Beato Juan Duarte Martín: el diácono mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato Juan Duarte Martín

Juan Duarte Martín era un joven de 24 años, natural de Yunquera (Málaga), hijo de una familia de labradores, que el 7 de noviembre de 1936 dio su vida por la fe y por la castidad, con gran valor, después de ser torturado durante una semana. Con lo cual demostraba a sus asesinos que su amor por Cristo era más fuerte que el odio que ellos sentían. Nació el 17 de Marzo del año 1912 en Yunquera, a 65 kilómetros de Málaga, situado en un valle de la periferia oriental de la serranía de Ronda, entre la Sierra de Prieta y Sierra de las Nieves. Sus padres fueron Juan Duarte Doña y Dolores Martín de la Torre. De su matrimonio nacieron diez hijos, pero sólo sobrevivieron seis, y Juan era el cuarto de ellos.

En calle Adelante nº31, se encontraba el domicilio familiar. Hoy aquella calle se llama “calle del Seminarista Duarte” y el número es el 19. Juan recibió el bautismo el 20 de Marzo de 1912 de mano del párroco D. Francisco López Rodríguez. A los siete u ocho años hizo la Primera Comunión y poco después fue confirmado por el Obispo D. Manuel González. Desde niño, con cinco años, ya se entretenía en su casa haciendo altares y cuando le preguntaba su padre por qué hacía aquello, él decía que eso le gustaba más que estar jugando en la calle. Durante Semana Santa solía jugar con los niños a montar pequeños tronos y hacer procesiones.

Junto a ese rasgo, también desde muy niño, mostró ser muy caritativo con los pobres, pues cuando llegaba a casa alguno de ellos pidiendo una limosna, él decía a su madre que lo socorriese. Según sus hermanos parecía que la vocación era “algo innato” en él. Por esto, a sus padres no les pilló por sorpresa que Juan quisiera irse al seminario, pues lo veían como el mejor de sus hijos: formal, obediente, estudioso, sencillo, lleno de paz y “muy arrimado a la iglesia”. Cuando Juan dijo a su padre que quería ir al seminario, éste, pensando en sus escasos medios económicos, preguntó a su hijo, “¿Cómo vamos a pagar tus estudios?”, y Juan con una respuesta que dejó tranquilo al padre, dijo: “No se preocupe, el Señor le va a ayudar”. Y así fue, como con 12 años dejó Yunquera y bajó desde allí hasta Pizarra con el colchón y la maleta a lomos del mulo por veredas, hasta la estación de ferrocarril, para dirigirse a la capital e ingresar en el seminario en el curso 1925-26.

La localidad malagueña de Yunquera, donde nació y vivió el Beato sus años de infancia.

El padre de Juan era un hombre menos decidido que su mujer, pero mas tranquilo y tenaz, muy formal y profundamente religioso. Nunca faltaba a la adoración nocturna de la que era veterano.
En el seminario Juan se sintió mejor que en su casa, pues era no un colegio más sino una familia. Con un verdadero padre, el rector, y una madre como quiso el Obispo D. Manuel que fuera su director espiritual, D. José Soto Chulià. Juan quería mucho al seminario. Así lo creían sus padres y sus hermanos. Ellos lo notaban cuando llegaban las vacaciones y pasados unos días ya deseaba que se acabaran pronto para volver allí. Todos los muchos testigos que han aportado información sobre Duarte, como así se le llamaba en el seminario, coinciden en que Juan, aquel yunquerano rubio, de ojos negros, era serio, muy piadoso, aplicado al estudio, que pasaba de curso con muy buenas notas, servicial y caritativo con sus compañeros, modesto, no alardeaba de nada, mortificado, cumplidor exacto de sus deberes y muy celoso en su apostolado. Al comenzar el curso solía dejar a seminaristas del curso siguiente los libros que le habían comprado sus padres y que él ya no necesitaba. Se sentía orgulloso de ser hijo de unos modestos campesinos. Tenía una fe robusta y procuraba difundirla con sus palabras y obras. Su paisano, amigo y también mártir Miguel Díaz Jiménez, seminarista de segundo de Filosofía, de 18 años de edad, a quien él llevó al seminario, había revelado a la familia de Duarte: “Me ha dicho Juan que cuando se ordene de cura se quiere ir de misionero”.

