Nuestra Señora de las Lajas (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo barroco colonial que reproduce el motivo de la advocación de las Lajas

Luego de que Rosita volvió a la vida, María Mueses, se regresa a Ipiales, y  entre las 9:00 y las 10:00 de la noche toca las puertas  de la familia Torresano para contarle los pormenores del milagro ocurrido en la cueva. La familia escucha con atención a su criada y de inmediato da noticia de todo lo sucedido al padre Fray Gabriel de Villafuerte, que termina dando crédito a lo que dice María pero agrega que de ser una farsa todo lo que ha expresado, sería arrojada al río. Sin más demora ordenó que hubiese toque de campanas, y en poco tiempo se ve rodeado de algunas personas, a las cuales les narra lo sucedido e invita a trasladarse a la célebre cueva. Entonces algunos movidos por la curiosidad  y otros movidos por la devoción, pero fieles al mandato del señor cura, emprendieron a la 1:00 de la mañana del 15 de septiembre de 1754 el camino hacia el Pastarán (río cercano a la cueva donde se dieron las apariciones), presididos por el señor cura y guiados por María Mueses.

Eran las 6:00 de la mañana cuando llegaron a aquella cueva y grande fue la sorpresa de los ipialeños y especialmente de la familia Torresano al contemplar la hermosa imagen de la Virgen plasmada sobre una peña y rodeada de musgos. Pasados algunos minutos de la llegada a la cueva, fray Gabriel determina celebrar la Santa Misa en acción de gracias al Todopoderoso por el favor que les concedía por medio de su Santísima Madre, es así como envía a algunas personas por  los elementos necesarios para la celebración de la Eucaristía mientras que los que se quedaron en el lugar hacían un altar improvisado.  A las 12:00 m.  llega la comisión encargada de traer los implementos para la Celebración Eucarística y se procedió enseguida a iniciar la Santa Misa que inauguro las pomposas fiestas del Santuario de las Lajas. Una vez terminada la Eucaristía, e implorado el socorro a la Virgen del Rosario todos se regresaron a Ipiales donde los demás habitantes los aguardaban, para informarse sobre los detalles de lo sucedido en el lugar. La noticia de la aparición de la imagen se regó varias leguas a la redonda y personas de diferentes clases y pueblos comenzaron a llegar en romería al Pastarán.

Inicialmente fray Villafuerte, empezó la construcción de una capilla de madera y paja, con miras a construir una más grande y en 1767 fray Luis Herrera planeó la construcción de una nueva capilla de piedra y cal, pero esta fue terminada por el Presbítero Eusebio Mejía y Navarro, apodado “el cura obrero”. La capilla fue inaugurada el 21 de abril de 1803, en este día se colocó el altar, los 24 candelabros de plata,  se puso en la mano de la Virgen una cruz de esmeraldas y además se estrenó el órgano donado por el Presbítero Ildefonso Díaz del Castillo. Tanto amor inspiró Nuestra Señora de las Lajas que los devotos empezaron a hacer donaciones como:

Vista general del Santuario de las Lajas. Fotografía: Sandra Higuita.

  • Los candelabros de plata y la cruz de esmeraldas mencionadas anteriormente, donadas por el Presbítero Eusebio Mejía y Navarro.
  • Tijeras para redondear la hostias.
  • Sortijas de oro con tres  amatistas.
  • Manteles de tocuyo y otros de estopilla.
  • Una gargantilla de oro con catorce cuentas de oro de filigrana.
  • Un lazo de oro con 37 perlas menudas.
  • Un par de zarcillos de oro.
  • Un ornamento de brocado de  color de rosa.
  • Atriles de madera barnizada con chapas de plata.
  • Noventa y nueve perlas finas con aguacate de esmeralda cruda.
  • Un cáliz de plata consagrado.

Tanto creció la devoción hacia Nuestra Señora de las Lajas que en marzo de 1810 se reseña que el sargento mayor de la expedición de Popayán contra Quito, dio como limosna una cadena de oro que se puso en el pecho de la Virgen. Esto indica, de una manera sutil, la devoción del ejército español hacia la Santísima Virgen María y la relación existente entre lo político y lo religioso.

