El monacato egipcio primitivo (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Monasterio de San Macario, en Egipto.

Pese a su fama y a su enorme importancia en el incipiente movimiento monástico, San Antonio no fue el primer cristiano en retirarse del mundo en busca del rostro de Dios.

Las fuentes escritas nos ilustran con un significativo número de ejemplos de personas que vivieron la fuga mundi de muy variadas maneras: en algún local de una iglesia, en los antiguos cementerios, en la periferia de las aldeas o encerrados de por vida como “reclusos”. Unos pocos intentarían vivir en los oasis del desierto y este es, en efecto, el caso de Antonio. Muchos de éstos primeros solitarios provenían en su mayoría de las clases más bajas de la sociedad copta; los poquísimos que venían de estratos más altos eran, por lo general, extranjeros.

Dado su origen, la mayoría de los primitivos monjes coptos no poseían educación, más aún, existía entre ellos un marcado anti-intelectualismo hasta tal punto que era mal visto tener un libro. Para ellos, la Escritura no era punto de partida para la reflexión intelectual (léase teología) sino norma práctica de vida y arma contra el demonio: aprendían de memoria libros enteros de la Biblia para saber cómo actuar frente a las situaciones cotidianas de su vida monástica. Los llamados “filósofos del desierto”, tales como Evagrio Póntico y Casiano, no eran más que una minoría extranjera que no influyó para nada en la gran mayoría pobre y rústica del monacato egipcio.

A lo anterior hay que sumar que los primitivos monjes eran, como todos, hombres débiles, y todavía más, provenientes de una sociedad en decadencia como la de aquella época. Las fuentes nos hablan sin rubor del pasado de muchos monjes: asesinos, lujuriosos y ladrones. Muchos recaían en sus viejos vicios, y recibían ejemplares penitencias. Algunos otros eran sorprendidos en situaciones vergonzosas con muchachos, y sobre esto algunos Padres del desierto insistían en que son más peligrosos los jóvenes que merodean las colonias eremíticas que las mismas prostitutas. Considerando todo esto, podemos ver que el gran papel que cumplió el monacato primitivo fue el de tratar de reformar aquellas costumbres corruptas que por entonces reinaban en el imperio.

Celebración de la Divina Liturgia Copta en la Sceta de San Macario.

También debemos subrayar el carácter laico del monacato naciente. Huían como a la peste a la sola idea de recibir las órdenes sagradas, sobre todo por amor a su vida solitaria, que no querían abandonar para meterse en asuntos “de sociedad” como los que debían tratar los clérigos. Los pocos que eran ordenados recibían la grave misión de ejercer el ministerio pastoral entre sus hermanos los monjes: lejos estaba la idea de honrarlos o “condecorarlos”.

También cabe aclarar que los ermitaños absolutamente aislados eran poquísimos, además que no practicaban este régimen de por vida, sino con intermitencias. Lo más común es que los solitarios se congregaran en torno a un maestro espiritual reconocido, viviendo cerca unos de otros. Estas colonias eremíticas eran numerosas en Egipto: lo prueban los hallazgos arqueológicos a lo largo del rio Nilo; pero de la gran mayoría de dichas colonias no sabemos casi nada. Sólo tenemos abundantes noticias de tres de éstas, que eran las más visitadas debido a su relativa cercanía con Alejandría: Nitria, Escete y Las Celdas. La fundación de Nitria se atribuye a San Ammón; cuando el número de solitarios de ésta creció, algunos marcharon más adentro del desierto, originando Las Celdas. Las dos primeras colonias de Escete deben su fundación a San Macario el Grande.

Las colonias eremíticas funcionaban como una especie de comunidad cooperativa. En el centro se levantaba una iglesia, servida por un monje presbítero. A medida que las colonias crecían, se establecieron monjes “ecónomos” y se construyeron algunos edificios sencillos comunes que servían como panaderías, cocinas, almacenes, etc. Algunas llegaron a tener biblioteca común. Las colonias más visitadas también contaban con hospederías donde los visitantes podían pasar todo el tiempo que quisieran con tal que no pasaran más de una semana sin ayudar en el trabajo. En las colonias más pequeñas, la iglesia les servía de hospital. Para los anacoretas lo más práctico era asociarse a una de estas colonias: les resolvía muchos problemas, además de que sus obligaciones para con la colonia eran pocos, mientras que su libertad era casi ilimitada.

