Los reformadores del Carmelo

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Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, reformadores del Carmelo

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús? En cuanto a su espiritualidad. Déjeme explicarme: es decir, Santa Teresa reforma la rama femenil de las CARMELITAS mientras San Juan la varonil. Es decir ¿uno como varón (o sea yo) digamos puede seguir más la espiritualidad de San Juan que la de Santa Teresa pues es mujer? Se que la santa tuvo relación con un fraile franciscano Fr. Pedro de Alcántara. ¿Cuál cree que fue la influencia espiritual que ejerció él santo sobre Santa Teresa? Dios les Bendiga. Espero su respuesta. México.

Respuesta: Digamos que en el año 1557 (teniendo Teresa 42 años de edad y siendo monja desde el año 1537) es cuando, según ella misma escribe, se realiza su conversión definitiva. Empieza a experimentar gracias místicas, ayuna y se mortifica frecuentemente, es incomprendida por las monjas y por algún que otro confesor, etc. Aunque ya entonces, San Francisco de Borja dice textualmente refiriéndose a ella: “todo esto es obra de Dios”.

Desde el año 1560 al 1562, el franciscano San Pedro de Alcántara, que es el confesor de Santa Teresa, la ilumina, la reconforta, la sostiene espiritualmente… y es en estos años, cuando Santa Teresa tiene las grandes visiones místicas, los llamados raptos místicos y la famosa transverberación. Es también por esas fechas cuando tiene su célebre visión del infierno, del que llega a decir que “está tapizado de coronillas de curas”.

Emite nuevamente sus votos hechos en 1537, los renueva, y decide “seguir la Regla con la mayor perfección posible”, llegando a concretar con algunas hermanas este objetivo y decidiendo fundar un monasterio “donde se siga la Regla primitiva de la Orden más perfectamente”. Sabemos que por aquel entonces había infinidad de relajaciones en los conventos: las monjas eran tratadas como señoras teniendo incluso sus criadas…

Santa Teresa, ayudada por su confesor San Pedro de Alcántara hace realidad esta idea de fundar un convento el día 24 de agosto de 1562, el llamado monasterio de San José, un monasterio extremadamente pobre en una ciudad muy pobre: Ávila. Esto es mal visto en la ciudad, le llaman la atención sus superiores e incluso interviene en el tema el Consejo de la Ciudad (lo que hoy sería el Ayuntamiento). Sin embargo este hecho es defendido ardientemente por el célebre teólogo dominico Domingo Báñez, que le ayuda a obtener de la Penitenciaría Apostólica la aprobación definitiva el día 5 de diciembre de ese mismo año, o sea, solo unos meses más tarde. La eligen priora del monasterio a principios del año siguiente, 1563.

El 17 de julio de 1565 el papa Pío IV confirma la concesión de la Penitenciaría Apostólica y en abril de 1567, el General de los Carmelitas, Fray Juan Bautista de Rossi, en la mismísima Ávila le autoriza a que funde otros conventos reformadores.

Y es entonces cuando se encuentra con San Juan de la Cruz, en 1567, en el monasterio de Medina del Campo. Juan quiere ser cartujo y Teresa le convence para que se haga carmelita descalzo y es desde entonces cuando ella se dedica a reformar el Carmelo femenino y él hace lo propio con el Carmelo masculino. Este tema puedo desarrollarlo muchísimo más, pero creo que no es necesario.

Con esta pequeña narración te señalo cuales fueron las relaciones entre los tres santos: Teresa de Ávila, Juan de la Cruz y Pedro de Alcántara. Teresa y Juan son los reformadores del Carmelo. Pedro es el confesor de Teresa, que la anima y conforta.

Y con respecto a Santa Teresa y la pregunta sobre qué hacer,  sobre si ha de seguir la espiritualidad de Teresa o de Juan, yo le diría que coja una sandía, la parta en dos trozos y coja el trozo que quiera: es la misma sandía.

