Leyendas Marianas (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Visión del monje: la Virgen ampara la Orden del Císter bajo su manto. Abadía de San Isidro de Dueñas, Venta de Baños (Palencia, España).

Iniciamos una serie de artículos destinados a divulgar brevemente algunas leyendas y tradiciones locales relacionadas con la Santísima Virgen María. Es una sección abierta donde animamos a los lectores que quieran a compartir algunos de estos episodios marianos que todos los pueblos cristianos tienen.

I.- La Virgen María y la Orden Cisterciense

(Leyenda renana del monje Cesáreo de Heisterbach)

En un convento de cistercienses vivía un monje, devotísimo de Nuestra Señora. Su pensamiento y su corazón estaban puestos siempre en Ella. Con suma diligencia le servía en todo aquello que, a su parecer, era del agrado de la Virgen. En atención a sus méritos, Dios le otorgó la gracia de ser transportado al cielo algunos años antes de su muerte. Inundado de gozo, saboreaba las delicias de los bienaventurados, que superaban con mucho todo lo que en la tierra podemos decir o pensar. Contemplaba, absorto, la multitud inmensa de los Santos, la diversidad de su gloria dentro de la común felicidad de todos. De repente, un pensamiento le turbó.

Comenzó a mirar inquieto a una y otra parte, y no veía a ningún religioso de su Orden entre los innumerables moradores de aquel lugar de felicidad incomparable. Lleno de ansiedad, cruzó su mirada con la dulce mirada de María. La Virgen leyó en aquellos ojos turbados toda la angustia que oprimía su corazón. Se acercó al piadoso monje, y éste le preguntó nervioso:

-¿Por que razón, celestial señora, no veo entre los bienaventurados a ningún representante de la Orden de los Cistercienses? ¿Acaso no son tus siervos? ¿No se esfuerzan en servirte haciendo cada día lo que a ti te agrada? ¿Por qué, entonces, son excluidos de tu compañía en la gloria? ¿Es que ninguno de ellos ha merecido todavía este premio?

Los interrogantes se agolpaban en la mente y en los labios del monje, que se hallaba totalmente desconcertado. La Virgen, conmovida por la turbación de aquel devoto suyo, le respondió:

-No te inquietes, hijo. Los monjes cistercienses son tan queridos para mí por la devoción que me profesan y el amor con que me sirven, que quiero tenerlos siempre muy cerca de mi corazón y no separarme nunca de ellos; por eso los llevo a mi lado, amparados en mi manto.

Y alzando sus manos desplegó la regia capa con que envolvía su cuerpo y allí apareció una multitud de cistercienses: sacerdotes, hermanos conversos y monjas, dando muestras de un gozo, una alegría y una satisfacción desusada en nuestra tierra. Con esta inesperada visión, el monje se alegró sobremanera y, como por encanto, se disiparon todas sus angustias y temores.

En aquel instante su alma volvió al cuerpo y se despertó de aquel prolongado letargo, en que anticipadamente se le había permitido contemplar la gloria del cielo. Lo primero que hizo, al recomenzar su vida ordinaria, fue narrar punto por punto a su padre abad todo lo que había visto y oído mas allá de las fronteras de la muerte. El abad, a su vez, contó lo sucedido en la reunión capitular que tuvo poco después con los restantes abades de la Orden. Todoa se alegraron mucho al escuchar las palabras de la Virgen y tener noticias de la suerte que aguardaba a los cistercienses al término de esta vida. Y a todos ellos les animó a esmerarse más cada día en el servicio a la Virgen y a enardecerse otro tanto en el amor a la celestial Señora.

II.- El Ángelus

(Leyenda bretona)

Cuando la campana mayor de San Gervasio anunció el Ángelus a los habitantes de Auray, como de costumbre todos se descubrieron y doblaron la rodilla para rezar la oración bendita.

-¿Y por qué hoy el sacristán ha tocado la campana gruesa?- pregunto Ivonita a su anciano abuelo.

-Te lo voy a contar, respondió este.

Era Thurias un pobre hombre, que desde mucho tiempo tenia su corazón consumido por la tristeza. Los azules habían matado a sus dos hijos en una casita de la calle de Faves, y de pena, sus cabellos se volvieron blancos en la misma noche de su desgracia. ¡Oh, sí, verdaderamente era muy desgraciado Thurias! Tan desgraciado, que el diablo, un viernes, le hizo ir a Gumenen para ahorcarse. Cuando ya tenía la cuerda al cuello y el pobre Thurias iba a apretar el nudo, sonó el Angelus en la parroquia de San Gervasio.

