San Benito de Norcia, abad y fundador

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Detalle del Santo en un fresco de estilo renacentista.

Vida:
Las noticias sobre la vida de San Benito se deben casi exclusivamente a San Gregorio Magno: II volumen de “los Diálogos” y “Diálogo entre Gregorio Magno y un personaje ficticio llamado Pedro”. El objetivo primordial de esta obra es predominantemente edificante: habla de los muchos prodigios obrados por Benito y de sus enseñanzas morales y doctrinales. Es tan cándida la narración, que los estudiosos modernos, especialmente Schuster, habla de las “florecillas de San Benito” y no cree que todos los datos sean rigurosamente históricos, especialmente lo relativo a los milagros, visiones, manifestaciones místicas, etc.

Benito nació alrededor del año 480 en Norcia, en el seno de la familia Anicia, que era noble y acomodad y era gemelo de su hermana Escolástica. Probablemente realizó sus primeros estudios en su tierra natal; sin embargo, es cierto que siendo muy joven (con unos trece o quince años de edad), fue enviado a Roma para realizar estudios literarios y jurídicos. En Roma se vivía con una relativa tranquilidad (eran los tiempos de Teodorico) y aunque la ciudad era monumental y tranquila, disgustó a Benito los escándalos de las facciones, de los grupos de Simmaco y de Lorenzo, que se disputaban el Papado y, sobre todo, los vicios de la juventud romana. Él estaba a disgusto en Roma, por lo que cuando consideró que su cultura estaba ya algo más perfeccionada, se fugó con su nodriza a Tívoli y allí se afincó en la aldea de Afile, a unos sesenta kilómetros de Roma. Tendría entonces unos veinte años de edad y allí se dedicó a llevar una vida ascética junto con otros compañeros.

Un primer prodigio realizado por él (consistente en restaurar milagrosamente una vasija de barro que le habían prestado y rompió), se extendió tanto y le dio tanta fama, que decide marcharse con su nodriza y con sus compañeros a un lugar más apartado. Y así, en los montes Simbruinos, descubrió un lugar solitario, cerca de la villa de Subiaco, lugar que se prestaba bien a sus deseos de llevar vida eremítica. Un monje llamado Romano lo encontró y, aunque guardó el secreto, le llevó ropa monástica y se preocupó de facilitarle diariamente  el sustento desde su cenobio, que estaba cercano. Allí estuvo unos tres años.

Animado por los generosos ideales del eremitismo oriental, que también se practicaba en Italia, Benito, con fervor generoso, se entregó a todos los rigores de esa vida eremítica aunque se dice que, frecuentemente, sufría tentaciones. Los recuerdos de los vicios que había visto en Roma lo tentaban y se cuenta que una vez, viniéndosele a la mente la imagen de una mujer desnuda, se arrojó violentamente a una zarza espinosa a fin de vencer esta tentación dando sufrimiento a su cuerpo. Una leyenda piadosa dice que siglos más tarde, San Francisco de Asís hizo brotar rosas de aquella zarza.

El Santo entre las zarzas. Miniatura del Maestro de Fauvel en un códice del s. XIV.

Venerado por su austeridad y juventud fue requerido por una Comunidad vecina de monjes para que asumiera el gobierno de la misma, para que él fuese su abad. Se ha identificado a esta Comunidad como la de Vicovaro y él, aunque reacio, consintió y aceptó. Pero en su puesto de abad impuso el rigor ya que algunos de aquellos monjes eran indisciplinados. Un monje llegó a atentar contra su vida envenenando una copa de vino que Benito tenía que beber. Él, haciendo la señal de la cruz sobre la copa, se salvó milagrosamente, la copa se rompió y él les manifestó que nombrasen a otro abad.

