San Antonio el Grande, abad en Egipto

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San Antonio en el desierto. Tabla del Maestro de la Observancia, siglo XV.

Ha sido y es uno de los santos más populares y más venerados tanto en Oriente como en Occidente durante las dieciséis siglos transcurridos después de su muerte y lo es y ha sido porque era un hombre de oración, un sanador de enfermos, un director de almas y un pertinaz luchador contra las tentaciones. Es llamado Antonio abad, Antonio el Grande o Antonio de Egipto y es considerado universalmente como el patriarca del monacato. Las primeras fuentes en las que se han basado todos los escritos posteriores sobre San Antonio, son los escritos de San Atanasio patriarca de Alejandría, que escribió su vida en el año 357, o sea, un año después de la muerte de San Antonio, luego tenemos datos muy fidedignos sobre la vida del santo.

San Antonio nació alrededor del año 250 en Coma, la actual Qemans, en la ribera occidental del río Nilo, muy cercano a Eracleópolis, en el Medio Egipto y nació en el seno de una familia muy cristiana y de buena posición económica. En el año 270, o sea, cuando tenía unos veinte años de edad, murieron sus padres y él vendió todos los bienes familiares, aseguró el porvenir de su hermana dejándola con dinero al cuidado de unas mujeres piadosas, asegurando así su sostenimiento durante toda su vida y repartiendo el resto del dinero entre los pobres, tras lo cual se retiró a un lugar cercano a su pueblo para llevar vida ermitaña, viviendo en soledad, de su trabajo y dedicado a la oración y a la lectura de las Sagradas Escrituras. Los primeros meses estuvo acompañado por un monje, pero después se retiró a vivir en completa soledad.

Según escribe San Atanasio, el demonio comenzó pronto a tentarlo de modos muy diversos, pero Antonio resistía imponiéndose a sí mismo penitencias muy rigurosas. Se retiró a vivir dentro de una tumba excavada en la ladera de una montaña; su ubicación era conocida solamente por un fiel amigo suyo. Y también aquí siguió padeciendo las terribles tentaciones a las que era sometido e incluso, sigue diciendo San Atanasio, llegando el demonio a infringirle crueles torturas físicas y morales.

Las tentaciones de San Antonio, obra de Bernardino Parenzano.

En el año 285, con treinta y cinco años de edad, interrumpió las escasas relaciones humanas que mantenía y se retiró hacia el este, junto al Mar Rojo, en las montañas de Pispir. Allí se estableció junto a una fuente y cerca de una vieja fortaleza abandonada. Era un lugar donde abundaban las serpientes. Este lugar le estaba prohibido a todo asistente por la peligrosidad de las serpientes y solo de vez en cuando se le acercaba su fiel amigo a llevarle algunos víveres. Aquí, en las montañas de Pispir estuvo algunos años, extendiéndose por todo el contorno la fama de su santidad, lo que consecuentemente atrajo a otros muchos eremitas solitarios que querían vivir junto a él. Estos ermitaños se organizaron viviendo en comunidad en dos monasterios construidos por ellos mismos y que pusieron bajo la dirección espiritual de Antonio. Uno de los monasterios estaba en la orilla derecha del Nilo y el otro, en la margen izquierda del río. Aquí, en el año 307 recibió la visita de San Hilarión, también monje ermitaño.

En el año 311, durante la persecución de Maximiano, Antonio abandonó la soledad y marchó a Alejandría para servir y defender, para sostener en la fe, a la comunidad cristiana alejandrina. Estuvo expuesto a la indiscreción del pueblo y por lo tanto, puso en peligro su vida, por lo que meses más tarde tuvo el deseo de vivir nuevamente en completa soledad. Así que se marchó adentrándose en el desierto de la Tebaida oriental en el Alto Egipto. Se unió a una caravana de mercaderes árabes y caminando durante tres días y tres noches, llegó al Mar Rojo. Se afincó en una montaña distante unas treinta millas del río Nilo, en Coltzum, donde vivió el resto de su vida. De allí, solo salió una vez para visitar a San Pablo el Primer Eremita.

