María Santísima, Reina de todos los santos (V)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

María, Madre de Dios. Icono ortodoxo griego.

Aunque el mes pasado no escribimos sobre Ella, retomamos de nuevo este mes la serie de artículos que me propuse escribir sobre Nuestra Señora y lo vamos a hacer, hoy que celebramos su Santo Nombre, hablando de María según el Dogma de la Iglesia. Recordaremos los dogmas marianos del primer milenio, que son admitidos por el conjunto de la Iglesia Universal.

La divina maternidad de María:
El Concilio Ecuménico de Efeso, en el año 431 proclamó solemnemente que María Santísima es la Madre de Dios, pues Cristo, según las Escrituras es propiamente Hijo de Dios e hijo del hombre. Si en el plan divino de la salvación de los hombres entró que la Segunda Persona de la SantísimaTrinidad, el Verbo de Dios, se encarnó en María, María es la Madre de Cristo y como en Cristo sólo existe una Persona, que es la Divina, María es la Madre de Dios, indisolublemente ligada a su Persona y a su obra salvadora. Este dogma de la Maternidad Divina de María es una verdad fundamental en la teología mariana del conjunto de la Iglesia Universal: en Oriente y en Occidente. María es al mismo tiempo “la Sierva y la Madre de Dios; la Virgen y la Madre”. Dice el Concilio textualmente: “Así pues, porque la Santa Virgen parió a Dios unido a la carne según hipóstasis, por esto la llamamos a ella Madre de Dios”.

La fe en la divina maternidad de Maria nos presupone la fe en la Unión hipostática (lo humano y lo divino están unidos en la Persona de Cristo. Cristo es Verdadero Dios y Verdadero Hombre). Cristo, como Dios es adorado (Mateo, 2, 2-11; 14, 33), como a Dios se le reza (Hechos 7, 59), como Dios, no tuvo ningún pecado (1ª de San Pedro, 2, 22 y Hebreos, 4, 15), como Dios, todo lo conoce (Juan, 21, 17, como Dios, nos da la vida eterna (Juan, 10, 28) y en Él habita plenamente la divinidad (Colosences, 2, 9). Y Cristo, como hombre adoró al Padre (Juan, 17), como hombre oró al Padre (Juan, 17, 1), como hombre fue tentado para que pecara (Mateo, 4, 1), como hombre creció en sabiduría (Lucas, 2, 52), como hombre, pudo morir y murió (Romanos, 5, 8.) y como hombre tiene un cuerpo como nosotros (Lucas, 24, 39). Este Concilio de Éfeso nos define cómo se unió la naturaleza humana y la naturaleza divina en la Única Persona del Verbo, en Cristo.

Cristo, en su naturaleza divina, es Hijo Unigénito del Padre, pero en su naturaleza humana, es Hijo de María. Al igual que en el seno de una mujer se engendra un ser humano que tiene cuerpo y alma y aunque la mujer sólo le da el cuerpo es la madre de esa nueva persona en su totalidad, algo así ocurrió en María que es la Madre de la Persona Cristo, que es divina.

El Credo Niceno-constantinopolitano lo dice claramente: “Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó en María Virgen y se hizo hombre”. Palabras similares se pronuncian todos los días en la Santa Misa: “Veneramos a la gloriosa y siempre virgen María, Madre de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo”. Como Madre del Verbo encarnado, María tiene una relación única y trascendente con la Santísima Trinidad, por lo que en dignidad, es superior a toda criatura, tanto celestial como terrena. Está indisolublemente unida a la obra salvadora de su Hijo, es la nueva Eva que nos ha traído la salvación, al nuevo Adán.

Virgen de la Divina Providencia. Iglesia de los Santos Blas y Carlos "ai Catinari", Roma (Italia).

Abundando en esta idea, el Concilio Vaticano II nos dice que “María es la hija de Adán y como consecuencia de la palabra de Dios, llegó a ser la Madre de Jesús, abrazando con toda su alma y sin señal alguna de pecado, la voluntad salvadora de Dios; se consagró ella misma como Sierva del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención bajo Él y con Él, gracias a Dios omnipotente”. La Virgen estaba predestinada desde toda la eternidad a ser la Madre de Dios porque así lo había determinado Dios mismo.

Sigue diciendo el Concilio: “Al concebir a su Hijo, al alimentarlo dentro y fuera de su vientre, al presentarlo al Padre en el templo, al sufrir con Él en la cruz, cooperó de manera muy especial en la obra de la salvación y lo hizo con absoluta obediencia, fe, esperanza y caridad ardiente”. De esta forma se nos pone delante de nuestros ojos los dos aspectos de la maternidad divina de María: el aspecto físico (concibe a Cristo, le da vida en su vientre, lo alimenta…) y el aspecto espiritual (lo hace con obediencia, con fe, esperanza y ardiente caridad). Hay un equilibrio perfecto y una total integración entre estos dos aspectos: el material y el formal.