Él se volvió a su antiguo escondite aunque pronto se le acercaron nuevos discípulos que veían en él a su maestro. Eso le hizo comprender que Dios lo llamaba a organizar a otros ermitaños bajo una Regla cenobítica disciplinaria. Y así, entre aquellos montes, surgieron hasta doce pequeños monasterios, con doce monjes cada uno y cada uno con su correspondiente abad, aunque sobre todos, estaba Benito como cabecilla, como el verdadero abad, aunque él se había reservado el vivir en el monasterio destinado a los ermitaños más jóvenes. Era una organización parecida a la de San Pacomio en Egipto, pero la cercanía entre una comunidad y otra permitía a Benito el control y la influencia espiritual sobre todos ellos.

Su fama llegó hasta Roma y eso incitó a los ilustres romanos Equicio y Tértulo a entregarle a sus hijos respectivos: Mauro (joven de doce años) y Plácido (niño de siete años), los cuales serían en el futuro los primeros santos benedictinos. De ese tiempo se cuentan frecuentes milagros: hacer brotar agua en todo lo alto de un monte, hacer flotar en un lago el hierro de una hoz que se había salido del mango, mandarle a Mauro que salvara a Plácido de morir ahogado en un lago y el cual, caminando sobre las aguas, lo llevó a la orilla y muchos otros más.

El Santo ordena a Mauro salvar a Plácido de morir ahogado. Tabla renacentista de fray Filippo Lippi (s.XV).

Pero todo esto incitó los celos de un sacerdote llamado Florencio; primero intentó envenenarle y como no lo consiguió, comenzó a difamarlo. Entonces, Benito, comienza a pensar en un nuevo tipo de monasterio y así, su pleno ideal será Montecassino, que convertiría en su definitiva residencia. Se dice que la primitiva abadía fue construida sobre las ruinas de un edificio dedicado a los ídolos paganos en la acrópolis de la antigua Cassino.

Cassino había sido sede episcopal (un obispo suyo, de nombre Severo, participó en el concilio romano del año 487) y estaba cercana a Aquino cuya sede episcopal era ocupada por San Constancio. Allí construyó Benito su abadía primitiva con la intención de organizar su comunidad y de combatir también la idolatría que seguía conviviendo con las comunidades cristianas. La tradición dice que San Benito llegó a Cassino entre los años 525 y 529 y así, mientras Justiniano cerraba la escuela filosófica de Atenas, se abría en Occidente una nueva escuela al servicio de lo divino. El poeta Marco cuenta una anécdota ocurrida durante el viaje de Benito a Cassino: que lo acompañaban tres cuervos y que lo asistían dos ángeles. Benito, antes de fundar el monasterio, hizo retiro durante toda la Cuaresma a fin de iniciar en Cassino la celebración de la fiesta de Pascua. Subió al monte y de rodillas, imploró la ayuda de Dios, hizo talar el monte que estaba dedicado a los ídolos paganos e instauró el culto cristiano en el templo de Júpiter, al que consagró en honor de San Martín de Tours, que fue el pionero de la vida cenobítica en Occidente. También construyó un oratorio en honor de San Juan Bautista, adaptó los viejos edificios, levantó nuevos y construyó la abadía, compaginando la vida contemplativa con el trabajo. Su lema: “Ora et labora”.

Vista actual de la abadía de Montecassino (Italia).

Escribió la Regla del monasterio y lo guió con sabiduría. Era famoso por sus milagros, tenía el don de la profecía, resucitaba a los muertos, etc. Construyó un monasterio en Terracina y se le atribuye también el monasterio de San Pancracio cerca del Laterano. No se sabe a ciencia cierta si fue ordenado sacerdote, aunque algunos autores, especialmente Schuster, así lo creen. Amigos suyos fueron San Savino obispo de Canosa, San Germán obispo de Capua, el diácono San Servando abad de Alatri y algunos otros santos contemporáneos.

Junto a él estuvo prácticamente siempre su hermana Escolástica (Santa Escolástica), que murió tres días después de haber mantenido su última conversación con su hermano. Llevaron su cuerpo a Cassino y Benito la hizo sepultar en el sepulcro que tenía preparado para sí mismo. Él no tardó en morir y, conociendo por revelación divina el día de su muerte, se hizo abrir una nueva tumba, ordenó lo llevaran al oratorio de San Martín de Tours donde recibió los sacramentos, levantó las manos al cielo sosteniéndole los brazos sus discípulos y así, rezando, expiró.

