Santa Columba, virgen y mártir de Sens

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Detalle de la Santa en el Tríptico de la Santa Faz, obra de Antoniazzo Romano. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Pregunta: Aquí en Barcelona hay un sitio que se llama Santa Coloma. ¿Es la misma que Santa Columba o es Paloma? España

Respuesta: El nombre de Coloma es la versión catalana del original latino Columba, que significa, “paloma”. Sin embargo las mujeres que se llaman Paloma suelen acogerse al patronazgo de la Virgen de la Paloma. En cambio las versiones Coloma y Columba aluden a diversas santas de este mismo nombre. Probablemente la Santa Coloma a la que haga referencia ese lugar es la más famosa de todas, la virgen y mártir de Sens (Francia), que goza de gran veneración en Cataluña como se deduce de la cantidad de pueblos catalanes que llevan su nombre (Santa Coloma de Gramenet, Santa Coloma de Queralt, etc). Su fiesta se celebra tal día como hoy, el 31 de diciembre, por lo que aprovecharé, respondida tu pregunta, para explayarme un poquito sobre ella. Su culto ha sido siempre muy ilustre pero lo que sabemos de ella es una leyenda que merece poco crédito. Ésta es la más reciente de las redacciones de una serie de “passios” de esta Santa, todas fechadas entre los siglos VI-VII, por lo que son muy tardías, además de contener muchos datos y lugares dudosos. Veamos lo que dice esta síntesis.

Columba era una joven hispana nacida en Caesaraugusta (actual Zaragoza), originaria de una familia noble y pagana, que emigró a las Galias por huir de la persecución de Valeriano. Ya era cristiana y temía verse obligada a sacrificar a los dioses. En Vienne fue bautizada y de allí marchó a Sens, donde sería martirizada con sólo 16 años de edad. Habiéndose presentado voluntariamente ante Valeriano -¿pero no había huido antes de él?-, que estaba en Sens con motivo de un viaje a las Galias, éste le ofreció a un hijo suyo en matrimonio a cambio de apostatar. Como se negase tanto a aceptar el matrimonio como a sacrificar a los dioses, fue condenada a ser encerrada en una celda meretricia del anfiteatro (calabozo para prostitutas, donde también se violaba a las mujeres antes de llevarlas a la arena, pues la ley prohibía ajusticiar a una virgen).

Pero una osa escapó de su jaula y la protegió contra cualquier violencia. Así, un joven que entró para abusar de ella, se vio atacado por la osa y cuando Columba le ordenó dejarlo en paz y el animal la obedeció, él inmediatamente se convirtió y salió de allí. Entonces se dio orden de prender fuego a la celda para quemar a la joven y a la osa, pero una lluvia milagrosa extinguió las llamas. Sacada de allí, fue arrojada a una hoguera, pero de nuevo otra lluvia prodigiosa acabó con el peligro (entretanto, la osa había logrado huir al bosque). Finalmente, y tras un nuevo interrogatorio en que reafirmó su fe, Columba fue decapitada.

La Santa en la celda meretricia. Giovanni Baronzio (ca.1340). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

La Santa en la celda meretricia. Giovanni Baronzio (ca.1340). Pinacoteca de Brera, Milán (Italia).

Como se puede ver, este relato es muy fantasioso y poco serio. Incluso existe una versión italiana que da a la mártir el nombre de Eporita, justificando que por su inocencia fuese luego llamada Columba. Los hagiógrafos que han estudiado el caso de esta Santa han sido unánimes al desechar este relato como fuente histórica, pero sí que la han identificado con una virgen de Sens que fue martirizada en el siglo III, por lo que es una persona real.

Sin embargo, como decía al principio, su culto siempre ha sido muy importante: fue una de las mártires más célebres durante la Edad Media, aunque luego haya sido un tanto olvidada. Su culto estaba ya muy extendido por Francia y París en el siglo VII y hasta se menciona en la Vita Sancti Eligii que este Santo orfebre había hecho una urna de plata para ella.

El rey Clotario III mandó construir sobre su sepulcro en Sens la abadía Sainte-Colombe-lès-Sens, y San Lupo, que fue obispo de esta ciudad en el siglo VII, pidió ser sepultado junto a ella cuando falleció en 623. Otro obispo, Wessilone, en el año 853 consagró una nueva iglesia sobre este sepulcro y mandó envolver las reliquias de la Santa en un sudario de origen oriental. Éste, redescubierto en el siglo XIX, se venera en la catedral y es una tela preciosa. Aún se levantó una tercera iglesia sobre el sepulcro, por mandato del papa Alejandro II en 1164.

Hasta el año 1620 el cuerpo de la Santa fue venerado ininterrumpidamente en su sepulcro, pero los hugonotes lo profanaron y dispersaron, aunque se dice que algunas reliquias pudieron ser sustraídas y trasladadas a Roma. En 1792, la iglesia es destruida durante la Revolución Francesa. En 1803, lo que quedaba de las reliquias de la Santa, fue trasladado a la catedral, y fueron reconocidas canónicamente en 1853. Además de Francia, su culto está muy extendido también en España (en Cataluña, especialmente, como decía), Alemania e Italia, especialmente en Rímini, cuya catedral está intitulada a su nombre y posee la cabeza de la Santa, que llegó según la leyenda traída por mar en manos de unos mercaderes de Sens, además de dos costillas y dos dientes que el obispo Castelli trajo desde Francia en 1581.

Urna con las reliquias de la Santa. Catedral de Sens (Francia).

En la iconografía, aparece con una osa, sentada sobre una hoguera o portando una paloma, animal que alude a su nombre. Sin embargo, existen muchas otras Santas Columbas, muchas de ellas mártires de las catacumbas, por lo que el nombre podría ser añadido en muchas ocasiones por aquello de veni columba mea, aunque no es inverosímil que fuese un nombre de mujer frecuente en la Antigüedad. Es fácil confundirlas entre sí porque las que no son mártires de las catacumbas acaban llevando la paloma, aunque sólo la de Sens lleva la osa.

En resumen: es una mártir histórica, real, pero es gala y no hispana, y desde luego no hay que dar crédito a la fábula que se cuenta de ella; no sabemos nada de su vida y martirio.

Meldelen

Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
majestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Oremus:
Deus, cuius misericordiae non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus, piissimae Majestati tuae pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes: ut qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad praemia futura disponas. Amen.

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La Navidad en México

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Procesión de los "peregrinos" durante una de las jornadas de las Posadas.

I.-Las Posadas

La Navidad mexicana es una de las celebraciones de más tradición en el país, las fiestas comienzan a partir del 16 de diciembre y hasta el 24 con el famoso novenario de “Las Posadas” también conocidas como las nueve jornadas y que recuerdan a los nueve meses de embarazo de la Virgen María y son símbolo del camino que recorrieron María y José buscando posada para poder hospedarse y que María diera a luz a Nuestro Señor Jesucristo; el origen de esta hermosa tradición netamente mexicana se remontan al siglo XVI cuando se empezaron a celebrar las llamadas Misas de Aguinaldo (así llamadas porque se ofrecía un obsequio o aguinaldo de navidad que consistía en dulces, frutas y algunos juguetes para los niños y se acompañaban de villancicos alusivos al nacimiento del Niño Dios).

Dichas misas se llevaron a cabo por primera ocasión en 1587, en el pueblo de San Agustín de Acolman, Estado de México,  gracias a que fray Diego de Soria, prior del convento de San Agustín, consiguió del papa Sixto V una bula o permiso para celebrar en la Nueva España tal liturgia católica, con el ánimo de adoctrinar mejor a los indígenas.

