Santos protomártires romanos

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"Los mártires en las catacumbas", óleo de Jules-Eugène Lenepveu (1855). Museo de Orsay, París (Francia).

Apremiados por el mandato del Maestro y llenos del Espíritu Santo, los apóstoles y discípulos se apresuraron a extender la Buena Noticia por todos los confines del mundo conocido, empezando por las provincias del imperio romano y llegando hasta la mismísima metrópolis donde ejercieron y culminaron su ministerio los apóstoles Pedro y Pablo.

La nueva doctrina, que presentaba a todos los hombres como hermanos, era una doctrina revolucionaria que pronto conseguía adeptos allí donde era predicada: de todas las profesiones, de todas las capas sociales, eran adoctrinados y bautizados y cada bautizado se convertía en un nuevo apóstol. Esto no podía pasar desapercibido y desde el primer momento, el imperio tomó conciencia de los peligros que para él suponía la nueva doctrina, por lo que un decreto senatorial del año 35 la declara “extraña e ilícita”, Tácito, la tacha de “perniciosa”, Plinio la llama “malvada y desenfrenada”, Suetonio la denomina “nueva y maléfica”, Octavio de Miuncio la calificó de “tenebrosa y enemiga de la luz”, o sea, fue considerada el enemigo más peligroso del poder de Roma, que se basaba en la antigua religión nacional, el culto a los dioses y al mismísimo emperador que también era considerado como un dios.

Por tanto, los tres primeros siglos, constituyen la era de los mártires, llegando la tranquilidad con el Edicto de Milán, promulgados por Constantino y Licinio en el año 313, en el que se concedía plena libertad a la Iglesia. Las persecuciones no siempre fueron continuas y extendidas a todo el imperio, ni siempre fue igual de cruel y cruenta. A períodos de persecuciones siguieron otros de relativa tranquilidad.

Vista de los loculi en un corredor de las catacumbas de Calixto,Roma (Italia).

Los cristianos que afrontaron las persecuciones con valor y a veces con heroísmo, no la soportaron pasivamente. Se defendían, refutaban con fuerza las acusaciones que se les imputaba y aun pedían no ser condenados injustamente, sin pruebas. Eran ciudadanos honestos, cumplidores de la ley, trabajadores, fieles al emperador y ejemplares tanto en sus vidas privadas como públicas.

Para librarse, tuvieron que recurrir a las innumerables catacumbas existentes en el imperio, especialmente en Roma, donde predicaban la doctrina de Jesús y donde celebraban los sacramentos. Los historiadores consideran que los mártires de los tres primeros siglos fueron miles, pero de las Actas o protocolos judiciales no se pueden deducir ni el número exacto ni los nombres de todos ellos.
Según Tácito, en la gran persecución de Nerón fueron miles. El Martirologio Jeronimiano de esta persecución, enumera nada menos que novecientos setenta y nueve mártires. San Cipriano dice que “el pueblo de los mártires fue incalculable”. En las catacumbas de Calixto fueron sepultados cuarenta y seis mártires conocidos por sus nombres, pero muchísimos más anónimos. Esto por poner sólo un ejemplo de esa persecución y todos sabemos que en Roma existen numerosas catacumbas.

Pertenecían a toda categoría de edad, sexo, profesión, extracción social y cultural, procedencia geográfica, etc. Pero todos, absolutamente todos, eran modelos y testigos de una fe invencible y de una fidelidad total a Cristo, fidelidad que era confirmada con el derramamiento de su sangre.
Algunas acusaciones fueron insólitas, inauditas: hacer magia, canibalismo (porque comían la carne y bebían la sangre de un tal Jesús de Nazareth), que tenían relaciones incestuosas (como hermanos se daban el abrazo y el beso de la paz en sus celebraciones clandestinas). Los paganos no tenían ni idea de lo que significaba la Eucaristía ni el precepto de “amaos los unos a los otros”.

Vista de otro corredor en las Catacumbas de Priscila, Roma (Italia).

Pero ¿qué era el martirio para los cristianos? Mártir (μάρτυρας) en griego quiere decir “testigo” y se refiere al que se sacrifica y sufre por un ideal o por una misión. Por eso, los cristianos sacrificados por sus creencias durante los primeros tres siglos de nuestra era, eran verdaderamente mártires y como tales, santos, dignos de toda veneración y respeto. Así los trató la primitiva iglesia en aquellos tiempos y así los consideramos hoy en día.
Tertuliano decía: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Pero aunque la Iglesia ha sido siempre una iglesia de mártires, sabemos que nos estamos refiriendo a los primeros mártires romanos.

El cristianismo era una religión nueva y revolucionaria y rechazaba la religión tradicional de Roma. Por eso Roma, tan abierta y tolerante con las religiones extranjeras, se mostró intransigente con la cristiana. Según los estudiosos, como he dicho antes, el fundamento jurídico de las persecuciones es el senadoconsulto del año 35, cuando el emperador Tiberio propuso al Senado de Roma el reconocimiento de la divinidad de Cristo y consecuentemente, la legitimidad de su culto. El Senado rechazó la propuesta y declaró a la religión cristiana ilícita. No era lícito ser cristiano. Con su veto, Tiberio se opuso a la aplicación del decreto del Senado.
Pero Nerón, para librarse de la acusación de haber incendiado Roma, echó la culpa a los cristianos, acusándolos de practicar una religión nueva y maléfica. Tergiversando monstruosamente la “cena eucarística” les acusó de canibalismo e infanticidio. Les acusó de incesto por la costumbre de llamarse hermanos y darse el beso de la paz y así, Nerón consiguió la hostilidad de las masas populares contra los cristianos y esa persecución de Nerón duró cuatro años.
Siguió un período de treinta años de tranquilidad. Domiciano, en los dos últimos años de su vida (95-96) desencadenó una nueva persecución. La tercera fue la de Trajano y el pretexto: “que los cristianos constituían una sociedad no permitida, no legalizada”. La cuarta gran persecución fue en tiempos de Marco Aurelio (161-180). Durante su reinado el imperio sufrió grandes carencias y enfermedades y fue atacado por los bárbaros. El acusó a los cristianos de ser los causantes de estas calamidades.
En los inicios del siglo III, aunque el emperador Septimio Severo no publicó ningún edicto de persecución, sin embargo algunos fenómenos producidos en la sociedad romana, desencadenó el furor popular contra los cristianos, a los que acusaron del delito de “lesa majestad”.

