Iconografía y fiesta de San Bartolomé

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"San Bartolomé", lienzo de Domenikos Theotokopoulos "El Greco". Casa Museo del Greco, Toledo (España).

Pregunta: Hola, disculpen ustedes me podrían informar ¿por qué se celebra el 24 de agosto a San Bartolomé? Gracias. Guatemala

Respuesta: Los bizantinos (católicos y ortodoxos) celebran la festividad de San Bartolomé el día 11 de junio y los latinos, desde el siglo VIII, el día 24 de agosto. Los armenios la celebran los días 8 de diciembre y 25 de febrero. Los coptos y los etíopes, los días 18 de junio y 20 de noviembre. ¿Por qué esos días? Pues no hay causas explicables actualmente, porque como comprenderás, la fecha del martirio no se conoce. Es pura tradición.

Pregunta: ¿Me podíais dar alguna pista de la iconografía que acompaña a San Bartolomé? Es el patrono del pueblo pero su figura está tan arriba en el altar que apenas la veo. Un amigo me dijo que en ella se ve a San Bartolomé pisando una serpiente pero por mucho que busco, no encuentro iconografía del santo con este animal y en esa actitud. España

Respuesta: San Bartolomé, apóstol y mártir, aparece representado la mayoría de veces llevando un cuchillo, ya que según la tradición murió despellejado vivo. Es por eso que también suelen ponerle su propio pellejo colgando de una mano, lo que ya es de por sí un atributo muy desagradable (a veces incluso el propio santo aparece desollado).

Pero tiene otras iconografías que muy bien encajan con esto que me comentas de la serpiente. Es habitual que lleve, o un demonio, o un dragón encadenados, representando al Mal sometido. Es por ello que perfectamente puede aparecer, también, pisando una serpiente. ¿Por qué esto? Según la tradición predicó en Persia, donde quiso acabar con el culto al dios Astaroth. Por eso hizo destruir la imagen de esta divinidad y siempre según la leyenda, el demonio que habitaba la figura salió ululando en el momento en que ésta se rompió (es muy propio de la literatura hagiográfica esta escena, ya según ésta, los primitivos cristianos creían que las imágenes de los dioses grecorromanos eran demonios o que estaban habitadas por ellos). De ahí lo de dragón, serpiente, demonio encadenado, pisado o sometido: Bartolomé vence al Mal. (En realidad, Astaroth es uno de los  diversos nombres que se da al demonio, lo que venía a decir que era un ídolo “diabólico”, cosa que es muy del gusto de la literatura cristiana, pero que no tiene el menor fundamento histórico: los persas adoraban a un único dios, Ahura Mazda, y éste no era representable). Esperamos haberte sido de ayuda.

Antonio Barrero y Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Andrés de Betsaida: apóstol y mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Andrés apóstol. Tabla gótica de Simone Martini, siglo XIV. Metropolitan Museum of New York (EEUU).

Según el evangelio de San Juan, Andrés era natural de Betsaida (Galilea), pueblito junto al lago Genesaret (Io., 1, 44). Era hijo de Jonás y hermano de Simón (San Pedro). Padre e hijos eran pescadores. En aquella zona no debería ser extraña la cultura griega, ya que Andrés es un nombre griego, poco común entre los judíos. Aunque había nacido en Betsaida, vivían en Cafarnaúm, pescando en el Mar de Tiberíades y parece que no estaba casado, pues vivía con su hermano Simón (Mc. 1, 29). Su trabajo no le impedía ser discípulo de San Juan Bautista.

Juan el Evangelista, que narra la vocación de Andrés, también era seguidor del Bautista, pues cuando Juan el Bautista dice de Jesús: “He aquí el Cordero de Dios” (Io. 1, 36), lo siguen Andrés y Juan, pero son ingenuos y curiosos porque le preguntan a Cristo, ¿Dónde vives?  El Evangelio de Juan dice: “Al día siguiente estaba aún allí Juan y dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Lo oyeron los dos discípulos y siguieron a Jesús. Volviéndose Jesús y viendo que lo seguían, dijo: ¿qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que significa Maestro), ¿Dónde vives? Y les dijo: Venid y veréis. Fueron pues y vieron donde vivía y estuvieron con Él aquel día. Era como la hora décima. Andrés era uno de los dos” (Io. 1, 25-40)

¿Qué impresión recibirían de ese primer contacto con Jesús? Andrés, junto con Juan, fue el primer discípulo, por eso los griegos lo llaman πρώτη πρόσκληση (“el primer llamado”), cosa que no es del todo exacta, ya que fueron dos al mismo tiempo: Andrés y Juan. Andrés creyó en Jesús, pues fue adonde estaba su hermano y le dijo: “Hemos hallado al Mesías. Y lo llevó a Jesús. Jesús lo miró y le dijo: Tu eres Simón, el hijo de Jonás; tu serás llamado Cefas, que significa piedra”. (Io. 1, 41-42) Al principio no iba siempre con Jesús porque compaginaba esto con su trabajo de pescador, pero cuando Jesús volvió a Galilea encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente. Abandonaron todo y lo siguieron: familia, casa, trabajo, amigos… ¡tuvieron valor!