Cuando por vacaciones llegaba a Yunquera, era muy fiel a los deberes de piedad, iba a misa y después ayudaba a su padre en las faenas del campo o se metía en su cuarto para el estudio y la oración hasta la hora de la comida. A veces, su padre, cuando él quería trabajar con sus hermanos le decía:“Tú estudia, y dedícate a la Iglesia”. Por las tardes daba clases particulares a los niños que veía en disposición para el sacerdocio, y luego los reunía a todos, y frecuentemente los llevaba a hacer la visita al Sagrario. Y después bajando por la calle Molinos de los Patos y pasando por debajo de los arcos árabes, atravesaba el puente de la Chorrera y los llevaba de paseo al campo o a la ermita de Porticate, donde se encuentra una de las raíces espirituales de Yunquera, la devoción a la pequeña y bonita imagen de la Virgen del Carmen. Con Duarte y con los otros seminaristas los niños lo pasaban tan bien, que la gente al verlos decía: “¡Que alegría meten al pueblo cuando ellos llegan!”.

Fotografía actual de Carmen Duarte, hermana menor del Beato, religiosa carmelita en Ronda (Málaga).

Su hermana Carmen, carmelita descalza en Ronda, recuerda con emoción cuando Juan representaba con los niños el martirio de San Tarsicio, los animaba a ser amigos valientes de Jesús y cantaba con ellos: ¡Gloria al mártir de la Eucaristía! A Tarsicio alabanza y loor. Por Jesús a la lid él nos guía. ¡Gloria al gran Sacramento de amor! Por Jesús a la lid él nos guía. ¡Gloria al gran Sacramento de amor!
Uno de esos niños, ahora muy mayor, recordando con cariños aquellos ratos relataba: “Juan Duarte tenía un gran don de gentes. Era el más abierto y alegre de todos los seminaristas, cantaba mucho y muy bien”. Juan era muy devoto de la Virgen María. Por ello, todas las noches después de la cena, si él estaba, se rezaba el rosario en familia. Su hermana Carmen, muy pequeña por entonces, casi siempre quería irse a dormir, pero Juan le decía: “No te vayas hasta rezar el rosario”. A lo que contestaba: “Cuando empieces me llamas”. Y la llamaba advirtiéndole: “Carmen, el rosario”. Después del rosario Juan se iba a su cuarto, el dormitorio de sus padres, que lo dejaban al hijo cuando llegaba de vacaciones y ellos se iban a dormir a la cámara de la casa con los otros hijos. Carmen contó que su hermano antes de acostarse primero se ponía de rodillas delante de la cama y se pasaba un rato en silencio con los ojos cerrados para hacer examen de su vida en ese día, como ella averiguó, cuando un día por curiosidad se acercó a él, tocó su hombro y le preguntó:“¿Qué haces Juan?”. A lo que respondió: “Pienso cómo me he portado en este día”.

En el seminario Juan estudió tres años de Latín, dos de Retórica, tres de Filosofía y cuatro de Teología. En Filosofía y Teología tuvo como profesor al Rector D. Enrique Vidaurreta, excelente maestro, que se esforzaba para estar al día, y que supo dar altura a la preparación de los seminaristas. Su familia recuerda que Juan quería ir a estudiar a Roma. Por entonces, Duarte era consciente de lo mal que se estaban poniendo las cosas. En la noche del 11 de mayo de 1931, cuando la quema de iglesias y conventos, Juan se refugió en la Parroquia de la Merced de Málaga, quizá porque allí era vicario parroquial un paisano suyo, D. José Mª Corrales Montero. Cuando prendieron fuego a esta iglesia,y empezó a arder por dentro, por fuera y por todos lados, apareció Duarte y contestó a los que le preguntaron cómo había podido escapar de las llamas: “Milagro de la Virgen”. De allí se fue andando a Yunquera y cuando su padre le salió en su busca lo halló con los pies destrozados.

Futuro monumento en honor al Beato proyectado en Arroyo Bujía, lugar del martirio.

En las vacaciones se le veía por las calles del pueblo como si nada ocurriera. Cuando su padre le dijo: “Mira, hijo, vamos a esperar a que las cosas se pongan mas normales”. Él no se dejó intimidar y se fue al seminario. Una de las expresiones más frecuentes de Duarte era: “El Señor triunfará”. Este convencimiento lo compartía con su párroco D. José Lanzas, un excelente sacerdote, natural de Antequera y el primer asesinado en Yunquera. Juan Duarte fue ordenado de Subdiácono en Granada el 1 de julio de 1935, y de diácono en la Catedral de Málaga, por el Obispo D.Balbino Santos Olivera el 6 de marzo de 1936. La familia gozó mucho ver a Juan con sotana y manteo, casi cura. Su madre se asomaba para verle trasponer por calle Calvario y se sentía halagada cuando una vecina le decía: “Dolores, ¿qué tiene Juan que tanto gusta?” En efecto, Juan era un muchacho atrayente pero muy austero. Sus hermanas, particularmente Dolores lo adoraba. Ella se encargaba de su ropa. No quería colonias. Decía que bastaba con lavarse y estar limpio. Carmen envidiaba un lunar que tenía en su cara y le decía que por qué Dios no se lo había dado a ella y no a él que no lo necesitaba. Juan se reía y exclamaba: “¡Qué tonta eres, Carmen!”

