San Jerónimo, doctor de la Iglesia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo del Santo por Michelangelo Merisi "Il Caravaggio" (1605). Galería Borghese, Roma (Italia).

He cometido la torpeza de escribir sobre San Jerónimo un solo artículo, por lo que inevitablemente, este quedará bastante incompleto auque me ha costado mucho tiempo el poder sintetizar las cuatro ideas que expongo ya que es inmensa la documentación que hay sobre este Santo Padre de la Iglesia. Si Dios nos da salud, el próximo año lo completaremos, dedicándole dos o tres artículos más en estos días cercanos a su festividad: sobre sus escritos, sus célebres polémicas, la traducción de la “Vulgata”, etc.

San Jerónimo es el más célebre biblista de la Iglesia latina. Desde el punto de vista etimológico, su nombre significa “el que tiene un nombre sagrado”, de “hieros” (sagrado) y “nomos” (nombre). Nació en Stridone (Dalmacia) entre los años 340-345. Era hijo de padres cristianos de buena posición social. Como era costumbre en la época, recibió el bautismo años más tarde, probablemente en el año 366; su nombre: Sofronio Eusebio Jerónimo de Stridone.

Estudió en Milán y fue a Roma a fin de completar sus estudios de retórica, griego, latín y hebreo. Donato el gramático lo introdujo en el conocimiento de los clásicos latinos, lo convirtió en un gran latinista; pasaba horas y horas leyendo a los escritores clásicos latinos y a los griegos, sintiéndose especialmente atraído por la filosofía de Platón y de Cicerón; aunque pensaba que la Biblia era como una serie de leyendas escritas, también las estudió a fondo. De su estancia en Roma tenemos datos verificados: visitaba las catacumbas y las iglesias dedicadas a los mártires, pero también frecuentaba ambientes frívolos y pecaminosos: una de cal y otra de arena.

Sepulcro del Santo en su gruta de Belén (Palestina).

Cuando dejó Roma, se fue a las Galias parándose en Tréveris en el año 365. Posteriormente estuvo algunos años en Aquileya teniendo allí contacto con la vida ascética llevada en los monasterios. Tenía un carácter fuerte, casi irascible aunque sin comprometerse entonces en polémicas (lo dice en el Epistolario), pero al mismo tiempo era muy amable con sus amigos. En sus relaciones con algunos familiares se mostraba muy duro pero en las relaciones con Rufino, Bonoso y Cromacio, monjes ascetas, prevalecía su parte amable.
Abandonó las tierras de Aquileya probablemente en el año 374 y marchó a Oriente, parando en Antioquía donde con toda probabilidad, durante la Cuaresma y encontrándose con muchísima fiebre tuvo el famosamente llamado sueño ciceroniano, sueño que le cuenta él en una de sus cartas a Eustoquio: “Fui llevado ante el juez (Cristo) que me interrogó declarándome yo cristiano, pero el juez me dijo que yo mentía, que era ciceroniano. Entonces hice el propósito de que si llegaba a mis manos algún libro mundano, no lo leería a fin de no renegar de ti”. En este momento despertó del sueño y envuelto en lágrimas y terriblemente cansado, decidió desde entonces leer los libros sagrados con el mismo interés con que había leído antes los libros paganos.

Habiendo sido golpeado por varias desgracias que ocurrieron a sus amigos, en el año 375, Jerónimo se retiró al desierto con el fin de satisfacer su deseo de llevar una vida de asceta. Llevó una vida dura, muy dura, cayendo varias veces enfermo. En su carta a Eustoquio, él cuenta los ayunos y penitencias que allí practicaba: “En el desierto salvaje y árido, quemado por el despiadado y abrasador sol, mis alucinaciones hacían que me pareciera que estaba en medio de las fiestas mundanas de Roma. En aquel destierro al que yo me condené voluntariamente por el temor que le tenía al infierno, acompañado de escorpiones y animales salvajes, pensaba que estaba entre las bailarinas de Roma; eran alucinaciones. Estaba pálido de tanto ayuno, pero los malos deseos me atormentaban durante todo el día y toda la noche. Comía miserablemente y cualquier cosa cocinada me habría parecido un manjar exquisito. Tenía el cuerpo frío por aguantar tanto el hambre y la sed, mi carne estaba seca y la piel la tenía pegada a los huesos. Pasaba las noches orando y haciendo penitencia, muchas veces desde el anochecer hasta el amanecer, pero aun así, las pasiones seguían atacándome incesantemente. Como me sentía impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillaba llorando ante Jesús crucificado, bañaba sus sagrados pies con mis lágrimas y le suplicaba que tuviese compasión de mí y así, ayudado por la misericordia del Señor pude vencer estos espantosos ataques. Si a mí, que estaba totalmente dedicado a la oración y a la penitencia me sucedía esto, ¿qué no le sucederá a los que viven dedicados a darle a la carne todos los placeres que esta le pide?”.