Dos discípulos suyos, por separado, tuvieron ese día una visión: lo vieron entrar en la gloria: una escalera de luces conducía desde su celda hasta el cielo. Desde muy antiguo se cree que era el día 21 de marzo del año 546. Lo enterraron en la tumba excavada para él en el oratorio de San Juan, al lado de su hermana y su tumba fue meta de peregrinación a lo largo de los siglos y fue considerado desde antiguo como patrono de los moribundos.

La Regla Benedictina ha sido la matriz, el ejemplar en la que se han inspirado todas las Reglas de las Ordenes Religiosas en Occidente. La Regla, que él llamó “un esbozo para principiantes” produjo una pléyade de santos: Beda el Venerable, Bonifacio, Romualdo, Odón de Cluny, Gregorio VII, Pedro Damiano, Juan Gualberto,  Anselmo de Aosta, Bernardo de Claraval, Gertrudis,  Matilde,  Hildegarda y muchísimos otros santos y santas, beatos y beatas.

Relicario del Santo. Saint-Benoît-sur-Loire, Fleury (Francia).

Reliquias:
Hay que decir que es antiquísima la creencia de que los restos de los santos Benito y Escolástica fueron llevados definitivamente a Fleury (Francia) cuando fue desvastado el monasterio de Montecassino. Pero estudiando a fondo un documento anónimo del siglo VIII y la obra de Adalberto de Fleury, del siglo IX que son los que afirman este hecho, ningún estudio serio da por cierto esta tesis.

Hay muchísimos otros testimonios de papas, santos y emperadores que demuestran que esto no ha sido así. Todos admiten que los restos están en Montecassimo, porque se afirma que hubo una restitución parcial de los restos desde Fleury a Montecassino en el siglo VIII. La crónica de Leno dice que en el año 758 fue concedida al nuevo monasterio de Montecassino una parte del cuerpo del santo. En la catedral de Brescia se conservaba un brazo que se perdió en el año 1870.

El último reconocimiento canónico de los restos realizado en Montecassino fue en el año 1950. El examen médico indica que en la urna de Montecassino existen dos esqueletos casi completos: uno masculino y otro femenino. En Fleury, actualmente, se conservan pequeños restos.

El monasterio de Montecassino fue destruido en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial, pero los restos se encontraron intactos en la urna como informaban las actas del reconocimiento que se había hecho con anterioridad en el año 1659. En el año 1950, después de reconocidos, fueron puestos en dos cajas de plata. Ambas urnas, el día 5 de diciembre del año 1955 fueron solemnemente puestas en una artística urna de mármol en el altar mayor de la basílica, en presencia de todos los abades benedictinos y numerosos obispos.

Vista de los restos de los esqueletos de Benito y Escolástica durante el reconocimiento realizado en 1950.

Su Regla:
La síntesis de esta Regla es “Ora et labora”: vida contemplativa y vida activa. Son muchísimas las recomendaciones que hace San Benito a sus monjes y vamos a recordar algunas:
– La primera virtud que necesita un monje después de la caridad, es la humildad.
– La casa de Dios es para orar y no para charlar.
– Todo abad debe esforzarse por ser amable, como un padre bondadoso.
– El que administra el dinero no debe humillar a nadie.
– Cada monje debe esforzarse en ser exquisito y agradable en su trato.
– Cada Comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman.
– El monje debe ser humilde, pacífico, sobrio en la comida y bebida, activo, casto, manso, celoso y obediente.

Culto:
Inmediatamente después de su muerte fue venerado como santo; de hecho, San Gregorio Magno escribe de él solo cincuenta años después de su fallecimiento. En la Edad Media se le veneraba en toda Europa y fue cantado por todos los poetas del Medievo: Marco, Aldelmo, Alcuino, Pablo diácono, Rábano Mauro, Bertario, Pedro el Venerable, Dante… Actualmente es uno de los santos más venerados en toda la cristiandad. Se le ha llamado: “Santo de la obra de Dios”, “Santo del trabajo”y “Protector de los moribundos”. Es el patrón principal de Europa (Beato Pablo VI, 1964), patrono de los espeleólogos, arquitectos e ingenieros italianos, etc.

