San Jorge, mártir de Capadocia

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Icono del Santo en su iglesia de Kalavasos (Chipre).

Antes de hablar de este importante y venerado santo, vale la pena que mencionemos las fuentes en las que se basan estas letras. Estas son:

– La “Passio Sancti Georgii”, que está clasificada entre las obras apócrifas del Decretum Gelasianum, del 496. La redacción más antigua de este documento se conserva en la Biblioteca Nacional de Viena, está datada en el siglo V y fue publicada en el año 1858.

– Lo escrito por Teodosio Perigeta en Lydda (Palestina) donde se veneraba su sepulcro, hecho confirmado también por Antonino de Piacenza y por Adanmano.

En efecto, hoy en día son visibles los restos arqueológicos de una basílica cementerio del santo, donde se ha encontrado un epígrafe en griego, datado en el 368 y que menciona “la casa de los santos y triunfantes Jorge y compañeros mártires”.

– Unos documentos posteriores al siglo V que dan referencias sobre su culto y en los que empiezan a hablarse de la leyenda del dragón.

– Un Códice vaticano del 916, traducido al latín por Lippomano y del cual depende el Menologio de Metafraste del 964 y otras traducciones de la “passio” al copto, armenio, árabe, etc.

En estos textos se dice que Jorge estaba predestinado a grandes cosas, que nació alrededor del año 280 y que su nacimiento produjo gran alegría a su padre Geroncio, que era persa, y a su madre Policronia, natural de Capadocia, que lo educaron religiosamente hasta que entró en el servicio militar, o sea, que San Jorge era soldado. Algunos autores dice que sufrió martirio en tiempos de Daciano, mientras que otros dicen que fue bajo Diocleciano, el cual “convocó a setenta y dos reyes para decidir qué medidas tomar contra los cristianos” (!!). Jorge que era oficial de las milicias del emperador en Capadocia se confesaba abiertamente cristiano y repartía sus bienes entre los pobres, o sea, lo de siempre.

Que fue invitado por el emperador para que ofreciera sacrificios a los dioses, que se negó y que entonces empezaron los suplicios: apaleado, colgado, desgarran su cuerpo y encerrado en la cárcel donde tuvo la siempre mencionada visión. En esta “passio” se dice que en la visión, Cristo le predice siete años de tormentos, que moriría tres veces y que tres veces resucitaría (!!). (Ya es el colmo de los inventos). Que el santo convierte al mago Atanasio, por lo que fue cortado por la mitad con una rueda de clavos y espadas. Jorge resucita y convierte al “magister militum Anatalius” y a sus soldados, por lo que todos ellos fueron degollados. Que a petición del rey Tranquilino resucita a diecisiete personas muertas cuatrocientos sesenta años antes, los bautiza y los hace desaparecer. Entra en un templo pagano y soplando hace caer a los ídolos. La emperatriz Alejandra, que ve todos estos prodigios, se convierte y también es martirizada junto con sus criados Apolo, Isacio y Crótales. El emperador lo condena de nuevo a muerte y es decapitado y que esto sucedió en Nicomedia en el año 303.

El Santo torturado en la rueda. Detalle de un icono ortodoxo búlgaro.

Cómo se puede ver esta sarta de fábulas no hay quién seriamente se las pueda creer. Pues se las creyeron en la Edad Media y aún hay más. Posteriormente, en tiempos de las Cruzadas, surge la leyenda de la doncella liberada del dragón por San Jorge y un manuscrito del siglo XIII y la «Leyenda Aurea” del Beato Santiago de Vorágine, se hacen eco y le atribuyen esta hazaña prodigiosa y caballeresca. Según esta leyenda, cuando Jorge iba a incorporarse a su legión llegó a Selene, en Libia. En un pantano cercano había un dragón que nadie se atrevía a matar. Cada día le llevaban dos ovejas para que se las comiera, pero cuando se acabaron los animales, el rey del lugar ordenó que le llevaran una oveja y una doncella escogida por suerte. La suerte quiso que un día le tocara a la propia hija del rey, que con todo dolor, tuvo que cumplir lo acordado.

Cuando la doncella iba hacia la cueva del dragón, apareció un caballero armado con espada y lanza, hizo la señal de la cruz y arremetió contra el dragón atravesándolo con su lanza. Con un lazo que llevaba la joven a la cintura, ató al dragón y lo llevó a la ciudad. Allí explicó que había vencido al dragón en el nombre del Dios verdadero. Todos se convirtieron, bautizaron y Jorge dio al dragón el golpe de gracia y ¡colorín, colorado, este cuento se ha acabado! Como puede comprobarse nada de esto es cierto, entre otras cosas porque no existen los dragones. Es pura leyenda, que sin embargo, dada la gran ignorancia de la época, se difundió rápidamente por Europa y los países del norte de África.

