Santos protomártires romanos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Los mártires en las catacumbas", óleo de Jules-Eugène Lenepveu (1855). Museo de Orsay, París (Francia).

Apremiados por el mandato del Maestro y llenos del Espíritu Santo, los apóstoles y discípulos se apresuraron a extender la Buena Noticia por todos los confines del mundo conocido, empezando por las provincias del imperio romano y llegando hasta la mismísima metrópolis donde ejercieron y culminaron su ministerio los apóstoles Pedro y Pablo.

La nueva doctrina, que presentaba a todos los hombres como hermanos, era una doctrina revolucionaria que pronto conseguía adeptos allí donde era predicada: de todas las profesiones, de todas las capas sociales, eran adoctrinados y bautizados y cada bautizado se convertía en un nuevo apóstol. Esto no podía pasar desapercibido y desde el primer momento, el imperio tomó conciencia de los peligros que para él suponía la nueva doctrina, por lo que un decreto senatorial del año 35 la declara “extraña e ilícita”, Tácito, la tacha de “perniciosa”, Plinio la llama “malvada y desenfrenada”, Suetonio la denomina “nueva y maléfica”, Octavio de Miuncio la calificó de “tenebrosa y enemiga de la luz”, o sea, fue considerada el enemigo más peligroso del poder de Roma, que se basaba en la antigua religión nacional, el culto a los dioses y al mismísimo emperador que también era considerado como un dios.

Por tanto, los tres primeros siglos, constituyen la era de los mártires, llegando la tranquilidad con el Edicto de Milán, promulgados por Constantino y Licinio en el año 313, en el que se concedía plena libertad a la Iglesia. Las persecuciones no siempre fueron continuas y extendidas a todo el imperio, ni siempre fue igual de cruel y cruenta. A períodos de persecuciones siguieron otros de relativa tranquilidad.

Vista de los loculi en un corredor de las catacumbas de Calixto,Roma (Italia).

Los cristianos que afrontaron las persecuciones con valor y a veces con heroísmo, no la soportaron pasivamente. Se defendían, refutaban con fuerza las acusaciones que se les imputaba y aun pedían no ser condenados injustamente, sin pruebas. Eran ciudadanos honestos, cumplidores de la ley, trabajadores, fieles al emperador y ejemplares tanto en sus vidas privadas como públicas.

Para librarse, tuvieron que recurrir a las innumerables catacumbas existentes en el imperio, especialmente en Roma, donde predicaban la doctrina de Jesús y donde celebraban los sacramentos. Los historiadores consideran que los mártires de los tres primeros siglos fueron miles, pero de las Actas o protocolos judiciales no se pueden deducir ni el número exacto ni los nombres de todos ellos.
Según Tácito, en la gran persecución de Nerón fueron miles. El Martirologio Jeronimiano de esta persecución, enumera nada menos que novecientos setenta y nueve mártires. San Cipriano dice que “el pueblo de los mártires fue incalculable”. En las catacumbas de Calixto fueron sepultados cuarenta y seis mártires conocidos por sus nombres, pero muchísimos más anónimos. Esto por poner sólo un ejemplo de esa persecución y todos sabemos que en Roma existen numerosas catacumbas.

Pertenecían a toda categoría de edad, sexo, profesión, extracción social y cultural, procedencia geográfica, etc. Pero todos, absolutamente todos, eran modelos y testigos de una fe invencible y de una fidelidad total a Cristo, fidelidad que era confirmada con el derramamiento de su sangre.
Algunas acusaciones fueron insólitas, inauditas: hacer magia, canibalismo (porque comían la carne y bebían la sangre de un tal Jesús de Nazareth), que tenían relaciones incestuosas (como hermanos se daban el abrazo y el beso de la paz en sus celebraciones clandestinas). Los paganos no tenían ni idea de lo que significaba la Eucaristía ni el precepto de “amaos los unos a los otros”.

Vista de otro corredor en las Catacumbas de Priscila, Roma (Italia).

