Martyrium: desmembramiento

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Martirio de Santa Tárbula y su hermana. Grabado de Alexander Hogg. (c. 1780). Wellcome Library, Londres, Reino Unido.

Martirio de Santa Tárbula y su hermana. Grabado de Alexander Hogg. (c. 1780). Wellcome Library, Londres, Reino Unido.

Si el catálogo de atrocidades hasta ahora expuesto no basta para abominar de la crueldad humana, faltaría ver la vergonzosa y terrible muerte que suponía ser desmembrado, es decir, cortado o desgarrado a trozos, para hacerse siquiera una idea de hasta qué extremos eran –y son- capaces de llegar las personas.

Existían diversos métodos para convertir en un destrozo de carnicería la maravillosa creación que es el cuerpo humano; uno de los cuales era la sierra. Algo tan brutal y repugnante como serrar a una persona por la mitad o a fragmentos no se dio demasiado en el occidente del Imperio Romano, sino que es una tortura originaria de Persia que se exportó a la India – que mantiene la memoria de muchos mártires sikh, cortados a cachos por no querer abrazar el Islam- y a las provincias orientales del Imperio. Naturalmente el resultado era la muerte, pero la más atroz y lenta, que nos podamos imaginar. Lo padecieron pocas mártires, pero no por ello dejan de ser significativas. El horror e indignidad del proceso hace que muchos hagiógrafos inventen todo tipo de prodigios para hacer que la mártir salga ilesa, salgo algunas excepciones.

Santa Tárbula y compañeras: a esta mártir la veneran los ortodoxos con el nombre de Ferbuta. Fue una esclava en el harén de la emperatriz de Persia, que por cristiana fue serrada por la mitad, y con ella su hermana y otras cristianas cuyos nombres no se conservan.

Santa Teódota

Santa Calamanda: la tradición dice que su padre le hizo serrar los brazos para que no pudiera unir las manos en oración ni hacer la señal de la cruz. Como aprendiera ella a hacerlo con los pies, éste hizo dar orden de serrarla por la mitad.

Santa Fausta de Cízico (20 de septiembre): fue metida dentro de una caja de madera de la que salían los brazos y piernas, y éstos serrados. La tradición dice, no obstante, que las sierras se rompían al tocar el cuerpo de la niña.

Santa Afra de Brescia: según la tradición, esta matrona y su esclava, llamada Samaritana, fueron torturadas con una sierra hasta la muerte.

Santa Irene de Tesalónica: la tradición sostiene que al ir a ser serrada, un trueno resonó en el cielo, y el pretor, temiendo una desfavorable señal divina, mandó suspender el tormento.

Santa Eufemia: mismo caso que Fausta, sin embargo, al no ser herida por intervención divina, este tormento no ha trascendido en la iconografía, con excepción del pintor barroco español Zurbarán, que sí la representa portando una sierra.

Beata Apolonia Lizárraga: religiosa que, en el contexto de la Guerra Civil Española, fue serrada viva y sus restos arrojados a los cerdos. Sirva esto de ejemplo que muchas brutalidades que consideramos “cosas del pasado”, no lo son en absoluto.

El desmembramiento también se realizó en el occidente del Imperio romano, pero recurriendo a golpes de hacha, que fue el caso de las Santas Basilisa y Anastasia, de Santa Anastasia Romana, de Santa Cirila de Cirene y de Santa Febronia de Nisibe, descuartizadas progresivamente hasta rematarlas por decapitación.
En el caso de Santa Orosia (Eurosia) de Jaca (25 de junio) parece que fue usado un alfanje –espada curva- árabe, que tiene gran contundencia, para amputarle manos y pies antes que la cabeza, aunque en algunas representaciones aparezca siendo serrada.

Pero sin duda la forma más atroz de desmembramiento era la que se hacía por tracción simultánea, es decir, tirando de los cuatro miembros a la vez para arrancar brazos y piernas de una sola vez. Esta atrocidad también es de origen persa y se usó en las provincias orientales del Imperio. Se ha aplicado especialmente a los traidores y se ha usado en Europa hasta el siglo XVIII. Especialmente conocidas son:

Santa Estefanía (Corona) izada entre dos palmeras dobladas para su descuartizamiento. Estampa popular alemana (s.XIX).

