Santa Balbina: esa gran desconocida

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Vidriera de la Santa. Iglesia de la Santísima Trinidad de St.Mary Williamsburg, Brooklyn, Nueva York (EEUU).

Tiene dedicada una de las iglesias más antiguas y más ilustres de Roma, y sin embargo, es una de esas pocas Santas de las que casi nadie ha oído hablar y de la que parece que no haya gran cosa que decir. ¿Cómo es posible? Semejante paradoja llega al punto de la ironía cuando investigamos el significado de su nombre, “habladora”, y por extensión, parlanchina, charlatana, balbuceante o incluso tartamuda, un apodo de mal gusto que se daba en la Antigüedad a los que tenían dificultades en hablar, o al contrario, hablaban demasiado.

Nuestra Balbina, si seguimos con el chiste, da más bien poco que hablar. Aunque está inscrita en el Martirologio Romano tal día como hoy, el último del mes de marzo, lo cierto es que lo poco que sabemos de ella procede de un texto (Vita Sanctae Balbinae) que procede de las Actas legendarias de los santos mártires Alejandro, Evencio, Teódulo, Hermes y Quirino.  Si digo que son legendarias, naturalmente, ello implica que el elogioso texto, redactado por un autor anónimo en el siglo V de nuestra era, no tiene el menor valor histórico. Nos ha llegado, para más INRI, a través de dos textos: la passio Alexandrii (s.V) que confunde al papa Alejandro con el mártir Alejandro enterrado en la Via Nomentana y la passio ss. Balbinae et Hermetiis, que es como un apéndice a la primera. Partiendo de lo tardíos que resultan estos textos respecto al tiempo en que ubican los martirios, más el error de confundir dos Alejandros diferentes, llegamos al simple hecho de no tener que concederles mucha veracidad. Sin embargo, es preciso ver qué nos cuenta este bonito relato.

Balbina era la hija del tribuno[1] Quirino y estaba adornada, en su juventud, de una gran hermosura. Pero vino a caer enferma de gravedad por una rara afección que le hinchó el cuello y le deformó las facciones de tal modo que estaba horrible, llena de pústulas purulentas.[2] Se probó todo remedio natural y humano al alcance, pero no sanaba y corría peligro de muerte, por lo que Quirino, desesperado, acudió al papa Alejandro, entonces prisionero, del que se decía que obraba curaciones milagrosas. El pontífice, compadecido de la angustia del padre, le permitió traerle a su hija, y cuando éste le impuso las manos, la joven quedó inmediatamente curada y recobró su hermosura.[3] Inmensamente agradecidos, padre e hija se convirtieron al cristianismo y ella, haciendo voto de castidad, se desprendió de todas sus riquezas, entregándolas a los pobres, para así alejar a todos los pretendientes que la cercaban atraídos por su patrimonio y belleza.

Éxtasis de la Santa. Anónimo del siglo XVII. Iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

Se dice que a menudo regresaba Balbina a visitar al Papa, y postrada en el suelo de la celda, besaba sus cadenas en señal de veneración. Alejandro le dijo que aquellas cadenas no eran dignas de su unción, y que si quería, podía hallar unas que lo merecieran más, y a tal efecto la envió a buscar y recuperar las cadenas de San Pedro, que seguían en la cárcel Mamertina. Cuando las encontró, por indicación del pontífice, las puso bajo la custodia de una virgen cristiana llamada Teodora. Es por esta anécdota de las cadenas de San Pedro por lo que los atributos principales de Santa Balbina, y los de Santa Teodora, que viene celebrada el 1 de abril, son unas cadenas o grilletes.

Con el recrudecimiento de la persecución, Hermes, hermano de Teodora, fue apresado, torturado y ejecutado por orden del pretor Aureliano. También el tribuno Quirino, padre de Balbina, fue delatado como cristiano y ejecutado. Teodora y Balbina recuperaron los cuerpos de los varones y les dieron digna sepultura, pero este hecho les llevó también a ser denunciadas y detenidas. Tras un heroico diálogo en el que Balbina dio muestras de gran brillantez oratoria, ambas fueron condenadas a muerte, según algunas versiones, quemadas vivas, según otras, decapitadas (lo cual sería más probable teniendo en cuenta su estatus social). El relato ubica su muerte el 31 de marzo de 132. Una segunda parte, que como veremos es añadida, dice que fue sepultada en el cementerio de Pretextato, junto a su padre Quirino, en la vía Appia.

Hasta aquí lo que dice el relato, que, como ya adelantábamos, no tiene valor alguno en sentido histórico. En primer lugar, porque, como ya hemos indicado, confunde al mártir Alejandro con el papa Alejandro: el Alejandro que aparece mencionado en este grupo no es un pontífice. En segundo lugar, porque no hay relación de parentela alguna entre Balbina y Quirino: al estar enterrados juntos, el autor de la passio hizo a una hija del otro, algo muy extendido entre los escritores del siglo V. Y en tercer lugar, no parece estar claro si esta Balbina, sea quien sea, era virgen o mártir, las dos cosas, o ninguna de ellas. Me explico.

Detalle de la Santa en un fresco de Anastasio Fontebuoni (1523), ábside de la iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

He dicho ya que el Martirologio Romano la recuerda el 31 de marzo. La inscribió Adón con las siguientes palabras: “En Roma, santa Balbina virgen, hija del beato mártir Quirino, que fue bautizada por el Papa San Alejandro, y que quiso consagrar a Cristo su virginidad siendo su esposa, por lo que después de haber superado el curso de este mundo, fue sepultada en la vía Appia, junto a su padre”. De este texto hay varias cosas que decir: en primer lugar, Adón se inventa literalmente el lugar de enterramiento de Balbina, pues antes de este texto, en las famosas Actas y passio que hemos relatado, no se menciona para nada el lugar de sepultura: en ese lugar estaban sepultados los mártires Quirino, Evoncio, Alejandro, Teódulo y Hermes, por lo que Balbina tenía que ser hija del primero y estar enterrada cerca de él. En segundo lugar, es notable comprobar que Adón la menciona como virgen, pero no como mártir. Es decir, que el Martirologio Romano no menciona en absoluto ningún rasgo de la hermosa leyenda del siglo V, que la hace mártir, sino que la tiene simplemente como virgen. Pero el Martirologio Jeronimiano no la menciona. Sí el de Floro, pero el día 18 de enero, por lo que este autor se equivocó al inscribirla ese día. En toda la Antigüedad, esta Santa no recibió ningún culto. ¿Quién es, entonces, Santa Balbina?

En cuanto a pruebas materiales, podemos afirmar con seguridad que en el año 595 ya tenía una iglesia dedicada a ella y el cementerio situado entre las vías Appia y  Ardeatina también tenía su nombre. La hipótesis más barajada es que Balbina fue la fundadora de estos cementerios, donde estaban enterrados los mencionados mártires, y ella, con ellos. Por eso, los hagiógrafos sostienen que, por el mero hecho de estar enterrada con ellos, se ha supuesto, equivocadamente, que esta Balbina fue una mártir. Al parecer, era costumbre en el siglo V que quien fundaba o subvencionaba una catacumba para el sepelio de los mártires, y luego se hacía enterrar con ellos, era honrado o elevado a la categoría de mártir automáticamente. Fue un invento deliberado por parte del autor de la passio. Por lo tanto, “Santa” Balbina no sería ni la hija del mártir Quirino, ni una mártir de la persecución romana, sino la matrona que puso el dinero para abrir dichas catacumbas y acoger los cuerpos de dichos mártires.

Desde 1841 hasta la actualidad, los restos de Santa Balbina están bajo el altar mayor de la iglesia que lleva su nombre en Roma, junto al mártir Felicísimo y otros tres de nombre desconocido.  Anteriormente, cuando se consagró este altar (26 de febrero de 1741) se hizo con los restos de estos mártires, hallados bajo el altar antiguo, y sin los de Balbina, que estaban con los de la mártir Teodora –también mencionada en la passio– en el altar mayor de la iglesia romana de Santa Maria in Dominica (1725), hasta que fueron llevados con posterioridad al actual emplazamiento.

