San Felipe de Jesús de las Casas Martínez: protomártir de México

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Felipe de Jesús, obra en madera. Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, Edo. Mex.

El gobierno de México en su afán de sobreponer conmemoraciones cívicas a las fiestas religiosas, impuso el 5 de febrero como la celebración de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al mismo tiempo que en esa fecha se celebraba en la ciudad de México la festividad de un preclaro hijo criollo novohispano: Felipe de Jesús. Sin embargo, nada ha borrado la memoria del patrono celestial de esta ciudad que comparte con Santa María de Guadalupe y patrono de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM).

La valorización del martirio y testimonio de vida de Felipillo por parte de la familia franciscana, ha hecho que el territorio que ocupaba la extinta Provincia Franciscana de San José de Yucatán, hoy lleve su nombre como Provincia Franciscana de San Felipe de Jesús (de la cual me honro pertenecer), a quien le dedico el presente artículo hagiográfico de este insigne seguidor de las huellas de Nuestro Seráfico Padre San Francisco.

La historia no comienza como muchos tal vez supongan en Nueva España, esta historia nace en la Castilla de mediados del siglo XVI, que aún estaba unificándose debido a las constantes guerras que los Reyes Católicos a finales del siglo XV y principios del XVI sometieron a los musulmanes para expulsarlos de esos territorios. En el pueblo de Illescas en Toledo, donde en 1547 nace don Alonso de las Casas [1], hijo de don Juan de las Casas y María Álvarez. En 1569 conoce a una hermosa mujer en Sevilla donde había ido a buscar fortuna, llamada Antonia Ruiz Martínez, que de Salamanca había llegado con sus padres, don Juan Ruiz y Catalina Martínez, al poco tiempo se casan en el Sagrario Metropolitano de Sevilla, el 5 de noviembre de 1570.

En la Casa de Contratación de Sevilla lograron gracias a las gestiones de su amigo Juan Ruiz Roano de Illescas, el pase deseado para la Nueva España el 22 de junio de 1571; emprendieron el viaje el 10 de agosto de ese año, pero una tempestad en octubre destrozó el barco en el que hicieron la travesía, por fortuna lograron salvar las vidas. Su entrada a la ciudad de México fue pobre, nada tenían, así lo anota doña Antonia en su testamento. Pasaron a vivir en la casa de San Eligio, por la efigie del santo esculpida en la parte frontal de la casa, número 5.

Cuando llegaron a México, aún no tenía hijos, el primero de ellos será precisamente Felipe el 1 de mayo de 1572, mismo que fue bautizado en la Catedral de México.[2] Don Alonso compro la casa Tiburcio del tamaño que la necesitaba, con un amplio patio para que jugasen y creciesen los niños, en medio de ese patio una higuera que con el tiempo se fue secando, la familia llego a la cantidad de once hijos. Felipillo como le decían, era travieso, simpático, guapo, gallardo, risueño y alegre, características que en las crónicas siempre están presentes. Realizó su primera comunión en la iglesia de San Agustín, por estar cerca de la casa y la gran relación con los frailes agustinos. Fue acólito de San Agustín y de la Catedral y ayudaba en el mayor número de misas que podía.

Pintura artística de San Felipe de Jesús en el Templo Expiatorio de la Ciudad de México.

La que más sufría las travesuras de Felipillo era su nana, la bonachona mujer que se encargaba de atender y asistir a la madre y a los críos en su tierna e infante edad, ella amaba lo amaba mucho a pesar de su carácter travieso. Ante ello, preguntarse “¿Felipillo santo?” y se respondía a sí misma “antes reverdecerá la higuera seca del jardín”. Creció el muchacho con una gran prosperidad, no le faltó nada en ese tiempo fuera conocido, ni fiel nana, ni buen colegio.

Entró al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de la Compañía de Jesús, atraía a sus maestros y condiscípulos, pero debido a su inquietud y las travesuras que llegaron hasta lo insoportable, fue expulsado del colegio. Eso suscitó un duro golpe para la familia, debido al buen honor, lo más temible para la nana y su madre era la reacción que tendría su padre ante el suceso. Don Alonso ocupado siempre en las cuestiones del negocio, abrió más la brecha de incomprensión con su hijo Felipe, gesto que lo motivó a volverse voluble y superficial. Pensaba solo en diversiones ni la idea de llevar con honor el ilustre apellido familiar.

