El monacato sirio primitivo III

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Es momento de contemplar, aunque sea parcialmente, la forma de vida que estos monjes se esforzaban en llevar. Y antes que nada, es preciso decir que éstos, lo mismo que sus camaradas coptos, procedían en su mayoría de la clase campesina. Pero aquí, a diferencia de Egipto, también había un número considerable de monjes provenientes de las capas altas de la sociedad. Algunas familias nobles confiaban la educación de sus hijos a los cenobios y, como es de esperarse, algunos nunca regresaron a la civilidad. Pero en su mayoría vienen de las clases pobres, muchos de ellos ignorantes de la lengua griega, algunos incluso analfabetos. A pesar de esta falencia, no eran carentes absolutos de cultura: consta que muchos cristianos de la época, aún los de más humilde condición, conocían de memoria muchísimos pasajes de las Escritura; además hay que añadir que la Iglesia de aquella región se cuidó de abrir escuelas de estudio bíblico a donde cualquier cristiano, laico o clérigo, podía acudir. Y los mismos monjes, tanto anacoretas como cenobitas, enseñaban las letras a los novicios analfabetos; así se explica los numerosos textos de la época que aluden a la afición de los monjes, incluso los más solitarios, a la lectura, sobre todo de las Divinas Escrituras.

Lo mismo que en Egipto, los monjes eran generalmente laicos. En los monasterios habría los ministros ordenados suficientes para las celebraciones litúrgicas. Pero, a semejanza de los coptos, muchos rechazaban la ordenación con ahínco, y más aún cuando en la Iglesia siria sí que se confería las sagradas órdenes a los monjes, en muchas ocasiones, a modo de galardón y promoción. En efecto, en muchos de los casos de ordenación de monjes se ve claro que no se busca una utilidad pastoral, sino simplemente honrarlos y destacarlos de entre sus hermanos. Y de todo eso nos quedan curiosas anécdotas de las peripecias de los monjes huyendo de los obispos. Y todavía más: se cuenta de un célebre asceta, llamado Macedonio, que Flaviano, obispo de Antioquía, lo mandó llamar en cierta ocasión a una misa, con la intención de ordenarle. Macedonio acudió, y allí fue ordenado. Pero el monje ni entendía el griego, ni comprendía qué cosa era una ordenación, y así es como termina la ceremonia y no se ha dado por enterado de lo sucedido. Terminada la misa, le explican lo ocurrido, y él, que no entendía de liturgia, pero sí que sabía lo que significaba el presbiterado para los monjes, monta en cólera y amenaza con su bastón a obispo y presentes. Pasado el tiempo, el obispo lo invita a concelebrar con él la Eucaristía, pero con mucha ira se resiste, porque piensa que lo ordenarán por segunda vez, a pesar de las pacientes explicaciones de quienes fueron a comunicarle la invitación… Por supuesto, hubo también monjes que no tuvieron problema en recibir el presbiterado o el episcopado, y en asumir la cura de almas o el gobierno de una diócesis.

Fotografía de Stephanos Shemavun, monje sirio y nuevo Ramban, con un compañero.

Según parece, la edad promedio para asumir el estado monástico era de 30 años. El aspirante debía ponerse bajo la tutela de un padre espiritual quien lo adentraba en el mundo de los combates del espíritu. Después de un tiempo, se le imponía el hábito y se le aplicaba la tonsura; aunque no se nos conservan las formas rituales primitivas de estos ritos, es muy seguro que hayan existido desde antiguo entre los monjes. Entre ellos también circulaba la tradición del “pacto” o qeiama: la vida monástica es un compromiso, una alianza, en la cual Dios se compromete a dar las gracias necesarias, y el monje a vivir sólo para él mediante la castidad; no se trata de un compromiso jurídico, como nuestros actuales “votos”, pero sí que se puede considerar una obligación real contraída con Dios y con el monasterio, en el caso de los cenobitas.

El hábito monástico, en un principio, no era más que una pobre túnica, quizás un capuchón, y unas sandalias si acaso le era difícil andar descalzo. El material más usado era la lana, pero como no faltó quien consideró tal material como ostentoso, entonces también se usó el cilicio, las pieles, o incluso tejidos de paja o de hojas de palmera; tampoco faltó quien prescindiera de cualquier vestido y se cubría solo con sus cabellos y barbas. Con el paso del tiempo, empezaron las tendencias uniformadoras, y en todas partes se impuso la túnica, el manto y el capuchón negros hechos de lana: el color era una clara alusión a la aflicción y a la compunción de lágrimas, y tan característico fue esto que los monjes también eran llamados habila, equivalente en siriaco a “doliente”.

