Santa Teodora, emperatriz bizantina

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Detalle del rostro de la Santa. Mosaico bizantino del siglo VI, iglesia de San Vital de Rávena (Italia).

Pregunta: Me gustaría saber más sobre la biografía de Teodora, emperatriz de Bizancio.

Respuesta: Algunos códices contenidos en los Sinaxarios, como los códices parisinos de 1582 y 1578 e incluso en los Menologios más recientes como el de San Nicodemo Agiorita, ponen la conmemoración de los santos emperadores Justino y Teodora el día 2 de agosto. Pero esta inscripción con absoluta seguridad, no es exacta porque la mujer de Justino I no se llamaba Teodora y porque no existe motivo alguno para considerar como santa ni a la mujer de Justino I ni a la de Justino II. En realidad, al decir Justino, se están refiriendo a Justiniano I el Grande, al cual en la mayor parte de las traducciones se confunde con Justino y es el mismo San Nicodemo Agiorita quién hace esta observación entre líneas. Y es que Justiniano I estaba acusado de ser hereje aftartoceta. De todas maneras el Sinaxario de Constantinopla, el día 14 de noviembre, aniversario de la muerte de Justiniano, dice: “Memoria de Justiniano y Teodora, píos emperadores”, memoria que normalmente se traslada al domingo siguiente.

Teodora, la esposa de Justiniano había nacido alrededor del año 500 y era hija de un domador de osos en el circo de Chipre y trabajó desde su adolescencia como bailarina y como mímica en el hipódromo y en los teatros de Constantinopla. Procopio, en su “Historia secreta” exagera de manera especial su falta de moralidad, ya que en el ambiente en el que vivía era muy difícil que llevase una conducta íntegra. Llega incluso a tacharla de prostituta y amante de las orgías, pero como digo, esto es considerado exagerado por los hagiógrafos modernos.

En su juventud, se fue a África con un dignatario llamado Eccebolo, que muy pronto la abandonó. Entonces ella se refugió en Alejandría donde encontró protección en círculos monásticos monofisitas y cuando regresó a Constantinopla, se dedicó a diversas actividades, todas ellas respetables, con el fin de ganarse la vida. Justiniano, llegó a conocerla y se enamoró de su belleza, de su cultura y de la fortaleza de su carácter y decidió casarse con ella, aunque tuvo la oposición de su tía, la emperatriz Eufemia, por lo que tuvo que esperar a que esta falleciera para poder contraer matrimonio con Teodora.

La emperatriz con su séquito. Vista del mosaico completo (s.VI). Iglesia de San Vital de Rávena, Italia.

Aunque se ha llegado a decir lo contrario, Teodora fue una mujer muy devota, con gran resolución y con una buena intuición, lo que ayudó a incrementar la respetabilidad hacia el trono del imperio bizantino. Intervenía activamente en todos los asuntos públicos y en los momentos críticos supo dar el conveniente y oportuno asesoramiento a su esposo. Fue notable su posición durante la revuelta denominada “Nika” del año 532. Ella murió en el año 548, dieciocho años antes que Justiniano. Su inscripción en el Sinaxario se realizó poco después de la muerte de Justiniano, o sea, en su época y, como he dicho, es conmemorada junto con su marido el día de la muerte de este.

Más tarde, muchos eclesiásticos y hagiógrafos se negaban a reconocer a Justiniano como santo, ya que no estaba del todo integrado en la Iglesia (por ser aftartodocetista  o aftartoceta) y lo mismo llegaron a decir de Teodora. Así se justifica el que en un manuscrito de monasterio Stravronikita se encuentren sus nombres deformados, pues acusaban a Teodora de ser proclive al monofisismo, del que habría sido influenciada en Alejandría y por el cual, a veces, se oponía a la política eclesiástica del emperador. Sin duda, las simpatías eran consecuencia de la gratitud de Teodora hacía los monofisitas egipcios que la habrían ayudado en tiempos difíciles para ella, pero destacando en ella la moderación, en vez del monofisismo intransigente imperante en Egipto.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Los motivos por los cuales la incluyeron en el Sinaxario y por lo que se decidió conmemorarla como santa, fue su decidido empeño en fundar monasterios e iglesias y principalmente, la convocatoria del V Concilio Ecuménico por parte de su marido, aunque Teodora ya había muerto antes de celebrarse el concilio. Todas las emperatrices, esposas o madres de los emperadores que convocaron algún concilio, están inscritas como santas en los sinaxarios bizantinos.