El buen padre, analiza la forma de que el muchacho entre en razón y siente cabeza internándolo en un convento franciscano, se podría pensar inclusive que haya sido forzado a entrar, pero no fue de esa forma, Felipillo entró de buen agrado, bien podría tener la vocación. Bien nos podemos imaginar a un joven Felipe sin verdaderos intereses, sin rumbo de vida ni vocación, aventurándose a probar los destinos que quizá los padres le trazaban como una forma de correctivo.

A los 16 años, entró al convento de Santa Bárbara de Puebla (hoy de San Antonio), la rama a la que pertenecía este convento franciscano era de la más estrecha observancia, producto de la reforma encauzada por San Pedro de Alcántara, nominalmente alcantarinos. El postulantado que duró cerca de seis meses fue para él una continua prueba, su ímpetu juvenil y los deseos de la mundanidad permeaban en su pensamiento, sin embargo, obedeció fielmente a sus superiores y sujetándose al severo reglamento de la casa.[3] Con 17 años, recibió el hábito, pero sin el don de la perseverancia, un buen día dejó el sayal sobre la cama y escapándose por la ventana regresó a la casa de San Eligio.

Recurrió a las labores propias del oficio, la platería tenía en el siglo XVI un lugar preeminente dentro de los oficios y cofradías, sobre todo por lo redituable que resultaba, además las ganancias propias hacían del platero un señor importante y acaudalado. Felipe alcanzó un grado de bienestar que indudablemente un criollo para finales de ese siglo podría todavía alcanzar. Su habilidad dio notables frutos, además de los mejores maestros que al crisol moldeaban el metal para darle la forma que más desearan; a pesar de todo esto, terminó en fracaso este empleo por su inconstancia.

Interior del Templo Expiatorio de San Felipe de la Ciudad de México.

Don Alonso, siendo un rico acaudalado que inclusive daba préstamo al gobierno virreinal, queriendo hacer de su hijo un gran comerciante, se lo llevó por varios lugares de la Nueva España, desde Acapulco, Cuernavaca y otros sitios. Comenzó a adquirir importancia dentro de los negocios de la familia, las señoritas lo miraban con cierto interés… y era para tanto, siendo joven, apuesto y rico, características que lo llevaron a ser frívolo y superficial. En Manila, habitaba Gaspar Ruano, yerno de don Alonso, encargado de la mercadería y las ventas; Felipe se animó a irse para ayudarlo en todo lo posible, estas esperanzas calaron nuevamente en los ánimos de su padre y con él la familia de una nueva regeneración del hijo perdido.

Este viaje podemos hoy considerarlo como un crucero de lujo, y en verdad fue lo mejor de lo mejor para Felipe, en calidad de prestador de la Real Hacienda, fue beneficiario de un buen camarote, ropa lujosa y mucho dinero. Marchó en el buque “Santiago” a la edad de 18 años, era enero de 1590. Llegó en mayo del mismo año al puerto de Cavite a 33 km de Manila. Por junio, se dirigió al Parián, mercado populoso del barrio chino, donde convivían los mercaderes de Oriente, ofreciendo sus productos al por mayor. Sus ratos libres caían siempre en los juegos de azar, prohibido por las leyes españolas y todo aquel encontrado en ello era condenado a cárcel. Su despilfarro y la vida libertina, le sirvió a modo de reflexión, volvió sobre su pasado para encararse mejor con el futuro, a partir de esto maduró hondamente, la gracia de Dios vino a tocar su corazón y para fines de 1592 era nuevamente dócil a la voz de Dios.

A las puertas del convento franciscano de Santa María de los Ángeles, llamó el que era conocido como el joven más admirado por su dinero, por su porte fino, elegancia y hermosura, luego de las diligencias tomadas conformes a las informaciones canónicas, fue recibido en el postulantado en diciembre de 1592, esta comunidad era la cabeza de la Provincia de San Gregorio de Filipinas, el provincial era entonces, fray Pablo de Jesús, catalán de origen. Seis meses después, el 11 de mayo de 1593, Felipe se descalzó, entregó su anterior ropa y vistió el fervoroso hábito de postulante. Realizaba trabajos humildes, ayudando a curar enfermos en el patio del convento en el hospital llamado Santa Ana y compartía el trabajo curiosamente con otro homónimo, lego portugués.

Al término de su noviciado, la profesión debía darle la seguridad de hallarse siempre en la Orden, esta sería en mayo; admitido formalmente recibió de manos de fray Vicente Valero, guardián del convento el 22 de mayo de 1594, la profesión perpetua, a los 22 años y 22 días de su nacimiento. Al poco tiempo zarpaba el galeón “San Felipe” con noticias para la Nueva España, entre ellas iba específicamente la de la profesión de Felipillo; sus padres se regocijaron por tal noticia, al mismo tiempo iniciaron las gestiones para verlo de regreso, este galeón tendría mucho que ver con el destino final que llevaría a fray Felipe al Japón.