Un día iba por la calle una mujer blasfemando y Juan al oír tales blasfemias no pudo aguantarse dentro de la casa y salió a la puerta con una valentía que dejó sorprendida  a toda su familia. Le dijeron: “No salgas. Mira como están las cosas”. Y él contestó: “Salgo, pase lo que pase, y a ésa la callo yo”. Y prueba de su fina fidelidad en su actitud y ocurrencia cuando en una de las visitas que hacia diariamente al Santísimo encontró a unas mujeres del pueblo arreglando el altar para la fiesta de la Virgen, y como entre ellas conversaban con voz muy alta, Juan no dijo nada, pero escribió en un papel, y antes de marcharse lo dejó en un banco. Las señoras picadas por la curiosidad leyeron lo que decía: “¡Mi casa es casa de oración!”. Con el cariz que iban tomando las cosas era previsible que en el contexto local de Yunquera, fuertemente politizado y lleno de odio hacia la religión, un joven como Duarte y sus compañeros de seminario eran una presa apetitosa para el desquite y para el sacrificio.  Por esto de poco servía esconderse. Juan nunca se expuso temerariamente ni quiso adelantar su hora, pero tampoco tomaba demasiadas precauciones. Cuando se escondía, lo hacía por su madre.

Terminado el curso 1935-1936 los seminaristas regresaban a a sus pueblos a pasar las vacaciones como siempre habían hecho, pero ese verano de 1936 viendo como estaban las cosas, el 16 de julio Juan se encontró en calle Santa María con el seminarista, después sacerdote, D.Francisco Espinosa Gil, que al decirle a donde iba, él le manifestó que no sabía si ir o no a Yunquera, pues ya habían destrozado la iglesia, a lo que D.Francisco le respondió: “Es muy difícil aconsejar nada en esas circunstancias”. El día 18 fue el primer registro de la casa de los Duarte por los rojos. Durante esos días a Juan Duarte se le veía por la calle con sotana, y según contó una paisana suya, Luisa García, cuando en un primer momento quitaron las imágenes de la iglesia, y un familiar de Luisa se llevó la imagen de la Inmaculada a su casa, Duarte iba a esa casa a rezar con la gente a la Virgen María. Cuando su madre un día le manifestó su miedo de que incendiaran la iglesia, él la tranquilizó con estas palabras: “Aunque el templo fuera destruido póngase de rodillas y mire hacia el cielo, el templo que nunca podrá ser destruido”.

Vinieron otros registros, en el penúltimo, cuando llegaron los milicianos de la F.A.I. para detenerlo sólo se encontraban Juan y su madre, pues su padre y hermanos estaban en el campo y sus hermanas también se encontraban fuera. Cuando llamaron a la puerta Juan se encontraba rezando el Breviario. Entonces su madre que se asomo por una ventana vio la calle llena de milicianos y le dijo a Juan que se escondiera. Juan se oculto en una pequeña pocilga que había en el corral de la casa, se metió por un boquete, que se tapaba con un bidón y la madre abrió la puerta. Como Juan se había dejado el Breviario los milicianos le dijeron a su madre que buscaban al propietario del libro. Como no encontraron a Juan se llevaron el Breviario, pero pasados unos minutos volvieron furiosos, pues una vecina llamada D.P.R dijo al comité que blanqueando la fachada había visto a Juan desde el ventanuco de su cámara asomándose al terrado. En ese momento Juan se encontraba en camisa, y como era Noviembre y hacia frió, una tía suya que llegaba en el momento de su detención les dijo a los milicianos.“¿Pero como os lo vais a llevar así? Esperad que yo le traiga una chaqueta”. A esto ellos respondieron: “¿Para que una chaqueta con lo poco que va a durar?” Cuando se llevaron a Juan Duarte su madre se fue detrás de el como una loca y a los que le decían que también a ella la podían matar, respondía: “Ya no me importa la vida”.

En esa misma mañana del 7 de noviembre también detuvieron a los seminaristas José Merino Toledo, de un curso superior a Juan y dos años mayor que el y a Miguel Diaz Jimenez, de 18 años. A Juan Duarte junto con estos dos seminaristas se los llevaron al anochecer en un camión hacia El Burgo. José Merino fue martirizado esa noche junto con Miguel Diaz Jimenez, su cuñado y otro hombre por un tipo llamado “El Bartolito” la noche del 8 de noviembre, entre el Burgo y Ardales, cerca del pantano viejo. Le fueron cortadas las manos y los genitales, por negarse a blasfemar y ser seminarista. A Miguel Diaz trataron de obligarle a que blasfemara, como no lo conseguían, le obligaron a ir descalzo por encima de ascuas de espinos. Después lo ataron a un olivo mientras cenaban un chivo, acabada la cena uno de ellos se levanto y con la bayoneta en la punta de su fusil trato nuevamente de que blasfemara, como no logro su propósito lo atravesó dejándolo clavado en el olivo. Mientras tuvo aliento no paro de repetir: “¡Viva Cristo Rey! Yo os perdono como Cristo perdono a sus enemigos”. Juan Duarte presencio la muerte de sus amigos y compañeros.

