Beata María Dolores Rodríguez Sopeña

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo-retrato de la Beata basado en una fotografía suya.

Esta andaluza de Vélez Rubio (Almería), cuarta hija de Tomás Rodríguez y Nicolasa Ortega, nació el penúltimo día de diciembre del año 1848. Aunque sus padres eran madrileños, por motivos laborales se habían trasladado a Almería, pues el padre, al no poder ejercer como abogado en Madrid por ser demasiado joven, se fue como administrador de las fincas de unos terratenientes almerienses.

Cuando por fin su padre consigue trabajar como magistrado, debido a sus traslados, la familia se ve obligada a mudarse a varios pueblos de las Alpujarras, por lo que la niña pasa sus primeros años en aquellas tierras granadinas y almerienses. Con ocho años de edad fue operada de la vista, operación de la que no salió bien parada.

Cuando tenía diecisiete años de edad nombraron a su padre fiscal de la Audiencia Provincial de Almería por lo que tuvo que trasladarse a la capital y en ella, además de conocer las diversiones propias de la juventud almeriense empezó a realizar sus primeras obras de piedad y misericordia cuidando a dos enfermas de tifus y a un leproso.

Pero ahí no queda la cosa porque su padre fue trasladado a Puerto Rico y la familia tuvo que retornar a Madrid y allí colaboró en la cárcel de mujeres, en un hospital y en las escuelas parroquiales. Con veintitrés años tuvo que irse a Puerto Rico volviendo a España cinco años más tarde, pero en aquel país hispano, eligió al sacerdote jesuita, padre Garaicoechea como su director espiritual y fundó una asociación de Hijas de María para enseñar a leer y escribir a las personas analfabetas. Posteriormente, su padre fue nombrado fiscal de la Audiencia de Santiago de Cuba y ella se dedicó a visitar a los enfermos del hospital militar. Intentó entrar en las Hijas de la Caridad pero fue rechazada por problemas de visión.

Fundó unos “Centros de instrucción” en los barrios más pobres en los cuales daba asistencia médica gratuita, enseñaba el catecismo e impartía clases de cultura en general. Con esa labor apostólica consiguió que muchas mujeres se uniesen a ella, pero murió su madre, su padre se jubiló y volvió a Madrid como he dicho antes. Su padre murió seis años más tarde.

Óleo-retrato de la Beata en los años de su juventud.

Entonces, ingresó en el convento de las Salesas, pero diez días más tarde tuvo que abandonar el convento porque se dio cuenta de que su vocación no era la vida contemplativa sino la actividad apostólica y de esa manera, intensificó aun más su apostolado en el hospital y en la cárcel.

Todas las semanas, acompañada de diversas compañeras y amigas, visitaba el llamado Barrio de las Injurias y allí abrió sus “Centros obreros”. Conoció al Beato Ciríaco Sancha que era obispo de Madrid y en el año 1892 fundó la Asociación de Apostolado Seglar (Movimiento de Laicos Sopeña), que se extendió por todos los barrios madrileños.

Pero se dio cuenta de que esta actividad se le quedaba corta y aunque le pusieron pegas, marchó a Sevilla donde puso su residencia y desde la capital hispalense realizó viajes por toda España para consolidar su obra. En Sevilla conoció al Siervo de Dios Francisco Tarín, misionero jesuita en Andalucía, al que acompañó en muchos de sus viajes misionales.

Peregrinó a Roma y en la Basílica de San Pedro decidió fundar una Congregación Religiosa que diera continuidad al apostolado que ella realizaba; en esto recibió una ayuda especial de Monseñor Ciríaco Sancha que entonces era Cardenal arzobispo de Toledo. Hizo los ejercicios espirituales y el 31 de octubre del año 1901 fundó en Toledo el “Instituto de Damas Catequistas” (Instituto Catequista Dolores Sopeña).

Fundó también la “Obra Social y Cultural Sopeña” que fue reconocida tanto civil como eclesiásticamente. El “Decretum laudis” y las Constituciones del Instituto fueron aprobados por San Pío X.
Aunque a finales del siglo XIX no era muy normal ver a una mujer realizando apostolado en los barrios marginales de las ciudades, ella se dedicó al mundo obrero, a asistirlo y apoyarlo y a fin de no intentar influirlos con sus enseñanzas, pues sólo quería ayudarles, decidió que sus religiosas no llevasen hábito. Se dedicó a los trabajadores más necesitados de afecto, los acercó unos a otros, les inculcó una moral fraternal, les hizo ver su dignidad de obreros y los instruyó cultural y moralmente. Toda esta actividad exterior es el fruto de su intensa vida espiritual, su unión con Dios padre de todos y su concepción de que Cristo era el gran hermano de una sola familia.