Las islas japonesas o el famoso Imperio del Sol Naciente, donde Taiko Sama gobernaba como soberano absoluto, había permitido la entrada de órdenes religiosas con la finalidad de atraer el comercio y el pase de objetos al imperio, sin embargo, los franciscanos habían acaparado la mirada atenta del monarca, le impresionaba la forma de vida y la sencillez de los frailes. Las noticias de estas tierras fueron abriendo horizonte en fray Felipe que deseaba hacer suya la tierra, emprendiendo sus primeras misiones.

Grabado de la obra de fray Agustín de Osimo "Historia de los veinte y seis mártires japoneses, etc."

Don Alonso, se valió de los inquisidores para que alcanzaran del Padre Comisario General de las Indias, fray Pedro de Pila, la orden necesaria para que fray Felipe fuera a ordenarse a la ciudad de México. En junio de 1596 empezó a preparar su regreso a la Nueva España, este viaje era el más peligroso de la época, ya que muchos morían a consecuencia de los golpes en altamar, de miedo, de mareos y de debilidad, solía durar cerca de 8 meses. El 12 de julio salieron en el “San Felipe”, el capitán del barco era don Matías de Landecho. Acompañaba a fray Felipe, fray Juan Pobre de Zamora. Prontamente cayó la primera tempestad que sacudió el galeón destrozándolo en parte, pero siete días después otro temporal terminó de acabar la estructura, poco fue lo que quedaba, pero lentamente avanzaba hacia el Japón, pues era la tierra más cercana para reconstruirlo nuevamente, era el mes de octubre.

Aunque la situación comenzaba a empeorar políticamente, le habían informado al emperador Taiko Sama que los misioneros eran solo la avanzadilla para que los reyes europeos pudieran hacer la ocupación del imperio para anexarlos a sus territorios de ultramar. Los primeros en sufrir el decreto de expulsión fueron los jesuitas, mientras tanto las otras órdenes seguían a la expectativa sobre la decisión del emperador. Solo faltaba una razón para hacerlo, misma que no tardo en llegar, don Matías de Landecho exigió al emperador le fuese devuelta la mercancía decomisada a razón de su atraco por fuerza mayor en la playa japonesa, de no hacerlo mandaría llenar de barcos de guerra los puertos japoneses. El jaque quedaba resuelto con la pieza jugada por los ingleses que llenaron la cabeza del emperador con artimañas para su expulsión.

Los franciscanos tenían en la ciudad capital de imperio Meaco, un convento llamado como el de Manila, “Santa María de los Ángeles”. Hacia unas semanas había llegado Felipe al convento luego de una gran peregrinación por las ciudades de Shikoku, Osaka, Sakay, Nagasaki y finalmente Meaco. Eran los primeros días del mes de diciembre, el superior fray Pedro Bautista ordenó celebrar ese año con especial pompa la festividad de la Inmaculada y las celebraciones navideñas, como fray Felipe no sabía aún la lengua del país, ayudaba en lo poco que podía. Justamente el día de la festividad de la Santísima Virgen, el emperador mandó lanceros al convento para encarcelar a los frailes, cuando fray Pedro vio aquel aparato de tropa, llamó con la campana a los fieles que se amotinaron en el templo, el temor inundó a los cristianos, pues pensaron que al día siguiente les cortarían la cabeza a todos.

Imagen colonial de San Felipe de Jesús. Parroquia san Felipe Hueyotlipan, Puebla. Cortesía de Tacho Juárez Herrera.

Pasó una semana y el peligro parecía alejarse. Cercana las festividades navideñas, fray Felipe hacía el coro cantando los villancicos cantados en México; celebró por última vez la alegría del Nacimiento del Señor, la aurora del 25 de diciembre de 1596, tan bellamente franciscana, fue la última miel que probó fray Felipe de Jesús. El 30 del mismo mes, se encontraba en el coro cuando escuchó el alboroto en el patio. Por la puerta grande habían entrado tres jueces, soldados y un grupo de cristianos. Uno de los jueces leyó en voz alta el encarcelamiento y los soldados procedieron a atar a los frailes. Sin embargo, uno de los padres al momento de apresar a fray Felipe gritó: ¡No, al hermano Felipe no, porque es uno de los que vinieron en el Galeón de Manila! A pesar de ello fue atado, comenzaba su carrera de martirio.

