedicto XVI el día 15 de octubre del año 2006.

Su espiritualidad
Para Santa Rosa Venerini, el centro de su vida era cumplir la Voluntad de Dios: “Me siento apegada a la voluntad divina, por lo que no me importa ni la muerte ni la vida. Yo solo quiero lo que quiere Él”. Aunque en un principio se vio influenciada por la espiritualidad dominicana, posteriormente la conquistó la espiritualidad austera y equilibrada de San Ignacio de Loyola. Vivía en la presencia divina, haciendo de todos los momentos de su vida una permanente oración. Ella no era partidaria de recitar largas oraciones y por eso, no se lo impuso a sus religiosas, pero lo que si les inspiró era que el trabajo diario educando a las niñas era una continua oración.

Era muy devota de la Pasión de Cristo y por eso siempre tenía “in mente” la imagen de Jesús Crucificado, que para ella era la Salvación en sí misma. Consecuentemente con esto, la Eucaristía era el centro de su vida, era el centro del mundo, era el centro de todo el universo. Jesús era el centro, la víctima que se inmolaba al Padre mediante el Sacrificio Eucarístico y ella se sentía unida íntimamente a ese Sacrificio, ofreciendo todas sus alegrías y sus penas en comunión con la Sangre derramada durante todos los momentos de la Pasión del Redentor.

Esa forma de ver la vida, de entregarse toda ella a la Voluntad de Dios, fue la que la hizo comprender como las niñas y las mujeres de su tiempo necesitaban ser educadas e instruidas y por eso, sabiendo que ese trabajo era oración, se entregó completamente a esta tarea, sin importarle nada las dificultades con las que diariamente se encontraba. Ella sabía que una persona instruida tenía más posibilidades de promoción humana y más posibilidades de encontrar a Dios. Ella vivió y ayudó a vivir a sus hijas, un nuevo estilo de actividad religiosa, en la calle, en las escuelas, en los hospitales, en las casas de los enfermos y de los pobres. Fue precursora de lo que en el día de hoy vemos como una cosa normal: llevar una verdadera vida religiosa fuera de los muros de un convento. Y su vida dio sus frutos y por eso, su Congregación está hoy extendida por numerosos países de los cinco continentes.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Sacra Congregatio pro Causis Sanctorum, Roma, 1985
– PIETROMARCHI, M.E., “La Beata Rosa Venerini”, Roma, 1952.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

San Alejandro de Bérgamo, mártir

Lienzo del Santo, obra de Fabio Ronzelli. Catedral de Bérgamo, Italia.

Lienzo del Santo, obra de Fabio Ronzelli. Catedral de Bérgamo, Italia.

Pregunta: Quisiera saber sobre San Alejandro, patrono de Bérgamo en Italia. Gracias.

Respuesta: Este san Alejandro es, como tu bien dices, el santo patrono de la ciudad italiana de Bérgamo. La narración de sus tres “Actas”, por cierto muy antiguas, es fantasiosa e incluso dramática. En líneas generales, en ellas se dice que Alejandro era el “signífero” (suboficial encargado de llevar la insignia de una centuria) de la Legión Tebea, quien encontrándose en Milán, se convirtió al cristianismo. Por ello, al proclamarse el edicto de los emperadores Diocleciano y Maximiano en el año 303, fue encarcelado junto con otros compañeros que también eran cristianos, entre ellos los santos mártires comenses Fidel, Carpóforo y Exanto, que habían sido convertidos por el obispo milanés San Materno.

