La Anunciación

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"La Anunciación", óleo de Henry Ossawa Tanner (1898). Philadelphia Museum of Art (EEUU).

“En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. Cuando entró a donde ella estaba, dijo: ¡Te saludo, la llena de gracia! El Señor está contigo. Pero ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de salutación sería ésta. Entonces el ángel le dijo:¡No temas, María! porque has hallado gracia ante Dios. He Aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le llamarás Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel:¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón. Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. He aquí, también tu parienta Isabel ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes para ella que era llamada estéril. Porque ninguna cosa será imposible para Dios. Entonces María dijo: He Aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella”.

Este es el relato que nos hace el evangelio de San Lucas del momento en que María sabe que ha sido destinada a ser la Madre del Mesías. (Lucas, 1. 26-38). María debía ser una adolescente pobre, que vivía en el seno de una familia muy humilde, en una aldea de Galilea también muy pobre: Nazareth. De Ella trata el “protoevangelio de Santiago”, libro apócrifo, que habla de su niñez y adolescencia, que dice los nombres de sus padres (Joaquín y Ana) y que afirma que desde que tuvo tres años de edad estuvo bajo la protección del Templo. A esta adolescente, que como era costumbre en la época, ya estaba prometida con un vecino del pueblo, se le aparece un extraño personaje, que la saluda muy afectuosamente y que le dice que ha sido predestinada por Yahvé para ser la Madre del Mesías. ¡Se quedaría de piedra, pensando que se trataba de alguna alucinación debida al hambre!

"La Anunciación", óleo de James Jacques Joseph Tissot (1836-1932). Brooklyn Museum of Art, Nueva York (EEUU).

Pero “¿cómo va a poder ser esto si yo no he estado con ningún hombre? “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Sigue alucinando y el personaje le dice: “Pues mira lo que le ha pasado a tu prima que ha quedado embrazada siendo muy mayor de edad”. Y Ella, en el mayor acto de fe de todos los tiempos dice: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

¿Tenía ella en ese momento,  conocimiento de lo que se le venía encima? Yo, sinceramente, creo que no, que ni se lo podía imaginar. Todos sabemos cómo es tratada la mujer en los países del Medio Oriente; pues remontémonos dos mil años atrás y seguro que era muchísimo peor. Una chiquilla joven, que aún no se había casado y que queda embarazada. ¿Cómo se quedarían sus padres, su prometido y los vecinos de su atrasado pueblo? ¿Qué destino le aguardaba? Seguro que la lapidación por adúltera. Debieron ser unos días, unos meses terribles, de sufrimiento, dolor e incomprensión absoluta y Ella sabiendo de sobras que no había mantenido relación carnal alguna. Debió ser un dolor, un sufrimiento tan intenso cómo el que sufriría treinta y siete años más tarde, al pie de la Cruz, viendo morir a su Hijo.

Menos mal que su prometido era un hombre justo que, aunque se queda “atontado” en un principio cuando se entera, como era también un hombre de fe, cree en el misterioso personaje que se le aparece en sueños y le dice que El que nacerá, será el mismísimo Hijo de Dios y que le pondría de nombre, Jesús. Si el de María fue el mayor acto de fe de la historia, el de José, fue el siguiente. Y como cree, la recoge en su casa, la acepta como esposa y es su sostén durante todo el embarazo.  María puede dormir más tranquila; poco a poco las cosas van volviendo a la normalidad en su casa y ella afronta su embarazo con mucho más sosiego.

Grabado de la Anunciación, obra de Gustave Doré (1832-1883) dentro de la serie de grabados para una Biblia ilustrada.

¿Qué sentiría María durante esos nueve meses? Una de las mayores alegrías se la da su prima Isabel, a la que Ella va a visitar a la aldea de Ain-Karin, en Judea. Y, que al verla, la saluda también de manera sorprendente: “¡De donde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme a mi casa!” Y María, muchísimo más consciente de lo que estaba viviendo, responde de una manera que ha quedado grabada en la mente y en el corazón de quienes posteriormente la veneramos como la Madre de Dios: “Mi alma proclama la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha visto la humillación de su esclava y por eso, desde ahora, me llamarán bienaventurada todas las generaciones…

Es tan importante este himno de fe y de alabanza a Dios, que la liturgia lo repite todos los días en el Oficio Divino de Vísperas. Se dice que las embarazadas “hablan con sus hijos durante el embarazo”. ¿Qué hablaría ella, sin pronunciar palabra alguna, con el Niño que llevaba en su vientre y del que iba tomando conciencia de que era el Hijo de Dios? ¿Qué sentimientos tan tiernos sentiría hacia ese Niño que estaba en sus entrañas, que era su hijo, pero que al mismo tiempo era su Dios?

