María Santísima, Reina de todos los santos (IV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Virgen entronizada con el Niño. Fresco en el ábside de una iglesia ortodoxa rumana.

En los artículos anteriores hacíamos referencia a lo que sobre la Santísima Virgen dicen el Antiguo y Nuevo Testamentos y los evangelios apócrifos. Hoy vamos a hablar de lo que sobre Ella dicen los Santos Padres de la Iglesia. Todos hacen mención a Ella, desde el siglo II hasta el siglo VIII.

En el siglo II:
Los escritos del siglo II son raros y prácticamente repiten lo que ya dicen los Evangelios: la Virgen es la Madre de Cristo, que fue concebido de forma virginal. Así lo menciona por ejemplo, San Ignacio de Antioquía en sus célebres cartas: “María es un persona notable, digna de toda veneración, virgen de la estirpe de David escogida por Dios para ser la Madre de su Hijo”.

San Justino, a finales del siglo II, hace un paralelismo entre Eva y María, ya sugeridos por los evangelistas Lucas y Juan, pero expresándolo de manera explícita. Lo mismo hace San Ireneo en su obra “Adversus haereses”: Ante la desobediencia de Eva, que trae el pecado, se contrapone la obediencia de Maria, que trae la gracia. María ha regenerado al género humano que había caído por culpa del pecado de Eva. En Cristo, que nace de María está toda la humanidad que renace a la vida. Si Eva en un sentido es la madre del género humano, María también lo es aunque en un sentido distinto. María es la Madre del nuevo Adán.
San Ireneo afirma que María es virgen antes del parto, en el parto y después del parto, y es el primer teólogo que la llama “Señora”.

San Clemente Alejandrino, que vivió a caballo entre los siglos II y III, en su obra “Stromata”, habla de la maternidad divina de María y hace un paralelismo entre María y la Iglesia, mezclando la imagen de las dos Vírgenes, de las dos Madres: María y la Iglesia.

En el siglo III:
Con toda probabilidad fue Orígenes el que utilizó por primera vez el término “Theotókos”, Madre de Dios, Engendradora de Dios. Incide en la virginidad perpetua de María y la pone como modelo de vida virginal y ascética para todas las mujeres al igual que pone a Cristo como modelo para todos los hombres. Es el primero que interpreta las palabras del Profeta Simeón cuando le dice a María: “Una espada de dolor te atravesará el alma”, diciendo que es sin duda la espada que la atormentó durante toda la Pasión de su Hijo. Esta idea, posteriormente, la asumen San Basilio, San Gregorio Nacianceno, San Juan Crisóstomo y otros Santos Padres.

La Sagrada Familia. Óleo de János Donát.

También San Hipólito de Roma usa el término “Theotokos” en su texto escrito en griego sobre “Las bendiciones de Jacob” y es el primero que la llama expresamente “la santísima siempre Virgen María” diciendo que el Señor fue engendrado en un vientre completamente virginal por obra del Espíritu Santo; que tanto Cristo como María estaban inmunes a la corrupción del pecado.

Tertuliano, que vivió entre los siglos II y III expone perfectamente la doctrina de la divina maternidad de María y de su concepción virginal; pero, aceptando la doctrina de los “docetas”, niega que esa virginidad se mantuviese por siempre. Tertuliano, que se pasó a la herejía montanista, fue un paso atrás en el tema mariano comparado con sus predecesores.

En el siglo IV:
En el año 325, Alejandro, obispo de Alejandría en su carta “Ad Alexandrum Constantinopolitanum” usa nuevamente el término “Theotókos” diciendo: “Nuestro Señor Jesucristo ha llevado verdaderamente y no de forma meramente aparente, un cuerpo formado en la Theotokos María”.