Sarcófago del Santo en la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Debido a algunas disputas teológicas internas con los otros eremitas, dejó la comunidad monástica y marchó a Antioquía donde fue alumno de Apolinar de Laodicea. En Antioquia escribió diecisiete cartas e inició una actividad literaria que no abandonaría jamás. Compuso una interpretación alegórica del profeta Abdías, escribió la vida de San Pablo eremita, el “Altercatio Luciferiani et Orthodoxi” y otros.

Con casi cuarenta años fue ordenado sacerdote y a la muerte del Papa Liberio estuvo a punto de ser designado su sucesor, pero como pudo, se escapó y marchó a Constantinopla manteniendo contacto con San Gregorio Nacianceno; allí en Constantinopla estuvo tres años actuando como traductor, conoció y tradujo los escritos de Orígenes, las “Crónicas” de Eusebio y siguió profundizando en el estudio de las Sagradas Escrituras.

Regresó a Roma en el año 382 acompañado de los obispos Epifanio de Salamina y Paulino de Antioquia, asistiendo y actuando como secretario del Papa San Dámaso I en el concilio romano de aquel año, especialmente en las discusiones con los apolinaristas. Allí, durante tres años fundó y dirigió un círculo ascético en el Aventino y es allí donde conoció a las Santas Marcela, Paula y su hija Eustoquio, de las que hablaremos más adelante. Polemizó con Elvidio, que era colaborador del Papa Dámaso pero que estaba en contra del monacato y que negaba la virginidad perpetua de María.

San Jerónimo entrega la Biblia a San Dámaso. Miniatura de la Biblia de Hainaut, Francia (s.XV).

Como Jerónimo hablaba varias lenguas se le encargó la traducción de la Biblia al latín. Las traducciones existentes en su tiempo tenían imperfecciones del lenguaje y algunas traducciones no muy exactas. El cogió los testos originales griegos y hebreos y los tradujo al latín en la que hoy conocemos como la “Traducción Vulgata”. En Roma se comportó como un buen pastor cuidando de sus fieles, pero la dureza con la que corregía los defectos de las clases dominantes, le ocasionaron envidias y rencores por lo que habiendo conocido a Santa Paula que le fue de mucha ayuda en la traducción de la Biblia, ya que ella conocía perfectamente el griego y el hebreo, y siguiendo con su intención de vivir una vida ascética, en el año 385, marchó con un grupo de matronas romanas que habían vendido sus bienes (Marcela, Paula, Julia y Eustoquio) a Chipre, Antioquia y posteriormente a Palestina, estableciéndose en Belén, donde construyeron con el dinero de ellas, cuatro conventos; tres para mujeres y uno para hombres, del cual él mismo se hizo cargo.

Durante treinta y cinco años vivió retirado en una gruta junto a la Cueva de la Natividad. Su vida pierde parte de su interés porque se convierte en la vida de un asceta retirado en un monasterio, pero sin embargo, participó activamente en la vida intelectual de su tiempo, manteniendo siempre el contacto con Roma y otras ciudades. Siguió ejerciendo una intensa actividad literaria, siendo reconocido como uno de los teólogos más insignes de todos los tiempos. Escribió numerosas cartas, comentarios a la Biblia que son tenidos como fuente de conocimiento tanto histórico como arqueológico, sobre el “Cantar de los cantares”, tradujo los escritos de San Pacomio, tradujo el importante tratado “De Spiritu Sancto” de Dídimo el Ciego, etc. Sobre los escritos de San Jerónimo prometemos escribir también otro artículo más adelante.

Estuvo involucrado en las controversias entre Rufino y San Agustín sobre la doctrina de la gracia; escribió contra las tesis de Joviniano y de Vigilancio y contra los seguidores del pelagianismo. Se mostró como un polemista satírico, a veces excediéndose en sus ataques, defendiendo sus posiciones sin tomar realmente en serio los argumentos de sus oponentes; finalmente, se arrepentía por lo que consideraba falta de caridad hacia los herejes.

Mandíbula del Santo venerada en Florencia, Italia.

