Viernes Santo: Pasión del Señor

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Ecce Homo", óleo de Antonio Ciseri (1891). Palacio Pitti, Florencia (Italia)

En la Iglesia Católica, el Viernes Santo es el segundo día del Triduo Pascual: en estos tres días se celebra el “kerigma” cristiano (Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús):

“Israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazareth, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su intercesión los milagros, prodigios y signos que todos conocéis, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y previsión de Dios, como bien sabéis, vosotros lo matasteis haciéndole crucificar a manos de los impíos. Pero Dios lo ha resucitado, librándolo de los dolores de la muerte porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él… A este Jesús, Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos… Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que vosotros habéis crucificado, Dios lo ha hecho Señor y Mesías” (Hechos de los Apóstoles, 2, 22.32.36)

Pero entremos en el Viernes Santo. Así irrumpe el Apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas, exaltando la cruz y el Crucificado: “Lejos esté de mí gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por medio de la cual, el mundo me ha crucificado a mí y yo al mundo”. (Gálatas, 6, 14). Nosotros, los cristianos del tercer milenio todavía estamos desconcertados cuando pensamos en el modo en el cual el Padre ha querido salvarnos en Jesús de Nazareth. El desconcierto también está apoyado por las imágenes de la famosa película “La Pasión” a trevés de la cual hemos adquirido mayor conciencia de lo que afirma el Apóstol Pedro: ”Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera vana de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defectos”. (1 Pt 1, 18-19).

"Cristo de San Juan de la Cruz", óleo del pintor surrealista Salvador Dalí (1951). Museo Kelvingrove, Glasgow (Reino Unido).

El Viernes Santo hace en primer lugar memoria del gesto salvador de Cristo: es el día de la Cruz y de “Aquel que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre”. (Ap 1,5).

La Cruz es el símbolo del cristianismo y está presente en nuestra vida desde el nacimiento hasta la muerte: en los signos del Bautismo, en la absolución del Sacramento de la Penitencia, en las bendiciones recibidas y dadas en todo acto devocional o sacramental; las tres cruces en la frente y en las palmas de las manos en el Sacramento de la Unción de los Enfermos, en la señal trazada por el sacerdote en el cuerpo ya muerto, en la cruz que preside los funerales y en la cruz sobre la tumba. Pero la señal de la Cruz no se conmemora como signo de muerte, sino como signo de salvación y de vida. Incluso la misma cruz sobre la tumba, significa eso.

La Cruz es el símbolo supremo del sufrimiento y de la muerte de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que con su sacrificio nos ha rescatado de la muerte del pecado, lo que indica que también la vida pasa por el sufrimiento. La cruz es un símbolo de la conformidad de Cristo con sus discípulos y para eso, recordemos algunos pasajes de las Sagradas Escrituras.

Entonces Jesús, llamando a la multitud junto con sus discípulos, les dijo: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su propia vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando esté en la gloria de su Padre con sus santos ángeles” (Mc 8, 34-38). O en la Epístola a los Colosenses: “Ahora me alegro en lo que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24) Nuestra conformación, semejanza, con Cristo se convierte en redentoza; Cristo salva a través de sus discípulos.

Todo esto nos lleva a pensar en las lesiones, las cinco santas heridas de Jesús (Santas Llagas) y de manera particular en los estigmas, fenómeno que por primera vez es citado por el mismo San Pablo:”Yo llevo los estigmas de Jesús en mi propio cuerpo” (Gálatas 6, 17), dándose luego este fenómeno numerosas veces en la historia de la Iglesia. Esta es una lista de testijos del Evangelio que muestran el fenómeno de las “marcas de los clavos” (Juan, 20, 25):

o Beata Ana Catalina Emmerick, religiosa MR (9 de febrero),

o          Beata Ana Rosa Gattorno, religiosa MR (6 de mayo),

o          Beata Catalina Mattei da Racconigi, dominica MR (4 de septiembre),

o          Beata Cristina de Stommeln, religiosa MR (6 de noviembre),

o          Beata Dorotea de Montau, viuda y religiosa MR (25 de junio),

o          Beata Juana Maria Bonomo, religiosa  MR (1 de marzo),

o          Beata Lucia (Broccadelli) de Narni, dominica (15 de noviembre),

o          Beata Margarita Bays, terciaria franciscana MR (27 de junio),

o          Beata María de la Pasión (María Gracia Tarallo), religiosa (27 de julio).

