San Marcos, evangelista mártir

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El Santo redactando el Evangelio. Trabajo de Joëlle Guenoun inspirado en las iluminaciones de los evangeliarios tardoantiguos.

Según los Hechos de los Apóstoles (12, 11-17) cuando Pedro fue liberado milagrosamente de la cárcel en Jerusalén, fue a casa de María, la madre de Juan apellidado Marcos, donde numerosos fieles estaban en oración. La madre de Marcos, que quizás fuese viuda pues no se habla de su esposo, había puesto su casa a disposición de la iglesia primitiva. Algunos estudiosos, basándose en testimonios antiguos, dicen que quizás esta casa era el Cenáculo, donde Jesús celebró la Última Cena y donde el día de Pentecostés, el Espíritu Santo había descendido sobre Maria y los apóstoles.

Quizás también a la familia de Marcos pertenecía Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos, donde Jesús se acercaba a orar siempre que iba a Jerusalén. Muchos autores dicen que Marcos era el joven que cubierto con una sábana seguía a Jesús cuando lo prendieron. “Le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo”. (Marcos.14, 51 y siguientes). Probablemente después de Pentecostés, la casa de la madre de Marcos se convirtió en la residencia habitual de Pedro. De hecho, Marcos es uno de los primeros en ser bautizado por Pedro. San Pedro, en su primera carta (5, 13) lo llama “su hijo”.

Cuando en el año 44 Pablo y Bernabé vinieron a Jerusalén desde Antioquia trayendo limosnas, se hospedaron naturalmente en casa de Marcos. Según escribe San Pablo a los Colosenses, Marcos era primo de Bernabé. Los dos apóstoles, cuando se fueron, se llevaron a Marcos como ayudante en la evangelización. Cuando marcharon a Chipre, lo llevaban y siguiendo su viaje apostólico, al llegar a Perge de Panfilia, Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Todo esto es relatado por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles.

Al inicio del segundo viaje apostólico de San Pablo, Bernabé se va con Marcos a Chipre y Pablo, junto con Silas, marcha a Siria y a Cilicia. Los Hechos, unas veces lo llaman Juan y otras, Juan apellidado Marcos, y aunque los hagiógrafos Baronio, Tillemont y Cotelier distinguen a dos personas: Marcos evangelista discípulo de Pedro y Juan discípulo de Pablo, la mayor parte de los autores y exégetas, desde la antigüedad, ven en estos textos a una sola persona. Era costumbre entre los judíos el juntar, unir al nombre hebreo otro griego o latino: Saulo-Pablo,  Natanael-Bartolomé, etc.

El león de San Marcos. Evangeliario de Averbode, siglo XIII.

El nombre bíblico de Juan impuesto en el momento de la circuncisión era el usado cuando estaba entre los judíos, mientras que fuera de Palestina, cuando estaba en contacto con los gentiles, prevalecía el sobrenombre romano de Marcos.

En el año 61 Marcos está de nuevo con San Pablo y probablemente estuvo presente en el martirio de Pablo. Cuando San Pedro escribe su primera carta posiblemente en Roma alrededor del año 60 y saluda a los cristianos del Ponto, Cilicia, Capadocia y Bitinia, con él está Marcos.

De este saludo podemos deducir que San Marcos era conocido por los cristianos de diversos territorios. Sin embargo, no se pueden establecer con precisión los viajes de Marcos desde el año 50, cuando termina su segunda misión con Bernabé en Chipre, hasta el año 60. No existen datos precisos sobre los sucesivos eventos. La tradición eclesiástica confirma que el apostolado de Marcos estuvo estrechamente relacionado con el apostolado de Pedro.

Aunque una tradición sin fundamento histórico alguno dice que Marcos era uno de los setenta y dos discípulos, lo que quiere decir que conoció a Cristo, esto es negado por San Jerónimo, Papías y Eusebio de Alejandría. Sin embargo, el monje Alejandro dice que Marcos pudiera ser el hombre con el cántaro que llevó a Pedro y a Juan al Cenáculo, la casa de Maria su madre (Marcos 14, 13). Si este joven o el joven de la sábana de Getsemaní era Marcos, estos serían los dos contactos ocasionales de Marcos con Jesús. Pero repito que esto es solo tradición.

Otra tradición antigua dice que era de origen levítico. El autor de los “Philosophumena” le llama “el del dedo cortado”. Según esta tradición, Marcos al pasarse al cristianismo se habría cortado el dedo para renunciar a los actos realizados como sacerdote levítico (!!). También una tradición antiquísima dice que San Marcos es el fundador de la Iglesia de Alejandría (los patriarcas coptos se hacen llamar sucesores de San Marcos). Esto es confirmado por numerosos testimonios de origen relativamente recientes. Desde el año 200 hasta el siglo IV esta tradición es confirmada, pero es difícil fijar la fecha en la que San Marcos funda esta iglesia. Eusebio lo pone en los primeros años del emperador Claudio (42-43), pero en aquel tiempo Marcos estaba con Pablo y Bernabé. El mismo Eusebio afirma que en el octavo año de Nerón (año 62), Aniano sucede a Marcos en la sede alejandrina, por lo que San Jerónimo deduce que San Marcos murió ese año, el año 62.

Reliquias del Santo. Catedral patriarcal copta de El Cairo (Egipto).

Sin embargo, muchos autores piensan que Marcos habría abandonado Alejandría para irse a Roma. El tema no está definitivamente zanjado porque sobre esto nada escriben ni Orígenes ni Clemente Alejandrino. Se dice que sufrió martirio en Alejandría por parte de los paganos y que fue sepultado en una aldea cercana a la ciudad. Esto por ejemplo lo afirma San Simeón Metafraste y el monje Alejandro. En el “Chronicon paschale” se dice que fue martirizado en tiempos de Trajano y aunque ni San Eusebio ni San Jerónimo dicen nada, esto es tradición en la iglesia griega y en la iglesia copta.  El concilio de Roma en tiempos del Papa Gelasio asegura este martirio y Paladio, en su “Historia Lausiaca” dice que mucha gente venía desde lejos a rogar sobre la tumba del mártir.

En los Hechos de San Marcos (libro apócrifo) publicado por los bolandistas, el 25 de abril se narra las particularidades del martirio de Marcos, muerto en la aldea de Bucoli, lugar lleno de rocas y precipicios cerca de Alejandría. En el año 828 unos mercaderes venecianos se llevaron las reliquias de San Marcos desde Alejandría hasta Venecia y desde entonces es el patrón de esta ciudad italiana.

Pero hay que decir algunas cosas sobre San Marcos como evangelista. San Eusebio, San Ireneo, San Clemente de Alejandría, San Jerónimo y otros muchos autores antiguos atribuyen a San Marcos el segundo Evangelio, como eco fiel de la catequesis de San Pedro a los cristianos de Roma. Fue colaborador de Pedro en la predicación del evangelio y fue el intérprete y el portavoz autorizado del mismo San Pedro. Los dieciséis capítulos de su evangelio ofrecen un esquema simple: la predicación del Bautista y el ministerio de Jesús en Galilea ocupan los capítulos del 1 al 9; la marcha hacia Jerusalén e ingreso solemne en la ciudad, del 10 al 13 y la pasión, muerte y resurrección de Jesús, del 14 al 16.

