La Crucifixión: Christus Patiens

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del rostro del Santísimo Cristo de la Expiración de Sevilla, dicho "El Cachorro", obra cumbre del escultor Francisco Antonio Gijón.

Entre los siglos XI-XII de nuestra era (Alta Edad Media) se produjo un cambio radical en la forma de representar a Jesús Crucificado. El Christus Triumphans ya no convencía a nadie, o mejor dicho, la gente se había acostumbrado a su visión de tal modo que ya no despertaba grandes sentimientos en el fiel, ni le decía nada aquel rey engalanado e instalado cómodamente en su cruz como si un trono fuera. Se había perdido el respeto y la devoción a aquella imagen. La religiosidad cristiana precisaba algo nuevo y diferente para restablecer la empatía con la Pasión, de este modo, nació el Christus Patiens: el Cristo que sufre.

Jesús apareció, por vez primera en el mundo cristiano, como nadie lo había visto antes, y desde luego de un modo inconcebible siglos atrás: no ya vivo, sino muerto; no ya vestido, sino desnudo (el taparrabos, añadido por pudor, llegó a retirarse en algunas esculturas del Renacimiento); no ya con la diadema real, sino con la corona de espinas (¡que hasta este momento jamás había aparecido!). Era algo que el mundo nunca había visto, pero que colmó la devoción de los fieles. Sin embargo, aún no era un Cristo muy sufriente, porque no tenía expresión de dolor en el rostro ni presentaba demasiadas heridas, es lo que en arte se llama crucifixión simbólica-tipológica (la célebre cruz de San Damián es un perfecto ejemplo de ello).

No sería hasta la llegada de las grandes pestes y la muerte de miles de personas en Europa (siglo XIV), cuando empezaron a aparecer crucifijos que realmente expresaban el dolor de Cristo en la cruz: los primeros fueron llamados crucifijos de la peste, se colocaban en los hospitales para que los enfermos invocaran a Jesús para lograr la curación. Ahora, el cuerpo de Cristo también se representaba en agonía, el cuerpo podía retorcerse de dolor, el rostro expresaba un sufrimiento desgarrador, sangraba por muchas heridas y si aparecía muerto colgaba pesadamente del madero, como vencido por la muerte.

Por sorprendente que parezca, esta imagen de Cristo ya nunca se ha retirado de la iconografía cristiana. Paradójicamente, Cristo sufriente triunfó sobre el triunfante. La gente necesitaba hallar consuelo e identificación en un Salvador que también fue humano y que sufrió atrozmente, que sabía tan bien como ellos lo que era el hambre, la sed y el dolor, la tortura y la muerte, porque Él mismo lo había experimentado en su carne. Aquel Cristo humano era lo que el mundo necesitaba, y por eso se quedó para siempre.

Crucificado de El Escorial, obra de Benvenutto Cellini.

En el Renacimiento, con la llegada de un mundo antropocéntrico, donde era el hombre y no Dios quien pasaba a ser la referencia de toda acción humana, aparecieron Cristos muy bellos, anatómicamente perfectos, como el famoso Cristo de Cellini en el Escorial (cuya desnudez integral sigue causando sorpresa en todo aquel que lo ve), con apariencia serena en lo sencillamente humano. Con el Barroco, se regresó al Cristo llagado, con una brutalidad nunca conocida antes: el barroco español es un ejemplo de estatuaria terrible y atroz, donde las llagas y las heridas adquieren dimensiones tremendas y hasta repugnantes, todo en un intento de recordar al fiel lo que Cristo padeció como humano por salvarle. Este estilo es el que ha perdurado hasta nuestros días como imagen principal de la representación del Cristo crucificado, y es poco probable que sea sustituida.

Ha habido también, en el arte, algunas variaciones,  como representar a Jesús clavado en un árbol o en una balanza, son todo simbologías particulares que no han prosperado. En cuanto al propio aspecto de Jesús, éste adopta, como los Santos, aquel rostro con el que más se identifica el pueblo, o el artista: desde el Cristo joven e imberbe, semejante a un efebo griego, hasta el Cristo maduro y barbudo, que apareció por primera vez en Siria, como aspecto predominante de lo que entendemos por un varón judío en la treintena de su vida. Cabe también decir que no aparecieron crucifijos tridimensionales hasta la época carolingia (s.VIII), hasta ese momento fueron siempre bidimensionales, y si tomaron relieve fue porque se pensó en usarlos como relicarios. Luego, esta función se perdió y simplemente se convirtieron en imágenes de culto.

