San Eulogio, obispo mártir de Toledo

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Detalle de los Santos Pelayo (izqda.), Eulogio (centro) y Leocricia (dcha.) Fresco de Cesare Arbasia. Mezquita Catedral de Córdoba (España).

San Eulogio de Córdoba es sin lugar a dudas el santo más importante de la Hispania mozárabe del siglo IX, ya que fue el sostén de multitud de cristianos: sacerdotes, monjes, monjas y fieles laicos, que vivieron en tiempos del Califato de Córdoba, época en la que aunque convivían entre si los practicantes de las tres religiones monoteístas, se sucedieron diversos episodios de provocación y de proselitismo que hizo que a veces, algunos cristianos vacilasen en su fe y otras, provocasen a los musulmanes buscando simplemente el martirio.

San Eulogio instruye, sostiene, orienta, encauza inquietudes, alienta numerosas veces y dirige a la comunidad cristiana cordobesa e incluso escribe una importante obra en la que describe el martirio de numerosos cristianos cordobeses: los llamados Santos Mártires de Córdoba, de los cuales ya escribimos en otra ocasión. De veinticuatro de estos mártires se conservan sus huesos en una bellísima urna de plata venerada en la parroquia cordobesa de San Pedro.

Desde el punto de vista etimológico, Eulogio significa “el que habla bien”. Aunque no se sabe la fecha exacta, nació alrededor del año 800 en el seno de una familia cristiana. Fue educado en el más puro catolicismo hispano en medio del esplendor musulmán de Córdoba. Primero fue educado por su familia y posteriormente, fue puesto bajo la tutela del abad Speraindeo, en la escuela anexa a la basílica de San Zoilo (san Zoilo había sido un mártir cordobés durante la dominación romana).

Aunque las tres culturas y las tres religiones convivían en la Córdoba califal, el poder estaba en manos musulmanas y los cristianos, para poder cumplir sus obligaciones como tales tenían que abonar una especie de impuesto, amén de que estaba terminantemente prohibido difundir la fe fuera de los templos. Era por tanto, relativamente normal, que numerosos cristianos abandonasen u ocultasen su fe simplemente por miedo o para no pagar; pero también es verdad que se daban numerosos casos de apostasía.

Vista exterior de la mezquita catedral de Córdoba (España).

San Eulogio conseguirá renovar el fervor de los cristianos tanto en Córdoba, su ciudad, como en las poblaciones limítrofes. Se dice que su abuelo, llamado también Eulogio, le enseñó desde pequeño a rezar una sencilla oración cada vez que pasaba aproximadamente una hora:”Deus in adiutorium meum intende; Domine, ad adiuvandum me festina” (Dios mío ven en mi auxilio; Señor, apresúrate a socorrerme).

El abad Speraindeo le enseñó filosofía y demás ciencias de la época, siendo compañero y amigo de Pablo Álvaro (de quién ya hemos hablado el 19 de febrero), quién más tarde, escribió su vida. Dice de él:”Era muy piadoso y muy mortificado. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de las Sagradas Escrituras. Era siempre amable y alegre y tan humilde, que casi nunca discutía, mostrándose siempre muy respetuoso con las opiniones de los demás. Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos. Su descanso preferido era visitar iglesias, monasterios y hospitales. Los monjes lo tenían en tan gran estima que lo llamaban para solicitar sus consejos cuando tenían que imponer alguna norma en sus monasterio”.

Se ordenó de sacerdote aunque no se conoce la fecha y se dedicó a la difusión del Evangelio predicando, escribiendo y practicándolo en su propia vida. Sigue diciendo Álvaro, su biógrafo, que “su mayor afán era tratar de agradar cada día más y más a Dios y dominar las pasiones de su cuerpo”. Confidencialmente le decía a Álvaro: “Tengo miedo de mis malas obras; mis pecados me atormentan, veo su monstruosidad. Medito frecuentemente en el juicio que me espera y me siento merecedor de fuertes castigos. Apenas me atrevo a mirar al cielo, abrumado por el peso de mi conciencia”.

