San Martín de Porres, fraile dominico

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"Verdadera efigie de San Martín de Porres", pintura anónima en cobre. Monasterio de Santa Rosa de las Monjas de Lima (Perú).

Pregunta: Soy peruano aunque vivo en España. He oído decir que San Martín de Porres tenía fama de curandero. ¿Es esto cierto? Por favor, dadme una respuesta.

Respuesta: Aunque tu pregunta nos llegó hace unos quince días, hemos querido esperar hasta hoy para contestarte, ya que hoy celebramos su fiesta. Aunque me imagino en qué sentido va tu pregunta, te diré que algo de eso hay y la mejor forma de saberlo es escribiendo sobre su vida y es lo que voy a hacer.

Era hijo de un noble caballero español, Juan de Porres; y de una mujer libre, de raza negra, panameña, pero de origen africano: Ana Vázquez. Era peruano; nació en Lima el día 9 de diciembre de 1579. Fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, en la misma pila bautismal en la que siete años más tarde también sería bautizada Santa Rosa de Lima. Fue inscrito en el libro de bautismo como “hijo de padre desconocido” porque su padre, viendo que el niño era mulato, no quiso darle su apellido, cosa que haría luego varios años más tarde. El ser considerado hijo ilegítimo y además mulato, influyeron gravemente sobre el pequeño Martín, el cual vivió su infancia con su madre y con su hermanita Juana, dos años más pequeña que él, pasando algunas penurias.

Cuando tenía unos ocho años, él y su hermana fueron llevados por su padre a Guayaquil (Ecuador) y allí permaneció unos cinco años durante los cuales el padre se ocupó directamente de la educación e instrucción de los dos hermanos. Estos cinco años fueron unos años de vida mucho más tranquila para los niños, serenidad y tranquilidad que se vieron interrumpidas cuando su padre fue enviado a Panamá como gobernador. Entonces envió a la pequeña Juana bajo el cuidado de su tío Don Diego de Miranda y a Martín lo envió a Lima, donde estaba su madre, a la que le facilitó todo lo necesario para que Martín pudiera seguir estudiando y aprendiendo algún oficio.

Icono contemporáneo del Santo, representado al estilo ortodoxo.

Martín se sentía especialmente atraído por la medicina y comenzó a frecuentar una especie de farmacia-ambulatorio propiedad de unos vecinos suyos, Mateo Pastor y Francisca Vélez, los cuales llegaron a brindarle al joven Martín una gran amistad. En seguida, en la tienda de Marcelo de Rivera, fue iniciado en las artes de barbero-curandero (barbero, curandero, cirujano, médico y farmacéutico, una mezcla de todo en aquella época). Posiblemente por aquí viene la fama de lo que usted mismo dice en su pregunta. Aprendió muy pronto llegando incluso a superar a su maestro, lo que le dio gran fama en Lima.

A todo esto, los dominicos que habían llegado desde España y habían fundado en 1510 un primer convento en la isla de Haití y de allí pasaron a México, Venezuela y Colombia, en el año 1530 comenzaron la evangelización de Perú mientras Pizarro y Almagro manchaban sus nombres realizando innumerables actos de infamia y crueldad. El padre Vicente Valverde, que el rey de España mandó para que aconsejara a Pizarro y lo frenase y moderase, fue consagrado como primer obispo de Perú. Los conquistadores en 1536 habían devastado la ciudad de Cuzco, habían convertido en iglesia el templo al sol y en convento, el palacio real de los Incas. Fundada Lima como nueva capital, se construyó el primer templo dedicado a la Virgen del Rosario y en el 1539, por una Bula del Papa Paulo III, fue erigida la provincia dominica del Perú.

Pero volvamos a la vida de San Martín; Cuando tenía quince años quiso entrar en el convento dominico del Rosario de Lima, pero dado que estaba considerado como “hijo ilegítimo” y era mulato, solo fue admitido como “hermano donato”, o sea, como terciario, dedicándose a los oficios más humildes de la comunidad. Cuando lo supo su padre, contrariado y humillado por la decisión de su hijo, hizo todo lo posible por disuadirlo, pero no lo consiguió. Martín, con un enorme fervor inició esta nueva vida, haciendo de la escoba casi su emblema y haciéndose sentir útil a los frailes. No le faltaron ni ofensas ni faltas de delicadeza hacia él, pero él siempre se mantuvo paciente y con gran mansedumbre.

Estampa devocional popular del Santo.

