Beato Alberto Marco Alemán y compañeros, mártires carmelitas (II)

Composición de los mártires carmelitas hecha para la beatificación.

Composición de los mártires carmelitas hecha para la beatificación.

“El martirio es la más alta corona de gloria que puede recibir el seguidor de Jesús”.

Si ayer veíamos la vida, obra y martirio del Beato Alberto Marco, hoy veremos las vidas y el martirio conjunto que recibieron este grupo de jóvenes carmelitas. Y es que el más joven de ellos tenía dieciocho años y el más mayor veintitrés. El Padre Alberto y el grupo de jóvenes no fueron martirizados a la misma vez, ni en el mismo lugar, aunque sí en la misma provincia; Madrid. Pasó un intervalo de tres meses entre ambos martirios.

En el año 1960 se abrió la causa del Padre Alberto Marco y demás compañeros mártires de la Orden del Carmen. Después de que los postuladores tomaran la decisión, se decidió que este grupo de ocho frailes carmelitas se adjuntara a la causa del Padre Alberto Marco, por haber muerto éstos en Madrid. En 1970 se aprobó la causa diocesana y en el año 1992 fue aprobaba en Roma. Finalmente el Decretum Super Martyrio que dio paso a la beatificación fue emitido en diciembre de 2011, teniendo lugar la multitudinaria beatificación de quinientos veintidós mártires del s. XX en España, el domingo trece de octubre de 2013. Se celebró en Tarragona, en el marco del año de Fe.

Fray Daniel García Antón
Hijo de Antonio y Gregoria (maestra nacional), nació en el pequeño pueblo abulense de Navacepeda de Tormes, el día once de diciembre de 1913. Desde pequeño frecuentaba el Santuario de El Henar. Aquí su familia y él fraguaron una estrecha amistad con los padres carmelitas. Sintiendo su vocación por ser carmelita, en 1927 empezó el seminario menor en Vila-Real (Castellón). Profesando el catorce de julio de 1930 en Onda (Castellón). Caracterizado por su excelente formación, seriedad, formalidad y cumplidor de la regla, siguió sus estudios filosóficos en Caudete (Albacete). Cuando faltaban poco meses para ordenarse como sacerdote, fue arrestado junto con la comunidad en el seminario mayor de Onda, siendo el día veintisiete de julio de 1936.

Fray Aurelio García Antón
Aurelio era hermano de Daniel, también nació en Nacacepeda de Tormes, tal día como el veinticuatro de agosto de 1916. Lo bautizaron el siete de septiembre de ese mismo año. Por la admiración que sentía a su hermano y a la Orden, él también quiso ser carmelita. Ingresó en el seminario de Vila-Real en el curso 1928-29. Realizó los estudios de humanidades y por la situación política que se estaba viviendo fue enviado por los superiores a su hogar. A la vuelta profesó el diecinueve de enero de 1933 en el santuario de El Henar (Segovia). Tenía cualidades para la música y en sus estudios era muy aplicado. Se diferenciaba de su hermano en el carácter, éste era más afable, extrovertido, risueño y bromista. El veintisiete de julio de 1936 también fue apresado junto a sus compañeros del seminario mayor de Onda.

Pintura de los mártires del Henar y el P. Alberto Marco.

Pintura de los mártires del Henar y el P. Alberto Marco.

Fray Silvano Villanueva González
En Huérmeces, provincia de Burgos, nació Silvano el día nueve de febrero de 1916. Sus padres, acomodados agricultores, lo bautizaron el mismo día. Desde pequeño sentía inclinación por las cosas de Dios y ayuda siempre que podía como monaguillo en su parroquia. Sintiendo su vocación, empezó sus estudios en el seminario de Vila-Real. Como sus compañeros, también vistió el hábito carmelita en el santuario de El Henar, el veintidós de noviembre de 1931. Hizo la profesión temporal el veinticuatro de noviembre de 1932. Hasta Onda fue para seguir formándose, y mientras se formaba (según algunos testigos), atravesó una pequeña crisis vocacional que pronto se resolvió. No destacaba por su inteligencia, pero sí por su aplicación, nobleza y fidelidad a la regla. El mismo día que sus compañeros fue arrestado y cacheado en varias ocasiones. El Beato Silvano, al último cacheo-registro, se opuso y dijo a los milicianos: “¿Para qué otro registro, si no es por el gusto de molestarnos?”. Después de esto dejaron de molestarlo.

Fray Adalberto Vicente Muñoz
En el pueblo de Cuéllar (Segovia), pueblo al que pertenece el santuario de El Henar. Nació el niño Jesús (Adalberto) el día veintitrés de abril de 1916. Lo bautizaron el treinta de ese mismo mes. Con tan solo ocho años él y su familia vieron como la comunidad carmelita, incluyendo al Beato Alberto Marco, se instaban en el santuario para hacerse cargo de este. A la edad de once años quiso ser carmelita, por tanto fue enviado a Vila-Real. El veintidós de noviembre de 1931 vistió el hábito y el veinticuatro de noviembre de 1932 hizo los votos temporales, adoptando el nombre de Adalberto. Aplicadísimo en los estudios y aventajado para la música, siguió sus estudios de teología en el seminario mayor de Onda, donde aquel fatídico día de julio de 1936 fue todo interrumpido.

Vista del seminario mayor de Onda (Castellón).

Vista del seminario mayor de Onda (Castellón).

Fray Francisco Pérez Pérez
En el pequeño pueblo de Ros (Burgos), nació Francisco un treinta y uno de enero de 1917. Fue bautizado el dieciocho de febrero. A muy temprana edad quedó huérfano de madre, su padre se volvió a casar y su madrastra lo maltrató, privándole incluso de ir al colegio. Gracias a un tío suyo sacerdote, que lo sacó de aquel ambiente, ingresó en el curso 1928-29 del seminario de Vila-Real. Tomó el hábito del Carmelo el cuatro de febrero de 1932. Los votos temporales los emitió un año después, el cinco de febrero de 1933. Los superiores de la Orden veían en el joven un gran futuro, tenía siempre una constante alegría y su inteligencia era brillante. La prometedora vida del Beato Francisco quedó truncada el día de la detención. En el tren que conducía a los beatos a Madrid, algunos testigos afirman que hablaba de Dios con sus captores anarquistas.