Pero ¿qué era el martirio para los cristianos? Mártir (μάρτυρας) en griego quiere decir “testigo” y se refiere al que se sacrifica y sufre por un ideal o por una misión. Por eso, los cristianos sacrificados por sus creencias durante los primeros tres siglos de nuestra era, eran verdaderamente mártires y como tales, santos, dignos de toda veneración y respeto. Así los trató la primitiva iglesia en aquellos tiempos y así los consideramos hoy en día.
Tertuliano decía: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Pero aunque la Iglesia ha sido siempre una iglesia de mártires, sabemos que nos estamos refiriendo a los primeros mártires romanos.

El cristianismo era una religión nueva y revolucionaria y rechazaba la religión tradicional de Roma. Por eso Roma, tan abierta y tolerante con las religiones extranjeras, se mostró intransigente con la cristiana. Según los estudiosos, como he dicho antes, el fundamento jurídico de las persecuciones es el senadoconsulto del año 35, cuando el emperador Tiberio propuso al Senado de Roma el reconocimiento de la divinidad de Cristo y consecuentemente, la legitimidad de su culto. El Senado rechazó la propuesta y declaró a la religión cristiana ilícita. No era lícito ser cristiano. Con su veto, Tiberio se opuso a la aplicación del decreto del Senado.
Pero Nerón, para librarse de la acusación de haber incendiado Roma, echó la culpa a los cristianos, acusándolos de practicar una religión nueva y maléfica. Tergiversando monstruosamente la “cena eucarística” les acusó de canibalismo e infanticidio. Les acusó de incesto por la costumbre de llamarse hermanos y darse el beso de la paz y así, Nerón consiguió la hostilidad de las masas populares contra los cristianos y esa persecución de Nerón duró cuatro años.
Siguió un período de treinta años de tranquilidad. Domiciano, en los dos últimos años de su vida (95-96) desencadenó una nueva persecución. La tercera fue la de Trajano y el pretexto: “que los cristianos constituían una sociedad no permitida, no legalizada”. La cuarta gran persecución fue en tiempos de Marco Aurelio (161-180). Durante su reinado el imperio sufrió grandes carencias y enfermedades y fue atacado por los bárbaros. El acusó a los cristianos de ser los causantes de estas calamidades.
En los inicios del siglo III, aunque el emperador Septimio Severo no publicó ningún edicto de persecución, sin embargo algunos fenómenos producidos en la sociedad romana, desencadenó el furor popular contra los cristianos, a los que acusaron del delito de “lesa majestad”.

Vista de una estancia en las Catacumbas de San Sebastián, Roma (Italia).

La siguiente persecución fue la de Maximino y fue de naturaleza más política que religiosa. Decio, con un edicto del año 249 ordenó a todos los súbditos del imperio ofrecer públicamente un sacrificio propiciatorio a los dioses. Como los cristianos se negaron, fueron perseguidos, pero esta persecución que fue intensísima, al mismo tiempo fue muy breve.
En tiempos de Valeriano (253-260), la persecución estuvo limitada a varias regiones, no fue generalizada en todo el imperio. Prácticamente tuvo como objetivo cargarse la jerarquía, matando obispos, sacerdotes y diáconos, cerrando los pocos edificios de culto que estaban abiertos y confiscando los cementerios cristianos.
Diocleciano y Galerio, al inicio del siglo IV, decretaron la destrucción de todos los templos, la quema de todos los libros sagrados y dio orden de que todos los cristianos, bajo pena de muerte si se negaban, ofrecieran sacrificios a los dioses. La persecución fue violentísima y generalizada. Pero con el Edicto de Milán del 313 cesaron las persecuciones, se concedió plena libertad a la Iglesia y se le restituyeron los bienes confiscados.
En estos primeros siglos murieron muchísimos cristianos; hoy los veneramos como santos: Sebastián, Inés, Cecilia, Águeda, Ceferino, Ponciano, Fabián, Marcos y Marceliano, Tarsicio, Pancracio, Demetrio, Jorge y otros muchos miles. Las catacumbas estaban repletas de sus sepulturas, ya que aunque eran lugares de culto, también eran cementerios cristianos.