Era profundamente humilde, servicial, que se llamaba a sí mismo “perro mulato” para humillarse (yo creo que en esto se pasaba) y que más de una vez, cuando en el convento había dificultades económicas, se ofrecía al padre prior para “que lo vendiera como esclavo” (también en esto, creo que se pasaba). Poco a poco los frailes fueron tomando conciencia del tesoro que tenían en el convento y así, lo admitieron al noviciado e hizo los votos simples. Sin embargo, aunque Martín prefería permanecer siempre en el anonimato, en el último lugar, el día 2 de junio de 1603, emitió la profesión solemne como fraile dominico.

Ya dominico plenamente, se empeñó especialmente en seguir la vida de Santo Domingo de Guzmán, llevándose largas horas de oración delante del sagrario, flagelándose tres veces todas las noches, siempre meditando en la Pasión de Cristo. En más de una ocasión los frailes lo vieron en éxtasis, levitando, abrazado a la imagen de un Crucifijo, con su boca besando la llaga del costado de Cristo. Así lo hace constar Fray Bernardo Medina, en el proceso apostólico el 18 de octubre de 1683  en Lima.

En aquel tiempo, convivían en Lima varios santos: Santo Toribio de Mogrovejo, que era el arzobispo de la ciudad, San Francisco Solano que era fraile franciscano, Santa Rosa de Lima que era terciaria dominica, San Juan Macías que era fraile dominico y él mismo, San Martín de Porres. ¡Cinco santos viviendo simultáneamente en la misma ciudad! Martín, buscaba la compañía de los otros para hablar con ellos de Dios y de sus propias experiencias.

A San Martín de Porres se le considera un taumaturgo: tenía carismas extraordinarios, como el don de profecía, hacía milagros en vida, eran frecuentes los éxtasis místicos, tenía el don de la bilocación (estar en dos sitios distintos simultáneamente) y todo esto lo ponía al servicio de los demás, especialmente, al servicio de los pobres y de los perseguidos. Tenía el don de la sabiduría y ciencia demostrando unos conocimientos que causaban estupor a los teólogos. Conocía perfectamente las Sagradas Escrituras y la “Summa Theologica” de Santo Tomás de Aquino a las que citaba exactamente en numerosas ocasiones. Los estudiantes acudían a él cuando tenían dificultad para entender algunas de las ciencias y toda clase de gente también lo hacía, incluso el mismísimo arzobispo, Santo Toribio de Mogrovejo. Se dio el caso de que en más de una ocasión el arzobispo fue a visitarlo y tuvo que esperarlo porque estaba en éxtasis en ese momento.

Grabado de San Martín de Porres.

Grabado de San Martín de Porres.

La pequeña enfermería del convento era el cuarto donde él ayudaba a los pobres, consolaba a los indios y aconsejaba a los poderosos. Su actividad, hasta cierto punto, se convirtió en algo tan extraordinario que llegó a sorprender a todos, que no comprendían como pudiera realizar santísimas cosas al mismo tiempo. Deseoso de ser mártir, sin llegar a salir de su convento de Lima, fue visto en el África septentrional consolando a los esclavos y en China y Japón socorriendo a los misioneros nativos: claros signos de bilocación. Enseñaba el catecismo por las calles, a los campesinos, a los criados negros y mulatos y a todos cuantos estuviesen dispuestos a escucharle. La caridad lo empujó a aliviar a todos, sin pararse en mirar ni a qué clase social pertenecía ni qué color tenía su piel. Realmente, fue un ángel amoroso con los enfermos, curando a todos, cosa que le dio tanta fama que venían a buscarlo al convento todos los abandonados, los enfermos, los que sufrían algún accidente e incluso los numerosos heridos en reyertas callejeras. Como dicen numerosos testimonios de la época, de modo particular se dedicó a cuidar a los frailes, aun en los menesteres más repugnantes, sirviéndolos arrodillado ante ellos. Durante una epidemia de peste que devastó Lima, él solo, se prestó a curar a sesenta frailes enfermos y todos, absolutamente todos, sanaron. Aún hoy permanece la huella de esta sorprendente caridad en el Colegio de la Santa Cruz, que él hizo que se construyera en Lima para atender a los niños más pobres. Fue el primer colegio de este estilo que se construyó en América Latina.