Óleo de la Beata, obra de R. Lazzarini.

Logró establecer sus centros de apostolado en las principales ciudades españolas, celebrando el primer Capítulo General de su Instituto en el año 1910; en él la eligieron superiora general, pero como su obra se le quedaba chica, fundó una casa en Roma y envíó a algunas de sus compañeras para que fundasen una casa en Chile. Fue la primera de sus fundaciones en Hispanoamérica. En la actualidad están extendidas por Colombia, Argentina, Ecuador, Chile, México, República Dominicana y Cuba.
La gran familia fundada por ella está formada por tres instituciones: El Instituto de Catequistas Dolores Sopeña, el Movimiento de los Laicos Sopeña y la Obra Social y Cultural Sopeña.

La Beata Dolores Sopeña vivió intensamente una espiritualidad fundada en Cristo, al que veía como Dios hecho hombre que consolaba y se preocupaba de cada persona en concreto con un amor incondicional. Por eso, lo tenía presente durante todo el día, lo visitaba asiduamente en el sagrario y lo veía en cada una de las personas a las que se acercaba.
Su amor por la Virgen era tal que la reconocía en todos los acontecimientos de su vida diaria; supo llevar una vida muy activa pero a la vez contemplativa, tenía una gran capacidad de trabajo, una enorme perseverancia y capacidad de sacrificio y conseguía todo lo que se proponía haciendo todo lo que tuviese que hacer.

Murió en Madrid el día 10 de enero del año 1918. Su fiesta se celebra el día de su muerte, el 10 de enero, o sea, hoy.
Después de un largo proceso diocesano, la Causa se presentó en Roma en el año 1980.
El día 11 de julio de 1992 fue declarada Venerable y el 23 de abril del año 2002 se promulgó el decreto de aprobación de un milagro, previo a la beatificación que fue realizada por el papa San Juan Pablo II el día 23 de marzo del año siguiente.
El milagro consistió en la curación de la niña Dayana Cantos Guillermo que cayó a la calle desde un cuarto piso sufriendo un traumatismo craneoencefálico con pérdida de masa encefálica. La niña estuvo varios días en coma profundo pero inexplicablemente salió del coma después de que su madre le impusiera una reliquia de la Madre Sopeña y realizase una novena de oración. La niña se curó completamente.

Sepulcro de la Beata. Olatz, Azpeitia (Guipúzcoa)

El testamento espiritual de la Madre Sopeña a sus hijas quedó recogido en una carta que les escribió después de recibir la Unción de los enfermos. La transcribo literalmente:
“Amadísimas hijas de mi alma:
¡Qué hermoso es irse al cielo sonriendo! Así le sucede a vuestra pobre Madre, que tiene el corazón lleno de contento en estos días desde que veo próxima la hora de mi partida.
El 30 recibí el Santo Viático con una paz, una dulzura y un consuelo que no puede compararse con nada. Hoy la Extremaunción. Y como en los dos actos he estado rodeada de las hijas que aquí están, quiero también despedirme con esta carta de las hijas ausentes.
Quiero enviaros mi última bendición en la tierra; pero desde el Cielo os bendeciré siempre y desde allí os ayudaré más.
Hijas mías, sed santas, y sobre todo, que tengáis una confianza completa en Nuestro Señor.
Yo no he tenido nada, ni virtudes, ni méritos, ni cosas heroicas; sólo la confianza sin límites.
Conservad el Instituto inmaculado. Y no se os olvide que lo nuestro es ganar almas a granel; con almas de ángeles, como si estuvierais en el Cielo, buscar almas sin tregua ni descanso.
Os bendice con toda el alma a todas vuestra Madre en el corazón Divino. Dolores R. Sopeña”
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Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

17 pensamientos en “Beata María Dolores Rodríguez Sopeña

  1. Otra mujer admirable que comprendió muy bien aquello de “Venid, benditos de mi Padre, porque estuve enfermo y vinisteis a verme, en la cárcel y vinisteis a visitarme, pobre, desnudo, y me socorristeis”; y que además lo hizo implicándose en los problemas de la sociedad de su momento y lo hizo humana y desinteresadamente. Me llama mucho la atención que no quisiese llevar hábito para no influenciar a los que ella socorría. Un apostolado admirable del cual, todo hay que decirlo, seguimos encontrando ejemplos entre nuestros allegados, más hoy en día con la crisis que pasamos y las necesidades de tantas personas sin trabajo.