-Al oír la campana saludaré primero a Nuestra Señora -dijo Thurias-y luego me ahorcaré.

Y arrodillado, santiguóse muy devotamente y rezó la oración de Ángelus. Ningún día de su vida había faltado a esta devoción. Era de Auray.

Es de creer que la Virgen misma a cada Ave María aflojaría la cuerda, porque cuando Thurias, al fin, quiso ahorcarse, caída de su cuello, estaba en tierra. Thurias lloró mucho tiempo, y su alma quedó salva, porque la Virgen le había protegido.

Al morir, quiso Thurias que, los viernes, la campana gruesa de Auray tocase el Ángelus, y en este día, el diablo, mientras dura el tiempo de oración, se ve precisado a ponerse de rodillas en el camino de Gumenen, y no puede tentar en el alma de ninguno de aquellos que oyen el Ángelus el viernes.

III.- Caridad recompensada

Cuenta Mons. Dorousseau, obispo de Tournai, en Bélgica, que un compañero suyo de la infancia, en Hall, donde existe un santuario de la Santísima Virgen, siendo niño aún, se cayó a un río. La niñera perdióle pronto de vista. Pero un hombre que pasaba por allí, viendo al pequeño en el agua, se arrojó al río y lo salvó. El niño, incapaz de dar el nombre de sus padres, indicó a medias palabras la dirección de la casa en que vivía, y pudo ser entregado a su madre.

Ofrecieron dinero al generoso salvador, pero éste lo rehusó. Le pidieron que al menos recibiese, como recuerdo, la medalla que el niño tenía al cuello y dijese todos los días: “Nuestra Señora de Hall, ruega por nosotros”. El hombre, haciendo un gesto de desprecio, añadió:

-No tengo fe en estas cosas.

Iba ya a retirarse, cuando la madre del niño insistió:

-No puede usted marcharse sin llevar un regalo del pequeño. Tome, tome esta medalla.

-En fin -repuso-; este niño me interesa, ya que le he dado de nuevo la vida. Esto no me va a hacer ningún mal; así, ¿qué tengo que decir?

-¡Nuestra Señora de Hall, ruega por nosotros!

-¡Está bien, aceptado!

Y se retiró sin que nadie volviera a saber de él. El niño se llamaba Hubert. Más tarde, entró en la Orden de los Premonstratenses e hizo sus estudios teológicos. Al acercarse su ordenación sacerdotal, sintió vehementes deseos de hacerse misionero. Esta idea era una verdadera obsesión. Pero la Orden Premonstratense no tenía en aquel tiempo misiones en parte alguna. Los superiores juzgaron sus deseos una mera tentación. Recibió la ordenación sacerdotal.

En una ocasión, ya sacerdote, cayó gravemente enfermo de cierta molestia misteriosa, que los médicos no acertaban a diagnosticar. Uno de ellos aventuró cierto día su parecer:

-Tal vez un clima muy caliente podrá salvar al enfermo.

Los superiores quedaron perplejos, sin saber a dónde enviar al paciente. Providencialmente recibió el padre superior por aquellos días una carta. Venia de la colonia de Cabo, en el África del Sur, y decía entre otras cosas:

-¿No podría usted enviarnos alguno de sus padres? Estoy solo, en un gran hospital.

El doliente mejoró de forma que pudo emprender el viaje y partió; le guiaba la providencia, la economía milagrosa de la gracia de la Santísima Virgen. En el hospital de la misión mejoró aún con mayor rapidez.

Un día la enfermera envió a llamarle con toda urgencia.

-Padre, un viajero ha sido recogido en el camino, va a morir. Habla una lengua desconocida. Parece que blasfema…

El padre Hubert corrió a la cabecera del enfermo. Sin embargo, su presencia irritó más al doliente. Todos los recursos que quiso poner en práctica resultaron estériles. Para no ocasionar mayores blasfemias, el padre Hubert iba a retirarse con el corazón angustiado. Al dirigir su última mirada al moribundo, vio que una cosa relucía en su pecho. Volvió sobre sus pasos y le dijo al enfermo:

-Amigo mío: tenéis una medalla de María, señal de que la amáis. Estáis salvado…

El enfermo, algo más tranquilo, dijo:

-Esta medalla tiene una historia. Es el recuerdo de un niño a quien salvé yo en un río. Por causa de esta medalla, todos los días digo estas palabras:“Nuestra Señora de Hall, ruega por nosotros”. Pero ¿por que lloráis?