La imposición e inició de la celebración de las posadas se uso para poder desarraigar a los naturales de la antigua tradición que ocurría en los mismos días de celebrar el nacimiento de Huitzilopochtli, los nueve días que duran las posadas eran los nueve días que debían ser sometidos los esclavos que serían sacrificados en honor a Huitzilopochtli, en esta época se acostumbrara que durante cuarenta días los sacerdotes mexicas guardaran ayuno y hacían penitencia para prepararse a la celebración, llamada Panquetzaliztli, a los dieciséis días del mes los dueños de los esclavos a sacrificar hacían ayunos y a los diecinueve comenzaban a realizar unas danzas.

Otra forma de representar a los "peregrinos" en las Posadas es con dos jóvenes vestidos de María y José.

Las llamadas “Posadas” consisten en llevar la imagen de los “Peregrinos” o el “Misterio” como se le llama en México, que son la Virgen y San José, por lo general la Virgen montada en un burrito y San José llevando a este, en otros lugares se acostumbra vestir a un niño y una niña de José y María respectivamente o a una joven virgen y un joven varón, de casa en casa por nueve días quedándose en cada hogar un día, se peregrina con las imágenes y se va rezando el rosario y se cantan las letanías siendo anunciado el paso de los “peregrinos” con cohetes y luces de bengala, al llegar a la casa designada se entona el popular canto de posadas que consiste en seis estrofas que cantan los de a fuera con los “peregrinos” y seis los de adentro de la casa al finalizar se abren las puertas para recibir a los “peregrinos” cantando en conjunto:

FueraDentro
En el nombre del cielo
os pido posada
pues no puede andar
mi esposa amada.

Mi esposa es María
es Reina del Cielo
y madre va a ser
del Divino Verbo.
Aquí no es mesón
sigan adelante
yo no puedo abrir
no sea algún tunante.

¿Eres tú José?
¿Tu esposa es María?
Entren peregrinos,
no los conocía.

Al abrir las puertas
Entren santos peregrinos, peregrinos
reciban este rincón.
Aunque es pobre la morada, la morada
os la doy de corazón.
Cantemos con alegría, alegría
todos al considerar,
que Jesús, José y María, y María
nos vinieron a honrar.

Detalle de un mural de Diego Rivera mostrando el momento de romper la piñata durante las posadas de diciembre.

Este canto es muy popular y conocido por todos, y como pueden apreciar trata de cómo José pide posada para su esposa que está a punto de dar a luz; al terminar la petición de posada y entrar los peregrinos en la casa se lee el día que corresponde a la novena, cabe decir que esta estructura de las posadas no se difunde si no hasta el siglo XIX y principios del siglo XX,  aunque ya desde el siglo XVIII las posadas dejaron de hacerse en los templos para comenzar a realizarse en las casas particulares y en los barrios; posteriormente se procede a romper la piñata que para la posada debe ser en forma de estrella de 7 picos simbolizando los 7 pecados capitales, se rompe con un palo que simboliza la virtud y se le vendan los ojos a los que la van a romper como símbolo de la fe que es ciega, la piñata se hace con una olla de barro que simboliza al demonio, al romperse la piñata caen los dulces y frutas sobre los asistentes como símbolo de la gracia de Dios que cae sobre los hombres al acabar con el pecado para romper la piñata se entona otro canto también muy popular:

Dale, dale, dale
no pierdas el tino
porque si lo pierdes
pierdes el camino

Dale, dale, dale
dale y no le dio
quítenle la venda
porque sigo yo.

Ya le diste una
ya le diste dos
ya le diste tres
y tu tiempo se acabo

La piñata tiene caca…,
tiene caca…,
cacahuates de a montón.

Esta piñata
es de muchas mañas
solo contiene
naranjas y cañas

No quiero oro
ni quiero plata
yo lo que quiero
es romper la piñata.

Echen confites
y canelones,
pa’ los muchachos
que son muy tragones

Anda María
sal del rincón
con la canasta
de la colación

Andale Juana
no te dilates
con la canasta
de los cacahuates.

Castaña asada
piña cubierta
denle de palos
a los de la puerta

Y que le sirvan
ponches calientes
a las viejitas
que no tienen dientes

Al concluir de romper la piñata se reparten los famosos “aguinaldos” o “colación” que es una bolsa de dulces y frutas de la temporada, con otro canto más:

Echen confites
y canelones,
pa’ los muchachos
que son muy tragones

Anda María
sal del rincón
con la canasta
de la colación

Andale Juana
no te dilates
con la canasta
de los cacahuates.

Castaña asada
piña cubierta
denle de palos
a los de la puerta

Y que le sirvan
ponches calientes
a las viejitas
que no tienen dientes

Por desgracia la hermosa tradición de las Posadas en las zonas urbanas de México se ha extinguido casi en su totalidad, es en las zonas rurales donde las Posadas aún se conservan y se siguen celebrando anualmente, en las ciudades las posadas de ser una festividad religiosa acompañando a José y María se ha transformado en fiestas que solo fomentan muchas veces el vicio y no recuerdan en absoluto el recorrido de María y José, sólo en los templos es donde en las ciudades se sigue celebrando las Posadas.

Dios pague señores,
vuestra caridad,
y que os colme el cielo
de felicidad.

Nacimiento mexicano con más de un solo Niño Jesús en el pesebre.

II.- El Nacimiento del Niño Dios en México

El Nacimiento, como se le conoce en México, Belén o Pesebre como se le llama en otras latitudes, así como sucede en muchos de los países católicos tiene una gran tradición y particularidad en México, desde los primeros días de diciembre se puede ver en los mercados a los artesanos que venden figuras para adornar el nacimiento o pesebre. El nacimiento se introduce en México con la llegada de los franciscanos desde el siglo XVI pero no se populariza el uso de imágenes de barro hasta el siglo XVIII, destacando los personajes de la vida social novohispana vestidos a la usanza de la época con pelucas blancas y se podía ver a personajes como virreyes y obispos transformados en pastores o reyes magos. Desde finales del siglo XVIII y principios del XIX gracias a la influencia de los jesuitas los nacimientos en México comenzaron a llenarse de personajes populares como el vende piñatas, los indígenas que llevan guajolotes al niño, nopales, magueyes y con mucha más anterioridad desde la época colonial se le agregaron animales típicos del nuevo mundo como es el guajolote o pavo; los nacimientos mexicanos son muy particulares puesto que en muchos hogares se puede ver más de un solo niño Jesús en el pesebre, en lugares como Chiapas se debe a una amalgamación con antiguas creencias autóctonas donde se cree que Jesús tiene un gemelo como símbolo del cielo y la tierra y  de Dios y hombre, pero esta tradición tiene una raíz bastante católica cuando nos referimos a la sociedad urbana, debido a que desde la época colonial en la Nueva España a las religiosas se les obsequiaba un Niño Jesús al momento de profesar y muchas llegaban a tener más de uno, algunas hasta tres, pues en su concepto era una forma de sustituir a los hijos y de esta forma ellas se encargaban de cuidar y vestir a esas imágenes del Niño Jesús como si fueran su madre.

Otra característica de los  nacimientos o belenes mexicanos, es que muchas veces la imagen del Niño Jesús es de un tamaño mucho mayor que el de sus padres o el de las demás figuras, significando que Jesús es lo más grande, que Cristo es lo que más importa en el nacimiento; los portalitos o casitas que se hacen para poner al “misterio” son de paredes abiertas, solo poseen una pared trasera y el techo, como símbolo de que el portal de Belén está abierto para todos; otras veces se puede ver en los pesebres mexicanos a imágenes del niño Dios de tez oscura que nos recuerda que Cristo nació para todos sin importar la raza o el color de piel.