Santa Estefanía (Corona) izada entre dos palmeras dobladas para su descuartizamiento. Estampa popular alemana (s.XIX).

Santa Estefanía (Corona): fue atada de brazos y piernas a dos palmeras dobladas que, al ser soltadas, desgajaron su cuerpo en trozos.

Santa Tecla: fue atada a cuatro bueyes a los que se azuzó para que corrieran en direcciones opuestas y la descuartizaran, pero según la tradición, los animales rehusaron obedecer.

Entre los varones mencionamos también a San Simón apóstol (28 de octubre), San Jacobo el Persa (27 de noviembre) y San Melchor García Sampedro, entre muchos otros.

Como excepción, es de justicia mencionar a la filósofa pagana Hipatia de Alejandría; que como consecuencia de un motín cristiano –al parecer alentado por San Cirilo de Alejandría– fue atacada por una turba de cristianos que la arrastraron, pisotearon, despellejaron y cortaron a trozos usando trozos afilados de cerámica rota. Cuando el prefecto Orestes, alumno suyo, mandó castigar a los culpables, se aludió por parte de la comunidad cristiana que practicaba la magia negra y que tabajaba por la perdición de los cristianos. En realidad, parece que Hipatia, mujer ilustrada y librepensadora, había rehusado abrazar la fe cristiana por considerarla demasiado restrictiva para sus ideales. La comunidad científica y filosófica la honra como mártir, y lo cierto es que ella representa el trágico cambio cristiano de perseguidos a perseguidores en un tiempo récord, que es injustificable se mire por donde se mire.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

14 pensamientos en “Martyrium: desmembramiento

  1. De acuerdo hermana, un terrible suplicio común a varias culturas. Esos persas sí que se daban vuelo con la idea de torturar al prójimo…qué terrible…el ser humano no tiene límites cuando se trata de hacer daño. El grabado es especialmente gráfico, luego te enviaré una pintura que también muestra desmembramiento de modo muy explícito. Excelente artículo de la serie!

    • Es curioso cómo en el Cercano y el Lejano Oriente los tormentos y formas de ejecución adquieren unas dimensiones carniceras y truculentas que hubiesen hecho estremecer de asco a los romanos, que en ningún caso eran Hermanitas de la Caridad. En ese sentido muy crueles me han parecido algunos dioramas expuestos en el museo de los mártires sikh en la India, que he mencionado en el artículo, donde aparecen personas serradas por la mitad, mujeres embarazadas abiertas en canal y barbaridades por el estilo. Claro que me consta que hasta los “civilizados” españoles alguna cosilla hicieron por el estilo allá por América…

      • Pues en realidad, de los azotes y los tormentos “comunes” de la inquisición (el potro, etc.) no pasaban jeje. Eso de aserrar por la mitad u otras lindezas que nos has presentado en artículos anteriores, no se estilaban, aunque si de martirios hablamos, los indígenas eran especialistas cuando se trataba de evangelizadores non gratos.

        • Vaya, pues yo había visto más de un grabadito, ilustración de alguna edición de “La destrucción de las Indias” de Bartolomé de Las Casas, donde salían españoles serrando y destripando indios… seguramente el artista perdió un tornillo previo proceso…

  2. Realmente espantoso,desagradable y miserable este tormento.
    Lo de atar los miembros a arboles o ramas dobladas es innombrable.
    Sobre el caso de la Madre Apolonia Lizarraga decir que mas de una persona fue a parar troceada a esos cerdos aunque como en el caso de esta Beata obviamente no existen pruebas fisicas,pero si orales.

    • He mencionado a la Beata Apolonia Lizárraga por la mención al tormento, pero yo cogería su caso muy con pinzas. Los testimonios orales no son suficientes, ya que exagerar o mentir es muchísimo más fácil, y según el contexto, conveniente, que decir la verdad. En su caso al no haber pruebas físicas y ni tan siquiera haberse hallado el cuerpo, sino sólo contar con el relato del relato del relato de quien dice haber visto eso, pues lo dicho… hay que cogerlo con cuidado.

