La Virgen María Inmaculada en la historia de la Iglesia

La Inmaculada Concepción. Lienzo de Juan de Juanes (1562). Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (La Compañía), Valencia, España. Fotografía: Ana Mª Ribes.

Siglos I-III:

“En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una virgen, prometida como esposa con un hombre de la Casa de David, de nombre José. La virgen se llamaba María. Entrando adonde ella estaba, le dijo: “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo” (Lucas, cap. 1)

El apócrifo Protoevangelio de Santiago, compuesto en el siglo II, contiene (entre otras cosas) la idea de que María siempre estuvo sin pecado. El texto presenta la infancia de María (cc. 6-8) como extremadamente piadosa, llevada al templo de Jerusalén cuando tenía 3 años y permaneciendo hasta los 12 años, donde “recibía la comida de las manos de un ángel”. Sobre la base de la narración del Protoevangelio, la liturgia y la devoción de la Iglesia Greco-oriental, desde muy antiguo, le ha atribuído a María el título de Παναγία, Panaghìa, “toda santa”.

“Pero el Señor no habría podido pecar, porque fue formado en cuanto a su naturaleza humana, de madera incorruptible, que significa: con la intervención de la Virgen y del Espíritu Santo, estando revestido por dentro y por fuera por el Verbo de Dios, como oro purísimo”.

(San Hipólito de Roma)

Siglos IV–V:

“De una mujer ha venido el mal, pero también de una mujer ha venido el bien, porque si hemos caido con Eva, fuimos realzados más con María: por Eva hemos sido condenados a la esclavitud; por María hemos sido puestos en libertad; Eva da una larga vida; María, da la eternidad; María nos absuelve por el sacramento del árbol del cual Cristo estuvo colgado como fruto. Todo lo que ha sido puesto en peligro por Eva, ha sido salvado por María”.

(San Agustín de Hipona)

“Oh esperanza buena, Virgen Madre de Dios, nosotros invocamos tu única y efectiva protección. Muévete a compasión por un pueblo que se encuentra en las angustias, ruega a Dios misericordioso que nuestras almas se liberen de todas las desgracias. Ferviente defensora, muro inexpugnable de los fieles, fuente de misericordia, refugio del mundo, oh Señora Theotokos (Madre de Dios), ten en cuenta nuestras súplicas y líbranos de los peligros, porque eres la única que puedes protegernos enseguida. Por otro lado, oh siempre Virgen Madre de Dios, a través tuya nos hemos convertido en partícipes de la naturaleza divina, porque nos has dado a Dios encarnado por nosotros. Por tanto, por deber y devoto afecto, te magnificamos”
“Es verdaderamente justo proclamarte bienaventurada Madre de Dios, porque eres la más bendecida, toda pura, Madre de nuestro Dios, nosotros te magnificamos porque eres más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines, pues de modo inmaculado pariste al Verbo de Dios, o verdadera Madre de Dios.”

(San Gregorio Nacianzeno, o el Teólogo)

Imagen barroca de la Inmaculada Concepción, venerada en Austria.

Siglo VII:

En Oriente es celebrada la fiesta de la Concepción de María.

Siglo VIII:

“La alegría universal, la toda laudable Virgen, ha nacido para nosotros de los justos Joaquín y Ana; ella, por su pureza indescriptible se ha convertido en Templo vivo de Dios y es la única que es reconocida verdaderamente como Madre de Dios. Por sus oraciones, Cristo Dios, da al mundo la paz y la gran misericordia del Señor”…”¡Oh Virgen, como ha anunciado el ángel, tu naciste de los justos Joaquín y Ana; eres el cielo y el trono de Dios, receptáculo purísimo que anuncia la alegría a todo el mundo, oh causa de nuestra vida, destructora de la maldición, antídoto y bendición! Así, el día de tu nacimiento, oh Niña elegida por Dios, implora para nuestras almas, la paz y la gran misericordia del Señor!”.

