Santiago Zebedeo (o el Mayor), apóstol mártir

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Detalle de la imagen del Santo en el parteluz del Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Lo que dicen las Escrituras
En el Colegio Apostólico existían dos apóstoles con el mismo nombre: uno es Santiago Alfeo (o el Menor), del que ya hemos escrito en el mes de mayo y el otro es Santiago Zebedeo (o el Mayor), que es el patrón de España y del que estamos escribiendo hoy.
Era hijo de Zebedeo y de María Salomé y hermano del apóstol Juan, llamado “el divino o el teólogo o el evangelista”. Ambos hermanos eran naturales de Betsaida, en Galilea. Santiago fue llamado por Jesús, junto con su hermano Juan para que formasen parte de sus allegados, en la primavera o verano del año 28 (Mateo, 4, 21) y ocupa un lugar de preferencia. Está entre los íntimos de Jesús, porque en el listado de los apóstoles unas veces aparece en el segundo lugar (Mateo, Lucas y Hechos) mientras que San Marcos lo menciona el tercero (Marcos 3, 16-19).

Como he dicho, perteneció al trío de apóstoles más cercano a Jesús, junto con Pedro y con su hermano Juan, y así, está presente en la resurrección de la hija de Jairo (Marcos, 5-37), en la Transfiguración en el Monte Tabor (Mateo, 17, 1 y siguientes) y en la Agonía de Getsemaní (Mateo, 26, 37). Era de carácter impetuoso y por eso Jesús le llama “boanerghes”, que significa “hijo del trueno”, como así consta en Marcos, 3, 17 y Lucas, 9, 52-56. Como el resto de los discípulos, excepto su hermano Juan, abandona al Maestro cuando fue hecho preso en Getsemaní y estuvo en el Cenáculo cuando en Pentecostés vino el Espíritu Santo. Fue decapitado por Herodes Agripa I aproximadamente en el año 42 (Hechos, 12, 2). Y hasta aquí lo que ponen las Escrituras acerca de él; todo lo demás es tradición.

Su predicación en la Península Ibérica
Según la tradición, predicó en Hispania entre los años 34 y 42, entrando por Cataluña; en Zaragoza se le aparece la Virgen y en Valencia nombra al obispo Eugenio. Otra tradición relata la aparición de su sepulcro en Galicia. Pero veamos todo esto con más tranquilidad. Su predicación en Hispania (Península Ibérica) es mencionada por primera vez en la versión latina del “Breviarium apostolorum”, documento que es del siglo VI, pero hay que hacer constar que este detalle es un añadido que no aparece en el original griego de dicho documento. De este texto, depende otro atribuido a San Isidoro de Sevilla: “De ortu et obitu Patrum”, que es del siglo VII.

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Santiago peregrino. Escultura que corona la fachada del Obradoiro. Catedral de Santiago de Compostela, España.

San Julián, obispo de Toledo que murió en el año 690, en su obra “De comprobatione aetatis sextae”, no dice nada sobre este tema y la primera narración que desarrolla esta tradición data del siglo XIII, en la cual ya se nombra la aparición de la Virgen en Zaragoza para consolarlo. Pero sin embargo, el hecho de la predicación del apóstol en Hispania es negado en el siglo X en una carta que escribe Cesareo, abad de Montserrat al Papa Juan XII y también es negado en el siglo XIII en Toledo cuando se inició la controversia sobre si la sede primada debía estar en Compostela, en Tarragona o en Toledo. Baronio, en su primera edición del Martirologio Romano, mientras acepta esta tradición en el volumen I de los Anales, posteriormente, la niega en el volumen IX de los mismos. En la edición clementina del “Breviarium Romanum”, en la Lectio V del oficio de Maitines del día 25 de julio, se acepta esta tradición pero señalándola solo como propia en España, aunque esta limitación fue corregida por el Papa Urbano VIII en el año 1631 y así continúa hasta el día de hoy.