Transcurre el tiempo del embarazo, llega el momento del parto, nace el Niño que crece, se hace Hombre, predica la Buena Noticia, funda su Iglesia, muere en la Cruz, resucita, sube a los cielos… y la Iglesia empieza a recorrer su camino a lo largo de la Historia. Muchos han sido y son los exégetas y teólogos que han escrito sobre este momento y sobre lo que María ha supuesto en la historia de la Salvación. ¿Pero lo sabía ella todo tal cual hoy lo creemos y afirmamos nosotros?

En el dogma católico tenemos definida la Maternidad Divina de María, su perpetua virginidad, antes, durante y después del parto, su Inmaculada Concepción como preparación a la misión a la que estaba destinada y su Asunción a los cielos. Todas estas maravillas efectuadas en Ella, fueron consecuencia de ese que Ella dio a ese misterioso personaje que siendo una chiquilla, le anunció que la vida cambiaría para ella, para los suyos y para todos los hombres a lo largo de todos los tiempos.

"Ecce Ancilla Domini", óleo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882). Tate Gallery de Londres (Gran Bretaña).

La Iglesia celebra este misterio desde muy antiguo, celebración que ha tenido distintos nombres: “Initium redemptionis conceptio Christi”, “Annuntiatio Christi”, “Festum Incarnationis” y otras. En Oriente es considerada una festividad cristológica, mientras que en Occidente se considera como una festividad mariana. En Oriente, es San Proclo, obispo de Constantinopla en el siglo V el que por primera vez hace mención a esta fiesta; inmediatamente, el Papa Gelasio se hace eco de ella y el misterio empieza a conmemorarse también en Occidente. Se celebra definitivamente en Roma desde el siglo VII, y los Sínodos de Toledo de 656 y de Truyán en el 692, la consideran ya como una conmemoración universal en todo Occidente.

Y desde siglos antes el Pseudo-Cipriano en su obre “De Pascha Computus” mantenía que como la creación de Adán debió ocurrir en primavera, por tanto la Anunciación como la Muerte de Cristo debieron ocurrir también en la misma estación del año, llegando a insinuar que todo ocurrió el 25 de marzo, día considerado como el del equinoccio de primavera. Teoría más absurda no puede existir, pero la realidad es que la Anunciación la conmemoramos hoy porque son nueve meses antes de la conmemoración del Nacimiento de Cristo y un embarazo dura eso, nueve meses. Pero existen martirologios que se han atrevido a más y han hecho coincidir en esa misma fecha, el paso de los israelitas por el Mar Rojo, el sacrificio de Isaac y, lo que es el colmo de los colmos, la caída en desgracia de Satanás.

Antonio Barrero

Ave, maris stella, Dei mater alma, atque semper virgo, felix cœli porta.

Sumens illud Ave, Gabrielis ore, funda nos in pace, mutans Hevæ nomen.

Solve vincla reis, profer lumen cæcis, mala nostra pelle, bona cuncta posce.

Monstra te esse matrem, sumat per te preces, qui pro nobis natus, tulit esse tuus.

Virgo singularis, inter omnes mitis, nos culpis solutos, mites fac et castos.

Vitam præsta puram, iter para tutum, ut videntes Jesum, semper collætemur.

Sit laus Deo Patri, Summo Christo decus, Spiritui Sancto, tribus honor unus. Amen.
Salve, estrella de mar, augusta madre de Dios, siempre virgen, orgullosa puerta del cielo.
Recibiendo este saludo, de la boca de Gabriel, danos la paz, regresando el nombre de Eva.
Libera las ataduras de los culpables, concede la luz a los ciegos, líbranos de nuestros males, danos los bienes.

Muéstrate madre nuestra y que reciba en tí nuestras plegarias, aquel que, nacido por nosotros, ha querido ser tuyo.