Nacimiento mexicano con un niño Jesús de tez oscura representando que Cristo vino para todos sin importar las razas o el color de la piel.

El 24 de diciembre después de haber asistido a la misa de gallo y haber celebrado la última posada la familia se reúne alrededor del nacimiento o Belén al dar las doce de la noche se procede a la tradición de “arrullar al Niño Dios” antes de acostarle en el pesebre, esta costumbre inicia leyendo el evangelio de San Lucas y haciendo algunas reflexiones y villancicos para después ya sea el jefe de la casa o el más pequeño de la casa da en adoración al Niño Jesús y todos pasan a besarle, después el padrino de la imagen del niño Jesús (la persona que fue elegida para llevar a bendecir la imagen se convierte en padrino del niño) lo debe dar a arrullar a cada uno de los miembros de la familia en caso de no tener padrino se comienza también por el menor hasta el más grande cada uno arrulla simbólicamente la imagen del Niño Jesús como si de un niño de verdad se tratara entonando el canto que se utiliza para esta celebración:

A la rorro, niño,
a la rorro ró
que viniste al mundo,
solo por mi amor

A dolor me mueve
ver dos animales
que finos y leales
tu amor los conmueve

Coros celestiales
con su dulce acento,
canten la ventura,
de este nacimiento

La Virgen María
mirándote está
el patriarca llora
de felicidad

Ya los reyes magos
cercanos están
vienen caminando
a donde tú estás

Al terminar de arrullarlo toda la familia, la imagen se pone en el nacimiento o Belén y la familia se dispone a departir en la cena de Navidad.

El 31 de diciembre en el sureste mexicano se acosumbra vestir y sentar al Niño Jesús en su trono.

En el sureste de México, particularmente en el estado de Tabasco, para el 31 de diciembre se acostumbra vestir, arropar y sentar al “Niño Dios” (en otros lugares se le arropa y viste el mismo 24 de diciembre o el 25 y en el centro del país se acostumbra hacerlo hasta el 2 de febrero), desde principios de diciembre en todos los mercados del país se ponen a vender y confeccionar montones de modelos de ropones en diferentes tamaños para las imágenes del niño Jesús así como sillitas de madera en diferentes tamaños y hechas de forma que se pueda sentar las imágenes en ellas (a forma de trono para sentar en ella al rey de los cielos), para el 31 de diciembre todos acostumbran vestir al niño con sus mejores galas o modestamente según como este económicamente la familia, o muchos ellos mismos los confeccionan y los tejen a mano, como suele suceder con las señoras de mayor edad que la muchas de ellas prefieren hacer por sí mismas las ropas que le pondrán a su “niño Dios”, esta tradición es en recuerdo de que la Virgen envolvió en pañales al niño Jesús, este mismo día como ya mencione también se le sienta al niño en su silla, según la costumbre se le sienta y viste este día, para que espere la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero, recordando que como dice el evangelio cuando los magos llegaron al pesebre encontraron al niño en brazos de su madre, entonces para sustituir los brazos de la Virgen al niño se le sienta en una sillita que es más parecido a un pequeño trono real y se le viste, listo para esperar la visita de sus reales majestades Melchor, Gaspar y Baltasar.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA:

Fernández, José Luis, La Navidad en México orígenes y celebraciones, Tomo III, México, Paulinas, sexta reimpresión, 1992.

Foster, George, Cultura y Conquista la herencia española de América, México, Editorial UV, segunda edición, 1985.

Iglesias y Cabrera, Sonia, Navidades Mexicanas, México, CONCACULTA, primera edición, 2001.

Romandía de Cantú, Graciela, Nacimientos, belenes y presepios, en Artes de México, el arte tradicional del nacimiento, México número 81, Artes de México, 2006.

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Santidad Silvestrina

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Pinturas ovales de los Beatos Bonaparte, Jacobo de Fabriano, Juan el Solitario y Jacobo de Attigio.

“A muchos nos parecen que los santos están lejanos. Están lejos de aquellos que están alejados, pero cercanos de los que guardan los mandamientos de Cristo y poseen la gracia del Espíritu Santo. En el cielo todo vive y se mueve gracias al Espíritu Santo, pero eso ocurre también en la tierra: vive en nuestra Iglesia, actúa en los sacramentos, inspira las Escrituras y vive en las almas de los fieles. El Espíritu Santo une a todas las personas y es por eso, que los santos están cerca de nosotros. Y cuando nosotros rogamos a ellos, en el Espíritu Santo, escuchan nuestras súplicas y nuestras almas perciben su intercesión por nosotros. Por eso, somos afortunados nosotros, los cristianos, porque el Señor nos ha dado la vida en el Espíritu Santo”, así escribe San Silvano del Monte Athos, el gran santo moderno de la vida monástica ortodoxa.

El Espíritu Santo ha sembrado las semillas de la santidad en el pueblo de Dios, en el que con sus correspondientes carismas, han florecido muchas órdenes religiosas para el bien de la Iglesia. Entre ellas, recordamos la santidad en el interior de la Orden Benedictina Silvestrina, nacida en la región italiana de Las Marcas en el año 1227, gracias a la inspiración de Silvestre Guzzolini. La nueva Orden obtuvo la aprobación pontificia en el año 1248 con una bula papal de Inocencio IV.

Pero ¿qué es específico de esta Congregación? San Benito, en su Regla, se muestra muy atento a las necesidades humanas y espirituales de sus monjes y de todas las personas que se relacionan con el monasterio. Con especial atención trata de los más vulnerables: de los pobres y de los enfermos, de ellos tanto física como espiritualmente. Se resume con una frase que llama poderosamente la atención: buscar en el otro el rostro de Cristo. Una espiritualidad que trasciende los tiempos y que queda expresada en las enseñanzas del papa San Juan Pablo II. Es una espiritualidad de acciones concretas. Esto es introducido por San Benito como una respuesta a los mensajes contenidos en el Evangelio: “Cada vez que hagáis esto a mí me lo hacéis”. Por lo tanto, la espiritualidad benedictina tiene un fundamento cristológico y se presenta en un amplio espectro de aplicaciones. San Benito, de hecho, quiere acoger a todos los huéspedes, como se acoge a Cristo. Para San Benito, la hospitalidad monástica ha de estar verdaderamente presente en el mundo, de una forma adecuada y concreta, teniendo también un puesto importante en la oración comunitaria.

La Congregación Silvestrina, con la devoción a la Santa Faz (Santo Rostro), participa en esta obra, recuperando las más potentes tradiciones monásticas. En todos los continentes, la acogida a los demás es también un instrumento de misión, lo que significa saber interpretar las necesidades, promoviendo diversas actividades en la educación de los jóvenes, en el campo de la medicina o en cualquier otro importante sector que ayude al progreso de la civilización. Éste es en síntesis, el carisma de la espiritualidad silvestrina, enraizada en la Regla monástica de San Benito.

Brevemente, pongamos las biografías de las flores de santidad que han aparecido en los claustros de la Orden Benedictina Silvestrina.

Beatos Simón de Ripalta, Felipe de Varano, San Silvestre Guzzolini, Beatos Bienvenido de Piticchio y Paulino Bigazzini.

San Silvestre Guzzolini

San Silvestre, miembro de la noble familia Guzzolini, nació en Osimo (Ancona) en el año 1177. Con unos veinte años de edad, enviado por su padre, marcha a Bologna para estudiar leyes y convertirse en abogado. Aunque estudió derecho se sentía vacío en su interior. Volvió a Osimo (Ancona) en el año 1208, pero doctorado en teología. En el año 1217 se ordenó de sacerdote recibiendo una canonjía en la catedral, pero él decidió retirarse del mundo y, deseoso de complacer a Dios, se refugió en una cueva en la región de Las Marcas, llamada Gruta Fucile. En el 1230, Silvestre se fue al Monte Fano (Montefano), cerca de Fabriano y en el año 1248 obtuvo del papa Inocencio IV la confirmación de su nueva Congregación. Murió el 26 de noviembre del año 1267. Su fiesta litúrgica es ese día, 26 de noviembre.

