Martyrium: suplicio por fuego

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Margarita quemada con antorchas. Detalle de un fresco en su iglesia de Waldkirch, Alemania.

Santa Margarita quemada con antorchas. Detalle de un fresco en su iglesia de Waldkirch, Alemania.

Tras la fractura de un hueso, la quemadura es la lesión más dolorosa que percibe el cuerpo humano. A tal efecto se aplicaban en el tormento diversos métodos para quemar zonas del cuerpo, por lo general axilas, costados, pechos en el caso de las mujeres, genitales, plantas de las manos y de los pies, es decir, las zonas del cuerpo más sensibles. Esto se hacía con la aplicación de instrumentos metálicos calentados al rojo vivo, tales como tenazas, barras, planchas o pinzas, que además tenían la propiedad de cauterizar al aplicarse sobre heridas de tormentos anteriores. Se podían aplicar también antorchas o hachones encendidos. De igual modo podían disponerse lechos de brasas –a menudo combinados con trozos de vidrio o cerámica rotos- o parrillas grandes sobre los que tendían al supliciado.

Las quemaduras que producían estos instrumentos eran lesiones muy graves que se infectaban enseguida y causaban la muerte. Estos tormentos fueron muy típicos en todas las etapas de la Historia, se usaron profusamente en la Edad Media – inspirados por los antiguos y espantosos ritos de ordalía en los pueblos bárbaros de Europa- y han durado invariablemente hasta hoy, sin que hayan desaparecido en absoluto, únicamente modernizados por instrumentos contemporáneos.

Y aquí el habitual registro de mártires –no exhaustivo, como siempre- que sintieron en carne propia este suplicio, y a las que se podría invocar en caso de quemaduras –pero no por ello dejar de recurrir a la medicina, claro está-.

Santa Águeda colocada sobre un lecho de brasas. Óleo de Francesco Guarini, ca.1630-51. Museo di San Martino, Nápoles (Italia).

Santa Águeda colocada sobre un lecho de brasas. Óleo de Francesco Guarini, ca.1630-51. Museo di San Martino, Nápoles (Italia).

Antorchas o hachas encendidas:
Santa Albina de Cesarea (16 de diciembre)
Santa Gliceria de Heraclea (13 de mayo)
Santa Áurea de Ostia (20 de mayo)
Santas Basilisa y Anastasia
Santa Victoria de Córdoba (con su hermano Acisclo)
Santa Marta de Astorga
Santa Ninfa de Palermo (iconografía principal)
Santa Dorotea (le quemaron los pechos en una ocasión, y los costados en otra)
Santa Marina (Margarita) de Antioquía
Santa Caritina
Santa Regina
Santa Fermina
Santa Bárbara
Santa Teodosia de Tiro
Santa Helicónide (28 de mayo): quemada con antorchas en los pechos y en la cabeza.

Planchas de metal calientes:
Santa Blandina
Santa Reparata de Cesarea
Santa Dignamérita
Santas Digna y Emérita

Santos Verísimo, Máxima y Julia

Martirio de la Santa, fresco de Franz Ludwig Hermann (1781). Parroquia de Santa Fe y San Marcos, Sölden, Breisgau (Alemania).

Martirio de Santa Fe, fresco de Franz Ludwig Hermann (1781). Parroquia de Santa Fe y San Marcos, Sölden, Breisgau (Alemania).

Barras de metal:
Santa Calíope (8 de junio): las usaron para quemarle la cara hasta desfigurarla.

Carbones encendidos:
Santa Caritina (usados para quemarle la cabeza, previamente rapada)
Santa Cirila de Cirene (5 de julio): le llenaron las manos con carbones encendidos para obligarla a sacrificar a los dioses. Ella prefirió quemarse antes que dejar caer el incienso.
Santa Águeda (lecho de brasas)
Santa Maura de Antínoe (3 de mayo): se trajo un brasero de brea y azufre con el que se la amenazó a morir asada, aunque finalmente no le fue aplicado.

Parrilla:
Santa Fe de Agen
Santa Irene de Tesalónica
Santa Fe, hija de Santa Sofía
Santas Máxima y Donatila
San Vicente
San Lorenzo

Tenazas o pinzas:
Santa Águeda (aplicadas a los pechos)

Santa Muhrail (Muhrati) de Egipto (22 de enero): fue quemada -aunque no se especifica con qué instrumento- y también sentada sobre una silla metálica al rojo vivo. Podemos ver el uso de este instrumento en este corto -aunque la mártir que sufre el tormento, en este caso, es Santa Blandina-.

Y aparte mencionar a Santa Olimpia de Karyes, abadesa ortodoxa que sufrió el tormento de ser quemada con velas encendidas por unos piratas turcos.