Sepulcro de la Santa. Altar mayor de la iglesia de Santa Balbina, Roma (Italia).

En resumen: a pesar de que en el relato de la passio, Santa Balbina aparece como virgen y mártir, hija del tribuno mártir Quirino, y en la iconografía suele llevar la palma y los grilletes de San Pedro; lo más probable es que fuera una matrona romana que con su patrimonio levantó dos cementerios para los mártires, y fue posteriormente honrada como tal al ser enterrada allí. Muchas representaciones artísticas y menciones la recuerdan sólo como virgen, otras muchas, como mártir, pero no hay demasiadas obras de arte que la representen, su culto no ha sido nada significativo –se la invoca como patrona contra la escrófula, debido a la enfermedad que le atribuye la passio-, ni se veneran reliquias suyas fuera de las que están en su iglesia. En ese sentido, quién fue Santa Balbina y cómo pasó por este mundo y de este mundo, es algo que es, y seguirá siendo siempre, un absoluto misterio.

Meldelen


[1] Un tribuno es un magistrado romano que es elegido como representante de una de las tribus (clanes) principales de Roma. Sus atribuciones eran muy variadas, tanto civiles como militares. Se encargaba, entre otros asuntos, de recaudar impuestos y de reclutar tropas. Debía ser un ciudadano romano con un alto estatus y ciertas posesiones, tanto patricio como plebeyo. Gozaba de respetabilidad y autoridad hasta el punto de poder vetar al Senado y proponer plebiscitos.
[2] La descripción de los síntomas ha permitido identificar esta enfermedad como la escrófula, una infección de los ganglios linfáticos por el Mycobacterium tuberculosis. En efecto, hace que los ganglios, especialmente los del cuello, se hinchen y expulsen pus. En la Edad Media esta enfermedad hizo estragos, y la dificultad de su tratamiento hizo que se recurriera a ciertas curaciones extravagantes, como el “toque de rey”, esto es, que el monarca o gobernante impusiera sus manos a los enfermos para transmitir su gracia divina y lograr la curación.
[3] Otras versiones dicen que la curó poniéndole en el pecho un saquito de reliquias, o incluso tocándole el cuello con las propias cadenas que lo amarraban.

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Santos mártires de Corea

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Tapiz de la canonización de los Santos Mártires de Korea.

El día 6 de mayo del año 1984, el papa San Juan Pablo II canonizó en la catedral de Seoul (Corea del Sur) a ciento tres mártires coreanos del siglo XIX, siglo de persecución a la Iglesia en aquel país asiático donde fueron martirizados varios miles de cristianos. La lista de los nuevos santos iba encabezada por San Andrés Kim Taegon, el primer sacerdote católico coreano de la historia y está compuesta por tres obispos, ocho sacerdotes y noventa y dos seglares.

Desde finales del siglo XVIII, algunos estudiosos coreanos habiendo leído y estudiado algunos libros publicados por los jesuitas en China sobre la religión católica, se interesaron por las enseñanzas e historia de la nueva religión. Admirado e interesado y ansioso por obtener más amplias noticias, uno de ellos llamado Piek-i, perteneciente a la noble familia Ni-tek-tso, encargó en el año 1783 al joven Ri-Song-Hun que le facilitase nuevos libros traídos desde Pekín. El joven llegó a Pekín como miembro de una embajada a China, buscó a los misioneros y contactó con el obispo Alejandro de Gouvea, quién encargó al jesuita Juan José de Grammont para que le impartiese la catequesis y lo bautizara, imponiéndole el nombre de Pedro en el bautismo.

Pedro volvió a su patria, Corea, cargado de libros y objetos religiosos, bautizó a dos compatriotas suyos (Piek-i y Kouen-Il-sin-i), poniéndoles respectivamente los nombres de Juan Bautista y Francisco Javier, dedicándose en adelante los tres nuevos cristianos a extender la doctrina de Cristo por toda la región, principalmente entre las clases aristocráticas que eran quienes tenían acceso a los libros escritos en chino. Pero su celo apostólico llegó demasiado lejos, porque al no disponer de misioneros, ellos mismos se constituyeron como en una especie de jerarquía eclesiástica e incluso inventaron su propia liturgia, tal y como Pedro lo había visto en Pekín, donde había un obispo y sacerdotes que decían Misa, confesaban, administraban el bautismo, etc.

Imagen de San Andrés Kim en el exterior de una iglesia coreana.

El obispo se enteró, los reprendió y ellos reconocieron su error, pero algunos de los bautizados, que compaginaban las prácticas cristianas con la idolatría de sus antepasados, apostataron y así, se originó la primera persecución contra los cristianos, algunos de los cuales fueron martirizados entre ellos Pedro y Juan Bautista. Entonces, en diciembre de 1794 fue enviado a Corea el sacerdote chino Santiago Chú y se encontró con que ya había más de cuatro mil cristianos. Este sacerdote también murió mártir el 31 de mayo del año 1801 dejando en aquel momento la cifra por encima de los seis mil.

El día 25 de enero de 1802 fue firmado un decreto contra los cristianos, pero estos no se amedrentaron y ya en 1811 y en el 1827 habían enviado mensajes al Papa para que mandara a los primeros misioneros. Fueron escuchados y el 9 de septiembre del año 1831. el Papa Gregorio XVI erigió el Vicariato Apostólico de Corea, que se puso bajo la tutela del Instituto de “Las Misiones Extranjeras de París”. El primer vicario apostólico, Mons. Bartolomé Brugière murió antes de hacerse cargo de su sede, pero en secreto, en 1837, penetraron en el país los sacerdotes Pedro Maubant y Santiago Chastán y poco tiempo después, el nuevo vicario apostólico, Mons. Lorenzo José Imbert. Los tres fueron martirizados el 21 de septiembre de 1839 en Sai-Nam-Tho, una localidad cercana al río Han-gang a unos cinco kilómetros de Seoul y los tres están incluidos en la lista de los santos coreanos.

Nuevamente, los cristianos coreanos se vieron privados de sacerdotes durante seis años, hasta que en el 1845, ayudados por el primer sacerdote coreano, San Andrés Kim, penetraron en Corea Mons. José Ferréol y el misionero Maria Nicolás Antonio Daveluy. Pero al año siguiente, en el 1846, se incrementó nuevamente la persecución, siendo martirizados Andrés Kim y muchos otros cristianos, entre ellos el padre Daveluy, el día 16 de septiembre del año 1846, salvándose el vicario apostólico, que murió en el año 1853. Su sucesor, Mons. Simeón Francisco Berneux, su obispo coadjutor Antonio Daveluy y algunos otros sacerdotes entraron nuevamente en secreto en el país y pudieron trabajar e incrementar el número de conversiones, hasta que en el 1866, otra vez se incrementó la persecución y fueron martirizados los dos obispos, siete misioneros y más de diez mil cristianos.

Los tiempos apostólicos volvieron en el año 1876 y también las persecuciones, pero el nuevo vicario, Mons. Félix Clair Ridel y el misionero Víctor M.Deguette, pudieron salvar la vida gracias a la intervención del gobierno francés que logró que se les conmutara la condena a muerte por el exilio. Finalmente, un tratado firmado con Francia en el año 1887 consiguió una cierta libertad religiosa en Corea.

Sepulcro de San Lucas Hwang Seoktu. Corea del Sur.

Los cristianos durante todo ese siglo XIX fueron perseguidos principalmente porque se negaban a compaginar los cultos católicos con los cultos ancestrales a los antepasados ya que consideraban esto último como idolatría. Pero el problema estaba en que el gobierno coreano consideraba estos cultos como uno de los principales pilares de su cultura, por lo que los imponían al estilo en el que lo hacían los emperadores romanos con los primeros cristianos. Hay mucha similitud entre el cristianismo romano primitivo y el cristianismo coreano. Pero los cristianos también fueron masacrados porque se consideraba que la extensión del cristianismo en Corea era una nueva forma de colonialismo impulsado por las naciones europeas en Asia.

