Beato Gaspar Stanggassinger C.Ss. R.

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Fotografía del Beato.

“Los Santos suelen tener intuiciones especiales, -escribe el P. Stanggassinger.- Lo verdaderamente importante para mí, que no soy un santo, son las verdades eternas y sencillas de siempre: Encarnación, Redención y Santísima Eucaristía.”

Gaspar Stanggassinger nace en el año de 1871 en Berchtesgarden, Bavaria, un 12 de enero. Es el segundo de 15 hermanos. Su padre, sencillo agricultor y dueño de una cantera, es una persona estimada por todos.
Soñando ya desde niño con el sacerdocio, suele entretener a sus hermanos y hermanas con pequeñas predicaciones y los lleva por los montes en procesión hasta una capilla no muy distante de la casa. A los 10 años comienza los estudios en la escuela de Freising. Su gran dificultad para el estudio hace temer la posibilidad de abandonarlo y seguir la voluntad del padre, si no logra superar los exámenes. Pero con una férrea voluntad, una aplicación notable y una gran confianza en la oración, consigue salir adelante.

En los años sucesivos durante las vacaciones comienza a reunir jóvenes para orientarlos en la vida cristiana, vivir una experiencia de comunidad y programar el tiempo libre. Diariamente el grupo participa en la Misa, sale de paseo, hace excursiones y peregrinaciones. Su dedicación a ellos es tan admirable que llega incluso a poner en peligro su vida por salvar a un joven que se halla en dificultades.

Pasando el examen de bachiller, ingresa en el Seminario Diocesano de Freising para comenzar los estudios de Teología. En sus escritos de aquel tiempo se refleja el esfuerzo que pone en alcanzar su propia madurez espiritual. Sigue voluntariamente un riguroso ritmo de oración tratando de descubrir que es lo que Dios quiere de él. Pronto ve con claridad que el Señor lo llama a vivir su vocación en un estado diferente. En efecto, después de una visita de los Padres Redentoristas, se siente llamado a seguir su carisma misionero. A pesar de la oposición de su padre, en 1892 entra en el noviciado redentorista de Gars y en 1895 recibe la Ordenación Sacerdotal en Regensburg.

Gaspar Stanggassinger ingresa en la Congregación del Santísimo Redentor con la intención de ser misionero, pero los superiores lo nombran vicedirector del Seminario de Dürnberg, cerca de Haellin. La tarea de formador de los futuros misioneros, a la que se entrega intensamente, será la única ocupación de su corta vida.

Iglesia de Bad Dürrnberg (Alemania), donde el Beato realizó su profesión.

Como religioso vive sincera y coherentemente el voto de obediencia que ha profesado. Además de las 28 horas semanales de clase, todo su tiempo lo dedica a los jóvenes. Los domingos colabora en las tareas pastorales de las poblaciones vecinas, sobre todo con la predicación. A pesar de tal ritmo de trabajo se muestra siempre paciente y comprensivo con las necesidades de los demás, sobre todo con aquellos jóvenes que ven en él un amigo más que un superior. Aunque las normas de formación de la época son rígidas y exigentes, Gaspar nunca emplea formas bruscas y si alguna vez tiene la impresión de haber causado molestia a alguno, no le falta tiempo para excusarse humildemente.

Movido por su gran devoción a la Eucaristía, invita a sus jóvenes y a los fieles a quienes predica, a recurrir al Santísimo Sacramento en sus necesidades y angustias. Les anima a visitar a Jesucristo y a dialogar con el como con un amigo. Su predicación es un estimulo constante a tomar en serio la vida cristiana, acrecentando la propia fe con la oración y la conversión continua. Todo con un estilo sencillo y agradable, sin amenazar con castigos, como es frecuente en la predicación de la época.

En 1899, los Redentoristas inauguran en Gars un nuevo Seminario al que se traslada el P. Stanggassinger como Director. Tiene 28 años, tan solo le alcanza el tiempo para predicar unos Ejercicios Espirituales a los jóvenes y a participar en la apertura del nuevo año académico. El 26 de septiembre termina su peregrinación en la tierra a causa de una peritonitis.

En 1935, con el traslado de sus restos a una capilla lateral de la Iglesia de Gars, da comienzo la Causa de Beatificación. El 24 de abril de 1988 el proclamado Beato por su Santidad el papa San Juan Pablo II.

Urna con las reliquias del Santo.

En Gaspar no se encuentran hechos extraordinarios ni llamativas gracias místicas, aparece más bien, como uno de tantos hombres que día a día cumple con su propio deber. La única y substancial diferencia es la forma de vivir la vida ordinaria. Las raíces de su vivir están en Dios: en él encuentra la plenitud de su total humanidad.

Sus 28 años son como un canto a la fe, la fe inquebrantable que le ha dado la fuerza y la seguridad de encontrar a Cristo en todo, sin necesidad de experiencias o fenómenos extraordinarios, y de seguirlo con decisión y coherencia. En Gaspar no existe ansia o tensión por la fidelidad a cualquier precio. Decide realizar una etapa cada vez, respetando su ritmo personal y el de la gracia, totalmente convencido de que su trabajo es inútil: “SI EL SEÑOR NO CONSTRUYE LA CASA” (Salmo 127), se repite a si mismo y a los demás: “Todo es gracia, todo debe venir del Espíritu Santo”.