Fray Ángel Reguilón Lobato
Cipriano (Ángel), nació en Pajares de la Lampreana (Zamora), tal día como un uno de junio de 1917. Su bautizo tuvo lugar diecisiete días después, imponiéndosele el nombre de Cipriano. Sus tíos, Isaías y Joaquina, se hicieron cargo de él cuando quedó huérfano de padre y madre a muy corta edad. A los pies de la Virgen María, con la advocación del Templo, se consagró en cuerpo y alma. Desde aquí sintió su llamada al Carmelo y los doce años ingreso en el seminario de Vila-Real, todo gracias a una señora que ayudaba a los seminaristas y al Beato Alberto Mª Marco. Profesó en Onda el quince de septiembre de 1935, adoptando el nombre de Ángel. Sacando adelante sus estudios de filosofía, se esforzaba siempre para ser un hijo más útil en la Orden. Había terminado el primer curso de filosofía en Onda cuando el veintisiete de julio de 1936 fue apresado junto a la comunidad. Después del trágico final, su cadáver no fue reclamado por nadie en muchos días y se emitieron muchos anuncios describiéndolo.

Lápida conmemorativa de los martires en las tapias donde fueron fusilados.

Lápida conmemorativa de los martires en las tapias donde fueron fusilados.

Fray Ángel Sánchez Rodríguez
Nació en Pajares de la Lampreana (Zamora), el día dos de agosto de 1918. Fue bautizado el siete de septiembre, y se le impuso el nombre de José. Desde niño era amigo del Beato Ángel Reguilón. Al igual que a él, la señora Lucía también lo ayudo a contactar con los Padres Carmelitas de Vila-Real. Con catorce años ingresó aquí. Fue muy aventajado en todas las asignaturas, incluido el latín. Tomó el hábito del Carmelo el quince de septiembre de 1935, adoptando el nombre de Ángel. Se le solía ver muy recogido siempre y con el escapulario de la Virgen del Carmen en las manos, era muy devoto. Después se apresado se puso muy enfermo, pero no quiso separarse de sus compañeros y permanecer junto a ellos hasta el final.

Fray Bartolomé Andrés Vecilla
Nació en Pajares de la Lampreana (Zamora), el día veintiséis de agosto de 1917 y recibió las aguas bautismales a la semana siguiente, imponiéndole el nombre de Nicomedes. Como sus vecinos, muy joven ingresó en el seminario, era el día de San Antonio Abad de 1932. Era muy conocido, bien por su nombre de pila o por lo bien que dibujaba. Ingresó en el noviciado el veintiocho de julio de 1935. Quiso Dios que un día antes de concluir el año de noviciado fuera apresado junto a sus compañeros. Son escasos y poco fiables los datos, pero se cree que hizo su profesión antes de que le llegara el martirio.

Lápida de los Beatos en el claustro de El Henar.

Lápida de los Beatos en el claustro de El Henar.

Martirio
Antes de estallar la guerra, los frailes de Onda palpaban en el ambiente lo que se avecinaba. El pueblo estaba muy agitado y ellos mismos fueron objetivo de insultos y amenazas. Como venimos diciendo, el día veintisiete de julio de 1936 el convento fue asaltado (más tarde reducido, expoliado y quemado), los religiosos y jóvenes profesos fueron obligados a irse. Llevados hasta el pueblo de Onda, hasta el mismo alcalde los quería lejos del pueblo. Desde Onda, algunos de los jóvenes seminaristas fueron en tren hasta Vila-Real, allí los esperaban otros milicianos con insultos y amenazas. Tras deambular por varias estaciones de tren, los ocho jóvenes, que eran todos de la comunidad de Castilla y León, querían tomar el tren a Madrid y desde allí a sus respectivas provincias. En Valencia fueron interrogados y sometidos a un comité, algunos milicianos no veían culpa en ellos y los querían dejar libres, los consideraban niños, en cambio, otros decían que eran la semilla que terminaría ahogando a la clase obrera.

Camino a Madrid, el grupo viajó divido, cuatro de ellos por un lado y los otros cuatro viajando en un vagón a cargo de un jefe de los milicianos, que se apiadó de ellos y hasta les dio algo de cenar y algunos consejos para cuando llegasen a la capital. Ya en Madrid, cuatro de ellos fueron gravemente increpados y amenazados al bajar del tren en Atocha. Por esta razón los demás se les unieron, para que si sucedía algo, que les sucediese a todos. Tras varios registros e interrogatorios, fueron llevados a una casa de caridad que tenían dispuesta para vagabundos y más tarde a una de invidentes, aquí algunos compañeros pudieron salir y reencontrarse con los familiares, se salvaron así de morir. Los que quedaron ayudaban los invidentes y casi vivían como en la comunidad.

Los días previos al dieciocho de agosto, los jóvenes Beatos ya se temían lo peor. Por enésima vez les pidieron todos sus datos. Éstos planeaban una “saca” y así lo hicieron saber a algunos dirigentes públicos, que optaron por no intervenir en nada. Salvándose algunos compañeros de prisión, ya el grupo de los ocho jóvenes fue montado en un camión a las doce de la noche y llevados hasta el madrileño cementerio de Carabanchel Bajo. En las tapias de este cementerio fueron fusilados la noche del dieciocho de agosto. Sólo Dios sabe cómo fueron esas amargas horas, aunque seguro que murieron perdonando y al grito de ¡Viva Cristo Rey! Se sabe que fray Ángel Sánchez quedó malherido y, con un hilo de vida, pidió ayuda a duras penas, pero fue rematado poco tiempo después con varias descargas de balas.

Detalle de la lápida de los beatos carmelitas.

Detalle de la lápida de los beatos carmelitas.

Reconocidos los cadáveres, fueron enterrados en el cementerio de Carabanchel en dos fosas, que al finalizar la guerra cubrieron con lápidas. Largos años permanecieron aquí enterrados, hasta que el año 1950 fueron exhumados sus restos e introducidos en dos arcas, conteniendo cada arca cuatro cuerpos. En la actualidad estos restos se pueden venerar en el Santuario de El Henar, Cuéllar (Segovia), bajo una sencilla lápida de piedra colocada en el claustro del santuario.

David Garrido

Bibliografía:
– Miguel Mª Arribas, O. Carm. Padre Alberto Marco y ocho compañeros mártires carmelitas. PP Carmelitas, Salamanca 2013.
Agradecimiento especial al Padre Federico Miguel (carmelita), por su aporte de información, documentos y fotografías.

Enlace consultado (21/05/2015):
– www.religionenlibertad.com

Beato Alberto Marco Alemán y compañeros, mártires carmelitas (I)

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

“¿Qué puedo desear más que morir mártir por Cristo?”.