Como los sacerdotes y obispos eran muy pocos, la mayoría de los mártires fueron seglares coreanos: hombres y mujeres, casados y solteros, jóvenes y ancianos. El día 3 de julio del año 1925 fueron beatificados ochenta y dos mártires de las persecuciones de 1839 y de 1846 y el resto lo fueron el día 6 de octubre de 1968 y todos ellos, los ciento tres fueron canonizados el 6 de mayo de 1984 como he mencionado al principio. Su fiesta se celebra el día 20 de septiembre. Por orden cronológico, pongo sus fechas de martirio y sus nombres:

Noviembre de 1838 – San Pedro Yi Hoyong.

Mayo de 1839 – San Protasio Chong Kurbo, Santa Águeda Kim Agi,  Santa Ana Pak Agi,  Santa Águeda Yi Sosa,  Santa Magdalena Kim Obi,  San Agustín Yi Kwang-hon, Santa Bárbara Han Agi, Santa Lucia Park Huisun,  San Damián Nam Myong-hyok y  San Pedro Kwon Tugin, San José Chang Songjib, Santa Bárbara Kim y Santa Bárbara Yi.

Julio de 1839 – Santa Rosa Kim, Santa Marta Kim Songim, Santa Teresa Yi Mae-im, Santa Ana Kim Changkeum, San Juan Bautista Yi Kwangnyol, Santa Magdalena Yi Yong-hui, Santa Lucia Kim y Santa Maria Won Kwi-im.

Vista de las urnas de los mártires detrás del altar. Seúl (Corea del Sur)

Septiembre de 1839 – San Pablo Chong Hasang, Santa Maria Park K’unagi, Santa Barbara Kwon Hui, San Juan Pak Hujae, Santa Barbara Yi Chong-hui, Santa Maria Yi Yonhui,  Santa Inés Kim Hyoju,  San Francisco Ch’oe Hyong-hwan,  San Lorenzo Imbert,  San Pedro Maubant,  San Jacobo (Santiago) Chastán,  San Agustín Yu Chin-gil,  Santa Magdalena Ho Kye-im,  San Sebastián Nam Yigwan,  Santa Julieta Kim, Santa Águeda Chon Kyonghyob,  San Carlos Cho Shin-ch’ol,  San Ignacio Kim Chejun, Santa Magdalena Pak Pongson,  Santa Perpetua Hong Kumju,  Santa Columba Kim Hyo-im,  Santa Lucia Kim,  Santa Catalina Yi, y Santa Magdalena Cho.

Octubre de 1839 – San Pedro Yu Tae-Chol.

Noviembre de 1839 – Santa Cecilia Yu Sosa.

Diciembre de 1839 – San Pedro Ch’oe Ch’ang-hub,  Santa Barbara Cho Chung-I, Santa Magdalena Han Yong-I,  Santa Benedicta Hyon Kyongnyon,  Santa Isabel Chong Chong-hye, Santa Barbara Ko Suni y Santa Magdalena Yi Yongdeog.

Enero de 1840 Santa Teresa Kim, Santa Águeda Yi Kannan, San Esteban Min Kukka, San Andrés Chong Kwagyong,  San Pablo Hohyup,  San Agustin Pak Chong-won, San Pedro Hong Pyongju,  Santa Magdalena Son Sobyog,  Santa Águeda Yi Kyong-I,  Santa Maria Yi Indog y Santa Águeda Kwon Chini.

Febrero de 1840 – San Pablo Hong Yongju,  San Juan Yi Munu y Santa Bárbara Ch’oe Yong-i.

Abril de 1841 – San Antonio Kim Song-u.

Sepulcro de un sacerdote mártir. Montaña de Naju, Corea del Sur.

Septiembre de 1846 – San Andrés Kim Taegon,  San Carlos Hyon Songmun,  San Pedro Nam Kyongmun,  San Lorenzo Han Ihyong,  Santa Susana U Surim,  San José Im Ch’ibaeg,  Santa Teresa Kim Imi,  Santa Águeda Yi y Santa Catalina Chong Ch’oryom.

Febrero de 1866 – San Pedro Yu Chongyul,

Marzo de 1866 – San Simon Berneux, San Justino de Bretenières,  San Pedro Enrique Dorie,  San Bernardo Ludovico Beaulieu,  San Juan Nam Chong-sam,  San Juan Bautista Chong Chang-un,  San Pedro Choi Hyong,  San Marcos Chong Uibae,  San Alejo U Seyong,  San Antonio Daveluy,  San Martín Lucas Huin,  San Pedro Aumaitre,  San José Chang Chugi, San Lucas Hwang Seoktu y Santo Tomás Son Chason.

Diciembre de 1866 – San Bartolomé Chong Munho,  San Pedro Cho Hwaso,  San Pedro Son Sonji,  San Pedro Yi Myongseo,  San José Han Jaegwon,  San Pedro Chong Wonji,  y San José Cho Yunho.

Enero de 1867 – San Juan Yi Yunil.

San Andrés Kim Tae-Gon, sacerdote coreano mártir:

Nació el 21 de agosto del año 1821 en la provincia de Chung Chong y era hijo de unos nobles cristianos coreanos; de hecho, su padre Ignacio Kim, miembro de la familia Yangban, también murió mártir en 1839 y también está canonizado.

Practicaba la religión de Confucio. Fue bautizado ya de mayor, con quince años de edad, animado por el también sacerdote mártir padre Maubant para que entrase en el seminario, por lo que marchó al seminario de Macao, en China, para prepararse a la ordenación sacerdotal; fue ordenado de diácono en  Shangai en 1844 y de presbítero en el año 1845 a manos del obispo Jean Joseph Ferréol. Regresó a Corea con la misión de facilitar la entrada de los misioneros en su país, quienes lo hicieron por mar, a fin de evitar los controles de las fronteras terrestres.

Sepulcro de San Andrés Kim (dcha.) Montaña Naju, Corea del Sur.

En Corea se dedicó a difundir la religión de Cristo, predicando y bautizando a todos los que convertía con sus palabras y con su ejemplo de vida, pero procurando siempre poner en práctica ciertas normas de seguridad a fin de no ser descubierto. Estas normas le impidieron el poder atender a su madre, que vivía de las limosnas. Con solo venticinco años de edad fue arrestado, estando en la cárcel tres meses donde fue torturado en numerosas ocasiones, siendo finalmente decapitado el día 16 de septiembre de 1846 junto al río Han, cerca de Seoul.  Murió diciendo: “En esta última hora de mi vida, escúchenme atentamente: si he mantenido comunicación con extranjeros, ha sido por mi religión y mi Dios. Es por El que yo muero. Mi vida inmortal está en su punto inicial. Conviértanse al Cristianismo si deseáis la felicidad tras la muerte, porque Dios alberga castigo eterno para aquellos que rehusaron conocerle“.

Antonio Barrero

Enlace: http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Korean_Martyrs

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Beato Juan Huguet Cardona, sacerdote mártir

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Fotografía retocada del Beato para estampa devocional.

Con este artículo queremos continuar con la serie dedicada a los mártires españoles del 1936, año en el que España se vio envuelta en una guerra civil entre hermanos, guerra que duró tres años y que dejó a nuestro país dividido entre vencedores y vencidos. Muchos religiosos y laicos sufrieron martirio por su fe y sobre ellos escribimos estos artículos. Varios centenares han sido beatificados, algunos incluso están ya canonizados y de otros muchos hay abiertos procesos de beatificación.

Juan Huguet Cardona nace el 28 de enero de 1913 en la finca llamada “Son Sanxo”, del término municipal de Alaior, en la isla de Menorca.  Fue el primero de los hijos de Francisco Huguet Villallonga y Eulalia Cardona Triay, familia de campesinos de muy hondas raíces cristianas.