¿Pero hay evidencias históricas de esta controversia? Este dato no consta en el Libro de los Hechos de los Apóstoles y solo es tradición, aunque hay un dato al menos curioso: San Jerónimo dice que estaba establecido que los apóstoles serían sepultados allí donde hubieran predicado y esto sería “válido” si fuese cierto ya que su sepulcro está en Compostela. Y según otra tradición, como aquí había predicado, sus discípulos trasladaron a la Península sus restos después de su martirio. Pero también hay que señalar que esta otra tradición es independiente de la de su actividad apostólica. Con anterioridad al siglo IX hay textos para todos los gustos: unos que lo afirman, otros que lo silencian y otros que lo niegan y hay que decir que muchos de estos documentos está demostrado que son falsos.

Descubrimiento de su sepulcro
Ya en el siglo IX, después del “descubrimiento” del sepulcro en el año 813, existe una plena convicción tanto en el pueblo, como en el clero y en la nobleza hispana. Se dice que el monje Pelayo oyó unos cánticos celestiales y vio unos resplandores en un bosque cercano, cosa que comunicó al obispo Teodomiro de Iria Flavia (la actual Padrón). Ellos descubren los restos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro en una pequeña cripta en el bosque. El rey Alfonso II el Casto ordenó construir una iglesia en aquel lugar.

Sobre este hecho existen algunos documentos como el Martirologio de Floro (808-838) que lo señala el día 25 de julio, el “Libellus de festivitatibus apostolorum” de Adón (850-860), un documento o acto de concordia entre el obispo de Compostela,  Don Diego Peláez y San Fagildo, abad de Antealtares y que está fechado en el año 1077, otro documento del obispo Diego Gelmírez del año 1102 y algunos textos más.

Miniatura del martirio del Santo en un manuscrito de Jean de Vignay (s.XIV).

Miniatura del martirio del Santo en un manuscrito de Jean de Vignay (s.XIV).

En resumen, ellos dicen que los restos fueron traídos en una barca por sus discípulos en tiempos de la reina Lupa, a quién los discípulos convierte y lo depositan en el lugar denominado “Liberum Domum” y que el lugar se convirtió en meta de peregrinación para los cristianos de la península hasta que el emperador Vespasiano, en el año 257,  prohibió tales peregrinaciones, por lo que dicha veneración se pierde en el tiempo hasta que el sepulcro fue descubierto en el año 813. Pero todos estos documentos presentan diversos problemas críticos, algunos de ellos insolubles porque por ejemplo se hace interpretar como un misterio el hecho del descubrimiento: la forma del traslado, las luces y cánticos, el lugar donde se encuentra…

Culto en España
Pero ¿cuándo se inició el culto al apóstol? Desde el mismo momento del descubrimiento, el culto se inició en Galicia, pero no se hace extensivo a toda España hasta terminada la Reconquista en el año 1492, o sea, durante la dominación musulmana, en unos lugares se le tributaba culto y en otros, no. Aun así, ya el Psalterio mozárabe lo llama patrón de Hispania y aun antes de aparecer su sepulcro, en el año 587, Recaredo lo proclama patrón único de su Reino.

Como he dicho, la primera iglesia la ordena construir el rey Alfonso II en Casto y la engrandece, en el año 899, el rey Alfonso III el Grande. Esta iglesia fue destruida por Almanzor en el año 997 pero no tocó el edículo sepulcral, aunque no se sabe si por miedo o por respeto. San Pedro de Mesonzo y el Rey Bermudo reedifican el templo y el obispo de Compostela, Don Diego Peláez inicia la construcción de la actual basílica catedral que es terminada por su sucesor, Don Diego Gelmírez en el año 1140.  El célebre “Pórtico de la Gloria” del Maestro Mateo se termina en el año 1188.

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Busto del Santo, objeto del tradicional "abrazo". Catedral de Santiago de Compostela, España.