Beato Juan del Bastón

Fue uno de los primeros discípulos de San Silvestre, siendo sin duda el discípulo más cercano al fundador. Su larga vida monástica está marcada por las muchas enseñanzas impartidas a sus hermanos, siendo su símbolo un palo (un bastón), que aún se conserva en Fabriano y que ha adquirido un profundo significado espiritual, pues era el sostén físico del santo. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 31 de agosto.

Beato Paulino Bigazzini

Pertenecía a la noble familia de los Bigazzini y entró como monje en el monasterio de los Santos Marcos y Lucía del Sambuco, fundado alrededor del año 1260 en la provincia de Perugia, no lejos del castillo de Coccorano, que era un feudo de su familia. Fue recibido por el mismísimo San Silvestre y muy pronto alcanzó un alto grado de perfección monástica, como lo demuestra la realización de diversos milagros. A la muerte de Silvestre, Paulino, desde la distancia, escuchó el toque de la campana mayor del eremitorio de Montefano. Ella anunció a los hermanos la muerte de su padre espiritual, recibiendo más tarde la confirmación de que esto había ocurrido a la hora señalada por el toque de campana. Cuando murió fue sepultado en el monasterio de Sambuco y posteriormente fue trasladado a la iglesia de Santa Maria Nuova en Perugia. Su culto en Perugia está atestiguado desde finales del siglo XIV. La Congregación lo conmemora el día 4 de mayo.

Beato Hugo degli Atti

Hugo degli Atti de Serra San Quirico era hermano del Beato José, sucesor inmediato de San Silvestre. Fue recibido por San Silvestre en el monasterio de San Juan de Sassoferrato, donde murió el día 26 de julio del año 1270, después de toda una vida dedicada a las obras de misericordia y a la edificación espiritual de los fieles a través del ministerio de la predicación. Actualmente está sepultado en Sassoferrato, en la iglesia de Santa Maria del Piano. En el año 1756, el papa Benedicto XIV aprobó su culto y lo incluyó en la lista de los beatos. Es el patrono de Sassoferrato y su fiesta se celebra el día 26 de julio, pero sin embargo, la Congregación Silvestrina y en Serra de San Quirico, donde es el copatrono, se celebra el día siguiente.

Beato Bartolo de Cíngoli, tercer Prior de la Orden

Nació en Cingoli, en Las Marcas en la primera mitad del siglo XIII, perteneciendo a la familia de los Simonetti. Entró en la Congregación fundada por San Silvestre y fue elegido tercer Prior General de la Orden, gobernándola durante venticinco años, desde el 1273 hasta el 1298. Fundó ocho monasterios y se distinguió por su prudencia y por la observancia estricta de la Regla. Murió el 3 de agosto del año 1298 en el monasterio de San Pedro Della Castagna, en Viterbo. Fue sepultado en la iglesia del Eremitorio de Montefano, donde existe un altar a él dedicado. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 3 de agosto.

Beatos Bartolo de Cíngoli y José degli Atti, priores de la Orden. Esculturas contemporáneas.

Beato José degli Atti, segundo Prior de la Orden

El beato José degli Atti era el hermano del beato Hugo degli Atti. Después de la muerte del santo fundador, San Silvestre, gobernó la Congregación desde el año 1268 hasta el 1273, año en el que murió el día 24 de agosto mientras se encontraba en el monasterio de San Benito, en Perugia. Su priorato no se valora en demasía por las luchas externas que tuvo que sostener a fin de extender su Congregación, para fortalecer la disciplina interna frente a las injerencias externas; pero su gobierno fue fructífero y verdaderamente providencial. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 25 de agosto.

Beato Juan el Solitario

Fue monje bajo la dirección de San Silvestre llevando vida de eremita en una celda apartada de Montefano, en Fabriano y es el por eso por lo que se le llama “el solitario” o “el de la celda”. Por humildad no quiso ordenarse de sacerdote, prefiriendo permanecer como hermano lego. Estuvo vinculado especialmente con el beato Juan del Bastón. No se sabe la fecha exacta de su muerte y la tradición ha asignado la celebración de su memoria el día 31 de agosto.

Beato Bienvenido de Piticchio

El beato Bienvenido de Piticchio fue muy atormentado por el demonio, contra el cual luchó con las armas de la oración y de la mortificación. Descansaba poquísimo, poniendo únicamente en reposo sus miembros cansados en la pared de su celda sobre un duro asiento. Un día, siendo golpeado por el maligno mientras estaba en oración, se cayó del techo del eremitorio de Montefano. Sobrevivió diez días con dolores indescriptibles, pero soportándolos pacientemente. La Congregación Silvestrina y la diócesis de Senigallia celebran su memoria el día 6 de diciembre.

Beato Simón de Ripalta

Vivió en el siglo XIII y murió a finales del siglo XIV en el monasterio silvestrino de San Marcos en Ripalta. Fue discípulo de San Silvestre Guzzolini que lo acogió como hermano converso. Su cuerpo estuvo en la iglesia de San Marcos, en Ripalta y posteriormente, fue trasladado en secreto a una iglesia de Serra Sant’Abbondio. La Congregación Silvestrina celebra su memoria el día 26 de agosto.

Beato Felipe de Varano

Felipe de Varano de Recanati fue el primer discípulo de San Silvestre en Grottafucile y durante un cierto período de tiempo fue su compañero de viaje, quien le acompañaba en sus desplazamientos. San Silvestre lo recompensó con un milagro, curándole una enfermedad en las rodillas. Murió en el monasterio de San Pedro del Monte, cerca de Osimo. Oficialmente, no recibe culto.

Beato Jacobo de Attiggio

Jacobo de Attiggio de Fabiano fue un monje de una maravillosa sencillez y humildad. Mereció ver el Montefano iluminado cuando murió San Silvestre. No recibe culto oficialmente.

Beato Bonaparte

El día 26 de noviembre de 1267, el beato Bonaparte, mientras estaba en el monasterio de Santo Tomás en Jesi (Ancona), tuvo una visión: vio la gloria de San Silvestre en el momento de su muerte. No recibe culto oficial.

Beato Juan del Bastón, Siervos de Dios Bernardo Regno e Ildebrando Gregori, y Beato Hugo degli Atti.

Siervo de Dios Ildebrando Gregori, abad

Nació en Poggio Cinolfo, en el municipio de Cursoli, provincia de L’Aquila el día 8 de mayo del año 1894. Con doce años y orientado por el Cardenal Segna, conciudadano suyo, entró en la Orden Benedictina Silvestrina e inició su noviciado en el protocenobio de San Silvestre en el Monte Fano (Montefano). Cuando recibió los hábitos tomó el nombre de Ildebrando. Era estudiante de filosofía pero al iniciar los cursos de teología tuvo que alistarse en el ejército durante la Primera Guerra Mundial. Fue destinado al departamento sanitario, siendo ascendido a cabo encargado de la sección nº 20. Allí estaba también, de capellán, don Pedro Ciriaci, que más tarde se convertiría en arzobispo, nuncio apostólico y cardenal.