Juan fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Alaior, el viernes 1 de febrero de 1913. Le administró el sacramento de la regeneración el párroco D. Jaime Garriga Pons y se le impusieron los nombres de Juan, Francisco y Jaime. Apenas dió los primeros pasos empezó ya a acompañar a sus tíos al campo donde le colocaban a la sombra de algún olivo o acebuche mientras estos trabajaban. Si el tiempo era fresco lo cubrían con sus blusas. Años después recordarían como el pequeño Juan se quedaba ensimismado contemplando el cielo azul o las blancas nubes deslizarse rápidamente en los días de verano.

Juan recibió el sacramento de la confirmación a los tres años, según la costumbre general por entonces en España de llevar a los niños a confirmar en la primera ocasión que se presentara. Fue el obispo de Menorca Don Juan Torres y Ribas quien confirió la confirmación el domingo día 20 de agosto de 1916 en Alaior a numerosos niños y niñas, Juan Huguet figuraba con el numero 48.

Cuando tenía cuatro años solía jugar en el pórtico de la casa imitando la celebración de la misa y con frecuencia decía que un día seria sacerdote. Su abuelo Juan, haciendo un juego de palabras propio del menorquín, le decía que mas bien debería quedarse con él y ser agricultor, a lo que el pequeño Juan respondía que el quería ser sacerdote. Cuando acompañado de los suyos pasaba cerca de una iglesia, deseaba entrar a rezar y si ello no era posible en aquel momento, lo sentía mucho y lloraba. Aquellas iglesias de Alaior, Santa Eulalia, San Diego y la capilla de las Hermanas Carmelitas, serían muy pronto los lugares en donde el alma del muchacho se iría abriendo hacia un contacto cada vez mas personal y afectivo con el Señor, cuya llamada Juan empezaba a escuchar en el fondo de su corazón todavía infantil, pero ya dispuesto a defender fielmente al Amigo que daría una gran plenitud a su vida.

Fotografía del Beato el día de su Primera Comunión, y detalle del cáliz con el que celebró su primera Misa.

Juan tenia unos cuatro años cuando falleció su abuelo materno. No conoció a ningún otro abuelo o abuela pues todos habían muerto con anterioridad a su nacimiento. Su tío Jaime se hizo cargo entonces de las fincas. Los padres de Juan se trasladaron a vivir al pueblo de Alaior, donde nacerían después los otros hijos del matrimonio; Francisco en 1918,Vicente en 1921 y María en 1926. El cambio de ambiente resultó muy favorable para la educación de Juan, que desde 1917 frecuentó el colegio de los Hermanos de la Salle.

Un compañero suyo de aquellos años de infancia, fue el sobrino de un sacerdote, que por aquellos años era capellán de la iglesia de San Diego; se llamaba Lorenzo Montañés Villalonga. Iba a jugar a casa del propio Juan, y ellos dos, junto con otros niños eran monaguillos de la iglesia de San Diego. Juan era el líder en ese grupo de niños acólitos, y aunque los demás jugaban con replicas de armas y figuras de soldados, él solía jugar imitando las ceremonias religiosas y construyendo objetos similares a los que servían para el culto. Juan actuaba también como monaguillo en la iglesia parroquial y sobre todo en la capilla del hospital o asilo atendido por las Hermanas Carmelitas.

En dicho asilo conoció la vida y personalidad de Santa Teresita del Niño Jesús, canonizada en 1925 y cuya espiritualidad influiría mucho en su vida. A los cinco años empezó a asistir a las clases en el colegio San José de los Hermanos de la Salle, donde se incremento notablemente su formación en materia cristiana. El día 23 de abril de 1922 Juan hizo la primera comunión a los 9 años de edad; fue un día de gran gozo espiritual para él. A los once años de edad, el día 1 de octubre de 1924 Juan ingresaba en el Seminario Diocesano de Menorca, que radicaba en Ciutadella, a 30 kilómetros de Alaior.

Cuentan sus hermanos que de pequeños Juan era un tanto miedoso y no quería dormir solo en una habitación. El primer día que estuvo en el seminario, su padre se quedo esa noche en casa de un conocido, pensando que quizá su hijo no pudiera conciliar el sueño y fueran a buscarlo para que se lo llevara a casa. No sucedió nada de eso, Juan durmió toda la noche y perdió el miedo para siempre. También tenia algunos caprichos en cuanto a comida, y no le gustaba el arroz. Su madre le dijo que en el seminario tendría que comerlo, y efectivamente fue lo que le dieron el primer día, lo comió sin mas y escribió una carta a los suyos bromeando acerca de ello.

En octubre de 1928 iniciaba Juan el ciclo académico de tres años que se llamaban de Filosofía, porque predominaban los estudios de esta materia, que para un muchacho de quince años podía resultar un tanto pesada y difícil de asimilar. El supo adaptarse debidamente a esta tarea estudiantil, obteniendo al final del curso la máxima calificación (“Meritissimus”) en todas las asignaturas. Durante ese curso de 1928-29 se produjeron algunos acontecimientos que serian de gran importancia para la vida del Seminario y para el desarrollo espiritual de Juan.

Fotografía del Beato el día que recibió las Órdenes Menores.

Uno fue la presencia del nuevo obispo coadjutor Don Antonio Cardona, que se alojaba en el seminario y acertó a dinamizar considerablemente las actividades apostólicas de la diócesis y a promover una importante renovación en la vida del Seminario.

Otro factor que también tuvo beneficiosos efectos fue la presencia de tres seminaristas mexicanos, alumnos de los cursos de filosofía, que debido a la persecución religiosa que se padecía en su nación, vinieron a España, siendo acogidos con benevolencia y simpatía en el Seminario de Menorca. Las vivencias que ellos transmitían acerca de las persecuciones y martirios sufridos en su país conmovieron a todos, especialmente a Juan, que mantuvo con estos seminaristas una cordial amistad.

Juan, como era natural en él, estaba muy vinculado a su familia y se mostraba muy afectuoso con los suyos. Tiene un cariño muy especial para su hermana María, de la cual es padrino de bautismo. Esta niña a los tres años de edad sufrió una enfermedad que causo gran preocupación a Juan. En esas circunstancias hizo unos ofrecimientos o promesas que puso por escrito de esta manera: Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confio. Santa Teresita, vos que prometisteis hacer caer una lluvia de rosas sobre la tierra, haced caer una de esas rosas o al menos una hoja de estas rosas deshojadas, y concededme la gracia que os pido, que es: Curéis cuanto mas pronto mejor a María Teresita Antonia Huguet Cardona(…) Prometí todo lo apuntado en la pagina anterior en Ciudadela día 12 de diciembre, fiesta de Ntra. Sra. de Guadalupe, del año mil novecientos veinte y nueve. Juan Huguet” (La mención de la fiesta de Guadalupe se debe, sin duda, al influjo de los seminaristas mexicanos).

La publicación de la “Historia de un Alma”,autobiografía espiritual de Teresa de Lisieux, suscitó en todo el mundo un intenso movimiento de admiración y de simpatía hacia esta joven carmelita, fallecida a los veinticuatro años de edad, que con una gran sencillez, a veces mal interpretada, enseñaba una espiritualidad muy profunda. Juan que desde pequeño había estado en contacto con las Hermanas Carmelitas Misioneras, conoció a esta maestra espiritual y leyó su autobiografía, quedando ya para siempre marcado por la doctrina y las vivencias de esta carmelita. Con toda naturalidad Juan se hace eco de lo que aprende de esta joven santa, a la que considera “modelo de almas sencillas y descubridora del hermosísimo camino de la infancia espiritual”.

En 1929, con 16 años tuvo la inmensa alegría de poder peregrinar a Roma junto a un gran numero de seminaristas españoles; el Papa Pío XI promulgaba la celebración de un año santo extraordinario con motivo del quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. En 1934 realizó unos ejercicios ignacianos durante un retiro espiritual previo a su próxima tonsura, que recibió el 20 de diciembre, y en los dos días siguientes las ordenes menores de manos del obispo coadjutor. Juan iba a vestir constantemente el hábito clerical a partir de su tonsura.