En el Colegio Apostólico, Andrés no fue un elemento directivo, pero en todo el Nuevo Testamento siempre figura en el primero de los tres grupos en que son divididos los apóstoles, aunque no siempre ocupando la misma posición. Mateo y Lucas lo ponen después de Pedro y antes de Santiago (Mt. 10, 2; Lc. 6, 14), mientras que Marcos y los Hechos lo ponen el cuarto, después de Pedro, Santiago y Juan (Mc. 3, 18; Hechos 1, 13). Y no son muchos los episodios evangélicos en los que se le mencionan explícitamente. Aunque hay un episodio curioso narrado en el Evangelio de San Juan: “Entre los que subían a adorar en la fiesta (en Jerusalén) habían algunos griegos. Estos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, rogándole: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe se lo fue a decir a Andrés y ambos se lo dijeron a Jesús” (Io.12, 20-23). Y ¿por qué recurre Felipe a Andrés? Pues porque los dos eran paisanos, de Betsaida y posiblemente había una gran amistad entre ellos.

"La vocación de San Andrés", óleo manierista de Federico Barocci, siglo XVI.

En el pasaje de la multiplicación de los panes (Io. 6, 5-10) se dice:”Alzó Jesús los ojos y viendo venir a mucha gente, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coman todos ellos? Decía esto para probarlo, pues Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno de ellos tome un poco. Dijo entonces Andrés, el hermano de Simón Pedro: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tantos? Dijo Jesús: Hacedlos sentar. Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron pues alrededor de cinco mil hombres…” Otra vez, Felipe y Andrés juntos. Está claro que había buena relación entre ellos. Se menciona también a Andrés en Mc. 13, 3 y Hechos 1, 3. Ya no existen otras menciones en el Nuevo Testamento. No existen elementos históricos seguros para reconstruir su vida y su apostolado después de Pentecostés.

¿Qué dice la tradición? Existe un escrito del siglo III llamado “Fragmento Muratoriano” que entre las líneas diez y quince dice: “que le aconsejaban a Juan que escribiese el cuarto evangelio; él dudaba y se lo consultó a Andrés. Andrés le dijo que lo hiciera y que luego todos lo revisarían”. Orígenes afirma que Andrés evangelizó Escitia (región entre los ríos Danubio y Don), el Ponto Euxino, Capadocia, Galacia y Bitinia y que desde allí, marchó a Acaya en Grecia. La capital de Acaya es Patrás. El Martirologio Jeronimiano recuerda el día 5 de febrero la consagración del obispo de Patrás por parte de Andrés y según la tradición, en Patrás sufrió el martirio en tiempos de Nerón, un 30 de noviembre atado en una cruz en forma de aspa. Posiblemente en el año 63.

San Gregorio de Tours, que vivió en el siglo VI en el “Liber de miraculis Andreae apostoli” describe la actividad apostólica de Andrés desde Jerusalén hasta Grecia, haciéndole pasar por las regiones cercanas al Mar Negro. Pero pronto la leyenda se apoderó de la vida de San Andrés. Desde finales del siglo II circulaba un texto llamado “Los hechos de San Andrés”, que son retocados, rehechos con posterioridad en más de una ocasión. Se trata de narraciones de fábulas románticas, de contenido predominantemente herético, que se escribe en ambientes dominados por los eucatritas y difundida también entre los maniqueos. Así lo dice San Agustín en su obra: “De fide, contra Manicheos”.

Restos de la cruz de San Andrés venerados en Patrás (Grecia).

Sin embargo, Amann dice que estos “Hechos de San Andrés” sólo tienen algunas inexactitudes teológicas, pero no una heterodoxia consciente y premeditada de su autor. En algunas de las manipulaciones de esta obra se supone que se inspiró una especie de circular que narraba el martirio de Andrés y que enviaron los presbíteros y diáconos de Acaya a todas las demás iglesias. Se dice en esa circular que fue condenado por el prefecto Egeas a morir atado a una cruz en forma de aspa (lo que ha venido a llamarse la cruz de San Andrés) y que murió después de estar tres días predicando. Una leyenda dice que Andrés, estando en Tracia, consagró al primer obispo de Bizancio (Constantinopla), pero eso es absolutamente falso ya que el primer obispo de Bizancio es San Mitrófanes, que vivió en el siglo V.

A mediados del siglo IV las reliquias de San Andrés fueron llevadas a Constantinopla y San Paulino de Nola dice que fue con la intención de poder competir con Roma, que poseía las de San Pedro. En el siglo XIII, los cruzados robaron las reliquias en Constantinopla y las llevaron a Amalfi (Salerno) en la Campania Italiana. Desde entonces, allí se encuentran.
En el año 1462, siendo Papa Pío II, la cabeza se llevó al Vaticano y en el año 1964, accediendo a los deseos del metropolita Constantino de Patrás, el papa Beato Pablo VI devolvió parte de ella a Patrás el día 23 de junio. Esta reliquia está considerada como un símbolo de unión entre Roma y Constantinopla. Desde entonces, todos los 29 de junio, festividad de San Pedro, una delegación del Patriarcado Ecuménico visita el Vaticano y todos los 30 de noviembre, festividad de San Andrés, una delegación del Vaticano visita el Patriarcado Ecuménico en El Fanar, Estambul (Turquía<).

Cráneo de San Andrés. Catedral de Amalfi, Salerno (Italia).

El culto al Apóstol es inmemorial tanto en Oriente como en Occidente. Existen numerosos testimonios: en Milán en tiempos de San Ambrosio, en Brescia (Italia) y Rouen (Francia) desde el siglo V. En Roma, el papa San Simplicio (468-483) le dedica la primera iglesia; el papa San Símaco (498-514) le consagra una de las rotondas construidas al sur de la primitiva basílica vaticana y San Gregorio Magno (590-604) erige en su honor un monasterio en el Monte Celio. En Ravenna se desarrolla su culto desde el siglo V y en España, la Liturgia Mozárabe lo celebraba con Misa y Oficio propios.

Altar de las reliquias de San Andrés. Patrás (Grecia).