Pero la inmensa caridad de Martín no se limitó solamente a los hombres; también la practicó con los animales. Como San Francisco de Asís, hablaba con los pájaros y como San Antonio de Padua, predicaba a los peces. Martín se dirigía a los animales más pequeños y a los más repugnantes, como a las ratas, hablándoles, curándolos, tratándolos como él decía: “Son criaturas de Dios”. Les hablaba como si estuviese hablando a seres inteligentes y “era escuchado”. Los perros, los gatos, los bueyes, las ratas, todos, conocieron su caridad e instintivamente lo buscaban, no solo para que les diera de comer, sino también para que los curasen cuando estaban heridos o enfermos. Esto que escribo no es leyenda, es historia contrastada. Existen numerosos testimonios de la época que así lo confirman. Era realmente un santo ecologista.

Relicario con el cráneo del Santo. Convento de Santo Domingo, Lima (Perú).

Lo llamaban “el padre de la caridad” aunque él no era sacerdote, sino simple hermano lego. Las ratas lo tuvieron como su protector y lo obedecían no haciendo daño a nadie, ni mordiendo, ni atacando el huerto y el jardín del convento. Él les daba de comer siempre en el mismo lugar, para que ellas no vagaran por el convento buscando comida. Hoy en día, se invoca a San Martín cuando hay plagas de ratas y de roedores en general. Una antigua pintura de Bernardino Rizzi lo representa abriendo un armario de la sacristía del convento, metiendo a todos los roedores en un cesto y llevándolos luego al campo. ¡Y es que esto sucedió realmente!

Iba a cumplir los sesenta años cuando, de acuerdo con sus superiores, el nuevo arzobispo de México, Don Feliciano de Vega, curado por Martín de una grave pleuritis, pensaba llevárselo con él para, según él, sustraerlo a las tentaciones de soberbia a las que podría estar expuesto en Lima como consecuencia de su fama entre los limeños. Pero una violenta fiebre lo impidió y así, el día 3 de noviembre de 1639 moría pobremente como había vivido toda su vida. Tenía sesenta años de edad y su fiesta es precisamente hoy, tres de noviembre.

La veneración de los fieles, las gracias y milagros que se obtenían por su intercesión hizo que el proceso canónico se iniciase a nivel diocesano en el año 1660, ventiún años después de su muerte. El día 10 de diciembre de 1668, el Papa Clemente IX firmaba el decreto de introducción de la Causa de canonización, que, como la emancipación de los negros, avanzó muy lentamente (milagrosa coincidencia) y así el 29 de octubre de 1837 (casi ciento setenta años más tarde de iniciarse el proceso) fue solemnemente beatificado por el Papa Gregorio XVI.

Vista del altar de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lima (Perú) con las imágenes y reliquias de Santa Rosa (centro), San Martín de Porres (izqda.) y San Juan Macías (dcha.)

Vista del altar de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, Lima (Perú) con las imágenes y reliquias de Santa Rosa (centro), San Martín de Porres (izqda.) y San Juan Macías (dcha.)

En junio de 1926, el Papa Pío XI concedía reiniciar la causa de canonización, que había estado paralizada otra vez casi un siglo. El papa le dio un nuevo impulso a su culto como beato, tanto dentro de la Orden Dominicana como en todo el territorio del Perú y, aunque sólo era beato, aprobó que su fiesta se celebrase en algunas diócesis de América, África y Asia. Hay que recordar que culto universal sólo se les da a los santos, no a los beatos. El día 10 de enero de 1945, el Venerable Papa Pío XII lo declaraba patrono de todas las obras de justicia social en Perú y en julio de 1966, el Beato papa Pablo VI, lo declaraba patrono de los barberos y peluqueros italianos.

Cuatro años más tarde, el día 6 de mayo de 1962, el Papa San Juan XXIII lo canonizó solemnemente en Roma. Se le daba un nuevo impulso a la emancipación total de los negros, a la superación de las diferencias raciales y de clase, a la verdadera fraternidad entre todos los hombres independientemente de su origen, raza, creencias, etc. En los Estados Unidos, el presidente Kennedy, aunque con la oposición de determinados sectores de la sociedad americana, consiguió aprobar la ley sobre los derechos civiles de los negros y toda la gente de color americana vio en la canonización de San Martín, la sincera voluntad de la Iglesia de suprimir todas las barreras que habían dividido a los pueblos durante siglos.

Sus reliquias están en una urna en el altar mayor de la iglesia del convento de Santo Domingo, en Lima, junto a otras urnas con las reliquias de Santa Rosa de Lina y San Juan Macias.