Para ser monje, no bastaba la buena voluntad de vivir en el desierto: debía buscar a un monje experimentado que lo iniciara en la vida monástica; si no lo hallaba, no sería considerado un verdadero “siervo de Dios”. Estos sabios maestros, monjes cabales, jamás faltaron en el desierto. El aspirante debía pedirle al “padre” que le permitiera vivir con él. Entonces, el anciano lo ponía a prueba: lo dejaba varios días en la puerta, pasando hambre; de veces le hablaba lo duro que es servirle a Dios; otras veces, le contaba su régimen de vida personal, que no era nada amigable por lo general. Si el aspirante resiste, entonces le deja entrar. Aprender la vida monástica podía ser cosa dura, y los ancianos se esmeraban en este asunto: les imponían trabajos y humillaciones, les mandaban cosas inútiles, los obligaban a  practicar duras vigilias de oración. Pero el principal medio por el que enseñaban la búsqueda de Dios era por medio de sus palabras carismáticas y sagradas: el logion. Como los anacoretas no tenían regla ni superior, los “dichos” de los Padres se constituyeron, con las Escrituras y  la inspiración interior, en la principal norma de vida. El logion era considerado un oráculo de Dios, por lo que exigía ser obedecido ciegamente; el interesado debe “pedir” el logion, y si es hallado digno ante los ojos de Dios, el padre le dará la sentencia, que se considera inapelable. Es esta la principal motivación para aquellas extensas colecciones de “dichos” de los Padres del desierto que nos han llegado en las obras conocidas como los Apotegmas.

Monje copto en meditación.

El aspirante así era formado por el ejemplo y la palabra de su padre, hasta que un buen día éste le anuncia que ya es un monje, así sin más. Es hasta el siglo V que aparece un sencillo ritual de profesión. Tras esto, el nuevo anacoreta debía ocupar su propia celda, que podría ser una cabaña, un pequeño “apartamento” o incluso una cueva natural o excavada; no faltaron quienes ocuparon viejas sepulturas del antiguo Egipto. Al interior de su celda el monje podía disponer de su tiempo como bien le pareciera, pero muy pronto se forjó una tradición sobre el plan de vida ideal que el ermitaño debía seguir.

A la media noche los monjes se reunían por grupos para recitar la salmodia[1], tras la cual permanecían hasta el amanecer meditando[2] aquellos pasajes de la Escritura que sabían de memoria.  Ya de día empezaban el trabajo manual; era preferido el tejido de esteras y la confección de cestas, pues es un trabajo mecánico que facilita la oración, en cambio, se desaconsejaba el trabajo agrícola pues no favorece la concentración, con todo, muchos monjes vivían de ayudar a los campesinos en la siega o cultivaban su propia huerta. Al medio día tenían un momento de descanso. A las tres de la tarde tomaban su única comida consistente en una libra de pan, sal y algo de aceite; los monjes más esforzados solían diferir esta comida hasta más tarde; en Pascua, en cambio, comían al medio día. Al caer la tarde, nuevamente se reunían por grupos para rezar otra salmodia, y después cada cual partía a su celda a dormir sobre una estera o un lecho de hojas de palmera. Aquí podemos notar los dos tiempos de oración que estarán en casi toda la tradición del monacato cristiano universal: el ocaso y la media noche serán tenidos desde aquellos siglos hasta el presente como horas sagradas de encuentro con Dios.

Pero los monjes no circunscribían la oración a un momento específico del día, sino que se esforzaban en orar siempre; sobre todo procuraban unir la oración al trabajo. Para esto, aparte de preferir los trabajos mecánicos y repetitivos a los pesados, recitaban ciertas oraciones cortas formadas por fragmentos bíblicos. A veces, se proponían recitar cierto número de oraciones por día: 50, 100, 300, y los más observantes hasta 700.

El alimento, a veces, incluía dátiles y lechugas. Las frutas dulces sólo eran dadas a los enfermos, lo mismo que la carne. Las lentejas eran un detalle de cortesía para los visitantes. La bebida por excelencia es el agua, pues los labios de los siervos de Dios no deben tocar el vino.