o          Beata María de Jesús (Lopez de Rivas), religiosa MR (13 de septiembre),

o          Santa María de Jesús Crucificado (Mariam Baouardy), carmelita MR (26 de agosto),

o          Beata Maria de Oignies, monja fundadora MR (23 de junio),

o          Beata María Magdalena (Margarita) Martinengo, religiosa MR (27 de julio),

o          Beata María Teresa Chiramel Mankidiyan, fundadora MR (8 de junio),

o          Beata Hosanna Andreasi, dominica MR (18 de junio),

o          Beata Stefana Quinzani, dominica MR (2 de enero),

o          Beato Dodón de Haske, premonstratense (30 de marzo),

o          San Francisco de Asís, patrono de Italia MR (4 de octubre),

o          San Francisco de Asís, Impresión de las Llagas de Cristo (17 de septiembre),

o          San Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione), capuchino MR (23 de septiembre),

o          Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Italia MR (29 de abril),

o          Santa Catalina de’ Ricci, virgen MR (2 de febrero),

o         Santa Gema Galgani, virgen MR (11 de abril),

o          Santa Gertrudis la Grande, virgen MR (16 de noviembre),

o          Santa María Magdalena de Pazzi, virgen MR (25 de mayo),

o          Santa Rita de Cascia, viuda y religiosa MR (22 de mayo),

o          Santa Verónica Giuliani, virgen MR (9 de julio),

o          Sierva de Dios Ester Moriconi, religiosa

o          Sierva de Dios Josefina Comoglio, terciaria franciacana,

o          Sierva de Dios Luisa Piccarreta, terciaria dominica,

o          Sierva de Dios Maria Dominica Lazzeri, mística,

o          Sierva de Dios Marta Robin, fundadora de los Focolari de la Caridad,

o          Sierva de Dios Rosina Ferro, terciaria dominica, vidente y estigmatizada,

o          Sierva de Dios Teresa Comoglio, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Electa Rivetti del Corazón de Jesús, religiosa,

o          Sierva de Dios Teresa Gardi, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Neumann, seglar estigmatizada,

o          Testigo de la fe Catalina Savelli, seglar consagrada,

o          Testigo de la fe Natuzza Evolo, seglar de Paravati (CS)

o          Venerable Inés de Baviera, niña seglar,

o          Venerable Catalina Brugora, religiosa,

o          Venerable Diomira Allegri, religiosa,

o          Venerable Elena Aiello, religiosa,

o         Venerable Genoveva de Troia, terciaria,

o          Venerable María Diomira del Verbo Encarnado, abadesa, capuchina.

A modo de conclusión de esta pequeña lista, decir que la sigla MR indica que el culto está certificado por el Martirologio Romano.

Reliquias de la Pasión. Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, Roma (Italia).

La Cruz es la culminación de toda la vida humana e histórica de Jesús y la “Pasión” es un evento que celebramos el Viernes Santo. En este día, la Iglesia (es diverso según los ritos y yo me estoy refiriendo al rito romano) vive dos gestos esenciales: la celebración de la Pasión y el “Via Crucis”.

El “Via Crucis” es una práctica devocional, nacida probablemente en Tierra Santa e introducida posteriormente en Europa, siendo su mayor propagandista el franciscano San Leonardo de Porto Mauricio (20 de diciembre de 1676 – Roma, 26 de noviembre de 1751). Con ella, la Iglesia Católica recuerda y celebra con “catorce estaciones” (fases, episodios, algunos inspirados en los evangelios y otros en la concepción espiritual de San Leonardo) los momentos del doloroso camino hacia la crucifixión de Jesús. Destacaré algunos lugares que celebran la Pasión recordando el Santuario del Monte Calvario de Domodossola (Verbania) y la “Nueva Jerusalén” en Varallo Sesia (Vercelli).Las tradicionales estaciones del “Via Crucis” que han llegado hasta nosotros son las siguientes.

1. Jesús es flagelado, burlado y condenado a muerte.

2. Jesús carga con la cruz.

3. Jesús cae por primera vez.

4. Jesús encuentra a su Madre.

5. Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar su cruz.

6. Santa Verónica limpia el rostro de Jesús.

7. Jesús cae por segunda vez.

8. Jesús habla con las mujeres de Jerusalén.

9. Jesús cae por segunda vez.

10. Jesús es despojado de sus vestiduras.

11. Jesús es clavado en la cruz.

12. Jesús muere en la cruz.

13. Jesús es descendido de la cruz.

14. El cuerpo de Cristo es puesto en el sepulcro.

Columna de la Flagelación. Iglesia de Santa Práxedes, Roma (Italia).