El pasado trece de octubre de 2013 se beatificaron en Tarragona a 522 mártires del s.XX en España. En esta multitudinaria beatificación estaban casi todas las familias religiosas y carismas de la Iglesia. Uno de los grupos de mártires que fueron beatificados, son el padre Alberto Marco Alemán y ocho compañeros carmelitas de la Antigua Observancia. A pesar de que no recibieron la palma del martirio juntos, ni en el mismo día y lugar, la Orden unificó sus causas en los años 60. Entre hoy y mañana conoceremos las vidas, obras y martirio de estos Beatos.

Infancia
En el albaceteño pueblo de Caudete, pueblo de honda tradición y devoción carmelita, nació el niño Francisco, era la madrugada de un día como hoy, veintitrés de mayo de 1894. Ese mismo día, siguiendo las costumbres de la época, fue bautizado en la parroquia de Santa Catalina. Y con tan sólo tres meses y algunas semanas de vida fue confirmado en la misma parroquia. Puede que fuese inusual confirmarlo a tan temprana edad, pero se aprovechó la visita del obispo al pueblo para hacer una confirmación masiva. Sus padres eran Joaquín Marco Albertos y Francisca Alemán García, eran un matrimonio de agricultores que no pasaban apuros económicos gracias a las numerosas tierras que cultivaban. Estos tuvieron diez hijos, Francisco (Beato Alberto) fue uno de los primeros en nacer y llegar con vida a la edad adulta. A todos estos les dieron una solida formación humana y cristiana. Por esa razón no es de extrañar que algunos de estos hijos abrazaran la vida religiosa. Esta trabajadora, humilde y numerosa familia era muy conocida en el pueblo, todos sus miembros eran piadosos y de profunda fe cristiana. Como en todos los pueblos, se les conocía por un apodo: “los Monjos”, esto fue debido a que una familiar quiso ser monja antes de casarse.

En Caudete pasó toda su infancia. Como a cualquier niño, le gustaba jugar con sus hermanos y amigos. En sus entretenimientos a menudo llevaba él la voz cantante, sus compañeros lo veían como un buen “líder”. Cuando iba por las mañanas al colegio de los PP. Carmelitas, rara vez llegaba de los últimos o tarde. Siempre era el primero y también uno de los alumnos más aplicados e inteligentes. Ayudaba como monaguillo en la iglesia del Carmen, y los Padres Carmelitas lo apreciaban por lo bien que hacía esta tarea. También ayudaba con mucha obediencia a sus padres, no ponía excusas.

Estampa devocional del Beato,  año 2013.

Estampa devocional del Beato, año 2013.

Después de recibir la primera comunión, era frecuente verlo confesar y comulgar muy a menudo. Por aquellas fechas ya deseaba ser fraile carmelita. No se sabe con seguridad, pero esta anécdota lo demuestra: en una ocasión en la que el pueblo recibía la visita del obispo, el niño Francisco corrió hasta el obispo para besarle los pies. El obispo, sorprendido, le preguntó que por qué hacía tal cosa, y nuestro beato respondió: “Quiero ser religioso”. El prelado, viendo en aquel gesto algo especial en el niño, dijo a los PP. Carmelitas: “Cuidad muy bien a este niño, que promete llegar a ser un lumbrera”.

Vocación
El joven Francisco muy posiblemente fraguó su vocación en el ambiente en el que vivía, tanto en su familia como en el colegio del Carmen. Con once años hizo saber a sus padres y hermanos que tenía decidido ser religioso. Sus padres aceptaron de buen grado esta noticia y lo aconsejaron sabiamente para el comienzo de esta nueva vida que empezaba.

En el año 1906 tuvo que dejar Caudete y marchar hasta Olot (Girona). Con once años empezó en esta ciudad el seminario menor. Lejos de desanimarse o entristecerse por esta lejos de su casa y familia, aquí se empeñó por ser un alumno sobresaliente, por aumentar su piedad y obediencia al carisma de la Orden. Incrementó también su amor por la Virgen del Carmen. Así iba consiguiendo poquito a poco alcanzar la perfección humana y cristiana. Durante tres años permaneció en este seminario menor.

En 1909, habiendo terminado sus estudios en Olot, viajó hasta Onda (Castellón) para hacer el año de noviciado carmelita. En su toma de hábito carmelita, tomó también el nombre de Alberto María en honor a San Alberto de Sicilia o de Trápani, uno de los primeros santos de la orden. En este año de noviciado su conducta fue ejemplar, no pasó desapercibido para nadie. Su madurez, aplicación, obediencia y observancia hacían de él un joven fraile destinado a algo grande. El día cinco de agosto de 1910 hizo la profesión temporal, este feliz día para él coincidió con la festividad de la Virgen de las Nieves, y prometió a la Virgen que estos votos serían para siempre. En Onda permaneció cuatro años estudiando filosofía y Humanidades.

Los fundadores del Santuario de la Virgen de El Henar, con el P. Alberto al lado de la Virgen. Foto de 1924.

Los fundadores del Santuario de la Virgen de El Henar, con el P. Alberto al lado de la Virgen. Foto de 1924.

Llegado el verano de 1914, Fray Alberto fue recibido en el convento carmelita de su pueblo natal, Caudete. Entre estos muros, continuó estudiando algunas materias que le faltaban para su ordenación, como la teología. Fue aquí donde también recibió las órdenes menores, incluso el diaconado. Finalmente llegó tan ansiado día para el Beato Alberto Mª Marco, el día de convertirse en sacerdote de Cristo. Fue el veintinueve de junio de 1917, en el convento de las religiosas carmelitas de Ontinyent (Valencia), recibió la ordenación de manos del obispo de Urgell. Con veintitrés años se convirtió en “sacerdote y carmelita”, gracias a una dispensa de once meses que recibió debido a su edad.

Ministerio sacerdotal
Desde sus años de seminario fue adquiriendo una muy buena fama entre los superiores y formadores de la Orden, por esta razón, no dudaron en nombrarle para un cargo de responsabilidad. Prefecto y profesor de filosofía y teología fue el cargo que desempeñó durante tres años en Caudete. Al dejar el pueblo, fue destinado nuevamente a su querida comunidad de Onda. Junto a otros compañeros carmelitas fundo aquí las Escuelas Públicas del Castillo de Onda. Esta vida de comunidad y dedicación a la enseñanza también le era agradable al Beato, como docente dejó un recuerdo imborrable en sus alumnos. Siempre lo recordarían como un buen profesor, amable y cariñoso; que corregía como un padre y para nada utilizaba castigos severos o la violencia. Fray Alberto Mª Marco Alemán también formó parte de la comunidad fundadora que se estableció en el Santuario de la Cueva Santa, Altura (Castellón). Junto a otros compañeros (mártires y beatos) pasó temporadas de verano este santuario.