Hablar de su culto en Oriente daría para un artículo entero.
Se le representa como persona mayor, de rostro severo y con barba, normalmente agarrado a un libro y su cruz.

Para escribir este artículo he utilizado: El Nuevo Testamento, el “Acta Apostolorum apocrypha” publicado en 1898, el “Sinaxario Constantinopolitano<”, col 265-266, el “Martirologio Romano”, el “Martirologio Jeronimiano” así como los trabajos sobre Historia Eclesiástica, realizados por el profesor Gordini del Seminario Pontificio de Bolonia (Italia).

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Juan Duarte Martín: el diácono mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato Juan Duarte Martín

Juan Duarte Martín era un joven de 24 años, natural de Yunquera (Málaga), hijo de una familia de labradores, que el 7 de noviembre de 1936 dio su vida por la fe y por la castidad, con gran valor, después de ser torturado durante una semana. Con lo cual demostraba a sus asesinos que su amor por Cristo era más fuerte que el odio que ellos sentían. Nació el 17 de Marzo del año 1912 en Yunquera, a 65 kilómetros de Málaga, situado en un valle de la periferia oriental de la serranía de Ronda, entre la Sierra de Prieta y Sierra de las Nieves. Sus padres fueron Juan Duarte Doña y Dolores Martín de la Torre. De su matrimonio nacieron diez hijos, pero sólo sobrevivieron seis, y Juan era el cuarto de ellos.

En calle Adelante nº31, se encontraba el domicilio familiar. Hoy aquella calle se llama “calle del Seminarista Duarte” y el número es el 19. Juan recibió el bautismo el 20 de Marzo de 1912 de mano del párroco D. Francisco López Rodríguez. A los siete u ocho años hizo la Primera Comunión y poco después fue confirmado por el Obispo D. Manuel González. Desde niño, con cinco años, ya se entretenía en su casa haciendo altares y cuando le preguntaba su padre por qué hacía aquello, él decía que eso le gustaba más que estar jugando en la calle. Durante Semana Santa solía jugar con los niños a montar pequeños tronos y hacer procesiones.

Junto a ese rasgo, también desde muy niño, mostró ser muy caritativo con los pobres, pues cuando llegaba a casa alguno de ellos pidiendo una limosna, él decía a su madre que lo socorriese. Según sus hermanos parecía que la vocación era “algo innato” en él. Por esto, a sus padres no les pilló por sorpresa que Juan quisiera irse al seminario, pues lo veían como el mejor de sus hijos: formal, obediente, estudioso, sencillo, lleno de paz y “muy arrimado a la iglesia”. Cuando Juan dijo a su padre que quería ir al seminario, éste, pensando en sus escasos medios económicos, preguntó a su hijo, “¿Cómo vamos a pagar tus estudios?”, y Juan con una respuesta que dejó tranquilo al padre, dijo: “No se preocupe, el Señor le va a ayudar”. Y así fue, como con 12 años dejó Yunquera y bajó desde allí hasta Pizarra con el colchón y la maleta a lomos del mulo por veredas, hasta la estación de ferrocarril, para dirigirse a la capital e ingresar en el seminario en el curso 1925-26.

La localidad malagueña de Yunquera, donde nació y vivió el Beato sus años de infancia.

El padre de Juan era un hombre menos decidido que su mujer, pero mas tranquilo y tenaz, muy formal y profundamente religioso. Nunca faltaba a la adoración nocturna de la que era veterano.
En el seminario Juan se sintió mejor que en su casa, pues era no un colegio más sino una familia. Con un verdadero padre, el rector, y una madre como quiso el Obispo D. Manuel que fuera su director espiritual, D. José Soto Chulià. Juan quería mucho al seminario. Así lo creían sus padres y sus hermanos. Ellos lo notaban cuando llegaban las vacaciones y pasados unos días ya deseaba que se acabaran pronto para volver allí. Todos los muchos testigos que han aportado información sobre Duarte, como así se le llamaba en el seminario, coinciden en que Juan, aquel yunquerano rubio, de ojos negros, era serio, muy piadoso, aplicado al estudio, que pasaba de curso con muy buenas notas, servicial y caritativo con sus compañeros, modesto, no alardeaba de nada, mortificado, cumplidor exacto de sus deberes y muy celoso en su apostolado. Al comenzar el curso solía dejar a seminaristas del curso siguiente los libros que le habían comprado sus padres y que él ya no necesitaba. Se sentía orgulloso de ser hijo de unos modestos campesinos. Tenía una fe robusta y procuraba difundirla con sus palabras y obras. Su paisano, amigo y también mártir Miguel Díaz Jiménez, seminarista de segundo de Filosofía, de 18 años de edad, a quien él llevó al seminario, había revelado a la familia de Duarte: “Me ha dicho Juan que cuando se ordene de cura se quiere ir de misionero”.

Cuando por vacaciones llegaba a Yunquera, era muy fiel a los deberes de piedad, iba a misa y después ayudaba a su padre en las faenas del campo o se metía en su cuarto para el estudio y la oración hasta la hora de la comida. A veces, su padre, cuando él quería trabajar con sus hermanos le decía:“Tú estudia, y dedícate a la Iglesia”. Por las tardes daba clases particulares a los niños que veía en disposición para el sacerdocio, y luego los reunía a todos, y frecuentemente los llevaba a hacer la visita al Sagrario. Y después bajando por la calle Molinos de los Patos y pasando por debajo de los arcos árabes, atravesaba el puente de la Chorrera y los llevaba de paseo al campo o a la ermita de Porticate, donde se encuentra una de las raíces espirituales de Yunquera, la devoción a la pequeña y bonita imagen de la Virgen del Carmen. Con Duarte y con los otros seminaristas los niños lo pasaban tan bien, que la gente al verlos decía: “¡Que alegría meten al pueblo cuando ellos llegan!”.