De manera análoga a como se enfrenta el mundo espiritual toma igualmente en serio la realidad terrena: ama la naturaleza, las montañas de su Berchtesgarden natal, la familia. Al mismo tiempo prende en el una sana desconfianza hacia la exageraciones y las originalidades de la vida espiritual y religiosa; a su entender ambas deben ser vividas con sencillez y profunda humildad, sin pensar demasiado en si mismo.

Lo específico de su santidad se funda en pocos, sencillos pero firmes elementos: una personalidad “amable, de una bondad sin limites”, unida admirablemente a aquella disponibilidad que es fuente de respetuoso interés por los otros y sus ideas.

Misa celebrada ante las reliquias del Beato.

El Beato Gaspar Stanggassinger no pertenece a la categoría de los “héroes inasequibles y prácticamente inimitables”. No es ni siquiera uno de aquellos “superhombres” que, visto de cerca, muestran a veces un aspecto marcado por las debilidades: Gaspar se distingue por su humildad sencilla y alegre, a través se manifiesta Cristo que por medio de su Espíritu da incesantemente a todos los hombres de todo tiempo, de forma siempre nueva, el amor y la santidad del Padre…

Tacho de Santa María

Bibliografía:

-Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista. Cap. 20, Julio de 2000.
San Luis Potosí, S.L.P. México
Beato Gaspar Stanggassinger. O. Weiss, Roma, 1987.

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Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (I)

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Óleo/tela, Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones Non fecit taliter omni nationi, Juan Patricio Morlete, siglo XVIII.

1. El relato de las apariciones
Con este artículo damos inicio a una serie en la que narraremos y analizaremos diversos aspectos de la que es considerada la advocación mariana más conocida de América y a mi parecer la más polémica. No puedo dejar de dedicar esta serie de artículos en especial a mi parroquia, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

En este primer artículo me ceñiré únicamente a narrar sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en diciembre de 1531, sobre las controversias que existen acerca de la veracidad de dichas apariciones y de otros aspectos trataré en artículos posteriores; pero para poder entrar de lleno en esta problemática es de suma importancia primero narrar que es lo que se cree y se cuenta que sucedió y como se inició esta advocación según nos cuenta la devoción popular. La narración sobre las apariciones de Nuestra Señora a San Juan Diego se relatan en un famoso escrito colonial llamado el Nican Mopohua (“aquí se cuenta, aquí se narra”) atribuido a Antonio Valeriano y que fue publicado en 1649 por Lasso de la Vega; a partir de este escrito se han basado los posteriores que relatan sobre las apariciones en el cerro del Tepeyac.

El sábado 9 de diciembre de 1531 muy de mañana se levantó Juan Diego para ir a escuchar misa a Tlatelolco; al pasar por el cerro del Tepeyac escuchó un canto que provenía de arriba del cerro como de varios pájaros, después cesó el canto y escuchó que le llamaban “Juanito, Juan Dieguito” y cuando llegó a la cumbre del cerro vio a una señora que su vestido relucía como el sol y las piedras sobre las que estaba relucían como el sol y los mezquites y nopales de alrededor brillaban como si fueran de esmeraldas y entonces al acercarse Juan Diego la Señora le dijo: “Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?”. Y él le respondió: “Señora y niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor”. Después de esto la Señora se dirigió nuevamente a él y le dice cuál era su voluntad: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, del cielo, el dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada, para en él mostrar y dar todo mi amor y compasión, auxilio y defensa, pues soy vuestra piadosa madre; a ti a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa. Anda al palacio del obispo de México, y le dirás como yo te envió, para que le descubras como mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuando has visto y admirado, y lo que has oído y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo”.

Óleo/ Tela, Tercera aparición de la Virgen de Guadalupe, anónimo, siglo XVIII.

Juan Diego, después de esto, se encaminó presuroso para ir a visitar al obispo de México, fray Juan de Zumárraga O.F.M. y después de ser recibido por el Obispo le contó a este todo lo que había visto y oído, pero el obispo no le creyó y el mismo día Juan Diego regresó al Tepeyac para decirle a la Virgen lo que había sucedido.

Juan Diego le pidió a la Virgen que por favor mandara a alguien más a cumplir su petición puesto que a él no le había creído “porque en verdad yo soy un hombre de campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme allá donde me envías, y tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y no me paso. Perdóname que te cause gran pesadumbre y caiga en tu enojo, Señora y dueña mía”.

A lo que la Virgen le respondió que era necesario que fuera él quien llevara su mensaje y que entonces volviera al siguiente día a ver al obispo y le narrara nuevamente cuanto ella le pedía. Juan Diego aceptó y le prometió a la Señora volver al siguiente día en la tarde para llevarle su mensaje al obispo.

Al día siguiente domingo, aun siendo de madrugada salió Juan Diego para ir a misa y después se dirigió a ver al Obispo; le costó mucho trabajo ser atendido y cuando lo recibió se arrodilló delante de él y le pidió que por favor cumpliera la petición de la Señora. El Obispo para estar seguro le hizo muchas preguntas a Juan Diego, a pesar de todo esto el Obispo nuevamente no le creyó a Juan Diego y entonces le pidió a este una señal para poder creerle; al retirarse Juan Diego ordenó el obispo a dos de sus sirvientes que le siguieran para ver con quien hablaba, pero antes de llegar al Tepeyac le perdieron de vista y por más que le buscaron no lo encontraron y debido a esto regresaron muy molestos y le dijeron al Obispo que no le creyera a Juan Diego.

Juan Diego desplegando su tilma ante el Arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga.

