Santa Inés: historia y leyenda de una niña mártir

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Óleo de la Santa obra de Andrea del Sarto (1530). Catedral de Pisa (Italia).

Hoy, día 21 de enero, gran parte de la cristiandad celebra la memoria de una niña romana que sufrió martirio entre los siglos III-IV de nuestra era, y de la que nada sabemos aparte de este único dato, pero que ha bastado para convertirla en una de las principales mártires de la Antigüedad y una de las Santas más veneradas de todos los tiempos.

Su existencia histórica y la autenticidad de su martirio están fuera de toda discusión, a pesar de que desconozcamos los detalles del mismo. San Dámaso, en el siglo IV, compone un himno en su honor y éste es el primer dato que de ella tenemos, pero cabe resaltar que él no la conoció más que por una tradición local que ya circulaba entonces. Es decir, que probablemente ya no tenía referencias concretas y hubo de desarrollarlas, aunque nadie cuestiona su criterio; como tampoco el de San Ambrosio, que en su libro “De Virginibus” (377) la compara con la heroína griega Leena –una concubina que fue torturada brutalmente para que delatara a un amante acusado, y prefirió seccionarse ella misma su propia lengua a dentelladas, escupiéndola luego a sus verdugos, antes que  traicionarle-. Haciendo referencia al nombre de Inés (“Agnes”, en latín, que remite a “agnus”, «cordero»; y por extensión significa «pureza e inocencia») dice que él mismo es ya todo un elogio (“nomen virginis titulus et pudoris”) y afirma que con sólo doce años de edad habría sufrido martirio por la pureza y la fe: “In una hostia duplex martyrium pudoris et religiones”. En efecto, parece que Inés, debido a su corta edad, no podía ser presentada a juicio y sin embargo enfrentó un proceso y una condena a muerte con un coraje que Ambrosio exalta convencido. En su escrito “De officiis ministrorum” este autor vuelve a hablar de Inés resaltando que corrió peligro no sólo su vida, sino también su virtud (virginidad) y castidad. También escribe una carta a su amigo Simplicio en que la compara con Tecla y Pelagia, otras dos mártires destacadas por la defensa de su virginidad.

Otro autor que habla de ella es el poeta Aurelio Prudencio, que le dedica el himno 14 de su Peristephanon, haciendo referencia a los textos de Dámaso y Ambrosio y recogiendo una leyenda popular de entonces: Inés, a pesar de no ser más que una niña, es interrogada por un juez que alterna halagos con amenazas y finalmente la condena a exponerla desnuda en público. Un joven que se deleitó en mirarla lascivamente, fue repentinamente castigado con la muerte, por lo que ella, apiadada, le resucitó. Finalmente murió decapitada. Otros autores también la alaban como ejemplo de mártir purísima: San Jerónimo, Nicetas de Remesiana, San Máximo de Turín, San Agustín de Hipona y San Gregorio Magno.

La Santa socorrida por un ángel. Óleo de Alessandro Turchi "l'Orbetto" (ca. 1620). County Museum of Art, Los Ángeles, California (EEUU).

La Santa socorrida por un ángel. Óleo de Alessandro Turchi «l’Orbetto» (ca. 1620). County Museum of Art, Los Ángeles, California (EEUU).

¿Cómo fue el martirio de Santa Inés? Ya he dicho que nos es desconocido salvo si damos crédito a lo que dicen Dámaso y Ambrosio, quienes se contradicen entre sí: el primero afirma que murió quemada en la hoguera; el segundo, al igual que Prudencio, afirma que fue decapitada. Sin embargo todos coinciden en decir que era una niña, no una mujer todavía, y añade Ambrosio que a pesar de su poca edad, que la preservaba  de testificar, fue llevada a juicio.

Hasta aquí los datos más tempranos y más fiables de la Santa, que, como indico, se basan en tradiciones y leyendas populares contemporáneas a estos autores, aunque la autoridad de Dámaso y Ambrosio no las cuestiona nadie. Sin embargo existen dos passio sobre ella (una griega breve y una latina que amplía la primera) que juega con los datos dados por estos autores, pero mezclándolos y dando como resultado un relato muy fantasioso y poco creíble. Veamos una síntesis del mismo.

Martirio de la Santa. Óleo de Giulio Cesare Procaccini (ca. 1590-1625). Newhouse Galleries, Nueva Jersey (EEUU).