Entre los años 393-397 sostuvo una vigorosa polémica, en la que no siempre tuvo la razón, con el propio patriarca de Jerusalén, contra el cual escribió un libro muy violento. Esta polémica tuvo momentos muy dramáticos como cuando el obispo prohibió que los monjes entrasen en la iglesia de la Natividad. La polémica duró hasta casi la muerte del santo y solo el tremendo miedo a caer en la herejía puede explicar esta desconcertante controversia que llevó a adoptar actitudes hoy censurables. En parte, contribuyeron a esto la interferencia de personas extrañas, como San Epifanio, el obispo Teófilo de Alejandría y algunos amigos romanos, que no siempre fueron prudentes ni leales con él y con sus métodos.

La polémica incluso le llevó a decir palabras muy duras contra Orígenes acusándole de hereje. El propio San Agustín manifestó un severo juicio contra este proceder de Jerónimo. Incluso polemizó con su antiguo amigo Rufino por algunas diferencias acerca de la concepción del ascetismo. Este tema de las polémicas de San Jerónimo dan para dedicarle un artículo aparte y eso es lo que haremos en otra ocasión.
Durante toda su vida fue muy duro con los demás al corregir sus errores, lo que le ocasionó numerosos enemigos. Se cuenta una anécdota: Un día, el Papa Sixto V, al ver un cuadro de San Jerónimo en el que este estaba golpeándose con una piedra, dijo: “Menos mal que te golpeaste duramente y te arrepentiste, porque si no hubiera sido por esos golpes y por ese arrepentimiento, la Iglesia nunca te habría declarado santo, pues eras durísimo a la hora de corregir a los demás”.

Murió en Belén el día 30 de septiembre del año 420 con unos ochenta años de edad, cansado, casi sin voz y sin vista. Aunque su cuerpo fue sepultado en la gruta de Belén, posteriormente fue trasladado a Roma encontrándose en un sarcófago de pórfido en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor.

Nadie puso nunca en duda la santidad de Jerónimo; es verdad que no fue un místico ni siquiera un asceta en el sentido teológico del término. Nunca pensó en componer una determinada teoría mística ni siquiera de presentar una exposición orgánica y completa de la ascesis cristiana; sin embargo, muchos miles de personas, contemporáneas de él o no, han sacado de sus escritos numerosos consejos ascéticos. No se encuentra ningún autor tan exigente sobre la cuestión de la virginidad, de la práctica del ayuno, de la penitencia e incluso del estudio de la Biblia.

Óleo del Santo en contemplación por Bartolomé Esteban Murillo.

Mostró también una gran devoción hacía María y hacia todo lo relacionado con la Natividad: el pesebre, los niños, las cosas pequeñas que mostraban la sabiduría infinita de Dios. Aunque algunos lo han calumniado, no se puede poner en duda su riguroso ascetismo de monje estudioso e indefenso, aunque con reaño para polemizar. Fue el padre espiritual de la comunidad de mujeres residentes en Belén, mostrando siempre una especial ternura hacia ellas, participando en sus alegrías y en sus angustias, siempre como un padre solícito.

A San Jerónimo se le suele representar con un sombrero y ropa de cardenal, con un león a sus pies y con una cruz, una calavera y una piedra dándose golpes en el pecho. A veces, también con la Biblia. Se le representa con un león porque cuenta la leyenda que una tarde, estando San Jerónimo sentado con unos monjes y escuchando una lectura en el monasterio, apareció un león cojeando. Al verlo, todos los monjes se dieron a la fuga pero Jerónimo le salió al encuentro. El león tenía atravesada una pata con una enorme espina. San Jerónimo llamó a los monjes y juntos, le limpiaron y curaron la herida; el león se recuperó y se quedó con la comunidad como si fuera un animal de compañía, familiarizando con un burro que había en el monasterio y juntos, ayudando a los monjes. Esta leyenda se ha atribuido por error a San Jerónimo cuando realmente se refería a San Gerásimo.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

23 pensamientos en “San Jerónimo, doctor de la Iglesia

  1. Debo reconocer que la figura de San Jerónimo nunca me ha interesado demasiado más allá de su Vulgata -cuyos textos trabajé en Paleografía- y por la iconografía, donde es fácilmente confundido con muchos otros Santos ermitaños. Especialmente me llama la atención un atributo que no llevan otros, y es la trompeta celestial asomando por una esquina y sonando casi en su oído, ¿tú sabes, Antonio, por qué? A veces le ponen una cara de sobresalto al salirle la trompeta que da risa y todo.