El 20 de marzo de 1936 fue ordenado de diácono en la capilla del palacio episcopal de Barcelona por el obispo D. Manuel Irurita. Veía como se acercaba ya a la ansiada meta del sacerdocio. Sus compañeros de Seminario notaban que se realizaba en su espíritu un gran progreso espiritual, que se transparentaba incluso en su porte exterior. Además era bien consciente de que la perspectiva del martirio no era algo hipotético y lejano, (debido al negro panorama que se vivía en toda España)y para la que había que estar bien dispuesto.

El 6 de junio de 1936 Juan fue ordenado de presbítero en la capilla del Seminario de Barcelona por manos del obispo Irurita, el cual también moriría mártir. Por el testimonio de uno de los que se ordenaban aquel día, sabemos que en la plática el prelado les dijo:“Estáis destinados a la muerte y al sacrificio”, palabras que resultaron proféticas y que tuvieron un exacto cumplimiento en la persona del propio obispo, en Juan Huguet y en muchos de los ordenados aquel día.

Fotografía del Beato el día de su primera misa.

El 21 de junio fue la fecha escogida para la celebración de la primera misa del novel sacerdote. Era el domingo en que Ferrerias solemnizaba la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, cuya devoción estaba tan arraigada en el pueblo. Era también el día de San Luís Gonzaga, cosa que no paso desapercibida para algunas personas piadosas que gustaban de comparar a Juan con aquel joven santo, tanto por su aspecto exterior como por su piedad y virtud.

Después de su primera misa, Juan celebraba la Eucaristía con gran fervor a hora temprana en la parroquia de Ferrerias, excepto unos pocos días en que la celebró en los oratorios de dos fincas rurales llamadas “Santa Ponça” y “Ses Fonts Redones”. Se ocupaba en la preparación de unas pláticas que el párroco le había encargado.

En aquellos días empezaron a llegar inquietantes noticias acerca de la situación nacional. El 13 de julio fue asesinado el político Calvo Sotelo. Según refería la madre de Juan Huguet, esta fue la única ocasión que en que el hiciera en su casa una referencia a la política, diciendo: “No se donde vamos a parar, la cosa se enreda mucho”. Efectivamente se avecinaban para España unos muy dramáticos acontecimientos y una feroz persecución contra la Iglesia.

Una vez fracasado en Menorca el alzamiento militar del 18 de julio, desde el día 23 se afianzo un poder violento sustentando por algunos miembros izquierdistas de la clase de suboficiales del ejercito y apoyado por los individuos más extremistas y revolucionarios de la isla o venidos de fuera de ella. Enseguida se iniciaron actos de violencia y persecución contra la Iglesia. No faltaron, sin embargo, las personas de ideología izquierdista que estaban en claro desacuerdo con este modo de proceder.

El día 23 Juan celebró su última misa; la celebró en la capilla del Santísimo Sacramento junto a la imagen del Sagrado Corazón y con la asistencia de un grupo de personas piadosas. Le ayudaba como monaguillo un niño de unos seis años, de familia muy cristiana, el cual ya había recibido la primera comunión. Unas horas después este niño contó a su madre una visión que había tenido mientras ayudaba en la misa al sacerdote Juan Huguet. Cuando este alzaba el cáliz, había visto en lo alto una figura, de tamaño natural, que era un joven con vestidura blanca y con los brazos extendidos en cruz, mirando hacia el cielo y a tres individuos de mala catadura, que estaban en actitud de apedrearle. Esta mujer fue rápidamente a contárselo a la madre de Juan, la cual se asusto muchísimo por lo que pudiera pasarle a su hijo. Las personas que posteriormente tuvieron noticia de esta visión la relacionaron, como es lógico, con el protomártir San Esteban y con la muerte gloriosa de este primer sacerdote mártir de Menorca. Es de notar que la diócesis menorquina tiene una especial veneración a San Esteban, ya que en el siglo V  algunas reliquias suyas fueron llevadas a la isla, como consta por la famosa carta del obispo Severo y por otros documentos de la antigüedad cristiana.

Al atardecer del día 23, tres guardias o milicianos, pistola en mano, se presentaron en el domicilio de Juan y le ordenaron que se fuera con ellos a las Casas Consistoriales. Estaban con él en casa su madre y sus hermanos Vicente y María. Juan en seguida se dió cuenta de que la separación de sus seres queridos podía ser la definitiva y por eso se despidió abrazándolos y diciendo: “Adiós, si no nos hemos de volver a ver”. Entonces salio de la casa custodiado por los guardias. Su hermana María, que contaba con 10 años de edad, le fue siguiendo por la calle, hasta que el le dijo que regresara.

Al llegar esta comitiva al Ayuntamiento, estaban ya allí detenidas cuatro personas. Al entrar en el Zaguán el señor Mascaro saludó, diciendo: “Buenas noches”. El comandante militar contesto groseramente: “¡Que buenas noches! Ahí, canallas”, indicando con el dedo que se colocaran junto con los otros detenidos. Junto a Juan había detenido también otro sacerdote. Les indicaron que se quitaran la sotana. Al ser registrado Juan, apareció un pequeño rosario con una medalla o crucifijo pendiente. Entonces el comandante agarró despectivamente este objeto religioso y sosteniéndolo con su mano izquierda a la altura del rostro del joven sacerdote, le apunto con una pistola y le dijo: “Escupe ahí, escupe ahí, que si no te mato”.

En el rostro de Juan se reflejo una honda impresión. Debió darse cuenta de que llegaba el momento presentido desde hacia mucho tiempo. Movió la cabeza haciendo una señal de negación. Al cabo de un instante alzó los ojos hacia arriba, extendió los brazos en cruz y con voz fuerte y segura exclamo: “Viva Cristo Rey. Seguidamente el comandante militar le disparo dos tiros a la cabeza. Al recibir el primer disparo, el Beato se tambaleo y al segundo se desplomo, cayendo en el suelo y vertiendo copiosamente su sangre. El sacerdote moribundo fue trasladado a unas dependencias del ayuntamiento y fue tendido sobre una cama de la vivienda del conserje o vigilante nocturno, donde acudieron a atenderle sus propios padres y otras personas.

Fotografía del velatorio del Beato.

El medico del pueblo Don Jaime Borras, a pesar de sus esfuerzos no pudo lograr salvarle la vida. Juan estaba agonizando y según parece, estuvo inconsciente desde el momento que hubo recibido los disparos. Allí mismo le fue administrada la Santa Unción. Pasadas las nueve de la noche se durmió en la paz del Señor.

Después de que hubiese fallecido, su padre ayudado por otras personas traslado su cuerpo al domicilio familiar, donde su madre, con sus propias manos le revistió con los ornamentos sacerdotales que había llevado el día de su primera misa. La afluencia de gente el día de su entierro fue inmensa, incluso acudieron personas, que se consideraban elementos de izquierda.

El día 24 de julio, vigilia de Santiago Apóstol, los restos del sacerdote Juan Huguet, fueron transportados al Camposanto de Ferrerias. El infeliz militar que acabó con la vida de Juan vivió arrepentido y con remordimientos por lo sucedido: “No puedo apartar de mi mente a aquel joven sacerdote que yo maté”. Acabada la guerra civil este hombre fue condenado a la pena capital. Murió con muy claras señales de sincero arrepentimiento y de haber obtenido el perdón de Dios.

Bibliografía: “Juan Huguet Cardona: Una vida entregada a Dios”, de Guillermo Pons, editorial BAC.

Abel

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El “cuerpo santo” de Santa Eufemia

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Urna de Santa Eufemia, mártir de las catacumbas. Iglesia de Santa María la Mayor, Dorno (Pavía, Italia).