Fotografía actual de Carmen Duarte, hermana menor del Beato, religiosa carmelita en Ronda (Málaga).

Su hermana Carmen, carmelita descalza en Ronda, recuerda con emoción cuando Juan representaba con los niños el martirio de San Tarsicio, los animaba a ser amigos valientes de Jesús y cantaba con ellos: ¡Gloria al mártir de la Eucaristía! A Tarsicio alabanza y loor. Por Jesús a la lid él nos guía. ¡Gloria al gran Sacramento de amor! Por Jesús a la lid él nos guía. ¡Gloria al gran Sacramento de amor!
Uno de esos niños, ahora muy mayor, recordando con cariños aquellos ratos relataba: “Juan Duarte tenía un gran don de gentes. Era el más abierto y alegre de todos los seminaristas, cantaba mucho y muy bien”. Juan era muy devoto de la Virgen María. Por ello, todas las noches después de la cena, si él estaba, se rezaba el rosario en familia. Su hermana Carmen, muy pequeña por entonces, casi siempre quería irse a dormir, pero Juan le decía: “No te vayas hasta rezar el rosario”. A lo que contestaba: “Cuando empieces me llamas”. Y la llamaba advirtiéndole: “Carmen, el rosario”. Después del rosario Juan se iba a su cuarto, el dormitorio de sus padres, que lo dejaban al hijo cuando llegaba de vacaciones y ellos se iban a dormir a la cámara de la casa con los otros hijos. Carmen contó que su hermano antes de acostarse primero se ponía de rodillas delante de la cama y se pasaba un rato en silencio con los ojos cerrados para hacer examen de su vida en ese día, como ella averiguó, cuando un día por curiosidad se acercó a él, tocó su hombro y le preguntó:“¿Qué haces Juan?”. A lo que respondió: “Pienso cómo me he portado en este día”.

En el seminario Juan estudió tres años de Latín, dos de Retórica, tres de Filosofía y cuatro de Teología. En Filosofía y Teología tuvo como profesor al Rector D. Enrique Vidaurreta, excelente maestro, que se esforzaba para estar al día, y que supo dar altura a la preparación de los seminaristas. Su familia recuerda que Juan quería ir a estudiar a Roma. Por entonces, Duarte era consciente de lo mal que se estaban poniendo las cosas. En la noche del 11 de mayo de 1931, cuando la quema de iglesias y conventos, Juan se refugió en la Parroquia de la Merced de Málaga, quizá porque allí era vicario parroquial un paisano suyo, D. José Mª Corrales Montero. Cuando prendieron fuego a esta iglesia,y empezó a arder por dentro, por fuera y por todos lados, apareció Duarte y contestó a los que le preguntaron cómo había podido escapar de las llamas: “Milagro de la Virgen”. De allí se fue andando a Yunquera y cuando su padre le salió en su busca lo halló con los pies destrozados.

Futuro monumento en honor al Beato proyectado en Arroyo Bujía, lugar del martirio.

En las vacaciones se le veía por las calles del pueblo como si nada ocurriera. Cuando su padre le dijo: “Mira, hijo, vamos a esperar a que las cosas se pongan mas normales”. Él no se dejó intimidar y se fue al seminario. Una de las expresiones más frecuentes de Duarte era: “El Señor triunfará”. Este convencimiento lo compartía con su párroco D. José Lanzas, un excelente sacerdote, natural de Antequera y el primer asesinado en Yunquera. Juan Duarte fue ordenado de Subdiácono en Granada el 1 de julio de 1935, y de diácono en la Catedral de Málaga, por el Obispo D.Balbino Santos Olivera el 6 de marzo de 1936. La familia gozó mucho ver a Juan con sotana y manteo, casi cura. Su madre se asomaba para verle trasponer por calle Calvario y se sentía halagada cuando una vecina le decía: “Dolores, ¿qué tiene Juan que tanto gusta?” En efecto, Juan era un muchacho atrayente pero muy austero. Sus hermanas, particularmente Dolores lo adoraba. Ella se encargaba de su ropa. No quería colonias. Decía que bastaba con lavarse y estar limpio. Carmen envidiaba un lunar que tenía en su cara y le decía que por qué Dios no se lo había dado a ella y no a él que no lo necesitaba. Juan se reía y exclamaba: “¡Qué tonta eres, Carmen!”

Un día iba por la calle una mujer blasfemando y Juan al oír tales blasfemias no pudo aguantarse dentro de la casa y salió a la puerta con una valentía que dejó sorprendida  a toda su familia. Le dijeron: “No salgas. Mira como están las cosas”. Y él contestó: “Salgo, pase lo que pase, y a ésa la callo yo”. Y prueba de su fina fidelidad en su actitud y ocurrencia cuando en una de las visitas que hacia diariamente al Santísimo encontró a unas mujeres del pueblo arreglando el altar para la fiesta de la Virgen, y como entre ellas conversaban con voz muy alta, Juan no dijo nada, pero escribió en un papel, y antes de marcharse lo dejó en un banco. Las señoras picadas por la curiosidad leyeron lo que decía: “¡Mi casa es casa de oración!”. Con el cariz que iban tomando las cosas era previsible que en el contexto local de Yunquera, fuertemente politizado y lleno de odio hacia la religión, un joven como Duarte y sus compañeros de seminario eran una presa apetitosa para el desquite y para el sacrificio.  Por esto de poco servía esconderse. Juan nunca se expuso temerariamente ni quiso adelantar su hora, pero tampoco tomaba demasiadas precauciones. Cuando se escondía, lo hacía por su madre.

