San Esteban, diácono protomártir

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Tabla gótica del Santo, obra de Giotto di Bondone (s.XIV).

Las primeras noticias que tenemos de San Esteban provienen de los Hechos de los Apóstoles pero existen otros textos antiguos bastante posteriores al siglo I en los que sobre todo se habla del descubrimiento de sus reliquias y que son muy útiles para explicar las razones por las cuales San Esteban ha sido muy venerado desde los primeros siglos por toda la Cristiandad.

La primera vez que se habla de San Esteban es en (Hechos, 6, 5): “Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía” y esta elección fue consecuencia del malestar y de las protestas de los griegos contra los hebreos porque sus viudas eran desatendidas en aquella incipiente comunidad de Jerusalén, por lo que los apóstoles tuvieron que elegir a siete diáconos que les ayudaran en estos menesteres sociales.

De este texto podemos deducir que Esteban era ya muy conocido y valorado “hombre lleno de fe y de Espíritu Santo” en aquella primitiva comunidad. Hay quienes manifiestan que pertenecía al grupo de los setenta y dos discípulos que acompañaban al Maestro, pero esto no se puede afirmar completamente; lo que si se puede decir es que tenía muy buena reputación. Sigue diciendo San Lucas que “Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales” (Hechos, 6, 8), pero que “Se levantaron algunos de la sinagoga de los Libertos, de Cirene y de Alejandría y otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a disputar con Esteban; pero como no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba, entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: Nosotros hemos oído a éste pronunciar blasfemias contra Moisés y contra Dios” (Hechos, 6, 9-11).

De este texto se puede deducir que su apostolado no era meramente asistencial, sino que además, entre los judíos de la diáspora suscitaba animadas discusiones provocando el debate. Y el hecho de que lo acusen injustamente de blasfemar contra Moisés, nos da a entender que principalmente predicaba la visión que tenía de la misión salvadora universal de Cristo, salvación que sobrepasaba a la Ley y los profetas, que superaba la mera visión localista que tenían los judíos convertidos. Por eso, es acusado de dos crímenes: rechazar la Ley de Moisés y despreciar el Templo. San Lucas, en el capítulo 7 de los Hechos narra el largo discurso de Esteban ante el Sanedrín: la historia de la salvación, que empieza por Abrahán y los patriarcas, continúa por Moisés y David y que finalmente, lleva a Cristo a quién ellos traicionaron y asesinaron (aconsejo leer el capítulo 7 entero).

Martirio del Santo. Mural románico catalán en la iglesia de Sant Joan de Boi, Lleida (España).

La reacción contra esta reprimenda de Esteban fue furiosa sobre todo cuando proclamó su fe en Cristo: “Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió” (Hechos, 7, 57-60). Según muchos exegetas, esta condena no tiene lo más mínimo de legalidad. Es originada por el furor del Sanedrín, por la violencia que entre ellos provocó la profesión de fe de Esteban. Esteban proclama la divinidad de Cristo y es por esto por lo que es el primer mártir, el primer testigo que paga con su propia sangre, la fe que profesa a Jesús. La manera en que San Lucas narra los últimos momentos de San Esteban es muy elocuente: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” y “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”.

El evangelista Lucas no precisa el lugar del martirio, solo dice que fue “fuera de la ciudad”. Está basada en documentos muy posteriores, la creencia de que el lugar del martirio estaba en la parte Norte de la ciudad, una zona llena de piedras, lejana a la zona bajo el control de la guardia romana. Tampoco dice San Lucas donde fue sepultado; sólo dice: “Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él” (Hechos, 8, 2). Si releemos el artículo publicado el día 16 de marzo, titulado ¿A qué edad murió Cristo? y aceptamos que pudo ser el año 30 de nuestra era, Esteban debió ser martirizado el año 31 o 32, en un día muy cercano a la fiesta de los Tabernáculos, pues según nos dice San Lucas, había en Jerusalén muchos forasteros (Hechos, 7,9). Y esto es todo lo que se sabe de la vida y muerte de San Esteban, diácono y primer mártir de la Cristiandad, aunque bien es verdad que hay una “passio” legendaria de la que diremos algo.

Invención de las reliquias del Santo. Miniatura gótica del códice Speculum Historiae, siglo XV.

En el siglo X se encontró un códice en el Monte Athos en el que se escribía, en lengua georgiana, sobre el martirio de San Esteban. De él existen versiones en diversas lenguas eslavas y en griego. Según este relato, San Esteban nació dos años después de la Ascensión en un tiempo en el que muchos sabios de Etiopía, Tebaida, Mauritania y Babilonia discutían acaloradamente sobre el nacimiento virginal de Cristo, sobre sus milagros y su Resurrección. Esteban tomó partido y sus adversarios lo llevaron ante Pilatos para que lo condenase, pero Pilatos les reprochó su terquedad defendiendo a Esteban. El mismo Pilatos, con su mujer e hijos se habían convertido al cristianismo.

Esteban fue llevado entonces ante Caifás, quien lo hizo azotar y durante tres días y tres noches hizo que Esteban debatiera con ellos sobre esos temas. Ni siquiera Saulo (San Pablo), logró rebatirlo por lo que se suscitó una violenta reacción, que fue frenada por Gamaliel, que era miembro del Sanedrín y que previamente se había convertido, quién sin embargo no pudo evitar que Esteban fuese torturado. Seguidamente lo condujeron ante el escriba Alejandro y posteriormente ante el tetrarca Antipas. La noche anterior al último juicio, un ángel anunció a Esteban su inminente martirio y lo confortó y en ese juicio, que aun fue más violento que los anteriores, fue Saulo quién insistentemente solicitó su lapidación. Esto ocurrió delante de Pilatos y familiares, Nicodemo, Gamaliel y su hijo Abibo. Posteriormente el mismo Nicodemo y Abibo serían también martirizados por haber intentado sepultar a Esteban pues sus enemigos pretendían que fuera devorado por las fieras. Entonces fue Pilatos quién lo sepultó en su tumba familiar y desde allí, milagrosamente su cuerpo fue trasladado a Kefar-Gamla. Otra versión dice que este traslado lo hizo Gamaliel con el consentimiento de los apóstoles.

Como puede verse esta “passio” está llena de ocurrencias a cual más inverosímil e incluso esperpéntica y no se acomoda en absoluto a lo escrito por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, siendo un relato inventado por un monje que vivió entre los siglos V-VI.

Las reliquias de San Esteban se encontraron en el año 415, hecho que contribuyó a incrementar el culto al santo. Parece asombroso que se perdiera el rastro del sepulcro de uno de los mártires más venerados de la antigüedad, pero así fue, aunque esto puede explicarse por el hecho de que el culto a los mártires en sus sepulcros no se inició hasta el siglo II, siendo en el siglo IV donde alcanzó su apogeo. Puede también explicarse este “abandono” por el hecho de que los emperadores Tito (en el año 70) y Adriano (en el año 135) arrasaron Palestina y muy especialmente, Jerusalén.

Relicario del Santo en Gimel, Francia.