Lo escribió antes del año 62. Ya en ese año estaba escrito el Evangelio de San Lucas, mientras que San Mateo lo había escrito mucho antes, alrededor del año 40. Los autores reconocen en Marcos un narrador popular por excelencia. ¿Qué propósito  tenía Marcos al escribirlo? Ninguno desde el punto de vista personal. Marcos escribe el Evangelio según se lo oyó a San Pedro, por lo que el propósito original no era de Marcos, era de Pedro. Este impartía sus enseñanzas conforme eran útiles a quienes las oían y no como una historia propiamente dicha de los dichos y hechos de Cristo. Marcos se limitó a escribir las narraciones de Pedro, no elaboró el material adaptándolo a su esquema personal.

San Cirilo VI llevando las reliquias del Santo.

Así se comprende lo que dice Papías: Marcos no escribió con orden, no compuso su escrito con un orden lógico como hace Mateo y no se preocupó del orden cronológico como hace Lucas. Dice Wellhausen que Marcos es simple e inmediato, escribe con la rudeza del arte popular, con un toque pictórico, o como dice Huby, con su singular frescura y su viva originalidad. Marcos escribe para que lo entienda la gente del pueblo. Conserva de la profesión de pescador de Pedro, su particular aptitud para observar los detalles plásticos de una escena, como por ejemplo: “toda la ciudad se agolpó a la puerta” (Marcos 1, 33) ó “Jesús estaba durmiendo sobre el cabezal en la popa” (Marcos  4, 38).

Contando la historia de Cristo, los cristianos la vivían de nuevo: oían hablar del Señor, lo veían moverse y haciendo cosas. Bajo la influencia de esta realidad vivida y vista, Pedro reproducía sin esfuerzo alguno el desarrollo histórico del ministerio de Jesús. Marcos, simplemente lo escribía. Por eso se comprende fácilmente la fascinación producida por el Evangelio de San Marcos en críticos y exégetas modernos.

La Iglesia latina venera a San Marcos como mártir el día 25 de abril. También ese día lo celebra la Iglesia griega, que sin embargo también celebra el 27 de septiembre la fiesta de otro Juan apellidado Marcos. Historiadores recientes han pretendido presentar a San Marcos como el fundador de la iglesia de Aquileya, pero es muy probable que esta opinión haya surgido para explicar el origen del patriarcado de aquella ciudad.

El cuerpo del evangelista, sustraído por los cristianos cuando iba a ser quemado, fue sepultado en Bucoli, cerca de Alejandría y en su sepulcro fue erigida una iglesia. En las Actas del martirio de San Pedro Alejandrino, en el año 311, tenemos la noticia más antigua sobre el sepulcro de San Marcos. También Paladio en el año 419 en su “Historia Lausiaca” recuerda las peregrinaciones a su tumba, como ya dije antes.

Sepulcro del Santo bajo el altar mayor. Basílica de San Marcos de Venecia (Italia).

En el siglo V, el santo es ya pintado en una capilla subterránea al SW de Alejandría junto con Cristo y San Pedro. En los siglos IV y V ya se veneraba a San Marcos en el santuario palestino de El-Dinwezi el día 15 de agosto y en Constantinopla, en la majestuosa basílica erigida por Teodosio el Grande. A mediados del siglo V es abandonada la basílica de Bucoli porque el pueblo se trasladó a otra zona al NW de Alejandría y allí fueron llevados los restos del evangelista y puestos en una iglesia nueva.

En el año 565 el santuario de Bucoli fue devuelto al culto, pero la iglesia fue incendiada por los árabes en el año 644 y reconstruida por los patriarcas de Alejandría Agatón y Juan de Samanud. A ella, en el año 828 arribaron los mercaderes venecianos Bueno de Malamoco y Rústico de Torcello, que se llevaron a Venecia los restos del evangelista “para evitar la profanación por parte de los árabes”. Solo el cráneo permaneció allí y más tarde fue llevado a El Cairo. Sin embargo, en el año 1419 el senado de Venecia mantenía que el cráneo estaba allí en su ciudad.

El único escrito histórico que permite considerar que el cuerpo estaba en Venecia es el aportado por el testamento de Justiniano Particiaco, en el año 829 que habla de la erección de una basílica en su honor. Sin embargo, Pablo el diácono dice que en Aquileia se le daba culto en el año 783. De éste pasó la noticia a los himnos escritos por San Paulino de Aquileia, a los diplomas imperiales de 792 y del 803, a los legajos del patriarca Fortunato del 821 y al Concilio de Mantova del 827.

Para explicar el culto dado a San Marcos en Aquileia, existen varias hipótesis: Paschini dice que San Marcos estuvo en vida en dicha ciudad, mientras que  Menis dice que entre Aquileia y Alejandría existían relaciones comerciales que serían las causantes del traslado del culto de una ciudad a la otra.

Relicario con la rótula del Santo. Cropani, Catanzaro (Italia).

Relicario con la rótula del Santo. Cropani, Catanzaro (Italia).

En el escrito del año 829 (testamento de Justiniano Particiaco del que hablé antes), se narra la traslación del cuerpo de Alejandría a Venecia, pero no se dice en qué año se hizo. Sin embargo se admite que la translación se hizo el año anterior. Si como dice el Martirologio de Beda,  Marcos había sido martirizado y muerto en Alejandría, pero que sin embargo su cuerpo estaba en Venecia, era necesario admitir que desde una ciudad había sido llevado a la otra.

Sorprende sin embargo el silencio que sobre este hecho y este culto existe en los documentos venecianos durante casi dos siglos. El nombre de San Marcos se silencia absolutamente. Es necesario llegar al incendio del año 976 para encontrar alguna referencia a su basílica, a las peregrinaciones y a los restos del santo. Destruida en parte la basílica como consecuencia de este incendio, se reconstruyó entre los años 1063 y 1094 y ya desde entonces se establece como festivo el día 25 de abril.

San Lorenzo Justiniano, patriarca de Venecia (1433-1456) deseó realizar un reconocimiento del cuerpo de San Marcos, pero no lo pudo hacer. En Venecia, sin embargo, nadie tenía dudas de la presencia de las reliquias. En tiempos más recientes si se han hecho tres reconocimientos, el último de los cuales lo hizo el Papa San Juan XXIII en 1957 cuando era Patriarca de Venecia.

Detalle del Santo evangelista en un fresco de la catedral de Tolentino (Italia).

Detalle del Santo evangelista en un fresco de la catedral de Tolentino (Italia).

Reliquias de San Marcos existen también en Reichenen (Francia), Corbie (Francia), Soissons (Francia), Cropani (Italia), etc. El Papa Beato Pablo VI restituyó parte de las reliquias de San Marcos al Patriarca Copto Ortodoxo San Cirilo VI, que las puso en la Catedral Patriarcal en El Cairo (Egipto).

Es el santo patrono de la Iglesia Copta, de la Ortodoxa y de la Católica. Los patriarcas ortodoxos coptos  se consideran sucesores de San Marcos. Es santo patrono de los notarios, los escribientes, los vidrieros, los ópticos, los cordeleros y cesteros y en Francia lo invocan contra la sarna.

Antonio Barrero

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La Resurrección de Nuestro Señor

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Fresco ortodoxo rumano de la Anástasis (resurrección).

En la tradición oriental, la Santa Cruz es el “Axis mundi”, el hacha del mundo, que une el Mundo con el Cielo, clavada en una Santa Montaña, que para nosotros es el Santo Gólgota. En los primeros tiempos del cristianismo, los creyentes construyeron una gran iglesia en Jerusalén, en el lugar en el que se cree fue crucificado Nuestro Señor y en el que está el Santo Sepulcro, desde donde El resucitó. Para los cristianos es el Santo Monte de Sión, aunque geográficamente no sea así exactamente.