Terminado el curso 1935-1936 los seminaristas regresaban a a sus pueblos a pasar las vacaciones como siempre habían hecho, pero ese verano de 1936 viendo como estaban las cosas, el 16 de julio Juan se encontró en calle Santa María con el seminarista, después sacerdote, D.Francisco Espinosa Gil, que al decirle a donde iba, él le manifestó que no sabía si ir o no a Yunquera, pues ya habían destrozado la iglesia, a lo que D.Francisco le respondió: “Es muy difícil aconsejar nada en esas circunstancias”. El día 18 fue el primer registro de la casa de los Duarte por los rojos. Durante esos días a Juan Duarte se le veía por la calle con sotana, y según contó una paisana suya, Luisa García, cuando en un primer momento quitaron las imágenes de la iglesia, y un familiar de Luisa se llevó la imagen de la Inmaculada a su casa, Duarte iba a esa casa a rezar con la gente a la Virgen María. Cuando su madre un día le manifestó su miedo de que incendiaran la iglesia, él la tranquilizó con estas palabras: “Aunque el templo fuera destruido póngase de rodillas y mire hacia el cielo, el templo que nunca podrá ser destruido”.

Vinieron otros registros, en el penúltimo, cuando llegaron los milicianos de la F.A.I. para detenerlo sólo se encontraban Juan y su madre, pues su padre y hermanos estaban en el campo y sus hermanas también se encontraban fuera. Cuando llamaron a la puerta Juan se encontraba rezando el Breviario. Entonces su madre que se asomo por una ventana vio la calle llena de milicianos y le dijo a Juan que se escondiera. Juan se oculto en una pequeña pocilga que había en el corral de la casa, se metió por un boquete, que se tapaba con un bidón y la madre abrió la puerta. Como Juan se había dejado el Breviario los milicianos le dijeron a su madre que buscaban al propietario del libro. Como no encontraron a Juan se llevaron el Breviario, pero pasados unos minutos volvieron furiosos, pues una vecina llamada D.P.R dijo al comité que blanqueando la fachada había visto a Juan desde el ventanuco de su cámara asomándose al terrado. En ese momento Juan se encontraba en camisa, y como era Noviembre y hacia frió, una tía suya que llegaba en el momento de su detención les dijo a los milicianos.“¿Pero como os lo vais a llevar así? Esperad que yo le traiga una chaqueta”. A esto ellos respondieron: “¿Para que una chaqueta con lo poco que va a durar?” Cuando se llevaron a Juan Duarte su madre se fue detrás de el como una loca y a los que le decían que también a ella la podían matar, respondía: “Ya no me importa la vida”.

En esa misma mañana del 7 de noviembre también detuvieron a los seminaristas José Merino Toledo, de un curso superior a Juan y dos años mayor que el y a Miguel Diaz Jimenez, de 18 años. A Juan Duarte junto con estos dos seminaristas se los llevaron al anochecer en un camión hacia El Burgo. José Merino fue martirizado esa noche junto con Miguel Diaz Jimenez, su cuñado y otro hombre por un tipo llamado “El Bartolito” la noche del 8 de noviembre, entre el Burgo y Ardales, cerca del pantano viejo. Le fueron cortadas las manos y los genitales, por negarse a blasfemar y ser seminarista. A Miguel Diaz trataron de obligarle a que blasfemara, como no lo conseguían, le obligaron a ir descalzo por encima de ascuas de espinos. Después lo ataron a un olivo mientras cenaban un chivo, acabada la cena uno de ellos se levanto y con la bayoneta en la punta de su fusil trato nuevamente de que blasfemara, como no logro su propósito lo atravesó dejándolo clavado en el olivo. Mientras tuvo aliento no paro de repetir: “¡Viva Cristo Rey! Yo os perdono como Cristo perdono a sus enemigos”. Juan Duarte presencio la muerte de sus amigos y compañeros.

Tras deliberar si lo llevaban a Málaga o a la población de Alora, optaron por este pueblo. En Alora entro a pie por la Fuente Arriba, lo llevaron a la posada de Frasquita Dueña y de allí paso a “la Garipola” un lugar de arresto que tenia la policía municipal. Allí los milicianos insistieron que blasfemara y como solo respondía “Viva Cristo Rey” le golpearon brutalmente. Así lo atestiguo la vecina Mariquita Merida que escuchaba los golpes tras su persiana. Esta mujer le introdujo una camiseta limpia con una caña a través de la casa colindante. Otra vecina, Pepa Moreno, lavo la camiseta de Duarte, toda ensangrentada y rota por los latigazos y culatazos. Pasando los días y viendo que con las palizas no lograban hacerlo blasfemar, recurrieron a torturas mas refinadas, como la de introducirle cañas por debajo de las uñas, punzarle el cuerpo y la de producirle descargas eléctricas en los órganos genitales, mediante un cable conectado a la batería de un coche durante dos horas diarias. Pero este suplicio, que a veces le hacia hasta dar saltos, no solo le movía a confesar su fe con mas fuerza, sino que en un momento, con la misma serenidad y valentía del diácono San Lorenzo, fue capaz de avisar a sus verdugos que no sentía nada porque el cable se había desconectado.

Sepulcro del Beato en la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Yunquera, Málaga (España).