Dibujo realizado del beato en prisión, firmado por 70 compañeros suyos en muestra de afecto. Año 1936.

Dibujo realizado del beato en prisión, firmado por 70 compañeros suyos en muestra de afecto. Año 1936.

En el año 1924, la comunidad carmelita consiguió restaurar, tanto en lo material como en el culto, el Santuario de la Virgen del Henar, Cuéllar (Segovia). Gran parte fue gracias a la Beata y mártir Sor Martina Vázquez (Hija de la Caridad) que era natural de Cuéllar. Aquí, Alberto Mª Marco pasó varios años al frente del santuario y del seminario. Empezó ejerciendo como prefecto y profesor de teología y derecho canónico. Más tarde fue nombrado prior, desde el año 1927 al año 1932 mantuvo este cargo. Durante estos años desarrolló su labor con todo el esmero y dedicación posible, hubo momentos alegres y duras dificultades. Su don de gentes, oratoria, prudencia y rectitud le hicieron ganarse a toda la comarca. Tal fue el punto que, cuando abandonó su cargo de prior y con ello también el santuario, los alcaldes de la comarca recogieron firmas entre el pueblo para que los superiores lo mantuvieran en el cargo más años. A todo esto, él siempre dejaba obrar a Dios considerándose “un servidor”.

Iniciada la Segunda República, el P. Alberto Mª Marco fue nombrado secretario del padre provincial. En 1934 co-fundó la primera comunidad carmelita en Cogullada (Zaragoza,) a la par que era prior del seminario de Vila-Real (Castellón). En un capítulo provincial celebrado en 1935, se le confirmó como en su cargo de secretario y aparte de esto, en el de prior del convento de la calle Ayala de Madrid. Este cargo fue uno de los últimos que ejerció, y como en los demás, era admirado por todos los que lo rodeaban. Para todo tipo de personas era accesible, no descuidaba sus celebraciones, sermones, dirección de almas y confesionario. Se desvivía por atender la comunidad religiosas, así como a los enfermos que solicitaban los sacramentos. Su devoción por el escapulario carmelita y por el Sagrado Corazón lo hacía propagarlo en todo momento y en cualquier ocasión. Hasta hoy nos ha llegado cómo después de una conversación con un anarquista que empezó de malas maneras, acabó en la conversión de éste y en la asistencia por parte del Beato en sus últimos momentos.

Martirio
A pocos días de comenzar la Guerra Civil, el Beato Alberto Mª Marco fue amenazado de muerte. A él y su comunidad les amenazaron con quemarlos y arrastrarlos por todo Madrid. Él, muy consciente de lo que podía pasar, buscó refugio para todos los religiosos del convento. Algunas personas le advirtieron de que marchara a un lugar seguro, porque seguramente, dado el caso, él sería buscado y detenido. A todo esto, contestaba: “Sé que las horas presentes son muy graves, pero el capitán de un navío no debe abandonar su puesto en las horas de mayor peligro”. También fue aconsejado insistentemente de que no saliese a la calle vestido con el hábito, porque empezaba a ser peligroso, él serenamente decía: “Si es que ha llegado mi hora, tengo que morir vestido con el hábito de fraile. Si muero, mucho ánimo; lo que no quiero es que lloréis porque, al fin de cuentas, si soy mártir, me iré al cielo. ¡Qué más quisiera yo que morir mártir!”.

Lápida en honor a la memoria del Beato. Paracuellos del Jarama.

Lápida en honor a la memoria del Beato. Paracuellos del Jarama.

Comenzado ya el fatídico conflicto entre hermanos, el día veinte de julio de 1936, los carmelitas de Ayala celebraron una misa y una imposición de escapularios. Más tarde, todos los hermanos se repartieron por las casas particulares que habían buscado, abandonado el Beato Alberto Mª Marco el convento en último lugar. Al abandonarlo, se instaló clandestinamente y vestido de segla, en un piso de la calle Velázquez. No permaneciendo en cada una de las casas que se alojó largo tiempo, fue nuevamente a parar a la calle Velázquez, esta vez a la casa de una hermanas feligresas del convento de Ayala. Aquí permaneció tranquilo y preocupado a la vez. Celebraba misa a diario y rezaba el rosario, hacía su vida de religioso tal como tenía por norma. Estas prácticas religiosas fueron escuchadas por los vecinos y comunicadas sin miramiento a los milicianos. Este mismo día, treinta y uno de agosto, se presentaron en la casa, llamando bruscamente.

Los milicianos, al entrar en la casa y encontrarse con el Beato, le preguntaron de muy malas formas: “¿Es usted sacerdote?”, a lo que él serenamente contestó: “Sí, soy sacerdote y religioso”. Acto seguido fue interrogado y la casa de las señoras registrada y expoliada. Seguramente después fue conducido a la Dirección General de Seguridad y desde allí a la checa de Fomento. En esta checa fue sometido a interrogatorios y también a incitaciones de blasfemar contra Dios o alzar gritos subversivos que sirvieran de ejemplo a otros religiosos allí hacinados. También le propusieron que rechazara la religión y el sacerdocio, si lo llevaba a cabo sería liberado. A todo esto, se negó con todas sus fuerzas, no consiguieron arrancarle ninguna mala palabra, sino éstas: “Si por ser religioso y sacerdote van a fusilarme, deben tener bien entendido que cinco minutos que retrasen la ejecución me los quitan de gozar de Dios en el cielo”. Y cuando éstos hacían hincapié en que su actividad era subversiva con la República, sólo decía: “En mis sermones nunca hablo de política, sino de Dios, porque mi misión es predicar a Jesucristo”.

El día dos de septiembre de 1936 lo llevaron hasta la Dirección General de Seguridad, y al día siguiente hasta el colegio de los religiosos escolapios que estaba haciendo las veces de cárcel. Lejos de pensar que le quedaba poco en este mundo, alentaba a sus compañeros, rezaba el rosario, los confesaba, comentaba el evangelio del día y, en definitiva, creó un ambiente de hogar. Estos compañeros decían, maravillados con su personalidad y trato: “La prisión no es prisión en compañía del Padre Alberto”.

El obispo de Albacete con una reliquia ex indumentis del Beato.

El obispo de Albacete con una reliquia ex indumentis del Beato.