Después de la guerra regresó al monasterio y estudió teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, ordenándose de sacerdote en Roma, en la Basílica de los Santos Apóstoles, el año 1922. Con cuarenta y cinco años de edad, en 1939, fue elegido Abad General de la Congregación Benedictina Silvestrina y estaría en ese puesto durante veinte años. Mientras fue Abad General, fue también un popular predicador y director espiritual de muchas personas, algunas de las cuales tienen abiertas Causas de beatificación o canonización, como la Beata Maria Pierina de Micheli (de la Congregación de Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires), de la Madre Gertrudis Billi, (co-fundadora de las Siervas del Sagrado Corazón de Città di Castello) y de la Madre Laura Curlotta (tercera Superiora General de las Hermanas de Ravasco). La característica más inconfundible de su dirección espiritual  fue la devoción al Santo Rostro de Cristo (Santo Volto).

En la posguerra (1945-1946), por circunstancias providenciales recogió a algunos niños pobres y abandonados ofreciéndoles su completa ayuda. Esta forma de apostolado se extendió rápidamente y, desde el primer centro creado en Bassano Romano, nació su imponente obra asistencial que condujo al Padre Gregori a fundar una congregación femenina: Las Hermanas Benedictinas Reparadoras de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo. Por deseo suyo, se creó en Roma, en la Via della Conciliazione, 15, la Casa y Comunidad religiosa “Deo gratias”, donde vivió los dos últimos decenios hasta que murió, con noventa y un años de edad el día 12 de noviembre de 1985. Su cuerpo descansa en Bassano Romano, en el coro de la capilla de la Casa Madre Generalicia de su Congregación.

Siervo de Dios Bernardo Regno

Obispo misionero de Kandy, en Japón (1886-1977).

Beato Jacobo de Fabriano

Monje silvestrino representado en el protocenobio de San Silvestre Abad sul Monte Fano en Fabriano. No está claro que sea el mismo “De Attoggio”.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Niños Inocentes, mártires en Belén

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Los Santos Inocentes, niños mártires de Belén. Lienzo decimonónico.

Los Santos Inocentes, niños mártires de Belén. Lienzo decimonónico.

Nos estamos refiriendo a los niños varones, coetáneos del Niño Jesús, que fueron matados por orden del rey Herodes en el territorio de Belén (Mt. 2, 1-18).

La narración evangélica es bien clara. Los magos venidos de Oriente preguntaron dónde estaba el recién nacido rey de los judíos porque habían visto su estrella y venían a adorarlo. Herodes había tenido la respuesta de los doctores de la Ley: “el Mesías tenía que nacer en Belén de Judá”. Interrogó a los magos sobre el tiempo preciso en el que había aparecido la estrella porque Herodes suponía, y con razón, que la aparición coincidiese en el tiempo con el nacimiento del Rey-Mesías, y así, hipócritamente dijo a los magos: “Id e informaros diligentemente sobre ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme para que vaya yo también a adorarle”. Los magos encontraron a Jesús en Belén y lo adoraron, pero avisados en sueño por un ángel, no retornaron a Jerusalén, sino que cogiendo el camino del desierto, atravesaron el valle del río Jordán y marcharon directamente a su tierra. La cólera de Herodes explotó; humillado por el fracaso de su falsa trama y obsesionado por el temor a perder el trono, ordenó matar a todos los niños varones de Belén y su entorno, menores de dos años, basándose en los datos de la aparición de la estrella indicada por los magos.

Esta matanza, narrada solo por el evangelista Mateo, corresponde exactamente a cuanto sabemos. Existen otras fuentes históricas que nos hablan del carácter ambicioso y cruel de Herodes, que mató a su propia mujer, a algunos de sus hijos y a otros parientes. Ingenio y astucia estaban al servicio de su egoísmo y la obsesión por el poder no consiguió frenar su crueldad, matando a personas queridas de su propia familia. Si había hecho eso, ¿no iba a impedir que un simple niño pusiese en peligro su trono? No lo dudó y ordenó matar a todos los varones menores de dos años.  La narración histórica del evangelista Mateo, garantizada también por la inspiración divina, ya que el evangelio aceptamos que es un libro inspirado, no tiene absolutamente nada en común con las leyendas que el folklore ha creado entorno al nacimiento de algunos otros personajes: Ciro, Rómulo e incluso el dios hindú Krishna. Existen leyendas que afirman que cuando nacieron estos personajes pasó algo parecido. Basta confrontar los textos.

Sobre el número de las víctimas, cuántos eran, a lo largo de la historia la fantasía ha trabajado y mucho. San Pascasio y la mismísima Liturgia del Rito Etíope, haciendo una alusión indebida al capítulo 14, versículo 1 del Apocalipsis, dicen que no eran menos de ciento cuarenta y cuatro mil (¡una barbaridad!).

"La Masacre de los Inocentes", lienzo de Nicolás Poussin (1625-29). Museo Condé, Chantilly (Francia).

“La Masacre de los Inocentes”, lienzo de Nicolás Poussin (1625-29). Museo Condé, Chantilly (Francia).

Otra tradición interpreta el sentido de territorio (entorno) de Belén y mete también en él a la patria de San Juan Bautista (Ain Karin) que dista unos siete kilómetros de Belén, aumentando así el número de los inocentes masacrados por Herodes. Pero el término griego “oriois” indica solamente el entorno de Belén, o sea, un territorio que no incluía a ninguno de los pueblos ni aldeas cercanas.  Aunque Mateo escribió su evangelio en arameo, muy pronto fue traducido al griego y ese es el término usado en dicha traducción.

Sin embargo, según los sinaxarios bizantinos eran unos catorce mil. San Jerónimo de forma parecida dice: “multa parvulorum millia”. Los sirios, para no ser menos hablan de sesenta y cuatro mil y aun más audaz, el Martirologio de Usuardo da por buena la falsa interpretación del Apocalipsis: ciento cuarenta y cuatro mil. Todos sabemos que este número indicado por el Apocalipsis, es un número puramente simbólico, que indica la multitud de los elegidos, pero no la de los niños matados por Herodes.

Sin embargo los exegetas más rigurosos, como Bisping y Schegg, limitan a diez o doce el número de niños inocentes; Schanz  y Kuabenbauer, dicen que serían doce o quince; y Lagrange, Sales, Simón Dorado y otros, dicen que a lo sumo podrían llegar a una veintena de niños. Dado que Belén era un pueblito pequeño, estos números parecen muchísimo más sensatos.

Desde los primeros tiempos del cristianismo, los Niños Inocentes de Belén fueron venerados popularmente como los primeros mártires cristianos y su “bautismo de sangre” fue considerado equivalente al bautismo por el agua. El culto que se les atribuyó, se desarrolló muy pronto, en primer lugar en Palestina donde, en la Basílica de la Natividad de Belén existía una capilla dedicada a ellos. En Occidente fueron venerados como mártires desde los tiempos de San Ireneo y San Cipriano. Ya Prudencio, a finales del siglo IV les dedicó unos poemas y San Paulino de Nola compuso unos versos en su honor. Con toda probabilidad, su fiesta litúrgica se inició en el siglo V, ya que se encuentra en los calendarios y libros litúrgicos latinos del año 450.

Matanza de los Inocentes, lienzo de Léon Cogniet (1824). Museo de Bellas Artes de Rennes, Francia.

Matanza de los Inocentes, lienzo de Léon Cogniet (1824). Museo de Bellas Artes de Rennes, Francia.

Pero el texto más antiguo que conmemora a estos pequeños mártires, es el Calendario de Cartago, del 505 que dice el día 28 de diciembre:”conmemoración de los santos niños matados por Herodes”, elogio que posteriormente figura en el Martirologio Jeronimiano, en el mismo día, diciendo:”En Belén el aniversario del nacimiento de los santos niños y lactantes que bajo el dominio de Herodes, sufrieron por Cristo”. En Constantinopla la fiesta se celebraba el día 29 de diciembre y los mozárabes, los conmemoraban el día 8 de enero, un día después de la Epifanía. A mi entender, ese día parece más lógico.