Mientras, Juan Diego hablaba con la Virgen diciéndole la petición del Obispo de una señal, la Virgen le dijo al indio que volviera al siguiente día para llevarle al Obispo la señal que pedía. Pero al día siguiente lunes, Juan Diego no pudo ir a cumplir la petición de la Virgen pues su tío Juan Bernardino se enfermó gravemente y este le rogó que fuera a buscar a un sacerdote para que lo confesase; y el martes Juan Diego se dirigió a Tlatelolco para buscar al sacerdote y cuando estaba cerca del Tepeyac decidió rodearlo para no encontrarse con la Señora, pero la Virgen le salió al encuentro y le dijo: “¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a dónde te diriges?”. Juan Diego, algo apenado, le contestó a la Virgen que iba con prisa a buscar un sacerdote para su tío que se encontraba muy enfermo y después de escuchar su relato, la Virgen le contestó: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó”.

Juan Diego, al escuchar las palabras de la Virgen, quedó consolado y entonces le dijo que le diera la señal para llevársela al Obispo; la Virgen le ordenó que subiera a la cumbre del cerro donde le había visto antes y que encontrara varias flores, que las cortara y las trajera a su presencia. Juan Diego subió y se asombró mucho a ver tantas rosas de castilla puesto que debido al invierno estas flores no era común de ver y menos en un lugar lleno de abrojos y piedras como un cerro. Juan Diego las cortó y las puso en su tilma, luego bajó y se las presentó a la Virgen, quien las cogió con su mano y las volvió a echar en el regazo de Juan Diego, diciéndole que esas rosas sería la señal para el Obispo y que no las desplegara ante nadie más que no fuera el Obispo. Después de escuchar las palabras de María, Juan Diego se dirigió al palacio del Obispo, donde los criados no quisieron recibirle, pero Juan Diego siguió esperando y al ver que traía algo en el regazo se acercaron para ver lo que traía y Juan Diego, al ver que no podía alejarlos, descubrió un poco las rosas y estos intentaron tres veces tomarlas, pues se asombraron de verlas tan frescas y hermosas, que al tratar de tomarlas parecían como si estuvieran pintadas en la tilma.

Verdadera imagen de la Virgen de Guadalupe plasmada en la tilma de Juan Diego y que se encuentra en su Basílica en México, D.F.

Ante esta situación, los criados fueron a decirle al Obispo lo que habían visto y al darse cuenta el Obispo que aquello era la prueba que le había pedido, mandó que lo dejaran pasar, y Juan Diego, postrándose delante de él, le contó nuevamente todo lo que le sucedió con la Virgen. Después de terminar el relato, el indio desplegó su manto y dejó caer las rosas, las cuales se esparcieron por el suelo y en su tilma apareció dibujada la imagen de la Virgen María. Al ver tal portento, el Obispo y los demás presentes se arrodillaron y el Obispo con lágrimas pidió perdón de no haberle creído y cuando se levantó, desató la tilma del cuello de Juan Diego y la puso en su oratorio. Un día permaneció Juan Diego en casa del Obispo y al siguiente día llevó a éste al lugar donde la Virgen le pedía se le construyera el templo, después de esto le acompañaron a su casa para ver a su tío Juan Bernardino. Al llegar, su tío estaba restablecido, y le contó que también había visto a la Señora del cielo y que ésta le dijo que fuera a ver al obispo y le dijera que ella quería ser nombrada como la siempre Virgen Santa María de Guadalupe [1]. El Obispo albergó en su casa a Juan Diego y a su tío hasta el momento en que se edificó el templo sobre el cerro del Tepeyac.

Es hasta 1561 que se comienza la construcción de un Santuario para albergar la imagen pero la primera piedra se puso en el 1601 siendo arzobispo fray Diego de Santa María y Mendoza y Zúñiga, y se concluyó, después de su muerte, en 1606. La basílica que contuvo la imagen de la Virgen de Guadalupe y que ahora se conoce como “la antigua” Basílica se comenzó a construir hacia 1695 y se concluyó en 1790.

Óleo/tela, Declaración del patrocinio de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España (detalle), Miguel Cabrera, siglo XVIII.

Hacia 1737 la Virgen de Guadalupe es jurada como patrona de la ciudad de México mientras es llevada en procesión por las calles de la ciudad y nueve años después, en 1746 este patronato se extiende a la Nueva España, patronato el cual es confirmado por S.S. Benedicto XIV, en 1754. Sobre este acontecimiento se dice que al presentarse el procurador de la Compañía de Jesús ante el Papa, el padre Juan Francisco López y narrarle acerca de las apariciones y mostrarle una copia de la imagen hecha por Miguel Cabrera, este quedo tan sorprendido que no dudo en decir aquellas palabras del libro de los salmos “Non fecit taliter omni nationi”[2], del mismo modo S.S. Benedicto XIV aprobó la traslación de la fiesta de la Virgen al 12 de diciembre y le concedió misa y oficio propios.[3]

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo

BIBLIOGRAFÍA:
– Camacho de la Torre, María Cristina, Fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– Cuadriello, Jaime, et. al. Zodiaco Mariano, México, Museo de la Basílica de Guadalupe, primera edición, 2004.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, Las fiestas tradicionales de México, México, Selector, primera edición, 2009.
– Nebel, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe, México, Fondo de Cultura Económica, tercera reimpresión, 2005.
– Sánchez Lacy, Alberto Ruy, Visiones de Guadalupe, México, Artes de México, primera edición, s/a.
– Schneider, Luis Mario, Cristos, Santos y Vírgenes, México, Planeta, primera edición, 1995.
– Zarebska, Carla, Guadalupe, México, Debolsillo, primera edición, 2005.
– Zerón-Medina, Fausto, Felicidad de México, México, Clío, primera edición, 1995.


