Martyrium: flagelación

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Martirio de Santa Bibiana", grabado de Robert Van Audenaerd, c. 168691. Original de Pietro da Cortona. Istituto Nazionale per la Grafica, Roma (Italia).

“Martirio de Santa Bibiana”, grabado de Robert Van Audenaerd, c. 168691. Original de Pietro da Cortona. Istituto Nazionale per la Grafica, Roma (Italia).

La flagelación sí fue uno de los métodos de tortura más preferidos por el régimen romano, aunque es anterior a él, y también posterior, pues fue muy empleado durante la Edad Media y Moderna y ha seguido usándose hasta la actualidad, especialmente por los regímenes islámicos más integristas. Y por supuesto, como mecanismo autoimpuesto de penitencia.

En la época romana existían diversas modalidades de flagelación, un tormento bastante subestimado cuyo horror difícilmente podemos imaginar, y que fue calificado por el mismo Cicerón como “la segunda muerte”. De los instrumentos empleados, los romanos distinguían el flagrum, que estaba formado por diversas correas acabadas en bolas de plomo, también se le llamaba plumbea y al tormento suplicia plumbea, que en los primeros golpes provocaba grandes abcesos y moratones, y en los últimos solía reventarlos, amén de romper huesos finos, como las costillas, con pasmosa facilidad. Más terrible que esto era el flagellum, que da nombre al tormento en sí, hecho con nervios de toro, muy flexibles y elásticos, acabados en ruedecillas de metal llenas de pinchos y trocitos de cristal que cortaban y desgarraban la carne. Lo usual era combinar ambos tipos de instrumentos y solía ser la primera pena sufrida por un condenado. El número de azotes estaba contado según orden del magistrado y no se daba ni uno más ni uno menos de lo estrictamente dispuesto, así como también estaba terminantemente prohibido apuntar al rostro, porque podía mutilar, pero se apuntaba sin ningún problema a nalgas, genitales y, en caso de mujeres, a los pechos.

Había otras modalidades, como la flagelación con varas o vergas (facies) que eran flexibles varillas de madera que no causaban mucha lesión pero sí un insoportable dolor. El uso de escorpiones, o azotes terminados en cuchillas y ganchos, era menos usual en ámbito romano pero lo tenemos documentado en el caso de Catalina de Alejandría. Finalmente, el famoso látigo de piel de toro o hipopótamo, que desprendía finamente la piel al primer golpe, es más propio de la zona oriental del Imperio y se documenta en época islámica hasta muy avanzada la Edad Moderna.

Martirio de la Santa. Relieve escultórico de Alfonso Giraldo Bergáz, c. 1770–1812. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid (España).

Martirio de Santa Leocadia. Relieve escultórico de Alfonso Giraldo Bergáz, c. 1770–1812. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid (España).

El tormento es mucho peor de lo que parece y podía matar, y de hecho mataba -lenta y dolorosamente- si no se ponía un límite. Es imposible hacer una lista de todos los mártires que lo padecieron porque se aplicó por sistema a la práctica totalidad de todos ellos (de hecho, era el único tormento que podía sufrir un ciudadano romano, ahí está el caso de San Pablo); pero sí podemos realizar, al menos, una lista de todas las mártires que murieron a consecuencia de ese tormento, porque se dispuso que así debían ser ejecutadas. Son, entre otras:

Santa Mesalina de Foligno (23 de enero): virgen discípula de San Feliciano, quien al visitar a su maestro en prisión para traerle comida, fue sorprendida por los carceleros y, al negarse a renunciar a la fe cristiana, azotada y golpeada en presencia del obispo hasta la muerte.
Santa Severa de Pyrgi (5 de junio): flagelada hasta la muerte con látigos rematados con bolas de plomo, junto con sus hermanos Marcos y Calendino.
Santa Agripina (23 de junio)
Santa Bibiana (2 de diciembre)
Santa Concordia de Roma (13 de agosto)
Santa Leocadia (9 de diciembre): no murió inmediatamente, pero recluida en cárcel la infección de las heridas acabó pronto con ella.
Santa Matrona (Madrona) de Tesalónica: a la que mató su ama a golpes de vara y de látigo.
Santa Mustiola: en su caso, se le ofreció parar los golpes una vez pronunciara su conformidad de sacrificar a los dioses, pero como no se dio tal pronunciamento, murió en medio del tormento.
Santa Poseidonia

Detalle del martirio de la Santa en las pinturas del ábside de su iglesia en Poble Sec, Barcelona (España). Fotografía: José Mª Ramón.