Enfermo por las dolencias de estómago e hígado que ya arrastraba, y que durante el encierro se agravaron, fue levantado de su camastro con estas palabras: “Levántate, pájaro, que pronto vas a morir”; “¡Sea lo que Dios quiera!”, dijo muy tranquilo el Beato. Estas últimas horas las pasó sereno, o eso era lo que aparentaba, delicado de salud, sus compañeros le ayudaron rezar y él interiormente se preparó para el momento. Por medio de una falsa miliciana le hizo llegar a una de sus protectoras una nota en la que avisaba de su inminente final, decía: “Rogad por mí; nos veremos en el cielo”. Con mucha prisa por parte de los carceleros fue sacado de la cárcel, maniatado, le dio tiempo de despedirse de sus compañeros brevemente, tocando las cabeceras de sus camastros entre los barrotes. En el patio de la cárcel, antes de subir al camión, hizo el gesto de bendecirlos a todos y animándoles a que el pánico no se apoderara de ellos, les dijo: “¡Ánimo, hermanos, muramos por Cristo!”. Esa misma noche, siendo ya veinticuatro de noviembre de 1936, en una de las tristemente famosa “saca de prisioneros”, moría fusilado en Paracuellos del Jarama (Madrid), el Padre Alberto María Marco Alemán, tenía cuarenta y dos años, y se cree que murió gritando: “Viva Cristo Rey.

Sus compañeros de martirio fueron 159 hombres y entre ellos algunos religiosos y sacerdotes diocesanos. Los vecinos del pueblo vieron cómo caían a las enormes fosas (más de cincuenta metros de largas) después de escucharse las ráfagas de balas. En la fosa número cuatro de este cementerio de mártires de Paracuellos del Jarama se levanta un lápida en su memoria. Su cuerpo, a pesar de que se tiene la certeza de que está en dicha fosa común, no está localizado y por tanto no ha sido exhumado con motivo de la beatificación, exactamente igual que otros muchos que allí descansan.

David Garrido

Bibliografía:
– Rafael María López Melús y Juan Gil Aguilar, carmelitas, Beato Alberto Mª Marco Alemán, mártir carmelita 1894-1936, AMARCAR.
– Miguel Mª Arribas, O. Carm. P. Alberto Marco y compañeros carmelitas, PP Carmelitas, Salamanca 2013.

Enlace consultado (20/05/2015):
– http://elblogdejoaquinmedina.blogspot.com.es

Beata Irene Stefani, virgen misionera de la Consolata

Foto de la beata en el 1914.

Foto de la beata en el 1914.

Aurelia Mercedes Stefani (así se llamaba) nació en Anfo, en el Val Sabbia (Brescia) el día 22 de agosto del 1891, siendo hija de Juan Stefani y Anunciata Massari, personas que profesaban una fe muy profunda y muy valiente. Era la quinta de doce hermanos y fue bautizada al día siguiente de su nacimiento. Era una niña muy guapa y muy viva y desde muy joven demostró una fuerte sensibilidad hacia el apostolado entre sus compañeras, sus familiares y las personas mayores que ellas, todo unido a una fuerte dimensión caritativa, algo que la caracterizó sobremanera a lo largo de toda su vida. Constantemente pensaba en los pobres, ayudaba a los ancianos, cuidaba a los enfermos, reservándose siempre los trabajos más pesados y más humildes. Esta forma de ser, esta entrega a los demás estaba tan arraigada en ella que con solo trece años de edad ya le dijo a sus padres: “Yo seré misionera”.

Este deseo tuvo que posponerlo a causa de la muerte de su madre, lo que hizo recaer sobre ella la tarea de educar y catequizar a sus hermanos más pequeños. Su propia familia y su parroquia, en la que estaba fuertemente comprometida, fueron sus primeros campos de apostolado y por eso allí la conocían como “el ángel de los pobres”. Finalmente, el 19 de junio del año 1911, cuando tenía diecinueve años de edad pudo realizar su deseo. Dejó su pueblo y se marchó a Turín ingresando en el Instituto de las Misioneras de la Consolata, que un año antes había sido fundado por el beato José Allamano. El fundador la recibió con los brazos abiertos y junto con otras compañeras, vistió el hábito religioso el día 12 de enero del 1912 tomando el nombre de Irene. El 29 de enero del año siguiente, hizo la profesión religiosa y anotó lo que sería su lema de vida: “¡Solo Jesús! ¡Todo con Jesús, toda para Jesús, todo para Jesús y nada para mi!”.

Acabada su preparación, a finales de ese mismo año marchó entusiasmada hacia Kenia, siendo plenamente consciente de las dificultades que le esperaban, ya que la evangelización del país estaba en sus inicios y prácticamente no existían ni escuelas ni servicio sanitario. A Kenia llegó en el mes de enero del 1915 y se encontró un panorama realmente desolador: tuvo que adaptarse a una cultura nueva, tuvo que deshacerse de determinados prejuicios previos, tuvo que aprender un idioma nuevo que le era totalmente desconocido. Pero no se acobardó y con total humildad y llena de fe y esperanza se reafirmó en su lema: “Jesús es el Salvador y vino a salvar también a los hijos de este pueblo”. Al poco tiempo de llegar, los efectos de la Primera Guerra Mundial también llegaron a las colonias de ambos bandos y esto hizo que, de manera involuntaria, muchos misioneros se vieran implicados.

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Foto de la beata realizando una visita médica en el campo de Dar es-Salaam (Tanzania).

Su actividad misionera se vio marcada por dos hitos o etapas fundamentales en los cuales se manifestó su personalidad humana y religiosa. El primero fue el pasado en lo que eufemísticamente podríamos llamar los hospitales militares, organizados para atender a los portadores africanos enrolados para transportar el material bélico entre las colonias británica y alemana durante la Primera Guerra Mundial. Sor Irene tuvo que realizar labores de enfermera de la Cruz Roja tanto en Kenia como en Tanzania en esos hospitales de campo, en los que fueron atendidos muchísimos miles de nativos que fueron movilizados por los ingleses para defender y ensanchar sus fronteras. En grandes carpas eran hacinados los enfermos, sin ningún criterio sanitario, muchas veces maltratados y prácticamente abandonados a su suerte. En aquellas miserables condiciones, faltando de todo, ella tuvo que suplir la falta de medicamentos y de médicos, mostrándose como una religiosa cercana que daba consuelo y cariño a los allí “hospitalizados”. Entre tantas lenguas y dialectos, con un hedor insoportable, estaban mezclados enfermos de todo tipo que padecían heridas y enfermedades muy distintas.

