Pentecostés

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Pentecostés por Domenikos Theotokopoulos "El Greco". Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

La solemnidad de Pentecostés es una celebración móvil dentro del calendario litúrgico, ya que se celebra cincuenta días después de la Pascua. En el Rito Romano, así concluye el tiempo pascual y se da inicio al llamado tiempo ordinario en el cual, el color litúrgico es el verde. Sin embargo, en el Rito Ambrosiano, Pentecostés es el inicio de un tiempo llamado “después de Pentecostés”, cuyo color litúrgico es el rojo.

En esta gran festividad, la Iglesia Católica y las otras Iglesias hermanas, celebran: “La efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles en Jerusalén” y la “memoria de los principios de la Iglesia y del inicio de la misión apostólica en todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones”. Podemos decir que la solemnidad de Pentecostés señala el final del miedo y el inicio del testimonio de la comunidad apostólica: es el inicio de la Iglesia Apostólica, la Iglesia del siglo I.

Como suele suceder en muchas fiestas cristianas, la fiesta de Pentecostés tiene también sus orígenes en una fiesta judía. Entre los hebreos, la celebración del quincuagésimo día después de la Pascua judía, marcaba el comienzo de la cosecha del trigo: como manifiestan los textos del Antiguo Testamento, era una fiesta gozosa llamada “fiesta de la cosecha” y “fiesta de los primeros frutos”, una fiesta agrícola, llamada asimismo “fiesta de las Semanas” ya que ocurría siete semanas después de la Pascua.

En el reinado de Asarjaddón pude regresar a mi casa y me fue devuelta mi mujer Ana y mi hijo Tobías. En nuestra solemnidad de Pentecostés, que es la santa solemnidad de las Semanas, me habían preparado una excelente comida y me dispuse a comer”. (Tobías, 2, 1).

Pero como los judíos allí establecidos atestiguaron que los habitantes de la ciudad habían sido benévolos con ellos y les habían dado buena acogida en los tiempos de desgracia, Judas y los suyos se lo agradecieron y les exhortaron a que también en lo sucesivo se mostraran bien dispuestos con su raza. Llegaron a Jerusalén en la proximidad de la fiesta de las Semanas. Después de la fiesta llamada de Pentecostés, se lanzaron contra Gorgias, el estratega de Idumea”. (II Macabeos, 12, 30-32).

Icono neobizantino del Pentecostés.

El propósito principal de esta fiesta era dar gracias a Dios por los frutos de la tierra y más tarde, se agregó el recuerdo del don más grande de Dios al pueblo judío, como fue la promulgación de la Ley de Moisés en el Monte Sinaí. Sin embargo, la tradición cristiana celebra la venida del Espíritu Santo. El episodio es narrado en el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles:

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino un ruido del cielo semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.

Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: ¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: ¿Qué significa esto?” (Hechos, 2, 1-12).

Este pasaje de los Hechos de los Apóstoles, escrito por el evangelista Lucas en un griego preciso, continúa con la primera predicación del apóstol Pedro, que junto con la de Pablo, narrada en los capítulos siguientes, abren el horizonte universal de la cristiandad, haciendo hincapié en la unidad y la catolicidad de la fe cristiana, que es un don del Espíritu Santo.

Mural ortodoxo del Pentecostés en una iglesia rusa.

Los cristianos, originariamente llamaron Pentecostés al período de cincuenta días después de la Pascua. Al parecer, fue Tertuliano, un apologista cristiano (155-220), el primero que se refirió a la fiesta como una fiesta especial en honor del Espíritu Santo.

Las constituciones apostólicas dan testimonio de la Octava de Pentecostés en la Iglesia de Oriente, mientras que en Occidente, esto aparece en la época carolingia. La Octava litúrgica se conservó hasta el año 1969; antes, los días festivos de Pentecostés fueron reducidos en el año 1094, al principio, a los tres primeros días de la semana y en la reforma del siglo XVIII fueron reducidos a dos. A principios del siglo XX, fue eliminado también el lunes de Pentecostés, aunque todavía se consideran festivos en Francia y en los países protestantes.

En la solemnidad de Pentecostés se recita la Secuencia, el texto más bello de la alta hipnología litúrgica: El “Veni Creator”:

Veni, creator Spiritus,
mentes tuorum visita,
imple superna gratia
quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
donum Dei altissimi,
fons vivus, ignis, caritas
et spiritalis unctio.

Tu semptiformis munere,
dextrae Dei tu digitus,
tu rite promissum Patris
sermone ditans guttura.

Accende lumen sensibus,
infunde amorem cordibus,
infirma nostri corporis
virtute firmans perpeti.

Hostem repellas longius
pacemque dones protinus;
ductore sic te praevio
vitemus omne noxium.

Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium,
te utriusque Spiritum
credamus omni tempore.

Deo Patri sit gloria,
et Filio qui a mortuis surrexit
ac Paraclito in saeculorum saecula.
Amen.
Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.

Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu
palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo

Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de
los siglos.
Amén.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

6 pensamientos en “Pentecostés

  1. Deus qui hodierna die corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da nobis in eodem Spiritu recta sapere, et de eius semper consolatione gaudere. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

  2. Una festividad hermosa, de mis favoritas…soy muy devota del Espíritu Santo, siempre me encomiendo a él en el trabajo y la escuela. No sabía que ésta festividad tiene origen judío ligado a las cosechas, gracias por este excelente artículo!
    Por cierto yo me sé otra oración muy linda, la rezo desde niña:

    Ven, Espíritu Santo,
    llena los corazones de tus fieles
    y enciende en ellos el fuego de tu amor.

    Envía tu Espíritu y todo será creado.
    Y renueva la faz de la tierra.

    Oh Dios, que has iluminado
    los corazones de tus hijos
    con la luz del Espíritu Santo;
    háznos dóciles a sus inspiraciones,
    para gustar siempre el bien
    y gozar de su consuelo.
    Por Jesucristo nuestro Señor.
    Amén.

  3. Si esa oración es bastante popular yo también me la se me las enseñaron las religiosas del colegio donde estudie todos los días la rezabamos, esa o la de Mirame mi amado y buen Jesús… esta es una fiesta maravillosa, porque recuerda el inicio de la predicación de los apostoles y de la Iglesia

    • Abel,
      Con el permiso de Damiano me atrevo a darte mi opinión. El Espíritu Santo se hizo presente en forma de lenguas de fuego y fue el mismo Espíritu quién los transformó, de timoratos y cobardes, en valerosos defensores del Evangelio y recibieron todos los dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, amén de poder realizar toda suerte de prodigios y milagros. Pero recuerda que ya Cristo, durante su vida pública, cuando envió a sus apóstoles a predicar de dos en dos, les dió poderes para hacer milagros.

Deja un comentario