Sobre San Martín de Porres se ha escrito mucho. La primera obra fue publicada en Lima en el año 1637 y se titulaba “Vida prodigiosa del Venerable Siervo de Dios Martín, natural de la Tercera Orden de Nuestro Padre Santo Domingo”. Este mismo libro fue publicado en Madrid dos años más tarde. Domenico Marchese escribió sobre él en Nápoles en el año 1681 y Meléndez, hizo lo propio en Roma en 1682. La obra se titula: “Tesoros verdaderos de las Indias en la historia de la gran Provincia de San Juan Bautista del Perú de la Orden de los Predicadores”.

Son innumerables los textos escritos sobre él: un anónimo de Palermo en 1696, Martino da Lima en Lisboa en 1712,  Domenico Ponsi en Roma en 1732,  Valdés en Lima en 1863,  Herbert en Nueva York en 1889, etc… La “Analecta Sacri Ordinis Praedicatorum” publicada en el año 1962, año de la canonización, entre las páginas 551 a 583 aporta interesantes documentos sobre la canonización con los discursos del Papa Juan XXIII, del cardenal Landázuri, arzobispo de Lima y del Vicario General de la Orden. La última publicación que yo conozco y seguro que existen otras muchas posteriores, es la de Gino Lublich, publicada en Roma en 1965 y que se titula: “El primer santo de color: Martín de Porres”.

Antonio Barrero

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11 pensamientos en “San Martín de Porres, fraile dominico

  1. ¡Que gran articulo para tan gran Santo!
    De pequeño iba a la salida del colegio junto con dos compañeros al Convento de las Madres Dominicas a que nos dieran postalitas de San Martin de Porres.
    Yo siempre le he tenido un gran aprecio y cariño,sobre todo por su amor a los animales.
    Cuando los frailes querian eliminar los ratones que poblaban el convento,San Martin no quiso que les hicieran daño y se ofrecio el a solucionar el problema.
    Una tarde los frailes asombrados vieron una procesion de ratones dirigirse a donde les indicaba San Martin de Porres,a partir de entonces no causaron mas problemas y el se encargo de alimentarlos.
    Como dice Antonio,no solo a los ratones queria,amaba a todas las criaturas de Dios.
    Cuando murio,al lado del lecho se encontraba la celebre cesta con varios de sus ratones.

  2. Cuando era niña, rebuscando en los cajones de mi abuela -soy una fisgona nata- encontré un mini-díptico de piel con una pequeñísima estatuilla del Santo y el lado una estampita con un ex-indumentis. Fue la primera vez que vi a este Santo, y también la primera que toqué un ex-indumentis, pero recuerdo que pensé: “¡Anda, pero si es negro!”

    A veces sorprende lo clarividentes que pueden ser los niños. Martín de Porres fue el primer santo de color canonizado y si se retrasó mucho el reconocimiento a su excepcionalidad, tuvo que ser sin duda por ser mulato. Era el segundo santo americano canonizado, también, y hasta Juan Diego no hubo otro que fuese específicamente indígena.

    No conocía mucho más de él y me ha sorprendido su vida. Su caridad y compasión para con los demás es realmente admirable, pero además, transmitir estos sentimientos a los animales, revela una sensibilidad fuera de lo común. Sin duda, hoy conmemoramos a un hombre irrepetible.

  3. Estupendo artículo Antonio . Este era un santo que tenía prácticamente borrado de mi memoria pero al leer tu aportación he recordado que mi tía l etenía gran estima y se refería a él en valencaino llamándole el de “la granera” de foma coloquial (el de la escoba). Sin duda un ejemplo de humildad en épocas hostiles.

    • Perdona mi querido amigo Salvador, pero exactamente con un año de atraso acabo de leer tu comentario. Aquí también es conocido como el santo de la escoba. ¡Dios ensalza a los humildes!

  4. Creo en su humildad y su amor al prójimo y sus animales. Mi mamá es ferviente devota de él y nos inculcó el amor a San Martín. Yo me casé el 3 de noviembre, una fecha tan especial para los devotos de este gran santo.

    • Hilda Rosa,
      Pues aprovecho la ocasión para desearte mucha felicidad en el aniversario de tu boda.
      Un cordial saludo y ya sabes que este es tu blog.
      Que San Martín proteja tu hogar y a toda tu familia.

  5. quiero saber sobre la amistas de san juan macias cobn san martin de porres, fray gomez y santa rosa, por favor
    me interesa mucho saber sobre la amistad entre los santos peruanos limenos gracias, pueden darme informacion de ello?

    • Estimada Marybel, las consultas debes enviarlas al formulario de la pestaña “Envíanos tu pregunta”, en la cabecera del blog. Gracias.

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