-Aquel niño soy yo -repuso el sacerdote- Mi madre me contó cien veces esa historia y la Santísima Virgen me ha traído al África, misionero de una sola alma, para salvar a mi salvador…

El holandés también comenzó a llorar, la gracia se había apoderado de su alma, y, arrepentido, recibió el perdón sacramental. El padre Hubert, completamente restablecido, regresó a Bélgica, dos veces salvado en el cuerpo por aquel cuya alma había salvado prodigiosamente la Santísima Virgen.

Fuente: CORREDOR, Fray Antonio, “Leyendas Marianas”, Ed. Apostolado Mariano.

Abel

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

9 pensamientos en “Leyendas Marianas (I)

  1. Te doy las gracias, Abel, porque debido a este artículo he podido identificar correctamente la imagen que adorna el artículo, que he facilitado para el mismo. Esta estampa es cortesía de Harold y la tengo por las monjas mártires. Si alguien tiene idea de quiénes pueden ser ellas, por favor, agradecería muchísimo algo de información. Me consta que hubo algunas cistercienses mártires en Polonia y otras durante la Revolución Francesa, pero, ¿están realmente representadas aquí?

  2. Mel, si esta imagen representa a santos dentro de la Orden Cisterciense no sera muy dificil.
    ¿Las que llevan corona seran las martires,no?
    No creo que haya tantas reinas,jejeje.
    Si se supiera el año de realizacion de esta obra resultaria mas facil.

    • No, porque hay monjas coronadas que no llevan palma de mártir.
      La corona simboliza casi siempre origen noble o real. O sea, hijas, hermanas, esposas, viudas de nobles o de familia real. No necesariamente reinas, porque las reinas no podían profesar, al menos hasta enviudar y retirarse de la vida pública.
      Imagino que las mujeres que profesaran en el Císter vendrían de buena familia, pues era necesario aportar dote al convento, si mal no recuerdo.
      No pone ninguna fecha en la estampa.

  3. Que son santos y santas cistercienses está clarísimo: por el hábito, el fundador, la abadía que la edita, el detalle de aparecer bajo el manto de la Virgen, etc. Ahora, intentar identificar a cada uno ya es para “matrícula cum laude”.
    Gracias Abel

    • En realidad yo tampoco pretendo identificar a las monjas. Es simplemente, saber las mártires cistercienses que hay. Ahí simplemente puede haber tres o cuatro como representación, sin que en realidad aludan directamente a ellas.

  4. Perdón si me atrevo, pero valga decir unas cositas sobre la estampa: da la impresión que los únicos santos que se representan “a título personal” son los padres del Císter: Roberto (único con cogulla negra) Alberico y Esteban (y tal vez Bernardo, que sería el que lleva la cruz, aunque no estoy seguro de éste). Y me parece interesante que solo se representen a monjes profesos solemnes (que sólo podían serlo los hombres y mujeres de ascendencia noble) y a algunos caballeros de ordenes militares (probablemente de la orden de Calatrava, que era filial del monasterio blanco de Scala Dei) y no a los hermanos conversos, a tenor de la leyenda que se nos ofrece más abajo… y también muy curioso notar que el vidente que figura en la estampa, use traje que más parece de oblato benedictino que de monje cisterciense.

    • Gracias Dairon, de hecho, estoy de acuerdo contigo. A las mujeres las han puesto simplemente como representación genérica, unas cuantas abadesas, unas cuantas místicas, unas cuantas mártires, unas coronadas y otras no… pero parece que realmente no represente a ninguna Santa o Beata en concreto.

      • Igual, me queda la duda de por qué esa representación tan extraña del vidente, y más si la estampa proviene de un monasterio del Císter… y ese monje colado, de hábitos color café, cual si fuese hermano mínimo? Ojalá se pueda dar una explicación al misterio, tanto más si recordamos la antigua rivalidad entre monjes negros y blancos…

  5. rivalidad entre monjes blancos y negros!!!……….por favor les pido encarecidamente esriban un articulo sobre ese tema!!!,….lei algo de eso en la wikipedia pero la informacion me parecia muy corta me encantaria que pudieran escribir mas sobre ese tema por favor!!…

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