[1] El nombre de Guadalupe es muy debatido y se piensa que el verdadero nombre que la Virgen le dijo a Juan Bernardino fue Coatlaxupe (“la que aplasta a la serpiente”) en náhuatl, pero los españoles al no poder pronunciarlo le pusieron un nombre más conocido para ellos como el de Guadalupe, en especial esta tesis es apoyada debido a que en náhuatl no existe la g ni la d.
[2] Frase que también se le ha dado a una que otra advocación mariana, la más famosa sea quizá la Virgen del Pilar de Zaragoza, España.
[3] Anteriormente, como sucede con muchas de las advocaciones marianas, su fiesta se celebraba el 8 de septiembre o el 8 de diciembre, debido a que las advocaciones sin una aprobación en particular deben celebrarse litúrgicamente en fechas relacionadas con festividades marianas, como la Natividad, aunque a nivel local y popular su fiesta se celebraba el 12 de diciembre.

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San Leandro, arzobispo de Sevilla

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Óleo del Santo por Bartolomé Esteban Murillo (1655). Sacristía mayor de la catedral de Sevilla, España.

Etimológicamente hablando, Leandro significa “hombre con fuerza de león”.
Nació en Cartagena (Murcia) en la mitad del siglo VI, aunque algunos autores sitúan la fecha de su nacimiento en el año 535. Su padre se llamaba Severiano y pertenecía a una familia romana influyente que emigró en la época de la invasión bizantina. Su madre era visigoda y probablemente, arriana, pues era hija de Teodorico, el rey de los ostrogodos.
Su padre, hispano romano de antepasados griegos, ocupaba un puesto de importancia en la administración civil de la provincia Cartaginense. Como he dicho antes, la invasión bizantina obligó a emigrar a toda la familia desde Cartagena, donde había nacido Leandro, hasta Sevilla, donde nacieron sus hermanos menores: Fulgencio, Florentina e Isidoro, que era el menos de ellos.

Sin duda, los padres debieron influir en la educación de los hijos y de qué modo: los cuatro están canonizados, son considerados santos por la Iglesia Universal. Recordad que ya hemos escrito un artículo sobre San Isidoro publicado el día 4 de abril.
Los cuatro hermanos decidieron abrazar la vida religiosa; era la época en la que los visigodos, que procedían de las Galias, se establecieron en la península ibérica, habiendo tomado ya Sevilla en el año 415.

Leandro, que era ya monje al morir sus padres relativamente jóvenes, se tuvo que encargar de la educación de sus tres hermanos. Era persona inteligente, buen orador, tenía don de gentes debido en gran parte a su enorme simpatía y había estudiado con los mejores maestros de la época. Por eso, se encargó de que sus hermanos obtuvieran una buena y extensa educación.

El, con sus escritos y con su predicación, combatió la doctrina arriana que era la religión oficial de los visigodos, que tuvieron en el rey Leovigildo a uno de los mayores valedores de la doctrina herética de Arrio, de la que ya hemos escrito en alguna otra ocasión.
En el año 578, por elección popular, se convirtió en arzobispo metropolitano de Sevilla. En aquella época, la elección de los obispos no era como es hoy; cuando fallecía el prelado de una diócesis, el pueblo y el clero eran quienes elegían de entre ellos al futuro obispo y esto fue lo que le ocurrió a Leandro.

Conversión de Recaredo. Lienzo decimonónico de Muñoz Degrain, Madrid.

Al poco tiempo de ser elegido arzobispo de Sevilla entró en contacto con quién era el jefe político de la provincia hispalense: el príncipe Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo y hermano de Recaredo. Leandro influyó y mucho en la conversión de Hermenegildo, que abandonó la doctrina arriana para abrazar la doctrina defendida por Roma. Esta conversión originó una revuelta sangrienta a nivel familiar ya que Hermenegildo encabezó una rebelión contra su padre, que lo apresó y mató. Sin duda alguna, Leandro fue una de las personalidades más importantes en la vida eclesiástica hispana.

Leovigildo no solo mató a su hijo Hermenegildo, sino que expulsó de la península a todos los que consideraba que habían sido sus colaboradores y San Leandro tuvo que marchar a Constantinopla como embajador con el objetivo de negociar el apoyo bizantino. Allí conocería al futuro Papa San Gregorio Magno, que era legado pontificio en Oriente y con quién se unirá en una franca y duradera amistad. Entre ambos se mantuvo una abundante correspondencia que hoy se ha perdido casi por completo, aunque se conservan algunas cartas dirigidas a él por San Gregorio Magno.

En Constantinopla estuvo entre los años 581 al 585, en los que aprovechó para seguir estudiando mejorando su formación monástica y bíblica. Leandro regresó a la Hispania visigoda en el año 585 y como él no había estado implicado en la guerra civil entre Leovigildo y Hermenegildo, aunque no se le permitió establecerse en Sevilla, no se le quitó la mitra, cosa que solicitaban algunos nobles visigodos que veían a Leandro como el instigador de San Hermenegildo. Pero el propio rey no debió tener esa opinión porque antes de morir le permitió volver a Sevilla e incluso le encomendó el cuidado de su hijo Recaredo, sucesor de Leovigildo en el trono. Recaredo necesitaba el apoyo de San Leandro pues era el mayor talento de toda la Iglesia Hispana.