    Por otra parte, lo que más me ha llamado la atención es la crítica del papa Sixto a su dureza de corazón, me parece de lo más acertada. Y es que el cristiano NO puede ser así. ¿Acaso Él no nos lo dijo claro? “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. (Mt.11,29)

  2. Ana Maria,
    A veces se representa a San Jerónimo escuchando las trompetas del Juicio Universal; así lo pintan Guercino (siglo XVII, que se encuentra en el Museo del Louvre de Paris); Ribera (en la Pinacoteca de Nápoles); Zurbarán (en la Galeria de Arte de San Diego, en California) y Vincent (siglo XVIII, en el Museo de Montpellier).
    Un trabajo bastante bueno sobre la iconografía de San Jerónimo es el realizado por la doctora Maria Leticia Casanova, inspectora de las Galerías de Arte de la región de Campania y con residencia en Nápoles.

    Es verdad que su carácter tendía a la intransigencia, pero también es verdad que normalmente se contenía salvo cuando él creía que se trataba de combatir alguna doctrina herética.

  3. La figura de Jerónimo es muy importante para el monacato occidental: él, con sus traducciones, contribuyó a su difusión; a esto también ayudó el haber atraído a la causa a importantes matronas romanas como Paula (que tiene el mérito de haber controlado un poquito la fiereza anti-herética del santo). Yo creo que el mérito de este monje está en su lucha por tratar de controlar ese mal genio, que no siempre lo lograba pero al menos lo intentaba (sería un buen patrono de los malhumorados! jejeje). Y sí que estaba poseído por el demonio de la controversia, y de tal forma que hasta con su mejor amigo Rufino se midió en combate epistolar. En fín, humanos somos, y en manos de Dios estamos…

    • Este tema del San Jerónimo polémico espero tratarlo en otro artículo, pero tendrá que esperar hasta el año que viene.
      Nos creemos que todos los santos son espíritus puros y olvidamos que son personas humanas, con sus defectos y sus virtudes, aunque predominen estas sobre aquellos.

  4. Antonio no sabia de esta caracter en San Jeronimo,pero como dice el compañero Dairon todos somos humanos y no creo que haya un solo santo o santa que se haya comportado como una divinidad durante toda su vida.
    Mi pregunta,¿quienes eran los apolinaristas?

    • Abel,
      El apolinarismo debe su nombre a Apolinar de Laodicea, que con esta doctrina reaccionó contra los arrianos. Pero al igual que el arrianismo, ésta era también una doctrina herética que fue condenada por un sínodo celebrado en Roma en el año 377 y que había sido convocado por el Papa San Dámaso I. También el Primer Concilio Ecuménico de Constantinopla condenó esta herejía.

      Esta doctrina decía que Cristo no tenía un espíritu humano, sino solo el divino que se había encarnado en un cuerpo sin alma. Así, la naturaleza humana de Cristo quedaba incompleta ya que al decir que no tenía alma humana, Cristo era una especie de marioneta en manos de Dios.

      Después de morir Apolinar de Laodicea, esta doctrina fue a menos y terminó desapareciendo.

  5. Estimado Dn. Antonio::
    Como siempre es un gusto leer sus articulos, me llena s de muchos datos, leyendo ultimamente las obras de Sor Juana Ines de la Cruz (pertenecia a la Orden de San Jeronimo) cuando el obispo de puebla Manuel Fernandez de Santa Cruz, Obispo de Puebla (con el seudonimo de Sor Filotea de la Cruz) en su carte como prologo a la Carta Atenagorica le habla sobre los angeles azotando a Sn. Jeronimo por leer a Ciceron ahi es donde la pregunta que paso en realidad ……fue un sueño… una confusion o que ¿¿¿¿???…… en mi estado se le tiene mucha devocion y se le hace intencesor de la animas benditas como reza un canto “señor San Jeronimo, que de Dios fuiste enviado, para librar las animas que estan en pecado”. eso se canta cuando hay difuntos ???…..

    • El célebre “sueño ciceroniano” le ocurrió estando él delirando con una altísima fiebre. Si fue realmente un sueño o un delirio, yo creo que eso no se sabrá, pero fue cuando él se dió cuenta de que los libros sagrados eran más importantes que los textos escritos por filósofos griegos y romanos.
      Desde ese momento es cuando, digamos, cambia realmente de actitud.

  6. Un gran artículo Antonio de un santo por lo visto bastante polemico y bastante importante por su vulgata que estuvo vigente por tanto tiempo como la única version autorizada por la iglesia, algo habia escuchado de su dureza pero no pense que tanto, despeus de leer todo me quedo una duda… ¿porque se le viste en ocasiones de cardenal si no lo fue?

    • Es un error bastante extendido entre quienes lo han pintado. No fue cardenal ni obispo, así que no tiene explicación alguna el hecho de que se le represente con el capelo cardenalicio.