Se dedicó a predicar ardientemente a los cristianos para que tuvieran un espíritu más combativo cuando eran perseguidos por los musulmanes. Consiguió reunir en torno suyo a un gran número de sacerdotes, monjes y seglares. Predicó pública y abiertamente contra el Corán y contra Mahoma, siendo seguido por multitud de cristianos, por lo que se desencadenó una persecución contra estos en el año 850. El primer mártir fue el sacerdote Perfecto (18 de abril del 851). El espíritu de oposición racial y religiosa entre musulmanes y cristianos se había mantenido siempre vivo y fue alimentado por la secta de los malaquitas que se habían introducido en Córdoba a finales del emirato de Abderramán I.

Martirio del Santo. Óleo barroco español.

En estas circunstancias se multiplicaron los motivos de rebelión contra los invasores y es en este contexto en el que está inmerso Eulogio que predicando a Cristo, instiga a los cristianos a que vayan voluntariamente al martirio. El mismo lo padecerá más tarde en el año 859.

Aunque no se conoce la causa inmediata que dio origen a este movimiento de persecución por un lado y búsqueda voluntaria del martirio por el otro, se puede entrever un exceso de celo de algunos frente a la apostasía de otros, todo influenciado por la cultura y el modo de vida musulmán. Los obispos, con la excepción del de Córdoba y la mayor parte de la comunidad cristiana eran contrarios a este espíritu. Inclusive se convocó un concilio en Córdoba en el año 852 presidido por el metropolita de Sevilla para prohibir que los cristianos provocasen y se ofrecieran voluntariamente al martirio, pero Eulogio con el apoyo de su obispo, siguió predicando públicamente e instigando a los cristianos para que denunciasen públicamente a Mahoma y confesasen a Cristo.

Los cristianos sacrificados voluntariamente fueron siempre y son venerados como mártires por la Iglesia Universal, tanto en Oriente como en Occidente: Perfecto, Juan, Isaac, Sancho, Pedro, Walabonso, Sabiniano, Wistremondo, Abencio, Jeremías, Sisenando, Pablo, Teodomiro, Nunilo, Alodia, Flora, Maria, Gumersindo, Servideo, Aurelio, Sabigoto, Félix, Liliosa, Jorge, Cristóbal, Leovigildo, Emila, Jeremias, Rogelio, Fándila, Anastasio, Benigna, Benilde, etc… los últimos, Argentea y Vulfura que sufrieron martirio el 13 de mayo del 931.

Como ya he dicho, la conducta de Eulogio y de sus discípulos fue desaprobada por la mayor parte de los obispos, pero su obispo, Saulo, lo apoyaba. El califa mandó a Eulogio a la cárcel y él aprovechó ese tiempo para meditar, rezar y estudiar. Cuando salió de la cárcel comprobó que se habían destruido algunos templos y la escuela donde él enseñaba. Tuvo que pasar diez años huyendo y escondiéndose. Viajó por la península y conoció a los benedictinos. En el año 858 murió el arzobispo de Toledo y los sacerdotes y fieles lo eligieron como nuevo metropolita de la sede toledana, pero no pudo tomar posesión de su sede porque el emir se opuso.

Había en Córdoba una joven musulmana llamada Leocricia que quería vivir como cristiana, pero la ley se lo prohibía. Ella huyó y Eulogio le ayudó. Fueron descubiertos, encarcelados y decapitados; primero Eulogio el día 11 de marzo del 859 y posteriormente fue martirizada Leocricia. Fue sepultado en la iglesia de San Zoilo y recibió culto desde el mismo día de su muerte. Veinticuatro años después del martirio, el rey Alfonso el Grande de León, en el 883, llevó las reliquias de Eulogio y Leocricia a la catedral de Oviedo, donde aun se veneran.

Urna de plata que contiene los restos de los Santos Eulogio y Leocricia. Catedral de Oviedo (España).

Escribió diversas obras: “Memoriale sanctorum”, “Documentum martyriale”, “Apologeticum martyrum” y algunas cartas. Las obras completas de San Eulogio fueron editadas porl a Real Academia de Córdoba en el año 1959 con motivo del undécimo centenario de su martirio. Como su obra la escribió en latín, esta versión castellana fue realizada por el benedictino Agustín Ruiz.

 Antonio Barrero

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