Meldelen

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11 pensamientos en “La Crucifixión: Christus Patiens

  1. Muy interesante Mel, es curioso ver como hatsa hoy los Cristos sufrientes son los que mas proliferan aunque los Cristo de molde de ahora se parecen más a ese Cristo con pocas llagas del que hablas, aunque siempre dire que los Cristos barrocos son muchas veces los que mas impactan tambien la mayoria de las ocasiones son los que más devoción infunden en el devoto, por lo mismo quiza a veces hace falta en las iglesias algun Cristo asi, sobre todo en esta época de semana santa, en mi diocesis y en México en particular se ah comenzando a introducir la imagen de Cristo en la cruz pero resucitado, ya sea desclavandose de la cruz o simplemente sobre la cruz resucitado, no se si afortunada o desafortunadamente, la mayoria de los fieles suelen gustarles por lo artisticos que muchas veces suelen ser, pero eso no hace que le tengan más devocion a uno resucitado que a uno Crucificado, creo que como bien dices siempre el cruificado hara que a gente se indentifique mas.

    • Pues personalmente los Cristos resucitados a mí me gustan más, será porque estoy más acostumbrada a los crucificados que a los resucitados, porque cuando veo alguno de éstos me llama la atención.
      Es curioso también, cómo en general parece que la cultura cristiana dé más relevancia al hecho de la muerte de Cristo que a su resurrección, cuando lo verdaderamente extraordinario y base de nuestra fe, es lo segundo y no lo primero. Pero claro, como decía en el artículo, eso se basa en la capacidad de indentificarnos más con lo que fue natural en Cristo, que en lo que fue sobrenatural… aún así, sigo prefiriendo los Resucitados a los Crucificados y la Vigilia Pascual me parece una celebración más hermosa que el resto de todas las celebraciones de Semana Santa.

  2. Gracias de nuevo, Ana Maria.
    Yo he tenido el privilegio de estar a menos de un metro de distancia de la cabeza del “Cachorro de Triana” y te puedo asegurar que se ponen las carnes de gallina. Le miras los ojos, la boca (en la que se ve hasta la campanilla al final de la garganta) y esa expresión de persona que se está muriendo y, como te digo, se ponen los pelos de punta.
    Yo veo normal que a los Crucificados se les represente así, pero en la realidad, Cristo debería estar como un “guiñapo” (dicho con toda la veneración, cariño y respeto), porque después de las torturas de la Pasión y de la Muerte en Cruz, así debió quedar. Así se deduce del estudio de la Sábana Santa, pero entiendo que así no se le represente.
    El profeta Isaías (53, 7) dice: “Angustiado y afligido, no abrió la boca y como un cordero fue llevado al matadero y como una oveja delante de sus esquiladores, enmudeció” o el mísmo Isaías (53, 3): “Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en la aflicción y como uno de quién los hombres esconden el rostro, fue despreciado y no le estimamos” y ya el remate: dice el Salmo 22: “Soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres y despreciado por el pueblo”, o sea, Cristo debió quedar cómo para que no le miraran a la cara.
    Pero para nosotros, ese rostro es divino y sentimos hacia Él una especial ternura, cariño y adoración.

  3. Excelente el articulo Ana Maria,y las fotos del Cristo basado en las lesiones de la Sabana Santa impresionan.
    No recordaba que tuviera el tabique nasal roto hasta que lo he visto,tal como esta en la Sabana.
    ¿El Cristo de la Expiracion de Sevilla tiene un ojo blanco (como de ciego) o es efecto de la foto?
    Es realmente agonica la expresion….

    • No sé decirte, Abel. Por lo que tengo entendido, el escultor se basó en el rostro de un gitano agonizante que había sido herido en un ajuste de cuentas, a este gitano se le conocía como “El Cachorro” y de ahí que luego el Cristo haya heredado su apodo.

      Pero no sé si el ojo es ciego porque el modelo lo era, o por qué es. También pudiera ser que tuviese un ojo azul y otro negro.

  4. Es curioso como para provocar el sentimiento devocional se ha evolucionado hacia Cristos descarnados y en postura de sufrimiento extremo. Un Cristo doloroso que procede de un Cristo triunfante… además ese falso pudor de asustarse cuando vemos a un Cristo sin paño que le cubra sus partes siempre me pareció pueril y como que debía superarse en base a una mojigatería antigua…esa polémica se ha reproducido últimamente creo recordar con la imagen de un Cristo totalmente desnudo…así que maduremos … también en lo iconográfico…

    • No puedo estar más de acuerdo contigo, Salvador. Vi el Cristo de Cellini en un reportaje en la tele y cuando he buscado la imagen, me ha costado encontrarla sin el “paño de pureza”, es decir, ¡que esta escultura normalmente tiene un añadido de tela a modo de taparrabos! Estoy segura de que si hubiese sido un dios o un héroe pagano y no un Cristo, lo habrían castrado, como ocurrió en esa época con mucha estatuaria romana. Lamentable. Claro que tanta mojigatería y puritanismo en el siglo XVI, pase, pero en el siglo XXI… tienes razón, es hora de madurar y centrarse en lo que importa.

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