Imagen del Santo sacada durante la procesión del Corpus Christi en Sevilla, España.

Si San Leandro no hubiera estado cerca del rey Recaredo no se hubiera podido convocar el III Concilio de Toledo, cosa que se hizo en el año 589. En este Concilio se confirmó oficialmente la conversión de Recaredo a la doctrina de Roma, abandonando él y todo su reino la herejía arriana. Hispania se unió espiritualmente bajo una misma liturgia (la mozárabe) y una misma doctrina. Tanto San Leandro como su hermano San Isidoro fueron dos grandes promotores de la liturgia mozárabe, componiendo multitud de oraciones y cánticos para la Misa y el Oficio Divino.
Leandro clausuró el Concilio con una bellísima homilía, que se conserva junto con las Actas conciliares y que es uno de los más raros ejemplos de este género en la literatura visigoda.

San Leandro era la figura más importante de todo el reino, detrás del rey. San Isidoro de Sevilla, su hermano, escribió una breve biografía suya, diciendo de él:”Leandro, hijo de Severiano, de la provincia cartaginense de Hispania, fue monje de profesión y siendo monje fue nombrado obispo de la Iglesia de Sevilla en la provincia bética; hombre de conversación suave, de ingenio brillantísimo, ilustrísimo por su vida tanto como por su ciencia hasta el punto de que su fe y por su habilidad, el pueblo de los godos volvió de la herejía arriana a la fe católica”. Eso lo escribía en su obra “De viris illustribus”.

Una obra escrita por San Leandro fue el tratado “De institutione virginum et de contemptu mundi”, que dedicó a su hermana Santa Florentina.
Fue un monje al que las circunstancias le obligaron a dedicarse a la cosa pública, pero vivió austeramente como un monje, escribiendo y predicando como un monje, enriqueciendo la Liturgia Mozárabe en cuya Misa introdujo la recitación del Credo como profesión de fe.

Murió en Sevilla el día 13 de marzo del año 600 (algunos autores afirman que en el año 596) y fue sepultado en la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Su cuerpo fue llevado posteriormente a la catedral hispalense, traslación que es conmemorada el día 6 de abril por un viejo Breviario sevillano.
El 11 de noviembre de 1543 fue removida su sepultura y puesto en la misma capilla donde estaba sepultado el rey San Fernando III. Esta capilla, actualmente, se llama Capilla Real de la Catedral y en su cripta, se conservan sus reliquias en una pequeña urna de plata. En España se le venera como Doctor de la Iglesia.

Reliquias del Santo conservadas en la catedral de Sevilla, España.

Aunque en los libros litúrgicos mozárabes y los breviarios antiguos españoles se le conmemora el día 13 de marzo, sin embargo, el Martirologio Romano fija su fiesta el 27 de febrero, siguiendo una tradición que parte del Martirologio de Floro, influenciado quizás por una mención hecha este día de un tal “Leandro” en el Martirologio Jeronimiano, mención que no tiene ningún sentido, pero que fue seguida también por los Martirologios de Beda, de Adón y de Usuardo.

Como he dicho, sus restos se conservan en la catedral de Sevilla, existiendo una reliquia insigne en la “capilla del ochavo” de la catedral de Toledo. Desde el 14 de junio de 1954, fecha del Breve Pontificio “Ut recens sati” del Papa Pío XII, es el patrono de mi diócesis, la diócesis de Huelva.

Antonio Barrero

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Vosotros sois la luz del mundo (III)

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Santos Lucía y Geminiano, mártires romanos. Iglesia de Santa Lucia alla Tinta, Roma (Italia).

El anterior artículo se publicó el día 6 de este mes.

Santa Lucía, viuda de Roma
Viuda y mártir

Lucía era una noble viuda romana de setenta y cinco años de edad y Geminiano era un neófito. Lucía fue sometida a torturas por su propio hijo y escapando milagrosamente de la muerte, se marchó de la ciudad junto con su compañero de fe, el noble Geminiano. Caminando hacia el Sur llegaron a Sicilia prodigándose en la divulgación del Evangelio de Cristo; después de una breve peregrinación a Taormina, en la costa jónica de Sicilia, se establecieron en las cercanías de la fortaleza greco-romana de Mende, situado entre los pliegues de la meseta Hyblean en el territorio de la antigua Akrai.
Descubiertos por las autoridades fueron martirizados junto con sus adeptos en los alrededores del año 300 en tiempos de Diocleciano: numerosos fieles, bajo la dirección de la noble dama siciliana Máxima, construyeron allí un antiguo santuario rupestre en su memoria y en él pusieron los restos de los mártires.

Su culto estuvo presente en Santa Lucía de Mendola, cerca de Palazzolo Acreide (Siracusa) permaneciendo aun las huellas de algunas iglesias rupestres. Sus “Actas” no fueron consideradas históricamente fiables, por lo cual sólo permanece un cierto culto local, habiendo sido eliminada del Martirologio Romano.

Santa Lucía De Monte
Virgen ermitaña – 19 de septiembre

Era la hipotética hija de un rey escocés, que vivió en Francia cerca de las riberas del Mosa en Sampigy. Construyó en los alrededores una iglesia en honor de la Virgen y de los Santos Pedro y Pablo, en la cual fue ella misma sepultada y donde es venerada particularmente solicitándoles el don de los hijos, ser padres.

