Santa Hildegarda de Bingen, Doctora de la Iglesia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Miniatura de la Santa en el Libro Scivias (s.XIII).

Famosísima por sus visiones místicas, ha sido llamada la “profetisa de Alemania”.

Nació en el año 1098 en Bermersheim en la Renania Alemana en el seno de una familia pudiente. En muchísimos libros se la hace natural de Bickelnheim, pero esto está comprobado que no es cierto. Su padre, Hildeberto, trabajaba para el obispo de Speyer y su madre se llamaba Matilde.

Con ocho años de edad, sus padres la confiaron a las monjas benedictinas de Disibodenberg, encargándose de su educación una monja-reclusa llamada Jutta, en cuyas manos creció en sabiduría y en santidad: perfeccionó sus conocimientos sobre lectura, escritura, música y canto, pero no le enseñaron ninguna labor propiamente femenina. Estudió los textos litúrgicos y la Regla de San Benito. Cuando cumplió los quince años, tomó el velo de postulante.

Ella decía que su verdadero tutor era la Divina Sabiduría, pues desde muy pequeña ella veía en su alma una luz interior que llamaba umbra lucis viventis, a la que responsabilizaba de su temprano aprendizaje en cuestiones como la teología, la medicina y la música. Esta iluminación le ocasionaba asimismo un cierto malestar físico, por lo que era propensa a enfermar sobre todo antes de recibir algunas de sus muchas visiones místicas. A veces, tal era su estado, que parecía un esqueleto viviente.

Tenía una intensísima fe en la Divina Providencia como quedó patente cuando en el año 1150 fue nombrada abadesa del monasterio y se fue a vivir con sus monjas a Bingen pese a la oposición de los monjes de Disibodenberg. Y lo mismo le ocurrió cuando fundó el monasterio filial de Eibingen, ya que tuvo que ejercer sus poderes milagrosos contra quienes se oponían nuevamente. Era una monja contemplativa, pero esto no le impedía ejercer sus funciones de manera activa.

En aquellos tiempos, como en otros muchos, existían controversias entre la iglesia y los poderes civiles. Se sabe, por ejemplo, que en el año 1157, parte del episcopado alemán  se alió con Federico Barbarroja contra el papa Adriano IV y que en 1159 Renania se sumó a la causa del emperador contra el nuevo papa Alejandro III. Entonces ella, se dirigió sin vacilar tanto al papa como al emperador, el cual sentía un cierto temor hacia ella. Ella no temía ni a los obispos ni a los gobernantes a los que amenazaba con el castigo divino si seguían en sus trece.

Miniatura del Libro Scivias que reproduce una de las visiones de la Santa. S.XIII.

Escribió aconsejando a los papas Eugenio III, Anastasio IV, Adrián IV  y Alejandro III, a los emperadores Conrado III y Federico I, a los obispos de Bamberg, Speyer, Worms, Konstadz, Liège, Maastricht, Praga y a muchísimos otros, tanto de Alemania como de Francia e Italia. Recordaba a todos cuáles eran las obligaciones de su estado religioso y todos se sometían más o menos sumisos a su autoridad moral. Se conservan de ella más de trescientas cartas dirigidas a obispos y altos dignatarios civiles.

En tres ocasiones abandonó el monasterio para ejercitar esta autoridad en la Baja Renania.La primera vez, en Lorena, en el año 1160. Posteriormente, en 1167, en Colonia y sus alrededores y finalmente en las ciudades de Trier, Würzburg y Bamberg. Era inaudito ver cómo esta venerable mujer reprendía publicamente en las plazas tanto al clero como al resto de los fieles y cómo apelaba a sus conciencias reprochándoles lo que ella consideraba reprobable. Sin embargo, esa dureza se tornaba en dulzura femenina a la hora de tratar con las monjas de su monasterio porque las veía piadosas y observantes de la regla monástica. Ella decía que en su casa Dios era servido con gozo. Tenía especial ternura con los enfermos, a los que curaba con los medios de la época y cuando veía que estos eran insuficientes, recurría al poder sobrenatural que poseía para sanarles.

Con cuarenta años empezó a escribir sus visiones místicas: descripciones apocalípticas sobre la vida en la Iglesia y este estilo, un tanto oscuro, hizo que se la llamase “la Sibila de Renania”. Aparte de sus muchas cartas, escribió el Scivias (“conoce la vida de Dios”). En el año 1147 le presentaron este libro al papa Eugenio III que, aunque no lo aprobó formalmente, declaró que no había nada en él contrario a la doctrina de la Iglesia.