Pudo fugarse a la ciudad de Como, pero allí fue arrestado y reconducido a Milán ante la presencia del emperador Maximiano, quien le exigió que ofreciera sacrificios a los dioses, pero Alejandro se negó y tiró al ídolo al suelo, lo que provocó su inmediata condena a muerte. El verdugo desenvainó la espada pero no se atrevió a decapitarlo y volviéndose ante el emperador, le dijo: “Señor, la cabeza de este hombre me pareció como si fuera una montaña, por lo que me estremecí y no me atreví a decapitarlo”. Ante el rechazo del verdugo, la ejecución se suspendió y Alejandro aprovechó de nuevo la ocasión para huir por segunda vez llegando hasta las cercanías de Bérgamo. Allí nuevamente fue apresado por la guardia imperial, que lo condujo al pretorio, ante los pies de la estatua de Plotacio, para que sacrificase a los dioses o ser nuevamente condenado a muerte. El se negó, ofreció voluntariamente su cabeza al verdugo, y fue decapitado. Una matrona llamada Grata, hija de un tal Lupo que era un gentilhombre de Bérgamo, recogió el cuerpo del mártir y le dio sepultura en una propiedad que tenía en las afueras de la ciudad. Sobre su sepulcro construyó un pequeño oratorio.

La verdad es que, como dije anteriormente, estas “Actas” no son muy fiables, porque aunque no están redactadas en épocas muy tardías, derivan de un sustrato hagiográfico que mezcla lugares muy comunes pero improbables. Hay muchas incongruencias: las fugas, la pertenencia de Alejandro a la Legión Tebea – aceptada por unos, pero rechazada por otros – y la inclusión de determinadas vicisitudes que son aplicables a otros muchos mártires. Se dice que fue el evangelizador de la ciudad de Bérgamo, pero no se explica ni cómo ni cuando desempeñó esta misión, aunque bien es cierto que desde el siglo IV se le rindió culto en la ciudad, pues sobre el oratorio de su sepulcro se construyó una pequeña basílica en tiempos del emperador Constantino. Sin embargo, se acepta comúnmente que era un soldado, pues ya en el año 585 el rey longobardo Autari, lo nombró protector de sus tropas y le construyó una basílica en Fara Gera d’Adda.

Imagen del Santo coronando la cúpula de la catedral de Bérgamo, Italia.

Imagen del Santo coronando la cúpula de la catedral de Bérgamo, Italia.

Existe una hipótesis que defiende que Alejandro fue martirizado en Milán – cosa extraña porque San Ambrosio, que vivió poco tiempo después del martirio, no tenía la menor noticia del mismo, no lo menciona – y que posteriormente fue trasladado a Bérgamo. Actualmente, esto no se admite aunque se comprende, ya que era costumbre en ciertos hagiógrafos antiguos, adjudicar a las ciudades más importantes (en este caso Milán) los santos de toda aquella región. Recordemos que Bérgamo está situada a unos sesenta kilómetros de Milán.

He dicho anteriormente que su culto se inició sobre su sepultura desde el mismo siglo IV, ya que esto se menciona en los primitivos calendarios de la ciudad; valga como ejemplos que en el año 774, el llamado “Testamento de Taidón” hace mención de su basílica indicando: “ubi eius sanctum corpus requiescit” y que en el año 903, Berengario I, lo recuerda en uno de sus edictos.

En el año 1561, en torno al sepulcro se encontró una lápida con la siguiente inscripción: “Miles Thebanus” y cercana a ella se encontró los fragmentos de un epígrafe, que reconstruido, decía: “Beati martyris Alexandri pretiosissimus thesaurus”; cabe destacar que en este elogio no se da ninguna pista sobre su condición militar, cosa ya aceptada desde mucho antes. Fue en este año cuando las reliquias del santo fueron trasladadas desde esta basílica primitiva a la actual donde se encuentran. En un acta pública redactada por el canónigo Guarneri en nombre del obispo Cornaro, para recordar la basílica que había sido demolida por el doge de Venecia, dice explícitamente que el santuario donde estaban las reliquias estaba intacto, “inviolatumque crimine belli”. Esto induce a pensar que aunque los bárbaros habían atacado anteriormente el templo en alguna ocasión, siempre respetaron la cripta.

Detalle del Santo en su sepulcro de la catedral de Bérgamo, Italia.

Detalle del Santo en su sepulcro de la catedral de Bérgamo, Italia.

El podestá de Verona, Francisco Venerio, definió en el siglo XV a la primitiva basílica que estaba ubicada en la actual Puerta de San Alejandro en Borgo Canale, diciendo que era “antiquísima y de gran veneración en todo el territorio bergamasco” y Secco Suardo, en el siglo XIX, analizando un diseño de la basílica, creyó poder reconocer las estructuras originales, datándola como del siglo IV y manifestando que la cripta de la basílica surgió sobre el lugar del primitivo oratorio construido por Grata sobre la sepultura.