Santa Lucía, mártir de las catacumbas venerada en La Valletta, Malta.

Santa Lucía, mártir romana
Es un “cuerpo santo” venerado en la iglesia de Santo Domingo en La Valletta (Malta).

Como ya sabemos, con el término “cuerpo santo” se identifican a aquellas reliquias óseas provenientes de las catacumbas romanas y que fueron trasladadas a la Ciudad de Roma y a todo el Orbe, en un período de tiempo comprendido entre finales del siglo XVI y la segunda mitad del siglo XIX.
¿Por qué decimos “cuerpo santo” y no decimos “santo cuerpo”? La diferente posición del atributo (santo) respecto al objeto (cuerpo) determina una diferencia sustancial: podemos definir con certeza la identidad del subjeto. El “cuerpo santo” es un objeto en cuanto tal, el cuerpo de un difunto de las catacumbas, que solo en un momento posterior tiene un valor sagrado.

Pero ¿cómo reconocer un “cuerpo santo” en las catacumbas? ¿Todas las sepulturas eran de mártires? Este es un gran debate que nos lleva a otros estudios, pero aqui solo queremos referirnos a Marcantonio Boldetti (famoso custodio o tutor pontificio encargado de la extracción de los cuerpos de las catacumbas), el cual dió por certeros los restos descubiertos atribuyéndolos a un mártir de los tres primeros siglos.
La simbologia que definía la sepultura de un mártir eran: la palma, el XP, la escritura B.M. (Beato Mártir) y posteriormente, en su interior un recipiente con “la sangre”.

A menudo, la lápida del lóculo hacia referencia al nombre del “mártir”, pero en caso contrario, después de la extracción se le atribuía un nombre y los criterios para renombrar a estos “cuerpos santos” era muy variados (por ejemplo, el nombre del obispo diocesano o del pontífice del momento, o el nombre del titular de la iglesia que acogiera el cuerpo, o el de la catacumba de la cual había sido extraido, etc.).
Lo que importa actualmente es el significado simbólico del “cuerpo santo”: un cristiano de la Iglesia primitiva (a menudo de la ciudad o de aquellas otras que estaban en comunión con la Santa Sede), un verdadero testimonio del Evangelio que llegó hasta la entrega de la propia vida con el martirio.

Beata Ana Lucía Asinari
Monja cisterciense, † Asti, 1655

Ana Lucía era una “noble doncella” de la familia Asinari de Asti. Entró en el monasterio cisterciense local de Santa Ana. Se distinguió por su paciencia en soportar una dolorosísima enfermedad durante cuarenta y cinco años, la cual le obligaba a permanecer en la cama. Soportó todo con gran heroismo y serenidad, sin que jamás saliera de su boca el lamento más mínimo. Existen testimonios de varias apariciones de nuestro Señor Jesucristo que la confortaba.
Murió en el año 1655 e inmediatamente el pueblo la aclamó como beata. Así fue tenida también por sus hermanas de convento, por los historiadores y pintores locales que la representaron en varios cuadros. Hasta el año 1801 se podía contemplar el crucifijo de su celda, el cual se decía que le había hablado en diversas ocasiones.

Estampa devocional a partir de un lienzo de la Beata Lucía de Verona.

Beata Lucía de Verona
Terciaria servita – 21 de marzo

En la antiquísima Fraternidad de la Tercera Orden de los Siervos de María en Verona, se inscribió muy joven una muchacha que había nacido en esa misma ciudad alrededor del año 1514; su nombre era Lucía. Aun siendo muy joven demostraba tener una gran caridad y una fe coherente. Revestida con el hábito de Terciaria vivía en su casa como si estuviese viviendo en un monasterio, consagrando a Dios su virginidad aun en medio del mundo.
Era profundamente devota de la Pasión de Nuestro Señor y de la Virgen mostrando siempre una especial atención ante todos aquellos que sufrían. Murió en el año 1574 y desde el primer momento, sus devotos sintieron la experiencia de su potente intercesión contra las enfermedades contagiosas.

Beata Lucía de Valcaldara de Norcia
Religiosa clarisa

La beata nació en el año 1370. Con sólo quince años de edad se consagró al Señor y fundó en Norcia, en la casa paterna, un primeo núcleo de vírgenes consagradas, que en el año 1386, formaron el Monasterio de San Jerónimo. En el año 1390 fundó un segundo monasterio, que poco después, en el 1407 se unificaron como monasterio de Santa Clara adoptando la regla de las clarisas. (Este monasterio, después del año 1703, se llamó Santa María de la Paz). Lucía murió en Norcia el día 12 de enero del año 1430.

Beata Lucía La Casta
Virgen de la Orden dominica, que para escapar de la atracción de un hombre joven, mortificó sus hermosos ojos.

Venerable Lucía Mangano
Laica de la diócesis de Catania
Perteneciente al Instituto secular de la Compañía de Santa Úrsula. Nació el día 8 de abril del año 1896 en Trecastagni (Catania). Muerta en olor de santidad, el día 10 de novembre de 1946 en San Giovanni La Punta (Catania). El decreto de la heroicidad de sus virtudes es de fecha 2 de julio del año 1994.