Para escribir sus obras recurrió a otras personas, la más importante de las cuales fué el monje Volmar de Disibodenberg que le ayudó constantemente en la labor de redacción y que tradujo al latín lo que Hildegarda le dictaba. Aunque ella sabía leer y escribir no estaba muy versada en gramática y en latín. Otras colaboradoras importantes fueron la monja Ricarda, que en el año 1151 tuvo que dejarla al ser elegida abadesa y la monja Iltrude, que murió en el año 1177. Entonces, Hildegarda, recurrió al abad Luis del monasterio de San Eucario de Trier, a Wascelin de Colonia, a Godfredo monje de Disibodenberg, a Teodorico monje de Echternach y en sus últimos años a Wigberto de Gembloux.

Escultura contemporánea de la Santa en Eibingen, Alemania.

A principios del mes de septiembre del año 1179 cayó gravemente enferma, muriendo el día 17 del mismo mes con ochenta y dos años de edad. Murió de madrugada y en el momento de su muerte fueron vistos en el cielo dos arcos que se cruzaban dividiendo el cielo en cuatro partes y sobresaliendo una gran cruz en el cruce de los dos arcos. Fue sepultada en el monasterio. Había escrito sobre las obras divinas de un hombre simple, explicación extensa y completa de la Regla de San Benito, sobre las vidas de los santos Roberto y Disibodo, nueve libros sobre sutilezas de varios tipos de criaturas, las homilias de los evangelios de todos los días del año, etc.

Quienes han conocido su vida han reconocido en ella un alma llena de sabiduría celestial dotada de un intenso amor a Dios, por lo que tanto el pueblo como los escritores de libros sagrados la conocían por el nombre de beata. La veneración popular y el homenaje que le tributaban los escritores hicieron que desde muy pronto se organizasen peregrinaciones a su tumba y se realizasen curaciones milagrosas. Esto indujo al papa Gregorio IX en el año 1233 a iniciar el proceso de canonización.

Este proceso no fue seguido por Inocencio IV. Sin embargo se puede decir que la concesión de indulgencias por parte de Juan XXII en el año 1324, fue una especie de canonización o al menos una autorización para recibir culto público.

Desde el siglo XIII su fiesta se celebraba en los monasterios que ella había fundado y enla Abadíade Gembloux, así como en otras abadias e iglesias. Fue inscrita oficialmente en el Calendario Benedictino, en el Cisterciense, en los de las diócesis de Mainz, Trier, Limburg, Speyer y otros, fijándose su fiesta el día 17 de septiembre. Como es lógico, su nombre aparece también en el Martirologio Romano en mismo día.

Urna donde se conservan las reliquias de la Santa. Iglesia de Eibingen, Alemania.

Las reliquias de la Santa, que estaban en el monasterio de San Ruperto, fueron objeto de un reconocimiento canónico en el año 1489 y en el 1498. Cuando el monasterio fue saqueado en el año 1632, fueron llevadas a Eibingen donde permanecieron hasta que el monasterio fue suprimido. El día 17 de septiembre del año 1857 el obispo de Limburg Pedro José Blum hizo una solemne elevación de los restos de la Santa. En el año 1929 fueron puestas en una urna de oro, obra de los orfebres de Maria Laach y cuando el día 3 de septiembre del año 1932 la iglesia de Eibingen fué incendiada, estas reliquias se pudieron salvar de la quema.

El 7 de octubre de 2012, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha proclamado a Santa Hildegarda de Bingen Doctora de la Iglesia, junto con San Juan de Ávila.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

16 pensamientos en “Santa Hildegarda de Bingen, Doctora de la Iglesia

  1. Muchas gracias Antonio. Admiro especialmente a estas bravas mujeres que no tenían reparo en reprender públicamente la relajación de costumbres de miembros del clero aunque fueran poderosos e intocables. ¿Podrías ahondar un poco más en el “suceso” de los dos arcos celestes que se pudieron ver cuando falleció Santa Hildegarda?

  2. Salvador,
    Este hecho (que aparece narrado en algunas de sus biografías) de los dos arcos cruzados en el cielo dividiéndolo en cuatro partes y sobresaliendo una cruz en el cruce de los dos arcos, desde mi punto de vista, es más una explicación mística de su manera de pensar que un hecho ocurrido realmente.

    Ella escribió un libro llamado “Libro de las obras divinas“, en el que narra una visión contemplativa de todo el Universo y que es un reflejo de la naturaleza a la luz de la fe. Ella dice que el mundo es una obra de arte hecha por Dios y dentro de ese Gran Cosmos, aparece el hombre como un microcosmos. Todo está relacionado y conectado entre si y Dios hace que el hombre este inseparablemente unido a ese Cosmos Universal. Es una precursora de las teorias de Teilhard de Chardin.