De “la Garipola” lo sacaban con frecuencia montado en un burro y lo paseaban por el pueblo entre burlas e insultos, cantándole letrillas ofensivas al clero y a la Iglesia, haciendo el mismo recorrido que en Semana Santa. Mucha gente tenia que ocultarse a llorar a escondidas por ver lo que le estaban haciendo a Juan. Como no lograban que blasfemara mientras lo paseaban y solo gritaba “Viva el corazón de Jesús” o “Viva Cristo Rey” le golpeaban en el estomago o le daban bofetadas.Una mujer contó que su suegro impresionado por lo visto llego diciendo “Niña,vengo malo de ver lo que le van haciendo a ese muchacho seminarista de Yunquera, se parece al Señor”. Efectivamente,en aquel momento Duarte, con el rostro destrozado y los ojos reventados e hinchados por los puñetazos recibidos en días anteriores, recordaba a Jesús después de los azotes y de la coronación de espinas, cuando avanzaba por la calle de la amargura. Una vecina, Pepa Blanco “La chivana”, al verlo pasar se puso a gritar: “¡Ay, si es el Señor, si es Jesucristo! ¿Qué le vais haciendo, canallas?”. De “la Garipola” lo llevaron a la cárcel que había en la Plaza Baja. Allí hubo también personas misericordiosas que acudían para llevarle algo de comer. Le Frasquito el gitano le llevo una taza de caldo que el rehuso, mas como ella le suplico que la tomara por Dios, Juan le contesto: “Por Dios sí me la tomo”. Anica Hidalgo, mujer muy caritativa de la zona con los pobres le llevaba café, y el portero de la cárcel conocido como Pedro el de “miracielo”, sintiendo lastima del muchacho y como este no quería tomar nada, le solía llevar a escondidas una botella de leche caliente debajo de su blusa.

“El Chato”, uno de los milicianos mas sanguinarios de la zona, recurrió a su amante una joven de 16 años conocida como “la Nona”, de nombre I.C.R. metiéndola en la celda del “curita” (como ella llamaba a Duarte) con el fin de que pecara de pureza. No consiguió absolutamente nada,a pesar de los métodos que debió emplear para ello. La furia que sintió “el Chato” fue tal que se dirigió a un barbero junto con su amante “la Nona” y le pidió la navaja de afeitar, volvieron a la cárcel y ayudo a que la Nona cortara de un tajo los órganos genitales del seminarista. Realizada esta salvaje acción, cuando Juan Duarte recuperó el conocimiento, sólo preguntaba a los demás presos que estaban en la misma celda: “Pero ¿qué me han hecho, qué me han hecho?”. La Nona los puso en un plato y los paseo por todo el pueblo, a los que miraban les decía: “Son los huevos del curita, para ser cura no los va a necesitar”. Después se los entrego al Chato que los recogió con un pañuelo se fue a la posada y le pidió a Frasquita Dueña que se los guisara. Luego el Chato arrojaron a los perros, mas como estos no hicieron caso, Frasquita los recogió, los guardo en una caja de metal y los enterró en una cuadra, bajo una pila de estiércol. Como es natural, tras esa horrible mutilación, con la perdida de sangre que trajo consigo, dejo a Juan muy débil en su cuerpo y casi aletargado, pero con mas fuerza y prontitud en su espíritu.

Pasadas las horas y viendo que todo hasta el momento había resultado inútil, el Chato y sus compañeros del comité bajaron a Juan al Arroyo Bujia, a 1 kilómetro de Alora para matarlo. Se sabe con certeza que fue abierto en canal con un machete, le rociaron de gasolina y prendido fuego, por ultimo lo acribillaron a tiros. Se sabe que en medio de las llamas dijo “Ya lo estoy viendo“,a lo que un miliciano respondió: “¿Qué es lo que estás viendo?” por lo que contó el miliciano en la posada. Estuvo varios días insepulto hasta que un buen hombre con ayuda de un vecino lo enterró a muy poca profundidad junto a un olivo.

Con la entrada de los nacionales la familia de Duarte fue a recuperar el cuerpo. Sus restos fueron trasladados de Alora a Yunquera el día 3 de Mayo de 1937. Tras finalizar su proceso de beatificacion fueron trasladados desde el cementerio municipal hasta la iglesia parroquial de Yunquera para ser depositados en el crucero delante del altar del templo el día 17 de noviembre de 1985. El 28 de octubre del año 2007 seria beatificado en Roma, dentro del grupo de los 498 martires, su hermana Carmen Duarte asistió al triunfo de la fe de su querido hermano, Juan Duarte Martin.

Bibliografía:
“La Fuerza de la Fe. Vida y Martirio de Juan Duarte Martin” del Padre Pedro Sanchez Trujillo. 2ª edicion, la primera imprimida en 2003 (sin editorial)

Abel

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los Siete Santos Fundadores

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa devocional popular de los Siete Santos Fundadores de los Servitas.

La Orden de los Siervos de María, también llamados Servitas del latín “Ordo Servorum Beatae Virginis Mariae” (OSM) es una de las órdenes mendicantes de la Iglesia Católica.
El emblema de la Orden está compuesto por una corona de siete lirios, que se identifican con los Siete Santos Fundadores. Fue fundada en Florencia, probablemente en en el año 1233 por un grupo de siete mercaderes florentinos, Bonfiglio Monaldi,  Juan de Bonagiunta, Amadeo degli Amedei,  Manetto de Antella,  Sostenes degli Sostegni,  Hugo degli Ugaccione y Alejo Falconieri, más tarde conocido como Los Siete Santos Fundadores. Según la tradición, 15 de agosto de 1233, la Virgen se apareció a los siete nobles florentinos, pertenecientes a la hermandad de “Laude”, invitándolos a retirarse del mundo y a elegir la vida contemplativa.