Es un sacerdote llamado Luciano de Kefar-Gamla quién relata en griego este descubrimiento, relato que casi inmediatamente fue traducido al latín por Avito de Braga, al siríaco, copto, árabe y otras lenguas. Todo esto contribuyó a que por toda la Cristiandad “se corriera la noticia como la pólvora”. Según nos cuenta Luciano, durante tres días, en el mes de diciembre del año 415 se le apareció en sueños Gamaliel, quién le aseguró que San Esteban estaba sepultado en aquella localidad porque quién allí lo había sepultado era él mismo. También le indicó que en el mismo sepulcro había puesto los cuerpos de su hijo Abibo, de Nicodemo, quienes, por temor al Sanedrín, se habían refugiado en su casa antes de morir y aun el suyo propio; o sea: en el mismo sepulcro estaban Esteban, Gamaliel, Abibo y Nicodemo.

Luciano contó esto al obispo Juan de Jerusalén. Excavaron, encontraron la piedra sepulcral donde estaban anotados en griego los nombres de los cuatro, identificaron las reliquias e inmediatamente ocurrieron grandes prodigios (yo, la verdad, no se cómo pudieron distinguir los restos de uno de los restos de los otros tres). Luciano dice que él se quedó con una parte de los huesos, que posteriormente distribuyó entre algunos amigos, y que la porción mayor de las reliquias se trasladaron a Jerusalén, a la iglesia de Sión, el día 26 de diciembre del año 415.

Juvenal, obispo de Jerusalén mandó construir una basílica en el presunto lugar donde se produjo la lapidación del santo y esta basílica, fue solemnemente inaugurada por San Cirilo, patriarca de Alejandría, en el año 439. La emperatriz Eudocia, que vivía en aquella época, edificó una basílica aun más grandiosa y un monasterio, los cuales fueron destruidos por los persas en el siglo VII.

Demos por auténticos estos restos de San Esteban, pero si el descubrimiento de las reliquias se hubiese realizado en el día de hoy, ¿los hubiéramos dado por buenos, estando mezclados con otros, sin hacerles ningún tipo de pruebas? En el fondo, ¿qué quiero decir con esto? Que dudas razonables las hay, máxime cuando sabemos que si se juntasen todas las reliquias que del santo existen repartidas por toda la cristiandad, tendríamos varios esqueletos. Un simple ejemplo: hay un cráneo completo en el monasterio Vatopedi del Monte Athos (se reproduce una foto), otro también completo en Dubrovnik (Croacia) y algún otro más; algo parecido a lo que ocurre con San Juan Bautista (ver artículo del 26 de junio) y con algún que otro santo de la antigüedad.

Sepulcro de los Santos Esteban, Lorenzo y Justino. Basílica de San Lorenzo, Roma (Italia).

Que yo sepa, existen reliquias insignes de San Esteban en: Roma (Italia), Venecia (Italia), Nea Ionia (Grecia), Sens (Francia), Gimel (Francia), al-Fayum (Egipto), Viena (Austria), Waha (Bélgica), Monte Athos (Grecia), Putignano (Italia), Dignano (Croacia), Wegier (Polonia), Bega (Barcelona-España), Zagreb (Croacia), Huy (Bélgica), Kiev (Ucrania), Maastricht (Holanda), Dubrovnik (Croacia), Court St. Etienne (Bélgica), Limoges (Francia), Auxerre (Francia), etc., etc.

Además, hay casi una decena de iglesias que presumen de tener relicarios de ¡la sangre del mártir! A mí me vais a permitir que dude de la autenticidad de estas reliquias porque ¿quién y cuando recogió la sangre del mártir? Y el colmo: en Ancona (Italia) se veneran algunas de las piedras utilizadas durante la lapidación.

Como he mencionado antes, el culto es antiquísimo. El mismo San Lucas dice: “Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él” (Hechos, 8, 2). Esto se hacía en Palestina para conmemorar especialmente a los difuntos más distinguidos, más queridos y venerados, por lo que podemos deducir que ya esto, en si mismo, fue una primera veneración al santo. El mismo San Pablo, que fue testigo de su muerte, años más tarde dice que “fue testimonio de Cristo” (Hechos, 22, 20). San Agustín llega a decir que el mismo hecho de que su martirio esté contado en un Libro Sagrado, contribuyó a que desde los comienzos de la Iglesia, su memoria estuviese en la mente de todos.

En Oriente, en el siglo IV, varios Padres de la Iglesia escriben sobre él: San Gregorio de Nissa, San Basilio de Seleucia, San Asterio de Amasea y otros y destaquemos que estos sermones escritos por estos santos son anteriores a la fecha del descubrimiento de las reliquias, luego es seguro que ya con anterioridad a este hecho el Santo era venerado, aunque el descubrimiento de las reliquias incrementase aun más su culto. Ya desde el siglo V, el Martirologio Siríaco conmemora su fiesta el día 26 de diciembre y la Iglesia de Constantinopla lo conmemoraba un día después.

Esta fecha no conmemora el día del martirio sencillamente porque no se sabe, sino que quieren solemnizar la festividad de este primer mártir cristiano poniéndola lo más cerca posible del día en el que conmemoramos en nacimiento de nuestro Salvador. De hecho, San Gregorio de Nissa nos recuerda cuales eran las fiestas celebradas alrededor de la Navidad: Santos Pedro y Pablo, Santos Juan y Santiago, San Esteban…; cabe destacar, sin embargo, que la “Depositio martyrum” del año 354 no menciona esta festividad.

Relicario del cráneo del Santo venerado en el monasterio Vatopedi, Monte Athos (Grecia).

Como he dicho anteriormente, el descubrimiento de las reliquias es lo que hace florecer el culto principalmente, máxime cuando el propio Luciano dice que él repartió parte de ellas entre sus amigos; una de ellas se la regaló a Orosio, obispo de Menorca, en Hispania (!!). De hecho, como hemos visto antes, las hay por todos los países cristianos tanto de Oriente como de Occidente.

Se multiplicaron las fiestas litúrgicas conmemorando traslados de las reliquias de un sitio a otro y se le dedicaron multitud de iglesias, monasterios y abadías. Recordemos en este momento un curioso relato que habla del traslado de las reliquias de San Esteban: Un mujer de Constantinopla, llamada Juliana, había sepultado en Jerusalén a su esposo llamado Alejandro, junto al sepulcro de San Esteban. Realizó diversas gestiones y consiguió que le permitieran trasladar el cuerpo de su marido desde Jerusalén a Constantinopla; conseguido el permiso, consiguió engañar a todos y en el ataúd que debiera llevar el cuerpo de su esposo, escondió el del santo y así trasladó el cuerpo a Constantinopla (!!) Una vez que el cuerpo estuvo en la Ciudad Imperial, Pulqueria, hermana de Teodosio II, se dedicó a regalar parte del cuerpo a diversas personas relevantes de la Corte, devolviéndose algunas a la propia Jerusalén. Parte de ellas volvieron a Occidente en el siglo XIII durante la Cuarta Cruzada.