El Martirologio Siríaco los celebra el 23 de septiembre y los armenios, el lunes siguiente al segundo domingo posterior a Pentecostés. En el oficio romano, la fiesta fijada el 28 de diciembre, fue fiesta semidoble, hasta que San Pío V, en el año 1568 la elevó a doble de segunda clase con octava y eligió como himno la estrofa de Prudencio: “Salvete flores martyrum”. En la reforma de San Pío X, la octava fue simplificada. Cuando el 28 de diciembre era día entre semana, la Misa se celebraba con el color morado y no se recitaba ni el Gloria ni el Credo y si caía en domingo, se usaba el color rojo y se cantaban el Gloria, el Credo y el Allelluia. Reformas más recientes han establecido que siempre se celebre de rojo y siempre se recite o cante el Gloria, el Credo y el Aleluya.

En Roma, ese día, se hace estación en la Basílica de San Paolo fuori le Mura. Los libros galicanos y mozárabes y el Calendario de Cartago, al referirse a ellos usa el término “Infantes”, la liturgia romana: “Inocentes”. San Ambrosio los llamaba “Bimuli” (lactantes de dos años), San Jerónimo dice “pueri” (niños, demasiado para su edad) y otros autores los han llamado “pequeños”.

En Europa, el culto a los Santos Inocentes tuvo una gran difusión, debido en parte a que se empezaron a distribuir sus “presuntas reliquias”. En Francia, Italia y España los testimonios son muy numerosos. Por ejemplo: San Juan Casiano, en el año 414 trajo reliquias desde Oriente y las puso en la Abadía de San Víctor de Marsella y de esta Abadía, se cedieron parte a la Abadía de Saint Maximin.

Gruta de los Inocentes. Belén (Israel).

Gruta de los Inocentes. Belén (Israel).

En el siglo XII se les dedicó una capilla en la iglesia de San Caprasio en Agen y en París, el cementerio de los Inocentes (célebre por la llamada “danza macabra”) se encontraba cerca de una iglesia a la que el rey Luís XI habría ofrecido el cuerpo entero de uno de estos niños metido en una urna de cristal. La realidad es que si se juntasen todos los cuerpos de Niños Inocentes que hay distribuidos tanto en Oriente como en Occidente, ocurriría algo parecido a lo de las “muelas de Santa Apolonia” o a lo de las “compañeras de Santa Úrsula”.

El culto desembocó muy pronto en representaciones teatrales sacras y en un folklore muy característico. En Italia, las representaciones de los Santos Inocentes se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de hospicios de los llamados “niños expósitos”, hospicios que se pusieron bajo la protección de los Santos Inocentes. En Francia, Alemania e Inglaterra, en la Edad Media, fue muy popular la manera de festejarlos el día 28 de diciembre: todos los monaguillos, formando como una especie de colegio, se sentaban en los asientos de los canónigos en el coro de las catedrales y elegían a su propio obispo y durante el canto del “Magnificat” en el Oficio de Vísperas, se ponían las insignias. Algunos sínodos diocesanos franceses condenaron estas prácticas que se consideraban como una especie de burla, ya que por ejemplo, los monaguillos para la elección de “su obispo” utilizaban una graciosa danza. Por poner solo un ejemplo, esto fue condenado en Cognac en el año 1260. En Saint-Etienne de Caen, en el 1423, entre las jóvenes aspirantes a la vida monacal, se elegía a una pequeña abadesa que recibía el dinero de las dotes de las futuras monjas y en Sainte-Croix de Poitiers, a finales del siglo XV, se habla de un regalo de cinco sueldos al “pequeño obispo de los Inocentes”. He enumerado estos hechos solo a modo de ejemplos, pero hay muchísimos más.

Antiguamente, en algunos lugares, era considerado nefasto el día en el que se conmemoraba la muerte de los Santos Inocentes. Por ejemplo, por esta razón se retrasó la coronación de Eduardo IV de Inglaterra que debiera haberse realizado ese día. Otro ejemplo: el duque Renato de Lorena renunció a entrar en batalla ese día  porque sus guerreros se negaban a luchar el 28 de diciembre, pues lo consideraban día de mala suerte.

Actualmente, en muchas partes de Europa y América, en el día de los Santos Inocentes, se dan “las inocentadas”. Todos sabemos de qué se trata; basta con ver los periódicos o escuchar las emisoras de radio.

Relicario de Niño Inocente de Belén. Catedral de Zagreb (Croacia).

Relicario de Niño Inocente de Belén. Catedral de Zagreb (Croacia).

Hasta ahora hemos hablado del hecho histórico en si mismo recordando el relato de San Mateo, hemos hablado de su culto, reliquias y algunas tradiciones populares, pero ¿qué decir de la iconografía sobre todo en la Edad Media? La matanza de los Santos Inocentes no es recordada en el arte de la primitiva Roma cristiana ya que la representación de este cruento episodio era contrario al principio, al objetivo original del cristianismo: el amor, la salvación en Jesús.

En Francia, el ejemplo artístico más antiguo es el labrado en las tapas de algunos sarcófagos de los siglos IV al VI. Por ejemplo, existe uno en la cripta de la iglesia de San Maximino en Provenza en el cual se ve a Herodes sentado ordenando matar a un niño, acto que ejecuta un soldado que tiene cogido al niño por el pie, boca abajo y en alto. Para compensar esta representación dramática, en el mismo sarcófago se representa también la adoración de los Magos. Esto ocurre en otros muchos lugares. Y fuera de Europa, también. En la iglesia subterránea de Deïr Abou Hennys, cerca de Antinoe, en Egipto, existen unos frescos del siglo V en el que se representa a Herodes y sus soldados vestidos a la usanza romana y a un grupo de mujeres que huyen con los niños en sus brazos.

Existe un mosaico similar en el arco del Papa Sixto III (440), que se conserva en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. El artista hace esta descripción: delante de Herodes, aparecen algunas mujeres con los cabellos sueltos y con los niños en los brazos. La escena tiene un cierto tono heroico, da como si dijésemos un cierto ejemplo de heroísmo, ejemplo que se repite infinidad de veces en otras iconografías representativas de los antiguos mártires presentándose ante los jueces para confesar su fe. Es también muy original una miniatura del “Codex Purpureus” de Mónaco, del siglo VIII, en el que el acontecimiento es representado alegóricamente en forma de cruz. Existen otras muchísimas representaciones, pero no quiero ser reiterativo. Si alguien está interesado en especial, puedo facilitarle algunos otros ejemplos.

Altar con reliquias de los Niños Inocentes. Basílica de Santa Justina, Padua (Italia).

Altar con reliquias de los Niños Inocentes. Basílica de Santa Justina, Padua (Italia).

Resumiendo, la Iglesia festeja y venera a los Niños Inocentes masacrados en Belén por el rey Herodes y los venera porque fueron las primeras víctimas inocentes, que aunque fue de forma inconsciente, dieron su vida para salvar al Mesías, a Jesús, que nació en Belén y que es el mismísimo Dios hecho Hombre, que vino al mundo para reconciliarnos con Dios y salvarnos.

Hemos utilizado la siguiente bibliografía: el Evangelio de San Mateo; “Massacre des Innocents”, de H. Leclercq, VIII (I), col. 608-11; “Il Medioevo”, de P. Toesca, Torino, 1914 y los trabajos del profesor Pietro Cannata, mencionado en otras ocasiones.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan el Teólogo, apóstol y evangelista

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Detalle del Santo en un tríptico de Paolo Veneziano (s.XIV).