Dado el tremendo individualismo del monacato sirio, es temerario hablar de alguna regla común sobre el horario, sobre todo entre los anacoretas. En los cenobios, aunque sigue siendo difícil, ya existen ciertas tradiciones que se van viendo un poco en todas partes: encontramos un servicio de oración común compuesto por una vigilia que empieza al canto del gallo y termina al despuntar la aurora, una oración de la mañana formado por himnos de alabanza, además de salmodias comunes a las horas tercera, sexta y novena. Al caer la tarde se cantan otros himnos de alabanza, luego se tiene la única refección del día, una conferencia espiritual y otros himnos para cerrar el día, antes de ir a dormir. Por supuesto, no todos tomaban la refección (porque eran más austeros en el ayuno) ni se iban a dormir (porque pasaban toda la noche en oración). Casiano nos refiere cómo, en algunos monasterios, se introduce una salmodia a la hora primera, con la intención de impedir que los monjes durmieran entra la oración de la mañana y la salmodia de tercia.

El tiempo entre los diferentes momentos de oración lo ocupaban en la lectura y el trabajo manual. Sobre el trabajo apropiado a los monjes encontramos muchas opiniones. Muchos se ganan el pan con el sudor de su frente, pero otros se entregan por completo a la oración, y se contentan con lo que encuentran en la naturaleza para comer. No faltaron aquellos que se dedicaron a mendigar a las puertas de los templos. En el caso de las monjas, muchas se dedicaban a la costura y al cuidado de los enfermos. Sea cual sea los medios de subsistencia, en todos encontraremos una pobreza increíble que raya en la física miseria: ésta será una de las características más llamativas del monacato sirio.

Vista del interior del monasterio Deir Mar Mousa Al Habashi, en Nabak, Siria.

En general, estos monjes se destacan por el poco comer. A lo que parece, ayunaban incluso en Pascua. Ya hemos visto algunos ejemplos: solo añadir que, en general, todos son vegetarianos, y el vino está rotundamente prohibido. También se restringían en el uso del sueño, y es que, según su pensamiento, lo propio del monje es permanecer alerta y vigilante, en cambio que el sueño fomenta la pereza y las bajas pasiones. Y así es como vemos monjes que duermen en el suelo, sentados apoyándose en una pared, o incluso que intentan dormir de pie, y no faltó quien se colgara de una cuerda… Lo importante era hacerse desagradable los pocos ratos que dedicaban al descanso.

Ya hemos hablado de aquellos monjes que procuraban estar siempre de pie. Son muchos los ejemplos que las fuentes nos traen al respecto, como el siguiente, que es bastante significativo: nos cuenta Teodoreto de Ciro de cierto monje llamado Policronio quien, a semejanza de su padre espiritual, el viejo Zebinas, decidió vivir perpetuamente de pie, en oración continua. Cuando Policronio estaba enfermo y avanzado en años, Teodoreto lo convenció de aceptar la asistencia de dos monjes de los alrededores; pero al poco tiempo, sintiéndose aquellos monjes incapaces de permanecer de pie toda la noche, intentaron huir. Y de aquí podemos admirar la extrema mortificación de Policronio y de todos aquellos que seguían el mismo género de ascesis, y también concluir que no todos los monjes sirios eran capaces de soportar semejantes torturas: muchos, seguramente, llevaban una ascesis “más normal”.

Otro aspecto que era aprovechado por los monjes para practicar la ascesis era el de la higiene. Y llegados a este punto es preciso aclarar que, en aquellos lejanos tiempos, la limpieza no estaba directamente relacionada con la salud, así como ahora: para muchos, era más un asunto estético. Y como el monje debe rechazar todo aquellos que huela a vanidad, de ahí se sigue que debe evitar lavarse el cuerpo, para así mantener limpia su alma. Para la plebe, contemplar la pestilencia de los héroes de la fe era un espectáculo conmovedor; evidentemente, no lo era así para todos, y faltaría aquel que le desagradara semejante visión…

Detalle de San Teodoreto de Ciro en un mosaico bizantino.

Otra forma de ascesis muy llamativa era el uso de cadenas. Así es, los monjes y las monjas se hacían atar pesadas cadenas al cuello, a los pies y a la cintura con otras pesadas argollas. Y esto, tanto cenobitas como ermitaños. Teodoreto nos habla de Marana y Cira, reclusas de Berea, quienes cargaban sendas cadenas y argollas, tan pesadas que el mismo Teodoreto confiesa que ni un hombre en el vigor de su edad las llevaría continuamente.

Podríamos continuar con una larga lista que nos muestra la fecunda imaginación de los monjes sirios a la hora de planear dolorosas e incómodas mortificaciones. Que todo esto no nos distraiga. Algunas veces se los ha comparado con los faquires, pero son genuinos cristianos. Buscaban la salvación y la contemplación del Rostro de Dios. Simplemente eran hijos de su época, y recordemos que en aquellos tiempos estaban muy de moda aquellas ideas que apuntaban a ver en el cuerpo la cárcel del alma. Era el ambiente y la época, y era inevitable que todo ello influyera en la sociedad cristiana de aquella región. Pero más que admirar sus hazañas ascéticas, debemos admirarlos por su humildad y su búsqueda incesante de Dios por medio de la oración constante. El pueblo no dudaba en ver en sus monjes, sobre todo en los más esforzados, un signo de la misericordia de Dios y un intercesor incansable. He ahí su valor y los más representativo que podemos destacar y aún hoy podemos buscar, porque cierto es que lo mismo ayer que hoy siempre serán necesarios aquellas mujeres y hombres que sostengan sus brazos en alto al cielo, rogando por esta humanidad.