El Santo recibe el hábito de manos de un ángel. Miniatura de un libro de Horas de rito etíope.

Los eremitas del monasterio de Pispir no tardaron en enterarse de que Antonio estaba en Coltzum y se organizaron para visitarlo y llevarle víveres. El, sin embargo, para subsistir, se dedicó a cultivar un huerto de cuyos frutos de alimentaba, pero, escribe San Atanasio, los demonios, con aspecto de fieras, periódicamente le destrozaban el huerto.

Como he dicho antes, dejó la montaña en la que vivía para visitar a San Pablo. Esto fue en el año 341. San Pablo también vivía en el desierto de la Tebaida, a donde se había marchado con solo ventitrés años de edad y su único alimento eran los dátiles del desierto, de un pan que diariamente le llevaba un cuervo y de agua.

Cuando en el año 341 San Antonio visita a San Pablo, Pablo tenía ciento trece años de edad y Antonio, noventa. Se conocieron y estuvieron todo el día hablando de Dios y rezando. A la hora de acercarse el cuervo con el pan comprobaron que ese día traía dos panes. Pablo le dice a Antonio que predice que pronto va a morir y le pide que le traiga el manto de San Atanasio. Antonio marcha a buscarlo a Alejandría tardando seis días en el viaje. Al volver al lugar donde estaba Pablo, lo encontró muerto, lo envolvió en el manto de San Atanasio y lo sepultó.

Marchó de nuevo a Coltzum y unos meses antes de morir fue nuevamente a Alejandría, esta vez para combatir las doctrinas heréticas de Arrio, o sea, a los arrianos. Recordemos que el presbítero y teólogo libio (Arrio) defendía que el Verbo o sea, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, no era de la misma Naturaleza que el Padre, que no era consubstancial con el Padre, sino secundario y subordinado a Él. Decía que el Hijo había sido creado de la nada por el Padre. Nosotros sabemos y creemos que el Hijo es “engendrado, no creado, de la misma Naturaleza que el Padre, por quién todo fue hecho”.

Bueno, volviendo a San Antonio, hay que decir que unos quince años antes, había concedido a sus dos discípulos, Macario y Amathas, que estaban al frente de los dos monasterios construidos en las orillas del Nilo, el poder hacer vida en común con él. A estos dos discípulos les predijo su muerte y les prohibió que diesen a conocer el lugar donde quiso ser sepultado, así como que lo sepultasen sin ningún honor ni ceremonia. Murió el día 17 de enero del año 356, con ciento seis años de edad. En este día es recordado en todos los martirologios y sinaxarios.

Como he dicho al principio, después de su muerte, San Atanasio de Alejandría escribió su vida. Antonio fue su amigo y le ayudó en la lucha contra los arrianos (recordad que con más de cien años, fue andando a Alejandría a echarle una mano). Fue también amigo del emperador Constantino, al que le escribió varias cartas como nos lo cuenta San Atanasio. Tuvo también especiales lazos de unión con San Hilarión, San Pablo el Ermitaño y con Dídimo el Ciego, escritor alejandrino. Fue el iniciador de la vida anacoreta y ascética aunque no dejó ninguna regla que la regulase. Mientras los ascetas más experimentados se retiraban a hacer vida absolutamente apartada, en soledad, los más jóvenes vivían en grupo bajo la guía espiritual de un monje anciano, ocupando cada cual su celda o cabaña, pero cercanos unos a otros.

Tumba del Santo. Monasterio de San Antonio (Egipto).

Escribió algunas cartas más. Se conserva una carta suya escrita al abad Teodoro y a sus monjes. San Jerónimo identifica siete cartas escritas por San Antonio, cartas hoy perdidas ya que las siete cartas llegadas a nosotros están escritas en latín, siendo probablemente traducciones de las suyas originales. Se consideran apócrifos otros escritos atribuidos a él, como tratados, sermones, reglas… Las instrucciones que San Antonio daba a sus monjes,  se han perdido menos las que nos ha transmitido San Atanasio.