Según el Concilio, el dogma de la maternidad divina de María presenta una referencia ala Iglesia: María, como Madre de Cristo, es también la Madre de la Iglesia, que es su cuerpo místico. Al estar María íntimamente unida a su Hijo, que es el Redentor, lo está también de forma especial al conjunto de la Iglesia.

La virginidad de María
La virginidad perpetua de María es admitida por la Iglesia Universal. Todos los símbolos de la fe, siempre que nombran a María, la nombran como Virgen; es la Virgen por antonomasia. Según nuestra fe, María fue Virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Lo fue antes del parto porque concibió a su Hijo sin participación de ningún varón; lo fue en el parto porque permaneció intacta su integridad y lo fue después del parto pues no tuvo contacto carnal alguno con su esposo, con San José.

San Ambrosio nos dice: “el parto virginal hace nacer en el mundo al Hijo de Dios. Por eso es un parto virginal”. La virginidad de María nunca fue discutida en la Iglesia; sólo la pusieron en duda los judíos ebionitas, que estaban fuera de la Iglesia y a los que ni siquiera se les dio la condición de herejes. El magisterio de la Iglesia siempre enseñó que María concibió virginalmente y que su virginidad es perpetua. Nadie discutió nunca esta verdad, ni siquiera Nestorio. Nestorio creía en la concepción virginal y en la asunción corporal de María a los cielos.

"La Virgen de los Lirios", óleo de William Adolphe Bouguereau (1899). Colección privada. El lirio simboliza la virginidad de María.

Los Santos Padres siempre consideraron que la virginidad perpetua de María estaba en relación de reciprocidad con la divinidad de Cristo y la maternidad de María. La excepcional concepción de Cristo como hombre-Dios y la consiguiente relación de María con las Tres Divinas Personas, excluyó de hecho cualquier relación humana.
En la práctica, este dogma se empobrecería si lo reducimos a un simple hecho humano, fisiológico y si no se ve que la verdadera razón de ser de la virginidad de María es la total y absoluta dedicación a Cristo.

En la tradición patrística, la virginidad de María aparece más como un privilegio de Cristo que como un privilegio de su Madre. El nacimiento virginal de Cristo se considera como la manifestación temporal de una Generación que es eterna: El Verbo es engendrado por el Padre. La virginidad de María es fecundidad para la Iglesia. Según los Santos Padres, María realiza corporalmente lo que la Iglesia realiza espiritualmente gracias a la fe.

Todo esto lo remacha el Concilio de Calcedonia en el año 451: “Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor Unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo Unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás”.

Resumiendo el meollo de lo que aquí hemos tratado: La siempre Virgen María es la Madre de Dios.

Salve, Regina, mater misericordiae;
vita, dulcedo et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules, filii Hevae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende.
O clemens, o pía, o dulcis Virgo María.
Χαίρε Μαρία κεχαριτωμένη,
ο Κύριος είναι μαζί σας.
Ευλογημένος είσαι μεταξύ των γυναικών και ευλογημένος ο καρπός της κοιλίας σου, ο Ιησούς.
Αγία Μαρία, Μητέρα του Θεού, προσευχηθείτε για μας τους αμαρτωλούς τώρα και κατά την ώρα του θανάτου μας. Αμήν.

Antonio Barrero 

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

18 pensamientos en “María Santísima, Reina de todos los santos (V)

  1. Considero seriamente, Antonio, que esta serie que dedicas a la Virgen es lo mejor que has escrito para el blog. A mí al menos me resulta muy significativo y me enriquece enormemente, ya que me ayuda a comprender mejor cuál es el papel de Ella en nuestra fe y por qué es tan importante para nosotros.

    Creo haberte dicho ya que mi formación catequética fue deficiente porque se limitaban a obligarme a aprender de memoria las oraciones y la misa; y no respondían satisfactoriamente a ninguna de las preguntas que yo hacía. “Cállate, eso no se pregunta”, o “Cállate, cuando seas mayor lo comprenderás” es una de las frases que más se me respondía, junto al típico “Pues porque sí”. Y ahora veo que lo que necesitaba es que me explicaran las cosas como haces tú en este artículo, ya que hasta ahora no había entendido por qué la Virgen es lo que es para nosotros.

    Y es que tenemos el vicio cochino de quedarnos sólo con la Virgen en cuanto a “la patrona de mi pueblo”, “la imagen en la iglesia”, “el anda de la procesión”, es decir, con lo local y folclórico, que es importante, pero menos, y nos olvidamos de quién es realmente Ella. Con estos artículos he aprendido lo que debieron enseñarme hace tanto tiempo. Gracias, Antonio.

    • Ana Maria,
      Sin la participación de Maria NO HUBIERA HABIDO NUNCA SALVACION. Así de simple y así de tremendo.