El vestuario del monje se limitaba a lo preciso, y a veces era menos. Debía ser hecho de telas simples y sencillas,  eso sí,  se evitaba que el traje sea tan vil que llame la atención, y así caer en orgullo secreto. Normalmente tenían una segunda túnica algo mejor para ir a la iglesia.

Icono ortodoxo griego de San Macario el Grande.

Los anacoretas se reunían los sábados y los domingos para celebrar la Eucaristía, según la vieja costumbre del pueblo copto. En esos días, después de la Oblación[3], los monjes celebraban el ágape, que consistía en una comida donde compartían la mesa todos los monjes. En ellos se comía un poco mejor de lo acostumbrado, además de que se podía beber vino. A lo que parece, los presbíteros y diáconos de la colonia eran los encargados de servir aquel convite. En aquel banquete, los monjes de más sabiduría entablaban diálogos sobre temas monásticos, en lo que se conoce como las colaciones espirituales, algunas de las cuales las fuentes nos han conservado. Tras el ágape, los solitarios entregaban a los ecónomos el producido del día y recibían el material para trabajar en la siguiente semana.

Los monjes, además, podían visitar a sus camaradas en sus celdas para aprender de su experiencia. A veces, los ermitaños emprendían penosos viajes para visitar a famosos y sapientísimos monjes. Y los monjes debían recibir a los visitantes como se recibe a Cristo mismo: desde los orígenes, la hospitalidad fue un valor muy apreciado por el monacato cristiano. Claro está que algunos eran muy visitados, o recibían verdaderas romerías, por lo que éstos tuvieron que defender con fiereza sus espacios de soledad.

Terminemos este artículo con una palabra sobre las ermitañas. Las fuentes nos atestiguan la gran acogida de este género de vida entre las mujeres, que mayormente optaban por la modalidad de reclusión, tal vez por ser un poco más seguro. Pero nos ha llegado poca información sobre sus personalidades, cosa lamentable. A pesar de este defecto de las fuentes, es necesario decir que los monjes varones consideraban a las mujeres con igual capacidad de transmitir el logion, reconociendo en ellas una verdadera maternidad espiritual: prueba de ello, es que en los Apotegmas se conservan algunos dichos de unas pocas Madres del desierto, en su correspondiente lugar entre los dichos de los Padres. Entra las madres que figuran en los apotegmas sobresale Santa Sinclética, que además posee una biografía escrita por un autor anónimo entre los siglos IV y V.

Dairon


[1] Por salmodia entendemos un conjunto de salmos recitados en un contexto de oración, sin importar cuáles salmos y en qué orden.
[2] En el sentido del verbo latino meditare, que equivale a recitar, repetir, recordar. Es esta meditación el núcleo primitivo de la lectio divina o lectura orante de la Palabra de Dios.
[3] Uno de los nombres antiguos tradicionales de la Eucaristía.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

13 pensamientos en “El monacato egipcio primitivo (II)

  1. Quiero insistir en esto: el monacato eremítico copto NO ES el orígen del monacato cristiano. Y en el siguiente artículo veremos, también, que el cenobitismo TAMPOCO PROCEDE del eremitismo, sino que ambos nacieron “al mismo tiempo”.

    También quiero resaltar lo concerniente a sus prácticas ascéticas: en general, son mucho más amables que las de otros monacatos autóctonos primitivos, como veremos en su momento. Debemos tener en cuenta también que sus prácticas no son tan duras si consideramos que la mayoría de monjes egipcios primitivos provenían de las clases más bajas de la sociedad, donde con suerte acaso se podía tomar dos comidas. Por supuesto, también está el deseo de comer lo estrictamente necesario, pero si investigan, por ejemplo, vidas de grandes padres del desierto, verán que algunos sobresalían por su extrema parquedad: de San Macario el grande se cuenta que, en Cuaresma, solo comía una hoja de lechuga los domingos (como escribe Mel: !!!!!!!!!). Esto tiene una clara intención: oponerse a la gula y a la opulencia que se veía entre los potentados y comerciantes de la sociedad alejandrina. Lo mismo podemos decir del vestuario: las prendas no diferían mucho de la del resto de campesinos, salvo que estaba hecha de telas mucho más simples. Los hubo que se vestían con hojas de palmera (lo vimos en la vida de San Pablo, el ermitaño, publicado aquí) he incluso, llegó a verse unos poquísimos que se vestían con solo sus barbas y cabellos (Y otra vez: !!!!!!!); todo esto, con su veneno: contrarias los linos y las sedas de la sociedad alejandrina, además de hacer pública profesión de confianza absoluta en el Padre.