Tras deliberar si lo llevaban a Málaga o a la población de Alora, optaron por este pueblo. En Alora entro a pie por la Fuente Arriba, lo llevaron a la posada de Frasquita Dueña y de allí paso a “la Garipola” un lugar de arresto que tenia la policía municipal. Allí los milicianos insistieron que blasfemara y como solo respondía “Viva Cristo Rey” le golpearon brutalmente. Así lo atestiguo la vecina Mariquita Merida que escuchaba los golpes tras su persiana. Esta mujer le introdujo una camiseta limpia con una caña a través de la casa colindante. Otra vecina, Pepa Moreno, lavo la camiseta de Duarte, toda ensangrentada y rota por los latigazos y culatazos. Pasando los días y viendo que con las palizas no lograban hacerlo blasfemar, recurrieron a torturas mas refinadas, como la de introducirle cañas por debajo de las uñas, punzarle el cuerpo y la de producirle descargas eléctricas en los órganos genitales, mediante un cable conectado a la batería de un coche durante dos horas diarias. Pero este suplicio, que a veces le hacia hasta dar saltos, no solo le movía a confesar su fe con mas fuerza, sino que en un momento, con la misma serenidad y valentía del diácono San Lorenzo, fue capaz de avisar a sus verdugos que no sentía nada porque el cable se había desconectado.

Sepulcro del Beato en la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Yunquera, Málaga (España).

De “la Garipola” lo sacaban con frecuencia montado en un burro y lo paseaban por el pueblo entre burlas e insultos, cantándole letrillas ofensivas al clero y a la Iglesia, haciendo el mismo recorrido que en Semana Santa. Mucha gente tenia que ocultarse a llorar a escondidas por ver lo que le estaban haciendo a Juan. Como no lograban que blasfemara mientras lo paseaban y solo gritaba “Viva el corazón de Jesús” o “Viva Cristo Rey” le golpeaban en el estomago o le daban bofetadas.Una mujer contó que su suegro impresionado por lo visto llego diciendo “Niña,vengo malo de ver lo que le van haciendo a ese muchacho seminarista de Yunquera, se parece al Señor”. Efectivamente,en aquel momento Duarte, con el rostro destrozado y los ojos reventados e hinchados por los puñetazos recibidos en días anteriores, recordaba a Jesús después de los azotes y de la coronación de espinas, cuando avanzaba por la calle de la amargura. Una vecina, Pepa Blanco “La chivana”, al verlo pasar se puso a gritar: “¡Ay, si es el Señor, si es Jesucristo! ¿Qué le vais haciendo, canallas?”. De “la Garipola” lo llevaron a la cárcel que había en la Plaza Baja. Allí hubo también personas misericordiosas que acudían para llevarle algo de comer. Le Frasquito el gitano le llevo una taza de caldo que el rehuso, mas como ella le suplico que la tomara por Dios, Juan le contesto: “Por Dios sí me la tomo”. Anica Hidalgo, mujer muy caritativa de la zona con los pobres le llevaba café, y el portero de la cárcel conocido como Pedro el de “miracielo”, sintiendo lastima del muchacho y como este no quería tomar nada, le solía llevar a escondidas una botella de leche caliente debajo de su blusa.

“El Chato”, uno de los milicianos mas sanguinarios de la zona, recurrió a su amante una joven de 16 años conocida como “la Nona”, de nombre I.C.R. metiéndola en la celda del “curita” (como ella llamaba a Duarte) con el fin de que pecara de pureza. No consiguió absolutamente nada,a pesar de los métodos que debió emplear para ello. La furia que sintió “el Chato” fue tal que se dirigió a un barbero junto con su amante “la Nona” y le pidió la navaja de afeitar, volvieron a la cárcel y ayudo a que la Nona cortara de un tajo los órganos genitales del seminarista. Realizada esta salvaje acción, cuando Juan Duarte recuperó el conocimiento, sólo preguntaba a los demás presos que estaban en la misma celda: “Pero ¿qué me han hecho, qué me han hecho?”. La Nona los puso en un plato y los paseo por todo el pueblo, a los que miraban les decía: “Son los huevos del curita, para ser cura no los va a necesitar”. Después se los entrego al Chato que los recogió con un pañuelo se fue a la posada y le pidió a Frasquita Dueña que se los guisara. Luego el Chato arrojaron a los perros, mas como estos no hicieron caso, Frasquita los recogió, los guardo en una caja de metal y los enterró en una cuadra, bajo una pila de estiércol. Como es natural, tras esa horrible mutilación, con la perdida de sangre que trajo consigo, dejo a Juan muy débil en su cuerpo y casi aletargado, pero con mas fuerza y prontitud en su espíritu.