Detalle del Santo y la princesa en una tabla de Jaume Huguet (s. XV). Museu Naciona d'Art de Catalunya, Barcelona (España).

Pero dejemos esto y hablemos nuevamente del año del martirio. Según el “Chronicon alexandrinum seu paschale” fue en el año 284. Otros dicen que entre el 249 y el 251 y otros, interpretando como Diocleciano el nombre de Daciano, lo ponen en el 303 como dije antes. Los hagiógrafos más serios dicen que lo más probable es que fuera martirizado en tiempos de Diocleciano.

Pero en la redacción más antigua de la “passio”, Diocleciano es convertido en Daciano lo que parece explicarse por la triste memoria de un cruel gobernador en Hispania llamado Daciano en tiempos de Diocleciano. Curiosamente a este cruel perseguidor de los cristianos en la Hispania romana se le llamaba el «dragón de los abismos».

El nombre de San Jorge se difundió profusamente en todo el Oriente durante los siglos IV y V; tanto es así, que, por ejemplo, fueron varios los soberanos de Georgia llamados con este nombre. Su profesión de militar pudiera derivarse de una identificación con el tribuno que arrancó el edicto de Galerio contra los cristianos en Nicomedia, según lo cuenta San Eusebio en su “Historia eclesiástica”, pero la localización de su culto en Lydda, donde fue sepultado, hace improbable esta identificación. En cuanto a su culto tengo que decir que muy probablemente ningún otro santo haya recibido tanta veneración popular como San Jorge. Son innumerables las iglesias dedicadas a él tanto en Oriente como en Occidente.

En Jerusalén ya existía una en el siglo VI así como un monasterio a él dedicado, en Jericó también se le dedicó un monasterio en el siglo VI. En Zorava (Tracónides) una inscripción datada en el 515 narra la aparición de San Jorge a Juan, hijo de Diómedes;  en Beirut recibe gran veneración especialmente después de la victoria de los Cruzados (Analecta Bollandista, 77, editado en 1959), en Iraq, los cristianos caldeos le dedicaron numerosas iglesias, los coptos le veneran muchísimo en Etiopía y en Egipto,  los georgianos dicen que era oriundo de Georgia y según Venancio Fortunato en Maguncia (Alemania) tenía ya dedicada una basílica en el siglo VI. En los países bizantinos se le venera junto con San Demetrio mártir de Tesalónica, etc. y esto, solo por poner algunos ejemplos.

Presunta tumba del Santo en Alepo (Siria).

En Italia pasó lo mismo: ya en el año 527 Belisario puso la puerta de San Sebastián bajo la protección de San Jorge y a los dos santos les dedicó una iglesia en el Velabro, donde fue depositado por el Papa San Zacarias  (y aun se conserva) el cráneo del santo. En Ravenna, a finales del siglo VI existía una iglesia a él dedicada en el campo Coriandro, junto al sepulcro de Teodorico y esto está atestiguado en la biografía del obispo Aguello fallecido en el año 570. En Ferrara lo declararon patrono de la ciudad en el año 1110. En Cornate (Milano), el rey Cuniberto en el año 688 le dedicó una iglesia y en Nápoles, a principios del siglo V, el obispo Severo fundó la basílica de San Jorge el Mayor. A principios del siglo VI, Clodoveo rey de los francos le dedicó un monasterio en el cual difundió su culto San Germán de Paris, que murió en el 576. En Inglaterra, en la época anglosajona, la fama del santo estaba muy extendida pero su culto aún se desarrolló mucho más después de la conquista normanda en el siglo XI. Es el santo patrono de Inglaterra.

Las invasiones musulmanas interrumpieron las peregrinaciones hacia Oriente, por lo cual el culto de San Jorge decayó, pero los cruzados hicieron renacer el culto aun con más intensidad. Conquistada Jaifa y la cercana Lydda, los cruzados reconstruyeron la basílica en la que estaba su sepulcro, la cual había sido incendiada por el califa Hakin ochenta años atrás. Fue precisamente en esta época cuando se difundió por Occidente la leyenda del dragón. Ricardo I de Inglaterra durante la tercera cruzada dice que vio al santo con armadura resplandeciente guiando a las tropas cristianas (!!) y por eso, Enrique III hizo obligatoria la fiesta de San Jorge en todo su reino. Es del tiempo de Eduardo III el famoso grito de batalla: “Saint George for England”, fundando además la Orden de San Jorge en el año 1348 y en tiempos de Enrique V, el arzobispo de Canterbury ordenó celebrar la fiesta de San Jorge el mismísimo día de Navidad.

Presunta tumba del Santo en Yzra (Siria).

O sea, solo he querido poner algunos ejemplos de cómo el culto al santo fue intensísimo tanto en Oriente como en Occidente. Incluso muchas ciudades lo tienen como patrono: Génova, Venecia, Barcelona….,  así como muchas Ordenes religiosas y caballerescas, como los benedictinos, la Orden Teutónica, la Orden Militar de Calatrava, la Sagrada Orden Militar Constantiniana y de San Jorge, etc.