Además de la fiesta del día 26 de diciembre, a partir del siglo X se empezó a celebrar otra fiesta sobre el descubrimiento del cuerpo: el día 2 de agosto (!!), fiesta que como es natural, ha sido una de las suprimidas del siglo pasado. ¿Y por qué? Porque está clarísimo que fue una confusión con la festividad del Papa San Esteban I que es precisamente ese día; ya dijimos que Luciano cuando habla de la invención, lo hace en diciembre. Pero sobre este tema de fechas, siguen las discusiones entre los hagiógrafos en las que no es necesario entrar aquí. Las Iglesias caldea y copta lo conmemoran el día 8 de enero, pero hay que tener en cuenta que estas iglesias el día anterior conmemoran la Navidad.

En la Edad Media existían en Roma diversas iglesias dedicadas al santo diácono protomártir, la más famosa, Santo Stefano Rotondo sul Monte Celio, erigida por el Papa San Simplicio en el siglo V. Existe otro relato que dice que a finales del siglo VI, durante el pontificado de San Pelagio II se llevaron reliquias desde Constantinopla hasta Roma, siendo estas reliquias las que reposan en la cripta existente bajo el altar de la Basílica de San Lorenzo fuori le Mura, junto con las reliquias del santo diácono hispano.

Icono ortodoxo americano del Santo. Iglesia de la Santa Dormición de Cumberland (EEUU).

Sobre la abundante iconografía de San Esteban prefiero no hablar porque además de alargar en exceso el artículo, no soy yo la persona más apropiada. Para preparar este artículo, además de utilizar el Nuevo Testamento, las Cartas de Luciano y los datos propios de mi archivo, principalmente me he basado en los trabajos de Monseñor Gian Domenico Gordini, profesor de Historia Eclesiástica del Pontificio Seminario Regional de Bologna (Italia).

Antonio Barrero

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El “Cant de la Sibil.la”: Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

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Detalle de una Sibila en un fresco de Domenico Ghirlandaio (1485). Capilla Sassetti, iglesia de la Santísima Trinidad de Florencia, Italia.

En esta Nochebuena, durante la Misa del Gallo, se cantará como viene siendo tradición el Cant de la Sibil.la en las iglesias de Mallorca, y en el pueblo sardo de l’Alguer, además de muchas otras zonas en Cataluña y Valencia, por extensión. Pero, ¿qué es el Cant de la Sibil.la? Llamamos así a un drama litúrgico, de melodía gregoriana; que se entona de manera tradicional la noche del 24 en la Misa del Gallo, y que especialmente en Mallorca y en l’Alguer ha constituido una tradición que procede de la Baja Edad Media y que ha perdurado hasta nuestros días. Pero antes de entrar a conocer esta bellísima expresión de nuestra cultura medieval, hay algunos aspectos que cabe considerar.

¿Qué es una Sibila?

Una Sibila es, básicamente, una profetisa, es decir, una mujer por cuya boca habla la divinidad. En el mundo antiguo tuvieron gran relevancia al considerarse vehículos de comunicación entre los mortales y los dioses. Especialmente, en la cultura grecorromana fueron mujeres que en estado de trance o inspiración divina, eran “poseídas” por el dios y hablaban por su boca, vaticinando sucesos, dando consejo o respondiendo a cuestiones planteadas, siempre con gran enigma y ambigüedad. Famosa fue la profetisa del Oráculo de Delfos (la Pitia, mal llamada Sibila Délfica) que era consultada por todos los que acudían a este santuario griego y por cuya boca hablaba el dios Apolo. Existieron muchas otras mujeres dedicadas a esta función religiosa (la tradición ha documentado otras en Cumas, Libia, Persia…); mujeres vírgenes que se consagraban a la divinidad y se convertían en sus mensajeras. El puesto era heredado por otra a la muerte de su antecesora y parece ser que si primero fueron mujeres jóvenes, con el tiempo fueron siendo sustituidas por ancianas; pero en cualquier caso se trataba de ejercer de vehículo para la divinidad. Las palabras gritadas o susurradas en trance por la profetisa, como digo, casi siempre enigmáticas o ambiguas, eran consideradas las palabras del dios y a continuación eran interpretadas por los sacerdotes del santuario. Si el vaticinio no era correctamente interpretado siempre se echaba la culpa a la incomprensión de los mortales, jamás a la inexactitud del dios, que, como dios que era, ni podía equivocarse, ni tenía por qué rebajarse a explicarse de otro modo.

No quiero extenderme en esto, baste decir que esto era una Sibila para el mundo antiguo. Sorprendentemente, ésta es la única figura puramente pagana que ha sido heredada, sin cristianizarse, por la cultura iconográfica y musical cristiana. ¿Cómo es ello posible? A partir de una tradición entre tardoantigua y altomedieval que afirma que una de las Sibilas profetizó el nacimiento de Cristo. Así, desde el momento en que se dice que una Sibila anuncia la era cristiana, ésta pasa a ser considerada parte del elenco cultural cristiano y sobrevive como alegoría profética más allá de la desaparición de las Sibilas reales, al morir el mundo antiguo y extenderse como única religión admitida la cristiana. La Sibila o Sibilas pasarán entonces a formar parte de la decoración de las iglesias como figura pagana que anuncia la llegada del nuevo Dios, y también formará parte del elenco musical, especialmente de esta forma en particular que vamos a ver.

"Sibila Europaea". Iluminación medieval del manuscrito cod. icon. 414, "Sibyllae et prophetae de Christo Salvatore vaticinantes". Finales del s.XV.

El “Cant de la Sibil.la”: anuncio del Juicio Final

Como decía, la pieza musical que nos ocupa es un drama litúrgico gregoriano cuyo contenido anuncia el Juicio Final. La Sibila expande su mensaje terrorífico y vaticina los horrores del Día del Juicio, el castigo de los malvados y el premio de los justos. Finalmente, invoca a la Virgen, quien acaba de dar a luz a su Hijo, para que interceda por todos nosotros. De ahí que este Canto se enmarque en la Misa del Gallo y se interprete mayoritariamente en esta noche de Navidad.
La antigüedad del Cant de la Sibil.la es difícil de precisar. Tenemos noticias de cantos de Sibilias desde el Imperio Carolingio, en un manuscrito de Limoges (Francia). En España el documento más antiguo que nos habla de estos cantos es un manuscrito visigodo de 960, propio de la liturgia mozárabe. En territorio catalanoaragonés, el manuscrito de Ripoll (s.XI) contiene el texto latino más antiguo. Se trata, pues, de una tradición musical cristiana medieval, que se fue extendiendo mediante la conquista cristiana por Cataluña, Valencia y Mallorca, cuya versión es la que nos ocupa y tenemos documentada desde los años 1360-63. En el siglo XV es incorporado a los Maitines de Navidad, de ahí la vinculación.

La versión mallorquina se adapta en el siglo XV para ser cantada por un niño –cuando en principio, lógicamente, sería entonada por los presbíteros-; esto es, una voz blanca, que aseguraría el tono cristalino y angelical que se espera de un mensaje profético. Con el tiempo, sin embargo, ha sido interpretada también por niñas y mujeres, puesto que al fin y al cabo, el personaje que entona este drama litúrgico es la mencionada profetisa de la Antigüedad. Actualmente es una soprano la que interpreta el canto en la mayoría de iglesias en Cataluña, C. Valenciana y Mallorca.