Pasadas las horas y viendo que todo hasta el momento había resultado inútil, el Chato y sus compañeros del comité bajaron a Juan al Arroyo Bujia, a 1 kilómetro de Alora para matarlo. Se sabe con certeza que fue abierto en canal con un machete, le rociaron de gasolina y prendido fuego, por ultimo lo acribillaron a tiros. Se sabe que en medio de las llamas dijo “Ya lo estoy viendo“,a lo que un miliciano respondió: “¿Qué es lo que estás viendo?” por lo que contó el miliciano en la posada. Estuvo varios días insepulto hasta que un buen hombre con ayuda de un vecino lo enterró a muy poca profundidad junto a un olivo.

Con la entrada de los nacionales la familia de Duarte fue a recuperar el cuerpo. Sus restos fueron trasladados de Alora a Yunquera el día 3 de Mayo de 1937. Tras finalizar su proceso de beatificacion fueron trasladados desde el cementerio municipal hasta la iglesia parroquial de Yunquera para ser depositados en el crucero delante del altar del templo el día 17 de noviembre de 1985. El 28 de octubre del año 2007 seria beatificado en Roma, dentro del grupo de los 498 martires, su hermana Carmen Duarte asistió al triunfo de la fe de su querido hermano, Juan Duarte Martin.

Bibliografía:
“La Fuerza de la Fe. Vida y Martirio de Juan Duarte Martin” del Padre Pedro Sanchez Trujillo. 2ª edicion, la primera imprimida en 2003 (sin editorial)

Abel

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

38 pensamientos en “Beato Juan Duarte Martín: el diácono mártir

  1. Gracias Abel,
    Conocía la vida de este beato malagueño cuyo martirio fue uno de los más atroces cometidos en el 1936. Lo abrieron en canal, de abajo arriba estando vivo y vivo aun le rociaron el vientre y el estómago con gasolina y le prendieron fuego. Ardiendo, estaba vivo y rezando. Fue después de un rato cuando le dispararon un tiro en la cabeza y lo mataron.
    Pero, aunque pocos, también hay algunos otros relatos martiriales del 1936, realmente atroces, como echar al mártir vivo en un horno ardiendo.

  2. Durante la Guerra Civil se cometieron muchas barbaridades y ésta es de las aberraciones más grandes que había oído relatar, y eso que he oído de muchas aberraciones. Cuesta entender tanto ensañamiento en alguien que seguramente no conocían y que no les habría hecho -ni les habría podido hacer nunca- ningún daño.

    Está claro que ambos bandos cometieron atrocidades y nadie puede jactarse de lo contrario, pero la persecución y asesinato de sacerdotes, religiosos y creyentes es uno de estos ejemplos de injusticia y crueldad, especialmente tratándose de gente apolítica e indefensa.

    Sólo matizar que sería mejor no emplear el término “rojos” para hacer referencia a los milicianos, ya que esa palabra es tan imprecisa como generalizante, además de despectiva según contexto. Has hablado de milicianos de la FAI, luego se trataba, específicamente, de anarquistas. Por desgracia muchas personas relacionadas con esta organización estuvieron implicadas en muchos casos similares. Su gran radicalismo, violencia y anticlericalismo, los llevó a hacer este tipo de cosas no sólo contra gente religiosa y creyente, sino también contra republicanos moderados y gente también posicionada en la izquierda, pero contraria a la violencia. Por lo que no me parece justo meterlos a todos en el mismo saco con el término de “rojo”, me explico.

    • El termino “rojos” no ha sido invencion mia,lo he puesto tal como aparece en el libro,de todas formas no creo que sea despectivo,como tampoco lo es “azules”.
      Simplemente se señalaba para indicar a los de un bando u otro,en terminos generales(yo pienso que esta bien aplicado).

      • No, no está bien aplicado, precisamente por su generalismo, cosa que ya había apuntado. Hay que hablar con propiedad. Si son anarquistas, son anarquistas. Si son republicanos, son republicanos. No es lo mismo una cosa que otra, ni todos son “rojos”. Y si eso lo ponía en el libro, está mal puesto, luego traslado mi crítica directamente al autor.