Vista de una estancia en las Catacumbas de San Sebastián, Roma (Italia).

La siguiente persecución fue la de Maximino y fue de naturaleza más política que religiosa. Decio, con un edicto del año 249 ordenó a todos los súbditos del imperio ofrecer públicamente un sacrificio propiciatorio a los dioses. Como los cristianos se negaron, fueron perseguidos, pero esta persecución que fue intensísima, al mismo tiempo fue muy breve.
En tiempos de Valeriano (253-260), la persecución estuvo limitada a varias regiones, no fue generalizada en todo el imperio. Prácticamente tuvo como objetivo cargarse la jerarquía, matando obispos, sacerdotes y diáconos, cerrando los pocos edificios de culto que estaban abiertos y confiscando los cementerios cristianos.
Diocleciano y Galerio, al inicio del siglo IV, decretaron la destrucción de todos los templos, la quema de todos los libros sagrados y dio orden de que todos los cristianos, bajo pena de muerte si se negaban, ofrecieran sacrificios a los dioses. La persecución fue violentísima y generalizada. Pero con el Edicto de Milán del 313 cesaron las persecuciones, se concedió plena libertad a la Iglesia y se le restituyeron los bienes confiscados.
En estos primeros siglos murieron muchísimos cristianos; hoy los veneramos como santos: Sebastián, Inés, Cecilia, Águeda, Ceferino, Ponciano, Fabián, Marcos y Marceliano, Tarsicio, Pancracio, Demetrio, Jorge y otros muchos miles. Las catacumbas estaban repletas de sus sepulturas, ya que aunque eran lugares de culto, también eran cementerios cristianos.

Otra vista de las catacumbas romanas de Calixto.

Las catacumbas son un testimonio histórico de un patrimonio riquísimo de pinturas, esculturas e inscripciones que nos ilustran sobre los usos, las costumbres, la vida de los antiguos cristianos, su cultura, su fe. Toda comunidad se expresa necesariamente y traduce su propia fe y costumbres en documentos escritos o visibles.
Las catacumbas romanas no nos cuentan sólo la historia de las persecuciones y del culto a los mártires; nos presentan también con claridad la fe de la iglesia apostólica y de los primeros siglos de cristianismo. Por eso ir a Roma, supone tener que visitar las catacumbas a fin de volver a nuestras raíces cristianas, a los tiempos en los que Cristo era el eje principal y central de la Iglesia. En esos tiempos la Iglesia vivía de una forma especial la vida sacramental, lo social pues todo lo compartían, tenían un tremendo sentido de la trascendencia, se comentaban las escrituras, era casi, otra Iglesia distinta a la de ahora.

En las catacumbas se inició y desarrolló el culto a los mártires. Los primeros cristianos sentían la necesidad de reunirse junto a sus tumbas para festejar el recuerdo de su martirio y para invocarlos. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Abercio de Gerápolis, obispos ilustres del Oriente cristiano visitaron las catacumbas para rendirle culto a los mártires. Luego ellos también dieron sus vidas por la misma fe.
Desde todos los países de Occidente llegaban peregrinos desde los primeros siglos para dar culto a los mártires. Desde la lejana Irlanda llegaba San Patricio en el siglo V, desde los países nórdicos se acercaban los misioneros a Roma, desde toda la cristiandad se visitaban las catacumbas para venerarlos y llevarse reliquias a sus países de origen.

Otra vista de los nichos en las catacumbas de Calixto.

Durante los siglos V, VI, VII y siguientes fueron extraídos numerosos cuerpos de mártires de las catacumbas, que estaban en el extrarradio de la ciudad y llevados a Roma, se construyeron numerosas iglesias en su memoria, depositando en ellos sus restos. Sería innumerable relatar los traslados de reliquias a la ciudad por parte de los papas: San Dámaso, San Gregorio Magno, San León Magno y muchísimos otros. Durante la Edad Media y la Contemporánea las visitaron numerosos santos: Santa Brígida de Suecia, San Felipe Neri, San Carlos Borromeo e incluso San Juan Bosco. En los siglos XVI, XVII y XVIII se excavaron las catacumbas y los papas mandaron extraer miles de “cuerpos santos”, cuerpos de mártires, que fueron distribuidos por toda Europa e incluso América.

Tenemos también que decir que el culto a los primeros mártires estuvo implícitamente unido al de los apóstoles Pedro y Pablo, sacrificados en Roma, y esta es la razón principal por la cual no se encuentra ninguna mención particular en los primitivos martirologios y calendarios.

Pero dijimos al principio que el Martirologio Jeronimiano es el primero que conmemora el martirio de novecientas setenta y nueve personas en tiempos de Nerón y lo hace el día 29 de junio, o sea, el mismo día en que se conmemora a los dos apóstoles. La primera mención a estos protomártires romanos en el Martirologio Romano se atribuye a San Pío V y lo hace el día 24 de junio. Se dice que el papa envió como reliquia a un diplomático un poco de tierra recogida delante de la Basílica Vaticana. El diplomático creyó que el papa se burlaba de él pero este le contestó que aquella tierra estaba embebida de sangre fresca de mártires.

En el año 1626, en tiempos del Papa Urbano VIII, se encontraron bajo el baldaquino de Bernini en la Basílica Vaticana algunos sepulcros que contenían huesos quemados mezclados con cenizas y carbones. En otras ocasiones, también en excavaciones bajo la Basílica, se han realizado descubrimientos similares. En la actualidad, la Iglesia latina los conmemora el día 30 de junio.

Otro corredor en las catacumbas romanas de Calixto.

Para realizar este artículo hemos utilizado el “Breviario Romano”, el “Catálogo de las reliquias conservadas en la Basílica Vaticana”, el libro de F. Grossi Gondi:”Los primeros albores de la Roma cristiana”, editado en 1921 y el libro:”Los protomártires romanos” de F. Antonelli, publicado en Roma en el año 1952.

Antonio Barrero

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San Pedro, apóstol mártir

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Óleo del Santo por Pedro Pablo Rubens (s.XVII).

