Martyrium: la crucifixión

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

“Martirio de Santa Eulalia”, óleo de Gabriel Palencia Urbanell (1895). Ayuntamiento de A Coruña (España).

Sobradamente conocida en la cultura cristiana por ser éste el método de ejecución de Jesucristo, probablemente se encuentre entre una de las formas más crueles de morir. Este sistema de ejecución no es de origen romano, lo tenemos documentado por primera vez -según fuentes romanas- en Cartago, siendo el modo de castigo que los generales púnicos empleaban con los soldados insubordinados. Debió causar gran impacto en los romanos porque lo tomaron para sí una vez destruida Cartago. Aunque es importante remarcar que el origen se remonta a Persia y Asiria.

La crucifixión consiste en clavar una estaca vertical, a menudo reforzada y apuntalada por otras estacas, en el suelo. Luego, el condenado era conducido hasta ella cargando sobre sus propios hombros la estaca horizontal (patibulum) que ya llevaba fijada a los brazos mediante cuerdas. Se le izaba hasta la parte superior de la estaca vertical y a continuación se le amarraba a la misma. Esto significa que las cruces no estaban hechas de una sola pieza ni se cargaban a la espalda como solemos ver en los Calvarios; porque hubiera sido totalmente imposible pretender que un reo famélico o torturado, hombre, mujer o niño, pudiese llevar eso. Esas imágenes se deben a una distorsión histórica por la mala interpretación de los hechos reales. De igual modo, rara vez se recurría al uso de clavos para fijar el condenado a las estacas, porque solía bastar con las cuerdas; sin embargo, si se usaban clavos, éstos se insertaban en las articulaciones de las muñecas y de los tobillos, y nunca en las palmas de las manos ni los empeines de los pies, porque ningún cuerpo se hubiese podido sostener así. Todo esto está fuera de toda discusión y ha sido demostrado por la historia, la ciencia, y aceptado sin ningún problema por la Iglesia.

La muerte se producía por asfixia, debido a la extrema dificultad de insuflar aire y hacer funcionar bien el diafragma en esa postura, y por tanto era una muerte lenta y espantosa que podía prolongarse durante días. Además, tenía diversos inconvenientes añadidos, la exposición del cuerpo desnudo al sol, al viento y al frío durante horas, las burlas del populacho y la consiguiente deshidratación. Si la muerte tardaba en llegar más de lo previsto, se le rompía las piernas al condenado a golpes de maza (como se hizo con Dimas y Gestas, compañeros de crucifixión de Jesús) para privar del escaso apoyo que aún proporcionaban éstas y acelerar el ahogamiento. Siendo una muerte infame y vergonzosa, estaba reservada a esclavos, a asesinos y a soldados desobedientes, nunca a quien gozaba de la ciudadanía romana. Un romano no podía concebir muerte más patética que ésta, de ahí la incomprensión del dogma cristiano. Las cruces también se colocaban en los anfiteatros, pero no solía ser un espectáculo muy entretenido dada la lentitud con que sobrevenía la muerte, se prefería colocar cruces bajas que las fieras pudieran alcanzar. Era frecuente que se adornaran los cuerpos de los condenados con guirnaldas de flores, y no para hacer bonito, sino para eclipsar con su perfume el hedor que despedían debido a las largas estancias en cárceles sin medidas sanitarias ni higiénicas.

Imagen de Santa Librada venerada en una iglesia de Astorga, España.

Mártires que murieron con este tormento –pensado como ejecución, por lo general nadie era enviado a la cruz para ser descendido con vida- hay muchos, aquí una relación de las santas que lo padecieron, y que iconográficamente son fácilmente confundibles entre sí:

Santa Julia de Córcega (22 de mayo): es la mártir crucificada por excelencia.

Santa Librada (20 de julio): la tradición le atribuye la muerte por crucifixión y así se la suele representar, aunque los testimonios más antiguos la muestran siendo decapitada.

Santos Timoteo y Maura de Antínoe (3 de mayo): ella y su esposo Timoteo tardaron diez días en morir. Cabe destacar que fueron crucificados cara a cara, una cruz frente a otra, y no dándose la espalda en la misma cruz como se ha representado en el arte últimemente.

Santa Blandina (2 de junio): fue crucificada en la arena y expuesta a un toro, pero como el animal no mostró interés por ella hubieron de desclavarla y reservar su ejecución para otro día.

Santa Eulalia de Barcelona (12 de febrero): no está muy claro su caso, pues se nos dice en efecto que murió crucificada, pero lo que la mayoría de representaciones nos dan a entender es que murió en el ecúleo, y este instrumento no se incluiría dentro de lo que normalmente se entiende por cruz.

Santa Ketevan, reina de Georgia (13 de septiembre): fue crucificada en un árbol, recurso que se solía emplear cuando no se disponía del material típico de una cruz.

Santa Gudelia de Persia (29 de septiembre): el texto del Martirologio nos indica que murió “clavada en un leño”.

Santa Gaudencia (30 de agosto): no está confirmado, pero dado que algunas imágenes suyas la representan portando una gran cruz, es posible que muriese crucificada.

Santos Marta, María y Licarión (9 de febrero): hermanos mártires, crucificados por alborotar durante el desfile triunfal de un general romano por la ciudad donde vivían.

Santa Olimpia de Karyes: abadesa ortodoxa mártir que, en el año 1235, fue crucificada en el dintel de la puerta de su monasterio por unos piratas turcos.

“La mártir cristiana: Santa Julia”, lienzo de Gabriel Von Max, 1867.