Si el centro del espacio digamos que se encuentra en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén y en sus diferentes partes (la capilla de Adán, la capilla de la Cruz, el edículo del Santo Sepulcro y el Catholicon griego con su “omphalos”), para nosotros, la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es el centro del tiempo cristiano. A su alrededor gravita el tiempo de la Gran Cuaresma (el tiempo del Triodion), con sus servicios especiales del domingo, liturgias, vigilias y maitines y gravita también el tiempo de “Pentecostarion”, tiempo sagrado de cincuenta días de fiesta, de alegría y del canto permanente del himno de la alegría, el “Χριστός Ανέστη”: ¡Cristo ha Resucitado!

Podemos decir que en todas partes debiéramos vivir de la misma forma, sin tener que existir altares especiales ya que Dios no habita en “casas” hechas por el hombre. De la misma manera, también se puede decir que hay que celebrar al Señor todos los días del año porque Él es eterno, pero nosotros, como seres humanos, como seres creados en el tiempo y en el espacio, necesitamos siempre puntos de referencia que nos sitúan entre el aquí y el allá, entre el entonces y entre el ahora.

Resurrección como re-creación en los Servicios Santos
Sobre la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se han escrito cientos de homilías, de tratados teológicos y litúrgicos y se han organizado y organizan multitud de ceremonias. No olvidemos las palabras del apóstol Pablo a los Corintios en las que dice que la Resurrección de Cristo es nuestra creencia principal: “Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación vana es nuestra fe… ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron; porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos”. (1 Co. 15, 12-14 y 20-21). Yo diría que la base del cristianismo es la fe en que realmente Cristo ha resucitado, es una fe que nos define, única en la historia de las religiones. Si para otros credos son especiales algunas creencias, la fe en la Resurrección de Cristo es el verdadero cimiento, la piedra angular de nuestra existencia.

Ritual ortodoxo de la apertura de las luces.

La festividad de la Resurrección no es solo el centro del tiempo, sino que es también su principio: es algo nuevo. La ceremonia de la medianoche, cuando todas las velas están apagadas y el sacerdote porta la nueva luz que representa un nuevo comienzo, es como si Dios dijese de nuevo “hágase la luz” tal y como lo dice el Libro del Génesis. Estamos en un nuevo renacer, un nuevo resurgir que lava nuestros pecados. A partir de ahora, vamos a llevar una vida nueva en Cristo.

En la tradición oriental existe la costumbre de que el sacerdote da la luz a todos los cristianos, saliendo todos posteriormente de la iglesia y a partir de aquí, el ceremonial pascual sigue fuera de la iglesia. Le lee un pasaje evangélico corto recordando la Resurrección y las campanas empiezan a repicar en medio de la noche. Posteriormente el sacerdote recita la oración de los fieles respondiendo el pueblo “Kyrie Eleyson” y después de cantar el sagrado himno “Cristo ha Resucitado”, todos giran alrededor de la iglesia cantando sin parar las alegrías de la Resurrección.

Se sitúan de nuevo en la parte frontal de la iglesia, que tiene las puertas cerradas y golpeándola con una cruz de plata, dice: “Alzad oh puertas vuestras cabezas, alzaos puertas eternales, para que entre el Rey de la gloria”, pero alguien desde dentro pregunta: “¿Quién es este Rey de la gloria?”, a lo que el sacerdote y fieles responden: “Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor poderoso en la batalla…” (Salmo 24, 7-10). Eso se repite tres veces, abriéndose finalmente las puertas y entonces, el sacerdote y los fieles entran en la iglesia cantando “Cristo ha Resucitado” continuando la Sagrada Liturgia durante toda la noche hasta el amanecer.

Inicio de la Liturgia en el exterior de la iglesia.

El simbolismo de esta pequeña entrada significa la bajada de Nuestro Señor a los infiernos (salida de la iglesia), el despertar de los justos que estaban en él (las acciones alrededor de la iglesia) y la llamada a las puertas del Cielo (en este caso a las de la iglesia), que este, finalmente, se abrió para todos los cristianos. Es por esto que todo el ceremonial de la Resurrección no se basa principalmente en el hecho histórico del despertar de los muertos, sino en sus efectos: nuestro despertar.

De la misma manera, en la Iglesia Oriental, el icono canónico de la Resurrección, no significa el despertar de Jesús de su tumba, sino la ruptura de las puertas del infierno. Nuestro Señor se representa vestido de blanco rompiendo las puertas del infierno. Él coge las manos de Adán y Eva, de los santos antepasados, antiguos, de los profetas, de todas las personas santas del Antiguo Testamento. Debajo de ellos se puede observar un agujero negro lleno de cadenas rotas; las cerraduras y las llaves ya no tienen sentido. Un hombre atado, vestido de negro, representa al diablo, que ya no tiene poder alguno.

Antes de finalizar los maitines, todos los fieles van y besan la Santa Cruz y el Santo Evangelio siendo saludados por el sacerdote con el grito “Cristo ha Resucitado”, respondiéndole todos “Verdaderamente ha Resucitado”. Este tipo de saludo es mantenido hasta el día de la Ascensión, siendo mucho más habitual que el cotidiano “Buenos días” u “Hola, ¿cómo estás?”.

Todo el pueblo, en la iglesia, se saluda así y el sacerdote lee una obra maestra de la literatura cristiana que es la Homilía de Pascua de San Juan Crisóstomo. Se muestra este pequeño texto a todos los hombres que creen en la Resurrección e incluso para los que no se prepararon adecuadamente, ya que la Fiesta es para todos. Esta pieza literaria es tan hermosa, que he preferido no cortarla por lo que la pongo al completo.

Icono ortodoxo rumano de la Anástasis (resurrección).

“Si alguien es devoto y amante de Dios, que disfrute de esta magnífica y brillante fiesta.
El que es un siervo agradecido, que se regocije y entre en el gozo del Señor.
El que está cansado del ayuno, ahora recibirá su recompensa.
El que ha trabajado desde la primera hora del día, hoy recibe su justo premio.
El que ha llegado a la tercera hora, que participe agradecido en la fiesta.
Si alguien ha llegado a la hora sexta, no tenga dudas, porque no tendrá pérdida alguna.
Si alguien se retrasó hasta la hora novena, se le permite acercarse sin dudarlo.
Si alguien ha llegado incluso a última hora, que tampoco tenga miedo a causa de su demora, porque el Maestro es amable y recibe a los últimos igual que a los primeros; El tiene misericordia de los últimos y se preocupa por los primeros; es misericordioso tanto con unos como con los otros. A aquel da y a este le regala; acepta las obras y admite la intención. Honra el trabajo y elogia las intenciones.
Por lo tanto, introducíos todos en el gozo de Nuestro Señor; tanto el primero como el último recibirán su recompensa.
¡Ricos y pobres, los unos con los otros, danzad con alegría!
¡Los que se abstuvieron y los negligentes, celebrad este día!
¡Los que han ayunado y los que han hecho caso omiso del ayuno, regocijaos hoy!
¡La mesa está cargada de manjares, es mesa real, es para todos vosotros!
¡El ternero está cebado, que nadie salga con hambre!
Vamos, pues todos a participar de la fiesta de la fe. Vamos a recibir todas las riquezas que nos da su bondad.
Que nadie se lamente de su pobreza, porque el Reino Celestial nos ha sido revelado.
Que nadie llore por sus pecados, porque el perdón ha salido refulgente del Sepulcro.
Que nadie tenga ningún miedo a la muerte, porque por la muerte del Salvador hemos sido liberados.
¡El destruyó la muerte cuando esta lo contuvo y lo hizo probar la amargura al tomar su Cuerpo!
¡Descendió a los infiernos y se lo llevó cautivo!