Introducción:
La pequeña ciudad de Dorno, en la provincia de Pavía, venera como patrona a la mártir Santa Eufemia, con el convencimiento de que se trata de la mártir de Calcedonia. En realidad, el sagrado cuerpo de la virgen mártir calcedonense ha tenido una serie de traslados bien diversos. Después del martirio y tras la paz constantiniana, sobre su tumba fue edificada una iglesia donde, en el año 451, se celebró el Concilio de Calcedonia. Cuando en el año 620 Calcedonia fue conquistada por los Persas, su cuerpo fue llevado a Constantinopla, donde el emperador Constantino III edificó una nueva iglesia para venerarla. En el año 800, según cuenta la tradición, el sarcófago con las reliquias de la santa desapareció misteriosamente de Costantinopla y reapareció, casi milagrosamente, en una playa de Rovigno en Istria. Probablemente, los restos fueron puestos a salvo por algunos fieles temiendo que la emperatriz Irene los profanase, porque era iconoclasta. En Rovigno están y son venerados.

También el Patriarcado de Constantinopla reivindica tenerlo. Porque se afirma que en el año 796 cuando San Tarasio era patriarca de Constantinopla (784-806), y reinando los santos emperadores Constantino VI (780-797) y su madre Irene (797-802), las reliquias de la Santa mártir Eufemia fueron de nuevo solemnemente transferidas a Constantinopla, donde actualmente reposan intactas en la iglesia del Patriarcado, el Fanar.

Pero también la ciudad de Irsina (MT), custodia y venera una reliquia insigne  de Santa Eufemia; y la misma ciudad de Milán afirma que el obispo San Senatore, con el obispo San Abundio, habían participado en el Concilio de Calcedonia y de allí se trajo una reliquia de la Santa a quién dedicó una basílica alrededor del año 472. La ciudad de Piacenza, dice tener los restos de la mártir, cuyo reconocimiento canónico fue realizado en el año 1881 por el Beato Juan Scalabrini y asi, otros lugares afirman poseer otras reliquias.

Después de todo esto, tenemos que afirmar que a Dorno, en el año 1925 llegó un “cuerpo santo” ó mártir de las catacumbas.

Detalle del vas sanguinis de Santa Eufemia. Iglesia de Santa María la Mayor, Dorno (Pavía, Italia).

Qué es un “cuerpo santo”:
Con este término (cuerpo santo se identifica a aquellas reliquias óseas que, provenientes de las catacumbas romanas y de otras, fueron trasladadas a la Ciudad de Roma en un período de tiempo comprendido desde finales del siglo XVI hasta la segunda mitad del siglo XIX.

¿Y por qué se llama “cuerpo santo” y no “santo cuerpo”? La diferente posición del atributo (santo) con respecto al objeto (cuerpo) determina una diferencia sustacial: podemos definir con certeza la identidad del sujeto. El “cuerpo santo” es un objeto en sí mismo; es el cuerpo de un difunto de las catacumbas, que con posterioridad, tiene un valor sagrado.

Pero, ¿cómo reconocer a un “cuerpo santo” en las catatumbas? ¿Todas las sepulturas eran de mártires? Este es un asunto muy complejo tratado por muchos estudiosos y aqui solo queremos referirnos a Marcantonio Boldetti (famoso custodio pontificio encargado de la extracción de los cuerpos de las catacumbas), que era quién daba por seguros los restos descubiertos atribuyéndolos a un mártir de los tres primeros siglos.

Los símbolos que identificaban la sepultura de un mártir eran: la palma, el XP, el escrito BM (Beato mártir) y en su interior, un vaso con la “sangre”. A veces había una placa que llevaba el nombre del mártir. En caso contrario, después de la extracción se le atribuía un nombre según unos criterios muy variados: por ejemplo, el nombre de un obispo diocesano, el nombre del Papa en aquel momento, el nombre del santo titular del templo que acogía a dicho “cuerpo santo”, el nombre de la catacumba de la que fue extraido, etc. Lo importante, hoy por hoy, es el valor simbólico del “cuerpo santo”: un cristiano de la Iglesia de los primeros siglos (ya en Roma o en comunión con la Santa Sede), que da un testimonio veraz del Evangelio, entregando su vida con el martirio.

En fin, el culto de las reliquias derivan del honor dado a los difuntos y hoy es recomendado, aunque no impuesto, por la Iglesia. El Concilio de Trento, en su veinticuatrogésima sesión modificó los excesos y el Concilio Vaticano II dice: “La Iglesia, de acuerdo con su tradición, venera a los Santos, a sus reliquias auténticas y a sus imágenes” El culto a los “cuerpos santos” no está hoy muy promovido, a veces se está en contra y es porque, a veces, no existe una predisposición positiva hacia su significado.

Vista de la capilla donde se venera la urna con los restos de Santa Eufemia. Iglesia de Santa María la Mayor, Dorno (Pavía, Italia).

Los “cuerpos santos” en la provincia de Pavía:
Después de esta introducción pasemos a hablar de la presencia de “cuerpos santos” en la provincia de Pavía.
He aquí una relación o lista en la que, siempre que sea posible, se informa sobre los siguientes elementos: nombre, ubicación, catacumba, fecha de la extracción o de la llegada del sagrado cuerpo (en algunos casos son parte del cuerpo, como la cabeza o algunos huesos; no el cuerpo entero) y su festividad. Luego se especifica por curiosidad y si es posible la “edad” del mártir y si tiene nombre propio (np).

1.         Alejandro – parroquia B. V. Assunta – Sairano (PV) – Callisto – 1817
>2.         Defendente – Iglesia de San Jorge – Cassolnovo (PV) – Pretestato – 1780 – Primer domingo de julio
3.         Eufemia – parroquia Santa Maria Mayor – Dorno (PV) – Ciriaca – 1665 – a mediados de septiembre
4.         Faustino – parroquia B.V.Assunta – Gravellona Lomellina (PV) – Ciriaca – 1850 – Tercer domingo de agosto
5.         Felicísimo – parroquia SS. Gervasio y Protasio – Montebello della Battaglia (PV) – ? – 1685
6.         Fortunato – parrquia San Juan Bautista – Casei Gerola (PV) – ? – ? – Segundo domingo de mayo
7.         Getulio – parroquia de los Santos Eusebio y Gaudencio – Gambolò (PV) – Protestato – 1672 – 10/6
8.         Juliana – parroquia San Francisco – Vigevano (PV) – ? – ? – 16 de febrero
9.         Guniforte (soldado carolingio o tebeo?) – parroquia – Nosate (PV)
10.       Severino (niño) – parroquia de San Antonio abad – Sforzesca (PV) – ? – 1844
11.       Terenciano (?) – parroquia de – Nicorvo (PV) – ? – ? – 1 de septiembre
12.       Veneranda – Iglesia de San Carlos c\o parroquia de la Santa Cruz – Mortara (PV) – Calepodio – 1647 – 14/11
13.       Vito – Catedral de San Ambrosio – Vigevano (PV) – ? – 1657
14.       Víctor – parroquia de San Victor – Landriano (PV)

El “cuerpo santo” de Eufemia:
Después de esta relación que no es del todo exhaustiva, pasemos al caso de Dorno. En la iglesia parroquial “Santa Maria Maggiore”, en el tercer altar de la izquierda, se venera el cuerpo de Santa Eufemia, joven martirizada en el siglo IV durante la persecución de Diocleciano. La urna de la Santa está puesta en el fondo de una espléndida capilla que es un verdadero tesoro de pinturas y esculturas. El altar es de un precioso mármol, las ventanas llevan imágenes de la mártir, la urna es de bronce y cristal y está en un templeto de madera finamente esculpido y dorado.

Santa Eufemia era una joven de unos 14 o 15 años; después de su martirio, el cuerpo fue sepultado en las Catacumbas de San Ciriaco en la via Ostiense. Allí estuvo hasta el año 1665 cuando pasó a ser propiedad de la antigua y noble familia romana de los Príncipes Aldobrandini Pamphili. Cuantro años más tarde, fue donado a  Anna Pamphili, esposa del principe Doria de Genova y posteriormente, llevada al monasterio del Espíritu Santo de las Monjas Dominicas de clausura. En el año 1925, adhiriéndose a la petición de mons. Maroi, el obispo de Vigevano mons. Scapardini, destinó las reliquias de la Santa a la parroquia de Dorno donde se inció el arreglo del altar y de la urna.