La representación, al menos en Mallorca, consiste en la aparición de la Sibila vestida con atuendo medieval y portando en sus manos una espada, que sostendrá el frente mientras efectúa el canto. Al final, trazará solemnemente una cruz con la espada ante todos los presentes y se retirará. En algunos lugares es típico que luego se utilice esta espada para partir los dulces propios de Nochebuena.

El “Cant de la Sibil.la”: último eco del pasado medieval

Representación del Cant de la Sibil.la en la catedral de Mallorca, España. Nótese el sorprendente parecido entre la Sibila mallorquina y la Sibila Europaea del manuscrito medieval.

El Concilio de Trento (1545-1563) prohibió la mayoría de manifestaciones religiosas locales en lengua vulgar, dentro del espíritu de la Reforma católica, que pretendía uniformizar el culto católico bajo la liturgia latina y así, tan sólo el Cant de la Sibil.la y el también famoso y reconocido Misteri d’Elx han sobrevivido a la prohibición y han perdurado hasta nuestros días. Estas dos manifestaciones culturales de la religiosidad cristiana medieval han llegado a nosotros trayéndonos los ecos terribles del milenarismo medieval, de ahí el carácter apocalíptico y terrorífico del canto; que se nos antoja hoy extraño en el marco de unas fiestas que para todos los cristianos son de alegría y esperanza. Pero así era la espiritualidad de los antepasados y así fue la concepción de Cristo en la Edad Media, hasta que el mundo empezó a cambiar y brillaron las primeras luces que anunciaran el Renacimiento humanístico.

Podría estar hablando mucho tiempo de las diferentes versiones del canto, las diferentes letras y partituras musicales que existen, las tradicionales formas de interpretarlo en cada lugar y las variadísimas teorías sobre su origen y naturaleza, pero no haría más que aburriros y lo que quiero es que paséis a conocer esta maravilla. Así pues, os dejo el vídeo del Cant de la Sibil.la, interpretado por la soprano Cristina Van Roy en el año 2007, catedral de Mallorca, España. También os dejo el texto de la versión mallorquina y su traducción al castellano para que podáis seguirlo y comprender el texto. Esta versión viene armonizada con música y coro, pero lo que es el Cant de la Sibil.la propiamente dicho, es la recitación de la soprano. Disfrutadlo.[1]

Texto en mallorquínTraducción al español
Lo jorn del Judici
parrà qui haurà fet servici.

Jesucrist, Rei universal,
home i ver Déu eternal,
del cel vindrà per a jutjar
i a cada u lo just darà.

Gran foc del cel davallarà;
mars, fonts i rius, tot cremarà.
Daran los peixos horribles crits
perdent los seus naturals delits.

Ans del Judici l'Anticrist vindrà
i a tot lo món turment darà,
i se farà com Déu servir,
i qui no el crega farà morir.

Lo seu regnat serà molt breu;
en aquell temps sots poder seu
moriran màrtirs tots a un lloc
aquells dos sants, Elies i Enoc.

Lo sol perdrà sa claredat
mostrant-se fosc i entelat,
la lluna no darà claror
i tot lo món serà tristor.

Als mals dirà molt agrament:
—Anau, maleits, en el turment!
anau-vos-ne en el foc etern
amb vòstron príncep de l'infern!

Als bons dirà:—Fills meus, veniu!
benaventurats posseïu
el regne que us he aparellat
des que lo món va esser creat!

Oh humil Verge! Vós qui heu parit
Jesús Infant aquesta nit,
a vòstron Fill vullau pregar
que de l'infern vulla'ns lliurar!

Lo jorn del Judici
parrà qui haurà fet servici.
El día del Juicio
perecerá quien haya hecho servicio.

Jesucristo, Rey universal,
hombre y verdadero Dios eterno
del cielo vendrá para juzgar
y cada uno lo justo dará.

Gran fuego del cielo bajará;
mares, fuentes y ríos, todo lo quemará.
Darán los peces horribles gritos
perdiendo sus naturales regocijos.

Antes del Juicio el Anticristo vendrá
y a todos tormento dará,
y servir como Dios se hará
y a quien no le obedezca morir hará.

Su reinado será muy breve;
en aquel tiempo bajo su poder
morirán mártires todos a la vez
aquellos dos santos, Elías y Enoc.

El sol perderá su claridad
mostrándose oscuro y entelado
la luna no iluminará
y todo el mundo será oscuridad.

A los malvados dirá amargamente:
-¡Fuera, malditos, al tormento!
¡Idos al fuego eterno
con vuestro príncipe del infierno!

A los justos dirá:-¡Hijos míos, venid!
¡Bienaventurados, poseed
el reino que os he preparado
desde que el mundo fue creado!

¡Oh humilde Virgen! Vos que habéis parido
Jesús Niño esta noche,
¡a vuestro Hijo quered rogar
para que del infierno nos quiera librar!

El día del Juicio
perecerá quien haya hecho servicio.

La singularidad y relevancia del Cant de la Sibil.la, una de las escasísimas muestras del folklore medieval que han perdurado hasta el siglo XXI y representante de la idiosincrasia mediterránea de la cristiandad de cultura y lengua mallorquinas; le han valido el reconocimiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, concedido por la UNESCO el 16 de noviembre de 2010.

Oh humilde Virgen, tú que has parido a Jesús Niño esta noche, ruégale a tu Hijo que del infierno nos quiera librar. Amén.

Meldelen


[1] Es importante hacer notar que la soprano no canta todas las estrofas. Empieza por “Lo jorn del Judici…” y sigue hasta “… i a cada u lo just darà”. Luego salta directamente hacia la estrofa “Als mals dirà molt agrament..” hasta el final. Esto probablemente se hará por no alargar en exceso el Cant y por no agotar a la soprano, suprimiendo oportunamente las estrofas más terribles del mismo.

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El Santo Niño de Atocha

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Imagen del Santo Niño de Atocha venerado en su Santuario en Plateros, Zacatecas, México.

En las cercanías de Madrid, en Atocha donde es venerada una imagen de la Virgen María con el niño en brazos. En la época de la invasión musulmana a la península surgió una leyenda acerca de un hecho prodigioso acerca de los cristianos cautivos a quienes les eran prohibidas las visitas y que pasando hambre y carencias, ellos y sus familiares se encomendaron a la Virgen de Atocha, y se cuenta que el Niño Jesús en brazos de su madre se desprendió y vestido de peregrino con la concha de Santiago y esclavina, con una canasta llena de pan y un calabazo con agua se coló entre las rejas de la prisión para darles de comer a los cautivos y mientras a más les daba alimento y bebida, todos incluyendo los moros, quedaban sorprendidos al ver que su canasta y su calabazo no se vaciaban, y los que mas sorprendía era que el niño después de alimentarlos con su manita los bendecía y en los presos quedaba una gran paz interior.