Celebración de la Resurrección en la noche.

Lo previó Isaías cuando exclamó diciendo: “el infierno se llenó de amargura cuando se encontró contigo en sus extrañas”
¡Está amargado porque fue destruido!
¡Está amargado porque fue burlado!
¡Está amargado porque ha sido encadenado!
¡Está amargado porque fue despojado!
¡Está amargado porque fue atado con cadenas!
¡Recibió un cuerpo y cara a cara se encontró con Dios!>
¡Tomó la tierra y se encontró con el cielo!
¡Tomó lo que veía y fue vencido invisiblemente!
¡Oh muerte! ¿Dónde está tu poder? ¡Oh infierno! ¿Dónde está tu victoria?
¡Cristo ha resucitado y tú has sido derrocado!
¡Cristo ha resucitado y los demonios han caído!
¡Cristo ha resucitado y los ángeles se regocijan!>
¡Cristo ha resucitado y reina la vida!
¡Cristo ha resucitado y ningún muerto permanece en su tumba!
Porque Cristo, al resucitar de entre los muertos se ha convertido en el Primogénito de los que estaban dormidos.
A Él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén”

Fresco ortodoxo griego de la Anástasis (resurrección).

Por lo tanto, el Evangelio que se lee en la Divina Liturgia esta noche tan especial, no dice nada acerca de la Resurrección. Es el prólogo del Evangelio de San Juan: “En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. El estaba con Dios desde el principio. A través de Él todas las cosas fueron hechas y sin Él nada se hizo de lo que se ha hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron…(Juan 1, 1-4 y hasta el versículo 16). El sentido místico es el mismo: escuchamos el Evangelio del Nuevo Mundo, que es lo mismo que dice el Génesis, pero explicado desde una manera cristiana. Ahora entendemos que Cristo es el mismo que nos creó; nada se ha hecho sin Él. Hablando sobre la historia de la Resurrección, ahora ya parece no ser tan importante porque todo el mundo lo sabe. La importancia especial de esta fiesta es hablar de Cristo como Dios, como el Creador, como el que nos despierta de entre los muertos.

La parecida poca importancia dada al hecho histórico de la Resurrección no significa que sea ensombrecida por algunos símbolos secundarios. La Resurrección se celebra de forma adecuada; se prepara toda la semana anterior en las liturgias y con ceremonias especiales y lo mismo se hace con posterioridad. En los otros dos días de la Fiesta y la semana posterior (que se llama la «Semana Iluminada»), se celebra el hecho histórico de la Resurrección de entre los muertos.

Costumbres populares en los Balcanes durante la fiesta de Pascua.
Con todas las ceremonias litúrgicas se conectan algunas costumbres tradicionales, tales como la cocción de los huevos de color rojo, la torta de Pascua, la llamada Pasca-Cake y el cordero al horno. Todos ellos tienen una especial simbología.

Los dulces pascuales de la tradición ortodoxa: huevos rojos, cozonacul y pasteles de Pascua.

El huevo rojo se relaciona con algunas leyendas sobre el mismo. Según una de estas leyendas, como María estaba en Jerusalén en el momento de la crucifixión, intentó apaciguar a los soldados con una canasta llena de huevos, canasta que puso a los pies de la Cruz. La Sangre que caía de los pies de su Hijo, manchó los huevos y los enrojeció.

Otra tradición dice que María Magdalena había predicado el evangelio ante el emperador Tiberio y para demostrarle el milagro de la Resurrección le enseñó un huevo que ante sus ojos se volvió de color rojo. Existen otras leyendas más o menos creíbles, pero esto no es lo importante. El tema del huevo rojo es una doble idea la vida, es el símbolo existente entre la vida embrionaria y el color rojo. En los Balcanes existe la costumbre de que dos personas golpeen los huevos diciendo: “¡Cristo ha Resucitado!” y el otro le responde: “¡Verdaderamente, ha Resucitado!” y cuando el huevo se rompe, simboliza la tumba abierta.

El Cozonacul o torta de Pascua es una torta especial, hecha de pan de masa fermentada, mezclada con huevos, azúcar, pasas y nueces. Se amasa y se pone en una bandeja al horno y la forma en la que se trenza este pastel, simboliza el sudario de Jesús, simbolizando la bandeja su tumba.

Detalle de los cozonac y pasteles de Pascua.

El pasca-cake es otro pastel específico de Pascua. Este pastel es parecido a una pizza y se pone a hornear en una bandeja grande. En el borde se pone un pan trenzado formando un círculo incompleto; en el centro hay una cruz hecha de pan y sobre el pastel se pone una mezcla hecha de huevos, queso y pasas. Todo se cuece en el horno, simbolizando este dulce el Paraíso. El círculo incompleto simboliza que las puertas del Edén y del Cielo ya están abiertas. La cruz central es el árbol de la vida y el queso y el huevo simbolizan la alegría del cielo.

La simbología del cordero al horno no necesita explicación alguna; por supuesto, es el símbolo del sacrificio de Cristo.

Canto de la Resurrección de Nuestro Señor
La Fiesta de Pascua, en realidad se celebra durante cuarenta días o sea, hasta el día de la Ascensión. Los Servicios Litúrgicos son más cortos, pero más brillantes, todos los fieles llevan velas encendidas y durante todo este tiempo se canta el Himno (Tropario) de Pascua: “Cristo ha resucitado de entre los muertos, pisoteando la muerte con la muerte y dándoles la vida a todos aquellos que estaban en la tumba”.

Mitrut Popoiu

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Sábado Santo: Silencio y Soledad

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Detalle del Cristo muerto venerado en la iglesia de San Pedro de Davoli (Italia).

¿Qué ha pasado? Hoy sobre la tierra existe un gran silencio: gran silencio y soledad. Gran silencio porque el Rey duerme: la tierra está atónita y en silencio porque Dios hecho carne se ha quedado dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto según la carne y ha venido a sacudir el reino de los infiernos.
Por supuesto que va a buscar al primer padre, que está como una oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte. Dios y su Hijo van a poner en libertad a Adán y Eva que están sufriendo en la cárcel.

El Señor vino para traer el arma victoriosa de la Cruz. Apenas Adán, el primer padre, lo vió, golpeándose el pecho con asombro, gritó a todos diciendo: “Mi Señor esté con todos nosotros”. Cristo, respondiendo, le dijo a Adán: “Y con tu espíritu”. Lo cogió por la mano, lo sacudió y le dijo:”Despierta del sueño y levántate de entre los muertos; Cristo te iluminará”.
“Yo soy tu Dios aunque por ti me he hecho tu hijo; porque para ti y para tu descendencia hablo y con mi poder, os saco a los que estais en la cárcel: Salid. A todos los que estais entre tiniembras: Sed iluminados y a los que habeis muerto: Resucitad. Te lo ordeno: despierta de tu sueño; no te he creado para que estés prisionero del infierno. Resucita de entre los muertos. Yo soy la vida para los muertos. Levántate, pués yo te creé de la nada. Levántate que estás hecho a mi imagen; levántate, salgamos de aquí. Tu en mi y yo en ti, seamos en adelante una única e indivisible naturaleza.