Antonio Barrero

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San Fernando III, rey de Castilla y León

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Óleo del Santo por Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Se dice que nació en Zamora en el año 1198 y era hijo de Alfonso IX de León  y Berenguela de Castilla. Aunque Fernando era el primogénito, en los últimos años, su padre lo miraba con rencor, designando como su sucesor a su hijo Sancho. Sin embargo, la nobleza y el pueblo llano consiguieron que el trono lo ocupase Fernando. Hay quienes ven detrás de esa maniobra la mano de su madre, Berenguela que había preparado que una sola persona tomara las riendas de los dos reinos y era en su primogénito, en quién más confiaba. Inmediatamente recibieron el apoyo de los Papas Inocencio III y posteriormente, de Honorio III. Como consecuencia, se anularon los conflictos entre los reyes hispanos y se hizo más efectiva la lucha de los cristianos contra los musulmanes que ocupaban gran parte de la Península Ibérica. (Recuerdo que en otro artículo anterior hubo un interesante debate sobre esta “ocupación”).

Se casó dos veces; la primera vez, con Beatriz de Suabia en el año 1219, con la que tuvo diez hijos y de la que enviudó y la segunda, con Maria de Potieu en el año 1235, con la que tuvo cinco hijos. Su primogénito fue Alfonso X el Sabio que heredaría el trono a la muerte de su padre Fernando. Estuvo treinta años luchando contra los musulmanes, primero como príncipe y luego como rey,  siendo armado caballero en Burgos el mismo año de su primer matrimonio. ¿Qué objetivos se propuso? Dos: liberar la Península Ibérica y así, ayudar a los Papas y Cruzados a aplastar el poder musulmán. Era la lucha entre cristianos y musulmanes, de la que se ha escrito y se seguirá escribiendo aun mucho.

Reconquista Baeza en el año 1227. Sitiaba Jaén cuando ocurrió la muerte de su padre, conquistó Martos y el emir Aben Hud de Córdoba se rindió el 29 de junio de 1236. Definitivamente conquista Jaén en el año 1246, haciendo un trueque con el Emir granadino a cambio de Granada, Málaga y Almería. Conquista Cádiz y definitivamente, Sevilla el día 23 de noviembre de 1248. Cuatro años antes, su hijo, el príncipe Alfonso X, había conquistado Murcia. El reinado de toda Andalucía estuvo en sus manos a excepción del Reino de Granada.

Al mismo tiempo que reconquistaba las provincias, restauraba sus diócesis: Baeza-Jaén, Córdoba, Sevilla, Cartagena y Badajoz pagando con su dinero todos los gastos que conllevaban las restauraciones de estas diócesis. ¡Como para que Roma no estuviese contenta! Y como es natural, Roma recompensó, concediéndole el Papa Inocencio III las mismas indulgencias que concedió a los Cruzados que marcharon a Tierra Santa, le dio el derecho de patronazgo sobre las sedes episcopales, la facultad de gastar en la reconquista lo recaudado a favor de las Cruzadas y destinando un tercio de los bienes eclesiásticos en la reconstrucción de iglesias.

La rendición de Sevilla al Santo, óleo de Charles Joseph Flipart. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Aunque guerrero, se afirma que fue un gobernante modélico en tiempos de paz, sagaz y hábil negociador. Esto por ejemplo se demuestra con el trueque que hizo con el Emir de Granada. Organizó la Marina Real y con una flota pesquera dirigida por Ramón de Bonifax irrumpió en el río Guadalquivir contribuyendo decisivamente en la reconquista de Sevilla.

Era piadoso, pero muy intransigente con los herejes (!!) generoso y magnánimo con los vencidos y muy tolerante con los judíos, al contrario de lo que posteriormente haría Isabel la Católica.
Fue un rey prudente que organizó un Consejo compuesto por doce personas que decidían sobre los temas más importantes del reino. Inició la redacción de un Código de Leyes, que terminaría su hijo Alfonso X el Sabio (Las Siete Partidas). Incrementó las ciencias y las artes fundando las universidades de Salamanca, Palencia y Valladolid.
Inició la construcción de grandes catedrales como las de León, Burgos y Toledo. Concretamente, en la de Burgos, se puso la primera piedra el 19 de julio de 1221 y en ella se casó las dos veces: la primera en la catedral románica y la segunda, en la gótica. Devolvió a Compostela las campanas robadas por Almanzor y acogió en su reino a las ordenes mendicantes de los franciscanos, dominicos y trinitarios, llegando él mismo a pertenecer a la Tercera Orden de San Francisco. Siempre llevaba consigo una imagen de la Virgen, daba públicas gracias a Dios en cada una de sus victorias, aunque rey, era humilde y llegó incluso a hacer penitencia pública.

Murió en Sevilla el día 30 de mayo del año 1252; había recibido desnudo el Viático, humildemente en el suelo, diciendo: “Señor, desnudo salí del vientre de mi madre, la tierra y desnudo me ofrezco a ella. Señor, recibe mi alma entre tus siervos”. En su primitiva tumba en Sevilla se hicieron inscripciones laudatorias en hebreo, árabe, latín y castellano antiguo. Su cuerpo incorrupto está actualmente expuesto en una bellísima urna de plata en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla. Destaquemos su pureza de costumbres, su prudencia, generosidad y magnanimidad, su mansedumbre y espíritu de servicio. Gobernó con sabiduría y santificó su vida.