Detalle de la inscripción EUPHEMIA SANCTA ("Santa Eufemia") en el forjado de hierro de las verjas de la capilla de la Santa. Iglesia de Santa María la Mayor, Dorno (Pavía, Italia).

Las Hermanas Misioneras de la Inmaculada de Mortara prepararon la indumentaria según los modelos y diseños del estilo romano-cristiano: los vestidos son de seda blanca arabesca, el manto es de damasco rojo bordado finamente, la almohada y el colchón son de perciopelo rojo estampado y una palma en oro.

La palma que la Santa tiene en la mano izquierda, como simbolo del martirio y la diadema son de oro puro. La ampolla, encerrada en un relicario de plata, contiene tierra teñida de sangre. Del examen del cráneo, que se conserva casi completo, se comprobó la evidencia de una profunda hendidura porducida por el golpe de una maza; por esto, sobre la máscara de cera de la Santa está reproducida una herida en la frente. El 6 de septiembre de 1927 la urna de bronce con el cuerpo de Santa Eufemia fue llevada a Dorno acompañada de una triunfal ceremonia con ocasión del Congreso Eucaristíco Diocesano. Todos los años, a mediados de septiembre es festejada la Santa en Dorno.

Oración del común de los Mártires:
“Oh Dios, que diste a Santa Eufemia aceptar tu llamada a la virginidad y la gracia de dar testimonio con su propia vida: concédemos por sus oraciones mantenernos siempre atentos a la voz de Cristo y amarlo sobre todas las cosas. Por Él, nuestro Señor y nuestro Dios, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.”

Bibliografía y sitios:
– AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia de los Santos) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
– C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
– Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiografico: 1977 – 2011
– Grenci Damiano Marco – Quaderno 26, I “Corpi santi”. Anotaciones de un fenomeno entre los siglos XVI y XIX
– Sitio Web de parrocchiadorno.org
– Sitio Web de wikipedia.org
– Sitio Web de tradizione.oodegr.com

Damiano Grenci

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San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos

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Escultura marmórea del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Nació en Paola (Cosenza) en la región de Calabria, al sur de Italia, el día 27 de marzo del año 1416. Sus padres eran Santiago Alejo, el “Martolilla” y Vienna de Fuscaldo, muy modestos, pero muy religiosos. Ambos eran muy mayores y atribuyeron el nacimiento de su hijo a la intercesión de San Francisco de Asís y es por eso por lo que le llamaron Francisco. Como era lógico, lo educaron cristianamente.

De acuerdo con una promesa que hicieron cuando el niño nació, con doce años lo llevaron al convento de los Frailes Menores Conventuales de San Marco Argentano (Cosenza) para que durante un año estuviese al servicio de la comunidad. La estancia de Francisco en el convento le hizo madurar espiritualmente, manifestando su inclinación a la oración y a las obras de piedad. Sus biógrafos resaltan sus primeras manifestaciones sobrenaturales durante su estancia en el convento, las mismas que harán de él un auténtico taumaturgo del siglo XV. Por ejemplo, cuentan que estando en misa en la iglesia al mismo tiempo estaba preparando la mesa del refectorio del convento (bilocación);  en otra ocasión puso a cocer unas legumbres en una olla y se fue a rezar a la Iglesia, entró en éxtasis, el fuego quemó la olla, pero las legumbres no se estropearon; y en otra, teniendo que poner unos carbones encendidos en un incensario, fue a la cocina a coger el fuego, lo llevó en su túnica y esta no salió ardiendo. Y cuentan muchísimas más anécdotas. Ante todo esto, los frailes no querían que se fuera cuando pasó el año de servicio, pero él pensando que Dios lo quería para otros menesteres, se marchó a su casa. Sin embargo, era tal la fama que tenía en el convento que el propio obispo don Luís Imbriaco, fue al convento para conocerlo personalmente y conversar con él antes de que marchara a casa.

En el año 1429 fue con sus padres en peregrinación a Asís, pasando por Montecassino, Loreto, Monteluco y Roma. Allí en Roma se turbó profundamente al encontrarse por las calles con un lujoso cortejo se cardenales, montados en carrozas tapizadas de terciopelo y escoltados por sirvientes vestidos de librea. Tanto le impresionó, que se acercó a las carrozas y le dijo a uno de los cardenales que aquello era contrario al evangelio y que si no se acordaban de Jesús montado en un borrico. Aunque el cardenal Julián Casarini se justificó, él no quedó convencido y este episodio lo hizo reflexionar e influyó poderosamente en su futuro. Al volver a su pueblo, con apenas trece años, abandonó a sus padres y se retiró a un campo de la familia para hacer vida de eremita. Su modo de vida era similar a la de los antiguos anacoretas de la zona de Mercurión, al norte de su pueblo: oración, ayuno continuo, mortificaciones corporales, trabajo y vida contemplativa y así estuvo hasta que cumplió los diecinueve años.

El Santo, protector de paralíticos, leprosos y ciegos. Óleo de Peter Paul Rubens (s.XVII).

Pronto se le acercaron otras personas que querían llevar su mismo modo de vida y así se formó una primera comunidad de doce miembros que empezaron a llamarse “Ermitaños de Fray Francisco”. Con el consentimiento del obispo de Cosenza, construyeron celdas individuales para cada uno y una iglesia, a la que posteriormente, le añadieron un claustro. Aquel complejo se constituyó en Casa Madre o proto-convento del nuevo Instituto, que cogió el método de vida de las órdenes mendicantes. Cuando murió su madre en el año 1450, su propio padre entró a formar parte de la nueva comunidad fundada por su hijo y allí estuvo hasta su muerte.

Como los locales se les quedaban pequeños, tuvieron que construir otros más grandes y se cuenta que durante la construcción, por la celeridad de las obras se demostraron algunos hechos milagrosos. De hecho, hoy en día a este primer convento se le conoce como “el convento de los milagros”. Y se cuenta que los mismos milagros ocurrieron  durante la construcción de los conventos de Paternò, Corigliano y Spezzano della Sila. Su fama de taumaturgo se extendía por toda Italia, ya que curaba paralíticos, leprosos, ciegos y hasta llegó a resucitar a su sobrino Nicolás, hijo de su hermana Brígida.

Denunciaba la malversación de los bienes que hacían algunos poderosos, iba por los pueblos pidiendo justicia para los pobres, los ayudaba a todos, a los trabajadores, a los que eran explotados, a los perseguidos, a todos. Escribió algunas cartas a un benefactor suyo, Simón Alimena de Montalvo, manifestándole sus sentimientos ante la triste situación social de las gentes de los pueblos. O sea, en el siglo XV, se mostró muy preocupado por las cuestiones sociales. Llegó a levantar su voz contra el mismísimo rey de Nápoles, Ferrante de Aragón. Este intentó hacerlo callar, primero por las buenas, pero después a la fuerza. Le amenazó con destruir los conventos de la Orden con el pretexto de que no tenían la preceptiva autorización real y así, envió a sus soldados a Paola para asediar el proto-convento y coger a Francisco como prisionero. El se escapó de forma milagrosa, volviéndose invisible mientras rezaba en la iglesia. Los soldados se volvieron a Nápoles, le contaron al rey lo que había ocurrido y se dieron por vencidos ante el sentimiento de veneración que todos sentían por Francisco.

Milagro del paso del estrecho de Messina. Boceto de escuela italiana (s.XVII).

Como la fama de Francisco se extendía, llegó hasta Sicilia y lo invitaron a fundar un convento en Milazzo. El consintió e inició el viaje en el año 1464. Llegaron a Catona, en la costa de Calabria y le dijeron a un barquero llamado Pedro Colosa, que por amor de Dios lo llevara a Sicilia. El barquero se negó y él extendió su manto sobre las aguas del mar, con un extremo del manto amarrado a su bastón, haciendo como una vela, se montaron encina y atravesaron el mar, desembarcando en Messina. No es leyenda; esto fue visto por muchísima gente, entre ellos el barquero y su hijo y se propagó por toda Italia. Este milagro se ha representado en multitud de pinturas.