Su fiesta se celebra hoy día 21 de marzo, fecha en la que se dice murió y así se recuerda en el calendario de San Willibrordo (siglo VIII), en el calendario marmóreo de Nápoles (siglo IX) y en otros muchos calendarios y martirologios. También se celebra el día 11 de julio y el día 4 de diciembre. El 11 de julio es la fiesta de la “depositio” o supuesta traslación de los restos a Fleury y el 4 de diciembre, es celebrado en Fleury desde el tiempo del abad San Mummolo.

Resumiendo: el 21 de marzo lo celebra toda la Iglesia de Occidente, el 11 de julio se conmemora en la Orden Benedictina excepto en Francia y el 4 de diciembre lo celebran los benedictinos franceses.

Antonio Barrero

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16 pensamientos en “San Benito de Norcia, abad y fundador

  1. San Benito es el padre de monacato moderno occidental, y es lo fundamental que sé sobre él. Una vez traduje y transcribí un texto en letra carolina que hablaba de su vida, fue coser y cantar comparado con Santo Tomás de Aquino. Precisamente, la abadía de Montecassino fue un centro difusor de cultura escrita fundamental durante la época tardoantigua y altomedieval, llegando a generar su propia escritura, la beneventana (ésta, bastante menos inteligible que la carolina, por cierto).

    También me llamó siempre la atención el extravagante nombre de su gemela, la verdad es que se lo curraron sus padres. En cuanto a mí, dejando cuestiones paleográficas aparte, la verdad es que de lo que más conozco al Santo es de una medalla suya que, siendo niña, mi madre me ponía al cuello y me escondía bajo la ropa antes de mandarme a clase. Creo que ya lo mencioné en otro artículo, así que no me repetiré. Gracias Antonio, por compartir con nosotros este artículo, y sobre todo por el interesante reconocimiento de las reliquias, que prueba que la comprobación científica de los restos, hace mucho bien al culto de un Santo.

    • Gracias, Ana Maria.
      De muchos santos se hacen reconocimientos de sus reliquias en algún que otro momento, pero reconocer las de San Benito y su hermana, era muy interesante porque siempre ha existido el “pleito” entre Fleury y Montecassino acerca de donde estaban. Seguro que Dairon nos puede aportar mucha más información sobre este tema.
      Como tu dices, las enseñanzas y Regla de San Benito han sido fundamentales en Occidente y la fuente de la que han bebido, más o menos, todas las otras Reglas.
      Quiero hacer también mención de una famosa romería que en honor del Santo se celebra en el pueblo onubense de El Cerro del Andévalo, con danzas y dulces que se pierden en la noche de los tiempos y cuna de uno de los fandangos más hermosos de mi tierra.

    • Bueno, me atrevo a meter la cucharada: antes del concilio se celebraban tanto el 21 de marzo como el 11 de julio. Ahora, en el calendario universal se celebra el 11 DE JULIO como memoria obligatoria, y la del 21 está reservada para monjes benedictinos y cistercienses, que la celebran con el nombre de “tránsito de nuestro padre san Benito” , y el 11 de julio sería para ellos la “solemnidad de san Benito Abad”.

      • Gracias, Dairon. por la aclaración o mejor puntualización de la que he hecho yo y que originó las dudas de André. Gracias también a ti, André.
        Dairon, ¿puedes decirnos alguna otra cosa más sobre el tema de las reliquias?.