En cierto sentido, el culto al Santo comenzó en vida. Hay que recordar que él, para evitarlo, prohibió descubrir el lugar de su sepultura. Sin embargo, San Jerónimo escribe que un rico señor de Egipto llamado Pérgamo, transportó el cuerpo a una iglesia que construyó en su honor. San Atanasio, su amigo, guardó con veneración su túnica y su manto, los cuales él mismo se los había regalado a Antonio. El culto se extendió muy pronto fuera de Egipto y se difundió tanto por Oriente como por Occidente. San Eutimio, abad de Palestina muerto en el año 473 hizo celebrar su fiesta el día 17 de enero y esta fiesta fue inmediatamente fijada por Constantinopla. En Occidente, la fiesta aparece fijada el mismo día en los Martirologios Jeronimiano y de Beda. Fue venerado por el pueblo llano que recurría a él en tiempos de epidemias.

El lugar de la sepultura de San Antonio era desconocido cuando San Atanasio escribió su vida, pero en tiempos de Justiniano, en el año 561, fue descubierto. Las reliquias se llevaron a Alejandría y puestas en una iglesia dedicada a San Juan Bautista. En el año 635, con ocasión de la invasión árabe de Egipto, fueron trasladadas a Constantinopla y desde allí, en el siglo XI, a Francia donde fueron depositadas en Motte Saint Didier. Allí, se le construyó una iglesia que fue consagrada por el papa Calixto II en el año 1119. Posteriormente, en el año 1491 fueron trasladadas a Saint Julián, cerca de Arlés.

Como he repetido en varias ocasiones, la vida de San Antonio fue escrita por San Atanasio, el cual escribe un discurso en el que resume toda la doctrina ascética de este santo anacoreta. Esta obra también fue escrita en el año 357, un año después de su muerte, aunque hay quienes afirman que fue entre los años 365 y 367. Fue traducida al latín por Evagrio de Antioquia en el año 388. Esta “Vita” es indiscutida y ha fijado los aspectos y caracteres más frecuentes de la literatura hagiográfica monástica, ejerciendo una gran influencia sobre todo en Occidente. San Agustín, en su obra “Las Confesiones” hace notar el bien que le hizo a él mismo en el momento de su conversión.

Reliquias del Santo. Monasterio de San Antonio (Egipto).

Esta obra de San Atanasio difunde largamente el conocimiento de la vida monacal y es fuente en la que se han inspirado escritores posteriores para exaltar este modo de vida. Es verdad que exagera el papel de los demonios como tentadores y atormentadores, pero lo hace con la intención de exaltar aun más la respuesta del Santo a las tentaciones. Lo que intenta San Atanasio es resaltar la espiritualidad de Antonio.

Una de las causas de su popularidad en Occidente fue probablemente su fama de sanador del “herpes zoster ó fuego de San Antonio”, una afección que golpea a las células nerviosas y que se manifestó con fenómenos epidémicos. En la Edad Media, siendo ineficaces todos los remedios, los enfermos se acercaban a la iglesia de San Antonio de Bienios, que conservaba una reliquia, pidiendo su curación. Para acogerlos se construyó un hospital y se organizó una Fraternidad de religiosos llamados Antonianos. Para asegurarse el sustento de los enfermos, los religiosos empezaron a criar y engordar a algunos cerdos que vivían por las calles y que comían lo que el pueblo les tiraba y de ahí proviene el culto tributado a San Antonio abad como protector de los animales.

La tradición popular veía en los cerdos al diablo que de esa forma se doblegaba ante el Santo y que a la postre, servía de sustento a los enfermos. Así, se extendió la fama de Santo sanador de enfermedades y protector de los animales y es por eso, por lo que en muchos lugares de Europa, el día de su fiesta, se bendice a los animales. En Roma se realiza en la iglesia de San Eusebio al Esquilino. Es el patrono de los agricultores y ganaderos, de los tejedores de lana y esquiladores, de los pescaderos y carniceros, etc.  En Oriente se le da tanta importancia a la festividad de San Antonio, que al mes de enero le llaman “Antosniaku”.

Antonio Barrero

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