Detalle del querubín portando la lanza, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo. Por ti, yo, tu Señor, me he revestido de la naturaleza de siervo. Por ti, yo que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y estoy bajo ella. Por ti, me he hecho hombre compartiendo tu debilidad humana, pero me he liberado de entre los muertos. Por ti, que estabas en el jardín del Edén, fuí traicionado en otro jardín y fui entregado a los Judíos y en un jardín he sido crucificado. Mira en mi rostro la saliva que me han echado para que tu seas capaz de volver a ese primer aliento de vida. Mira las bofetadas en mis mejillas para que tu nazcas nuevamente a la belleza que perdiste.
Mira mi dorso flagelado para liberar tus espaldas del peso de tus pecados. Mira mis manos clavadas por ti a un madero, tu que en un tiempo elevaste tus manos a un árbol para coger lo que no debías. Yo morí en la cruz y una lanza atravesó mi costado y fue por ti, que estabas dormido en el paraiso y de tu costado fue formada Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo; mi sueño te librará del sueño del infierno. Mi lanza vencerá a la lanza que se revolvió contra ti.
Levántate, vámonos de aquí; el enemigo te sacó de la tierra del paraiso. Yo, sin embargo, no te volveré a meter en aquel jardín, pero te colocaré en un trono en los cielos. Se te prohibió tocar el árbol simbólico de la vida, pero yo, que soy la vida, a ti te lo comunico. He puesto a los querubines para que te sirvan como tus criados. Ahora hago que los querubines te traten como a Dios, pero tu no eres Dios.
El trono celestial está preparado y los que te lleven tienen tu sala preparada, tu mesa puesta, tu morada eterna está decorada; abre ya tu pecho. En otras palabras, está preparado para todos vosotros el reino de los cielos por todos los siglos eternos”.

Detalle del querubín portando el clavo, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

Esta es una antigua “Homilía sobre el Sábado Santo”, que muestra la sensación de que es un día oculto, el tercer día del Triduo Pascual. El Sábado Santo es un día de silencio. Las iglesias están cerradas, despojadas, con evidentes signos de pena y de dolor, pero esperando ansiosamente el anuncio de la Resurrección, que va a explotar en la Solemne Vigilia Pascual, que se celebrará en esa tarde-noche ante la proximidad del Domingo de Pascua.

El Sábado Santo es el día del gran silencio, junto a la Cruz de Cristo; un día, en el cual el Señor está ausente y la Reserva Eucarística está guardada, fuera de los lugares de culto. Los fieles están invitados a guardar el ayuno y la abstinencia de carne en tanto en cuanto, el “esposo” no está en medio de nosotros. Recordemos a tal propósito, el capítulo quinto del Evangelio de San Lucas: “Ellos dijeron: los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y ofrecen oraciones; también lo hacen los discípulos de los fariseos, pero los tuyos, comen y beben. Jesús les respondió: ¿Es posible hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio esté con ellos? Vendrán días en los cuales el esposo no estará; entonces, ellos ayunarán”.

Como hemos dicho anteriormente, la Eucaristía no se conserva en el Tabernáculo, que está abierto y sin el conopeo; se guarda en otro lugar adecuado, como la sacristía, aunque en algunos lugares se mantiene en el llamado altar de la reposición (en el rito romano se permite la ausencia de este lugar, sustituido por otro, mientras que en el rito ambrosiano, permanece siempre en este lugar). Las luces y todas las velas, se apagan. Los altares están desnudos, sin flores y sin paramentos: maltel y cubre-mantel. Unicamente está presente la Cruz que ha sido puesta a la adoración el Viernes Santo.

Detalle del querubín portando la cruz, atributo de la Pasión. Iglesia de San Pedro de Davoli, Italia.

En cuanto a lo que respecta a la Liturgia de las Horas, en el rito romano, este es el único sábado en el que se recitan las Vísperas y Completas del día, (aunque se omiten si se participa en la Vigilia Pascual) y no son recitadas las Completas posteriores a las Primeras Vísperas del domingo siguiente.

Por último: ¿Cuanto tiempo estuvo Jesús en el sepulcro? Fueron tres días, aunque no completos: desde la tarde del Viernes hasta el alba del día posterior a la fiesta del Sabbat, hoy, el Domingo de Pascua, que, para los judios, era el primer día de la semana. Todo duró cerca de cuarenta horas.

Hay una devoción vinculada a estas cuarenta horas: se visitan los “sepulcros”, o sea, los lugares donde reposa la Eucaristía en las iglesias y en los cuales está hasta que sea tomada en la Vigilia Pascual.

Damiano Grenci

In Pace, in idipsum dormiam et requiescam.

Elevamini portae aeternales et introibit Rex gloriae.

Caro mea requiescet in spe.
En paz, voy a dormir y a descansar.

¡Alzaos puertas eternas que va a entrar el Rey de la gloria!

Mi carne descansará en la esperanza.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Viernes Santo: Pasión del Señor

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"Ecce Homo", óleo de Antonio Ciseri (1891). Palacio Pitti, Florencia (Italia)

En la Iglesia Católica, el Viernes Santo es el segundo día del Triduo Pascual: en estos tres días se celebra el “kerigma” cristiano (Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús):

“Israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazareth, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su intercesión los milagros, prodigios y signos que todos conocéis, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y previsión de Dios, como bien sabéis, vosotros lo matasteis haciéndole crucificar a manos de los impíos. Pero Dios lo ha resucitado, librándolo de los dolores de la muerte porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él… A este Jesús, Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos… Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que vosotros habéis crucificado, Dios lo ha hecho Señor y Mesías” (Hechos de los Apóstoles, 2, 22.32.36)

Pero entremos en el Viernes Santo. Así irrumpe el Apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas, exaltando la cruz y el Crucificado: “Lejos esté de mí gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por medio de la cual, el mundo me ha crucificado a mí y yo al mundo”. (Gálatas, 6, 14). Nosotros, los cristianos del tercer milenio todavía estamos desconcertados cuando pensamos en el modo en el cual el Padre ha querido salvarnos en Jesús de Nazareth. El desconcierto también está apoyado por las imágenes de la famosa película “La Pasión” a trevés de la cual hemos adquirido mayor conciencia de lo que afirma el Apóstol Pedro: ”Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera vana de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defectos”. (1 Pt 1, 18-19).

"Cristo de San Juan de la Cruz", óleo del pintor surrealista Salvador Dalí (1951). Museo Kelvingrove, Glasgow (Reino Unido).

El Viernes Santo hace en primer lugar memoria del gesto salvador de Cristo: es el día de la Cruz y de “Aquel que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre”. (Ap 1,5).

La Cruz es el símbolo del cristianismo y está presente en nuestra vida desde el nacimiento hasta la muerte: en los signos del Bautismo, en la absolución del Sacramento de la Penitencia, en las bendiciones recibidas y dadas en todo acto devocional o sacramental; las tres cruces en la frente y en las palmas de las manos en el Sacramento de la Unción de los Enfermos, en la señal trazada por el sacerdote en el cuerpo ya muerto, en la cruz que preside los funerales y en la cruz sobre la tumba. Pero la señal de la Cruz no se conmemora como signo de muerte, sino como signo de salvación y de vida. Incluso la misma cruz sobre la tumba, significa eso.