La mártir conocida como Santa Wilgefortis no debe ser considerada, porque no se trata de una figura real, sino legendaria, creada a partir de una malinterpretación del Volto Santo de Lucca, que en realidad era un Cristo vestido con túnica (este tema lo ampliaré en un artículo aparte). Asimismo, no se debe interpretar que todas las figuras que portan una cruz significa que haya habido crucifixión, excepciones claras las constituyen Santa Helena emperatriz y Santa Margarita de Antioquía. Y por supuesto, existe infinidad de mártires crucificados de los que nunca sabremos el nombre, entre ellos los caídos en la persecución de Nerón.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

11 pensamientos en “Martyrium: la crucifixión

  1. Muchas gracias, Ana Maria.
    Yo tenía entendido que el origen de este ignominioso y terrible suplicio, destinado sobre todo a malhechores, estaba en Persia y la antigua Asiria y que de ahí pasó a Occidente, entre ellos al pueblo romano y que en un principio consistía en atar al ajusticiado a un palo vertical y que muy posteriormente fue cuando se agregó el patibulum, ya en época romana.
    Entiendo perfectamente que el pueblo romano, la gente normal del pueblo, no entendiesen a unos que se llamaban cristianos y que adoraban a alguien que había muerto de forma tan ignominiosa. De ahí que la conversión de un pagano al cristianismo debió estar motivado por un acto de fe tan grande que nublase, borrase todo lo que por tradición creía el pueblo acerca “de qué habrá hecho ese individuo para merecer tan terrible escarmiento”.
    Los primeros cristianos eran desde luego, personas muy valientes, muy convencidas, personas de una fe de hierro.

  2. Gracias, Mel. La verdad, yo estaba por preguntar algo similar a lo que plantea Antonio. De hecho, yo quisiera saber si el patibulum ya estaba en uso en la época de Jesús, pues he escuchado de cierto “grupo” religioso que el Maestro fue crucificado en una vara vertical. No sé qué fundamentos pudiesen tener para tal afirmación, o qué antecedentes o si definitivamente es mito, no sé, ya tu dirás.

  3. La verdad es que este artículo es ya viejo y puede tener alguna inexactitud como la que tan amablemente me habéis señalado: en efecto llegó a conocimiento de los romanos a través de las crucifixiones practicadas en Cartago, pero posiblemente el origen esté en Asiria o Persia como muy bien habéis dicho. De hecho, teniendo en cuenta que Cartago fue una colonia fenicia y que los fenicios estuvieron bajo la órbita persa tanto como la asiria, es posible que pasara de unos a otros este horrible método de ejecución. Así que gracias por precisarlo y ahora pediré que lo maticen.

    Sobre la crucifixión de Jesús, y ya que lo planteas, Dairon, de momento no hablaré ya que eso lo abordaré en artículos que veremos en Semana Santa, pero de paso te adelanto la respuesta: el patibulum sí estaba ya en uso en época de Jesús, como ha demostrado la arqueología. Pero ya lo veremos en su momento.

  4. Estimada Ana María , en algunas ocasiones se ven representaciones de la cruz con un pequeño soporte a modo de reposapiés como si se pretendiera dar un “cierto descanso” al crucificado en su martirio. ¿Tiene alguna veracidad histórica o es un recurso pictórico para quitar dosis cruentas a estas imágenes?…

    • Querido Salvador, una vez más me recuerdas lo corto que se ha quedado este artículo en algunos detalles, pero prometo ampliarlos para Semana Santa, como ya he dicho.

      La pieza a la que te refieres se llama “sedecula”, y en efecto, existe, sólo que no se colocaba bajo los pies, como nos tienen acostumbrados las representaciones iconográficas tradicionales, sino bajo las nalgas. Es decir, que el crucificado estaría “sentado” sobre esa pieza – y digo sentado entre comillas porque a estar medio en equilibrio sobre ese travesaño tan estrecho tiene más de tortura que de descanso- y no apoyaría los pies en ella.

      Date cuenta que si los pies tienen apoyo, el cuerpo puede sostenerse para impulsar el diafragma y seguir respirando, por lo que no morirían de asfixia y la crucifixión no tendría sentido. Por lo que no existía apoyo para los pies, sino un medio asiento que no daba suficiente apoyo al cuerpo para respirar bien -así, la asfixia acaba sobreviniendo igual- pero que también impedía que el cuerpo se desgarrara y desprendiera del travesaño vertical.

      De todos modos ya ampliaremos esto cuando hable de la crucifixión de Jesús, más adelante. ¿Que por qué colocaron la sedecula bajo los pies y no bajo las nalgas de Jesús? Imagino porque lo veían más digno o menos escabroso, pero definitivamente no se corresponde con la realidad.

  5. Ana Maria me encantas estos articulos de Martyrium,creo que desde el ultimo este se ha hecho esperar bastante,haber si podria ser que al menos uno al mes se pudiese publicar (se que son articulos “rescatados” pero eso no importa en absoluto para quien no los hay leido,) y ademas son tuyos,faltaria mas.

    Mandame si no tienes inconveniente la imagen del oleo del martirio de Santa Eulaia que me he quedado boquiabierto durante un buen rato,es impresionante y con la nevada y todo que se produjo segun la leyenda. 🙂 (tambien la de Santa Barbara rescatando al minero).

    Por ultimo de las santas mertirizada con este metodo no conozco muchas,de entre todas ellas e interesandome mucho por las santas reinas me gustaria que en un futuro publicaras un articulo sobre Santa Ketevan,Reina de Georgia.

    • Desde luego que te las mando, tú y todos debéis saber que mi galería de imágenes está abierta a cualquiera que las solicite.

      Y sobre Santa Ketevan escribiré algo, ya que me lo pides 😉

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