    Para Santa Hildegarda, el centro del Universo es el hombre que es la obra completa del Creador ya que solo los hombres, como criaturas suyas, pueden reconocerlo como su Creador. Pero el hombre se enfrenta al hecho de que, aunque él es creado dentro del mismo acto creador, como consecuencia del pecado, cae y se levanta, incluso se revela y se autodestruye. La libertad del hombre le llevó al pecado original, pero aun así, Dios quiso que el hombre fuera libre. Las actividades humanas, para bien o para mal, impactan en la creación. (Parece que era una ecologista mística en su tiempo).

    Pero como Dios es amor, abraza a toda la Creación y la eleva por encima de lo meramente natural y por eso, al morir la santa se manifiesta ese pensamiento suyo en la aparición de los dos arcos que se cruzan y en el cruce está el hombre, pero como Cristo, que es la máxima representación del ser humano gracias a su naturaleza humana.

  3. Hildegard Von Bingen es una de las grandes mujeres de la Edad Media, escasas por el parco reconocimiento de esa sociedad misógina a los méritos femeninos, pero magníficas cada una de ellas. En su caso, no sólo hablo de la Santa, de la mística, de la profetisa; sino también de la sabia, la recopiladora, la oradora. Ella recogió todo el saber de su época y lo plasmó de manera que, aun no habiendo sido Santa, hubiera seguido siendo una gran literata y una mujer sabia. Ella, merced a su condición de religiosa y a su gran personalidad, logró lo que a casi ninguna mujer le estuvo permitido en la Edad Media: influir en su entorno de alguna manera.

    Además de todas las cuestiones que has planteado, quiero recordar que Hildegard Von Bingen fue también una de las primeras en defender un cristianismo más humano, adelantándose varios siglos al humanismo cristiano del Renacimiento. Reivindicó para la mujer un papel más digno en la historia de la salvación y en el seno de la Iglesia. Lástima, sin embargo, que el papel de varones más “preclaros” consolidara el machismo y la misoginia en el pensamiento de la Iglesia, y no cundiera más el razonamiento de esta religiosa, que era Santa pero también era mujer, y no podía olvidar que lo era.

  4. Ana Maria,
    Santa Hildegarda está claro que era una mujer adelantada a su tiempo: era una científica (bióloga, geóloga, metalúrgica, médico…), una literata (oradora, poetisa, compositora musical…), una teóloga e incluso tenía un compromiso político ya que tomaba partido cuando existían riñas entre el clero y el poder temporal y todo eso, viviendo como tu muy bien dices, en un mundo dominado por los hombres.

    Sus pensamientos acerca del papel de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia eran pioneros ya que incluso (¡en el siglo XII!) se atrevió a hablar de la sexualidad femenina, pues en el “Scivias” es la primera que se atreve a describir un orgasmo desde la perspectiva de una mujer. Escribe sobre la heterosexualidad, la homosexualidad masculina y femenina, la masturbación, el sexo con los animales y lo hace desde sus conocimientos síquicos, biológicos y médicos.

    Toda una mujer revolucionaria en su época, adelantada a la misma, que sabía convencer pero también imponerse con su autoridad moral a una sociedad machista, manteniendo a rayas a obispos, papas y reyes. Y todo eso, compaginado con un misticismo que la hacía tener un conocimiento de Dios y de la creación como nadie en aquel momento lo tenía, que la hacía estar unida a Dios y a sus monjas, de las que cuidaba como una verdadera madre.

    Sobre ella se ha escrito mucho, pero en nuestros ambientes, sigue siendo una total desconocida.

  5. Antonio, agradecerte primero por el artículo, luego habiendo leido el artículo y sus comentarios, siento pena de que me hablen de que la Edad Media fue un perido oscuro y que no me mencionen personas tan excepcionales como esta Mujer y Santa que nos traes hoy. :/

    • Amigo Luis Bernardo,
      La Edad Media, que abarca tantos siglos…, tuvo sus luces y sus sombras. Ya en este blog hemos hablado de “algunas otras luces”: San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino,…, aunque bien es verdad que a las santas las teníamos “abandonadas”.
      Como el planing está ocupadísimo, aunque sea el año que viene, procuraremos traer algunos otros ejemplos valiosos de mujeres y hombres que como personas y como santos fueron excepcionales.
      Un abrazo.

  6. Antonio un gran articulo para esta gran santa mujer.
    Aunque como todos los santos y santas tambien era humana y hay algun que otro aspecto que no me acaba de parecer bien,como el utilizar el miedo al castigo divino para tratar de disuadir o cambiar de opinion a obispos y gobernantes,igual que hacian otros,la verdad,pero me hubiera gustado que en ese aspecto hubiera sido diferente como lo habia sido en todos los demas.