  3. Cada vez que escucho los relatos de los martirios de la guerra civil española, me siento estremecer hasta los huesos. Y no tanto por los métodos salvajes y aberrantes de ejecución, que siempre hemos de ver (por desgracia) en todas partes donde hayan humanos, como sí por la valentía y la determinación de que hicieron alarde los cristianos en estas épocas tan duras para la fe, y pienso en cuanto de todo esto nos falta a los cristianos de hoy, cuando la persecución es menos cruel… Muchas veces nos acobardamos ante los señalamientos que el mundo (entendido en sentido neotestamentario) nos hace, ante sus sutiles ataques y sus burlas de nuestro camino, y he aquí mujeres y hombres que su sangre gritan a los cuatro vientos que no importa si nos burlan, si nos ofenden, si nos torturan y nos matan, que definitivamente nada nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús . En ellos sí que es aplicable lo que cierto cantautor cristiano de nuestors tiempos proclama en uno de sus versos: “Tu sueño hoy se hizo vida / tu sueño de morir / … tu sueño vive en mí!”.
    Felicito a Abel por el artículo, como siempre excelente, y manifiesto mi alegría de conocer a un santo diácono, ya que son pocos en el santoral los que murieron en este orden.
    “La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento; la gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en Paz. Aleluya” (Antífona de Ofertorio. Misa para varios mártires en tiempo pascual. Misal romano)

  4. Ramón,
    No se qué Ramón serás, pero quiero decirte una cosa: “la joven Meldelen” sabe más de santoral que tu y yo juntos. Una persona puede ser joven y sabia y otra ser vieja e inculta.
    Yo no veo que quiera politizar el artículo, solo poner las cosas en su sitio y distinguir a unos de otros. Este blog está para debatir y no solo para hablar de ñoñerías. Y la hagiografía es desde luego, un tema importante de debate. Y podría seguir diciendo más cosas, pero prefiero dejarlo aqui.

  5. Quiero hacer una aclaración sobre los mártires de la guerra civil española y hablo de las “víctimas por odio a la fe”. No me refiero al resto de víctimas de uno y otro bando en la guerra, que fueron casi un millón de personas.
    “Por odio a la fe”, fueron martirizados muchos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares por uno y otro bando; si, por uno y otro bando. Lo que pasa es que solo se han abierto procesos a aquellos que fueron martirizados por el bando republicano. Pero el bando franquista martirizó a muchos sacerdotes y religiosos vascos por el hecho de ser sacerdotes y religiosos vascos; eran curas sencillos de pueblo, no metidos en política, auténticos pastores en sus iglesia. Y no se ha abierto ni un solo proceso de beatificación de estos mártires, solo por el hecho de que fueron martirizados por las fuerzas nacionales de Franco. Eso es así y ya debiera la jerarquía de la Iglesia española hacer justicia con ellos, aunque bien es verdad que lo importante es haber dado la vida por Cristo y esto Dios lo sabe y los tiene consigo, aunque aqui “los hayamos olvidados” oficialmente

    • Aunque no creo que vaya dirigido a mi persona, quisiera agradecer esta aclaración… porque lo que dice Antonio es verdad, aquí y en cualquier parte donde se halla intentado establecer un régimen de verdad. No se trata de debatir temas políticos, se trata de reconocer cómo el panorama político ha afectado el libre ejercicio de la fe cristiana. En alguno casos, se la ha perseguido abiertamente; pero en otros (y me parece mucho más peligroso) se ha usado a la Comunidad Cristiana para esconder oscuras intenciones. Por supuesto, es tradicional que las dictaduras tengan entre sus características la “protección” a la alta jerarquía católica, pero esto esto nunca ha significado interés por la religión per se, sino interés por la influencia que ésta puede ejercer sobre las conciencias de los pueblos… desafortunadamente, las consecuencias de la “producción de la verdad” que ejercen las dictaduras son duraderas, y empañan la historiografía, no la científica, sino aquella publicitada por los mass media y/o conservada en los relatos e imaginería tradicionales de las masas. ¿Quién niega que, durante el mando de Pinochet, en Chile, se hallan perseguido y asesinado a sacerdotes y religiosos que sólo querían trabajar por el pueblo, pese a la aparente oficialidad de la Iglesia Católica? Y aquí en Colombia, en los gobiernos favorables a la jeraraquía ¿no se persigió también a los presbíteros que trataban de defender a los opositores, en cumplimiento del manadato de Cristo de dar caridad a todos sin hacer distingos? pero sólo se recuerdan las persecuciones del otro bando, “el de los malos”, el que no alcanzó o no tuvo la oportunidad de producir conceptos y nociones favorables a su causa… particularmente no sabía nada de éstos asesinatos de clérigos y obispos vascos, pero no me extraña para nada que se les halla ignorado en la información que circula… Espero que algún día, en este blog, se les haga justicia, aquella que los dirigentes católicos aún tardan en hacer, y se hable de ellos, para que la verdad brille, como debe ser.