Virgen única, dulce entre todas, liberados de nuestras faltas, seamos siempre castos.

Danos una vida pura, llévanos al camino seguro, de forma que, viendo a Jesús, compartamos sin fin tu alegría.
Alabado sea Dios Padre, honor a Cristo soberano y al Espíritu Santo; a los tres, un solo y único honor. Amén

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13 pensamientos en “La Anunciación

  1. Gracias Antonio. Esta fue una de las fiestas “marianas” más populares en el siglo VIII en la clásica liturgia romana. Se celebraba muy parecido a la de la Purificación: en la tarde del día anterior, el pueblo y el clero, precididos por su obispo, se reunían en algún templo. El obispo bendecía y entregaba candelas a todos los participantes, y luego se iniciaba una largísima procesión nocturna, donde se llevaba los más amados iconos de María llevados por diáconos. El clero iba vestido de pénulas negras, en señal de penitencia, y caminaban descalzos. Mientas se procesionaba, se iba cantando la versión más larga de las letanías de los santos, además de los salmos penitenciales y otras plegarias más, que se repetían cada vez que fuera necesario. La luz de la mañana coincidía con la llegada al templo donde, finalmente, se celebraría la Eucaristía estacional. Este ceremonial mariano se lo debemos al Papa Sergio I, quien procuró revestir de belleza las fiestas marianas, y por supuesto, tuvo gran eco en el pueblo romano.

  2. Como tu bien sabes, hoy el rezo del “Angelus” es también una de las oraciones marianas más extendidas. La fiesta como tal, quizás no se celebra tanto, pero diariamente se hace una conmemoración de ella al mediodía recitando esa oración. Y es una costumbre, que aun se conserva en buena parte del pueblo cristiano.
    Yo recuerdo que desde pequeño lo haciamos y lo hacíamos cantando unos versos que no me resisto a escribir, por lo profundo y cortos que son a la vez:
    Vino el arcángel, flor celestial,
    Y ante María se postró:
    “Llena de gracia”, la saludó
    y el Gran Misterio le anunció.
    Ante mensaje tan divinal,
    la Santa Virgen respondió:
    “Yo soy la esclava de mi Señor,
    Hágase en mí su voluntad”.
    Y el inefable Verbo de Dios,
    Tomó la carne virginal
    Y por nosotros, Dios habitó,
    Librándonos de todo mal.

  3. Yo quería hacer un comentario filológico al tema, y es que el texto original griego dice “angelos”, lo que no se traduce como “ángel”, sino como “mensajero”. Es decir, que estrictamente lo que nos transmite el texto es que Dios le envió a su mensajero, no a su ángel. Nosotros nos hemos imaginado a los mensajeros de Dios como criaturas incorpóreas, etéreas, aladas, y por eso han acabado representándose casi siempre como hombres alados; pero de ahí a que tuvieran ese aspecto… en ese sentido, las preciosas pinturas de este artículo nos muestra la variedad de interpretaciones posibles, de las cuales yo me quedo con la primera (el “mensajero” es poco más que un haz de luz…)

    Tuviera el aspecto que tuviera, yo creo que María segurarmente se debió asustar muchísimo y aunque aceptara los designios de Dios, viviría aterrada hasta que José aceptara también la voluntad divina, porque ya se sabe lo que les esperaba a las embarazadas solteras en la comunidad judía, al menos a las que no eran prostitutas: la ordalía del veneno o la lapidación. Esto sería en verdad la “primera angustia” de María, mucho antes que la profecía de Simeón, si reflexionamos sobre ello. Y es que solemos verlo como un Gozo, pero debió ser un mar de incertidumbres. Muy acertado y conmovedor tal y como lo has descrito, Antonio.

    • Ana Maria,
      Una puntualización: el texto griego dice “En de to mjni to exto apestali o aggelos Gabriel” (pena que no lo puedo transcribir con los caracteres griegos), lo que podriamos traducir “fué enviado como mensajero, el ángel Gabriel”, o sea, Dios envía a un mensajero, pero Lucas dice expresamente que era el ángel Gabriel.
      Lo de la representación de Gabriel con alas y con figura humana ya es otra cosa; pudo ser un rayo de luz, un sentimiento o inspiración profunda, alguna otra visión, ¡qué se yo!, pero está claro que ella lo identificó como un enviado de Dios, lo entendió, le le puso sus pegas, se convenció y aceptó. Es lo que vale, ¿no?