Otra vista de las catacumbas romanas de Calixto.

Las catacumbas son un testimonio histórico de un patrimonio riquísimo de pinturas, esculturas e inscripciones que nos ilustran sobre los usos, las costumbres, la vida de los antiguos cristianos, su cultura, su fe. Toda comunidad se expresa necesariamente y traduce su propia fe y costumbres en documentos escritos o visibles.
Las catacumbas romanas no nos cuentan sólo la historia de las persecuciones y del culto a los mártires; nos presentan también con claridad la fe de la iglesia apostólica y de los primeros siglos de cristianismo. Por eso ir a Roma, supone tener que visitar las catacumbas a fin de volver a nuestras raíces cristianas, a los tiempos en los que Cristo era el eje principal y central de la Iglesia. En esos tiempos la Iglesia vivía de una forma especial la vida sacramental, lo social pues todo lo compartían, tenían un tremendo sentido de la trascendencia, se comentaban las escrituras, era casi, otra Iglesia distinta a la de ahora.

En las catacumbas se inició y desarrolló el culto a los mártires. Los primeros cristianos sentían la necesidad de reunirse junto a sus tumbas para festejar el recuerdo de su martirio y para invocarlos. San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Abercio de Gerápolis, obispos ilustres del Oriente cristiano visitaron las catacumbas para rendirle culto a los mártires. Luego ellos también dieron sus vidas por la misma fe.
Desde todos los países de Occidente llegaban peregrinos desde los primeros siglos para dar culto a los mártires. Desde la lejana Irlanda llegaba San Patricio en el siglo V, desde los países nórdicos se acercaban los misioneros a Roma, desde toda la cristiandad se visitaban las catacumbas para venerarlos y llevarse reliquias a sus países de origen.

Otra vista de los nichos en las catacumbas de Calixto.

Durante los siglos V, VI, VII y siguientes fueron extraídos numerosos cuerpos de mártires de las catacumbas, que estaban en el extrarradio de la ciudad y llevados a Roma, se construyeron numerosas iglesias en su memoria, depositando en ellos sus restos. Sería innumerable relatar los traslados de reliquias a la ciudad por parte de los papas: San Dámaso, San Gregorio Magno, San León Magno y muchísimos otros. Durante la Edad Media y la Contemporánea las visitaron numerosos santos: Santa Brígida de Suecia, San Felipe Neri, San Carlos Borromeo e incluso San Juan Bosco. En los siglos XVI, XVII y XVIII se excavaron las catacumbas y los papas mandaron extraer miles de “cuerpos santos”, cuerpos de mártires, que fueron distribuidos por toda Europa e incluso América.

Tenemos también que decir que el culto a los primeros mártires estuvo implícitamente unido al de los apóstoles Pedro y Pablo, sacrificados en Roma, y esta es la razón principal por la cual no se encuentra ninguna mención particular en los primitivos martirologios y calendarios.

Pero dijimos al principio que el Martirologio Jeronimiano es el primero que conmemora el martirio de novecientas setenta y nueve personas en tiempos de Nerón y lo hace el día 29 de junio, o sea, el mismo día en que se conmemora a los dos apóstoles. La primera mención a estos protomártires romanos en el Martirologio Romano se atribuye a San Pío V y lo hace el día 24 de junio. Se dice que el papa envió como reliquia a un diplomático un poco de tierra recogida delante de la Basílica Vaticana. El diplomático creyó que el papa se burlaba de él pero este le contestó que aquella tierra estaba embebida de sangre fresca de mártires.

En el año 1626, en tiempos del Papa Urbano VIII, se encontraron bajo el baldaquino de Bernini en la Basílica Vaticana algunos sepulcros que contenían huesos quemados mezclados con cenizas y carbones. En otras ocasiones, también en excavaciones bajo la Basílica, se han realizado descubrimientos similares. En la actualidad, la Iglesia latina los conmemora el día 30 de junio.