Estuvo en estos “hospitales” en Voi, Kilwa y Dar-el-Salaam en Tanzania. Eran en realidad un infierno donde ella parecía ser el único ángel que los lavaba, medicaba, vendaba llagas y heridas, distribuía la comida y otras muchas más actividades, haciéndolo con un cariño y una delicadeza que a todos dejaba desconcertados. Era la caridad personificada, capaz de conquistar la admiración de muchos musulmanes, de muchos médicos sin escrúpulos e incluso de algunos torturadores que sin ambages decían: “Esta hermana es un ángel”. Aprendió las palabras fundamentales en diferentes lenguas a fin de poder consolar y animar a los enfermos a muchos de los cuales, incluso les hablaba de Jesús. A muchos preparó para el bautismo y se pueden estimar en más de tres mil personas las que voluntariamente fueron bautizadas estando en peligro de muerte.

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

Tumba de la beata en Ghekondi (Kenia).

La segunda gran etapa de su vida misionera transcurrió en la misión de Ghekondi (Kenia) entre los años 1920 al 1930. Allí, entre los agikuyus, se entregó totalmente a la evangelización con un inagotable espíritu apostólico. En un ambiente que era completamente refractario a la enseñanza, ella fue una maestra infatigable que incluso iba por el campo buscando a jóvenes y adultos para que asistieran a la escuela. Hacía de enfermera, de partera, de visitadora familiar y a todos llevaba palabras y acciones llenas de afecto y de solidaridad. Asimismo, salvó a muchísimos niños que eran abandonados por sus padres para que practicaran con ellos la brujería. Tanto era su trabajo, tanto era su amor que empezaron a conocerla y llamarla “Nyaatha”, que significa “madre misericordia”.

Acogía y agasajaba con innumerables atenciones a todas las hermanas que llegaban a la misión, ya fuera para quedarse o que simplemente estuviesen de paso. Seguía amorosamente la pista a todos aquellos que se veían obligados a emigrar a Nairobi o a Mombasa y a cuantos se desperdigaban por otras aldeas y lo hacía escribiéndoles numerosas cartas, haciendo de intermediaria entre ellos y sus analfabetas familias. A los nativos cristianos los exhortaba a seguir firmes en la fe e incluso alentó a quienes llegaron a ser los primeros seminaristas nativos.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Traslado a su sepultura actual después de su exhumación en el 1955.

Como todo el día se lo pasaba trabajando, después de jornadas agotadoras, esta labor epistolar la realizaba por la noche a la luz de una linterna. Su deseo de dar a conocer a Cristo y su evangelio le quemaba el alma, por lo que acudía a todas partes aunque a veces fuera recibida con ofensas. Cuando tenía unos treinta y nueve años de edad, sintió una especie de llamada interior que le exigía el sacrificio supremo de su vida, a lo que se ofreció de manera voluntaria. Solo dos semanas después de este “ofrecimiento”, asistiendo a un enfermo de peste que murió en sus brazos, contrajo la misma enfermedad que en muy pocos días hizo que ella también muriese. Era el 31 de octubre de 1930 y, como he dicho, tenía treinta y nueve años de edad. Al difundirse la noticia de su muerte, los nativos acudieron en masa a la misión para verla por última vez, superando el supersticioso temor que en aquel tiempo sentían hacia los muertos.

Este heroico testimonio fue evidenciado por todos los africanos, cristianos o no, quienes manifestaban que no había muerto por la enfermedad, sino que había muerto por amor. Era realmente una “Nyaatha”, una mujer que era toda misericordia, toda compasión, toda bondad.

Medio siglo después de su muerte, en el año 1984, su Causa de beatificación fue incoada en las diócesis de Nyeri (Kenia) y Turín (Italia). El “Nihil obstat” se recibió el 24 de julio de 1985. Fue declarada Venerable mediante decreto del Papa Benedicto XVI fechado el 2 de abril del 2011. El decreto que reconoció el milagro previo a la beatificación fue promulgado el 13 de junio del pasado año y finalmente será beatificada mañana en Nyeri (Kenia) en una ceremonia presidida por el cardenal tanzano Policarpo Pengo.

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Tumba actual de la beata en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Sus restos, exhumados en el año 1995, se veneran en la iglesia de la Consolata en Nyeri-Mathari (Kenia).

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Mina, G.P., “Suor Irene narrata dai suoi africani”, Grugliasco, 1988
– Patta, A., “Un’assistente sociale nella vigna di Dio”, La Spezia, 1990
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, Apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlaces consultados (26/04/2015):
– www.irenestefani.altervista.org
– www.suorirenestefani.org

Santa Juana Emilia de Villeneuve, fundadora

Lienzo-retrato de la Santa.

Lienzo-retrato de la Santa.

Nació en Toulouse (Francia) el día 9 de marzo del 1811, siendo la tercera hija del marqués Louis de Villeneuve y de su esposa, Rosalie Avessens, ambos pertenecientes a la nobleza. Cuando sólo tenía cinco años de edad, debido a la precaria salud de su madre, la familia tuvo que marchar al castillo de Hauterive, situado en las cercanías de Castres, donde su padre tenía una empresa de procesamiento de cuero en la que daba empleo a un numeroso grupo de trabajadores. Su padre tenía un profundo sentimiento social que llevó a la práctica organizando curso de aprendizaje para los jóvenes, creando organizaciones asistenciales y ayudando de numerosas maneras a todos los necesitados. Fue un gran ejemplo para Juana Emilia.

Educada y cuidada por su madre con la ayuda de sus dos hermanas mayores, creció en un ambiente profundamente cristiano en el que se realizaban numerosas obras de caridad. Pero la muerte de su madre, ocurrida en el año 1825 cuando ella solo tenía catorce años de edad y la consiguiente dependencia de las tres hermanas de la custodia de la abuela paterna que vivía en Toulouse, hizo que desde ese momento ellas entraran en contacto con un género de vida mucho más mundano, distinto al vivido hasta ese momento. Tres años más tarde, murió su hermana mayor llamada Octavia, y esa desaparición, ocurrida en plena juventud, la golpeó dolorosamente.

Desde ese momento, Juana Emilia se orientó hacia las obras de piedad, confiando profundamente en la Santísima Virgen a la que consideraba su confidente, a quien contaba todas sus alegrías, todas sus dudas y todas sus tristezas. Confió su dirección espiritual a un jesuita residente en Toulouse, el padre Le Blanc, quien la guiaría mientras estuvo en aquella ciudad.

Primera sepultura de la Santa.

Primera sepultura de la Santa.