San Pedro apóstol era un pescador, natural de Betsaida en Galilea, que vivía en Cafarnaúm junto al lago Tiberíades y que era hermano del también apóstol, San Andrés. Es el apóstol más nombrado en el Nuevo Testamento: hasta 182 veces aparece su nombre. Era el cabeza del grupo de los doce que acompañaban continuamente al Maestro y es conocido con el sobrenombre de “Príncipe de los apóstoles

Al igual que Andrés, Simón Pedro conoció a Juan el Bautista y fue también discípulo suyo. Jesús lo llamó estando en Galilea y fue muy claro con él: “Sígueme, que Yo te haré pescador de hombres”. Simón, al que Jesús le cambió el nombre llamándolo Kefa o Pedro, antes de conocer personalmente al Maestro había oído hablarle de Jesús a su hermano Andrés, aunque estaba dudoso, desconfiado, pero al pedirle Cristo que lo siguiera, abandona todo: familia, casa, profesión, bienes y generosamente se pone a disposición del Maestro. Todos los evangelistas, cuando mencionan los nombres de los doce, ponen a Pedro en primer lugar, dando a entender la supremacía de él sobre los demás apóstoles, perteneciendo asimismo al grupo de tres que acompañaban a Jesús en los momentos más íntimos o más trascendentales: Resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración en el Monte Tabor o en su Agonía en Getsemaní. Pero aun así, Cristo lo reprende cuando se niega a aceptar la muerte del Maestro en la cruz (Mateo, 16, 22-23).

Quizás el momento más trascendental en la vida de San Pedro mientras acompañaba al Maestro sea el narrado por San Mateo (16, 13-20): “Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?  Ellos dijeron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas. Dijo Jesús: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro contestó: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Replicando Jesús le dijo: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo”.

Pero Pedro, el vehemente, el que dice: “A dónde vamos a ir Señor, si Tú tienes palabra de vida eterna” (Juan, 6, 68), cuando llega la hora de la verdad, cuando Jesús es apresado, no solo lo abandona como hicieron los demás discípulos, sino que lo niega tres veces como el propio Jesús le había profetizado. Esa negación él la lloraría toda su vida. Cuando resucita el Maestro, no solo se aparece de forma colectiva a todos sus discípulos, sino que también lo hace de forma privada a Pedro (Lucas, 24, 34) y (I Cor., 15, 5) y en estos días previos a su Ascensión a los cielos, Jesús le da una forma más concreta a la promesa que le hizo en Cesarea de Filipo. Por tres veces le exige a Pedro que le profese su amor y le responde “Apacienta mis corderos” y “Apacienta mis ovejas” (Juan 21, 15 y siguientes) y finalmente le profetiza su martirio: “Cuando seas viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras” (Juan, 21, 18).

Aparición del apóstol a San Pedro Nolasco, óleo de Francisco de Zurbarán. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En los Hechos de los Apóstoles, en los capítulos del 1 al 12 se habla en numerosísimas ocasiones de la actividad apostólica de Pedro. Existen numerosos episodios en los que queda absolutamente de manifiesto el primado que ejercía Pedro en la primitiva Iglesia: en la elección del apóstol Matías, en la explicación al pueblo del milagro de Pentecostés, es el portavoz de todos ellos al explicar que hay que obedecer a Dios y no a los hombres, es el primero que es hecho prisionero, realiza milagros, en nombre de Dios pronuncia terribles condenas y a él se dirigirá Pablo después de ser convertido en el camino de Damasco. Todos estos episodios quedan perfectamente relatados en los Hechos de los Apóstoles.

Existen dos decisiones importantísimas en la primitiva Iglesia que son tomadas por él: la admisión de los gentiles en la Iglesia, realizada de hecho cuando bautiza al centurión Cornelio, bautizo que creó un precedente y su liderazgo en el Primer Concilio de Jerusalén. San Pablo lo menciona en sus epístolas a los Gálatas y a los Corintios y esto denota la importancia que Pablo le da a Pedro pues Pedro no había estado en ninguna de las dos ciudades. Pedro se convierte en un apóstol misionero, marchando desde Jerusalén a Antioquía y posteriormente a Roma, las dos grandes ciudades del imperio. San Jerónimo, en su obra “De viris illustribus”, dice que Pedro fue el primer obispo de Antioquía y esto lo deduce de una información menos explícita que aparece en el “Chronicon” de Eusebio de Cesarea, aunque este tema está abierto siendo distintas las posiciones mantenidas en Oriente y en Occidente.

Pero la ciudad que quedará ligada íntimamente al apóstol será Roma. Es una verdad histórica que Pedro estuvo en Roma, predicó en la capital del imperio y fue la cabeza de la Iglesia en dicha ciudad, aunque no se sabe con exactitud ni en qué fecha llegó ni en qué fecha fue martirizado en dicha ciudad. Se sabe que antes de llegar a Roma ya existía en la ciudad una numerosa comunidad de cristianos muy bien organizada y prueba de ello es que San Pablo, en el año 58, les escribe una carta antes de llegar a dicha ciudad. San Clemente Romano en su carta “Ad Corinthios” dice expresamente que en dicha ciudad fueron martirizados los apóstoles Pedro y Pablo y con ellos una gran multitud de cristianos en tiempos del emperador Nerón. Se sabe que murió crucificado boca abajo, pues así lo narra el pagano Porfirio y así lo ha manifestado siempre la tradición cristiana, pero se desconoce la fecha exacta del martirio, aunque algunos autores antiguos afirman que fue en el año 67. Autores modernos afirman que fue en el año 64. San Eusebio, Orígenes y San Jerónimo dicen que escogió esta forma de ser crucificado, por humildad.

Sepulcro del apóstol en la cripta de la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Algunos exegetas le dan el título de evangelista, pues según una tradición muy antigua se afirma que el evangelio escrito por San Marcos fue a iniciativas de San Pedro e inspirado por él. Marcos era discípulo de Pedro y éste le habrá contado todo lo que había visto y oído al Maestro. Este evangelio se entiende como una catequesis de Pedro, pues en él, Pedro es tratado con mayor dureza que en los otros cuatro y se omiten ciertos  relatos en los que de alguna forma se le enaltece sobre los demás apóstoles. Mucho más se sabe de él y de sus discursos por parte de San Lucas, escritor de los Hechos de los Apóstoles que por parte del evangelista Marcos. Entre las llamadas “epístolas católicas” se encuentran dos que llevan su nombre. Mientras que nadie tiene duda alguna acerca de la autenticidad de la primera de ellas, algunos biblistas si la tienen con respecto a la segunda.