Venerable Lucía Burlini
Laica de la diócesis de Montefiascone (VT). Nacida el día 24 de mayo del año 1710 en Piansano (VT). Murió con fama de santidad el día 1 de mayo del año 1789 en su pueblo natal. El decreto de la heroicidad de sus virtudes es del 23 de octubre de 1987.

Grabado de la Sierva de Dios Catalina Lucía Bocchino.

Sierva de Dios Catalina Lucía Bocchino
Esposa y terciaria franciscana.
Torino, 9 de enero de 1737 – 10 de mayo de 1768
En la iglesia de Santo Tomás en Torino, que durante cierto tiempo fue la iglesia de un convento franciscano del mismo nombre, la sierva de Dios Catalina Lucía Bocchino ha encontrado su reposo en espera de la resurrección de los muertos. Ella nació en Torino el día 9 de enero de 1737 y enseguida fue bautizada. Era la primogénita de seis hermanos que murieron todos durante la infancia; ella también quedó pronto huérfana de padres porque ambos murieron en el año 1748.

Con cerca de once años de edad, Catalina se marchó con unos tíos paternos. A los dieciseis años, los tíos le propusieron en matrimonio con Ignacio Domenico Rajna, con el cual tuvo dos hijas: Margarita y María Teresa, pero este fue su único consuelo en un matrimonio que se mostró fallido desde el primer momento, aunque ella fue fiel hasta la muerte de su marido Ignacio, que con solo veintiocho años de edad murió de forma violenta el día 9 de septiembre del año 1759.
La joven viuda de veintidos años, se arremangó la camisa y abrió una pequeña mercería en un semisótano. La pequeña tienda pronto se convirtió en una especie de sucursal de las “Conferencias de San Vicente de Paul”.
Catalina Lucía empezó a frecuentar la iglesia franciscana de Santo Tomás, donde encontró ayuda espiritual en el padre Pier Vittorio Doglio, haciéndose Terciaria Franciscana y renunciando a casarse nuevamente.
Su paz duró muy poco, porque entre los años 1765 y 1766 murieron sus dos hijas. Destruida por el dolor, puso todo su empeño a disposición de las obras de caridad, sosteniéndose en la fuerza que recibía de la Eucarístía a la cual adoraba en el tabernáculo de la iglesia de Santo Tomás.
Murió el día 10 de mayo de 1768, con solo treinta y un años de edad. La fama de su santidad no se perdió con su muerte, como lo atestigua una gran lápida puesta sobre su sepulcro en el año 1911.

Fotografía de la Sierva de Dios María Lucía Plautilla Cavallo.

Sierva de Dios María Lucía Plautilla Cavallo
Hermana orionina
Centallo (Cuneo), 18 de noviembre de 1913 – Genova, 5 de octubre de 1947.

Lucía Cavallo nació el día 18 de noviembre de 1913 en la aldea rural Roata Chiusani del municipio de Centallo (provincia de Cuneo); sus padres eran unos pobres ciudadanos que criaron a sus seis hijos con muchísimo sacrificio. A la muerte de su madre, Lucía tenía doce años de edad y tuvo que quedarse sola en la casa con sus hermanos pequeños y así, los años de su primera juventud transcurrieron con sus obligaciones familiares y aunque intimamente su deseo era consagrarse totalmente al Señor, las evidentes dificultades familiares no lo consentían. Con solo veinte años de edad, el 3 de noviembre de 1933 Lucía fue aceptada en la Casa Madre de las “Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad” en Tortona, fundada por San Luís Orione (1872-1940).

Toda su vida transcurrió en el Instituto Paverano, donde estaban hospitalizadas unas quinientas enfermas físicas y mentales y un grupo de huérfanas. Tenía solo treinta y dos años de edad cuando le fue diagnosticada una poliartritis reumatica, pero sin embargo, independientemente del tratamiento que recibía sus condiciones generales se fueron deteriorando quedando especialmente afectado su corazón, que siguió debilitándose mostrando signos alarmantes. Su vida transcurría alternando crisis y debilitamiento, pero cada vez a peor y entonces no existían los trasplantes de corazón. El 14 de agosto de 1947 recibió la Unción de los enfermos y el 15 de agosto emitió la profesión perpetua en su Congregación.

Murió el día 5 de octubre de 1947 en la Casa de la Congregación en Genova,
no solo dejando rota su joven vida de treinta y cuatro años de edad, sino la conciencia de una vida heróica impregnada de la espiritualidad que don Orione había transmitido a su Congregación como forma de santificarse.
El proceso para su beatificación se inició el día 2 de octubre del año 1986 y prosigue rápido en la competente Congregación Vaticana.

Sierva de Dios Lucía Pisapia Apicella
Esposa y terciaria franciscana.
Seglar de la archidiócesis de Amalfi-Cava de’ Tirreni. Nacida en día 18 de noviembre de 1887 en Cava de’ Tirreni (Salerno). Muerta en olor de santidad el día 23 de julio de 1982 en la misma localidad.

Sierva de Dios Lucía dos Santos, vidente de Fátima.

Sierva de Dios Sor Lucía Dos Santos
(Sor María Lucía del Corazón Inmaculado)
Vidente de Fátima y carmelita descalza.
Aljustrel (Fatima, Portugal), 22 de marzo de 1907 – Coimbra, sábado 13 de febrero del 2005.
La causa de beatificación y canonización se ha introducido con decreto de dispensa pontificia el día 13 de febrero del 2008.