Era natural de Galilea, como los otros apóstoles a excepción de Judas Iscariote; probablemente vivía en la ribera del lago Tiberíades y era hijo de Zebedeo y María Salomé y hermano de Santiago el Mayor. El padre tenía una pequeña industria de pesca con jornaleros a su cargo (Mc. 1, 20) y la madre era una de las mujeres que siguieron a Jesús durante su predicación y que estuvo en la hora crucial del Calvario. No había frecuentado la escuela rabínica, por lo que era considerado iletrado, pueblerino sin cultura (Hechos, 4, 3), pero sin embargo tenía contactos con las altas esferas sacerdotales (Io. 18, 15-16).

Era discípulo del Bautista y su primer encuentro con Jesús fue en el momento en el que acercándose el Señor al Bautista, éste le dijo: “He aquí el Cordero de Dios” (Io.1, 35-39). La impresión que le causó debió ser tan fuerte, que el mismo evangelista recuerda hasta la hora: “cerca de la hora décima”, o sea, sobre las cuatro de la tarde, según el cómputo horario de los judíos. Junto con Andrés, siguió al Maestro y estuvo con Él todo el día. Tuvo un puesto especial en el Colegio Apostólico, pues siempre se le nombra entre los cuatro primeros. Tenía una especial intimidad con Pedro (quizás fuesen paisanos), pero especialmente, tuvo una intimidad especial con Jesús, tanto, que él mismo se hace llamar: “el discípulo predilecto”.

Junto con Pedro y Santiago acompañó a Jesús en los momentos más solemnes: resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración y Agonía de Getsemaní. Con Pedro fue enviado a preparar la cena pascual (Lc. 22, 8 ), teniendo un puesto de honor en dicha Cena, llegando incluso a recostar su cabeza en el pecho del Maestro. Cuando Jesús fue capturado en el Huerto de los Olivos, salió huyendo como todos los demás apóstoles, pero siguió con Pedro a Jesús durante su proceso, siendo el único discípulo que estuvo al pie de la cruz, junto a María y las piadosas mujeres. La misma intimidad que tuvo con Jesús, debió tenerla con María, su madre, pues en la cruz, Jesús los confió el uno a la otra.

Después de la Resurrección, junto con Pedro, recibió de María Magdalena el primer anuncio de que el sepulcro estaba vacío y con Pedro, fueron corriendo al sepulcro, llegando él primero porque era más joven, viendo los paños mortuorios tirados en el suelo. Por respeto a Pedro no entró solo; entraron juntos. Se le iluminó la mente al ver el sepulcro vacío y los sudarios en el suelo, él que había asistido al amortajamiento y sepelio de Cristo, y creyó (Io. 20, 6-9), siendo este quizás el primer acto de fe de todos los apóstoles. De Pedro, dice San Lucas, “que volviéndose sobre sus pasos quedó maravillado del hecho(Lc. 24, 12), pero no dice expresamente que creyera. Juan, si lo dice de sí mismo en su Evangelio. Su fe quedó corroborada con la noticia de la aparición de Jesús a Pedro (Lc. 24, 34) y a los discípulos de Emaús. Más tarde, estando todos juntos y con las puertas cerradas por temor a los judíos, se les apareció Jesús a todos ellos (Io. 20, 19-23). También estuvo presente en la siguiente aparición ocho días más tarde. En aquella ocasión, pudo ver y adorar las llagas producidas en la Pasión.

Escultura del Santo. Alessandro Algardi (s.XVII)

Durante los cuarenta días que transcurrieron hasta la Ascensión pudo gozar de Jesús Resucitado y recibir sus instrucciones. Junto con los otros discípulos recibió la misión apostólica: “Id por todo el mundo y predicad a toda criatura”. Estuvo presente en el momento de la Ascensión y en Pentecostés, recibiendo el Espíritu Santo.

Después de Pentecostés está particularmente asociado a Pedro y así se puede leer en numerosas citas de los Hechos de los Apóstoles. Posteriormente marchó definitivamente de Jerusalén, pues cuando San Pablo al concluir su tercer viaje apostólico en el año 57 llegó a Jerusalén, solo se encontró con Santiago Alfeo. Según una antigua tradición, Juan anunció el evangelio en el Asia Menor, donde estaba la iglesia de Efeso y otras comunidades cristianas. Así lo afirman San Ireneo, San Clemente Alejandrino, Polícrates obispo de Éfeso y otros y así también se ha confirmado en recientes excavaciones arqueológicas.

Dice San Ireneo que sufrió martirio alrededor del año 95 en tiempos de Domiciano, siendo arrojado a un tonel de aceite hirviendo, del que salió ileso. Tertuliano y San Jerónimo también lo afirman. Sufrió martirio, pero no murió mártir. Posteriormente fue exiliado a Patmos, que está en las islas de las Espóradas, a unos setenta kilómetros de Efeso y cuando murió el emperador Domiciano, gobernando el emperador Nerva, volvió a Efeso donde murió en tiempos del emperador Trajano, quizás en el año 104, casi centenario.

Fue el más joven de todos los apóstoles, siendo además, virgen durante toda su vida. Fue el que tuvo una vida más larga, tanto, que por su longevidad se corrió la voz entre los discípulos de que él no había muerto, interpretando erróneamente la palabra de Jesús Resucitado a Pedro en el lago Tiberíades refiriéndose a Juan: “Si yo quiero que este se quede hasta que Yo venga, ¿a ti qué? Tu sígueme”. El mismo San Juan dice que entre los hermanos se corrió la voz de que aquel discípulo (él mismo) no moriría, pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: “Si Yo quiero que él se queda hasta que Yo venga, ¿a ti qué?” (Io.21, 22) Repito: fue el más joven y el más longevo.

De su juventud se extrae el ardor con el que siguió a Jesús y de su longevidad, la sagacidad de su meditación doctrinal y apostólica. Con su larga vida pudo controlar y garantizar la primitiva vida del cristianismo e iluminarla con la plenitud de la Revelación (libro del Apocalipsis), que fue madurando en su interior hasta el día de su muerte. Fue impetuoso en su juventud, tanto, como para ser llamado al igual que su hermano: “hijo del trueno”, en arameo, “boanerghes”. Así lo manifiesta (Mc. 3, 17) refiriéndose a los dos hermanos.

"San Juan Evangelista". Óleo de Francesco Furini, siglo XVII.

Cuando estuvo con Jesús tuvo impulsos de querer, digamos, “estar enchufado”. Recordemos cómo cuando utilizando a su madre Salomé quieren tener un lugar de preferencia en el reino de Jesús (Mt. 20, 21 y Mc. 10, 37), pudiendo esto interpretarse como un acto de ambición, pero cuando el mismo Jesús en ese momento les dijo: “No sabéis lo que pedís, ¿podréis beber el cáliz que Yo he de beber? Ambos dijeron: podemos, respondiéndoles Jesús: ciertamente beberéis mi cáliz”. O sea, que en ese mismo momento ellos aceptan el cáliz de la pasión, lo que también nos demuestra un gran impulso de generosidad y de amor a Jesús.

El se nomina a sí mismo hasta cuatro veces en su primer libro inspirado, el Apocalipsis (que él mismo escribió) y fue un grandísimo teólogo (así lo llaman los griegos y así hemos querido llamarlo en el enunciado de este artículo) como lo demuestra en su Evangelio y en sus tres Epístolas. En sus escritos resalta la Divinidad de Jesús, subraya también su humanidad porque nos cuenta algunas particularidades de Jesús que los otros evangelistas omiten: cuando echa a los mercaderes del templo en su primer viaje a Jerusalén, cuando se sienta cansado junto a la fuente en Samaría, cuando escupió en tierra e hizo con su saliva lodo para untar los ojos del ciego, cuando lloró por Lázaro muerto, cuando sintió sed en la cruz y algún otro detalle más.