En Occidente es San Ambrosio el primero que usa la expresión “Madre de Dios” y es también el primero en esbozar la doctrina de la maternidad espiritual de María sobre todos los miembros del cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Dice expresamente: “Tu seno, María, es como un manojo de lirios envuelto en el trigo… en él, se engendra de hecho el grano de trigo y el lirio… pero como el grano de trigo (Cristo, la cabeza) se reunió con un manojo (los cristianos), se ha cumplido la palabra del profeta: los valles están llenos de trigo, ya que el grano que murió (Cristo en la Cruz), dio grandes frutos (la Iglesia)… El seno de María ha derramado por el mundo este manojo de lirios y trigo cuando Cristo nació por todos nosotros”. San Ambrosio también relaciona esta doctrina con las palabras de Jesús desde la Cruz dirigidas a María y a Juan.

La Crucifixión. Óleo de Domenikos Theotokopoulos "El Greco".

San Ambrosio mantiene también que María siempre fue inmune a cualquier mancha de pecado y que si María murió con su Hijo en el Calvario, también resucitó con Él. Con toda razón San Ambrosio ha sido llamado el padre de la mariología occidental.

Pero en este siglo, tanto en Oriente como en Occidente aparecieron algunos que negaron la virginidad de María en el parto; en Oriente, los llamados “antidicomarianistas” que fueron refutados por San Epifanio obispo de Salamina y en Occidente, esta doctrina la mantuvieron Elvidio y Joviniano que fueron refutados por San Jerónimo.

También en este siglo se empieza a hablar sobre cuál fue el final de la vida terrenal de María. San Epifanio le limita simplemente a decir que “su final fue un final digno de Ella”. Como en el Nuevo Testamento no se menciona si María murió o si no murió y si fue o no fue sepultada, San Epifanio dice que “las Escrituras mantienen un silencio total sobre la grandeza de este prodigio para no causar estupor en las mentes de los hombres. Tengo mis ideas, pero guardo silencio”. Después de decir que interpretando a San Lucas (Lucas, 2, 35) se podría pensar que María murió mártir y si se interpreta el Apocalipsis (Apoc. 12, 14) se puede pensar que fue llevada viva a los cielos, añade: “Es posible que esto haya sucedido en María, pero no afirmo de manera absoluta que María no haya muerto, aunque tampoco aseguro que muriese… ¿murió? Lo ignoramos”.

En el siglo V:
Es en este siglo cuando queda definitivamente establecida la maternidad divina de María y se insinúan por primera vez las verdades acerca de la Inmaculada Concepción de María y la Asunción a los cielos.

Teodoro de Mopsuestia y posteriormente Nestorio ponen en entredicho la denominación de Theotokos. Contra las tesis de Nestorio se levanta San Cirilo, patriarca de Alejandría y el Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431 condena solemnemente las tesis nestorianas y proclama como dogma de fe la maternidad divina de María, o sea, el Tercer Concilio Ecuménico asume las tesis de San Cirilo y condena abiertamente las tesis nestarianas.

También en el siglo V, San Agustín es el primero que define el gran problema de la Inmaculada Concepción, dejándolo más o menos resuelto. Era admitida la doctrina de que el pecado de Adán era heredado por todos sus descendientes, por lo que Pelagio y Julián de Eclano reclamaban que María también habría estado en posesión del demonio dada su naturaleza humana. San Agustín lo rebate diciendo que si el pecado se adquiere por la condición de nacer como ser humano, en María no se da esa circunstancia porque por la gracia de Dios, ella renace. Dice, que la gracia es concedida por Dios a los hombres no solo porque le perdona sus pecados, sino que también para que no caigan en la tentación y por eso, San Agustín contrapone a los pelagianos el hecho de nacer y el renacer o sea, el ser preservado, el ser liberado de la culpa de Adán. María no estuvo sujeta al demonio en ningún instante desde el momento de su concepción porque fue preservada por Dios. San Agustín dice que María es una excepción a la regla general y lo es gracias a que estaba previsto que engendrara al Hijo de Dios.

Detalle de la Virgen en "La Anunciación" de Leonardo DaVinci (1475). Galería de los Uffizi, Florencia (Italia).

Es también San Agustín el que por primera vez enuncia de forma precisa la maternidad espiritual de Maria sobre todos los hombres: “Ella espiritualmente, no es la Madre de la Cabeza, que es su propio Salvador, sino que es la Madre de todos los miembros de su cuerpo, que somos nosotros, ya que con su amor cooperó al nacimiento de la Iglesia, que son los miembros de aquella Cabeza, que es Cristo”.