Su culto estuvo limitado a Sevilla hasta el siglo XVII. En el año 1629 se inició el proceso como “culto inmemorial” y finalmente, fue canonizado por el Papa Clemente X el día 4 de febrero del año 1671. Es patrono del Arma de Ingenieros del Ejército, de los presos, de los gobernantes (junto con Santo Tomás Moro) y de Sevilla y Córdoba. Su fiesta se celebra hoy, día 30 de mayo.

Detalle del cuerpo incorrupto del Santo en su sepulcro. Capilla Real de la catedral de Sevilla, España.

Se le representa vestido con manto real, cetro y corona, con las llaves de Sevilla en las manos y portando una imagen de la Virgen. La primera escultura en piedra que se hizo de él es del siglo XIII, de autor anónimo francés y se encuentra en la catedral de Burgos. Hay dos pinturas suyas realizadas por Bartolomé E. Murillo, conservadas en el Museo del Prado en Madrid y en la Catedral de Sevilla. De Zurbarán  y de El Greco se conservan sendos cuadros en el Museo de El Louvre, en Paris. Existe,  además una imagen suya realizada por Pedro Roldán en el año 1698.

Antonio Barrero

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San Gabriel Zabludowski, niño mártir

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Icono ortodoxo polaco del Santo.

El mártir San Gabriel Zabludowski, en lengua polaca, Muczenik mładieniec Gawriił Zabłudowskij y en lengua rusa, Гавриил Заблудовский or Белостокский (de Bialystok), nació en el vecino pueblo de Zvierki, cerca de la ciudad de Zabludovo (probablemente en Bielorrusia) en la familia formada por Pedro y Anastasia Gowdel (en ruso: Gavdel, Гавдель).

Según la tradición, el día 11 de abril del año 1690, el niño, que tenía seis años de edad, salió de su casa y una persona extraña observó que se estaba perdiendo. Poco tiempo después, su cuerpo fue encontrado en un campo cercano. Como su muerte ocurrió durante la celebración de la Pascua judía, la investigación y el proceso judicial concluyó acusando a la población judía local de haber secuestrado al niño. Especialmente, por este asesinato fue acusado un judío, Shutko, que confesó bajo tortura que había asesinado al niño en Bialystok.

Según la acusación, el niño fue torturado y asesinado ritualmente. La tortura, que duró nueve días, consistió en punzarlo con objetos afilados para que se desangrara imitando la Pasión de Cristo. Lo clavaron en una pared por los brazos y las piernas, a fin de recoger su sangre. Debido a la pérdida de sangre, murió el 20 de abril (según el calendario gregoriano, el 3 de mayo) del año 1690 y su cuerpo fue dejado en secreto al borde un bosque cerca de Zwierki. A la fiscalía le facilitó la acusación el hecho de que la muerte del niño ocurrió durante las fiestas de la Pascua, cuando según las creencias de la época, los judíos llevaban a cabo asesinatos rituales.

Después de sepultar al niño en el cementerio de Zwierki, entre la comunidad ortodoxa fue creciendo, poco a poco, el culto hacia el niño mártir. El culto a San Gabriel creció cuando treinta años después de su muerte, por error se abrió su tumba y se encontró el cuerpo incorrupto. Inmediatamente después de esto, muchas personas empezaron a proclamar que hacía milagros y que curaba a los enfermos. Ya existía la tradición de que en su infancia, se distinguía entre sus compañeros por su piedad y por evitar las peleas entre ellos y, de acuerdo con las creencias locales, las oraciones al santo les curó de una epidemia existente en la zona.

Las reliquias de San Gabriel fueron trasladadas desde el cementerio a la iglesia de Zwierki y, milagrosamente, se salvaron del incendio ocurrido en dicha iglesia en el año 1746, trasladándose entonces al monasterio de Zabludow. En 1755, las reliquias fueron trasladadas al monasterio de la Santísima Trinidad de Slutsky, en el Guberniya de Minsk, con un cartel culpando de su muerte a los judíos. Su culto se desarrolló y extendió por todo el Imperio Ruso y el niño fue canonizado oficialmente en el año 1820 por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Es considerado el santo patrón de los niños.

Urna del Santo en la Catedral de Bialystok (Polonia).

En la década de los años treinta, durante la percusión comunista en la antigua Unión Soviética, las reliquias fueron trasladadas al Museo ateo de Minsk, para que sirviera de ejemplo de “mistificación cristiana”. En el 1944, llevaron las reliquias a la ciudad bielorrusa de Grodno, donde permanecieron hasta el año 1992, cuando fueron trasladadas a la ciudad polaca de Bialystok. Actualmente se está construyendo una iglesia dedicada al niño santo en Zwierki, con la intención de llevar allí definitivamente las reliquias.