Algún tiempo después, entre el siglo XVII y XVIII pues no se tiene la certeza, los frailes dominicos llegaron al pueblo minero de Plateros, en Fresnillo, Zacatecas, México llevando una imagen de Nuestra Señora de Atocha a quien la misma orden custodia en España. Tal parece que el niño Jesús era desprendido de brazos de su madre para ser venerado en Nochebuena y Navidad y en algunas otras festividades, esto sumado seguramente por la leyenda del niño Jesús que auxiliaba a los cautivos en España, propició la devoción de los indios ya no hacia la Virgen de Atocha, sino al niño Jesús por sí solo, al grado que para finales del siglo XVIII o principios del XIX ya había sido necesario separar al niño de su madre para ser venerado por sí solo. Fue entonces cuando se le sentó en un sillón para sustituir los brazos de su madre; algunos investigadores hacen referencia de que el niño Jesús original de la Virgen de Atocha se extravió y entonces los indios hicieron otro con rasgos más americanos, lo que quizás propició aumentar la devoción más por el niño Jesús con rasgos indígenas que por la Virgen española. En cualquier de los dos casos se separaron ambas imágenes y su culto aumento a tal manera que desplazó al del Crucificado Señor de Plateros que es venerado en el mismo templo.

Muchos son los milagros que se narran sobre el Santo Niño de Atocha: como personas que por su intercesión fueron rescatadas en el siglo XIX de indios rebeldes que los habían capturado. Entre las narraciones de sus milagros una de las más famosas nos habla de que hacia 1829 una mujer de nombre Maximina Esparza había caído en la cárcel debido a sus malas costumbres en varios estados de la República; en el estado de Durango permaneció alrededor de un año en la cárcel y movida por la desesperación invocó al “Santo Niño de Nuestra Señora de Atocha” para que le sacara del cautiverio. En algunas versiones de la leyenda se nos dice que nuevamente el Niño Jesús se le apareció y en otras nos habla de que se le apareció pero en forma de un apuesto joven.

Nuestra Señora de Atocha, venerada en su santuario en Madrid, España, el cual es custodiado por los dominicos.

En cualquiera de los dos, el Santo Niño le dijo que llevaba una pieza de pan “a nombre de su madre” y diciéndole que pronto estaría en libertad, lo que sucedió tal cual y al ser liberada a las afueras encontró al joven (niño) quien la acompañó y Maximina movida por el agradecimiento, le pidió que la llevara con su madre pues le quería dar las gracias por todas las atenciones, y preguntándole al joven (niño) cual era su nombre y el de su madre este respondió que el suyo era Manuel de Atocha y su madre María de Atocha, y que su casa estaba en Fresnillo, Zacatecas. Maximina después de tener estos datos decidió ir en busca nuevamente del joven y de su madre a Fresnillo para darles las gracias y al llegar nadie sabía decirle con exactitud donde era la casa de esa señora, pero al describirles cómo era el niño (joven) le dijeron que se dirigiera a la iglesia y hablara con el cura, el cual al escucharla inmediato la llevó dentro del Santuario y esta quedó sorprendida al ver que aquel niño (joven) que la había socorrido era idéntico al Santo Niño de Atocha venerado en Plateros, lo que llevó al arrepentimiento de la mujer por sus culpas y a dejar constancia del milagro mediante un ex voto.

Al ser un pueblo minero, Plateros, hay constancia de varios milagros ocurridos a este gremio entre ellos destacan los de mineros que tras quedar atrapados en las minas a causa de derrumbes en la oscuridad aparecía un niño que les llevaba pan y agua y les daba esperanza y al poco tiempo podía salir de esa peligrosa situación. Otro milagro que es de destacar es el ocurrido al minero Mariano García en 1837, el cual fue golpeado por una piedra en la cabeza disparada por un barreno y lo tiroó al suelo, comenzando a sangrar por la cabeza, nariz y boca. El minero invoco al Santo Niño de Atocha y al poco tiempo estuvo sano y sin quedar rastros del accidente.

Debido a los milagros que he narrado, al Santo Niño de Atocha se le considera patrón de los mineros, de los que son encarcelados o están cautivos y de los niños; su devoción en el gremio de los mineros es tanta que en las minas no faltan los altares dedicados a él en cada uno de los niveles de la misma, para que al bajar los mineros puedan encomendarse al Santo Niño. Su festividad que es celebrada el 25 de diciembre comienza con un novenario el 16 del mismo mes, con las famosas posadas; una peculiaridad de los rezos del novenario al Santo Niño de Atocha es que sus devotos tratan de invitar a muchos niños para que le recen y acompañen sonando panderos y sonajas y al final se les reparten juguetes y dulces.

Oleo/ lámina, S. XIX, Retablo decimononico de elaboración popular con la imagen más conocida del Santo Niño de Atocha, es destacable que el sombrero lleva plumas con los colores de la bandera mexicana recalcando el nacionalismo de la advocación.

La devoción al Santo Niño de Atocha ha trascendido México. Desde el siglo XIX una imagen suya fue llevada a Chimayo, Nuevo México, donde existe otro santuario construido en su honor, lo mismo sucede en Filipinas donde tiene muchos devotos, en Cuba ha llegado a ser una de las representaciones del orisha Elegua. Su devoción se fue acrecentando desde el siglo XIX especialmente gracias a una novena escrita por Calixto Aguirre quien después de ser sanado de una enfermedad incurable, prometió al Santo Niño hacerle una novena en acción de gracias y en la misma recolectó varios de los milagros más importantes que se encontraban en los retablos del Santuario de Plateros.

Durante el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, la devoción al Santo Niño de Atocha fue comparable a la de la Virgen de Guadalupe, y hasta la actualidad es la advocación de Cristo infante más popular y conocida de México. El éxito de esta advocación se deba quizás a que esta imagen al presentar algunos rasgos indígenas como dicen algunos investigadores, trajo la devoción de los naturales y al ser el Niño de la Virgen de Atocha española también atrajo la devoción de los peninsulares, lo que logró la trascendencia de su culto.

En el Santuario de la Virgen de Atocha en Madrid, tiene dedicado un altar, pues reconocen la trascendencia del culto al Divino Infante en América, a pesar de no haber sido en España sino en América donde se separó definitivamente al niño de su madre para ser venerado aparte. Del mismo modo en España el Niño de Atocha no tiene la devoción que tiene su madre y al contrario en América, Nuestra Señora de Atocha es prácticamente desconocida a diferencia del Santo Niño que tiene innumerables templos, parroquias y capillas.

Escultura moderna del Santo Niño de Atocha venerado en su propio templo en Mérida, Yucatán, México.

El preso, el enfermo
Niñito de Atocha a mi ver,
Lo amparas y asistes
Con tu gran poder;
Y a ninguno dejas
Niño, perecer
Tú al preso le das
libertad y ser;
También al enfermo
¿Quién lo podrá hacer?

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA:

– Ayala Anguiano, Armando, ¡Extra Contenido! Los santos niños que protegen a México, México, Contenido, revista de publicación mensual, Diciembre 2002.
– Mondragón, Mario, Niños Dios apariciones, historias y milagros, México, Mina editores, Serie libros Grandes Misterios, No. 1, 2002.
– Olimón Nolasco, Manuel, Luces en el desierto: predicación de las órdenes religiosas y arte del retablo mexicano, en Borrel Rivero, Héctor, Retablos y exvotos, México, Artes de México, primera edición, 2000.
– Schneider, Luis Mario, Cristos, Santos y Vírgenes, México, Planeta, primera edición, 1995.