        • Antonio:
          me lo supuse así, pero encontré un muy beun pretexto para participar, ya que no tenía nada que decir, pues es “maso”, como decimos en mi tierra, lo que conozco de la guerra civil española. Pero con lo último que has dicho encontré silmilitudes con lo ocurrido en algunos momentos de nuestra historia colombiana… ya preguntandote màs directamente ¿que nombres recuerdas de estos presbíteros y obispos vascos que murieron a manos de los “nacionalistas”? (perdonenme si he usado mal el calificativo) .

  6. El “debate” que ha suscitado el presente artículo me parece de los más fructíferos y aleccionadores de los que han generado los artículos en este blog . Aunque , obviamente tengo mi opinión al respecto , agradezco a cada uno de los aportantes su punto de vista que , en síntesis , conforman una visión de una de las partes de nuestra historia más tristemente siniestras. Si el blog sirve para conformar foros como este , bienvenido sea.

  7. No podría estar más de acuerdo con lo expresado por Antonio y Dairon. Tendemos a encuadrar demasiado rígidamente la realidad histórica en blancos y negros cuando toda ella ha sido, siempre, una absoluta escala de grises.

    Este tema de la Guerra Civil española es aún muy doloroso pero no veo por qué no tratarlo. No podemos estar siempre apalancados en los mismos estereotipos o darle la espalda al asunto por completo. Y creo que sí viene a cuento aprovechar cada oportunidad que se presente para tratarlo.

    Ya que lo dices, Dairon, al bando franquista se le ha llamado “nacional” (no nacionalista, que es otra cosa) pero naturalmente es un epíteto que se dieron ellos mismos por considerar que sólo ellos estaban luchando por España (“la nación”) mientras que el bando contrario, según ellos, trataba de destruirla. Naturalmente es una visión parcial. El término es tan impreciso e inadecuado como llamar “rojos” a todos los que no estaban con ellos o que estaban contra ellos. Ni uno ni otro deberían usarse ya, simplemente porque son parciales y no se ajustan a una realidad concreta.

    Y gracias a Antonio y Dairon por aportar ejemplos que demuestran que gracias a Dios no hay blancos ni negros y que no podemos encasillar a las personas y a los procesos históricos según estereotipos interesados.

  8. Ana Maria ya sabe mi opinion y mis sentimientos respecto hacia todos estos temas de la guerra civil española y seria para mi en balde volver a comentar lo mismo sobre el tema una y otra vez cada articulo que se publicara con un martir de esta guerra.

    Pasando a otra cuestion dentro del tema mismo de este Beato Martir…¿porque no se beatificaron a sus dos compañeros y amigos martires al mismo tiempo?
    ¿No pudieron incluirlos dentro de la misma causa para el proceso?
    Es algo que no entiendo,cierto que el suplicio de Juan Duarte fue mas largo y por ello quedo mas hondo en la impresion de todos,pero justo hubiera sido que fueran beatificados los tres juntos.
    En una pagina web todavia siguen buscando a personas que sigan vivas para declarar en el proceso de Jose Merino,el subdiacono.

  9. Hola a todos, soy nuevo en esta página. Me gustaría decir mi opinión sobre lo que he leido aquí. Primeramente el bando nacional no era franquista, era simplemente el bando nacional. La mayoria de civiles y religiosos, asesinados en los primeros meses de la guerra civil por la represión republicana, murieron sin saber quien era Franco. Solamente sabián que un general llamado Francico Franco y otros generales se habían alzado en armas contra el gobierno de la nación. La represión franquista despues de 1939, solo fusilaban a los reos de muerte condenados por un juicio por crimenes de guerra. Pero antes de fusilar no cometián las atrocidades que cometieron los republicanos ni siquiera durante la guerra civil en el bando nacional. Solamente se limitaban a disparar el fusil.
    Los sacerdotes vascos murieron por motivos políticos no religiosos. Gracias.

    • Hola Juárez, me parece totalmente respetable que compartas tu opinión, pero siento decirte que no estás bien informado al respecto.

      El bando nacional es ridículo llamarlo nacional ya que precisamente, como tú dices, fueron ellos los que se habían alzado contra el gobierno nacional. Y lo asociamos al bando franquista porque aunque al principio liderado por el general Mola, quien orquestó el golpe, fue rápidamente sustituido y acaudillado por Frnaco.

      Luego, primero dices que los civiles y religiosos murieron sin saber quien era Franco, y luego dices que sólo sabían que había un general llamado Franco que acaudillaba con otros generales el golpe. ¿En qué quedamos? ¿Lo sabían o no lo sabían? Aclárate por favor. En cuanto a mí, estoy de acuerdo en que quizá todos no estaban al día, podría ser.