Sierva de Dios Lucía Eleonora Schiavinato
Fundadora del Instituto secular de las voluntarias de la caridad. Nacida el día 31 de octubre del año 1900 en Musile di Piave (Verona) y muerta en Verona, en olor de santidad, el día 17 de noviembre de 1976. La causa de beatificación y canonización recibió el nihil obstat con fecha 3 de febrero del año 1999.

Sierva de Dios Lucía Noiret (Giorgina)
Fundadora de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de San José. Nació el día 27 de enero de 1832 en Chambéry, Savoia (Francia). Murió en olor de santidad el día 17 de marzo de 1899 en Imola (Bologna). La causa de beatificación y canonización ha recibido el nihil obstat el día 28 de abril del año 2000.

Sierva de Dios Margarita Lucía Szewczyk
Religiosa, Cofundadora de las Hermanas Seráficas. Nacida en el año 1828 en Volyns’ka oblast’ (a.k.a. Volhynia o Wołyń), antes Polonia y ahora Ucraina. Murió con fama de santidad el día 5 de junio del 1905 en Nieszawa, Pomorskie (Polonia). La causa de beatificación y canonización recibió el nihil obstat con fecha de 25 de agosto del 1993.

Damiano Grenci

Fuentes y Bibliografia:

* AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 17 voll., Città Nuova, 1990
* C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142
* Grenci Damiano Marco, archivio privato iconografico e agiografico, 1977 – 2012
* Sito web ancelledellacarita.it
* Sito web beatavergine.e-cremona.it
* Sito web newsaints.faithweb.com
* Sito web santibeati.it
* Sito web vatican.va

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Benedicta en Monacilioni

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la urna donde se guardan las reliquias de la Santa. Iglesia de Santa Maria Assunta, Monacilioni (Italia).

Ironías de la vida. Para un corposanto realmente incorrupto que existe, no lo tienen en estas webs que hacen pasar un montón de figuras de cera por cuerpos incorruptos. Es el caso de Santa Benedicta, matrona y mártir romana, cuyo cuerpo extraído de las catacumbas de Priscila se venera en la ciudad italiana de Monacilioni. El estado de conservación del cuerpo es impresionante, si se tiene en cuenta que la extrema humedad del clima de las catacumbas hace imposible que los cuerpos se conserven, salvo unos pocos y excepcionales casos que, por de pronto, no se pueden explicar científicamente de un modo satisfactorio.

No sólo excepcional por eso, sino también por la cantidad de información que se conoce de ella, poca, pero superior a la mayoría de los corposantos, porque se ha querido identificarla -erróneamente- con la Santa Benedicta que el Martirologio Romano menciona el 4 de enero:
En Roma, los santos mártires Prisco, presbítero, Prisciliano, clérigo, y Benita (Benedicta), mujer religiosa; los cuales, en tiempo del impiísimo Juliano, consumaron el martirio por la espada.

No siendo esta misma Benedicta, mártir en tiempos de Juliano el Apóstata, el caso es que fue enterrada, como decía, en las catacumbas de Priscila. Fue extraído y trasladado a la ciudad de Monacilioni el 23 de abril de 1752, donde se ha venerado desde entonces cada 4 de enero como día de su festividad, por ser el de su martirio; primero, en la capilla de Santa Reparata, luego, en la iglesia de Santa María Asunta.

Cuerpo de la Santa sacado en procesión por las calles de Monacilioni (Italia) con ocasión de su fiesta.

Los restos de la matrona aparecen en una urna de madera, reclinada sobre el costado derecho a modo de los antiguos patricios romanos, bien arropada en ricas telas y con el rostro visible, tan sólo cubierto por un fino velo, para mostrar al visitante la sorprendente conservación del mismo. Es la única muestra que los lugareños se permiten acerca de la incorruptibilidad de Benedicta, de la cual no se hace mención en ninguna otra parte. La lápida está también expuesta –en la cual se lee BENEDICTA MARTYRA (sic)- y bajo el brazo derecho lleva un cáliz con los restos del vaso que contenía su sangre. Este cáliz lo lleva como atributo en su imagen procesional, junto con la espada y la palma, atributos generales de todo mártir.

En 1873 se extrajo un fragmento de hueso occipital para ser llevado en procesión, y en 1991 esta reliquia fue enviada a Buenos Aires (Argentina), donde se venera en la parroquia de Nuestra Señora de Bernal, cuya feligresía son emigrantes procedentes de Monacilioni, como gesto de hermandad el concederles una reliquia de la patrona de su patria natal.

Bueno, pues ya saben los caza-incorruptos que aquí tienen una de verdad, y que dejen a los demás que no lo son. Hay otros corposantos incorruptos pero son bien pocos, hay que distinguirlos bien de las figuras de cera. Y por supuesto, no hay que confundir esta Santa Benedicta con Santa Benedicta de Lyon, virgen y mártir, y menos con Santa Benedicta de Lentini, madre de los Santos Alfio, Filadelfo y Cirino, y mártir como ellos. Acaso hubiéramos de preguntarnos, viendo la inscripción de la lápida, ¿no es obvio que la identificación con la Benedicta del Martirologio es demasiado apresurada? Porque la lápida lo mismo puede estar diciendo, “Benedicta, mártir”, que “bendita mártir”, sin nombre alguno.

Imagen de la Santa sacada en procesión con motivo de su fiesta. Monacilioni, Italia.


Agradezco a la web http://www.monacilioni.net/ la información y las fotografías, a excepción de la primera, que es cortesía de nuestro amigo y colaborador Antonio Barrero.

Meldelen

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