(San Germán de Constantinopla)

“El cuerpo de la Virgen es una tierra que Dios ha trabajado, es los primeros frutos de la masa de Adán que ha sido divinizada en Cristo, es la imagen en todo semejante a la belleza divina, es la arcilla modelada por las manos del artista divino”.

(San Andrés de Creta)

Siglo XI:

En Inglaterra y en Normandía se celebraba una fiesta de la Concepción de María; se conmemoraba el acontecimiento en sí mismo, centrándose particularmente en sus condiciones milagrosas: esterilidad de Santa Ana, etc.

Siglo XII (1140):

Los canónigos de Lyon instituyeron la festividad de la Concepción de María Virgen.

“Oh Señora llena y sobreabundante de gracia, toda criatura revive inundada por el desbordamiento de tu plenitud. Oh bienaventurada Virgen, la más bendecida y por cuya bendición toda criatura es bendecida por su Creador y el Creador es bendito por todas sus criaturas. A María, Dios le dió su Unigénico Hijo, generado en su seno e igual a él y al que amaba como a si mismo y María formó al Hijo; no a otro, sino al mismo, de modo que según la naturaleza, fuese el único y mismo hijo de Dios y de María. Dios creó a todas las criaturas y María dió a luz a Dios. Dios, que creó todas las cosas, se hizo a si mismo criatura de María recreando en sí todo lo que había creado. Y mientras que él podía crear todas las cosas de la nada, después de la ruina, no quiso restaurarlas sin María. Así que Dios es el padre de toda criatura y María, la madre de todas las cosas recreadas. Dios es padre de la fundación del mundo y María es la madre de su reparación, porque por medio de Dios, todas las cosas fueron hechas y María dió a luz a Aquel por quién todo ha sido salvado. Dios creó al hombre sin el cual nada es absoluto y María dió a luz al hombre sin el cual nada es bueno. Verdaderamente, el Señor está contigo, el que quiere a todas las criaturas, el mismo también te debe tanto a ti.”

(San Anselmo)

Detalle de una imagen de la Inmaculada venerada en la iglesia de los capuchinos de Sestri Levante, Italia.

Siglo XIII:

La Orden franciscana escoge a la Inmaculada como patrona de la nueva familia religiosa, extendiendo su fiesta a todas sus provincias.

“Ave, Señora, santa reina
Santa Madre de Dios, María
Que eres Virgen hecha Iglesia.
Elegida por el Santo Padre celestial,
Que te ha consagrado
Junto con su santísimo y amado Hijo
Y con el Espíritu Santo Paráclito;
Tu que fuiste y eres toda plenitud de gracia
Y de todo bien.
Salve, su palacio,
Salve, su tabernáculo,
Salve, su casa.
Salve, sus vestiduras,
Salve, su esclava,
Salve, su Madre.

Y todos te saludamos, virtud santa,
Que por gracia e iluminación del Espíritu Santo,
Vienes a infundir en los corazones de los fieles,
Porque a los infieles,
Fieles a Dios los hace.

(San Francisco de Asís)

El 8 de diciembre del 1288, se acercó la beata Cristina de la Santa Cruz a Asís y tuvo una visión del Paraíso y la voz de Cristo que le decía: “No te maravilles por tanta fiesta ya que hoy en el cielo se festeja la Inmaculada Concepción de mi Madre”. La Comunidad agustiniana de la Santa Cruz, fundada en el 1289 por la beata, celebraba el día 8 de diciembre la festividad de la Inmaculada Concepción, como lo atestigua un documento del año 1290.

“Oh María, mi princesa y Madre immaculada del Dios-Hombre Jesucristo, yo quiero luchar con este Hombre, que es el Verbo de Dios, armado no por mis méritos, sino por los suyos”.

(Beato Ruperto abad de Ottobeuren)

Inmaculada Concepción, óleo de Bartolomé Esteban Murillo (1650). Museo Provincial de Bellas Artes, Sevilla (España).

Siglo XIV:

El beato Juan Duns Scoto, franciscano, defendió en Paris la tesis de la Inmaculada Concepción.