    • A mi, de verdad que me llamó la atención el hecho de que en su época, una mujer actuara así. Hay que recordar que hasta hace muy pocas décadas, íbamos a misionar con el catecismo y el crucifijo pero no se quería saber nada ni del arado ni del pozo de agua que el misionado necesitaba.
      Gracias a Dios y a miles de misioneros, eso ha cambiado radicalmente y ya se va con el principal objetivo de cubrir todas las necesidades, tanto las materiales como las espirituales. Parece que hemos aprendido aquel dicho de que “barriga llena alaba a Dios”.

  2. Gracias una vez más Antonio. Mi resúmen de tu magnífico artículo sobre la Beata Rodríguez Sopeña es que huyó de una vida contemplativa en la que aún no sé muy bien qué es lo que se gana y decidió hacer Apostolado con las clases obreras, trabajadoras y marginales de forma desinteresada y sin intentar vender “gracias espirituales”. Para mí esa es la esencia del ejemplo de Cristo…

    • Aunque desde un punto de vista meramente humano y material se ve infinitamente más útil la vida activa que la contemplativa, esta también es necesaria en el seno de la Iglesia, si es verdad que nos creemos que todos los hombres somos una gran familia. Pero es verdad lo que afirmas: a quién tiene necesidades perentorias no puedes irles con ñoñerías de catecismos y oraciones.
      Te repito lo dicho contestando a Ana Maria: “barriga llena alaba a Dios”. El mismísimo Cristo lo tenía tan claro que se preocupaba de las necesidades materiales de todos los que le seguían y escuchaban.

  3. La Beata Dolores Rdez Sopeña fue una mujer adelantada a su tiempo, y una perfecta sabedora de las necesidades que el pueblo y los mas necesitados de ese momento tenian, al igual que el Beato Cardenal Ciriaco Maria Sancha tan querido aqui en Toledo.
    ¿Donde se pueden visitar sus restos?

  4. Antonio excelente obra la de esta mujer que nos has presentado.
    De nuevo vemos un caso de una persona que es rechazada para ingresar en una Orden por un problema de vision,que esta claro no le impedio realizar la gran obra que lego.
    Sobre lo de “barriga llena a Dios alaba” creo que es una mala frase,no porque las barrigas no tengan que estar llenas,jejeje,pero creo que es como una “compra”.
    Yo te doy comida y tu crees en mi Dios.

    • No, por ahí no va el sentido de esa frase. Yo quiero decir con esto que tu puedes hablarle a una persona de cosas espirituales cuando esa persona no tiene ocupada su mente en otras cosas que le urgen más. Por ejemplo: lo normal es que a un hambriento, lo primero que se haga es darle de comer y beber y es entonces, cuando está recuperado, cuando puedes hablarle de otras cosas más trascendentes. La felicidad de los hombres, también las materiales, dan alabanza a Dios.

      En absoluto me estaba refiriendo a que se chantajee a las personas. Los misioneros van a misión en primer lugar a hacer personas y en segundo lugar o paralelamente, a cristianizar. Así lo veo yo y por supuesto que lo ideal es poder hacer las dos cosas al mismo tiempo. Estarás de acuerdo conmigo en que la mejor predicación es el ejemplo y la entrega de uno mismo.

      • Por supuesto que estoy de acuerdo contigo Antonio.
        Obviamente no se puede ir a un sitio donde se esten muriendo de hambre y ponerte a predicar.
        Lo primero es ayudar a las personas a reponerse y ya entonces comenzar con la labor Evangelica.

  5. No sé si será cosa mía, pero admiro mucho más a los santos y beatos con vocación apostólica activa. El estar en contacto y ayudar a la gente más necesitada requiere mucha energía, paciencia, amor y caridad, algo que creo a la mayoría de nosotros nos falta. El darse a los demás es una grandísima prueba de amor y desprendimiento, es una delicia leer artículos como éstos, que nos motivan a esforzarnos un poco más. Gracias querido Antonio!

    • Santos anónimos de esos, que nunca serán canonizados y con los que nos cruzamos diariamente por todas las calles de nuestras ciudades, los tenemos a miles.

  6. Es indescriptible la emoción que embarga cuando se lee la historia de esta santa mujer. Que ejemplo de amor. Quien sabe pero ojala que perteneciera a su linea de familia por el apellido de mi madre.
    Muchas gracias por su comentario.
    Que Dios les bendiga a todos.

  7. La Beata Dolores Sopeña una mujer admirable que contagia con su carisma de servicio y cercanía. Su vida transforma muchas vidas.
    Gracias Señor por el Instituto que sigue extendiendo el Reino de Dios en todas sus obras y con un testimonio vivo que refleja a Cristo en la vida ordinaria.

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