Dairon

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “El monacato sirio primitivo III

  1. Muchísimas gracias, Dairon.
    Ha sido un placer leer este artículo tan ilustrativo sobre el antiguo monacato sirio y en el que nos has explicado con bastante detalle como era la vida de aquellos anacoretas y cenobitas.
    Hay una cosa que me ha llamado mucho la atención y que incluso me ha hecho gracia y es el por qué se creo el Oficio de Prima. Como bien dices, lo explica Casiano: al estar en oración toda noche, muchos monjes, después del Oficio de Laudes al amanecer, como pudieran estar ociosos y cansados hasta el Oficio de Tercia (sobre las nueve horas), se podían quedar dormidos. Forma de impedirlo: metiendo por medio la Hora de Prima, ja, ja. Además sabemos que entre las Horas Menores, la de Prima era la más engorrosa.
    Si querían dormir, que durmieran de noche.

    • Es muy curiosa esa historia, y la verdad que tenía su razón de ser: quienes hallan rezado el antiguo Oficio romano siguiendo estrictamente la verdad de las horas, sabrán de qué estaban hablando los graciosos que inventaron el oficio de Prima… Y precisamente por esa razón, por no ser de rancia tradición, fue que la hora Prima se suprimió de la Liturgia de la Horas durante en concilio Vaticano II. Claro que quienes sigan el cursus de la Regla de San Benito pueden rezar la hora prima, lo mismo que aquellos que sigan el viejo Oficio romano llamado Tridentino

  2. Como siempre, Dairon, tus artículos son pura exquisitez en cuanto a nivel de documentación y reflexión, dignos del mejor ámbito académico. He sabido que pronto estarás muy ocupado con tus estudios y no podrás deleitarnos con más escritos tuyos durante un buen tiempo; lo cual lamento; pero desde aquí mis mejores deseos para tu futuro y que tengas muchísima suerte.

    • Gracias Ana! y pues así es, ya son cosas que se escapan de las manos pero espero poder colaborar nuevamente, y ojalá muy pronto! Y bueno, espero que los artículos que se han publicado hasta ahora les hallan servido a todos, que es la idea de este mi pequeño servicio…

  3. Dairon, excelente artículo! siempre da gusto leerte. Me gusto lo ilustrativo que es este artículo sobre el monacato sirio, es impresionante lo dureza de las prácticas ascéticas, en verdad son personas con una gran fortaleza espiritual, mira que no comer…pero no dormir! eso sí que me pone los cabellos de punta. Pero como dices, es su humildad la que nos debe llamar y servirnos de ejemplo para dejar de lado el egocentrismo y la vanidad.

    • Gracias, Mont! pues si, la verdad es muy llamativo descubrir todo este mundo de la vida religiosa antigua, pero a veces nos quedamos en los detalles y no vamos a la raíz: pues ellos no hacían todas esas proezas por solo las ganas (a ver, quien es capaz de hacerlo por la sola vanidad…) sino que tenían una búsqueda más profunda, y esa era la manera de la época de entregarse generosamente… Su ejemplo, ahora, nos confunde, cuando lo que está de moda es el individualismo y la vida fácil y cómoda…

    • Cierto es que su ejemplo leido con los ojos de nuestra era puede confundirnos y que llega a ser difícil hasta empatizar con aquellas costumbres de extrema dureza. Hoy las costumbres han cambiado pero aquel monacato primitivo debe seguir haciéndonos pensar que lso caminos de la espiritualidad son infinitos. El artículo , como todos los de Dairon, excepcional.

  4. Impresionante el modo de vida que llevaban,me ha dejado impresionado,la verdad.
    Te felicito por esta excelente tercera parte sobre el monacato sirio primitivo Dairon,y aprovecho para desearte suerte en tus estudios,que de seguro te saldra todo bien.

  5. Dairon siempre sera un gusto leer tus articulos, siempre son algo que da gusto leer por lo bien documentado que estas, pero igual el leer de tantos anacoretas antiguos me vino una duda a la mente, aqui en América existe o han existido anacoretas? y mas especialmente refiriendome a América del sur que es donde tu resides, aqui en México se de algunos que quisieron llevar o por un periodo de tiempo llevaron una vida eremitica como el venerable Gregorio López pero son pocos, no se si tu sabras de algunos más o si aun actualmente los hay?

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