    Para que vean lo del la túnica de San Pablo: http://www.preguntasantoral.es/2011/01/san-pablo-el-ermitano/

  2. Gracias Dairon,
    Dices en el artículo que “a media noche los monjes se reunían por grupos para recitar la salmodia”; “Al caer la tarde, nuevamente se reunían por grupos para recitar otra salmodia”. ¿Podríamos considerar estas primitivas costumbres como los primeros pasos hacia lo que en el futuro sería el Oficio de las horas canónicas y más concretamente, los Maitines y las Vísperas?
    Y abundando en lo que escribes sobre los inicios del monacato femenino, te diré que hay un artículo escrito sobre Santa Sinclética que será publicado en su festividad en el mes de enero.

    • Bueno, Antonio, realmente para el siglo IV ya estaban establecidas las horas de la mañana y de la tarde en el llamado “oficio catedral”: eran las horas solemnes y oficiales de oración en las ciudades y aldeas. Sobre la oración de la media noche, también se tiene un precedente, y son las vigilias de los domingos y de las fiestas de los santos, que en muchas Iglesias se celebraban. Lo que hicieron los monjes fue tomar aprovecharse de estas costumbres eclesiásticas y darles un nuevo sentido: el de la oración continua. El “oficio catedral” era muy festivo, lleno de aclamaciones, además de que se usaban siempre los mismo dos o quizás tres salmos, de forma que el pueblo lo sabía de memoria. Pero para los monjes esto no era adecuado: eliminaron las aclamaciones festivas, y llenaron la oración con la recitación de grandes porciones del salterio. Además, a la oración de la media noche le dieron un sentido ascético: y es que, realmente, levantarse a mitad de la noche a orar no es nada fácil. Claro, son el núcleo de los “maitines” y las “vísperas”, pero de las monásticas… claro está que el oficio monástico se terminó imponiendo sobre el oficio catedral en muchas partes, y también en la liturgia romana: eso lo sabemos quienes conocemos el oficio que el clero secular rezaba antes de la reforma del 69

  3. Gracias, Dairon, por este artículo y sobretodo por recordar, aunque sumariamente, el papel de la mujer ejercido en este ámbito. La mujer es la gran marginada de la Iglesia y de la cultura cristiana aunque sin su concurrencia no se hubiese podido levantar y extender, tal como ocurre en otras religiones.

    Por cierto, iba a preguntar sobre Santa Sincléctica y ya veo que hay prometido un artículo sobre ella, gracias de antemano. También existe otra Santa Sincléctica que es mártir con sus hijas, pero de ellas ya escribiré yo en el momento oportuno.

    • Y Ana, yo lamento lo recortado de la información, pero realmente la información de mujeres monjas concretas es harto escasa. Esperaremos el artículo sobre santa Sincléctica, a ver qué rasgos podremos destacar

  4. Muchas gracias Dairon, vas ahondando en un tema que es totalmente desconocido para mi (al igual que muchos otros), no tenia idea de que habian tambien mujeres que se dedicaban a este tipo de vida, como se ha dicho ya, es una lástima que no haya más información sobre ellas, seguro que nos encontrariamos con cosas muy interesantes.

    Dios te bendiga 🙂

    • Ombe, Lucho!!! Y eran más visitadas las Madres del desierto que los Padres, pero bueno, sociedad machista al fín y al cabo… Y claro, las mujeres recibieron con gran entusiasmo esta nueva forma de vida, que “pegó” sobre todo entre las vírgenes consagradas; pero también, un poco después, se hizo popular entre las llamadas “penitentes”: pecadoras públicas paganas que, luego de convertirse al cristianismo, iban al desierto a llevar vida ascética. De este último “tipo” de monjas es que tenemos notables ejemplos de ascetismo: a veces, mucho más crudo que las penitencias de los hombres, con ayunos casi totales, ásperas ropas, disciplinas, y todo lo demás que quieras imaginar. Varias de ellas son recordadas precisamente como ejemplo para avergonzar a los varones…