Pasando  ahora a la actualidad, en varios lugares de Colombia esta devoción no es muy popular, por no decir que es desconocida, pues bien lo ilustra Germán Ferro Medina cuando nos relata esta escena ocurrida en Bogotá: “Al solicitar una imagen de la Virgen de las Lajas en los tradicionales almacenes de artículos religiosos, ubicados en la carrera 6 con calle 11, se me dijo que no la tenían, que esa imagen no era comercial. El Divino Niño en todos sus tamaños es el que ahora satura todas las vitrinas, está también la Virgen del Carmen y José Gregorio Hernández. Los íconos religiosos también entran en la red de mercadeo con su oferta y su demanda”,  con lo anterior se demuestra que el mercado de imágenes religiosas puede hacer crecer la devoción hacia alguna advocación o algún santo pues dentro de los lugares donde se venden este tipo de artículos, es posible ver como abundan imágenes de María Auxiliadora, el Señor de los Milagros de Buga, la Virgen del Carmen, el Señor Caído y por su puesto el Divino Niño con una leyenda en su base que puede aplicarse incluso a los índices de las ventas de artículos religiosos: “Yo Reinaré”. Estas advocaciones  no solo han desplazado la devoción a la Virgen de las Lajas, también lo han hecho en algunas zonas del país con advocaciones como la Virgen de Chiquinquirá,  la Virgen de la Salud de Bojaca, la Virgen de la Peña, entre otras.

Ahora revisando la devoción a Nuestra Señora de las Lajas en el departamento de Nariño, es grande si se la compara con otros lugares de Colombia, pues la romería proveniente de la Pasto (capital de Nariño) llega caminando, y otras personas más llegan de pueblos cercanos como Ipiales, Potosí, Iles, Puerres, Funes, Túquerres,  etc. Tanta es la devoción por “La Mamita”, como cariñosamente la llaman sus devotos, que los ecuatorianos  la reclaman como suya, dicen que la Virgen es ecuatoriana y que los colombianos se la quitaron. Para los ecuatorianos, la Virgen de las Lajas, representa el esfuerzo mayor, pues para llegar a ella hay que cruzar la frontera con Colombia, es el más allá, es el final de un peregrinaje que viene desde muy al sur, pues es común encontrar peregrinos provenientes de lugares ecuatorianos como Riobamba, Quito, Otavalo, Ibarra y Tulcán.

Las devoción al Divino Niño y el culto a Gregorio Hernández superan en mucho al culto a la Virgen de las Lajas en Colombia.

A parte de los peregrinos del departamento de Nariño, es importante resaltar la llegada al Santuario de indígenas de la etnia Guambiana  provenientes de los departamentos del Cauca y del Putumayo (Colombia) y de indígenas de las etnias Otavala y Cotacachi, provenientes de Ecuador.  Es curioso como esta afluencia de indígenas al Santuario, recuerda la función que cumplió el terreno donde este se encuentra ubicado en la época prehispánica, pues sirvió como punto de encuentro para realizar intercambios comerciales. Entre los exvotos que pueden encontrarse en el santuario, destacan también placas dejadas por expresidentes de Colombia como Gustavo Rojas Pinilla, Marco Fidel Suarez, Laureano Gómez, Misael Pastrana, y Andrés Pastrana.

Para concluir este segundo artículo sobre la virgen de las Lajas, queda decir que su Santuario es el lugar donde cada 15 de septiembre (día en que se celebra la fiesta en honor a Nuestra Señora de las Lajas), se dan cita los campesinos; los peregrinos nariñenses, caucanos o ecuatorianos; los indígenas, blancos, negros o mestizos,  y los turistas para honrar a la Madre de Dios.  Y es allí donde radica la importancia de la  devoción a Nuestra Señora de Las Lajas, en la unión y la hermandad de las personas que aunque  de clases, etnias, regiones y/o países diferentes, comparten el amor  hacia un mismo Padre y una misma Madre;  no en la discusión sobre si su imagen tiene origen Divino o humano, pues en cuanto a esto, cada uno puede creer lo que desee, con la condición de que debe respetar las creencias del otro.

Lucho

Bibliografía:

– MEJÍA Y MEJÍA, J. C. Apuntes Relativos a la Historia de Nuestra Señora de las Lajas. Quito: Imprenta del Clero.1938.

– FERRO MEDINA, Germán. La Geografía de lo Sagrado: El Culto a la Virgen de las Lajas. Bogotá: Ediciones Uniandes. 2004

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