Siglos XV – XVI:

El Concilio de Basilea (1439) declaró, aunque no lo notificó, que María no había estado contaminada por el pecado original.

El Concilio provincial de Avignon recibió las instancias de Basilea.

El beato Dionisio el Cartujo, apoyó la declaración conciliar sobre la Inmaculada.
“¡Oh cuanto más debemos racionalmente creer que el Sumo Hacedor, destinando a María para ser la Madre de su mismísimo Hijo, debió adornarla en el alma con las cualidades más bellas para que fuera el digno receptáculo de un Dios!”

(Beato Dionisio el Cartujo)

El Papa Sixto IV extendió la fiesta de la Concepción a toda la Iglesia y aprobó el Oficio “Sicut lilium” compuesto por el franciscano Leonardo de Nogarola para el día 8 de diciembre.

Ercole I d’Este, duque de Ferrara, suscitó una disputa (1428), por lo que el beato Bernardino de Feltre expuso su obra “Octo rationes immaculata Virginis de singulari puritate”.

Santiago Wimpfeling (1450 – 1528), humanista y predicador de Speyer, expresa en un poema su homenaje a la Inmaculada Concepción.

Bernardino de Busti (+1500) escribe el “Maríale” y el “Rosario sermonum” en los que sostiene la tesis de la Inmaculada.

Imagen de la Inmaculada venerada en la iglesia de San Antonio de Sestri Levante, Italia.

Siglo XVIII:

“María… es el medio más seguro y el camino más directo y sin mancha para ir directamente a Jesucristo y encontrarlo perfectamente. Por lo tanto, por medio de ella deben encontrarlo las almas santas que quieren brillar en la santidad. Quién encuentra a María, encuentra la vida, o sea, Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida. Pero no se puede encontrar a María sin saber buscarla y buscarla, sin conocerla, porque no se busca ni se desea un objeto desconocido. Por lo tanto, es necesario conocer a María más que nunca, para el mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad”

“Oh María, mi princesa y Madre inmaculada del Dios-Hombre, Jesucristo; yo quiero luchar con este Hombre, que es el Verbo de Dios, armado no por mis méritos sino por los suyos”.(Beato Ruperto). “¡Oh, cómo se es poderoso y fuerte con Jesucristo, cuando se está lleno de méritos y se tiene la digna intercesión de la Madre de Dios, la cual, como dice San Agustín, con amor ganó al Todopoderoso!”

“Con esta devoción se ofrecen todas las buenas obras a Nuestro Señor por las manos de su santa Madre. Porque esta amable Señora, lo purifica, lo embellece, lo presenta y hace que su Hijo lo acepte”

(San Luís María Grignion de Montfort)

“¡Oh, Virgen Inmaculada y santa, oh, criatura, la más humilde pero la más grande delante de Dios! Fuiste pequeña ante tus propios ojos, pero muy grande ante los ojos de nuestro Señor, que te exaltó eligiéndote como su Madre, haciéndote la reina del cielo y de la tierra. Por eso, doy gracias a Dios que tanto te ha ensalzado y me regocijo contigo viéndote unida a Dios como no se le ha permitido a ninguna otra criatura. Delante de ti que eres tan humilde y con tantos méritos, me avergüenzo de comparecer yo, miserable y lleno de tantos pecados. Pero también quiero saludarte: Ave María, llena de gracia; estás tan llena de gracia que imprégname en parte a mí”.

(San Alfonso María de Ligorio)

Inmaculada Concepción, óleo de Giambattista Tiepolo (1767-1769). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Siglo XIX:

(1830) La Virgen María se le aparece a Santa Catalina Labourè: es la era de la Medalla Milagrosa con la efigie de la Inmaculada.
Este evento llevó a muchos obispos a solicitar a la Santa Sede que en el prefacio de la festividad de la Concepción de la Virgen se introdujese el término “Inmaculada”.

(1840) Se inicia el camno para definir el dogma de fe sobre la Inmaculada: el Papa Gregorio XVI titubea a causa de la oposición de los jansenistas y de las reticencias de los obispos alemanes, ingleses e irlandeses.