  5. Gracias Dairon po esta segunda parte del Monacato Egipcio Primitivo.
    Me ha sorprendido y extrañado lo que algunos Padres del desiero advertian sobre el peligro de los jovenes que merodeaban la colonias eremiticas,peor peligro que el de las prostitutas¡¡¡
    Me imagino que con esto trataban de advertir,pero exagerarian los hechos.
    Tambien me ha llamado la atencion el que comentaras que la mayoria de mujeres que optaban por este tipo de vida se recluian como medio para protegerse,esto si que lo entiendo,viviendo en soledad o apartadas….
    Grande era el peligro que podia representar un “extraño” que se acercara por alli.

    • Gracias, Abel! Pues fíjate que las advertencias de los Padres del desierto no eran tan exageradas: las fuentes abundan en diversos ejemplos al respecto. Y es que a las colonias iban muchos jóvenes, algunos con intención de hacerse monjes, pero otros, simplemente por pasar el rato. Suena raro, pero es cierto: muchos de estos novivioc iban con “otras intenciones”, y si eran descubiertos, pues eran expulsados de la institución, pero como quiera que los mojes de entonces no contaban con medios “coercitivos” para hacer valer la expulsión, entonces estos jóvenes se quedaban merodeando las colonias buscando hacer caer a los monjes… Algunos, quizás, les alcahueteaba a muchos la visita a prostitutas o, incluso, a vírgenes consagradas “en crisis vocacional” (recuerdo una historia que trae los Apotegmas de un monje que fue sorprendido adulterando con una virgen de Alejandría), pero otros, pues ofrecían estos servicios “en la comodidad de la celda”… Pues, cualquier parecido con la realidad actual, es pura coincidencia…

      En cuanto a las mujeres, pues esa era precisamente la razón: evitar los peligros del desierto, aparte de lo duro que podría ser para su condición natural, estaban los muchos bandidos que buscaban en el desierto su refugio. Normalmente sus reclusiones no se ubicaban demasiado lejos de los centros urbanos, a diferencia de los varones: y eran mucho más visitadas que los hombres debido a los mismo.

  6. Dairon, ni que decirte super interesante tu articulo te felicido realmente me llenas de tu sabiduria sobre este tema y te agradezco el que la compartas con nosotros a mi tambien me sorprendio eso de que muchos monjes fueron encontrados con jovnees en situaciones inapropiadas no pense que en esos ambitos se dieran esos casos pero ya veo que si.

    • Gracias por tu opinión, André!! Pues mira, lo que ocurre es que nosotros, postmodernos, tenemos una imagen muy “estilizada” del monacato primitivo… Recuerda: es un movimiento que apenas está naciendo, que apenas está tomando forma, donde la mayoría de sus miembros son de rudas costumbres, como lo he dicho varias veces. Por supuesto, si se hacían monjes era porque tenían la intención de llevar un estilo de vida distinto del que llevaban, pero eso no significa que fuera fácil, y los apotegmas de los Padres son muy ilustrativos al respecto: la “conversio morum” es una verdadera lucha, que dura toda la vida. Al pensar en los monjes de aquella época, no debemos imaginarlos con pulcros hábitos, viviendo en un impresionante edificio, no, todo lo contrario, son simples laicos que se van a intentar vivir cristianamente a los desiertos, sin casi instituciones que los ampararan y sin piso jurídico alguno. Son mujeres y hombres que, de un momento a otro, les “vino en gana” abandonar todo… y en ese intento de abandono, arrastraron tras de sí todos sus “vicios”, y esos serían los demonios (los “logismoi” como los llama Evagrio Póntico) contra los cuales lucharían por el resto de sus vidas… Ese es, precisamente, el gran valor reformador y profético del naciente monacato, en un mundo corrupto y decadente…

  7. Algo que llamo mi atención fue en la foto de la Divina Liturgia es la cantidad de imagenes religiosas que tienen, nunca pense que entre las cuevas pudieran tener varias imagenes aunque sean en tamaño pequeño como se puede observar pero igual me parecio curioso y bonito

  8. Gosta ria de receber informações sobre a forma de vida no mosteiro de santa Catarina no Sinai e sobre livros a respeito da ‘escada do paraíso de São João Clímaco’

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*