        • Bueno, Antonio… solo añadir a lo ya dicho que el reconocimiento de los restos conservados en Saint- Benoît-sur-Loire se realizó en 1952 por profesores de las facultades de medicina de Paris y Nancy. El resultado de estos estudios, sumados al reconocimiento de los presuntos restos de santa Escolástica ubicados en Juvigny, arrojó los siguientes resultados: los restos datan de, al menos, unos mil cuatrocientos años; los restos corresponden a un esqueleto femenino y otro masculino, los cuales se encontraron parcialmente mezclados entre sí en ambos lugares; de ambos restos se puede asegurar un orígen común. Como pueden notar, el paralelismo entre estos resultadoa y los obtenidos en la exhumación de los restos de Montecassino son demasiados… para muchos, ninguno es suficientemente concluyente para solucionar la polémica de los restos, por lo que han optado por otras estrategias para lograr solucionar el debate, principalmente, por pruebas documentarias

  2. Me ha encantado el articulo sobre el gran San Benito.
    Antonio ¿por que has puesto “Norcia”en vez de “Nursia” que es como lo conocemos en Español?
    En cuanto a las reliquias si que estan “troceadas”,de Santa Escolastica apenas hay restos de la columna….

  3. Sin duda San Benito ha sido el personaje que quizás másd ha influido en el establecimiento de las reglas para el resto de órdenes monásticas . Tengo un amigo que es monje benedictino y ha profesado durabte gran parte de su vida en el emblemático Monserrat y la organización de sus comunidades asegura que ha sido modelo en el que se han basado empresas que han estudiado sus pautas de organización. La afluencia a Monserrat es enorme y se ha convertido en uno de lo centros de culto más visitados.

    • Bueno, Monserrat es un signo de identidad de Cataluña, un foco de irradiación espiritual y un gran centro mariano. Yo tuve la ocasión de visitarlo hace varios años y de asistir al canto del “Rosa de abril”. Me emociono nada más recordarlo.
      Tengo que reconocer que mis contactos con los benedictinos han sido exporádicos, salvo con el padre abad de Ottobeuren, el padre Paulus Weigelen que me ha ayudado muchísimo en todo lo relativo a las reliquias de santos y beatos en Alemania.

  4. También es preciso mencionar que el proceso por el cual la Regla benedictina se impuso llegó a su cenit durante el imperio carolingio. Antes de esto, en Europa circulaban alrededor de unas treinta reglas monásticas, de muy diversos orígenes. En la práctica, los monasterios adoptaban al menos dos de dichas reglas, y quedaba al jucio del abad la interpretación y aplicación de las mismas. Una de estas “reglas mixtas” más populares era la dupla entre la Regla benedictina y el Penitencial de san Columbano.

    • Dairon,
      “Me quito el sombrero”. Se ve que tienes unos conocimientos enormes en el tema monástico. Es por eso, que tus comentarios nos enriquecen mucho y es también por eso por lo que muchas veces los echamos de menos. Yo estoy deseando leer tu próximo artículo sobre el Monacato cristiano.

  5. Como siempre excelente! San Benito es un santo importantísimo para el establecimiento del monacato occidental, creo que a veces no se le reconoce su verdadera importancia, por ejemplo en América latina, donde la orden benedictina es prácticamente desconocida. Su devoción aquí se desarrolló únicamente alrededor de su figura como santo fundador y exorcista, con la medallita que menciona Mel. Realmente admiro su tenacidad y disciplina, aunque mencionan que fue un hombre muy duro y estoico (no por nada lo quisieron envenenar dos veces!) pero creo que sus aportes cristalizaron muchas de las ideas de la vida consagrada que Dairon nos ha comentado en sus artículos anteriores. Enhorabuena!

  6. Montse,
    Yo creo que en muchas épocas y en muchas personas (santas y no santas), la austeridad consigo mismo ha ido unido a la intransigencia con los demás. Yo no digo que fuera el caso de San Benito, pero tampoco digo que no lo fuera.
    San Francisco de Asís, para mí el mayor de entre los santos, a veces era intransigente, sobre todo en lo relacionado con la pobreza; si no, recuerda el episodio de hacer coger con la boca una moneda que había echado en el estiércol. Eso se lo hizo a un fraile “porque tuvo la osadía de tocar dinero”.

  7. querido hermanos en CRISTO les comento algo que muchos de ustedes saben,o no la congregacion Benecditina colaboro con San FRANCISCO EN LA CONSTRUCCION de su primera iglesia Bendiciones

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