Los días de su fiesta:
Al mártir San Gabriel, la Iglesia Ortodoxa Polaca lo celebra tres veces: el 20 de abril (3 de mayo según el calendario gregoriano (2), que es el aniversario de su muerte); el 9 de septiembre (22 de septiembre) que es el aniversario del traslado de las reliquias a Polonia en el año 1992 y el tercer domingo después de Pentecostés (que es el día de los santos ortodoxos de Bielorrusia).

Iconografía:
Iconográficamente, San Gabriel es representado como un niño pequeño vestido con una camisa brillante, que tiene en la mano derecha una cruz y con la mano izquierda hace un gesto de oración. Está entre los iconos del fondo de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en Zabludow y es también representado en numerosos iconos bielorrusos.

San Gabriel y el antisemitismo:
Aun cuando los judíos estaban más protegidos por las leyes de la Commonwealth polaco-lituana, o sea, estaban mucho mejor que en la Edad Media lo estaban en España o en Alemania, el antisemitismo era también muy fuerte en esta región del Este de Europa.  Frecuentemente, el auto aislamiento de los judíos en sus propias ciudades y pueblos, crearon en la mentalidad de los cristianos una serie de supersticiones, como la de que los judíos utilizaban la sangre de los niños cristianos para sus propósitos rituales en los días previos a la Pascua. Ni que decir tiene que no existen evidencias históricas que apoyen esta difamación al pueblo judío.

Icono ortodoxo bielorruso del Santo.

Se trata de la vieja edición de algunos santos católicos, como San Simón de Trento, que fue una joven victima de los brutales asesinatos rituales judíos. Después de descubrirse el cuerpo del niño, los líderes judíos fueron torturados y claro, finalmente confesaron su crimen. Los habitantes de la ciudad, los quemaron en la hoguera e incendiaron su sinagoga. Después del Concilio Vaticano II, en 1965, se ha realizado un nuevo juicio en el caso de San Simón de Trento a fin de invalidar el proceso anterior y así, el nombre se Simón de Trento fue retirado del Martirologio de la Iglesia Católica.

Este tipo de acusación contra otra religión no es nada nuevo. De la misma manera, los propios cristianos fueron acusados por los romanos diciendo que mataban a los niños para comerlos en los rituales eucarísticos o que adoraban a la cabeza de un asno. Este tipo de acusaciones se produce a menudo en la historia de la religión y están relacionadas con el miedo creado por “los otros”, que se consideran civilizaciones desconocidas. Muchas veces, la necesidad de proteger su propia identidad religiosa y cultural lleva a tales acusaciones de asesinatos religiosos, cultos rituales, orgías, etc. Este tipo de acusaciones están perfectamente vinculadas a la concepción que tienen muchos cristianos de que todos los musulmanes son unos terroristas y de la misma manera, muchos musulmanes creen que actualmente los católicos y los ortodoxos somos idólatras porque celebramos el culto a los santos, como si ellos fueran Dios.

En el contexto de este tipo de mentalidad antisemita, la acusación de que Gabriel había sido asesinado por los judíos, que necesitaban su sangre para hornear el “Matzot” (pan sagrado para el Pessah), se extendió rápidamente por la región oriental ortodoxa polaca y consecuentemente, el culto al santo floreció y ya conocemos cómo eran los procesos medievales contra los judíos: mediante la tortura admitían delitos que eran imaginarios. Y por supuesto, esto pudo haber ocurrido también con el supuesto asesino, Shutko, que claro, confesó el asesinato.

Incluso hoy en día, como en el resto del mundo, el antisemitismo se vive en toda la Europa del Este, pero hay que diferenciar entre las ideas generales existentes en la sociedad y algunos opiniones individuales. El 27 de julio de 1997, el día de Todos los Santos, la televisión estatal bielorrusa reiteraba las tesis de los asesinatos rituales que los judíos cometían con los niños ortodoxos. El aumento del culto a San Gabriel en Bielorrusia se citó expresamente como una expresión peligrosa del antisemitismo en los informes internacionales sobre los derechos humanos y las libertades religiosas. Se informó al Congreso de los Estados Unidos (en la Subcomisión de Relaciones Exteriores) sobre la lucha contra el antisemitismo en los últimos años y estos informes fueron analizados por la Comisión de las Naciones Unidad para los Refugiados (ACNUR).

Vista de la urna del Santo expuesta a la veneración de los fieles. Catedral de Bialystok, Polonia.