Detalle del martirio de Santa Madrona en las pinturas del ábside de su iglesia en Poble Sec, Barcelona (España). Fotografía: José Mª Ramón.

Para efectuar la flagelación se inmovilizaba a la persona sentenciada atándola a una columna baja desnuda y en público, por considerarse un castigo ejemplar. Era muy frecuente en el ejército, particularmente la modalidad del apaleamiento, para castigar la desobediencia o la insubordinación. Y aun después de que la persona azotada dejara de manifestar signos de vida, se le atravesaba el corazón con una daga -como sabemos del caso de Santa Bibiana- para cerciorarse de su muerte definitiva y no cometer el error y la impiedad de enterrar a alguien vivo. Se podía sobrevivir a la flagelación siempre que se garantizaran unas mínimas condiciones curativas e higiénicas, pero dado que éstas brillaban por su ausencia en las cárceles -salvo orden expresa del magistrado- era muy fácil morir por infección y hemorragias, como sucedió con Santa Leocadia.

Meldelen

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8 pensamientos en “Martyrium: flagelación

  1. Que el hombre siempre ha dado muestras de barbarie, es de todos conocidos, pero que aun hoy en día estos castigos se sigan practicando y “los paises civilizados” lo permitan, es algo de clama al cielo y que demuestra lo cobardes e hipócritas que somos, a niveles institucionales y a nivel personal. ¡Cómo tienen petróleo, pues a callar!
    Asco me da la sociedad en la que consentimos tremendas barbaridades a las que son sometidos algunos seres humanos independientemente de las causas que hayan motivado los castigos. Aun para castigar, hay que ser humanos.

    • Totalmente de acuerdo. El alcance de mi breve y limitado artículo se centraba, básicamente, en la flagelación a nivel de la antigua Roma, pero realmente ha sido una práctica común y constante en todas las culturas tenidas por “civilizadas”, que prosiguió en la Edad Media bajo las Iglesias cristianas, y que actualmente aún se da en los fundamentalismos islámicos, como muy bien nos recuerdas, Antonio.

      Así, “delitos” como la posesión de material pornográfico, beber alcohol, el adulterio o la homosexualidad, se castigan hoy en día y ahora mismo con penas que van desde los 300 hasta los 500 latigazos. Y eso en países tan relativamente ricos y prósperos como Arabia Saudí, Yemen, Egipto… si alguien creía que desollarle a una persona la espalda al más bruto estilo bárbaro era cosa del pasado, ya ha salido de dudas.

  2. Para imaginarse visualmente tal castigo tan solo hay que ver la pelicula de Mel Gibson “La Pasion”,parecia que sintiera cada latigazo que le daban a Jesucristo.
    Yo de verdad,que pensar que tales cosas pasen en el siglo en que vivimos..esto entre cientos de cosas iguales o peor.
    Aunque las comparaciones son odiosas,lo importante(desgraciadamente) es el dolor de quien siente la barbarie en sus carnes.

    • Y aún diría que Gibson se quedó corto, porque no está claro el número de latigazos asignado a Jesús y había un número concreto, ni más ni menos -la cifra que da Anna Katherina Emmerick en su obra es, desde luego, exageradísima-; además, por pudor en la película le ponen un taparrabos. Pero sí, digamos que no está nada mal reflejado.

  3. en México, se usa algún trapo como franelas, jergas, toallas mojadas y se dan de “latigazos” con ellas, esto es para “apurar” o forzar en el trabajo a personas esclavizadas (esto no es en sentido figurado).

  4. El momento de la flagelación ha dado lugar , qué contrasentido , a varios de los pasos de imaginería más bellos que yo recuerdo. Tanto en los andaluces como en los murcianos el dramatismo que nos muestra el rostro de Cristo en ese momento es realmente conmovedor y traspasa mucho más allá de lso que nuestra imaginación es capaz de alcanzar. Multitud de Cofradías y Hermandades han elevado este momento bíblico a categoría de arte popular sublime…

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