  4. Antonio “La Anunciacion” es uno de los misterios que mas me fascina de La Biblia,queria comentarte que me extraña que aunque ya se haya hablado en otro articulo publicado recientemente sobre la edad que tenia Cristo al morir,hayas puesto aqui los 37 años en vez de los habituales 33,creo que muchos podrian pensar que te has equivocado,yo personalmente pienso que deberia dejarse tal y como esta(es una opinion mia),porque como llegue Semana Santa y se te ocurra hacer un articulo cambiando el dia de La Ultima Cena,Crucifixion y demas sera el CAOS.

      • Que va, hombre. En Semana Santa va a estar todo muy normal, ya lo verás. No van a publicarse “artículos raros”, ja, ja.
        Con respecto a la edad de Cristo, ya va siendo hora de que desmitifiquemos el número treinta y tres. La propia Iglesia está a favor de que los biblistas sigan investigando seriamente sobre estos temas.
        Lo que es de fe, es de fe, pero lo que no lo es, está abierto a la investigación.

  5. Este hecho de la Anunciación de María , como se ha apuntado antes , debió crear un enorme desasosiego y congoja en nustra Madre por todas las circunstancias que debieron rodear la situación y por lo que podía suceder después atendida la ley humana. En todo caso y ,aunque las imágenes que se han puesto son muy bellas , la clásica Anunciación de Fray Angélico me sigue pareciendo una de las obras cumbres de la pintura de todos los tiempos y un verdaero icono angélico.Fantástico artículo que te agradecemos Antonio.

    • Salvador, gracias.
      Deliberadamente hemos querido poner este tipo de imágenes. Parecen más humanas, “más normales”, más parecidas a lo que realmente debió ocurrir, aunque desde el punto de vista artístico, no sean las clásicas y famosas.

  6. Es interesante ver el lado humano de este tipo de eventos, muchas veces nos olvidamos de que ellos fueron seres humanos como nosotros, había que tener mucha fuerza en el corazón para confiar en Dios y sus designios…sobre todo porque como mencionas Antonio, la sociedad en la que vivían tenía reglas específicas de castigo…no me imagino lo duro que pudo haber sido. Que bello artículo sobre la humanidad de la Virgen y san José!

    • Así lo veo yo, Montse.
      Por muy santa que fuera la Virgen adolescente, se quedaría pasmada, de piedra, sin entender nada y por eso pregunta: ¿cómo va a ser posible? Pero al aclarárselo Gabriel, ella que seguro que no se daba cuenta del alcance total de su SI, en un acto de fe tremendo, lo da y ahora…, a pagar las consecuencias que eso traería consigo.
      Solo por eso, ya merece todo nuestro cariño y admiración. ¡No te digo nada si tenemos en cuenta las consecuencias de ese SI!

  7. Muy buen articulo Antonio como siempre, aunque yo difiero con la mayoria sobre un aspecto, en lo que mencionan que quizá la Virgen estuvo preocupadas y acongojada sobre lo que podria pasarle por que podria ser acusada por adultera, yo opino diferente, yo pienso que si tan valiente fue su respuesta al decir “yo soy la esclava del Señor, hagase en mi segun tu palabra” con esa confianza en el angel que las dijo, pienso que del mismo modo ella no debio preocuparse tanto por que la acusaran por adultera, al cotnratrio en todo momento debio tener la gran confianza en Dios, en que el solucionaria todo y que nada malo le sucederia ni a ella ni a el niño.

    • André,
      Ella confiaba plenamente en Dios y por eso aceptó, pero era un ser humano que debió sentir miedo y preocupación. Sabía que tenía que ponerse en las manos de Dios y así lo hizo aceptando todas las consecuencias, pero por mucho que supiera ella cual sería el final de su Hijo en la cruz y por mucho que estuviese preparada para ello, siguiendo tu criterio, no debió tener miedo a pensar que su Hijo sería crucificado, no debió padecer…, y sin embargo, ¡qué momentos más terribles pasaría! Ella era y es la Madre de Dios, pero también era un ser humano como todos los demás seres humanos, excepto en el pecado. Ella era y es SANTISIMA

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