La Cruz es el símbolo supremo del sufrimiento y de la muerte de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que con su sacrificio nos ha rescatado de la muerte del pecado, lo que indica que también la vida pasa por el sufrimiento. La cruz es un símbolo de la conformidad de Cristo con sus discípulos y para eso, recordemos algunos pasajes de las Sagradas Escrituras.

Entonces Jesús, llamando a la multitud junto con sus discípulos, les dijo: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su propia vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando esté en la gloria de su Padre con sus santos ángeles” (Mc 8, 34-38). O en la Epístola a los Colosenses: “Ahora me alegro en lo que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24) Nuestra conformación, semejanza, con Cristo se convierte en redentoza; Cristo salva a través de sus discípulos.

Todo esto nos lleva a pensar en las lesiones, las cinco santas heridas de Jesús (Santas Llagas) y de manera particular en los estigmas, fenómeno que por primera vez es citado por el mismo San Pablo:”Yo llevo los estigmas de Jesús en mi propio cuerpo” (Gálatas 6, 17), dándose luego este fenómeno numerosas veces en la historia de la Iglesia. Esta es una lista de testijos del Evangelio que muestran el fenómeno de las “marcas de los clavos” (Juan, 20, 25):

o Beata Ana Catalina Emmerick, religiosa MR (9 de febrero),

o          Beata Ana Rosa Gattorno, religiosa MR (6 de mayo),

o          Beata Catalina Mattei da Racconigi, dominica MR (4 de septiembre),

o          Beata Cristina de Stommeln, religiosa MR (6 de noviembre),

o          Beata Dorotea de Montau, viuda y religiosa MR (25 de junio),

o          Beata Juana Maria Bonomo, religiosa  MR (1 de marzo),

o          Beata Lucia (Broccadelli) de Narni, dominica (15 de noviembre),

o          Beata Margarita Bays, terciaria franciscana MR (27 de junio),

o          Beata María de la Pasión (María Gracia Tarallo), religiosa (27 de julio).

o          Beata María de Jesús (Lopez de Rivas), religiosa MR (13 de septiembre),

o          Santa María de Jesús Crucificado (Mariam Baouardy), carmelita MR (26 de agosto),

o          Beata Maria de Oignies, monja fundadora MR (23 de junio),

o          Beata María Magdalena (Margarita) Martinengo, religiosa MR (27 de julio),

o          Beata María Teresa Chiramel Mankidiyan, fundadora MR (8 de junio),

o          Beata Hosanna Andreasi, dominica MR (18 de junio),

o          Beata Stefana Quinzani, dominica MR (2 de enero),

o          Beato Dodón de Haske, premonstratense (30 de marzo),

o          San Francisco de Asís, patrono de Italia MR (4 de octubre),

o          San Francisco de Asís, Impresión de las Llagas de Cristo (17 de septiembre),

o          San Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione), capuchino MR (23 de septiembre),

o          Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Italia MR (29 de abril),

o          Santa Catalina de’ Ricci, virgen MR (2 de febrero),

o         Santa Gema Galgani, virgen MR (11 de abril),

o          Santa Gertrudis la Grande, virgen MR (16 de noviembre),

o          Santa María Magdalena de Pazzi, virgen MR (25 de mayo),

o          Santa Rita de Cascia, viuda y religiosa MR (22 de mayo),

o          Santa Verónica Giuliani, virgen MR (9 de julio),

o          Sierva de Dios Ester Moriconi, religiosa

o          Sierva de Dios Josefina Comoglio, terciaria franciacana,

o          Sierva de Dios Luisa Piccarreta, terciaria dominica,

o          Sierva de Dios Maria Dominica Lazzeri, mística,

o          Sierva de Dios Marta Robin, fundadora de los Focolari de la Caridad,

o          Sierva de Dios Rosina Ferro, terciaria dominica, vidente y estigmatizada,

o          Sierva de Dios Teresa Comoglio, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Electa Rivetti del Corazón de Jesús, religiosa,

o          Sierva de Dios Teresa Gardi, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Neumann, seglar estigmatizada,

o          Testigo de la fe Catalina Savelli, seglar consagrada,

o          Testigo de la fe Natuzza Evolo, seglar de Paravati (CS)

o          Venerable Inés de Baviera, niña seglar,

o          Venerable Catalina Brugora, religiosa,

o          Venerable Diomira Allegri, religiosa,

o          Venerable Elena Aiello, religiosa,

o         Venerable Genoveva de Troia, terciaria,

o          Venerable María Diomira del Verbo Encarnado, abadesa, capuchina.

A modo de conclusión de esta pequeña lista, decir que la sigla MR indica que el culto está certificado por el Martirologio Romano.

Reliquias de la Pasión. Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, Roma (Italia).

La Cruz es la culminación de toda la vida humana e histórica de Jesús y la “Pasión” es un evento que celebramos el Viernes Santo. En este día, la Iglesia (es diverso según los ritos y yo me estoy refiriendo al rito romano) vive dos gestos esenciales: la celebración de la Pasión y el “Via Crucis”.

El “Via Crucis” es una práctica devocional, nacida probablemente en Tierra Santa e introducida posteriormente en Europa, siendo su mayor propagandista el franciscano San Leonardo de Porto Mauricio (20 de diciembre de 1676 – Roma, 26 de noviembre de 1751). Con ella, la Iglesia Católica recuerda y celebra con “catorce estaciones” (fases, episodios, algunos inspirados en los evangelios y otros en la concepción espiritual de San Leonardo) los momentos del doloroso camino hacia la crucifixión de Jesús. Destacaré algunos lugares que celebran la Pasión recordando el Santuario del Monte Calvario de Domodossola (Verbania) y la “Nueva Jerusalén” en Varallo Sesia (Vercelli).Las tradicionales estaciones del “Via Crucis” que han llegado hasta nosotros son las siguientes.

1. Jesús es flagelado, burlado y condenado a muerte.

2. Jesús carga con la cruz.

3. Jesús cae por primera vez.

4. Jesús encuentra a su Madre.

5. Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar su cruz.

6. Santa Verónica limpia el rostro de Jesús.

7. Jesús cae por segunda vez.

8. Jesús habla con las mujeres de Jerusalén.

9. Jesús cae por segunda vez.

10. Jesús es despojado de sus vestiduras.

11. Jesús es clavado en la cruz.

12. Jesús muere en la cruz.

13. Jesús es descendido de la cruz.

14. El cuerpo de Cristo es puesto en el sepulcro.

Columna de la Flagelación. Iglesia de Santa Práxedes, Roma (Italia).

La Pasión de Jesús comenzó después de la Última Cena con sus apóstoles, en la cual, El dió a la humanidad el don más grande que puede darse: a sí mismo en el Sacramento de la Eucaristía, en la institución del Sacerdocio cristiano y en una gran lección de humildad y de amor al prójimo lavando los pies a los doce apóstoles: “¿Entendéis lo que he hecho por vosotros? Vosotros me llamais Maestro y Señor y en verdad lo soy. Pues si yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, vosotros debeis tambien lavaros los pies los unos a los otros. Os he dado ejemplo para que también vosotros hagais como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es más grande que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió. Sabiendo estas cosas, sereis bienaventurados si las poneis en práctica” (Juan, 13, 12-17) y: “dicho esto, Jesús se estremeció profundamente y dijo: en verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me entregará” (Juan, 13, 21).