La Pasión de Jesús comenzó después de la Última Cena con sus apóstoles, en la cual, El dió a la humanidad el don más grande que puede darse: a sí mismo en el Sacramento de la Eucaristía, en la institución del Sacerdocio cristiano y en una gran lección de humildad y de amor al prójimo lavando los pies a los doce apóstoles: “¿Entendéis lo que he hecho por vosotros? Vosotros me llamais Maestro y Señor y en verdad lo soy. Pues si yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, vosotros debeis tambien lavaros los pies los unos a los otros. Os he dado ejemplo para que también vosotros hagais como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es más grande que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió. Sabiendo estas cosas, sereis bienaventurados si las poneis en práctica” (Juan, 13, 12-17) y: “dicho esto, Jesús se estremeció profundamente y dijo: en verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me entregará” (Juan, 13, 21).

La Pasión transcurre con una secuencia de imágenes dramáticas: en primer lugar la traición de Judas en el huerto, al que se había retirado con sus discípulos para orar y donde Jesús tuvo una visión angustiosa de su próximo final, agonía que le hizo sudar sangre y que hizo que le pidiera al Padre que, si era posible, pasase de él esa copa amarga de sufrimiento, ese cáliz, pero aceptando al mismo tiempo su voluntad.

Siguió el arresto nocturno por parte de los soldados y de la guardia de los sumos sacerdotes y fariseos. Jesús sufre el interrogatorio de Anás, posteriormente el juicio del Sanedrín con Caifás, que le formula una pregunta que permita condenarle a muerte. Al mismo tiempo, Pedro reniega de él tres veces; Jesús es conducido ante el gobernador Poncio Pilatos acusado de haberse proclamado rey de los judios, cometiendo de esa manera un delito de lesa majestad ante el emperador romano. Pilatos, no queriendo pronunciarse lo envía a Herodes que estaba esos días en Jerusalén, el cual, después de un inútil interrogatorio e instigado por los sumos sacerdotes y escribas, lo desprecia e insulta y vestido de blanco lo envía a Pilatos.

Pilatos, otra vez indeciso, pregunta al pueblo qué delito ha cometido porque el no encuentra ninguno; ante los gritos de condena, lo hace flagelar pensando que así se calmarían, pero ellos gritaban cada vez más fuerte que lo crucificará; entonces Pilatos, como la costumbre local le permitía liberar un prisionero por la Pascua, le pide al pueblo que escoja entre Jesús y Barrabás. Aun así, la gente seguía gritando contra Jesús, por lo cual Pilatos lo condena a muerte por crucifixión.

Clavo de la Crucifixión. Catedral de Bamberg, Alemania.

Los soldados pusieron sobre la cabeza de Jesús una corona de espinas, haciéndole cargar el “patibulum”sobre sus hombros ya lacerados por la flagelación, poniéndose en marcha hacia la colina del Gólgota, llamada de la calavera. Esta definición nos retrotrae al primer hombre, Adán, porque la iconografía sagrada de la crucifixión pone bajo la cruz una calavera: es el sepulcro de Adán. Jesús lava con su sangre a todos los hombres, desde el primero hasta el último; salva a todos.

A continuación viene toda una serie de episodios que se verifican antes y después de la muerte de Cristo, como el suicidio de Judas, el intercambio de palabras con los dos ladrones que estaban crucificados junto a él, la rotura del velo del Templo de Jerusalén, el terremoto, la convulsión de los elementos atmosféricos, la presencia de su madre Maria al pie de la cruz, la presencia de las otras mujeres y de Juan, la acogida recíproca entre Maria y Juan, las últimas siete palabras pronunciadas antes de morir. Y la Pasión concluye con la bajada de la cruz al estar próximo el comienzo del Sabbah, sepultando su cuerpo en una tumba proporcionada por José de Arimatea.

Toda esta descripción se revive en el rito de la celebración de la Pasión, que toda la comunidad católica celebra el Viernes Santo a las tres de la tarde, pues según los evangelios, a esa hora Jesús expiró (Mateo, 27, 50). La liturgia prevé la lectura de estos pasajes evangélicos, con el gesto de arrodillarse en el momento en el que se lee la muerte de Cristo; posteriormente se adora la Cruz y se proclama la gran oración, llamada también “oración universal”. Finalmente se reparte la comunión con las especies consagradas el día anterior ya que el Viernes Santo no se celebra la Misa. El Viernes Santo es un día de gran penitencia por lo que es día de ayuno y abstinencia.

La historia triste y dolorosa de la Pasión ha inspirado a la piedad popular, no solo participando en los ritos litúrgicos del Viernes Santo y el “Vía Crucis”, sino también con otras manifestaciones de gran encanto y penitencia, precesionando los Misterios del Cristo muerto seguido de la imagen de la Bienaventurada Virgen María afligida por un inmenso dolor (La Dolorosa). Son infinitos los ritos que la piedad popular celebran el Viernes Santo, presentes en imnumerables lugares del Orbe Católico.