El Camino de Santiago y el Año Santo Compostelano
Las peregrinaciones en el Camino de Santiago se inician bien pronto desde toda Europa; existen datos desde el año 906. En el 950 viene Gotescalco rey de Puy, en el 959, Cesáreo de Monserrat, en el 961, Hugo de Vermadois obispo de Reims, etc. y desde inicios del siglo XI, las peregrinaciones populares vienen de toda Europa empezando por Cataluña, Francia y Alemania. Numerosos santos hicieron el Camino de peregrinación a Compostela, entre ellos Francisco de Asís, Isabel de Portugal, Juan de Ortega, Domingo de la Calzada, Guillermo de Vercelli, Teobaldo de Mondovi, Juan de Dios y otros.

El Papa Alejandro III, el día 25 de julio del año 1179 con la Bula “Regis Aeternis” decretó que todos aquellos años en los cuales el día 25 de julio cae en domingo, sean declarados Año Santo Compostelano y hace esta declaración a perpetuidad, aunque existían precedentes menos rotundos de Calixto II, Eugenio III y Atanasio IV. En el año 1175 el Papa aprueba la Orden Militar de Santiago.

En la España Medieval y en algunos sitios aun hoy, existe el mito de “Santiago Matamoros” pues se dice que en el año 842, en la batalla de Clavijo, el “apóstol apareció montado en un caballo blanco” dando la victoria a los cristianos.

Culto en la Iglesia
Aunque no se conoce la fecha exacta de su martirio, su festividad litúrgica se celebra el día 25 de julio, ya que según el Martirologio de Floro esta es la fecha del traslado de las reliquias a Compostela, pero todos los libros litúrgicos de los siglos del IX al XII, incluidos los calendarios mozárabes, lo conmemoran el día 30 de diciembre. Los griegos lo celebran el 30 de abril, los coptos lo hacen el día 12 de abril y los armenios, el 28 de diciembre. La Sagrada Congregación de Ritos decretó el día 27 de julio del año 1750, que la fiesta de la aparición en la batalla de Clavijo se conmemorase el día 23 de mayo. Desde el punto de vista iconográfico lo han pintado y esculpido prácticamente todos los artistas y bien lo representan vestido de peregrino o montado a caballo.

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Presunta tumba del apóstol. Catedral de Santiago de Compostela, España.

Reliquias
En cuanto a sus presuntas reliquias, veneradas en la catedral de Santiago de Compostela hay que decir que existen dudas más que fundadas de que sean auténticas. Casi nadie pone en dudas de que pudieron ser traídas a Galicia en tiempos de la reina Lupa y que fueron descubiertas en el siglo IX, pero hay que tener en cuenta algunos episodios ocurridos con posterioridad.

En el año 1589, las tropas inglesas comandadas por Drake amenazaron el norte de España y el arzobispo Juan de Sanclemente escondió las reliquias; el lugar quedó en el olvido y tres siglos más tarde, en el año 1879, el cardenal Payá y Rico y el canónigo-arqueólogo López Ferreiro dijeron que las habían localizado en un lugar marcado con un signo muy curioso (similar a una garrapata) delante de la capilla del Salvador e inmediatamente, sin más ni más, o sea, sin hacerse ningún estudio riguroso de los restos, el Papa León XIII, en el año 1884 (o sea, cinco años más tarde), con la Bula “Deus omnipotens” reconocía su autenticidad. Hoy en día, a todos los hagiógrafos serios les parece muy inoportuna la premura usada por León XIII. Estas dudas podrían de alguna forma aclararse si se le hiciesen las pruebas del ADN a estos restos y a los “presuntos” restos de su madre, Santa María Salomé, que se encuentran en Veroli (Frosinone), Italia.

Creo que en este artículo se insinúan algunos aspectos que, al menos para los españoles, pueden ser motivos de debates. Para realizar este artículo, además del Nuevo Testamento y del Martirologio Romano he tenido en cuenta los trabajos del Padre Justo Fernández Alonso, director de la sección histórica del Centro de Estudios de la Iglesia española de Montserrat, en Roma.

Antonio Barrero

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