San Gabriel hoy:
El actual Metropolita de Varsovia y de la Iglesia Ortodoxa Polaca, Su Beatitud Sabas, está promoviendo el culto a San Gabriel, lo que condujo al traslado de las reliquias del niño santo desde la ciudad bielorrusa de Grodno a Polonia y puestas en la Catedral Ortodoxa dedicada a San Nicolás, donde aun se encuentran como he dicho más arriba y que es centro de peregrinaciones. En la actualidad, la veneración a San Gabriel, es el culto más generalizado entre las comunidades ortodoxas polacas y bielorrusas. Está considerado como el santo ortodoxo más importante nacido en las actuales fronteras de Polonia. Es el patrono de los niños y de la Sociedad de la Juventud Ortodoxa de Polonia (Bractwo Młodzieży Prawosławnej w Polsce).

Importa mencionar, que en las biografías del santo en la web de la Iglesia Ortodoxa Polaca (1), así como en la de la Organización  de la Juventud Ortodoxa (2) no se hace ninguna mención sobre las acusaciones imputadas a los judíos. Esto significa que el santo es hoy celebrado a causa de su martirio y por los milagros que se produjeron mediante su intercesión. El sentimiento antisemita es anticristiano y va en contra del amor que tenemos que sentir hacia nuestros semejantes y este antisemitismo debe ser condenado como un acto o sentimiento contrario a los valores de nuestra religión.

Tropario:
Santo Niño Gabriel, en nombre de Aquel que fue traspasado por nosotros, la mala gente traspasó tu cuerpo y como el de Aquel que sangró por todos nosotros, todo tu cuerpo también sangró con terribles heridas, pero ahora estás en la gloria eterna disfrutando también con Él. Acuérdate de nosotros que aquí en la tierra te veneramos y ruega por la salud de nuestros cuerpos y por la salvación de nuestras almas.

Mitrut Popoiu

(1)http://www.cerkiew.pl/index.php?id=swieci&tx_orthcal[sw_id]=272&cHash=5a1142cdd3
(2) http://bmplublin.pl/index.php?id=patron

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Santos Nicandro, Marciano y Daría, mártires

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Fresco de los Santos con Cristo Resucitado. Convento de Frailes Capuchinos de Venafro, Italia.

Los Santos Nicandro, Marciano y Daría fueron martirizados en tiempos del emperador Diocleciano, el día 17 de junio del año 303, cerca de Venafro, en el Molise italiano. Son venerados como santos por la Iglesia Católica y son los patronos de las localidades de Venafro, San Nicandro Garganico y Tremensuoli di Minturno.

Nicandro y Marciano eran dos valerosos soldados romanos, probablemente originarios de Mesía (actual Bulgaria), pero estacionados en Venafro. Según la tradición, Daría era la esposa de Nicandro. Aunque eran conscientes de lo que hacían y arriesgaban, abrazaron el cristianismo y, como se negaron a renunciar a su fe, fueron detenidos y condenados a muerte.

En realidad, en el Martirologio Romano, el día 17 de junio se menciona el martirio de Nicandro y Marciano, pero no se menciona el de Daría, cuya figura sólo se refleja en la leyenda popular. Se dice que Nicandro se negó a sacrificar a los dioses paganos y que se reafirmó en su fe en Cristo, siendo animado por su mujer. Daría sería martirizada unos días después, pero el Martirologio Romano no la menciona.

En el lugar del martirio, no lejos de la ciudad de Venafro, en el año 955 se construyó una basílica en honor de los mártires. En el año 1933, bajo el altar mayor fue encontrada la tumba de Nicandro, de la que según una devota la leyenda, en determinadas ocasiones y sobre todo en los días festivos, emanaba un líquido misterioso y sagrado, al que se le atribuyen según los numerosos ex votos allí existentes, dones milagrosos.

Los devotos de Venafro están muy unidos a estos mártires, son sus santos patronos y los celebran los días 16, 17 y 18 de junio, con actuaciones de diversos tipos que llenan las calles de miles de personas, no solo de la localidad sino también venidas de fuera, incluso de otras regiones italianas y de países vecinos. En la medianoche del día 15, en el convento de los capuchinos, se inician oficialmente los días de fiesta, cantando una melodía repetitiva por parte de un pequeño grupo formado por simples elementos que se denominan “bandarella”. Aun a pesar de que es de noche, en este evento fascinante participan cientos de personas. De hecho, durante toda la noche la melodía se repite por todas las calles de la ciudad anunciando a todos el comienzo de la fiesta.

El día 16 amanece con una tronada de fuegos artificiales, repique de campanas, la misa matinal en la basílica y el recorrido de las bandas musicales por el pueblo y en torno a las siete de la tarde de ese día, se inicia una procesión desde la iglesia de la Anunciación, llevando un busto de plata con las reliquias de San Nicandro y las reliquias de los Santos Marciano y Daría hacia la basílica situada a las afueras de la ciudad anfitriona, cantándose seguidamente el solemne Oficio de Vísperas presidido por el obispo. Por la noche hay un concierto de bandas de música.