Actualmente, el culto a San Alejandro de Bérgamo está extendido no solo en su ciudad, sino en numerosas iglesias de su diócesis, que desde muy antiguo fue designada como la sede de San Alejandro. Esto indujo al beato Pinamonte, a pensar erróneamente que San Alejandro había sido el primer obispo de la ciudad, cosa completamente incierta.

Mencionemos, por ejemplo, algunas de estas iglesias: la iglesia de San Alejandro de Morla, cuya fundación se atribuye al emperador Carlomagno y que según la tradición, fue construida exactamente en el lugar donde el santo fue arrestado; la iglesia de San Alejandro en Colonna – que es de la misma época – se afirma que fue construida sobre el lugar del martirio o la iglesia de San Alejandro de la Cruz, edificada en el supuesto lugar donde la cabeza del santo fue impicada después de su decapitación. San Alejandro es también muy venerado en la ciudad de Brescia, cercana a Bérgamo y en otras muchas localidades de la región italiana de Lombardía.

La festividad del santo se conmemora el 26 de agosto; ese día, en Bérgamo, se celebra un animadísimo mercado llamado la “Feria de San Alejandro”. La traslación de sus reliquias, se celebraba hasta finales del siglo XIII, el día 26 de julio. En el año 1910, el obispo Radini Tedeschi hizo un reconocimiento canónico de las reliquias, que hoy se encuentran depositadas en una bellísima urna de plata, tal y como aparece en una de las fotos de este artículo.

Iconográficamente se le representa montado a caballo o a pie, pero casi siempre portando el estandarte de la Legión. Su representación más antigua es un fresco del siglo XIII que apareció en un bisel del ajimez descubierto durante la restauración que en el año 1936 se llevó a cabo en el Aula de la Curia de la diócesis. También existe una estatua ecuestre de 1353 atribuida a Juan de Campione y que actualmente se encuentra en el portal de la iglesia de Santa María la Mayor en Bérgamo.

Sepulcro del Santo en la catedral de Bérgamo, Italia.

Sepulcro del Santo en la catedral de Bérgamo, Italia.

En la Pinacoteca Vaticana existe una pintura de Loverini, en la cual se reconstruye la escena del martirio, con la matrona Grata recogiendo su cabeza. El ciclo completo de la historia de San Alejandro aparece en los frescos del pintor milanés Federico Ferrari en la iglesia de San Alejandro de la Cruz, así como en los frescos de Francesco Coghetti en la cúpula de la catedral bergamasca. Otras muchas obras de arte lo representan, pero no quiero alargar el artículo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– RONCHETTI, G., “Memorie storiche della Città e Chiesa di Bergamo”, Bérgamo, 1805
– SAVIO, F., “La leyenda de los santos Fidel, Alejandro, Carpóforo y otros mártires”, Analecta Bollandista, XXI, 1902.
– VV.AA. “Il grande libro dei santi”, Edizioni San Paolo, Milano, 1998
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Beata María de Jesús de Toledo, carmelita descalza

Retrato original de la Beata, s.XVI.

Retrato original de la Beata, s.XVI.

Cuando se cumplen 374 de la muerte de la Beata María de Jesús López Rivas, también conocida para muchos con el sobrenombre de “el letradillo de Santa Teresa”, queremos que se conozca la vida y obra de esta compañera inseparable de la Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús. Sea éste un pequeño aporte para que avance su causa de canonización.

Infancia
La niña María López de Rivas nació en el pueblo de Tartanedo, pueblo alcarreño de la provincia de Guadalajara el día 18 de agosto de 1560, siendo bautizada con el nombre de María. El día 25 de agosto recibió las benditas aguas de manos del sacerdote don Juan Serrano. Durante su niñez creció en el seno de una hidalga familia. Siendo todavía muy niña, murió su padre y se vio obligada a emigrar a Molina de Aragón (Guadalajara), al lado de sus tíos maternos Jerónimo de Rivas e Isabel de Ureña, los cuales eran piadosos cristianos y la criaron como una hija. Aquí vivió años felices donde serenamente se acercó a la fe en Cristo.