Su sepulcro, situado en los huertos de Nerón en la vertiente oriental de la colina Vaticana, fue venerado desde un principio. Esto ha sido confirmado por las excavaciones arqueológicas realizadas entre los años 1940 al 1949 en las Grutas de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

En la “Passio Sancti Patri”, escrita por el pseudo-Lino, en el siglo IV, se dice que Pedro fue crucificado cerca del obelisco de Nerón mientras que San Jerónimo dice que fue en la Vía Triunfal; estos dos testimonios se recogen en el “Liber Pontificalis” (I, p. 52). El texto más antiguo en el que se habla del sepulcro del apóstol, es el llamado “texto de Gaio”, que se encuentra en la “Historia Ecclesiastica” de Eusebio y en el que se dice que el cuerpo del apóstol fue puesto en el sepulcro del senador Marcelo: “Yo puedo mostrar los trofeos de los apóstoles. Si te acercas al Vaticano o a la Vía Ostiense, encontrarás los trofeos de ambos fundadores de esta Iglesia”.

Sobre el sepulcro del apóstol fue construida una basílica en tiempos del emperador Constantino. Esta primitiva basílica era de cinco naves y estaban junto a una escuela y un monasterio que aseguraban permanentemente las funciones litúrgicas del Oficio Divino. Como estaba construida extra muros de la ciudad fue sometida a numerosos robos e incluso sufrió algún incendio. Fue fortificada por el Papa León IV lo que dio más seguridad a los oficios litúrgicos y a los numerosos peregrinos que la visitaban. Cuando los Papas volvieron a Roma después del exilio de Avignon, la sede papal se situó en el Vaticano y desde entonces, la basílica ha gozado de la protección y embellecimiento otorgados por todos los Papas y así,  fue reconstruida siguiente nuevos cánones arquitectónicos.

"Pedro está aquí". Inscripción griega hallada en las Grutas Vaticanas. Roma, Italia.

Tanto en Roma como en toda la cristiandad se construyeron numerosas iglesias dedicadas a su nombre; no entro en enumerarlas ni en contar la historia de las más preeminentes a fin de no alargar el artículo.

Las reliquias del apóstol fueron objeto de culto desde el siglo I. Los Papas nunca han sido partidarios de distribuir sus reliquias conservando la integridad de las mismas; solo la cabeza está separada del cuerpo y se conserva, junto con la de San Pablo, en la Basílica Lateranense. Los restos están en la cripta de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Como reliquia suya es conservada también su presunta “cátedra”.

Desde la antigüedad se conmemoró su festividad, junto con la del apóstol Pablo, los días 29 de junio y 22 de febrero, aunque a lo largo de los siglos, se ha impuesto la primera de las dos fechas, o sea, hoy día 29 de junio.

Antonio Barrero

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San Pablo apóstol

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Icono bizantino del Santo apóstol.

San Pablo es conocido como el Apóstol de los Pueblos” ó “Apóstol de los gentiles” (Romanos 11,13, Gálatas 2,8 y 1ª Timoteo 2,7) y siempre ha estado asociado al otro gran apóstol de la Iglesia, San Pedro. Salvo el período en el que ambos apóstoles vivieron y predicaron en Roma en tiempos del emperador Nerón, es posible que con anterioridad solo se reuniesen dos veces en su vida, pues no tenían las mismas ideas acerca de la predicación del Evangelio entre los gentiles. Es importante decir que debido a sus ideas y a su misión, Pablo es el escritor más importante del Nuevo Testamento.

Desde un punto de vista estadístico, Pablo escribió alrededor de un tercio de todo el cuerpo canónico del Nuevo Testamento, siendo seguido por San Lucas (aproximadamente una quinta parte) y los evangelistas Juan y Mateo (con una décima parte cada uno de ellos). Por supuesto, en relación con la Biblia, las estadísticas no son lo más apropiado, pero puede mostrarnos bastante acerca de cual importantes eran las enseñanzas de Pablo en la Iglesia. También cabe destacar el hecho de que según las investigaciones más modernas, San Pablo sería el primero en mencionar la Última Cena y las palabras consagratorias de Nuestro Señor sobre el pan y sobre el vino, transformándolos en su Santo Cuerpo y en su Santa Sangre (1ª Corintios, 11, 23-26).

Biografía de San Pablo:
La principal fuente de información histórica sobre la vida de San Pablo se encuentra en varias de sus Epístolas (cómo a los Gálatas y a los Romanos) y en el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas, que pudo haber sido compañero de misión de Pablo. Incluso el libro de los Hechos, a partir del capítulo doce es más un “Acta Pauli” que un “Acta Apostolorum”, pero las Escrituras no nos dicen nada sobre la vida de San Pablo después de su llegada a Roma, ni siquiera sobre su supuesta muerte martirial.

Como es sabido, San Pablo nació en Tarso que era la capital de Cilicia, en el sur de la actual Turquía. Era ciudadano romano y un erudito de la escuela rabínica de Gamaliel, por lo que es posible imaginar que había nacido en el seno de una familia rica, posiblemente de fabricantes de tiendas, un oficio que Pablo practicó con el fin de mantenerse a sí mismo cuando ejercía su ministerio y no quería serle gravoso a nadie. En aquel tiempo, muy pocas personas nacidas en Oriente tenían el privilegio de ser ciudadanos romanos. Esta circunstancia ayudó mucho a San Pablo cuando ejercía su misión evangélica y le ayudó a escapar de los furiosos jerosolimitanos que querían verlo muerto.

Por otro lado era “del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo entre los hebreos y en cuanto a la ley, era fariseo” (Filipenses 3, 5 y Hechos 23, 6) y un académico de la escuela de Gamaliel, lo que significa que conocía muy bien la Ley hebrea, cosa obvia cuando se leen sus Epístolas. Por otro lado, se sabe que Gamaliel aconsejó al Sanedrín a que se abstuvieran de matar a los discípulos de Cristo (Hechos 5, 34-39). Por esto, se puede interpretar que las enseñanzas de Gamaliel no eran fundamentalistas, cosa que contrasta con la temeridad de su alumno Saulo, que fue un alborotador perseguidor de cristianos después de la muerte de Esteban (Hechos, 9, 13 y Hechos 26, 10). Su nombre de pila, Saúl (en hebreo Shaul), significa “pidió, oró a favor de” y era un nombre muy corriente entre los israelitas. Cuando se convirtió, en su primer viaje misionero, comenzó a usar el nombre de Pablo.