Inés, hija de una familia patricia del siglo III, consagra su virginidad a Dios y ve estallar la persecución con sólo doce años de edad. Denunciada ante el prefecto de Roma, ella permanece fiel a su fe y a su voto virginal entre lisonjas y amenazas. Es condenada a ser exhibida desnuda ante la multitud en el circo Agonal –actual plaza de Navona, en Roma- para su humillación pública (versiones posteriores, malinterpretando este dato, la sitúan en un prostíbulo). Cuando un joven intenta violarla, cae muerto al suelo y ella, compadecida, lo hace resucitar con sus oraciones. Echada al fuego, las llamas de apagan sin dañarla y finalmente muere degollada, como un cordero, de ahí su nombre –el auténtico es desconocido- y su posterior representación llevando un corderito con ella. Esta passio, como digo, está poblada de elementos fantasiosos y rebuscados –el crecimiento antinatural de su cabellera para tapar su desnudez, el ángel que se aparece para taparla con ropa, los grandilocuentes discursos e interrogatorios, que si un joven patricio se había enamorado de ella- por lo que resulta mejor ceñirse a los escuetos datos de los primeros autores.

Sea como fuere, la mártir fue enterrada en las catacumbas de la Via Nomentana –que tomaron su nombre- y allí la princesa Constantina, hija del emperador Constantino, mandó erigir una basílica en su honor al verse curada de una enfermedad tras acudir a la Santa.  Es allí donde todos los años, el día de hoy se bendicen dos corderitos y se regalan al Papa para que éste haga tejer con su lana los palios de los arzobispos y patriarcas.

El año del martirio también es desconocido, pero se lo ha ubicado entre el 259 y el 251, coincidiendo con la persecución de Decio, en tiempos del prefecto Sinfronio, que aparece mencionado en la passio. Pero otros la colocan en tiempos de Diocleciano: año 304.

Detalle del cráneo de la Santa. La inscripción del relicario dice: AGNE SANCTISSIMA (Santísima Inés). Iglesia de Sant'Agnese In Agone, Roma (Italia).

Hablemos de sus reliquias. Extraída de su nicho original, en el siglo IX se la veneraba en una arca puesta en la parte alta de la cripta bajo la basílica de la Via Nomentana. Es en esta época cuando la cabeza es separada del cuerpo y enviada al Sancta Sanctorum del Palacio Pontificio. Actualmente está en la Basílica de Sant’Agnese In Agone (en la plaza Navona, donde estuvo el circo Agonal) donde podemos venerarla en su preciosa urna y, siendo visible al fiel, podemos constatar su tamaño reducido y por tanto, la niñez de la mártir se confirma con sólo verla.  Es también en esta época cuando probablemente se junta su cuerpo con el de su supuesta hermana, Santa Emerenciana, y el 21 de enero de 1621, ambas son depositadas en una urna de plata bajo el altar de la basílica de la Nomentana (Sant’Agnese Fuori le Mura) donde actualmente siguen. Hay que decir, por otra parte, que el cráneo de Santa Inés fue examinado en 1903 por Lepponi y éste concluyó que, en efecto, pertenece a una niña que murió entre los once y los trece años de edad.

Como seguramente ya sabéis, por su corta edad y su virginidad se ha convertido en patrona de doncellas y niñas, y se la representa portando un cordero, alusión al nombre con que la conocemos, de pie sobre una hoguera, degollada, con una espada o siendo asistida por un ángel mientras es atacada por un joven. Una larguísima cabellera, la mayoría de veces rubia, es también un atributo frecuente en ella. Todo detalles sacados de la passio.

Sepulcro de las Santas Inés y Emerenciana. Basílica de Sant'Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia).

Podría seguir hablando de más datos sobre bibliografía y arqueología vinculadas a la Santa, pero temo extenderme demasiado y cansar a mis lectores, por lo que resumo las cuestiones fundamentales que he ido exponiendo: Santa Inés es una mártir real, que era todavía niña en el momento de su muerte y que recibió muy pronto culto, acaso por el impacto que debió causar el martirio de una criatura de tan corta edad. Sin embargo, no conocemos los detalles de su vida y martirio, ya que la passio es simplemente un relato devoto, y sólo nos podemos ceñir a alguna vaga afirmación de los primeros autores sobre su pureza y valentía, que adolecen de cierto estereotipamiento. No sabemos tampoco cómo se llamaba. Pero hoy nadie duda ya de que existió y de que su martirio es real; y de que las reliquias son auténticas.

Meldelen

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