Festividad de Todos los Santos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Adoración de la Santísima Trinidad y Todos los Santos. Lienzo de Albrecht Dürer, Kunsthistorisches Museum de Viena, Austria.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor: ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

A lo largo del año litúrgico los cristianos hacemos memoria de aquellas personas que creyeron firmemente en el amor misericordioso del Padre del Cielo; aquellos que, despojándose del hombre viejo, dejando atrás comodidad, seguridades, “casa, padres y hermanos”, corrieron tras las huellas del Pobre de Nazaret y se dejaron seducir por su mensaje. En verdad, los santos son un don de Dios para la Iglesia, ahora cuando aparentan faltar modelos de vida alternativos a la propuesta del mundo; son la prueba patente de la victoria de Cristo, muerto y resucitado, que demuestra que sí es posible vivir seriamente el camino cristiano, que el Evangelio no es una utopía, que la experiencia de Dios está al alcance de aquel que la busque con sincero corazón ¡Bien hacemos los cristianos en recordar estos saludables ejemplos! ¡Bien hacemos en celebrar a estos hermanos nuestros que gozan ya de la vida bienaventurada en el Reino de Dios, donde nadie estará triste, nadie tendrá que llorar!

Muchos de ellos son recordados por nosotros en el santoral; nuestra madre, la Iglesia, los ha propuesto como ejemplos de vida cristiana. Pero, indudablemente, son muchos, muchísimos más los que ahora gozan en las moradas del Reino. Es este, precisamente, el mensaje de la primera lectura de la Misa del día de hoy: “Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero”. (Ap 7, 9) ¡Qué gran noticia para nosotros! Mientras muchos se sumen en la tristeza al ver el vaivén tan dramático de esta civilización, nosotros creemos, con firme esperanza, en la liberación del imperio de la muerte y el desconsuelo; creemos en la redención de esta humanidad por la que Cristo se entregó hasta el derramamiento de sangre. No, definitivamente el averno no puede tener la última palabra, porque Jesús el Señor ha vencido, y de ello es testigo perenne esta muchedumbre de mujeres y hombres que viven escondidos en el corazón de Dios.

Nuestro corazón debe estar henchido de santa esperanza ante esta hermosa visión. Ellos son de los nuestros, de nuestra raza, de nuestra sangre; no son héroes mitológicos, no son dioses, no están dotados de cualidades supra humanas. Son como cualquiera de nosotros. “Esos son los que vienen de la gran tribulación” (Ap 7, 14); que no se crea, pues, que ellos gozaron de algún guiño del destino, que no se piense que el mundo para ellos fue sonrisas, todo lo contrario; ellos vienen de épocas muy difíciles, de ambientes adversos, sin más ayuda que el brazo del Todopoderoso. A pesar de la oposición que este mundo les presentó, se entregaron a la fuerza que solo el Espíritu Consolador puede ofrecer, y así, hicieron vida en sus vidas aquello que Jesús ya proclamaba en la montaña: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5, 3-4). Sus vidas, anónimas para los ojos del siglo, han recorrido este camino trazado por el Maestro en Galilea de los gentiles. En ese caminar, descubrieron su verdadera condición: “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos” (1 Jn 3, 2), y con esta confianza, pasaron por este mundo como extranjeros, peregrinos, rumbo hacia la verdadera patria, allí, donde nos espera el Padre misericordioso, donde nos espera un banquete de todo deleite, donde vestiremos traje de fiesta, donde participaremos para siempre del gozo inefable del Dios vivo y verdadero.

Coro de Santas Vírgenes (de izqda. a dcha: Úrsula y compañeras, Dorotea, Blandina, Lucía, Cecilia, Margarita, Catalina, Águeda, Bárbara, Inés, Apolonia y Tecla). Fresco neoclásico de Hyppolite Flandrid. Iglesia de San Vicente de Paul, París (Francia).

Esta solemnidad de hoy nos invita a contemplar a la Iglesia que ya participa del triunfo pascual; celebración grande, porque es justo conmemorar a quienes, siendo desconocidos para muchos, han pasado por este mundo bajo el signo del amor de Dios, y también porque nos recuerda a nosotros, aún militantes, el gran trofeo que nos espera si nos mantenemos fieles en esta carrera, “con los ojos fijos en Jesús, autor y consumador de nuestra fe” (Hb 12, 2). Es, pues, de un profundo sentimiento cristiano esta solemnidad que hoy nos propone la liturgia. Pero está claro que tras ella hay una larga historia, que brevemente exponemos aquí.