Conversión del Santo, fresco del genio renacentista Michelangelo Buonarroti (1542-1545). Capilla Paolina del Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano (Roma, Italia).

San Pablo como apóstol:
Antes de su conversión, Pablo pudo estar viviendo en Jerusalén en los tiempos en que Jesús fue condenado y crucificado. Fuera o no fuera así, él fue uno de los que condenó a muerte a San Esteban e incluso él mismo, aunque no lo apedreó, guardó las ropas de los que mataron al primer mártir (Hechos, 7, 58 y 8,1). En el primer capítulo de la Epístola a los Gálatas él se confiesa como perseguidor de la Iglesia de Dios antes de su conversión. Así que luchó activamente contra los que decían que Jesús era el Mesías, pero aún así, el episodio de su conversión nos hace creer que su “persecución” no solo fue una pelea en contra de… sino también una búsqueda personal de la Verdad. También su furia y su carácter ambicioso, que primero ejerció en contra de la Iglesia, fue cambiado por nuestro Señor que hizo de él un buen predicador del Evangelio.

En el camino de Damasco, adonde había sido enviado para encarcelar a los cristianos, Pablo tuvo una visión y el mismo Jesús se le mostró como un rayo de luz (Hechos, 9, 3). Pablo escucha una voz que le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos, 9,4). Es interesante mencionar que el “persequeris”, que es palabra latina, en la versión griega es “διώκεις”. El verbo διώκω que significa ejecutar con rapidez con el fin de atrapar a una persona o cosa, correr detrás de alguien, sin embargo, metafóricamente, también significa buscar algo con entusiasmo. Así que las palabras de nuestro Señor se pueden interpretar también como “¿por qué corres detrás de mí?” descubriéndole que su lucha pudiera ser la búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Mesías.

Por las referencias que da en sus cartas, la conversión de San Pablo se puede datar entre los años 31 al 36 de nuestra era. Después de haber quedado temporalmente ciego y de haber sido curado por Ananías, que era un discípulo que estaba en Damasco, Pablo se quedó a vivir allí algún tiempo. Posteriormente salió hacia Arabia (Gálatas, 1, 17) que puede entenderse como el reino de los nabateos e incluso, simbólicamente, como el Monte Sinaí ó “monte de las visiones”. Allí fue a buscar a Dios, a Moisés y a Elías, los mismos que aparecen en el episodio de la Transfiguración narrado por los Evangelios y es posible que aquí se produjese la famosa ascensión de Pablo al tercer cielo que el mismo menciona en la Segunda Carta a los Corintios (12, 2-5). También se dice que regresó a Damasco y que solo tres años más tarde se encontró con el resto de los apóstoles.

Esta información es importante ya que él mismo dice que no consiguió su apostolado a través de la predicación de los Doce Discípulos del Señor, sino que lo consiguió a través del mismísimo Señor (Gálatas, 1, 12) y también porque como pasó algún tiempo, los apóstoles creyeron que no era más que un simple fariseo perseguidor, como una especie de traidor infiltrado dentro de la Iglesia, en vez de un verdadero apóstol de Cristo.

Abrazo de los apóstoles Pedro (izqda.) y Pablo (dcha.) Icono ortodoxo griego.

Los viajes misioneros:
En su carta a los Gálatas, Pablo afirma que conoció a Pedro y se quedó con él durante quince días, reuniéndose también con Santiago, el hermano del Señor (Gálatas, 1, 18-19). Poco después marchó a Antioquia, donde precisamente fueron llamados cristianos por primera vez, los seguidores de Jesús. A partir de ahí, Pablo comenzó, junto con Bernabé su primer viaje misionero entre los pueblos de Chipre, Asia Menor y Grecia, teniendo un gran éxito y fundando comunidades cristianas en Iconio, Listra y Derbe. Al regresar de Antioquia el éxito de su misión se hizo eco entre los apóstoles, pero los métodos aplicados por Pablo que no obligaba a los nuevos cristianos a aceptar las leyes y costumbres judías, como por ejemplo la circuncisión, no eran comprendidos por la comunidad cristiana palestina.

Por eso, se celebró el Sínodo Apostólico de Jerusalén alrededor del año 50. Las decisiones tomadas en dicho Concilio fueron las que ya aplicaba Pablo. Los cristianos, si provenían del paganismo, no estaban obligados a acatar las costumbres judías, aunque existían unas reglas mínimas que si; el genio de Pablo era evidente. En sus epístolas deja claro el respeto a las leyes judías en lo referente a su moral, aunque se niega a aceptar sus tradiciones y ritos, porque no las ve naturales para el Nuevo Pueblo de Dios.

En ese sentido, los antiguos y los nuevos cristianos, aunque difieran en las costumbres, idiomas y tradiciones, son iguales:”Ya no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni hombre libre, ni hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas, 3, 28).

Aun aceptando el Concilio la conversión de los no judíos, parece claro que Pablo tuvo un conflicto con Pedro. Es cierto que Pedro era una autoridad en la Iglesia, pero Pablo no tiene miedo a enfrentarse a él cuando consideraba que estaba equivocado: por ejemplo, estando en Antioquia, Pedro no quiso comer con los que no estaban circuncidados y Pablo dice:”Cuando yo vi que no andaba rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tu, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas a los paganos a que vivan como los judíos?” (Gálatas, 2, 14). Este versículo nos muestra cómo Pablo se convirtió en una autoridad en la Iglesia, al igual que Pedro, Santiago o el resto de los apóstoles.

Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia de Cristo. Icono bizantino.

Segundo viaje misionero:
San Pablo salió de Jerusalén para su segundo viaje misionero, en otoño, después del Concilio de los Apóstoles en Jerusalén. En este viaje, Pablo y Bernabé deciden separarse, marchando Bernabé con Juan Marcos, mientras que Pablo se fue con Silas. Viajan a Tarso, Derbe y Listra y aquí se reúnen con Timoteo, yendo más tarde a la costa occidental del Asia Menor. En Troya posiblemente se incorporase San Lucas porque a partir de este momento, el evangelista se refiere hablando siempre en segunda persona del plural. Estuvo además en Europa. En Filippo, Pablo y Silas fueron encarcelados, pero después de ocurrir un milagroso terremoto, las puertas de la prisión se vinieron abajo y ambos pudieron escapar; como consecuencia de esto, se convirtió el carcelero.