Vocación al Carmelo Descalzo
Cuando contaba con quince o dieciséis años, conoció al jesuita padre Antonio de Castro. Éste era conocido por ser un gran orador que, conociendo día tras día la personalidad y rica espiritualidad de la joven María, la encaminó hacia el Carmelo Descalzo, recientemente fundado por Santa Teresa de Jesús. Ella, a pesar de su juventud, se sentía atraída por la vida religiosa, sin determinarse por ningún carisma. “Hija de la fe y connaturalizada con ella”, llegó a decir un padre jesuita al conocerla y ver la santidad que había encerrada en tan débil cuerpo. Y es que nunca en su vida gozó de buena salud.

Con la edad de diecisiete años entró a formar parte de la comunidad del que era el quinto monasterio fundado por Santa Teresa de Jesús, el 12 de agosto de 1577. Tan sólo un año y unos meses después, emitió su profesión en día 8 de septiembre de 1578, en el mismo monasterio de San José, de la ciudad imperial. (De este monasterio se cuenta que fue el primero en el que residió el Doctor San Juan de la Cruz después de su arresto en prisión; algunos estudiosos afirman que precisamente aquí empezó algunas de sus célebres obras).

Estampa devocional de la Beata, al fondo la ciudad de Toledo.

Estampa devocional de la Beata, al fondo la ciudad de Toledo.

Como ya hemos dicho, a lo largo de su longeva vida no gozó de buena salud y esto le hizo sufrir mucho, no sólo corporalmente, sino también psíquicamente, el desprecio de sus hermanas en religión era frecuente, para las hermanas era dificultoso cargar con una enferma. Para que la joven monja María de Jesús finalmente se quedara, intervino con su providencial ayuda Santa Teresa de Jesús, que dijo a la comunidad: “Hijas mías, les envío esta hija mía con cinco mil ducados de dote, pero hágoles saber que ella es tal, que cincuenta mil diera yo de muy buena gana. Mírenmela no como a las demás, porque espero en Dios que ha de ser un prodigio”. Era una enorme estima la que profesaban mutuamente, en muchas ocasiones y en compañía de las hermanas, la Santa Doctora de Ávila decía de la Beata María de Jesús de Toledo: “Estoy segura que será más dichoso el convento que la tenga que todos los demás, porque aun cuando sea para estar en la cama toda la vida, la quiero tener en mi casa”.

Durante toda su vida permaneció en dicho convento de Toledo, pero también podemos decir que participó y fue una de las fundadoras del Convento de la Encarnación, que la comunidad de Carmelitas Descalzas fundó en el pueblo de Cuerva (Toledo), el sur-oeste de la provincia, enclavado en los Montes de Toledo. Allí la Beata María de Jesús permaneció unos meses, dejando un todas un buen recuerdo.

Vida de religiosa
Las enfermedades que sufría eran constantes, la aquejaron mucho, pero no acortaron su vida, a pesar de vivir con todo su rigor la dura vida de carmelita contemplativa y de trabajar sin descanso. Nunca aceptó que se le aligeraran sus obligaciones de ninguna clase. Como muy bien decía santa Teresa, la enfermedad que la aquejaba era la “enfermedad del amor” que sentía tan hondo y tan grande.

La Beata junto a Santa Teresa de Ávila. Estampa devocional.

La Beata junto a Santa Teresa de Ávila. Estampa devocional.

Gozó de muchos dones místicos, como la profecía, el éxtasis, visiones y revelaciones. Éstos pasaron a un segundo plano, eclipsados tal vez por los famosos dones de su predecesora, que fue Santa Teresa. En una ocasión, en presencia de las hermanas que no sabían ni veían lo que estaba pasando, la Beata María de Jesús fue favorecida con la tierna visión del Niño Jesús. Estando ella en recogida oración delante de una imagen de San José (aún conservada en la actualidad), el Niño Jesús se desprendió se los brazos de su padre, para regalarse entre los brazos de la Beata. Por este motivo, es fácil ver pinturas de la Beata con el Niño Jesús recostado en sus brazos.