Sabemos que el origen del santoral está en el primitivo culto a los mártires. Con el paso del tiempo, el número de mártires fue aumentando, lo mismo que la estima por ellos, y temiendo la Iglesia de Antioquía no poder honrarlos a cada uno con su propio dies natalis, resolvió pues consagrar un día, dentro de la cincuentena pascual, a la memoria de todos los mártires en conjunto. La Iglesia de Bizancio, por su parte, vio con buenos ojos la iniciativa, y decide consagrar la dominica inmediatamente posterior a Pentecostés para tal tributo. Todo esto ocurrió a lo largo del siglo IV.
Semejante uso será copiado rápidamente en Roma, y el Comes de Würzburgo atestigua la presencia de esta Dominica in natale Sanctorum. Pero mucho más romana que esta memoria era el ayuno de las Tres Témporas, que solían celebrarse en la semana de Pentecostés, y terminaban con una solemne vigila entre el sábado y el domingo; no era factible celebrar en ese domingo la dicha festividad después de las fatigas propias de las grandes veladas dominicales. Entonces, muy pronto desaparece este uso en la Iglesia Romana.

El 13 de mayo del 610 el Papa Bonifacio IV dedica el Panteón romano al culto cristiano, poniendo de titulares a la Bienaventurada Madre de Dios y a todos los Mártires; de esta forma se suple la deuda contraída por la ausencia de una festividad en honor de todos lo que derramaron su sangre por Cristo.

La Gloria de Todos los Santos. Lienzo de G.B.Ricci.

Después, el Papa Gregorio III levanta un oratorio en la Basílica de San Pedro en honor de todos los santos, mártires y confesores, y encargó su cuidado a un coro de monjes quienes debían hacer la conmemoración del Natalicio de todos los santos que cada día fueran celebrados en todo el orbe cristiano: la razón de ello eran las luchas iconoclastas en Oriente y las incursiones longobardas en Italia, que impedían que los santos fueran debidamente recordados en sus Iglesias locales.

El Obispo de Roma Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la fiesta del 13 de mayo al 1 de noviembre, originalmente memoria de San Cesáreo, diácono y mártir. Los motivos no son muy claros. Según parece, la intención era netamente práctica, pues para este día una gran multitud acudía a la ciudad eterna, y era más fácil que estas gentes consiguieran alimento en las calendas de noviembre, después de las cosechas de otoño. Otros dicen que fue más una decisión del emperador Ludovico Pío y el episcopado de las Galias; no falta quien hable de la influencia de Alcuino de York en este asunto. Lo cierto es que desde entonces el 1 de noviembre será consagrado a la solemne memoria de todos los santos, canonizados o no. En el siglo XV, el Papa Sixto IV adornó la celebración con el privilegio de una octava, que será suprimida en la reforma litúrgica de 1955.

Dairon

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5 pensamientos en “Festividad de Todos los Santos

  1. Dairon gracias por esta breve descripción sobre el festejo de Todos los Santos, que en muchos lugares se acostumbra hoy exponer las reliquias de los santos y martires además y pues si felicidades al blog y que Todos los Santos y Santas de Dios rueguen por nosotros.

  2. Gracias por el articulo Dairon.
    Debemos recordar en fecha tan señalada a aquellas personas que por olvido,no saber su nombre,vivierán en otros tiempos, u otros motivos ya descansan en la Gloria del Señor.
    ¡Y a todos los santos y santas por supuesto!
    Que no cabe duda que todos los que estan al lado del Señor lo son.
    Por cierto,¿la festividad de San Cesareo,diacono martir a que dia la trasladaron?

    • No se trasladó: esa memoria continúa en esa fecha en el martirologia, hasta donde se, es decir, será eternamente opacado por esta solemnidad.

  3. Todos los Santos y Santas de Dios, rogad por nosotros.
    Los que habéis sido olvidados, rogad por nosotros.
    Los que nunca seréis conocidos, rogad por nosotros.

    Hoy también en Algemesí se han expuesto las reliquias pertenecientes a la Basílica. Entre ellas, las de Santa Teresa de Jesús, Santa Rosalía de Palermo, Santa Águeda, San Onofre, San Blas, San Juan de Ribera, San Pío X, y muchos otros.

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