Continuaron su viaje, fueron a Berea y a Atenas donde Pablo predicó a los judíos y a los griegos en el Aerópago sobre el “Dios desconocido”, texto que es una obra maestra de la oratoria. En Corinto se encontró con Aquila y Priscila, que se convirtieron en fieles creyentes y ayudaron a Pablo en sus otros viajes. La pareja siguió a Pablo y sus compañeros hasta Éfeso, quedándose allí para iniciar la construcción de una comunidad más fuerte y más fiel.

En el año 52, los misioneros viajaron a Cesarea para saludar a la Iglesia allí existente y posteriormente a Antioquia, permaneciendo allí alrededor de un año antes de salir de nuevo en su tercer viaje misionero.

Tercer viaje misionero:
Pablo comenzó su tercer viaje misionero viajando por toda la región de Galacia y Frigia a fin de fortalecer, enseñar y reprender a los creyentes. Cuando llegó a Éfeso, se quedó allí algo menos de tres años, realizando una gran cantidad de milagros, curando a los enfermos, expulsando demonios, etc. Luego viajó a través de Macedonia, Grecia y cuando se preparaba para partir hacia Siria, cambió sus planes por culpa de los judíos que estaban planeando un complot contra él; volvió a Macedonia. Terminó su viaje en Cesarea con la intención de volver a Jerusalén a fin de ayudar a aquella comunidad llevándole suministros.

Viaje a Roma y martirio:
En Jerusalén la comunidad lo recibió con alegría y cuando fue al templo para la oración, fue reconocido por los judíos y golpeado hasta casi matarlo, siendo posteriormente arrestado por los romanos. Su salvación fue que era ciudadano romano; lo mantuvieron durante un año y medio prisionero en Cesarea y posteriormente trasladado a Roma, donde fue puesto en libertad cuando el gobernador se dio cuenta de su ciudadanía romana. Este viaje a Roma en el año 60, fue probablemente su último viaje misionero.

Vista de la excavación de la tumba del Santo apóstol. Basílica de San Sablo Extramuros, Roma (Italia).

Hasta aquí la información bíblica que tenemos del apóstol. Según la tradición, Pablo continuó predicando en Roma y posiblemente viajó a otros lugares como España y Bretaña, antes de morir como mártir por decapitación, probablemente también en Roma. Este evento ha sido fechado en el año 64 cuando Roma fue devastada por un incendio o quizás unos años más tarde: en el 67. Por ser un ciudadano romano, no fue torturado como los demás cristianos y no fue crucificado como San Pedro. La tradición sigue diciendo que ambos apóstoles pudieron ser martirizados en mismo día, el 29 de junio, durante la persecución ordenada por el emperador Nerón. La solemnidad litúrgica de estos dos Príncipes de los apóstoles: Pedro y Pablo, se celebra el día 29 de junio, dando a entender que ese fue el día del martirio de ambos.

La intensa actividad misionera de San Pablo es bellamente descrita por él mismo. Fue exitosa aunque no exenta de problemas como palizas y otros peligros. El dice de sí mismo:”¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como un necio. Yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con frecuencia estuve al borde de la muerte; cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes. Tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué y pasé un día y una noche en medio del mar. En mis innumerables viajes pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros por parte de mis compatriotas, peligros por parte de los extranjeros; peligros en la ciudad, peligros en lugares despoblados, peligros en el mar, peligros de parte de los falsos hermanos. Sufrí cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez. Y dejando de lado otras cosas, esta fue mi preocupación cotidiana: el cuidado de todas las Iglesias. ¿Quién es débil sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer sin que yo me sienta como sobre ascuas? Si hay que gloriarse de algo, yo me gloriaré de mi debilidad. Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, bendito sea eternamente, sabe que no miento”. (Segunda a los Corintios, 11, 23-31).

Vista del interior de la tumba. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Veneración:
A San Pablo se le atribuyen catorce Epístolas del Nuevo Testamento: a los Romanos, dos a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosences y dos a los Tesalonicenses, dos a su discípulo Timoteo, una a Filemón, otra a Tito y otra a los Hebreos. La importancia de sus epístolas es inconmensurable y si quisiéramos hablar sobre ellas, escribiríamos bibliotecas enteras y no terminaríamos.

Según una tradición, la tumba de San Pablo, estaba bajo el altar de la Basílica de San Paolo alle Tre Fontane en Roma, pero otra tradición sostiene que los apóstoles Pedro y Pablo fueron sepultados en las catacumbas de la Vía Appia hasta que los restos de San Pablo se trasladaron a lo que hoy es la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma.

San Beda, en su “Historia Eclesiástica” sostiene que el Papa Vitaliano, en el año 665, dio reliquias del apóstol (incluyendo una cruz hecha con las cadenas de su prisión) a las criptas de Lucina en King Oswy, Northumbria, al norte de Gran Bretaña. Sin embargo hay que tener en cuenta que cuando Beda utiliza la palabra “reliquias” no se está limitando a restos corporales.

En el mes de junio del año 2009, el Papa Benedicto XVI anunció los resultados de la excavación efectuada sobre la tumba de Pablo en la Basílica de San Pablo Extramuros. El sarcófago no se abrió pero fue examinado por medio de una sonda y reveló piezas de incienso, de púrpura y de lino azul así como pequeños fragmentos de huesos. Los huesos fueron datados como pertenecientes a los siglos I o II. Según el Vaticano esto confirma que la tumba de San Pablo es esa.

Reproducción de la lápida hallada en la tumba, con la inscripción PAVLO APOSTOLO MART ("Pablo, apóstol mártir"). Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

San Pablo es el santo patrono de Londres y de otras muchas ciudades y comunidades cristianas de todo el mundo. Casi siempre es celebrado junto con San Pedro y millones de cristianos llevan su nombre. San Pablo es el autor del más bello de los himnos dedicados al amor. Este himno se encuentra en el capítulo trece de la Primera Carta a los Corintios:

“Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.”

Vista del altar donde actualmente reposan las reliquias del Santo apóstol. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Troparion de los apóstoles Pedro y Pablo:
“Fuisteis los primeros apóstoles entronizados, los maestros del universo: Rogad al Señor de todos que conceda la paz al mundo y que tenga misericordia de nuestras almas”.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Iconografía de San Vicente Ferrer

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Tabla del Santo en la iglesia de San Giovannino de Alessandria, Italia.