También entonces se empieza a mencionar la verdad de la Asunción. Hacia la mitad de aquel siglo, en Constantinopla existía una fiesta mariana, que tenía por objeto venerar la divina y virginal maternidad de María y que se celebraba inmediatamente después de la Navidad, pero no se sabe el por qué, esta misma fiesta era celebrada en Jerusalén el día 15 de agosto y pronto, esta fiesta jerosolimitana fue considerada como el “dies natalis” de la Madre de Dios. Esto originó que los apócrifos consideraran que era la fecha del tránsito de María y pusieron el acento en la muerte y en los funerales de la Virgen. Unos empezaron a defender que el alma de María había sido llevada al cielo pero sin el cuerpo, el cual permanecería incorrupto hasta el día del Juicio Final, mientras que otros defendían que María resucitó y con su alma fue llevada a los cielos.

En el siglo VI:
En este siglo, en Oriente empieza a celebrarse la festividad de la Dormición de la Virgen (Dormitio Virginis). Las narraciones fantasiosas de los documentos apócrifos sobre el tránsito de Maria fueron las chispas que “encendieron las llamas de esta reflexión teológica”. Theoteknos, obispo de Livias en una homilía sobre la Asunción en el año 600 es el primero en afirmar que “era conveniente que el cuerpo teoforo, receptáculo de Dios, divinizado, incorruptible, iluminado por la luz divina, fuese llevado a la gloria junto con su alma, agradable a los ojos de Dios”.

Asimismo, a finales de ese mismo siglo, ya San Gregorio de Tours celebraba en las Galias (Francia) la Asunción corpórea de María.

En el siglo VII:
San Sofronio de Jerusalén, en su “Epistola Synódica ad Sergium” brindó a la inmaculada pureza de Maria estas preciosas y elocuentes palabras: “Ningún santo ha estado tan lleno de gracia como Tú; ninguno ha sido tan bendito como Tú; ninguno fue prepurificado como lo fuiste Tú… por eso Tú lo trasciendes todo y eres la más excelente de entre todos los hombres”. Con posterioridad todos han interpretado que con la palabra “prepurificado” San Sofronio de Jerusalén quiso decir, preservada del pecado original.

A finales de este siglo aparece en Oriente la fiesta de la Concepción y en Occidente, San Ildefonso arzobispo de Toledo, se convertía en el cantor de la realeza de María y en el Doctor de la servidumbre mariana.

Virgen entronizada con el Niño. Fresco en una iglesia ortodoxa rumana.

En el siglo VIII:
El misterio de la Concepción sin mancha de Maria encuentra grandes defensores en San Andrés de Creta, San Germán de Constantinopla, San Juan Damasceno y otros Padres de la Iglesia. San Juan Damasceno llega a llamarla “La única novedad existente bajo el sol y la maravilla de las maravillas”. San Germán de Constantinopla y San Juan Damasceno admiten asimismo y de manera explícita que María fue llevada al cielo en cuerpo y en alma, o sea, que admiten lo que siglos más tarde serán declarados como dogmas por la Iglesia Católica: la Inmaculada Concepción y la Asunción a los cielos.

San Andrés de Creta, en su homilía sobre la Dormición, conexiona estos dos dogmas con la realeza de Maria al decir que “María es la reina de todas las tribus de los fieles”, o sea, de la Iglesia. Es la Reina de todo el género humano, es la Reina de todos los coros celestiales, es la Reina que acompaña al Rey Celestial, a Dios. “Con toda justicia y propiedad, María es la Madre de Dios y la Soberana  que domina sobre todas las cosas y esto es así, porque fue la sierva y la Madre del Creador”, estas son palabras de San Juan Damasceno en su obra “De fide orthodoxa”; y en una de sus homilías en la fiesta de la Dormición, dice:”Dios te salve, Señora, que por razón de autoridad materna, has adquirido el dominio en el Rey universal”.