Fresco del martirio de los Santos. Basílica de los Santos en Venafro, Italia.

El 17 de junio es el día en que se conmemoran a los tres mártires con misas matutinas y vespertinas y con el solemne pontifical, presidido por el obispo, durante el cual el alcalde entrega al obispo las llaves y las velas, poniéndolas en las manos del busto relicario de plata del santo. A esta ceremonia acuden muchos fieles de toda la comarca. Por la noche, siguen los conciertos de música ligera con cantantes famosos a nivel nacional y con otros variados divertimentos.

El día 18 de celebran otras misas por la mañana y por la tarde. Lo más simbólico de toda esta festividad es sin embargo, la procesión de la tarde-noche que se caracteriza por el canto coral del himno dedicado a los mártires, por el brillo de miles de velas en la procesión y la enorme participación popular en el cortejo religioso; miles y miles de personas a ambos lados del mismo. La procesión comienza en la basílica alrededor de las ocho de la tarde, después de realizarse la denominada “ammessa”, donde se subasta el derecho de poder llevar las estatuas. La procesión termina pasada la medianoche, después de haber recorrido todo el casco antiguo cantando un viejo himno, conocido por todos los lugareños, desde los más pequeños hasta los más ancianos.
El lugar donde concluye este rito sagrado y solemne es la iglesia de la Anunciación, donde el busto de San Nicandro y las reliquias permanecerán hasta la festividad del año siguiente; pero en realidad, a fin de permitir una mayor participación en el canto final del himno, la procesión termina en la plaza del Castillo. Al finalizar la procesión la fiesta se culmina con los tradicionales fuegos artificiales. En estos días festivos, San Nicandro es conmemorado el día 17, aunque se garantizan otros eventos colaterales como por ejemplo, una carrera pedestre interregional con atletas provenientes de diferentes regiones italianas.

El himno a los santos mártires fue escrito en Venafro, en el año 1881 por parte del compositor y músico Domenico Criscuolo. En la procesión del día 18, la emotiva participación de los naturales de Venafro, acaba como “un himno de alabanza a los poderosos y magnánimos héroes…” acompañados por todas las bandas. Ésta es la letra del himno:
“¡Cántale un himno de alabanza, oh pueblo venefrano, a los poderosos y magnánimos héroes, Nicandro, Marciano y Daría! A él, que llevó la palma de la victoria; y a ella, que fue fuerte e intrépida pareja de su esposo. Ilustres entre las estrellas, reinad en vuestro Imperio donde están los pasos fervorosos y los deseos. ¡Ea! Espéranos impávidos y sanos de mente y corazón, de mente y corazón, hasta la gloria que vosotros disfrutáis, y que podamos disfrutarla nosotros. Y mientras tú disfrutas de la gloria de Dios, disfrutemos también por ti, disfrutemos por ti, disfrutemos por ti, disfrutemos, disfrutemos también ahora.(x2)”

Busto relicario de San Nicandro. Venafro, Italia.

La ciudad de Venafro es rica en historia, arte y cultura. De origen samnita, fue conquistada por los romanos como puede comprobarse por las muchas antigüedades existentes en el museo arqueológico de Santa Clara. Aparte de su pasado romano, está presente la historia medieval y la arquitectura barroca. De época medieval es el Palacio Caracciolo y el Castillo Pandone ampliado sobre una construcción longobarda y sobre la laguna se encuentra un edificio modernista del siglo veinte.

Venafro es rica en iglesias, algunas cerradas al culto y abandonadas. Las más notables y conocidas son la Catedral de Santa Maria de la Asunción, la iglesia y el convento de San Nicandro, la iglesia de San Francisco y algunas otras. Existe también un gran número de edificios del siglo XVIII, tales como el Palazzo Del Prete, el Palazzo Almieri, el Palazzo Reale, el Palazzo De Utris, etc. Cercano al parque de la ciudad está la famosa fuente de San Bartolomé con sus cuatro chorros de agua. El territorio de Venafro es importante por su producción de aceite de oliva y se ha adherido a la “Asociación de la Ciudad del Olivo”.

Felice Stasio

Bibliografía:
– VVAA, “Nicandro, Marciano y Daría: conocer, recordar y venerar a los santos patronos de Venafro en el XVII Centenario de su martirio”, edición Vitmar

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Santa Marcela, la mártir de Quíos

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Icono ortodoxo griego de la Santa.

Pregunta: Ana María, me ha “tocado” la reseña de Santa Marcela, mártir de Quíos, la desconocía por completo. Si pudieras contarme algo más de ella, te lo agradecería. España.

Respuesta: Será un placer hablar un poco de ella, puesto que es una mártir muy poco conocida y ni siquiera viene reseñada en los principales martirologios y sinaxarios, ni tan sólo los Bolandistas hacen mención de ella. Esto se debe a que su culto no traspasa las fronteras de la isla griega de Quíos, donde nació y murió, pero en ésta su culto es muy destacado y actualmente ha llegado a ser un poco más conocida por la difusión de su vida por las comunidades ortodoxas en la red.