Es el evangelista de la caridad, del amor, de la verdad y de la luz. En su primera carta afirma que “Dios es la luz” y “Dios es amor”. Estas dos afirmaciones son la síntesis de la suprema manifestación del amor: la Cruz y la Eucaristía. Dice que Jesús es la máxima manifestación del Amor de Dios, no concibiendo el amor sin la verdad. Es realmente el evangelista teólogo y por eso sus escritos son los escritos de la luz, del amor y de la verdad, como dijimos antes.

La completa plenitud de la espiritualidad y personalidad de San Juan es un reflejo de su contacto largo e íntimo con Jesús y, después de la Ascensión, de su larga meditación del mensaje de Cristo, con la asistencia y la luz infalible del Espíritu Santo que había recibido en Pentecostés. Aquella especial sintonía que tuvo con Jesús, también la tuvo con su Madre, con quién vivió hasta la muerte de María, aunque es el único evangelista que no nombra a María por su nombre; la llama, la Madre de Jesús. La presenta como corredentora en la narración del milagro de las bodas de Caná y la presenta como la Madre universal de todas las gracias narrando la proclamación de esta maternidad cuando Jesús se la entrega como su madre, en la Cruz. María está con Jesús desde el principio (bodas de Caná) hasta el final (muerte en la Cruz).

Celebración de la Misa en el sepulcro del Santo. Éfeso (Turquía).

San Juan escribió varios libros inspirados. El Apocalipsis (que es el único libro profético del Nuevo Testamento), el Evangelio y tres Epístolas. El Apocalipsis (o Libro de la Revelación) es el libro que cierra el catálogo de los libros inspirados admitidos por la Iglesia en los concilios de Trento y Vaticano I. El cuarto Evangelio es esencialmente doctrinal y amplifica y desarrolla la síntesis sublime redentora de su prólogo: Ἐν ἀρχ ῇ ἦν ὁ Λόγος, καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν, καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος. (En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios). También escribe tres Epístolas, probablemente escritas después de escribir el evangelio y que son una profunda expresión de la alta experiencia religiosa de San Juan y de los datos fundamentales del dogma, de la moral y de la mística cristiana.

Como hemos escrito antes, los apócrifos dicen que a la muerte de la Virgen, que había vivido con él en Efeso, Juan predicó el evangelio en Judea y en el Asia Menor. Que durante la persecución de Domiciano fue arrestado, llevado a Roma y martirizado, que no murió en el martirio, que fue exiliado a Patmos y que a la muerte del emperador retornó a Efeso, donde murió. Su prestigio fue enorme en Oriente: Efeso (donde murió) y Patmos (donde sufrió el exilio y probablemente escribió el Apocalipsis). Estos fueron los principales lugares de culto. En Efeso, se ha descubierto una magnífica basílica del siglo V edificada sobre el sepulcro del apóstol. El Patmos, San Cristódulo fundó un monasterio en su honor y allí se encuentra una gruta, donde según la tradición, se dice que escribió el Apocalipsis.

En Occidente el culto a San Juan se desarrolló primeramente en Roma, donde en la Puerta Latina habría sufrido el martirio inmerso en un tonel de aceite hirviendo. En el lugar del suplicio fue erigido un oratorio bajo el título de “San Giovanni in oleo”. Se dice que fue un templo dedicado a la diosa Diana que se reconvirtió en iglesia cristiana. Posteriormente, el templo fue reconstruido en el año 772 en tiempos del Papa Adriano I. Pero la iglesia principal construida en Roma en su honor es la Basílica Mayor de San Juan al Laterano (Letrán), que tiene como reliquia una taza en la que según la tradición, al santo le habrían echado veneno para matarlo, pero que él lo evitó haciendo la señal de la cruz. En Bologna, Pistoia, Forcivita, Parma, Ravenna y otras muchas localidades italianas existen templos dedicados a él desde la Baja Edad Media. En Francia, España, Alemania, Holanda, Inglaterra y demás países europeos siempre ha recibido una particular y especial veneración.

Vista del sepulcro del Santo en Éfeso (Turquía).

En Occidente a San Juan Evangelista se le conmemora tal día como hoy, 27 de diciembre, aunque también el día 6 de mayo. Ya lo menciona San Gregorio de Nissa en Cesarea de Capadocia cuando hace el elogio fúnebre sobre San Basilio en el año 379, afirmando que entre la Navidad y la Circuncisión, se festejaban a los santos Esteban, Pedro, Santiago, Juan y Pablo. Al final del siglo IV, un martirologio griego fijaba el 27 de diciembre como la fiesta de los hermanos Santiago y Juan. En Palestina en el siglo VI, Juan y Santiago eran recordados el día 29 de diciembre. En el Martirologio Siríaco y en el Calendario de Cartago, el día 27 y los armenios lo celebran el día 28.

Con posterioridad, la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo pasó a junio, Santiago a julio, quedando solo entre la Navidad y la Circuncisión las fiestas de San Esteban, San Juan y los Inocentes de Belén. La fiesta del día 6 de mayo es recordada pro primera vez en el año 780 y se debió a la dedicación de la Iglesia de San Juan ante Portam Latinam, en Roma. Los griegos lo mencionan también el día 8 de mayo en conmemoración de un polvo misterioso o maná que decían salía de su tumba. Antes de la última reforma de la liturgia, al final de la Misa, se leía el prólogo del Evangelio de San Juan. Esta costumbre databa del siglo XIII y San Pío V lo hizo obligatorio en el año 1570.

Por ser el autor de cinco libros inspirados, es el patrón de los teólogos y de los escritores. También están bajo su patrocinio los aparejadores, los fabricantes de velas, los que por andar con fuego pueden sufrir quemaduras, los propietarios de molinos de aceite, los impresores, los libreros, los copistas de manuscritos, los encuadernadores, los papeleros y otros muchos oficios. Su símbolo es el águila y un tintero. Como en la Cruz, Cristo le confió a su Madre, se le dio el título de “Virginis custos” (custodio de la Virgen) y por extensión, “Virginum custos” (protector de las vírgenes y de las viudas).

Vista general del sepulcro del Santo en Éfeso (Turquía).

A causa de la leyenda de la copa envenenada, se le consideró santo patrono contra los envenenamientos y se llamaba “vino de San Juan” a un sacramental que protegía contra los venenos y, en general, contra las intoxicaciones alimenticias y este es el motivo por el cual en las vitrinas de algunas farmacias aparece su imagen ocupando el lugar de Esculapio, dios de la medicina. Iconográficamente lo han representado todos los artistas en todos los tiempos: junto con los apóstoles en la Última Cena y con María a los pies de la cruz. Otros lo han pintado, conjuntamente, con los otros tres evangelistas y aún a la entrada del sepulcro en el Día de Pascua. También con el resto de los apóstoles en Pentecostés o en la Asunción de la Virgen al cielo.

Los restos de San Juan no se conservan ni se sabe cuando se perdieron. Es el único apóstol del que no se conserva sus restos. En la Antigüedad circuló una leyenda según la cual también subió a los cielos al igual que la Virgen. Según los apócrifos, un ángel lo llevó al cielo y sus discípulos jamás encontraron su cuerpo en la tumba. Pero ya digo: esto es sólo una leyenda, no es historia, no es verdad.

Antonio Barrero

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