CONSULTADO EN LÍNEA:
http://www.ninoatocha.com/index.html
http://www.parroquiadeatocha.es/

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Santos Victoria, Anatolia y Audax, mártires sabinos

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Detalle de las dos Santas en el cortejo de vírgenes. Sant'Apollinare Nuovo, Rávena (Italia).

Pregunta: Quisiera saber sobre santa victoria de Tivoli Italia, cuya fecha se conmemora el 23 de diciembre.

Pregunta: Hola. Su blog me parece muy bueno, muy padre como decimos por acá. Ahora tengo el turno de hacerles una pregunta, porque nadie me sabe responder bien, o no me hacen ni caso. En mi iglesia hay una pintura de Santa Victoria, la santa que se celebraba el 23 de diciembre. Quisiera yo saber un poco más de su vida. En los santorales hay pocas cosas, pero ustedes parecen tener bibliografía especializada y muchos conocimientos. Gracias. Mi bendición.

Respuesta: La Santa por la que preguntas aparece conmemorada junto a los también mártires Anatolia y Audax, éstos se conmemoran el 9 de julio y Victoria, como bien dices, el 23 de diciembre; aunque es importante hacer notar que estas fechas son las del Martirologio Romano después de que Baronio los introdujera en éste; y que previamente y en otras fuentes se los ha celebrado en días distintos. Vamos a ver estas menciones.

La primera mención de Anatolia aparece en el año 396 y se debe a Victrice de Rouen en el De Laude sanctorum, capítulo XI. Aquí esta santa aparece entre los santos taumaturgos [1]. Al inicio del siglo VI, en el Martirologio Jeronimiano, el día 10 de julio se hace mención de Anatolia y Victoria: VI Idus iulii in Savinis Anatoliae et Victoriae. El mismo Martirologio recuerda a Victoria sola el día 19 de diciembre: In Savinis civitate Tribulana, Victoriae. Poco tiempo después aparecen las dos santas en los mosaicos de Sant’Apollinare Nuovo de Rávena entre los santos más ilustres de Occidente, junto con Paulina, Cristina y otras formando un grupo de vírgenes que homenajean a Cristo.

La passio, datada en el siglo VIII, es auténtica, con la salvedad de algunos detalles fantasiosos que conviene no tomar en serio. Esta passio Sanctorum Anatoliae, Audacis et Victoriae fue leída por Aldelmo en el año 709 y posteriormente por Beda en el año 735, los cuales componen versos en honor de las dos Santas (Aldelmo en su De Laude Virginum y Beda en su Martirologio).
Los elogios de Beda hacia las dos Santas, son asumidos por Adone y el monje Usuardo e introducidos íntegramente por Baronio en el Martirologio Romano, que coloca definitivamente a Audax y Anatolia el día 9 de julio y a Victoria el dia 23 de diciembre, como decía al principio.

Anatolia libra a Audax de la serpiente. Lienzo barroco que preside el altar-sepulcro de los dos Santos en el monasterio de Sacro Speco, Subiaco (Italia).

Según esta passio, Anatolia y Victoria eran dos jóvenes oriundas de Tívoli y prometidas en matrimonio a dos patricios, que rompieron el compromiso para consagrar su virginidad a Cristo. Éstos las hicieron encerrar en sus propiedades y trataron de vencerlas por hambre, pero fue inútil. Cuando supieron que las dos jóvenes habían vendido su dote y entregado sus bienes a los pobres, las denunciaron ante el emperador Decio, quien dictaminó su destierro a sus respectivas posesiones: Victoria a Trebula Mutuesca –actual Monteleone Sabino- y Anatolia a Tora.

Anatolia se dedicó a predicar el Evangelio y a convertir personas en la zona, lo que hizo que fuese denunciada y traída ante el pretor Faustiniano. Éste, como no pudiese hacerla desistir en su empeño y que sacrificase a los dioses, la entregó al verdugo Audax; quien la torturó de muchas maneras y al fin, viendo que no la doblegaba con nada, la encerró en una celda y le tiró encima una enorme serpiente con la intención de que el reptil la atacara y la matase. Pero como el animal no hizo daño alguno a la muchacha, Audax, impresionado, lo atribuyó a milagro y entrando dentro de la celda; se postró ante ella y le pidió perdón. Ella no sólo lo perdonó sino que también lo convirtió al cristianismo; esto hizo que Audax fuese degollado por traición; y Anatolia muriese atravesada a lanzazos por la espalda, mientras hacía oración de rodillas. Es por eso que estos dos mártires, Anatolia y Audax, aparecen asociados como compañeros mientras que Victoria queda aparte, como tercera en el mismo grupo.

Victoria, por su parte, reunió a unas sesenta (¡!) vírgenes bajo su techo, a las que enseñaba a tejer y cantar los salmos, y con ellas pasaba el tiempo en recogimiento y oración. Su fama de santidad era tal, que el gobernador local acudió a ella para pedir que ahuyentara a un dragón que tenía aterrorizada a la región, prometiéndole, a cambio, cristianizarse él y toda la población. Victoria acudió a la boca de la cueva donde moraba el monstruo, le gritó que se marchara y la bestia, obediente, se alejó para siempre. Con esto se ganó el reconocimiento –y la conversión- de la población, pero un tiempo después le enviaron un sicario de parte de su prometido –quien la había vuelto a denunciar ante el prefecto local, no al que había ayudado con el dragón, sino otro-, que entró en su casa y ante la mirada de sus compañeras, la agarró del pelo y la fue arrastrando así por el suelo hasta el foro de la ciudad (vaya escenita). Allí la hizo arrodillar ante una estatua de Diana y quería obligarla a adorarla, pero ante la negativa de Victoria, le atravesó el corazón con una espada. Tenía veinte años de edad. Los lugareños recogieron el cadáver, lo ungieron y lo envolvieron en una sábana de lino. Luego lo lloraron, haciendo gran luto durante una semana, y finalmente le dieron sepultura en la misma cueva de donde ella había ahuyentado al dragón, colocándola en un sarcófago.

Sepulcro de Santa Victoria en Monte Mategnano, Italia.

Sepulcro de Santa Victoria en Monte Mategnano, Italia.

El culto a estos mártires nació en el mismo lugar del martirio, la región sabina. Desde ahí se ha ido expandiendo a otras zonas de Italia. Mientras que el culto a las dos mujeres es antiquísimo, el nombre de Audax no es añadido hasta el siglo VII; lo que hace que algunos autores consideren a este mártir varón un añadido fantasioso del autor de la passio.
El cuerpo de Victoria, trasladado desde el monte Mategnano por el abad Pedro de Farfa en 827 para ponerlo a salvo de los sarracenos, quedó en la abadía de Farfa desde el 20 de junio de 931 hasta que en época imprecisa, fue devuelto a Mategnano. Mientras que su cráneo, junto con el de Anatolia, se venera en la abadía de Sacro Speco en Subiaco. En esta misma abadía están los cuerpos de Anatolia y Audax, trasladados por el abad León en el siglo X. Se les puede venerar en su altar de la abadía, capilla del Santísimo Sacramento.

Los atributos de Victoria son la espada –o puñal, a veces clavado en su seno- y el dragón; mientras que los de Anatolia, lógicamente, son la lanza y la serpiente. Existen otras mártires de nombre Victoria, y muchas más que son simplemente cuerpos procedentes de las catacumbas, pero ésta es la más conocida de todas.