El grupo de los siete abandonaron sus actividades y se retiraron a hacer vida comunitaria como eremitas en el Monte Senario, donde construyeron un convento, que se convertiría en uno de los santuarios más importantes de la Toscana y que se encuentra sobre la colina de su mismo nombre al norte de la ciudad, en el municipio de Vaglia, cerca de Florencia.

En el año 1304, el Papa Benedicto XI, dominico, con la Bula “Dum levamus”, dirigida al prior general Fray Andrea Balducci di Sansepolcro, aprobó la Regla y las Constituciones de los Siervos de María. Actualmente, la Orden tiene unos doscientos cincuentas frailes, ventisiete conventos en Italia (divididos en cuatro provincias religiosas) y otros cuatro conventos en Alemania.

Estos siete seglares floretinos, fundadores de la Orden, fueron canonizados conjuntamente, por el Papa León XIII el día 15 de enero del año 1888. Se les conmemora como los Siete Santos Fundadores el día 12 de febrero. Ellos propagaron de manera especial la veneración por los dolores que soportó María al pie de la Cruz. De esta Orden, merecen también ser recordados los Santos Felipe Benicio, Peregrino Laziosi y Antonio Maria Pucci, así como Santa Juliana Falconieri, también miembro de la Orden y fundadora de la Orden de las Siervas de María.

Se cuenta que en la ciudad italiana de Forlì, en el año 1282, mientras San Felipe Benicio intentaba acercar mediante consejos, a sus ciudadanos rebeldes con el Papa Martín IV, fue fuertemente contradicho por un joven llamado Peregrino Laziosi, que incluso llegó a abofetear a San Felipe. Algunos años más tarde, Peregrino se convirtió y entró en la Orden de los Servitas, siendo actualmente uno de sus santos más conocidos.

Felice Stasio

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Una nueva ola de Santos en Rumanía

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del padre Paisio Olaru.

Fotografía del padre Paisio Olaru.

La dictadura comunista, sin lugar a dudas, ha producido muchos daños y perjuicios a la comunidad cristiana en Rumanía. El Decreto 410 de 1959 podría interpretarse como un verdadero desastre en primer lugar contra las comunidades monásticas, pero sin duda también en contra de toda la vida espiritual en Rumanía. La adopción de la nueva Constitución comunista de 1952 garantizaba la libertad de  los cultos religiosos. Pero incluso con esta “garantía”, una gran cantidad de sacerdotes, obispos o simplemente laicos se vieron obligados a reducir su actividad misionera.

Oficialmente, el Decreto 410 se adoptó “para aumentar la calidad de la vida espiritual” y con este pretexto se redujo el número de monjes y monjas, así como el número de monasterios. Por tanto, gran cantidad de monjes y monjas jóvenes, con insuficiente formación teológica, se vieron obligados a salir de sus monasterios y vivir como laicos. Muchos monasterios fueron cerrados y transformados en almacenes, en las llamadas “cooperativas comunistas” o simplemente en establos y así, una gran cantidad de monjes y monjas se vieron obligados a llevar su vida monástica fuera de los conventos, pero acordes con la pobreza, la obediencia y la castidad religiosa.

Al hacer este artículo no me propongo hacer un inventario de los monasterios cerrados ni de los sacerdotes y monjes encarcelados por sus creencias, sino que lo hago para hablar de la nueva ola o nueva hornada de líderes espirituales en este período oscuro para la Iglesia Ortodoxa Rumana.

Fotografía del Padre Cleopa Ilie.

Fotografía del Padre Cleopa Ilie.

El Padre Paisio Olaru es considerado como el líder espiritual de la generación que floreció durante el mandato del régimen comunista. Nació el 20 de junio 1897 en Stroiesti, Condado de Botosani en el norte de Moldavia. En el año 1921 entró en el cercano eremitorio de Cozancea y desde l947 se retiró al monasterio Sihastria, convirtiéndose en uno de los  grandes líderes espirituales de las comunidades rumanas del norte. Al final de su vida, entre los años 1972 -1985, se vio obligado a permanecer en el eremitorio de Sihla, donde vivió una vida más solitaria. El padre Joannucio Bălan, en sus escritos “Romanian Pateric”, que es una recopilación de las vidas y los dichos de los padres del monacato, lo describe como una parábola viviente por su verdadera vida de padre espiritual. Murió el 18 de octubre de 1990, en el monasterio de Sihastria, y su tumba, a  la sombra de los abetos, se convirtió al poco tiempo en un lugar de peregrinación.

Uno de los monjes fugitivos de este período es el Padre Cleopa Ilie. Nació el 10 de abril de 1912, siendo un famoso archimandrita y abad del monasterio Sihastria en el norte de Moldavia. Entre 1952 y 1954 fue perseguido por la “Securitate” (policía política del régimen) y, junto con el hieromonje Arsenio Papacioc, escapó a las montañas de Stanisoara. Al cabo de dos años, volvió al monasterio gracias a la intercesión del Patriarca Justiniano, quien supo “trabajarse” al Régimen, aunque posteriormente fue acusado de “colaboracionismo con el régimen”, lo que es sin duda una mala interpretación de su misión jerárquica.

Fotografía en sepia del Padre Arsenio Boca.

Fotografía en sepia del Padre Arsenio Boca.

En 1956 el Padre Cleopa regresó como abad al monasterio Sihastria, pero en la primavera de 1959, se retiró de nuevo a las montañas de Neamt, donde vivió durante cinco años como anacoreta. Volvió a Sihastria en el otoño de 1964, pero sólo como confesor para toda la comunidad y siguió dando consejos espirituales a monjes y laicos hasta su muerte, que ocurrió el 2 de diciembre de 1998 en dicho monasterio. Todavía recuerdo el día de su funeral. Yo estuve en sus funerales y todos los presentes vimos como en el momento de la bajada del féretro a la tumba, el sol brillaba, después de algunos días oscuros y húmedos. Se le recuerda siempre por su predicación sencilla pero esclarecedora.