Otro corredor en las catacumbas romanas de Calixto.

Para realizar este artículo hemos utilizado el “Breviario Romano”, el “Catálogo de las reliquias conservadas en la Basílica Vaticana”, el libro de F. Grossi Gondi:”Los primeros albores de la Roma cristiana”, editado en 1921 y el libro:”Los protomártires romanos” de F. Antonelli, publicado en Roma en el año 1952.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “Santos protomártires romanos

  1. Excelentisimo articulo Antonio.
    Debe de ser una experiencia maravillosa el recorrer las galerias de las catacumbas en Roma,espero poder hacerlo algun dia.
    Por curiosidad,¿cual es la catacumba mas extensa de todas?

    • En Roma hay más de cincuenta catacumbas (no todas cristianas) con cientos de kilómetros de túneles excavados en el subsuelo, aunque las más conocidas sean unas cuantas: la de Calixto, Priscila, San Sebastián, Domitila, Santa Inés, etc.
      Como tú sabes, eran cementerios subterráneos situados extra-muros, que además, servían de escondite o refugio para quienes estaban perseguidos, como los cristianos. Los cristianos las utilizaron no solo como lugar donde sepultar a los mártires (y a los no mártires), sino también como lugares de culto porque al ser tan extensas, con tantísimos túneles laberínticos y tan fácil de perderse dentro, solo las usarían quienes realmente las conocieran y como los romanos no eran dados a sepultar a los muertos sino a incinerarlos, no creo yo que quienes no fuera para esconderse, entraran dentro. Allí los cristianos se encontraban seguros.
      Algunas catacumbas se visitan (las menos), pero se visitan en una pequeñísima parte; yo creo que no llega ni al 10% de su longitud la parte que recorren los turistas, siempre guiados para no perderse.
      No sabría decirte cual es la más larga, pero quizás sea la que es más famosa, o sea, las Catacumbas de Calixto, donde estaban sepultados los Papas del siglo III y otros santos muy famosos.
      Y por último; te aseguro que sientes algo muy especial cuando entras en ellas, al saber que allí estaban (y están aún) sepultados muchos cristianos que dieron su vida por su fe.

  2. Estimado Antonio , desde luego una muestra inquebrantable de fe la de lso mártires de las catacumbas. Me pregunto si estos lugares , que no he tenido la oportunidad de visitar, eran conocidos por las autoridades romanas o si , por el contrario , se mantenían en el secreto de sus moradores o quienes allí acudían a celebrar ritos y recibir sacramentos. Observo además como algunos se decoran con motivos artísticos y otros no tienen más que la crudeza de las piedras como paredes. Gracias.

    • Amigo Salvador,
      Si vas a Roma, lo primero de todo son las catacumbas. Allí está la cuna de nuestra fe. Ni el Vaticano ni ninguna otra iglesia puede ser lugar más sagrado que las catacumbas. Además, te aseguro que se siente algo muy especial, si vas como creyente y no como simple turista.
      En cuanto a lo que preguntas de si las autoridades romanas conocían la existencia de las catacumbas, te diré que seguro que si, pero ¿cómo se atreverían a entrar sin perderse y además siendo cementerios cuando los romanos eran poco dados a ellos? Allí los cristianos se sentían seguros.
      Y en cuanto al arte, seguro que Ana Maria te diría muchas más cosas que yo. Yo solo quiero resaltar que entre aquellos humildes cristianos había grandes artistas y grandes teólogos. Nada más que hay que ver lo allí pintado o escrito.

    • Edgar, yo soy bastante escéptica con esas pseudoprofecías apocalípticas y milenaristas; inventadas al tuntún para asustar al populacho ignorante.

      No las necesitamos para nada porque la persecución de los cristianos continúa… en los países árabes como Egipto o Irán; en la India, en China, en muchas otras partes del mundo, y es un hecho probado y cuya información está a la vista cada día.

      Por lo tanto, no es que vaya a ocurrir de nuevo, es que nunca ha dejado de ocurrir, por desgracia.

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