Meldelen


[1] Literalmente, “hacedores de maravillas”. Se llaman así los Santos que han obrado milagros destacados y en abundancia. Cada siglo ha tenido su Santo Taumaturgo más destacado; en el siglo XIX fue Santa Filomena y en el XX lo ha sido San Pío de Pieltrecina.

O Emmanuel,
Rex et légifer noster,
Expectatio Géntium et Salvador earum:
Veni
Ad salvándum nos,
Dómine, Deus noster.
Oh Enmanuel,
Nuestro rey y legislador,
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos,
Ven
A salvarnos,
Señor, Dios nuestro.

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Santas Ágape, Quione e Irene, hermanas mártires de Tesalónica

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Santas vírgenes mártires Ágape, Quione e Irene. Icono ortodoxo griego popular.

Las mártires de las que hablaré en el artículo de hoy, día de su fiesta, presentan un gran problema y controversia de identificación. Mejor dicho, lo presenta tan sólo una de ellas, Irene, la menor de las tres hermanas; que ha experimentado un fenómeno de culto y devoción tan grande que ha llegado a desdoblarse en una mártir del mismo nombre, separada de sus hermanas, hasta tal punto de que da la impresión de tratarse de otra Santa diferente. Voy a tratar de explicar este fenómeno de la forma más sencilla posible y sin complicar lo que ya está complicado de entrada.

Hablamos de tres hermanas cristianas llamadas Ágape, Quione e Irene, que padecieron el martirio en el año 304, en tiempos de Diocleciano. Las Actas auténticas de estas mártires se conservan (gracias a Dios) procediendo de un misal griego de la abadía de Grottaferrata que actualmente se conserva en el Vaticano (Ms. Vaticano 1660), estudiado y publicado por Pio Franchi de’Cavalieri. De este texto hay una traducción latina hecha por el cardenal Sirleto (s.XVI) y publicada por el cardenal Baronio. La autenticidad de esta traducción ha sido reconocida por Ruinart, Tillemont, Allan, Knopf y Krüger que las reproducirían junto con el original griego.

Según estas Actas griegas, estas tres mártires, probablemente hermanas, eran hijas de un padre pagano y huyeron de casa para refugiarse en el monte al anunciarse la persecución, con tal de salvar determinados documentos, probablemente relacionados con la fe cristiana. Los ocultaron allí y al regresar a Tesalónica, fueron detenidas y llevadas ante el gobernador Dulcicio, acusadas de haberse negado a comer alimentos ofrecidos a los dioses.[1] El texto describe con fidelidad el interrogatorio, pero no lo reproduciré aquí por no alargar innecesariamente el artículo. Baste decir que Dulcicio quiso obligarlas a apostatar y ellas se negaron diciendo: “Creemos en el Dios vivo y no vamos a traicionar nuestras conciencias”, “No podemos hacernos esclavas de Satanás”. Con lo cual, no pudiendo sacar nada de ellas, mandó quemar vivas a Ágape y a Quione, y tras reservar a Irene durante un tiempo para tratar de vencerla, la mandó quemar viva también, aunque otras versiones dicen que se escapó y que la abatieron de un flechazo.

Sin embargo, el lío empieza porque existe una passio latina absolutamente fantasiosa, hecha sobre la base de una simple coincidencia con la passio de Santa Anastasia de Sirmio; que puede leerse en el Acta Sanctorum. Esta passio consta de tres procesos que fueron asociados y confundidos por un hagiógrafo anónimo muy posterior. Este se contradice en más de una ocasión y lo hace negligentemente cuando relata los procesos: ignora cualquier noticia anterior o posterior a los interrogatorios de las mártires añadiendo algunos detalles particularmente increíbles. Las contradicciones más evidentes es la ignorancia del nombre mismo del emperador bajo el cual padecieron el martirio así como el lugar donde fueron capturadas. Las nombra con el genérico de “mujeres” sin especificar si eran vírgenes. En realidad sólo se puede decir que si las tres vivían con su padre era porque no estaban casadas.

La fe de Ágape, Quione e Irene. Lienzo contemporáneo de la artista rusa Ekaterina Prokopieva basada en la passio latina.

¿Qué dice esta passio? Que las tres hermanas acompañaron en la prisión a Santa Anastasia, de la que ya hemos hablado anteriormente; que la ayudaron a rescatar el cuerpo del mártir Crisógono, y que fueron martirizadas antes que ella; pero ella recuperó sus restos y les dio digna sepultura. Lo dicho; es fantasiosa y además no existe ninguna conexión ni asociación entre ellas y la mártir de Sirmio.

En cuanto a la ubicación temporal del martirio, tenemos el tradicional baile de fechas: según las Actas griegas, las tres fueron martirizadas juntas el día 1 de abril (pero… ¿no dicen estas mismas Actas que Irene vivió un tiempo más antes de ser martirizada?); según un martirologio siríaco del año 411, lo fueron el día 2 del mes de Nisan (alrededor del 2 de abril). El Martirologio Jeronimiano las menciona los días 1 y 5 de abril y el Martirologio Romano, el día 3 de abril.
Los sinaxarios griegos las conmemoran el 16 de abril y el 22 de diciembre. La Iglesia georgiana la menciona el 5 de abril y el Calendario palestino-georgiano del Sinaítico 34 (del siglo X), el día 1 de abril. En fin, cogeos la fecha que más os guste. Yo he elegido la del 22 de diciembre, o sea, hoy.

Pero el lío todavía se iba a enmarañar más, porque en el siglo X, una monja llamada Rosvita tuvo la ocurrencia de escribir una comedia titulada Dulcitius basándose en la legendaria passio latina. Esta obra, no carente de cierta polémica, fue escrita con la intención de atacar las mundanas costumbres de las mujeres del teatro pagano y exaltar la virtud de la castidad. Así, convierte al gobernador Dulcicio en un borracho pendenciero que, aprovechando el viaje de Aquileya a Macedonia que ya conocemos por la passio de Santa Anastasia, intentó entrar en la celda de las tres hermanas para violarlas, pero estaba tan borracho que por error se metió en la cocina y empezó a besar y a abrazar las ollas y cacerolas, creyendo que eran las Santas, hasta que se quemó la cara y de destrozó las ropas (!!!!!!). A continuación el relato se solidariza con las tres vírgenes y narra con gozo su cruel final y la conservación de su virginidad. En fin, un delirio absoluto de una religiosa con mucha imaginación.

Portada de la comedia "Dulcitius" de la religiosa Rosvita, donde aparecen las tres mártires en la hoguera.

En fin, hasta aquí lo que se ha dicho de las tres hermanas mártires como grupo en sí. Pero ¡atención!, que todavía no hemos terminado de rizar el rizo. Existe un gran culto a la menor de las tres hermanas, Irene, especialmente en el mundo oriental ortodoxo. Aquí, la figura de esta hermana menor se ha separado de sus hermanas y ha adquirido tal protagonismo por sí sola, que incluso se ha desdoblado en lo que parece una mártir aparte; y así, nuestros hermanos ortodoxos veneran por un lado a Santa Irene, hermana de Ágape y Quione; y por el otro a Santa Irene la Gran Mártir de Tesalónica, creyendo que son dos Santas distintas cuando, en realidad, se trata de la misma.