La Pasión transcurre con una secuencia de imágenes dramáticas: en primer lugar la traición de Judas en el huerto, al que se había retirado con sus discípulos para orar y donde Jesús tuvo una visión angustiosa de su próximo final, agonía que le hizo sudar sangre y que hizo que le pidiera al Padre que, si era posible, pasase de él esa copa amarga de sufrimiento, ese cáliz, pero aceptando al mismo tiempo su voluntad.

Siguió el arresto nocturno por parte de los soldados y de la guardia de los sumos sacerdotes y fariseos. Jesús sufre el interrogatorio de Anás, posteriormente el juicio del Sanedrín con Caifás, que le formula una pregunta que permita condenarle a muerte. Al mismo tiempo, Pedro reniega de él tres veces; Jesús es conducido ante el gobernador Poncio Pilatos acusado de haberse proclamado rey de los judios, cometiendo de esa manera un delito de lesa majestad ante el emperador romano. Pilatos, no queriendo pronunciarse lo envía a Herodes que estaba esos días en Jerusalén, el cual, después de un inútil interrogatorio e instigado por los sumos sacerdotes y escribas, lo desprecia e insulta y vestido de blanco lo envía a Pilatos.

Pilatos, otra vez indeciso, pregunta al pueblo qué delito ha cometido porque el no encuentra ninguno; ante los gritos de condena, lo hace flagelar pensando que así se calmarían, pero ellos gritaban cada vez más fuerte que lo crucificará; entonces Pilatos, como la costumbre local le permitía liberar un prisionero por la Pascua, le pide al pueblo que escoja entre Jesús y Barrabás. Aun así, la gente seguía gritando contra Jesús, por lo cual Pilatos lo condena a muerte por crucifixión.

Clavo de la Crucifixión. Catedral de Bamberg, Alemania.

Los soldados pusieron sobre la cabeza de Jesús una corona de espinas, haciéndole cargar el “patibulum”sobre sus hombros ya lacerados por la flagelación, poniéndose en marcha hacia la colina del Gólgota, llamada de la calavera. Esta definición nos retrotrae al primer hombre, Adán, porque la iconografía sagrada de la crucifixión pone bajo la cruz una calavera: es el sepulcro de Adán. Jesús lava con su sangre a todos los hombres, desde el primero hasta el último; salva a todos.

A continuación viene toda una serie de episodios que se verifican antes y después de la muerte de Cristo, como el suicidio de Judas, el intercambio de palabras con los dos ladrones que estaban crucificados junto a él, la rotura del velo del Templo de Jerusalén, el terremoto, la convulsión de los elementos atmosféricos, la presencia de su madre Maria al pie de la cruz, la presencia de las otras mujeres y de Juan, la acogida recíproca entre Maria y Juan, las últimas siete palabras pronunciadas antes de morir. Y la Pasión concluye con la bajada de la cruz al estar próximo el comienzo del Sabbah, sepultando su cuerpo en una tumba proporcionada por José de Arimatea.

Toda esta descripción se revive en el rito de la celebración de la Pasión, que toda la comunidad católica celebra el Viernes Santo a las tres de la tarde, pues según los evangelios, a esa hora Jesús expiró (Mateo, 27, 50). La liturgia prevé la lectura de estos pasajes evangélicos, con el gesto de arrodillarse en el momento en el que se lee la muerte de Cristo; posteriormente se adora la Cruz y se proclama la gran oración, llamada también “oración universal”. Finalmente se reparte la comunión con las especies consagradas el día anterior ya que el Viernes Santo no se celebra la Misa. El Viernes Santo es un día de gran penitencia por lo que es día de ayuno y abstinencia.

La historia triste y dolorosa de la Pasión ha inspirado a la piedad popular, no solo participando en los ritos litúrgicos del Viernes Santo y el “Vía Crucis”, sino también con otras manifestaciones de gran encanto y penitencia, precesionando los Misterios del Cristo muerto seguido de la imagen de la Bienaventurada Virgen María afligida por un inmenso dolor (La Dolorosa). Son infinitos los ritos que la piedad popular celebran el Viernes Santo, presentes en imnumerables lugares del Orbe Católico.

Por último, otro elemento que es realizado el Viernes Santo es el culto a las reliquias de la Pasión. En primer lugar, el Santo Sepulcro en Jerusalén y otras muchas reliquias, como la “Sábana Santa” (en Turín), el “Titulus Crucis” (en la Iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén, en Roma), el “Santo Rostro” (en Manoppello), el “Sagrado Sudario” (en Oviedo), la “Túnica” (en Argenteuil), la túnica de Trier, la “Columna de la flagelación” (en la iglesia romana de Santa Práxedes), la Corona de espinas y varias espinas sueltas pertenecientes a esta corona que se encuentra en la Santa Capilla de Paris, Vicenza, Andria, etc. la “Sagrada Lanza” (en el Vaticano, en Nuremberg y en Smirna), los “santos clavos” (en Milán, Monza, Roma, Torno, etc.) y finalmente la “Santa Cruz” y sus varios fragmentos conservados en la Iglesia romana de la Santa Cruz en Jerusalén y en imnumerables catedrales, basílicas y parroquias de todo el mundo.

"La Piedad", fresco de William Adolphe Bouguereau (1876). Capilla de la Virgen, Catedral de San Luis, La Rochelle (Francia).

Concluyo con el canto previo a la adoración de la Cruz: “He aquí, el leño de la cruz, en el que fue colgado Cristo, el Salvador del mundo” “Venid y adoremos

Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum”.

“Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz, redimiste al mundo”.

“Ti adoriamo, o Cristo, e ti benediciamo, perché con la tua santa croce hai redento il mondo”.

“We adore You, O Christ, and we bless You, because by your Holy Cross, You have redeemed the world”

Damiano Grenci

Vexilla regis prodeunt:
fulget Crucis mysterium,
quo carne carnis conditor,
suspensus est patibulo.

Quo vulneratus insuper
mucrone diro lanceæ,
ut nos lavaret criminae,
manavit unda sanguine.

Beata,cuius brachiis
sæcli pependit pretium;
statera facta est corporis
prædam tulitque tartari.

O Crux,ave,spes unica,
hoc passionis tempore:
auge piis justiam,
reisque dona veniam.

Arbor decora et fulgida
ornata regis purpura,
electa digno stipite,
tam sancta membra tangere.

Te,fons salutis,Trinitas,
collaudet omnis spiritus;
quos per crucis mysterium
salvas fove per sæcula.
Amén.
Las banderas del Rey aparecen:
resplandece el misterio de la Cruz,
donde el creador de la carne en carne,
está suspendido en un patíbulo.

Donde herido además
por la punta terrible de la lanza,
para lavarnos de la acusación,
manó agua con sangre.

Dichosa tú, de cuyos brazos,
estuvo pendiente el rescate del mundo;
se hizo balanza de su propio cuerpo
y arrebató la presa del infierno.

Salve, oh Cruz, esperanza única,
en este tiempo de pasión:
aumenta a los justos la santidad
y a los pecadores concede el perdón.

Oh árbol bello y refulgente
hermoseado con la púrpura del Rey,
escogido del más digno tronco,
para tocar tan santos miembros.