Al volver de Sicilia le esperaba una noticia: el Papa Pablo II, informado de su vida y de sus milagros, hizo abrir una investigación encargándosela, a un prelado de su confianza, el genovés Jerónimo Adorno, el cual fue a Paola para hablar directamente con Francisco. Cuando se encontraron, el obispo hizo el gesto de besarle la mano, pero Francisco le dijo: “Por caridad, Monseñor, soy yo quién debo besar las suyas consagradas hace treinta y tres años”. Esta respuesta maravilló al obispo y exhortó al santo a mitigar el rigor de la Regla. El le dijo: “No tema, Monseñor, a quien ama y sirve a Dios con corazón sincero, todo le será posible. Toda criatura ha de ser dócil en cumplir la voluntad del Creador”. La investigación fue favorable a Francisco, pero el Papa murió en el 1471 y no tuvo tiempo de aprobar canónicamente la Regla, que fue aprobada por el arzobispo Pirro Caracciolo con una Bula de 1471 llamando a la Orden “Congregación de los Hermanos Ermitaños de Francisco de Paola”. El nuevo Papa, Sixto IV, antes de aprobar la Orden ordenó una nueva investigación, que llevó a cabo el obispo Godofredo de Castro. El juicio fue favorable al santo y la Regla fue solemnemente aprobada con un Breve de la Sede Apostólica del 27 de mayo de 1474.

La fama de santidad llegó a Francia, donde el rey Luís XI, en el lecho de muerte expiaba su forma desordenada de gobernar. Lo llamó para conseguir que el santo lo curase, cosa que no conseguían los médicos de la Corte. Envió a Paola a su mayordomo Guynot de Bussières, con regalos, para convencerle. El los rechazó. El rey de Francia recurrió al rey de Nápoles e incluso al Papa Sixto IV para que enviara a Francisco a Francia. El Papa se lo ordenó y Francisco, agachando humildemente la cabeza, y partió de viaje. El viaje fue largo y durante el mismo se multiplicaron los milagros de Francisco. Al llegar a Roma (Paola está al Sur de Italia) el Papa lo acogió calurosamente y le propuso ordenarlo sacerdote. El rehusó con humildad y se contentó con que el Papa lo autorizara a bendecir los objetos piadosos. Siguió viaje a Francia. Liberó a Bormes y Fréjus de una terrible epidemia. El rey Luís XI lo acogió cordialmente e hizo todo lo posible por ayudarle a extender su Orden por Francia. El no lo curó pero si consiguió que tuviera una buena muerte, que reparase muchas de las cosas mal hechas y que resolviera algunas cuestiones que tenía pendientes con la Santa Sede.

Visión del Santo. Óleo de Bartolomé Esteban Murillo (s. XVII).

Cuando el rey murió, él quiso retornar a Paola pero el nuevo rey se opuso. Era Carlos VIII de Francia, quién consiguió que el Papa Inocencio VIII confirmase de nuevo la Orden el 21 de mayo de 1485. En Francia fue muy admirado: por el médico Felipe de Commynes (autor de las famosas “Memorias”), por muchos profesores de la Universidad de la Sorbona, por el padre Francisco Bidet (que fue su sucesor al frente de la Orden), por Santa Juana de Valois, etc.

Durante su larga permanencia en Francia perfeccionó la Regla, que tuvo la aprobación del Papa Alejandro VI con la Bula “Meritis religiosae vitae” de 26 de febrero de 1493; es en esta Bula donde se cambia el nombre de “menores” por “mínimos”. Fundó también la rama femenina de la Orden e incluso la Orden Tercera para los seglares. Las respectivas reglas fueron aprobadas por el Papa Julio II el 28 de julio de 1506.
En su Orden, además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, se hacía un cuarto voto: el de “Cuaresma perpetua”, por el cual los frailes y las monjas mínimos tenían la obligación de observar un régimen de vida de Cuaresma durante todos los días del año.

Francisco murió el día 2 de abril del año 1507 en Plessis-les-Tours y allí fue sepultado. Tenía noventa y un años de edad. Era Viernes Santo, cerca de las diez de la mañana y en el momento de su muerte, seguía el canto de la Pasión, expirando cuando se cantaba” et inclinato capite, tradidit spiritum”; “e inclinando la cabeza, entregó su espíritu”. Es uno de los santos más representativos del siglo XV. Era humilde, penitente, hombre de fe y de vida espiritual muy intensa, querido por el pueblo y reverenciado por los Papas, los reyes y los poderosos del mundo. No era sabio; algunos, sin fundamento, han dicho que era analfabeto, que no sabía ni leer ni escribir.  Lo que desde luego conocía a la perfección era la ciencia de la santidad y sabía argumentar, convencer y penetrar en los corazones de todos, incluso de los teólogos.

Su espiritualidad era muy parecida a la de San Francisco de Asís: humildad y pobreza, intenso amor a Dios y a todas las criaturas, caridad sin límites con el prójimo, profundo espíritu de oración y una tierna devoción al Crucifijo, a la Eucaristía y a la Virgen. Hay una característica que lo diferencia de San Francisco de Asís: su espíritu de mortificación fue juzgado como excesivo. En esto, San Francisco de Asís era más equilibrado, más moderado.

Cráneo del Santo, venerado en Piane Crati, Cosenza (Italia).

La historia de la Orden de los Mínimos confirma que aquel género de vida confiere a la salud física y espiritual un sello de longevidad; eso lo sabemos, ser vegetariano es bueno para la salud. En esta Orden son muchísimos, la inmensa mayoría de los frailes mueren muy viejos y nunca se han planteado la necesidad de relajar, de hacer más llevaderas las normas impuestas por el fundador.

El proceso de beatificación se inició muy pronto después de su muerte. La beatificación tuvo lugar el día 7 de julio de 1513 (seis años después de su muerte) y fue canonizado el día 1 de mayo de 1519 por el Papa León X (solo doce años después de su muerte). Inmediatamente se erigieron numerosas iglesias en su honor en Italia, Francia y España. El Venerable Papa Pío XII, con el Breve “Quod sanctorum patronatus”, de fecha 27 de marzo de 1943, recordando el milagro del paso del mar, lo proclamó patrono de los marineros italianos.

Reliquias del Santo veneradas en Paola, Cosenza (Italia).

Como he dicho anteriormente, murió y fue enterrado en Plessis-les-Tours, pero en el año 1562 los hugonotes asaltaron el convento, violaron la tumba y quemaron su cuerpo con la leña de un Crucifijo. Se recogieron pequeños fragmentos que se conservan y veneran el Paola (Cosenza). Su fiesta se conmemora el día 2 de abril.

Ha sido pintado por Zurbarán, Velázquez, Murillo, Lucas Giordano, Julio Romano, Goya, Rubens, José Ribera, Bernardo Castello, Giacomo Farelli y muchísimos otros pintores más. Y lo han pintado vestido con un sayo de lana y capucha, unas veces barbudo y otras veces imberbe. Se le representa con la leyenda “Caritas” rodeada de rayos, que casi siempre se sitúa sobre él, en el puesto iconográficamente reservado a la Divinidad. Otras veces, esta leyenda se le pone en el pecho, o como si fuera un cartel a su lado e incluso sobre el libro de la Regla de la Orden, cuando él la lleva en las manos. El milagro del paso del estrecho de Messina lo han pintado Velázquez, Mattia Preti, Rubens y otros.

Procesión con las reliquias del Santo en Vaccarizzo Albanese, Cosenza (Italia).

Para redactar este artículo me he basado en los “Códigos autógrafos de los procesos de Cosenza y Tous para la canonización”, que fueron publicados en Roma en el año 1964, en “Las crónicas generales de la Orden de los Minimos”, en las Bulas de beatificación y de canonización (ambas de León X) y en alguna otra obra.

Antonio Barrero

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