Meldelen

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16 pensamientos en “Martyrium: suplicio por fuego

  1. Si uno ya no sabe cual será la peor de todas las formas de martirio que poco a poco vas describiendo en este apartado del blog, esta no se queda atrás. A todo ser humano le espanta quemarse y que el fuego se haya usado y quizás aun se use como forma de hacer sufrir a un semejante, a mi me parece de lo más horrible para el que lo sufre y ruín para el verdugo.
    Todos los mártires que hayais padecido este tormento, rogad por nosotros.

    • Hay algo que no he comentado en el artículo y que Salvador puede confirmar, porque es conocedor de la famosa reliquia de San Vicente Mártir que tenemos el honor de venerar en nuestra catedral de Valencia: que las quemaduras que se aplicaban se intentaba hacerlas lo más superficialmente posible, quemando sólo la epidermis de modo que el fuego no llegara a la dermis. Eso se debe a que en la epidermis es donde tenemos nuestro nervios, muy sensibles al dolor, claro, y para cuando una quemadura alcanza la dermis, estos nervios ya están destruidos y no se siente dolor.

      El brazo de San Vicente, que está quemado, confirma esto que digo: al Santo lo quemaron superficialmente para causarle el mayor dolor posible. Sólo la epidermis está destruida, por lo que está demostrado que sufrió un dolor insoportable.

      Dios haya perdonado a quienes le hicieron eso y a todos los mártires que sufrieron el fuego.

      • Estás en lo cierto Ana María en que el dolor de la quemazón sobre la capa más superficial de la piel es la más dolorosa pues las terminacines nerviosas se concentran allí y la sensación de martirio se hace mucho más patente. En el caso del Patrón de la ciudad de Valencia así se constató por los exhaustivos estudios realizados por el Doctor Giovanni Dogo , Director del Instituto de Cirugía Plástica de la Universidad de Padua.

        • Como bien ha dicho Salvador, tenemos la suerte de tener estos estudios que documentan el tormento por fuego sufrido por el mártir. El brazo está tan seco y requemado que no en vano lo llamamos “la mojama de San Vicente”, cosas del folclore… jaja

    • Así es, da la casualidad de que las diversas Santas Anastasias que se conocen comparten el suplicio por fuego, ya sea por datos más verídicos o por passio legendaria, lo que nos confirma que desgraciadamente era un tormento al que se recurría muy a menudo.

  2. Muy buen articulo Ana Maria, la verdad esque se aprende mucho con estos articulos tan bien documentados.
    Muchas de estas Santas Martires soportaron un dolor atroz por lo que creeian y sus testimonios aun hoy nos emocionan.
    Dios l@s bendiga y que intercedan por nosotros!
    ( Ana Maria, en mi pueblo tenemos de Patrona a Santa Agueda V y M, tu dices en el articulo que le arrancaron los pechos con tenazas y en mi pueblo muestra un cuchillo como atributo del partirio ¿ Cual es la verdadera arma del martirio?

    saludos!

    • Saludos David, qué bueno verte por aquí! La realidad es que no conocemos los instrumentos ya que no se conservan, la passio de la Santa es legendaria y aunque parece confirmarse desde antiguo que fue torturada en los senos, no sabemos cómo ni con qué detalles pudieron hacerle semejante cosa. La tradición coloca indistintamente pinzas, tenazas, cuchillos… tanto da. Realmente no lo sabemos con certeza, pero fue torturada en los pechos.

  3. De niño al estar jugando me cayó una olla de caldo de res herviendo en la mitad del cuerpo y me dolió muchísimo, no puedo imaginar cómo es el dolor de padecer quemaduras con fuego directo: antorchas, carbones encendidos, durante un buen rato, se ha de sufrir mucho.
    Muy bueno este artículo.

    • Gracias, Alonso. Lamento que tuvieras ese accidente de niño, en mi caso conocí a una persona que se volcó un caldero de aceite hirviendo encima y mejor no te cuento cómo quedó la pobre. Sobrevivió, que es lo que importa.
      Un placer verte de nuevo comentando por aquí.

  4. Ana Maria este tormento para mi es uno de los peores,yo me queme de pequeño con una brasa que se me quedo pegada bajo la muñeca y es algo insoportable,ademas de que el dolor o sensacion de quemazon te queda durante dias.
    No recordaba haber leido en ninguno de los articulos que Salvador realizo sobre San Vicente que su brazo presentara heridas de quemaduras,pero desde luego es algo asombroso y terrible a la vez.

    • Ya que hablamos de malas experiencias, yo me quemé con la plancha de mi abuela: tuve una punta de ese metal caliente en contacto con la piel del antebrazo tan sólo una milésima de segundo y vi las estrellas y además, esa maldita quemadura tardó horrores en curarse y la marca se me ha quedado.
      Multíplicalo por mil en cada mártir y no nos haremos todavía una idea de ese inmenso sufrimiento.

  5. Ana una articulo muy interesante e informativo no sabia de que tantas santas hubieran sufrido el martirio por fuego, y de verdad que debe ser uno de los martirios más espantosos y dolorosos, lo sorprendente y por lo que se ganaron la santidad es que a pesar de lo espantoso siguieron en su fe hasta morir por Cristo.

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