      Es verdad que Dios, desde toda la eternidad, tenía predestinada a Maria como su Madre, pero si ella no hubiera querido, DIOS HABRIA FRACASADO. El SI de Maria al ángel Gabriel es un hito en la historia de la humanidad, lo mismo que lo fue el nacimiento de Cristo. Maria era una persona libre, como nosotros, tenía el libre albedrío porque Dios, aunque hubiera querido, no se lo podría haber quitado y si Maria hubiera dicho NO, pues se hubiera ido al traste todo el plan divino.

      Por eso, por la importancia de esa frase: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” y porque siempre actuó en consecuencia, Dios la hizo la más grande de todas sus criaturas. Todos los santos de todos los tiempos juntos y todos los coros celestiales juntos, no le llegan a Maria ni a las suelas de sus zapatos.
      Y desde los primeros siglos, la Iglesia se dio cuenta de esta realidad y por eso, desde los primeros Concilios Ecuménicos se deja claro quién es Maria y qué significa Maria, que queda resumido en la expresión: “La siempre Virgen Maria es la Madre de Dios”.

      Hay toda una parte importantísima de la teología cristiana, la Mariología, que trata única y exclusivamente de Ella y de lo imprescindible de su papel en la historia de la salvación. Estos dos dogmas de los que hemos hablado hoy y que son aceptados por la Iglesia Universal, son los más importantes; los otros (perdonad la expresión) son secundarios: Es Inmaculada porque es la Madre de Dios y fue llevada a los cielos en cuerpo y alma porque es la Madre de Dios. Todos los piropos que le echan las letanías tienen su origen en que es la Madre de Dios; no solo la Madre de Cristo Hombre, sino también, la Madre de Cristo Dios.

      Por eso he querido terminar el artículo con las dos oraciones más bellas que a Ella le dedicamos y en las lenguas más “genuinamente cristianas”: la Salve (en latín) y el Avemaria (en griego).

  2. Antonio te felicito por retomar la serie de articulos dedicados a la Virgen Maria.
    Voy a “meterme” un poco contigo,siempre estas recalcando que todos los santos,potestades y demas no le llegan a la suela de los zapatos,pues bien,estas en lo cierto,eso ya lo sabes.
    Aunque creo en ciertos dogmas,en estos por supuesto,quisiera preguntarte como se puede llegar a la conclusion de ciertas cosas sin tener conocimiento de causa,¿se puede decir “tal cosa sera asi porque es Dios” sin saber siquiera si Dios quisiera que fuera de tal modo?
    No se si me estas entendiendo,jajajaja

  3. Mas o menos lo que le entiendo a Abel es que quiere saber como se sabe que Dios realmente quiere que esos dogmas sean asi si realmente nadie habla con el? creo que eso es lo que pregunta y si es así Abel recuerda que los padres de los Concilios siempre han creido que esos dogmas son inspirados por el Espiritu Santo y que al ser aceptados por todos se comprueba la acción del mismo, es lo que te puedo decir y si preguntas y como saben que de verdad fue el Espiritu Santo pues simplemente por fe, por algo dicen que la fe es ciega. Un excelente articulo Antonio como siemre son muy infortmavitos estos articulos sobre la Virgen

    • André,
      Dando por acertada esa interpretación tuya, quiero decir algo:
      No hay tantos dogmas de fe como se nos hace creer. Los que hay, están contenidos en en Nuevo Testamento y definidos por los Concilios Ecuménicos. ¿Y en base a qué tienen potestad los Concilios para definir dogmas? en base a lo dicho en los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 15: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”. (Hechos, 15,

  4. Contestanto a tu pregunta Abel, es que a mi igual me inspiro el Espiritu Santo para entenderte jajajajaja es la unica razón que le encuentro jejejeje

  5. Antonio , coincido con el sentir general de que “bordas” las intervenciones relacionadas con nuestra Santa Madre. Aparte de esto , quiero decir que, aunque sean pocos los dogmas que impone nuestra Iglesia, nunca me fie ni un pelo de las verdades que se pretendían imponer “al tragalá” y mucho menos las que partían de concilios donde presuntamente estaban inspitrados por el Espíritu Santo. Llámame escéptico pero pienso así …

  6. Salvador,
    Nuestra fe sabes que está contenida en el Credo del que hay dos versiones: la corta o Credo de los Apóstoles y la larga o Credo Nicenoconstantinopolitano, que es el que rezamos en la Misa. El mismo nombre del Credo te dice de qué Concilios saió. Son aceptados por la Iglesia Universal excepto en la “expresión” Filioque, que fue un añadido que hicieron los Papas con posterioridad al Concilio. Esto lo he explicado detalladamente en uno de mis comentarios a uno de los artículos anteriores.
    Después, los católicos tenemos tres dogmas más: la infalibilidad del Papa, la Inmaculada Concepción y la Asunción de la Virgen. Sobre el primero de ellos hay mucho escrito sobre su oportunidad o inoportunidad.

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