Por último, otro elemento que es realizado el Viernes Santo es el culto a las reliquias de la Pasión. En primer lugar, el Santo Sepulcro en Jerusalén y otras muchas reliquias, como la “Sábana Santa” (en Turín), el “Titulus Crucis” (en la Iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén, en Roma), el “Santo Rostro” (en Manoppello), el “Sagrado Sudario” (en Oviedo), la “Túnica” (en Argenteuil), la túnica de Trier, la “Columna de la flagelación” (en la iglesia romana de Santa Práxedes), la Corona de espinas y varias espinas sueltas pertenecientes a esta corona que se encuentra en la Santa Capilla de Paris, Vicenza, Andria, etc. la “Sagrada Lanza” (en el Vaticano, en Nuremberg y en Smirna), los “santos clavos” (en Milán, Monza, Roma, Torno, etc.) y finalmente la “Santa Cruz” y sus varios fragmentos conservados en la Iglesia romana de la Santa Cruz en Jerusalén y en imnumerables catedrales, basílicas y parroquias de todo el mundo.

"La Piedad", fresco de William Adolphe Bouguereau (1876). Capilla de la Virgen, Catedral de San Luis, La Rochelle (Francia).

Concluyo con el canto previo a la adoración de la Cruz: “He aquí, el leño de la cruz, en el que fue colgado Cristo, el Salvador del mundo” “Venid y adoremos

Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum”.

“Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz, redimiste al mundo”.

“Ti adoriamo, o Cristo, e ti benediciamo, perché con la tua santa croce hai redento il mondo”.

“We adore You, O Christ, and we bless You, because by your Holy Cross, You have redeemed the world”

Damiano Grenci

Vexilla regis prodeunt:
fulget Crucis mysterium,
quo carne carnis conditor,
suspensus est patibulo.

Quo vulneratus insuper
mucrone diro lanceæ,
ut nos lavaret criminae,
manavit unda sanguine.

Beata,cuius brachiis
sæcli pependit pretium;
statera facta est corporis
prædam tulitque tartari.

O Crux,ave,spes unica,
hoc passionis tempore:
auge piis justiam,
reisque dona veniam.

Arbor decora et fulgida
ornata regis purpura,
electa digno stipite,
tam sancta membra tangere.

Te,fons salutis,Trinitas,
collaudet omnis spiritus;
quos per crucis mysterium
salvas fove per sæcula.
Amén.
Las banderas del Rey aparecen:
resplandece el misterio de la Cruz,
donde el creador de la carne en carne,
está suspendido en un patíbulo.

Donde herido además
por la punta terrible de la lanza,
para lavarnos de la acusación,
manó agua con sangre.

Dichosa tú, de cuyos brazos,
estuvo pendiente el rescate del mundo;
se hizo balanza de su propio cuerpo
y arrebató la presa del infierno.

Salve, oh Cruz, esperanza única,
en este tiempo de pasión:
aumenta a los justos la santidad
y a los pecadores concede el perdón.

Oh árbol bello y refulgente
hermoseado con la púrpura del Rey,
escogido del más digno tronco,
para tocar tan santos miembros.

¡Oh Trinidad, fuente de salvación!,
que todo espíritu te alabe;
a los que por el misterio de la Cruz
salvas, guárdalos del mal por siempre.
Así sea.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

3 pensamientos en “Viernes Santo: Pasión del Señor

  1. Damaino è un eccellente articolo che è stato pubblicato oggi.
    Come è vero che la croce è un segno di resurrezione, cosa che in molte occasioni dimentichiamo.
    Inoltre sono sempre stato sorpreso dal numero di donne con le stimmate della Passione, in confronto con gli uomini, nella vostra lista ci sono tre, non credo che ci siano molti di più …
    Cheers e trascorrere una felice Pasqua.

  2. Damiano,
    Muchísimas gracias por este artículo publicado hoy, Viernes Santo, día en que conmemoramos la Pasión y Muerte de Nuestro Redentor. En este día, nuestros pensamientos tienen que estar solo en Él y adorarlo desde lo más íntimo de cada uno de nosotros.

  3. Solo una aclaración: el triduo pascual no comienza el jueves, sino el viernes. Es decir, el santo triduo lo forman los días viernes de pasión, sábado de sepultura y domingo de resurrección. Esto es testimonio de muchos Padres de la Iglesia, por ejemplo, san Agustín

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