Se podría incidir muchísimo más en lo que los Santos Padres dicen de la Santísima Virgen, pero dada la brevedad del artículo, creo que ha quedado suficientemente demostrado que la teología mariana tiene sus comienzos en los primeros siglos de nuestra Era. En el próximo artículo trataremos de la veneración a María tanto en Oriente como en Occidente.
Para la realización de este artículo hemos utilizado diversos textos de los Santos Padres y los escritos del profesor Gabriele M. Roschini, profesor docente de Mariología en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “María Santísima, Reina de todos los santos (IV)

  1. Documentadísismo y exhaustivo artículo sobre lo que los Santos Padres hablaron de MAría. Me parece que esa contraposición entre la obediencia de María y su no correlativo en Eva es ilustrativa de su condición.Sobre su final , pocas luces nso alumbran cuando de San Epifanio no se aclara si fue o no sepultada o si incluso pudo ser mártir como deja traslucir San Lucas. Gracias , Antonio.

    • Lo de mártir se refiere a que la Pasión de su Hijo fué un verdadero martirio para ella, no que muriese martirizada.
      Por otro lado, tu sabes que a Maria se la llama la “nueva Eva”. Por Eva vino el pecado y por María vino la gracia.

  2. Querido Antonio: gracias mil veces por esta sección tan buena y tan completa sobre la Virgen María. No me considero muy ducha en estos temas más allá de lo básico que nos enseña el catecismo y la devoción popular, por eso agradezco que tú, con tu lenguaje sencillo y a la vez exacto, nos acerques estas verdades de forma amena y sintetizada.

    • Sobre la Santísima Virgen se ha escrito muchísimo, miles de libros. Yo a lo largo de los años me he hecho con una buena bibliografía, no solo sobre temas marianos sino también mariológicos.
      Tuve la suerte de asistir en el año 1992 a los dos congresos que se celebraron en Huelva y en los que se trató sobre el culto mariano en el siglo XX; aprendí muchísimo y tuve ocasión de charlar con más de un congresista. Pero especialmente son interesantes los trabajos del profesor Roschini, aunque haya que traducirlos.

  3. Excelente! al igual que Salvador, este artículo brilla por su exhaustividad en las fuentes y el gran análisis que logras. Por ejemplo, lo que más me interesa a mí, es la discusión sobre si la virgen murió o ascendió a los cielos, las ideas que llevaron a formar ese hecho me parecen fascinantes!

    • Bueno, Montse, que fue ascendida a los cielos en cuerpo y alma, o sea, viva está clarísimo por lo menos para quienes aceptamos el dogma de la Asunción; ahora sobre si murió o no murió, es un tema que yo creo que está abierto. A mi especialmente me gusto el término Dormición, o sea, como si se hubiese quedado dormida.

  4. Antonio un nuevo y excelente articulo,me encanta esta seccion,de veras.
    Hay tantas cosas por leer y descubrir…
    Yo pienso que el estado en que Maria paso de la tierra al cielo(en cuerpo y alma) fue una dormicion,no estaba muerta,pero tampoco viva,hasta llegar al cielo claro.
    En una leyenda se dice que rogo a su hijo Jesus que no se tuviera que encontrar al diablo durante su camino al cielo,a loq ue el le respondio que se lo concedia,pero que auna si,no tendria que tener miedo de el,pues ya lo habia vencido en vida…

    • Todo esto trae de cabeza a más de un teólogo. Si la llevaron en cuerpo y alma al cielo, estaba viva. Aunque no se sabe si murió y resucitó o simplemente, se durmió.
      Si nos referimos a la Dormición, hay que decir que la persona que está dormida, está viva.
      Referente a la leyenda de la que haces mención es eso mismo: una leyenda.

  5. Muy muy interesante el articulo, te lo agradezco Antonio siempre quice saber un poco más sobre lo que los Padres de la Iglesia decian sobre María sobre todo porque a veces lei en algunas webs que San Agustín nuncva hablo de María en sus escritos aludiendo que porque no estaba de acuerdo en que se le venerase y ya veo ahora que no es asi, ya me sorprendia bastante algo asi de San Agustín

Deja un comentario