    Queria preguntarte si tienes conocimiento de con cual de los Papas de la epoca se carteaba sobre el uso y aplicacion de plantas medicinales o si lo debio hacer con varios.
    Yo creo que hay un Papa con el que mantuvo mas correspondencia.
    Por ultimo te recomiento Antonio (y a los colaboradores y seguidores del blog) ver la pelicula “Vision” sobre parte de la vida de Santa Hildegarda,bastante acertada en todo,es muy buena.

    • Abel,
      En aquella época, como en otras, los caprichos de reyes y altos eclesiásticos ocasionaron muchos disgustos al pueblo llano y si ella, que tenía muchísima autoridad moral, veía que como no fuera de esa forma no se podía poner un poco de sensatez entre estos jerarcas, a mi me parece bien que fuera exigente e incluso intransigente con ellos. Y algo debía tener cuando, aunque fuera a regañadientes, su opinión era tenida en cuenta. Amenazaba con el castigo divino…, pero ¿cuántos papas y obispos han amenazado igualmente con ese castigo para imponer sus criterios por injustos que fueren? Yo, ese tema, no se lo critico.

      Anoto en el artículo el nombre de los Papas con los que se carteó; ahora, el contenido de cada carta y el número de ellas con cada Papa, lo desconozco. Seguro que muchas de ellas era de contenido teológico ya que escribió tres importantes obras de teología: Scivias (“Conoce los caminos”), “Liber vitae meritorum” (El libro de los méritos de la vida) y “Liber divinorum operum” (El libro de las obras divinas).

      Escribió algunos tratados sobre biología y medicina; se le conocen al menos trece obras distintas en las que escribió sobre plantas medicinales y sobre las enfermedades que se curaban con las mismas; el más popular e interesante es el “Causae et curae” (Causas y curas) que es un libro que trata sobre el origen y el tratamiento que hay que dar a diversas enfermedades para que se curen los enfermos.
      Otro libro interesante es “Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum” (el Libro de las diferentes criaturas y plantas). Son obras de historia natural y casi se podría decir que es el primer estudio científico sobre medicina. Llamaba a las plantas por su nombre vulgar y explicaba cómo debían utilizarse para curar las enfermedades.

      En cuanto a la película que mencionas, no la he visto.

  7. Una gran mujer, debo confesar que es poco lo que sabia sobre esta santa y me agrada poder conocer más de ella atraves tanto del maravilloso articulo que nos presentas Antonio como de la participación y comentarios de los demás que nos enriquecen mucho, es un gra gusto ver que hubo mujeres en la edad media que buscaron reivindicar a la propia mujer como se lo merece, toda una revolucionara para su epoca Santa Hidelgarda

  8. Un gran artículo para una gran santa! tremenda humanista, científica, adelantada a su tiempo! gracias Antonio por este artículo 🙂

  9. Muy interesante la vida de esta gran santa, siempre nos llenan la cabeza con que en la edad media solo habia campesinos borrachos y reyes con espadas magicas, no hablan de los grandes santos que existieron durante esta epoca, pero, hace poco escuche que santa hildegarda sera proclamada Doctora de la Iglesia por S.S Benedicto XVI en este año, es esto cierto?

    • Jhonatan,
      Aunque el Papa Gregorio IX en el año 1233 inició el proceso de canonización, proceso que continuó Inocencio IV y aun el Papa Juan XXII, concediendo indulgencias en el año 1324 autorizó su culto público y es venerada especialmente en Alemania, la verdad es que oficialmente no está canonizada; solo se la considera beata.

      Sin embargo el actual Papa Benedicto XVI en diciembre del año pasado dijo que tenía la intención de declararla Doctora de la Iglesia, cosa que se prevé suceda en este próximo mes de octubre; lo que pasa es que, a mi entender, antes tendría que canonizarla oficialmente, ¿no?

      • AUN NO ESTA CANONIZADA??? eso es muy curioso, y la pregunta mas inportante es como tu dijiste, si el papa la quiere declarar doctora de la iglesia, primero no tendria que canonizarla o se podra hacer un beato doctor de nuestra iglesia?? Hay Dios mio, nosotros con estos santos enredos.

        • Oficialmente no está canonizada aunque hay quienes interpretan que la actuación del Papa Juan XXII autorizando el culto equivale a ello, pero canonizada, canonizada… no lo está. Es beata.
          ¿Podría el Papa declararla Doctora de la Iglesia sin estar canonizada? Poder, puede, pero no es lo lógico. Lo lógico es canonizarla oficialmente primero.

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