Antonio Barrero

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10 pensamientos en “Los reformadores del Carmelo

  1. Excelente si señor, y en concreto magnánime sentencia final.
    y en cuanto a la pregunta inicial, yo creo que no hay que premeditar a quien seguir. Ni por ser hombre ni mujer. A espensas de ser cierto que hablamos de la misma “sandía”, es verdad que tienen sus características peculiares. Como en cierta ocasión leí en un artículo, san Juan diviniza lo humano, mientras que santa Teresa humaniza lo divino. Esto se puede observar en sus sendas obras.

  2. Estoy de acuerdo en que es un artículo excelente -yo pensaba que Santa Teresa ya era mística y “especial” desde joven, y la iluminación mira por dónde, le llegó tarde en la vida- y lo que me ha sorprendido es la pregunta. En cuanto a espiritualidad, hombres y mujeres no deberíamos ser diferentes, ni seguir un carisma en función de si lo ha inspirado un hombre o una mujer. Yo he leído poemas de Santa Teresa y poemas de San Juan de la Cruz y en ellos se respira el mismo espíritu, de hecho, si no supiera de quién es cada uno, ¡juraría que son de la misma persona!
    Por eso está acertadísima la metáfora de la sandía: en verdad Teresa y Juan son las dos caras de una misma moneda, comparten una misma espiritualidad.

  3. Los dos fueron muy prácticos al llevar a cabo su objetivo de reforma del Carmelo y los dos eran grandes místicos y tenían fama de serlos.
    De Santa Teresa se cuenta una anécdota muy curiosa. Tenía fama de mística, como he dicho, y un día fue invitada a comer en casa de una noble señora. En la mesa pusieron unas bandejas con palomas en salsa y como le gustaron, comía y comía. Una sirvienta empezó a murmurar creyendo que Teresa no la escuchaba. “mira la mística…, mucha oración y se está hartando de comer palomas”. Teresa la llamó y le dijo: “Cuando toca oración…, oración y cuando toca comer palomas…, comer palomas. Y siguió comiendo.

  4. Con lo interesante que deben ser los escritos de Santa Teresa y yo no he tenido suerte con el que cayo en mis manos.
    Me lo regalo un amigo (era el libro de las moradas),no se si fue por la mala epoca que estaba pasando entonces pero no me entere de mucho.
    A ver si me animo a releerlo un dia de estos.

  5. Con todo respeto, el artículo tiene enfoques incorrectos. Santa Teresa planificó y llevó a cabo la reforma de la rama masculina. San Juan de la Cruz, que no fue el primer descalzo, vivió la espiritualidad que la santa le planteó: el regreso a los orígenes de la Orden, mediante el eremitismo, pero incorporando a la vez, el afán misionero. Recalco que él no fue el reformador de la vida carmelitana, fue ella. Es una pena no se haya extendido más en este punto, que es el que motivó la pregunta.

    No hay contradicción en “seguir a uno o seguir a otro”, porque ambos integran el mismo ideal de vida espiritual en el Carmelo. Cada uno con su personalidad concreta, pero juntos.

    En cuanto a lo de “coronillas de curas” habría sido mejor no mencionarlo, puesto que en ninguna obra de Santa Teresa se lee eso. Lo mismo lo de las perdices, que no palomas, eso nunca sucedió.

  6. Estimado padre Andrés,
    Muchas gracias por su comentario a mi artículo y por corregirme en algunos enfoques dados por mi.
    Cuando digo que Santa Teresa conoce a San Juan en Medina del Campo, evidentemente él estaba en el Carmelo, pero dada la relajación de los conventos y aspirando él a una vida más austera, es por lo que entra en su cabeza el entrar en la Cartuja, de lo que le persuade Santa Teresa. No discuto en absoluto que la iniciadora de la reforme es ella, pero él la sigue haciendo lo propio en la otra rama.
    En cuanto a las dos anécdotas, entiendo que lo de “las coronillas” pudiera haberlo evitado, pero perdone mi insistencia, ella lo dice y en cuanto a las “palomas”, se habla de “palominos”, pero quizás ese término no se entendiera y por eso puse palomas.
    De todos modos le quedo muy agradecido por sus correcciones y le ruego encarecidamente siga haciéndolo en adelante. Yo también quiero aprender de los demás y, usted, al ser sacerdote, debe tener mucha más formación e información que yo en muchisimas cosas.

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