El padre Arsenio Boca, que nació en el año 1910 y murió en 1989, está presente en la memoria de la ortodoxia rumana como gran teólogo y como pintor. Por algún tiempo, fue abad del monasterio Brâncoveanu (o Sambata de Sus, en el sur de Transilvania) y más tarde en el monasterio de monjas de Prislop (condado de Hunedoara), donde su personalidad “atrajo” a miles y miles de peregrinos creyentes, por lo que, consecuentemente, era acosado por la policía política del régimen.

Fue uno de los mártires del “gulag comunista rumano”, en la cárcel de Brasov y en el campo de trabajo conocido como “el Canal del Danubio al Mar Negro”, un proyecto faraónico con el que se pretendió exterminar a los “enemigos de clase” del sistema comunista. Después estuvo en Jilava cerca de Bucarest, Timisoara y Oradea. Pintó la Iglesia Drăgănescu, situada a venticinco kilómetros de Bucarest, conocida por los creyentes rumanos como la Capilla Sixtina de Oriente.

Fotografía del Padre Sofian Boghiu pintando un icono del Salvador

El Padre Sofian Bogiu, nacido el 7 de octubre de 1912 en Vechi Cuconestii, en el Condado de Balti, en la actual República de Moldavia y fallecido el día 14 de septiembre del año 2002 en el monasterio Antim de Bucarest, fue también un teólogo profundo, líder espiritual y refinadísimo pintor. Era un miembro de la asociación “Rugul Aprins” (“Zarza Ardiente”), una asociación ortodoxa durante el peor período comunista y fue también un preso político desde 1958 hasta 1964. El espíritu del “padre” de Bucarest se puede sentir aun hoy en su monasterio en el centro de la capital, encerrado entre los inmensos y feísimos bloques de casas proyectados por los arquitectos comunistas de Ceausescu.

El Padre Teófilo Paraian, que nació el día 3 de marzo de 1929 en Topârcea, Sibiu y que murió en Cluj el día 29 de octubre del año 2009, fue conocido como “Duhovnicul Bucuriei” (confesor de la alegría). Era ciego de nacimiento y nació en el seno de una familia campesina.  Durante sus estudios, conoció al Padre Arsenio Boca, de quien aprendió la “oración del corazón” (oración en silencio, interior), que es uno de los caminos principales de la teología monástica ortodoxa.

Después de estudiar en el Instituto Teológico de Sibiu, en 1953 entró en el Monasterio Brancoveanu en Sambata de Sus, cerca de Fagaras. Aunque los cánones de la iglesia ortodoxa rumana dicen que los ciegos no pueden ser ordenados de sacerdotes, se hizo una feliz excepción a la regla. Este padre alegre por naturaleza, nunca pensó que su ceguera era una carga, sino que era una bendición de Dios. En verdad todo el mundo cree hoy que él era el “vidente espiritual” de Transilvania.

Fotografía del Padre Teófilo Paraian

A partir de 1990 apoyó a cientos de religiosos dando conferencias temáticas en más de 80 ciudades de todo el país y en Europa Occidental. Las salas donde daba sus conferencias se llenaban de gente joven. Su propósito era mostrar siempre la modernidad de la ortodoxia y el hecho de que la mayor virtud es la alegría de vivir en compañía del Señor. Recuerdo una reunión con él, donde me encontré entre un corrillo de jóvenes. Le gustaba la música popular rumana y nos dijo que no nos escandalizáramos si un monje ama las canciones populares, ya que son hermosas y son parte de nuestra herencia nacional. Su rostro era resplandeciente y propagaba una paz y alegría que realmente, no puedo describir. Creo que sentía el olor del Paraíso cerca de él.

El Padre Arsenio Papacioc, nacido el 15 de agosto de 1914 en Misleanu, en el Condado de Ialomita, es quizás el último superviviente de la vieja generación de los grandes padres espirituales; o quizás, todavía quede algún otro. De todos modos, es desde 1976 el confesor del monasterio de Santa María de Techirghiol, cerca del Mar Negro. El Padre Arsenio fue un fugitivo en las montañas de Moldavia, junto con el padre Cleopa (1952-1954), pero aún así pasó por la terrible cárcel comunista de Aiud, donde sufrió con otros muchos mártires del comunismo, entre 1958 y 1964. Él sigue discutiendo a veces con los peregrinos, claramente distanciado de los problemas de este mundo y  mostrándoles la paz de la verdadera fe de acuerdo con las enseñanzas bíblicas.

Aunque ninguno de estos padres modernos es conmemorado aun en el calendario ortodoxo,  todos ellos son considerados como santos. De acuerdo con nuestra tradición, un hombre es proclamado santo después de pasado algún tiempo; no hay prisas. El santo vive en la memoria de los fieles, que le recuerdan por la santidad de su vida, de acuerdo con la antigua tradición.

Fotografía del multitudinario funeral del Padre Teófilo Paraian. Monasterio Brancoveanu, Sambata de Sus (Rumanía).

La lista de los nuevos santos de la Iglesia Ortodoxa Rumana es aún mayor y aun hoy no son pocos los que siguen sus caminos, son sus herederos. Sus conferencias, predicación y sus consejos espirituales en el confesionario fortalecían la fe de la comunidad tanto en tiempos del anterior régimen opresor como aun hoy en día cuando se organizan campañas contra la Iglesia. A través de ellos, la fe va ganando la batalla contra el miedo y contra el relativismo.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es