La vida de Santa Marcela la conocemos a través de un relato piadoso que, sin embargo, no arroja luz sobre la época en que pudo haber vivido. Existen dos teorías, la primera la ubica en la Antigüedad, en torno al siglo IV o V de nuestra era, aludiendo al ateísmo del padre y al hecho de que el nombre de Marcela, que alude al dios Marte, es latino y no griego. La otra teoría, y también la más probable, la ubica en torno al siglo XV de nuestra era, entre otras cosas, por la presencia de detalles referentes a un culto ortodoxo ya plenamente desarrollado en el relato, y por la obviedad de que no existen, antes de este siglo, ningún tipo de referencias o alusiones a esta Santa en ninguna parte.

Situamos por tanto, a Marcela, en el siglo XV y en la isla de Quíos, concretamente, en un pueblo costero llamado Volissos. Sus padres se hallaban entre los más ricos de la zona y practicaban la fe cristiana ortodoxa, especialmente la madre, que era muy devota de la Virgen María.  Cuando sus padres contrajeron matrimonio, la esposa oró ante un icono de María para suplicarle que les diera un hijo, y al poco tiempo nació Marcela, lo que fue motivo de alegría para ambos. Aunque la madre, como decíamos, era muy devota y cumplía con los ritos y la asistencia a la iglesia, inculcando estas prácticas a la niña, el padre era bastante cínico respecto a las cuestiones de la fe. Tuvo que ser la madre quien instruyó a la niña, le inculcó un tierno amor a la Virgen y un deseo de imitarla en su pureza.

A los doce años, Marcela perdió a su madre, que fue muy llorada en el pueblo, pues se había distinguido por sus obras de caridad. Marcela, tras ser enviada temporalmente junto a su tía, fue devuelta a su padre, iniciándose una etapa muy difícil para la niña. El padre jamás quería rezar con ella y la puso al frente de la casa, encargándole todas las gestiones. Ella se ocupó eficientemente de todas las tareas domésticas y también de trabajar en las propiedades de la finca, pero cuando se recogía a rezar frente a los iconos su padre la reñía y quería impedírselo. Así, en un tira y afloja, estuvo hasta cumplir los dieciséis años, cuando reprochó a su padre que hubiese dejado de asistir a la iglesia y de rezar. Él se burló de ella y le dijo que la fe era cosa de mujeres estúpidas, y que no volviese a molestarle con semejantes estupideces. Ella, compungida, se resignó a esta realidad.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

A los veinte años, Marcela se había convertido en una espléndida mujer, agraciada en forma y en belleza. Recordando siempre las enseñanzas de su madre, se mostraba respetuosa, piadosa, y guardaba intacta su virginidad. Evitaba la compañía de muchachas menos reservadas que ella y de chicos que podían causarle problemas y comprometerla. Resuelta a convertirse en una digna esposa de Cristo, ayunaba, oraba y asistía a los pobres. Su eterna sonrisa y su bondad cautivaban a los aldeanos, quienes se decían que era una digna hija de su madre. Su triste estado de huérfana ya no la apesadumbraba y se sentía feliz sirviendo a Dios y al prójimo, pero su felicidad iba a durar muy poco.

Su padre, amargado por la soledad, empezó a comportarse todavía peor con ella. Le gritaba constantemente y le prohibía salir a pasear al jardín o hablar con los vecinos. La molestaba constantemente y le impedía hacer sus obras de caridad. Este comportamiento lo fue alternando con otro totalmente distinto, dirigiéndole dulces palabras, queriendo tenerla siempre cerca, acariciándole el cabello y mirándole a los ojos. Aunque al principio Marcela no se podía explicar su incoherente comportamiento, pronto cayó en la cuenta de que su propio padre se sentía atraído por ella y que los sentimientos que le demostraba no eran los de un padre cariñoso, sino los de un marido celoso. Cuando las insinuaciones pasaron a ser propuestas abiertas que hubiesen desembocado en un incesto entre padre e hija, Marcela, horrorizada, le evitaba a todas horas. Los vecinos, sospechando que algo feo se estaba gestando en aquella casa, les retiraron el saludo.

Algo debió ocurrir para que un día, sin más, Marcela huyera precipitadamente del hogar. Es probable que el desalmado padre intentase violarla. El caso es que ella, que sólo había soñado en emular a la Virgen en pureza y en belleza, al verse requerida sexualmente por su propio padre, no dudó en abandonar la casa, sin tener adónde ir, ni a quién pedir ayuda.