San Jorge, junto a los Santos Sebastián y Mauricio es el patrono de los soldados, arqueros, alabarderos, etc. y se le invoca contra las mordeduras de las serpientes venenosas (dragón), contra la peste, la lepra… ¡y la sífilis!

En cuanto a sus celebraciones litúrgicas tengo que decir varias cosas. Los calendarios orientales lo conmemoran el día 23 de abril y lo mismo hace la Iglesia Romana pues se cree que esa fue la fecha de su martirio. Solo en la Italia septentrional se le conmemora un día más tarde. En el Martirologio Jeronimiano se le conmemora además los días 15 y 25 de abril y el 7 de mayo.  El “Sacramentario Leoniano” del siglo V contiene los textos de una misa propia y la oración actual de la Misa de su festividad ya estaba en uso en los sacramentarios y misales latinos del siglo IX. El sínodo provincial de Colonia, en el año 1308, hacía de precepto el día de su fiesta y en la obra “De officiis palatii” de Jorge Codino se indica que en el día de San Jorge, el emperador participaba solemnemente en las celebraciones religiosas en Constantinopla.

Relicario del Santo en la iglesia de San Jorge al Velabro, Roma (Italia).

Como he dicho antes fue sepultado en Lydda (Palestina), pero desde el siglo VI sus reliquias fueron repartidas. Hoy, en un monasterio en Israel se veneran parte de ellas. San Gregorio de Tours, en el siglo VI, habla ya de traslados a Limoges y a Le Mans. En Roma, el cráneo del santo está en la basílica de San Jorge al Velabro desde finales del siglo VIII En el 852, Pietro Della Marca relata traslados de reliquias a España, en el 1110 el conde Roberto de Fiandre llevó un brazo a Ferrara, otro brazo fue llevado a Venecia en el año 1462 por parte del abad Teófilo Beacqui y lo puso en la Abadía de San Jorge, donde personalmente lo he visto, etc.

Decir además que numerosas fiestas están relacionadas con la conmemoración de San Jorge y se ha cantado en multitud de ocasiones su coraje al profesar la fe en Cristo, la tutela de la doncella indefensa frente al dragón así como la muerte del mismo.

En la tradición islámica, a San Jorge se le da el título de profeta y el relato de su “passio” lo cuenta el árabe Wahb ibn Munabbih en el año 728. Este autor árabe reproduce literalmente la versión siríaca de la relación más antigua de la leyenda, pero sin embargo ignora el aspecto guerrero de la figura del santo. El pueblo llano árabe islámico conserva gran veneración por San Jorge; por ejemplo, en una mezquita de Aleppo (Siria) se dice que está su tumba y lo mismo se dice en otra en Izar (Siria).

Sobre él escribieron  San Gregorio de Tours (siglo VI), Venancio Fortunato (VII), Andrés de Creta (VIII), el obispo Zacarias (XI), San Pedro Damiano (XI), el Beato Santiago de Varazze (XIII) y muchísimos otros.

Sepulcro del Santo en Lydda (Palestina).

Curiosidades: En Inglaterra numerosas posadas llevan su nombre, como lo recuerda Shakespeare en “Re Giovanni”, acto II; en Alemania le dedican el poder curativo de las fuentes medicinales, en los países eslavos celebran ciertas costumbres en su honor al inicio de la primavera, etc.

Iconográficamente, todos los artistas lo han esculpido o pintado, bien en la escena del martirio o en la leyenda del dragón. No los mencionaré, pero si haré mención de unos famosos frescos del Monte Athos, en Grecia, en particular el Protaton del monasterio Catholicon y en el monasterio Xenophon.

Muchísimo más se podría decir de sus leyendas, de su culto, de sus reliquias, de su folklore, de su fiesta, pero poquísimo de su vida, porque en realidad es muy poco lo que se sabe de él desde el punto de vista histórico. Es un santo histórico, real, pero rodeado de muchísimas leyendas.

Para hacer este artículo, he consultado: “Sanctorum priscorum patrum Vitae”, de Lippomano, Venecia, 1559;  “Il megalomartire Giorgio”, de S. Borelli,  Nápoles, 1902; “Les légendes greques des saints militaires”, de H. Delehaye, Paris, 1909; “Epigrammi di Teodoro Prodromo in onore dei santi megalomartiri Teodoro, Giorgio e Demetrio”, de C. Giannelli, Florencia, 1960 y “Leggende agiografiche cristiane dell’Islam”, de G. Levi Della Vida, Roma, 1964 y en los trabajos de Mons. Dante Balboni, asistente de la Biblioteca Apostólica Vaticana.

Antonio Barrero

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