(1848) Pio IX constituye una Comisión de veinte teólogos para estudiar “si se debe acceder a las intensas peticiones de un numeroso grupo de obispos”.

(8 diciembre 1854) En la Basílica de San Pedro, el Papa Pio IX define y proclama el dogma de la Inmaculada Concepción: “… después de haber invocado con gemidos al Espíritu Paráclito; por su inspiración divina y en honor de la Santa e Indivisible Trinidad, para decoro y honra de la Virgen Madre de Dios y la exaltación de la Fe católica y el incremento de la Religión cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, declaramos, afirmamos y definimos como revelada por Dios, la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada, por una particular gracia y privilegio del Dios Omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, inmune de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, y por tanto, esto es objeto de fe inmutable para todos los fieles creyentes”. (Ineffabilis Deus – Beato Pio IX)

(25 marzo 1858) La Virgen María Madre de Dios dice a Bernadette: “Que soy era immaculada councepciou”“Yo soy la Inmaculada Concepción”, el Cielo responde: “María nos da la eternidad”.

“¡Virgen Inmaculada, tiernísima Madre! Tu que escuchando a Jesús te alegraste, haznos comprender que nuestra familia está contigo. Si, tu te alegras de darnos la vida y los infinitos tesoros de su divinidad, ¿Como no amarte y bendecirte, María, por esa tremenda generosidad hacia nosotros?
Tu, de verdad nos ama como nos ama Jesús, no nos permitas alejarnos de él. Amar es darlo todo, incluso a si mismo, y tu quisiste hacerlo manteniendo nuestro apoyo. El Salvador sabía los secretos de tu materno corazón, la inmensidad de tu ternura…Jesús nos deja contigo, refugio de los pecadores cuando dejando la cruz, nos espera en el cielo”

(Santa Teresa del Niño Jesús)

Inmaculada Concepción, óleo de Peter Paul Rubens (1628-29). Museo Nacional del Padro, Madrid (España).

Siglo XX:

“¿Quién eres tú, Señora? ¿Quién eres oh Inmaculada? No estoy capacitado para examinar de forma adecuada lo que significa ser “criatura de Dios”. Sobrepasa mi entendimiento el comprender que es eso de ser “hijo adoptivo de Dios.
Pero Tú, ¡Oh Inmaculada! ¿Quién eres? No eres solo una cristura, no eres solo una hija adoptiva; eres la Madre de Dios y no una Madre adoptiva, sino la verdadera Madre de Dios. No se trata solo de una hipótesis o de una probabilidad, sino de una certeza, de una certeza total, de un dogma de fe.
Oh Dios de amor…Tu bondad y tu misericordia han creado para nosotros una Madre, que es la personificación de tu bondad y de tu amor infinito y en la Cruz, en el Gólgota, nos ofreciste Ella a nosotros y nosotros a Ella…”

(San Maximiliano María Kolbe)

“La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta a la gloria en cuerpo y alma, y fue exaltada por el Señor como Reina de todo el universo, ya que se identificó plenamente con su Hijo, Señor, dominador y vencedor del pecado y de la muerte”.

(Concilio Vaticano II – LG 59).

Siglo XXI:

“La mente humana no puede pretender comprender un prodigio tan grande y misterioso. Es la fe quien revela que la Inmaculada Concepción de la Virgen es una promesa de salvación para toda criatura humana peregrina sobre la tierra”.

(Beato Juan Pablo II)

“¡Qué gran regalo es tener por Madre a María Inmaculada! Una madre resplandeciente de belleza, transparente al amor de Dios. Creo que los jóvenes de hoy han crecido en un ambiente saturado de mensajes que proponen falsos modelos de felicidad. Estos niños y niñas corren el riesgo de perder la esperanza porque con frecuencia parecen huérfanos de verdadero amor, amor que llena de significado y de alegría a la vida. Este fue un tema preferido por mi venerado predecesor Juan Pablo II, que tantas veces propuso a María a la juventud de nuestro tiempo, como “Madre del bello amor”.