  3. Ana Maria,
    Cuando leemos tus artículos de esta serie de Martyrium, tenemos que estar preparados porque cada vez nos muestras nuevos tipos de barbaridades hechas por seres humanos contra sus semejantes, aun hoy en día también, ¿eh?
    Quiero recordar que estas barbaries no solo se cometían contra mujeres, sino también contra hombres: recordemos el martirio de San Simón apóstol (28 de octubre), San Jacobo el Persa (27 de noviembre), San Melchor García Sampedro y muchísimos otros.

    Con respecto al martirio de la Beata Apolonia Lizárraga, como bien dice Abel, no existen testigos presenciales que lo vieran (salvo el salvaje que lo hizo, claro) y se cree que fue así porque el “jorobado” que es a quién se le atribuye esta barbarie, acostumbraba a echar carne humana a los cerdos y posteriormente alardeaba de vender chorizos hechos con carne de monjas. Se dice que atada de pies y manos y colgada de un gancho, fue descuartizada con un serrucho pero lo que no se sabe a ciencia cierta es si eso se lo hizo estando viva o después de haberla matado. Fuera como fuere, la mártir a lo largo de su vida y especialmente en sus últimos días, mostró una valentía y una entereza que muchos quisiéramos para nosotros mismos.

    Y en cuando a lo hecho por los cristianos a la mártir Hipatia de Alejandría, mejor dejarlo sin comentarios

    • La verdad es que a esta serie de Martyrium le falta calidad por ser básicamente una crónica de sucesos truculentos y repulsivos tachados de cierto sensacionalismo. No es que pretendiera que fuera así, pero cuando investigamos en los tipos de tortura padecidos por nuestros mártires, es lo que sale.

      Te agradezco los datos sobre la Beata Apolonia; de la que algún día escribiré, pero espero, de todo corazón, que ya hubiese estado muerta cuando ese desgraciado le hizo aquello. Gracias también por añadir los nombres de los mártires varones, ahora los sumo al elenco.

      Y lamento que no tengas que hacer comentarios respecto al caso de Hipatia, porque es muy significativo y, además, de reciente actualidad por alguna producción cinematográfica que nos sonará a más de uno…

      • Cuando digo “sin comentario” en el tema de Hipatia de Alejandría, he querido decir (sin decirlo) que en este caso, los auténticos canallas fueron los cristianos. O sea, que entre nosotros, en todas las épocas, ha habido de todo.

  4. El artículo me ha dejado sobrecogido. Espeluznantes y macabros unos martirios que nos conducen al territorio más oscuro de la dominación. Igualmente vomitivo, por desconocer la historia, me parece lo que se ha relatado sobre la Beata Lizárraga y sólo me queda el consuelo de que, al tratarse de tradición oral , alguien hubiese magnificado algo ya de por sí inhumano. Dios nos pille confesados ¡¡¡

    • Ya sabemos que la gente, cuando cuenta y recuenta, lo que no tiene de mentirosa lo tiene de exagerada, de modo que la verdad pura y dura acaba siendo un 10% de lo relatado, si me apuras. Como le digo a Antonio, espero que ya estuviese muerta cuando entró en marcha la sierra…

  5. Me sorprende saber que existan estas crueldades hacia los semejantes. No se si el fin era matarlos o era la consecuencia de todo lo que les practicaban. ¿Era matarlos o hacerlos sufrir? ¿Qué era lo primordial? Ana Maria

    • Buena pregunta, Emmanuel. Debes saber que al menos bajo las autoridades romanas, la intención jamás fue matar. Los magistrados romanos querían hacer cumplir los edictos de los emperadores y hacerlos respetar como autoridad humana y divina; por ello, el fin que perseguían con el tormento era doblegar al reo y obligarle a cumplir la ley, jamás matarlo. Sólo recurrían a la muerte cuando veían que las torturas no lograban vencer la determinación del torturado/a o en el caso de los que no eran torturados debido a su estatus social, cuando veían que no eran proclives a obedecer.

      En general, esta constante que tenemos bien documentada en el Imperio Romano podría aplicarse a los demás casos: las persecuciones en otras partes del mundo, las Inquisiciones católicas y protestantes, y en general, la tónica y la razón de la tortura misma, es buscar vencer la determinación de una persona aplicando el dolor físico. Cuando lo que pretendes es matar, sin más, no te cansas aplicando tormentos; simplemente dispones la ejecución de inmediato y ya está.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*