      Y sobre lo que dices posteriormente sí que estás mal informado de todo. La represión franquista no fue sólo contra reos de muerte condenados en juicio por crímenes de guerra, sino contra todo opositor al régimen. ¿Qué crímenes de guerra tenían los militantes de partidos políticos u organizaciones que no habían participado de la guerra? ¿Qué crímenes de guerra tenían las Trece Rosas, Matilde Landa, y otros tantos?

      ¿Y cómo que no cometían las mismas atrocidades que los “republicanos”? ¿No has oído hablar de las torturas en la cárcel Modelo, los campos de prisioneros, los trabajos forzados en el Valle de los Caídos, el bombardeo de Guernica, los ataques aéreos sobre Valencia y Barcelona, directamente sobre población civil indefensa?

      Creo sinceramente que necesitas documentarte un poco mejor.

      • Desde luego, Juarez, de la guerra civil española sabes más bien poco. Los dos bandos cometieron atrocidades sin ton ni son. Los republicanos atacaron a la Iglesia (pero recuerda cómo se portó la Jerarquia Eclesiástica durante la Republica) y no solo sacrificaron a algunos obispos (por cierto se ha beatificado a uno que realmente agitaba a su diócesis contra la República, que era el gobierno legítimo), sino a simples e inocentes religiosos. Pero Franco o como quieras llamar a su pandilla, hizo lo mismo con sencillos y santos sacerdotes vascos que jamás estuvieron metidos en política, pero que cometieron un grave pecado: ser vascos. Eso es historia pura y dura y lo que tu cuentas en un cuento chino.
        Los mártires vascos (no beatificados) son iguales que los mártires valencianos (beatificados). ¿Es discriminación?

    • Estás en tu derecho.
      En mi casa pasó exactamente lo contrario. De todas formas decirte que este es un debate que ha salido en este artículo pero que ha sido de manera excepcional. Normalmente no se debate de estas cosas, sino sobre la vida e historia de los santos. Pero, sobre todo estás en tu derecho de hacer lo que creas conveniente, decisión que yo respeto profundamente.
      Decirte por último que siempre estaremos a tu completa disposición.
      Un saludo cordial.

  10. Por esto no me gusta estos temas,cuando voy a publicar un articulo sobre martires de la guerra civil española ya me veo venir lo que pasa.
    Del martir en cuestion siempreeeee pasamos a los dos bandos,haber cual hizo mas daños,haber quien escribe la historia,siempre la misma cancion.
    Yo no quiero que la gente se disguste,y si es asi,dejare de publicar articulos de martires de la guerra civil,no quiero cuitas de este tipo.

    • Querido Abel,
      Por favor, no renuncies a seguir escribiendo sobre nuestros mártires del siglo XX; son modelos a seguir independientemente de que en algún caso concreto se pudiese poner alguna pega. Yo te pido que lo hagas y si salen estos debates, no pasa nada. Somos personas maduras, que podemos discrepar en algunos temas y que tenemos que acostumbrarnos a debatir estas discrepancias, sabiendo que por encima de ellas, nos mueve un mismo motivo: el amor a los santos, el saber que son modelos a seguir, aunque algunos lo hagamos de una forma y otros de otra. Por ejemplo, tu sabes que yo doy poco valor a las leyendas y mucho a la historia; es asi y no pasa nada.
      Y sobre nuestros mártires recientes no hay leyendas, hay historia constatada y “de la buena”.
      Sigue, que es bueno para todos.

  11. El ejemplo de verdadera Fe, bondad, caridad hacia sus asesinos y confianza plena en Jesucristo, en un alto ejemplo para quienes hoy queremos ser cristianos.
    Juan Duarte y compañeros seminaristas: ¡ROGAD POR NOSOTROS!

    • Puedes participar de cualquier debate en cualquier artículo cuando gustes, Curro. Eso sí, te pedimos que lo hagas con respeto, especialmente en estos temas tan delicados que caen fácilmente en polémica.

  12. Cuanta insidia existe aún, cuantas manifestaciones existen desde un lado frente al otro, sin querer darnos cuenta que no existen lados, sino personas con unas ideas “no políticas” perversa, y que existían en todo el territorio, existían y existe actualmente, y sin ánimo de crear controversia permítanme decir que hoy se ven a personas dándose golpe de pecho -que se lo van a romper- y son mas malos y sanguinarios que otros que como comentáis son rojos.
    Por favor, cuando habléis hablen con propiedad, sin maldad, sin ensañamiento, pensar en unir no en dividir, ya hace demasiados años para que vayamos dejando estos de lado. Santos y beatos existió en los dos, aunque solo se reconozca en uno.

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