¡Oh Trinidad, fuente de salvación!,
que todo espíritu te alabe;
a los que por el misterio de la Cruz
salvas, guárdalos del mal por siempre.
Así sea.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Santo Cáliz de la Última Cena como el gran tesoro de la Catedral de Valencia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista del Santo Cáliz venerado en la Catedral de Valencia (España).

Uno de los tesoros con que cuenta la sede valentina es sin duda el  Santo Cáliz con que Jesucristo pudo haber celebrado la Última Cena.

Ésta era una copa especial que se utilizaba en la Pascua judía y era de un material noble, ya que las copas de bendición judías no podían ser de madera o de metal, sino que tenían que ser de cristal o piedra y el propietario de su cenáculo tenía un nivel económico elevado.

Esta copa o cáliz utilizado esa noche por Jesús fue diligentemente conservada por la primera comunidad cristiana y la tradición nos indica que el Santo Cáliz fue conservado y llevado luego a Roma, donde fue utilizado por los primeros Papas en el año 258. Se desató entonces una persecución contra los cristianos, promovida por el emperador Valeriano y, con el fin de impedir que el Santo Cáliz sufriera algún daño, el Papa Sixto II lo entregó en custodia a uno de los diáconos de Roma, llamado Lorenzo, cuyos padres eran originarios de Huesca. Lorenzo, como víctima de aquel martirio, encargó al soldado Precelio que trasladara el Santo Cáliz a Huesca y que lo entregara a la familia que Lorenzo conservaba en esa localidad. El Santo Cáliz permanecería entonces escondido allí hasta el año 711 en su Iglesia de San Pedro el Viejo.

El año 711 comenzó la invasión árabe de España y, para proteger el Santo Cáliz, el Obispo de Huesca, llamado Acilso, abandonó su ciudad junto con el Cáliz y otras reliquias que irían de lugar en lugar. En un primer momento, parece ser que se buscó refugio en la Cueva de Yebra, en el Pirineo aragonés. Algo más tarde el Santo Cáliz se localizaría en el Monasterio de San Pedro de Siresa, en San Adrián de Sasabe, Bailo, Jaca y finalmente desde comienzos del siglo XI en San Juan de la Peña, donde permanecería hasta el año 1399. La larga permanencia del Santo Cáliz en San Juan de la Peña dio lugar a que surgieran las narraciones medievales sobre el Santo Grial y esto pudo tener un reflejo iconográfico en la zona del pirineo español, zona en la que prolifera la representación de Vírgenes portando el Cáliz.

El año 1399 el Rey de Aragón Martín el Humano solicitó de los monjes del monasterio de San Juan de la Peña la entrega del Cáliz, pues deseaba tener la reliquia en su casa en Zaragoza. De este modo, el Santo Cáliz fue llevado desde el Monasterio hasta el Oratorio del Real Palacio de la Aljafería de Zaragoza. Más tarde fue trasladado a la residencia del Rey Martín el Humano en Barcelona. Al morir el rey le sucedió en el Reino, en virtud del Compromiso de Caspe, su sobrino Don Fernando de Antequera. Y fue su hijo y sucesor, Alfonso V el Magnánimo, el que hizo llevar el Santo Cáliz desde Barcelona a su Palacio del Real en Valencia allá por el año 1414…

Estampa devocional del Santo Cáliz (s.XIX)

Alfonso el Magnánimo había trasladado su Corte desde Barcelona hasta Valencia llevando consigo el Santo Cáliz, el cual, antes de su entrega a la Catedral valentina, estuvo depositado en el Palacio del Real de Valencia. Entonces se produjo su depósito como garantía a la Catedral de Valencia en el año 1437 y que llevó a cabo este Rey para poder financiar su política expansionista por el Mediterráneo.

En el documento de entrega del Santo Cáliz a la Catedral de Valencia de 18 de marzo de 1437 se hace constar que se hace donación de «el Cáliz en que Jesucristo consagró la Sangre el Jueves de la Cena, hecho con dos asas de oro, cuyo pie, del mismo color que el Cáliz, está guarnecido alrededor de oro con dos rubíes y dos esmeraldas en el pie, y con veintiocho perlas, comparadas al grueso de un guisante, alrededor del pie de dicho Cáliz».

Desde el año 1437 el Santo Cáliz ha permanecido casi ininterrumpidamente en la Catedral valenciana pero el 3 de abril de 1744 sufrió un pequeño percance. Y es que en aquellos tiempos se acostumbraba a utilizar el Santo Cáliz en los Oficios de Jueves y Viernes Santo para colocar en su interior la Sagrada Forma. El Canónigo de la Catedral Vicente Frígola, al ir a sacar la Sagrada Forma del Santo Cáliz, se desprendió de la copa, la cual resbaló y cayó al suelo, sufriendo un pequeño desperfecto. Recogidos los fragmentos, fueron depositados en la Capilla de las Reliquias y el maestro platero Luis Vicent procedió a la recomposición de la Sagrada Copa. El Canónigo quedó tan impresionado por el percance que enfermó y murió a los quince días.

En marzo de 1809, ante el avance de las tropas francesas, el Santo Cáliz pasó a Alicante, Ibiza, y Palma de Mallorca para regresar a la Catedral de Valencia en Septiembre de 1813. En el año 1916 se acordó instalar el Santo Grial en la antigua Sala Capitular de la Seo, en lugar de en el relicario en el que permanecía desde el siglo XV. El Santo Cáliz tuvo también que abandonar la Catedral en el año 1936, durante la Guerra Civil española. El 21 de Julio de 1936, pocas horas antes de que se saqueara y quemara la Catedral, el Santo Cáliz fue sacado del templo, envuelto en papel de seda y disimulado entre un periódico. El Cáliz fue primero escondido en varios domicilios particulares de Valencia y luego en la población de Carlet, donde permaneció oculto hasta el 30 de marzo de 1939, cuando, finalizada la contienda, pudo volver a la Catedral. En este período fue decisiva la intervención de María Sabina Suey, que fue la que, con gran peligro para su vida, ocultó en los primeros meses su domicilio la reliquia.

Cartel de 1941 anunciando diversos actos religiosos con el motivo del Santo Cáliz y el escudo de la ciudad de Valencia sostenido por dos ángeles (la Llotja de la Seda, Valencia, España).

Entre las conclusiones del Congreso celebrado en 2009 en Valencia sobre el Santo Cáliz decir que nada se opone a su reconocimiento como el Grial y que desautoriza a otras copas que se tienen como tales en otros lugares. La copa o parte superior, es la que estuvo en la Mesa el Jueves Santo y es de material de piedra cornarina oriental. Arqueológicamente pertenece al siglo I A.C. y es del tipo que se usaba en los solemnes ágapes de la época. Su base o pie es de material similar a la copa pero de inferior calidad. Es una naveta posiblemente del siglo X y lleva una inscripción árabe en caracteres cúficos y que dice «Li-Lzahirati» o «para el que resplandece». El nudo y las asas, realizados en un trabajo finísimo en oro de los siglos XII o XIII, llevan engarzados en su base, que abraza la naveta y la une al nudo, 27 perlas, 2 belages y 2 esmeraldas.

Panorámica en 360º de la Capilla del Santo Cáliz.
Interesantísimo powerpoint sobre la historia del Santo Grial.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

Verbum caro, panem verum
Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.
El Verbo encarnado, al pan verdadero,
Lo convierte con su palabra en su Carne,
Y el vino se convierte en la Sangre de Cristo.
Y aunque fallen los sentidos,
Para confirmar a un corazón sincero,
Basta solamente la fe.

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