Cuando murió su abuela, con diecinueve años de edad, retornó al castillo de Hauterive, y allí comenzó a vivir una vida apartada, con la sola compañía de algunas antiguas amigas, especialmente de Coralie de Gaïx. Al confiar su padre plenamente en ella, la puso al cuidado de la casa y de la organización de la misma, lo que le dejaba plena libertad para llevar a cabo su responsabilidad como alcalde de Castres. Ella cumplía con esa misión, pero la compaginaba con la realización de obras de caridad, con la organización de pequeñas comunidades juveniles, con todo tipo de obras sociales y con la ayuda a los sacerdotes locales de tal manera que se ganó el apelativo de “señora vicepárroco”.

Cuando comunicó a su padre su decisión de entrar en las Hijas de la Caridad, este le pidió que reflexionara y que pospusiera su decisión durante cuatro años, pero Dios tenía otros proyectos para ella. Este tiempo de discernimiento no sirvió más que para reforzar su determinación, pero por inspiración de “un buen hombre” de aquella zona, reorientó su decisión determinando la creación de una nueva fundación, de una nueva familia religiosa. Cierto es que tuvo dudas, pero con el estímulo del arzobispo de Albi y junto con dos compañeras, el día 8 de diciembre del año 1836, vistió el hábito azul y profesó los votos religiosos; de esta manera surgió la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, las “hermanas azules”, como aun se las conoce.

Tumba renovada de la Santa.

Tumba renovada de la Santa.

Desde ese momento, Juana Emilia será la madre María y su primera obra será un taller de costura en el que enseñarles un oficio a las jóvenes más pobres y desatendidas, se encargó de la asistencia a los encarcelados y a las prostitutas, abrió escuelas en las localidades vecinas a Castres, en las cuales, las maestras eran las propias hermanas, se ocupó de los huérfanos, de las niñas, de los enfermos… realizará junto con sus compañeras toda una verdadera obra social inspirada en parte, en las obras que realizaba su propio padre.

En el año 1844 encontró al padre Libermán y con él, proyectó enviar hermanas de su Congregación a África “para dar a conocer a Dios y hacerlo servir y amar por los africanos”. Cuatro de ellas se embarcaron en el año 1847 con destino a Senagambia (lo que hoy es Senegal y Gabón), conocida en aquellos tiempos como el sepulcros de los hombres blancos. En 1846 abrió una casa-refugio en Castres a fin de acoger a las muchachas desorientadas, a las que había que tratar “con una santa dulzura y con un santo afecto”. Guió a su congregación con celo y energía, con dinamismo pero con mucho cariño. Se hacía querer y por eso era conocida – y no solo por las hermanas -, como la “Madre Buena”.

En el 1852 obtuvo el decreto que hacía de la congregación un Instituto de “derecho pontificio”, todo un privilegio que siempre había deseado ya que amaba profundamente a la Iglesia. Un año más tarde, sin que nadie pudiese preverlo, dimitió de su cargo como Superiora General, manifestando que ella también no tenía otra aspiración que la “felicidad de obedecer”. Fue sustituida por la hermana Hélène Delmas.

Urna con las reliquias de la Santa el día de su beatificación.

Urna con las reliquias de la Santa el día de su beatificación.

En el año 1854 se extendió por Castres una epidemia de cólera; de entre todas las hermanas de la casa, ella sola contrajo la enfermedad y así, el 2 de octubre, rodeada de sus hijas, murió en dicha ciudad, siendo la última persona víctima de la epidemia. En sus escritos, ella misma nos dice cual fue su verdadero carisma: “Las hermanas tienen como único objetivo procurar por todos los medios posibles la gloria de Dios y la salud de las almas, marchando siempre bajo la bandera de María. Nada debe desalentarlas cuando se trate de alejar a las pobres víctimas del peligro o de sustraerlas del abismo. Este es el propósito de esta Congregación y en cuanto a las obras que habrán de realizar, Dios no pone límites a nuestro celo, ni barreras a nuestra dedicación. Todo sea por la salvación de las almas, ya que de esta manera no correremos el riesgo de distorsionar nuestro objetivo”. Por esto, a los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, ella agregó el de “trabajar para la salvación de las almas”.

Cuidar a los enfermos, atender a quienes eran abandonados y vagaban por las calles de Castres, educar a la juventud, visitar y atender a los presos, hacer realidad la justicia, la paz, el respeto y el cuidado de todos cuantos lo necesitasen, sin pedir nada a cambio, salvo una pequeña oración. Ese era el carisma de su Congregación. En la actualidad, su Congregación persigue estos mismos objetivos: la sanidad, la educación, las obras sociales, la ayuda a las parroquias… y por eso se encuentran presentes no solo en Europa, sino también en África, Asia y América. En Roma, la Congregación tiene una casa llamada “Il Romitello” en la que se atienden a los peregrinos que llegan a la ciudad eterna.

Urna con las reliquias de la Santa en la iglesia.

Urna con las reliquias de la Santa en la iglesia.

Su Causa de beatificación se inició en la diócesis de Albi en el año 1948, finalizándose el proceso informativo en el mes de febrero del 1950. Fue declarada Venerable mediante decreto emitido por San Juan Pablo II el día 6 de julio de 1991. El 17 de diciembre del 2007 se promulgó el decreto que aprobaba el milagro previo a la beatificación, ceremonia que se llevó a cabo en Castres (Francia) el día 5 de julio del año 2009. El día 6 de diciembre del año pasado fue promulgado el decreto reconociendo el segundo milagro, siendo canonizada por el Papa Francisco hace cuatro días en la Plaza de San Pedro.

Como el artículo parece algo corto, demos algunos datos acerca del milagro que ha llevado definitivamente a Santa Juana Emilia de Villeneuve a los altares. En el año 2008, Emilia María de Souza, una niña de unos nueve meses de edad, jugando con un ventilador recibió una fuerte descarga eléctrica que lo dejó totalmente paralizada. Cuando llegaron los sanitarios, la niña estaba en parada cardiorrespiratoria, por lo que el médico dijo a sus padres que estaba muerta. Aún así, intentaron reanimarla, y como a los veinte minutos mostró leves señales de vida, se la llevaron a la sección de pediatría del hospital Dom Malan. Pero así y todo, los médicos se reafirmaron en que, si la niña sobrevivía, quedaría ciega, sorda y muda e incluso incapacitada para caminar.

Ceremonia de beatificación de la Santa.

Ceremonia de beatificación de la Santa.