  7. El anacronismo es patente pues no existía el cardenalato en época de san Jerónimo. La explicación la da Fr. José de Sigüenza, historiador oficial de la Orden de san Jerónimo en su “Vida de san Gerónimo, doctor máximo de la Yglesia” (así se escribía antes). En las páginas 153-156 defiende con vehemencia que como san Jerónimo fue secretario personal con el Papa san Dámaso I, lo lógico es que su dignidad sea cardenalicia. En internet podéis encontrar este libro digitalizado y podéis ver la cita completa. Imagino que esta idea, defendida por la Orden, muy poderosa entonces, influiría en la iconografía posterior. Los artistas, (pagados, no olvidemos, muchas veces por las órdenes religiosas para la decoración de sus monasterios, y que querían ver a sus santos patronos lo más dignos posible) empezarían a representar al Santo con su capelo y todos sus ornamentos cardenalicios. Incluso hay alguna pintura que no sólo lo representa de cardenal, sino recibiendo del mismo san Dámaso el capelo, como el de la iglesia de Riaza (Segovia), cuyo retablo vino de un monasterio jerónimo vallisoletano.
    Además, poniendo al san Jerónimo de cardenal, la renuncia de san Jerónimo a seguir en los fastos y vanidades de Roma, y su decisión de retirarse a Belén, harían más luminosa, alta y heroica en la virtud dicha renuncia. Quizás el afán de la Orden por ver a su santo patrono más santo que ninguno haría que incluso se cometieran estas inexactitudes históricas.

  8. Gracias por tan gran articuló!!! Y por supuesto los excelentes comentarios!!! Buscando sobre la vida de este gran santo llegue a esta pagina ya que por gracia de Dios pertenezco en este momento a la comunidad católica de San Jerónimo en Houston Texas. Saludos y abrazos en Cristo Redentor.

  9. LA VERDAD, HE LEIDO LA HISTORIA DE OTROS SANTOS Y NUNCA ME INTERESARON, POR QUE POR MAS QUE YO TRABAJARA, NUNCA SERIA COMO ELLOS, CON ESE CORAZON, TAN NOBLE, PURO, PARA DAR EL AMOR, PERO LA HISTORIA DE SAN JERONIMO, ME HACE CREER NUEVAMENTE, YA QUE EL SIENDO DE UN CARACTER TAN FEO COMO EL MIO, PUDO TENER ESE ENCUENTRO CON DIOS AL ESTUDIAR LA PALABRA Y PODER TRANSMITIRLA, ESO PARA MI ME LLENA DE ALEGRIA Y CON SAN JERONIMO ENCUENTRO UNA LUZ EN MI VIDA Y ENCUENTRO CON CRISTO. GRACIAS

  10. ¿Puede indicarme alguno de los aquí cooperadores dónde se encuentra esta cita de San Jerónimo?: “Hablar impropiamente es el origen de las herejías”. Parece muy en consonancia con lo que apuntó Sócrates en Fedón 115c: “El no hablar con propiedad no solo es una falta en eso mismo, sino también produce el mal en las almas”.
    Muchas gracias. Mi e-mail: alfomaque@yahoos.es

  11. Hay una leyenda por mi tierra , que cuentan , que cuando alguien tiene una magia negra se le suele pasar el leon de San Jeronimo por su espalda y poner una oración. .É mirado y leyendo su biografía y no dice nada de males y muy poco santorial.
    me podriais recomendar libro pa leer y ver más.

    • Honestamente, Ana, eso que relatas más parece una superstición o una leyenda urbana sin fundamento alguno y además, contrario a la fe católica. Te recomendamos no hacerle ningún caso. Lo mejor que puedes hacer para conocer a san Jerónimo es leer sus obras.
      Cordiales saludos.

  12. LLEGUE A ENCONTRAR ESTA PAGINA POR UNA COSTUMBRE DEL PUEBLO DE MAMÁ, DONDE REPRESENTAN A SAN JERONIMO CON UNA TROMPETA Y LOS GUARACHES AL REVES, Y SOLO LO SACAN LOS VIERNES SANTO, EN EL RECORRIDO DE LA PASIÓN… ME GUSTARIA SABER SI HAY ALGUNA RAZÓN O ES SIMPLE TRADICIÓN DEL PUEBLO.

    • Existe un lienzo (o un grabado), obra del Españoleto en el que se representa a San Jerónimo escuchando de un ángel la trompeta del juicio final. Esta obra es del año 1623 y se encuentra en el Museo italiano de Capodimonte.

  13. Me encantó tu artículo, hace algún tiempo que me llama la atención esta santo y cada tanto me dedico a buscar en Internet sus obras pero no las encuentro. Me encanta el hecho de su mal genio porque me hace pensar que tengo esperanzas de lograrlo también yo, de ahí también mi interés en conocerlo.

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