Martirologio Romano, 5 fr Abril: San Vicente Ferrer, sacerdote de la Orden de Predicadores, que español de origen, fue un viajero incansable por las ciudades y caminos de Occidente, deseoso de la paz y la unidad de la Iglesia; a imnumerables pueblos les predicó el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor hasta que en Vannes de Bretaña (Francia), entregó su espíritu a Dios.

Iconografía:
San Vicente Ferrer, el Santo Taumaturgo Dominico, goza de un culto muy difundido. Por tanto, su iconografía es de lo más diversa; de hecho, en muchos lugares donde es venerado, lo encontramos a menudo con inusuales atributos iconográficos.
Sin embargo, tradicionalmente, se le representa con el hábido de la Orden Dominica, con la tonsura, con un brazo levantado indicando el cielo, con una llama puesta sobre su cabeza, con un par de alas a sus espaldas, con un ángel tocando la trompeta y con un pergamino donde se dice: “Timete Deum et date illi honorem quia venit hora iudicius eius…” “Temed a Dios y dadle gloria, porque ya es la hora de su juicio”, (AP. 14, 7), un libro y un lirio.

¿Por qué todo esto?
– El hábito dominico es un signo de su pertenencia a la Orden de Santo Domingo. En la biografía del Santo se dice que ya desde el seno materno, estaba predestinado a la vida religiosa, con las visiones y milagros realizados para mostrar esta profecía a su madre antes de que él naciese.
– La tonsura es un signo de la congración en el estado clerical.
– El brazo en alto tiene dos significados:
A).- Deriva del famoso milagro del albañil. Habiéndosele prohibido hacer milagros, pues eran demasiados, Vicente comenzó a “contenerse”, pero un día pasó por una calle y vió a un hombre que caía desde lo alto de un andamio; inmediatamente rogó por él y el hombre se detuvo en el aire y como Vicente sabía que no podía hacer milagros, lo dejó así suspendido y con profunda humildad le pidió al Prior que intercediera para que el hombre estuviese completamente seguro. Llegaron a la escena y el Prior incrédulo reconoció la santidad de Vicente y le permitió salvar al hombre.

Imagen del Santo venerada en Milazzo, Italia.

B).- El brazo levantado apuntando al cielo señalando que ese es el verdadero objetivo y que todas las gracias venían de arriba y que no se le debían atriuir a él.
– La llama, además de indicar que estaba iluminado por el Espíritu Santo, recuerda que tenía el llamado “don de lenguas”. San Vicente rea reamente un ferviente predicador y aunque predicaba en español era muy bien entendido por todos los que le escuchaban (al igual que pasó con los apóstoles después de Pentecostés).
– El par de alas nos recuerda la celosa predicación del Santo, que le hacía aparecer como si fuese el ángel del Apocalipsis, pero también que, por su inmensa bondad, parecía un serafín.
– El ángel con la trompeta amplifica el mensaje del lema del Santo: el anunció inminente del Apocalipsis.
– El libro es el Evangelio (a veces aparece un crucifijo), a través del cual San Vicente nos llama a la conversión y al seguimiento de Cristo. A veces, el libro aparece abierto y grabado con letras de oro algún pasaje evangélico.
– Otro atributo (más raro) del Santo es la corona de lirios o flores blancas, símbolo de la pureza.

Huellas del culto a San Vicente Ferrer en Italia:

  1. ACI S. ANTONIO (Catania) – Iglesia Madre, reliquia.
  2. ALCARA LI FUSI (Messina) – Museo de Arte Sacra, relicario del siglo XVIII.
  3. AVOLA (Siracusa) – Iglesia de Santa Venera, lienzo.
  4. CALAMONACI (Agrigento) – Iglesia Madre, estatua (altar mayor). Aquí, San Vicente es el protector y su festividad en verano es el primer domingo de Agosto.
  5. CAMMARATA (Agrigento) – Iglesia de Santo Domingo, estatua.
  6. CASTEL DEL PIANO (Grosseto) – Lienzo.
  7. Castell’Umberto (Messina) – Iglesia Matrice, estatua
  8. CASTELTERMINI (Agrigento) – Iglesia Madre dedicada al Santo.
  9. FIRENZE – S. Maria Novella, fresco de Domenico Ghirlandaio.
  10. FIUMEFREDDO SI SICILIA (Catania) – Iglesia de San Vicente Ferrer. Estatua.
  11. GESUALDO (Avellino) – Iglesia Madre, estatua.
  12. GIOIOSA MAREA (Messina) – Iglesia Madre, lienzo (nave izquierda). – estatua (nave derecha)
  13. GRADARA (Pesaro) – Iglesia del SS. Sacramento, estatua.
  14. LICATA (Agrigento) – Iglesia de Santo Domingo, estatua de madera.
  15. LUCOLI (AQ) – Parroquia de la Santa Cruz, estatua
  16. LUGANO (Svizzera) – Catedral de San Lorenzo, lienzo.
  17. MALETTO (Catania) – Iglesia Madre, estatua (la festividad veraniega se celebra el tercer domingo de Septiembre).
  18. MILAZZO (Messina) – Iglesia de Santo Domingo, estatua atribuida al Quattrocchi.
  19. MILITELLO ROSMARINO (Messina) – Iglesia de la Madonna del Rosario, estatua y fresco en el ábside.
  20. MISTRETTA (Messina) – Iglesia Maria SS. del Rosario, estatua.
  21. NAPOLI – Catedral, estatua de plata.
  22. NASO (Messina) – Iglesia Madre, estatua de mármol guardada en la capilla barroca de la nave lateral izquierda. – Iglesia de San Sergio (frazione Cagnanò), estatua
  23. NOTO (Siracusa) – Iglesia ex conventual de Santo Domingo, lienzo.
  24. PALAZZO ACREIDE (Siracusa) – Iglesia de San Pablo, lienzo.
  25. PALERMO – Iglesia de Danto Domingo (Catedral), lienzo de Diego Velasquez (nave derecha).
  26. PIRAINO (Messina) – Iglesia Madre, estatua (nave derecha)
  27. PRATO (Firenze) – Monasterio de las Dominicas, estatua.
  28. ROMA – Iglesia de Santa Maria Sopra Minerva, lienzo.
  29. SOVERATO (CZ) – Iglesia de Santa Maria di Portosalvo, estatua
  30. STROMBOLI (Messina) – San Vicente Ferrer es el titular de la parroquia.
  31. VENEZIA – Iglesia de los Santos Juan y Pablo, Poliptico del Bellini.
  32. SARRO DI ZAFFERANA (Catania) – Parroquia de la que es el patrono.