Aconsejados por Sor Ana Celia de Oliveira, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción que conocía a la familia, sus padres, inmediatamente, comenzaron una novena a la Madre Juana Emilia de Villeneuve, terminándola el día 29 de mayo. En la tarde del día siguiente, el estado clínico de la niña había cambiado por completo, y actualmente es una niña guapísima, completamente normal. El dictamen de los médicos dice textualmente: “Paro cardíaco respiratorio prolongado después de una descarga eléctrica… debiendo considerarse la total ausencia de consecuencias neurológicas que la ciencia no puede explicar”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Bernoville, G., “Émilie de Villeneuve, fondatrice des Soeurs Bleues de Castres”, París, 1949
– Rapetti, G., “Emilie de Villeneuve, Suor María”, Milán, 1953.
– VV. AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice I”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Enlace consultado (25/04/2015):
– www.cic-castres.org

Santa María Alfonsina Danil Ghattas, virgen fundadora

Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

Maryam Sultanah Danil Ghattas nació el 4 de octubre del año 1843 en Jerusalén, siendo hija de Daniel Meo-Francis Issa y Catalina Antoun Youssef. Fue bautizada el día 19 de noviembre de ese mismo año y confirmada por el Patriarca Latino de Jerusalén el día 18 de julio de 1852.

Deseosa de consagrarse a Dios en la vida religiosa, en el año 1856, con catorce años de edad, ingresó como postulante en la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición y el 30 de junio del 1860 tomó los hábitos, cambiando su nombre por el de María Alfonsina. Dos años más tarde realizó su profesión religiosa. Debido a que conocía perfectamente el árabe, su principal tarea fue la de catequista en las escuelas parroquiales, primero en Jerusalén y posteriormente en Belén. Durante esta experiencia educativa fundó la Confraternidad de las Hijas de María y de las Madres Cristianas, asociaciones que aún en el día de hoy están operativas en Tierra Santa.

A partir del 6 de enero del 1874, tuvo varias apariciones de la Santísima Virgen, que le pidió fundase la Congregación de las Hermanas del Rosario para que atendiera a las niñas palestinas y para que estuvieran al servicio de las actividades que organizaba el Patriarcado Latino de Jerusalén. La misma Virgen le habló del padre José Tannous, un sacerdote que pertenecía al Patriarcado Latino, a fin de que fuera su director espiritual y le ayudase en esta tarea. Por eso, en el año 1880, después de haber estado en la Congregación de las Hermanas de San José por espacio de veinticuatro años, tomó al padre Tannous como su director espiritual, y con su aprobación y obtenida las regulares dispensas eclesiásticas, junto con otras cinco jóvenes se marchó a una modesta casa donde el propio Patriarca les impuso el hábito de postulantes el día 15 de diciembre de 1881. El conseguir la dispensa del voto de obediencia a la Congregación de las Hermanas de San José y la autorización para ingresar en la nueva Congregación del Santo Rosario no le fue nada fácil, aunque la Santa Sede se la concedió el 12 de octubre del 1880.

Primer sepulcro de la Santa.

Primer sepulcro de la Santa.

Así, el 6 de octubre del 1883 ingresó en la Congregación de las Hermanas del Rosario, recibiendo el hábito de las manos del vicario patriarcal, y el 7 de marzo del año siguiente realizó la profesión religiosa junto con otras ocho hermanas, en una ceremonia presidida por el propio Patriarca. Desde ese momento y hasta el día de su muerte, participó activamente en la fundación de escuelas, confraternidades y talleres, tanto en Palestina como en Jordania, y colaboró en otros trabajos que ya estaban en marcha. No desempeñó tareas de relieve en su comunidad aun siendo la fundadora de la Congregación, llevando este rol en silencio y dejando en las manos del padre Tannous todo lo relativo a la organización de la misma.

En el mes de julio de 1885 marchó a Jaffa y fue en esa ciudad donde se produjo el famoso milagro del rosario. Una niña llamada Nathira cayó dentro de un profundo pozo y habiendo sido llamada la hermana María Alfonsina, ésta le echó su rosario al pozo y se fue a rezarlo a la iglesia en compañía de otras niñas. Terminado el rezo del rosario, Nathira había salido del pozo diciendo que el rosario había formado como una especie de escalera por donde ella pudo escalar y salir. Un año más tarde, fue a fundar una casa y una escuela a Beit Sahour; y en 1887, otra en Salt, que fue la primera fundación realizada en la entonces Transjordania. Después estuvo en Naplouse, aunque por razones de salud tuvo que regresar a Jerusalén. Una vez restablecida, fue a Zababdeh y más tarde, en 1892, a Nazaret donde estuvo cuidando al padre Tannous hasta el día de su muerte.

Exhumación de los restos de la Santa.

Exhumación de los restos de la Santa.

En el año 1893 abrió un taller en Belén para dar trabajo a las muchachas pobres y desocupadas de aquella población, donde permaneció trabajando de manera incansable por espacio de quince años. En el 1909 volvió a Jerusalén, donde permaneció hasta el 1917, año en el que se fue a Ain-Karem, con la intención de fundar un orfanato. Allí, los últimos años de su vida los vivió de una forma más o menos clandestina, apartada, dedicada a la oración, y allí murió el 25 de marzo del año 1927 rezando el rosario.

La simplicidad de su vida y su amor por el aislamiento hasta el punto de que no se la considerase fundadora de su Congregación, no impidieron a los que vivían juntos a ella que captasen sus virtudes y su santidad. Esta fama de santidad fue confirmada con hechos prodigiosos realizados tanto en vida como después de su muerte.

El proceso informativo diocesano fue abierto en el año 1986 por el Patriarcado Latino de Jerusalén y terminadas la investigación de su vida y obra, las actas fueron remitidas a la Santa Sede a fin de que se preparase la “Positio” sobre sus virtudes y su fama de santidad. Después de un estudio exhaustivo de su Causa, el Papa San Juan Pablo II ordenó la promulgación del decreto sobre las virtudes heroicas, confiriéndole el título de Venerable, el día 15 de diciembre de 1994.

Urna actual de la Santa.

Urna actual de la Santa.

La promulgación del decreto que reconocía el milagro previo a la beatificación se realizó el 3 de julio del año 2009, siendo beatificada por el cardenal Angelo Amato en Nazaret el 22 de noviembre de ese mismo año. El milagro de la canonización fue reconocido mediante decreto fechado el 6 de diciembre del año pasado y finalmente, ha sido canonizada por el Papa Francisco, el pasado día 17 (hace tres días) en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Angelini, G., “Las Hermanas del Santo Rosario en Jerusalén”, Roma, 1898
– Duvignau, P., “La Madre María Alfonsina y la Congregación del Rosario”, Jerusalén, 1975.
– Stolz, B., “Madre María Alfonsina del Rosario”, Jerusalén, 1935.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, apéndice II”, Città Nuova Editrice, Roma, 2000.

Enlace consultado (25/04/2015):
– www.rosary-cong.com