Era sabido por todas las Hnas.Carmelitas Descalzas, que en una ocasión, estando la Beata en Toledo, la Santa fundadora estaba escribiendo en su celda del convento de Toledo, la Beata entró y la sorprendió arrobada por el Espíritu Santo.

Dentro de estos santos muros, desempeñó varios cargos como: sacristana, enfermera, maestra de novicias, priora, sub-priora… y todos los desempeñó con gran entrega y caridad. Todas acudían a ella para pedirle consejo y la amaban con toda su alma. La misma Santa Teresa en más de una ocasión, le pidió que le solucionara alguna dificultad sobre la vida de oración, por ese mismo motivo y porque siempre recurría a su sabiduría y acertada orientación, le puso el cariñoso nombre de “mi letradillo”: “Así debe ser como dices, letradillo mío…”. Antes que a ninguna otra persona dio leer la Santa su libro de las Moradas, muestra de su incondicional confianza y afecto. Sus devociones predilectas fueron el Sagrado Corazón de Jesús, el Santísimo Sacramento y la Virgen María, especialmente en el misterio de la Asunción. El famoso padre Jerónimo Gracián, que la conoció y trató mucho, la elogió grandemente en su obra “Peregrinación de Anastasio”.

Acusada y calumniada por motivos que no se conocen con veracidad, fue depuesta de su cargo, que en esa etapa desempeñaba de priora, y debió sufrir mucho durante muchos años la oposición del provincial, después del padre general. Aunque tratada injustamente, siempre se mantuvo serena y sumisa a la autoridad, y fue apreciada por las monjas más prudentes, las cuales, a pesar de haber sido depuesta como priora, le eligieron para el cargo más comprometido de maestra de novicias, y reelegida como priora veinte años después.

Cuerpo incorrupto de la Beata en el bajo coro del convento.

Cuerpo incorrupto de la Beata en el bajo coro del convento.

Muerte y beatificación
Rica en méritos y con fama de santidad, alcanzó el sublime conocimiento de Cristo Jesús mediante una altísima contemplación de sus misterios, avivada en las celebraciones litúrgicas. Con 80 años de edad y 36 de vida religiosa, murió en Toledo el 13 de septiembre de 1640, rodeada de todas sus hijas. Fue desde el primer momento considerada como santa, por esa razón se inhumó entro del convento.

El tribunal diocesano de la archidiócesis de Toledo inició su proceso de beatificación el día 15 de enero de 1914, celebrándose 262 sesiones. El 28 de mayo de 1976, en presencia del cardenal primado monseñor Gonzalez Martín, se exhumó el cuerpo de la Beata. Con anterioridad ya se había exhumado el cuerpo en tres ocasiones en 1642, 1914 y 1929, y ni antes ni después de ellas el cuerpo fue embalsamado. Como consta en las últimas actas, en las exhumaciones del último siglo el cuerpo despedía un agradable aroma que permaneció impregnado en las estancias.

Detalle del rostro de la Beata. Fotografía: David Garrido Martínez.

Detalle del rostro de la Beata. Fotografía: David Garrido Martínez.

Finalmente, pasados varios siglos de su muerte, fue beatificada el 14 de noviembre de 1976 por el futuro Beato el Papa Pablo VI, reconociéndose así la santidad que todos, incluida Santa Teresa, veían en ella. Su cuerpo incorrupto, pero con el rostro desfigurado por el paso del tiempo, permanece expuesto permanentemente el coro bajo, junto a la reja que separa la clausura de la iglesia-convento de San José de Toledo. Su fiesta se celebra hoy.

David Garrido

Enlaces consultados (04/09/2014):
– http://books.google.es
– http://www.misas.org/p/parroquia-de-la-beata-maria-de-jesus-guadalajara
– http://lasdiezvirgenessensatas.blogspot.com.es
– http://santosocd.blogspot.com.es/2007/08/beata-mara-de-jess-lpez-rivas.html