San Valero, compañero de San Vicente hacia su martirio

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Busto relicario del Santo. Catedral del Salvador (La Seo) de Zaragoza (España).

La figura de San Valero es una figura bastante desconocida en el fenómeno martirial de San Vicente y por ello vamos a intentar aproximarnos a él. Los documentos no nos cuentan mucho pero parece que San Valero formaba parte de una de las familias más nobles, los Valeros, de la ciudad preferida por Augusto, Zaragoza, donde nació. Fue Obispo de Roda antes de serlo de Zaragoza en el año 290 y estuvo en el primer Concilio español de que hay noticia: el de Illiberis-Elbira (Granada), hacia el año 300 , firmando en undécimo lugar en las actas de este Concilio.

El hecho es que San Vicente era su Diácono y le acompañó en su cautiverio hasta la ciudad de Valencia en el año 304 por la persecución de Diocleciano, y en la que salvó la vida probablemente por pertenecer a una familia consular y por su avanzada edad. La tradición nos dice que San Valero era de difícil palabra por un problema de tartamudez y en el tribunal valenciano se dirigió la atención principal al fogoso Vicente, que quiso hablar por ambos y pagó muy cara con su vida su atrevido discurso.

Por ello se guarda recuerdo en Valencia en la llamada Capilla de San Valero, muy cercana a la cárcel de la Almoina donde San Vicente sufrió su primer martirio , y en la que pudo haber estado preso el santo hasta su destierro pues en su interior aparece una inscripción en que se lee lo siguiente traducido del latín: «Aquí estuvo San Valero hacia el año del Señor 304«; Asimismo esta Capilla tiene un busto del santo en su fachada realmente bello. Por otro lado Daciano prohibió en su destierro que San Valero pernoctara en ningún lugar que tuviera más de 20 casas y la actual Iglesia de San Valero de Valencia se erigió en tiempos de Jaime I en el lugar donde se cree que permaneció el santo antes de salir de las tierras de Valencia. En el destierro del Santo quedan lugares que dan testimonio de su paso que, ciertos o no, pasamos a comentar. Primeramente se cree que en Castelnou (Teruel) sufrió burla por sus aldeanos. Sin embargo, fue bien acogido en Daymús, donde descansaría unos días. En Albalate de Cinca también existe una partida de tierra denominada los «Sanvaleros» y es posible que pasase por este lugar. Se supone que entonces el Obispo habría sufrido exilio en las tierras poco hospitalarias de Enate, según unos, y Anet (Eure le Loire), cerca de París  según otros , dedicándose a la oración y construyendo una Iglesia en memoria de San Vicente. También hay quien piensa que este Aneto era el de las tierras ribagorzanas. Desde aquí acude a Estada y Estadilla a predicar la doctrina cristiana siendo a su muerte en el año 315 sepultados sus restos en la Iglesia del Castillo de Estada en la zona de Barbastro y se le dedicó una ermita muy cerca de allí. Por ello en la plaza de este castillo existe una silla labrada, donde según la tradición predicaba el Santo Obispo.

Después de la invasión musulmana, cuando acababa de nacer el Reino de Aragón, el Obispo de Roda, Arnulfo, tuvo una revelación y descubrió sus restos en aquél lugar del Pirineo en una tradición similar a la del cuerpo del Apóstol Santiago. Así, en el año 1050, lo que se creyó era su cuerpo venerable fue llevado a la sede episcopal de Roda de Isábena, entonces cabeza eclesial de Aragón. Se guarda en esta cripta la arqueta que contiene sus restos y que está decorada con esmaltes de Limoges que también fueron robados por «Erik el Belga«. Actualmente han sido repuestos los que se pudieron recuperar. También podemos ver allí su casulla, mitra y túnica.

Capilla del Santo en la Catedral del Salvador (La Seo) de Zaragoza (España).

Con posterioridad y, cuando las tropas de Alfonso I y de Gastón de Bearne entraron en Zaragoza en 1170, la restauración de la mitra cristiana hacía esencial la presencia física de las reliquias del obispo. Zurita dice: Y como era muy cristiano y católico Príncipe, pidió a Don Guillén Pérez, Obispo de Lérida y Roda y al capítulo y canónigos la cabeza de San Valero, que en tiempo del Emperador Diocleciano fue Obispo de Zaragoza, porque la reliquia de tan gran pastor y prelado y de tan santísimo varón fuese adorada en la misma ciudad donde había nacido y en el templo a donde presidió con tanta santidad y doctrina, que fue tan venerado en su vida por la universal iglesia, como después de su muerte fue su memoria canonizada, y el obispo y capítulo condescendieron a la devoción del rey, y él les hizo merced del lugar de Montarruego, junto a Berbegal. El capítulo de Roda fue generoso y envió, en sucesivos momentos, primero un brazo y, más tarde, el cráneo del obispo confesor que fue recibido con grandes festejos en la ciudad.

Un retrato de San Valero que, probablemente, reproduce los rasgos de Benedicto XIII se guarda en el Museo Capitular de Zaragoza y también un busto en el Museo Diocesano de Lérida . Cuando Don Pedro de Luna fue elegido Papa, regaló a la Seo, en 1397, un relicario soberbio para guardar el cráneo del Obispo patrono de Zaragoza. Hecho por orfebres y esmaltadores del taller de Aviñón, en plata sobredorada y con pedrerías, es una de las mejores piezas góticas que guarda Aragón. Su leyenda latina, traducida, reza así: «El Señor Benedicto XIII, llamado anteriormente Pedro de Luna, Cardenal de Santa María en Cosmedin, donó este relicario del bienaventurado Valerio a esta Iglesia de Zaragoza, el año 1397, tercero de su Pontificado» . Tenemos también un documento adjunto relacionado con este hecho. Asimismo también regaló un precioso busto de San Vicente Mártir para la Seo y existe una preciosa ermita dedicada a él en la localidad de Velilla de Cinca.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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