En un primer momento la chica huyó a la montaña y hasta allí la siguió el padre, gritando que si no volvía la haría pedazos. Pero pronto la perdió entre los árboles. Marcela pasó la noche en el monte, escondida y rezando, hasta que la encontró una pastorcilla de nombre Marouso, quien le dio de comer y la ocultó en la cabaña que usaba para vigilar el ganado.

Días después, notando la ausencia de Marcela, los vecinos, preocupados, requerían al padre de la chica, quien respondía con sarcasmo que la loca de su hija se había ido para convertirse en Santa. Furioso de lo que él entendió como un desafío, se armó con un cuchillo, un arco y unas flechas, y salió de nuevo al monte, dispuesto a cazar a su hija como se caza a un animal. Al principio se topó con Marouso, quien, voluntariosa, trató de despistarlo y entretenerlo para dar a Marcela la ocasión de huir; pero sus buenas intenciones fueron inútiles.

Icono ortodoxo griego que representa el martirio de la Santa.

El padre alcanzó a la hija, quien se hallaba oculta entre unos arbustos, y como no alcanzaba a capturarla, les prendió fuego para hacerla huir. En cuanto la vio salir le disparó una flecha y la hirió en el muslo, pero ella, tras levantarse, volvió a salir corriendo como pudo, decidida a no dejarse capturar por él. A partir de aquel momento, aquel hombre inhumano sólo tuvo que seguir el rastro de sangre de su hija hasta la costa, para poder alcanzarla.

El martirio de Marcela se consumó sobre unas rocas frente al mar. Ella, viéndose atrapada, juntó las manos en oración para pedir el auxilio de la Virgen y, según dice la leyenda, las rocas se abrieron y la tragaron hasta la cintura, quedándose pillada e inmóvil entre ellas. Llegó el padre y, tirándole del cabello, de los brazos, del cuello, trataba de sacarla para llevársela, pero no podía moverla. Viendo que no había manera de sacarla de allí, e ignorando el llanto y los gritos de su hija, que le suplicaba se apiadase de ella, sacó el cuchillo y, desgarrándole el vestido, le cortó un pecho y después el otro; arrojándolos sobre las rocas. No contento con ello, la decapitó con el mismo cuchillo, y asiendo la cabeza cortada por los cabellos, la tiró rodando sobre las rocas, hasta el mar. Rocas y agua quedaron tintas en la sangre de Marcela.

La tradición dice que la cabeza de la mártir fue flotando hasta la playa de Komi, pero que durante muchos años nadie pudo encontrarla. Fue un barco italiano el que, atraído por una brillante luz que provenía de esta zona, vieron la cabeza incorrupta flotar suavemente sobre las olas, rodeada de velas flotantes encendidas. La tomaron con toda reverencia y la devolvieron a Volissos.

Otra tradición dice que una fuente de agua saltó de las rocas en el momento en que se consumaba el martirio, mezclándose con la sangre derramada. Desde entonces, se repite un fenómeno curioso cada año, en el cual las aguas de esa zona quedan tintas de rojo. Aunque tiene explicación científica –se debe a unas arenas rojizas del fondo que se remueven por las corrientes- los fieles lo llaman “la sangre de Santa Marcela”. También se ha constatado que esta agua hierve y se calienta cada año por la fiesta de la Santa –el 22 de julio- durante el servicio de la Paráclisis, y se dice que no ocurre si no está presente un sacerdote que pueda bendecir el fenómeno.

Sepulcro de la Santa en el lugar de su martirio. Costa de Volissos, Quíos (Grecia).

Dicho esto, me da la impresión de que este artículo es más el relato de un bonito cuento que un estudio sobre una santa mártir, pero, por raro que parezca, no es que se sepa mucho más de ella. En la iconografía, como podemos ver, aparece con los típicos atributos de mártir ortodoxo (la cruz, el pergamino con la Sagrada Escritura) y la roca de la que brota su sangre, también en el momento en que, atrapada en la roca, es masacrada por su padre.

Pienso personalmente que la mártir es real y que existió, pues sus reliquias se veneran de hecho en la isla y se siguen haciendo ritos en el lugar de su martirio, pero es probable que la historia del padre y el intento de incesto esté aureolada de leyenda, o como mucho, algunos detalles estén exagerados. En todo caso, el autor que narra la historia de la Santa le dio un bellísimo tono poético y vale la pena conocerla, al menos, para tomar conciencia de que no todos los Santos con culto tienen que estar reseñados por las aparentemente exhaustivas recopilaciones a las que solemos acudir.

“Apolytikon” de Santa Marcela:
Rosa de piedad, hija de Quíos, te honramos con cánticos.
Santa Marcela, que fuiste decapitada por tu padre: danos fuerza y sálvanos del peligro, a nosotros que lloramos contigo.
Gloria a Él que te dio fuerza, Gloria a Él que te coronó.
Gloria a Él que, a través de ti, obra maravillas en los enfermos, sanándolos.

Meldelen

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