Damiano Grenci

Bibliografia y webs.

  • AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II appendice – Ed. Città Nuova
  • C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
  • Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2011
  • Sitio web de sanvincenzoferreri.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Reliquias del cráneo de San Juan Bautista

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Relicario con el presunto cráneo de San Juan Bautista. Catedral de Amiens (Francia).

Pregunta: Hace años visité la ciudad francesa de Amiens y vi el relicario del cráneo de San Juan Bautista, pero cual ha sido mi asombro cuando este año en Roma también he visto otro. Eso no puede ser porque imagino que San Juan Bautista, como todo ser humano, tendría solo una cabeza. (Argentina)

Respuesta: Mi querido amigo,  aunque ya te contestamos en su momento sobre este tema, hoy que acabamos de conmemorar la festividad de San Juan Bautista, queremos aprovechar la ocasión para publicar la respuesta que te dimos en su día y, como te dijimos, sobre esto hay mucho que contar.

Las reliquias falsas abundan más que las conchas en las playas. Tú te asombras porque has visto dos y yo te digo que puedes ver algunas más. Para mi, todas falsas o, a lo más, solo una auténtica. Combinando leyenda con historia, a la cabeza del Santo Precursor al igual que al resto de su cuerpo, se le puede seguir el rastro siguiente: Por el Evangelio de Mateo (14, 11 y stes.) sabemos que la cabeza del Bautista fue dada a la hijastra de Herodes (Salomé) y que el cuerpo fue sepultado por sus discípulos. Cuerpo y cabeza debieron tener distinta suerte, seguir distinto camino.

En el siglo IV, San Jerónimo, Rufino de Aquileia y Teodoreto dicen que el cuerpo fue llevado desde la fortaleza de Maqueronte hasta Sebaste en Samaria, donde fue sepultado: “Ubi nunc Sebaste est, in qua et sancti Ioannis Baptistae ossa sunt condita”.

Santa Paula de Roma, discípula de San Jerónimo, escribe que ella veneró en Sebaste los sepulcros de Eliseo, Abdías y Juan Bautista y Rufino de Aquileia dice que el emperador Julián el Apóstata, en el año 361 había profanado el sepulcro; Teodoreto también asegura que allí estaba el sepulcro (vacío o no). Los numerosos peregrinos que por allí pasaron en los primeros siglos, unos hablan de la tumba y otros de las cenizas del santo cuyo cuerpo había sido quemado por el Apóstata. Solo hay un autor, Niccolò da Poggibonsi, que en el año 1347 dice que el cuerpo había sido trasladado desde Samaría hasta un monasterio situado en la ribera del río Jordán.

Primitiva tumba de San Juan Bautista en Samaria (Israel).

Con respecto a la cabeza, hay dos tradiciones distintas. Una dice que en tiempos de Teodosio el Grande, en el año 385, la reliquia fue llevada desde Cilicia hasta Hebdomon, suburbio de Constantinopla y desde Constantinopla, en tiempos de los cruzados, llegaría hasta occidente. La otra tradición dice que la reliquia fue llevada por unos monjes desde Palestina a Emesa en tiempo de los emperadores Valentiniano III y Marciano, en el año 450 y que desde allí, más tarde fue llevada al monasterio Spileon, en Grecia. Comprenderás que he resumido mucho estas dos tradiciones.

Pero hete ahí que relicarios autentificados como del cráneo completo de San Juan los hay en: la Iglesia romana de San Silvestre in Capite (está allí desde el pontificado de Inocencio II en el siglo XII), catedral de Amiens en Francia (desde el año 1206), Residenz Museum de Munich (Alemania), Catedral de Viterbo en Italia (el mentón), Köln (Alemania), Monte Athos (Grecia), Raychani (Macedonia) y Estambul (Turquia) y relicarios con parte del cráneo en Damasco (Siria), Aosta (Italia), Ragusa (Italia), Quarante (Francia), Clugnat (Francia), Maurienne (Francia), Bourganeuf (Francia),  Tremaouezen (Francia), Panazol (Francia), Condado de Flandes (Bélgica), Gent (Bélgica), Nobressant (Bélgica), Soignies (Bélgica),  Wadi-El-Natroom (Egipto), Mega Spileon monastery, Kalavrita (Grecia),  Zurich (Suiza), Zadar (Croacia), Efkere (Armenia), Jerusalem (Israel), Barezhani (Ucrania)….

Y del cuerpo, no te digo nada….

Presunto cráneo de San Juan Bautista en la iglesia de San Silvestro in Capite, Roma (Italia).

En cada localidad existe su historia o leyenda de cómo llegó allí esa “presunta” reliquia del Precursor, pero comprenderás que todas estas leyendas son falsas, lo digo con respeto pero también con rotundidad, ya que si se juntasen todos los cráneos, piernas, brazos, etc. del santo, tendríamos más de una decena de cuerpos.

¿Cómo se permite la veneración de todos ellos? Yo no lo comprendo. Quizás para no romper tradiciones, pero se permite a sabiendas de que se da culto a reliquias falsas. Y que conste que sucede lo mismo con otros muchos santos de los primeros siglos.

Desde mi punto de vista esto podría solucionarse aunque supusiera “escandalizar” a más de un timorato. Se dice que los restos de San Zacarías, su padre, están en Venecia y el cráneo de Santa Isabel, su madre, en Munich. Bastaría con hacer las pruebas de ADN y todo el misterio quedaría esclarecido. ¿Por qué no se hace? No lo sé, ahí lo dejo.

Pero quiero concluir recordando que Cristo dijo: “En verdad os digo que no hay entre los nacidos de mujer ninguno más grande que Juan el Bautista” y esto es lo que realmente importa: un modelo para todos nosotros, independientemente de que sean o no verdaderas las “presuntas reliquias” que de él se tienen.

Ut queant laxis
Resonare fibris
Mira gestorum
Famuli tuorum
Solve polluti
Labii reatum
Sancte Ioannes
Para que puedan
Con toda su voz
Cantar tus maravillosas
Hazañas, estos tus siervos,
Deshaz el reato de
Nuestros manchados labios,
¡Oh, bendito San Juan!

Detalle del cráneo del Santo venerado en Roma.

Antonio Barrero

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