(S. S. Benedicto XVI)

La Inmaculada y Bernardette. Vidriera decimonónica en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, Francia.

Concluyo estos apuntes con los que he querido mostrar cómo el culto de María Inmaculada está presente en la historia de la Iglesia desde sus comienzos, con una oración que nos recuerda la aparición de Lourdes, donde la Madre de Dios revela que es la Inmaculada Concepción:
“María, tu te apareciste a Bernadette en la hendidura de esta roca. En el frio y oscuro invierno, nos has hecho sentir el calor de tu presencia, de la luz y de la belleza. En las heridas y en la oscuridad de nuestras vidas, en las divisiones de este mundo donde predomina el mal, nos traes esperanza y restaura la confianza. Tu que eres la Inmaculada Concepción vienes en nuestra ayuda, que somos pecadores. Danos la humildad de la conversión, el coraje de la penitencia; enséñanos a rezar por todos los hombres. Guíanos a las fuentes de la verdadera vida. Haz de nosotros, peregrinos dentro de tu Iglesia. Sacianos del hambre de la Eucaristía, que es el pan del camino, el pan de la vida. En ti, María, el Espíritu Santo ha realizado grandes cosas: con su poder, te ha llevado junto al Padre, en la gloria de tu Hijo, viviendo eternamente. Cuida con amor de madre las miserias de nuestro cuerpo y de nuestro corazón. Brilla para todos como estrella luminosa en el momento de nuestra muerte. Con Bernardette, nosotros te rogamos, oh María, con la sencillez y simplicidad de los niños. Pon en nuestros corazones el espíritu de las Bienaventuranzas. Entonces podremos, aun aqui en la tierra, conocer la alegría del Reino y cantar contigo: Magnificat! Gloria a ti, oh Virgen María, bienaventurada sierva del Señor y Madre de Dios; Templo del Espíritu Santo. Amén”.

Damiano Grenci

7 pensamientos en “La Virgen María Inmaculada en la historia de la Iglesia

  1. Tota pulchra es, amica mea; et macula originalis non est in te. :)

    Grazie, caro Damiano, per questo bellissimo articolo che rendono un viaggio storico attraverso la visione della Chiesa riguardanti la Beata Vergine Maria. Colpisce anche me quanto fosse tardi proclamò l’Immacolata Concezione di Maria come dogma nella Chiesa cattolica, e se questa percezione da Lei è sempre esistita. Si noti che gli ortodossi sono sempre stati Lei come tale.

  2. CARI REV. DAMIANO:
    BELLA QUESTA SEZIONE DEDICATA ALLA MADONNA DI CONCEZIONE A VOI, GRAZIE PER PARLARE DI UN SANTO E ‘IL MIO AFFETTO SPECIALI IN CUI SI SAN Alfonso de’ Liguori, per l’onore stesso questo mistero di Maria, come scrive nella sua grande opera le Glorie di Maria, COMPRESA l’Immacolata FA iL SANTO PATRONO DELL’ISTITUTO come religiosa (LA Congregazione dei Redentoristi), tra l’altro, NOSTRA SIGNORA DI ARTICOLO E ‘ORA lA CONQUISTA nella vostra lingua GIU’ iL TUO COMMENTO. ATTE. JUAREZ TACHO

  3. Deus, qui per immaculatam Virginis Conceptionem dignum Filio tuo habitaculum praeparasti: quaesumus; ut, qui ex morte eiusdem Filii tui praevisa, eam ab omni labe praeservasti, nos quoque mundos eius intercessione ad te pervenire concedas. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen.

    • Estimada Verónica, la serpiente -no necesariamente es una víbora- simboliza el pecado o Satanás, que la Virgen vence con su concepción inmaculada y su maternidad divina. Lee las palabras del Génesis: “Y yo pondré enemistad entre tu linaje y el de la mujer, ella te aplastará la cabeza”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Imagen CAPTCHA

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>