La tradición ortodoxa ha elaborado una leyenda totalmente distinta para esta “otra” Irene: según ésta, se llamaba Penélope, vivió en el siglo IV y era hija del sátrapa Licinio, gobernador de Magedon, defensor de los antiguos cultos persas. De niña fue criada por una niñera de nombre Karia, pero a los seis-ocho años, la encerró en una torre [2] y la puso bajo la tutela de un anciano maestro llamado Apeliano, que era cristiano en secreto. Naturalmente, al llegar a la adolescencia se pensó en casarla, pero Apeliano andaba buscando la manera de convencerla de mantener la virginidad. Así que un día que Penélope tuvo una curiosa visión (por una ventana de la torre entró una paloma llevando una rama de olivo en el pico que le dejó encima de la mesa; a continuación entró un águila llevando una corona de flores, que también le dejó; y finalmente entró un cuervo que le dejó una serpiente), Apeliano muy hábilmente lo interpretó diciéndole las tres aves representaban sus virtudes y su destino: la conservación de la virginidad, la conversión y bautismo a la fe de Cristo, y finalmente, su persecución y martirio. Penélope, convencida, se bautizó y adoptó el nombre de Irene.

Con el tiempo, Licinio descubrió que su hija había roto todos los ídolos paganos que antes adornaban su torre.[3] Furioso, montó en cólera y mandó que la ataran desnuda a la cola de dos caballos y la arrastraran así por toda la ciudad. No se cumplió este cruel suplicio porque uno de los caballos se encabritó y coceó a Licinio, dejándolo malherido, e Irene corrió a socorrerlo y tocándolo, lo curó milagrosamente. El padre se ablandó entonces y la dejó marchar, convertiéndose él y su esposa al cristianismo mientras Irene, acompañada de Apeliano, salía a predicar por los caminos de Persia.

Pero volvería a ser perseguida en dos ocasiones por los dos siguientes gobernadores, Sedeciano y su hijo Sapor. El primero mandó tirarla dentro de un pozo lleno de serpientes y escorpiones, trocearla con una sierra y atarla a una rueda bajo una cascada para atormentarla con el peso del agua. A todo ello sobrevivió con ayuda divina (¡!!!!). A la muerte de Sedeciano, su hijo Sapor mandó volverla a apresar –pues ella seguía predicando el Evangelio junto con Apeliano- y nuevamente la torturaron: le desgarraron la carne con uñas y garfios de hierro, la ensillaron como si fuese una mula y, cargada con sacos de arena, le hicieron correr dando vueltas a la ciudad mientras la espoleaban con vergajos (¡!!!!!). Pero tuvo que ser finalmente liberada porque la gente se indignó contra el trato que le estaban dando (¿y quién no?) y Sapor quería evitar una sedición en la ciudad.

Icono ortodoxo americano de la Santa. Iglesia Ortodoxa de la Santa Dormición, Cumberland (Estados Unidos).

Todavía le quedaba mucho por pasar a esta apóstol mártir de tenía fama de ser fuerte como varón y de no temer al tormento ni a la muerte. Estando predicando en la ciudad de Calípolis, su gobernador, Numeriano, mandó detenerla y meterla dentro de un buey de bronce ardiendo al rojo vivo, pero sobrevivió y tuvo que soltarla (¡!!). Y en Constantina la pusieron sobre una parrilla ardiendo con idénticos resultados. Finalmente lograron matarla en Tracia, pero ella resucitó (toma ya!!!) y escapó con Apeliano a Éfeso, donde por fin, mandó cavar su tumba y allí se tendió, muriendo en el año 315 y siendo sepultada por su fiel mentor. Sin embargo, cuando sus discípulos quisieron desenterrarla para venerar sus reliquias, el cuerpo había desaparecido (sí que era escurridiza, la chica). En fin, que para disparates estamos servidos y, con todo mi respeto a mis hermanos ortodoxos que con tanto amor la veneran, esta leyenda no hay por dónde cogerla. Mientras que en ella vemos que resucitó y al final murió de muerte natural y aún se escabulló de su propia tumba, el Menologio del emperador Basilio II afirma que fue decapitada por un tal Saproniano, pretor de Merembria; mientras que en Occidente se narra que fue quemada viva en Tesalónica (como la Irene, hermana de Ágape y Quione que en realidad es).

Y aún existe otro grupo de mártires formado por los santos Ireneo, Peregrino e Irene, mártires de Tesalónica y que Baronio introdujo en el Martirologio Romano el día 5 de mayo: “En Tesalónica, Ireneo, Peregrino e Irene martirizados en la hoguera”. Este es un grupo ficticio que también aparece en el Martirologio Jeronimiano el mismo día y del cual lo copió Baronio. Peregrino no es otro que el obispo de Auxerre, que en realidad se conmemora el 16 de mayo. En cuando a Ireneo se trata sin duda de una mala traducción de Irene, que es en realidad la mártir venerada con Agape y Quione y que la leyenda hace hija del rey Licinio de Mageda, que los griegos casualmente también la veneran el 5 de mayo como al grupo ficticio formado por los tres mencionados arriba.

En resumen: Santa Irene de Tesalónica, la Gran Mártir venerada por nuestros hermanos ortodoxos, no es otra que Irene, la hermana menor de las también mártires Ágape y Quione; que ha sufrido un desdoblamiento legendario debido al inmenso culto que se le tributa en Oriente. Si bien no existen dudas para admitir la autenticidad de las tres hermanas y de sus actas griegas, bien contrastadas; no cabe prestarle la menor atención a los desdoblamientos posteriores y menos a la comedia de Rosvita, salvo para pasar un buen rato.

Presunto cráneo de la Santa venerado en la Iglesia Ortodoxa de San Basilio, Missouri (EEUU). Donación de las Hermanas de San José a la Iglesia Ortodoxa.

Con todo, no es justo echar únicamente las culpas a nuestros hermanos ortodoxos, pues Santa Irene, por sí sola, goza de gran culto y veneración en el sur de Italia, especialmente en Lecce; y no está nunca muy claro si se está venerando a la menor de las hermanas o a la “otra” Irene.

En cuanto a las reliquias; el mismo “cachondeo”: existen fragmentos del cráneo de Santa Irene en Jerusalén, monasterio de Kato Xenia en Kalavrita (Grecia), Missouri (EEUU), Monte Athos (Grecia) y Patras, también en Grecia, pero si los juntamos, nos sale más de una cabeza. Por no hablar de las reliquias veneradas en la zona de Lecce, Italia. La polémica está servida.

Meldelen


[1] En la cultura griega, al igual que la romana, era costumbre consumir parte de los alimentos ofrecidos a la divinidad en sacrificio (frutos, carne…). La negativa a consumirlos era un desprecio al rito y a la divinidad misma y delataba a creyentes de otros cultos, especialmente a judíos y cristianos.
[2] Nótese una vez más, el detalle del encierro de la torre, que se repite en las passio de Santa Bárbara y Santa Cristina de Bolsena.
[3] Nuevamente, el mismo detalle copiado de las passio de Santa Bárbara y Santa Cristina.

O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

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