Así vieron el año nuevo 1597, el 3 de enero se decretó que fueran sacrificados. Como primer paso ordenó que en plaza pública les cortasen las narices y la oreja izquierda, luego fuesen paseados por las ciudades en carros tirados por bueyes. Por gestiones de Pedro Sotelo de Moreales y Matías de Landecho, se acordó que sólo le quitaran una oreja. Una lluvia de pedradas e insultos completaba la escena callejera; fray Felipe observaba la valentía de los acólitos, uno de ellos Tomás Kozaki, viendo caer su propia oreja, la levantó para que la vieran todos gritándole al verdugo: ¡Corta más, hártate de sangre de cristanos! Los cristianos tomaban trapos empapados en la sangre de los heridos.

Sabiendo de la muerte del Dios de los cristianos, decretó que fueran crucificados en Nagasaki. El 4 de enero, emprendieron camino a Osaka. De Osaka fueron a Sakai, Naraka, Tzuya, Nagoya. Todo el mes de enero fue una penosísima jornada por las provincias de Setsu, Harima, Bizen, Bingo, Aki, Suwo y Nagato. El 1 de febrero, cuatro días antes de la muerte, el puerto de Carazu recibió a los futuros mártires, con los rostros desencajados y cadavéricos, de cuerpos huesudos cubiertos de heridas y pies sangrantes deformados por la hinchazón. El día 4, víspera del martirio, llegaron a Ucarami, distantes una jornada de Nagasaki.

Amaneció el día 5 de febrero, la guardia fue temprano a buscar a los prisioneros para emprender la jornada final. Con paso firme entró a Nagasaki, 26 cruces tenían preparadas sobre la colina de trigales. Los sacrificados eran 6 frailes franciscanos, 3 jesuitas y 17 cristianos japoneses. Eran ellos: los frailes franciscanos Pedro Bautista Blázquez, Martín de la Ascensión Aguirre, Gonzalo García, Francisco Blanco, Francisco de San Miguel y Felipe de Jesús; los jesuitas eran Pablo Miki, Diego Kisai y Juan de Gotto; los cristianos fueron Francisco de Kyoto, Cosme Takeya, Pedro Sukeyiro, Miguel Kosaki, Pablo Ibariki, Luis Ibakiri, Matías, León Karasumaru, Ventura, Tomás Kosaki, Joaquín Sakahibara, Francisco, Tomás Dangui, Juan Kinuya, Gabriel de Ise, Pedro Suzuki y Antonio de Nagasaki.

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Fray Felipe de Jesús acompañó al principio el Himno, pero las argollas de sus tobillos y de la garganta estaban mal ajustadas, se resbaló repentinamente del pedal de la cruz, quedando oprimido de su garganta con el aro de acero puesto en el cuello. Ahogándose, moviendo la cabeza desesperadamente, sólo pudo gritar: ¡Jesús, Jesús, Jesús! A sus gritos corrieron los soldados y mirándole en agonía rematan al mártir clavando sus lanzas, una en el costado derecho y la otra en el corazón, las dos traspasaron completamente el cuerpo saliendo por las extremidades superiores (hombros). Su cruz se encontraba exactamente a la mitad del semicírculo y fue el primero en morir de aquel grupo de mártires que corrieron la misma suerte. Los cristianos presentes corrieron con paños para enjugarlos en la sangre del criollo novohispano. Se cuenta que en el domicilio de los Las Casas, la nana miró como al momento la higuera volvió a reverdecer y dar frutos, gritando como loca: ¡Felipillo Santo, Felipillo Santo!

El milagro se verificó cuando las aves de rapiña no se acercaron nunca a los cuerpos, ni estos se corrompieron como lo establece la ley natural, más precisamente estando en contacto con el ambiente y organismos que fácilmente descomponen el cuerpo, además el perfume que soltaban era sobrenatural, no era el hedor común de la descomposición. Los cristianos se llevaban trozos de hábitos, de cruces empapadas con sangre y otras reliquias de sus cuerpos. Matías de Landecho y Bartolomé Ruiz iban casi todos los días a visitar los cuerpos que encontraban con la misma frescura hasta 30 días después del martirio. Tello de Sandoval solicitó con regalos la entrega de los cuerpos de los mártires, mismos que les fueron dados, lo que pudieron rescatar de fray Felipe fueron traídos por los frailes Francisco de Villarejo y Alonso de Santa María Laurel. Llegando el 31 de octubre en el galeón “San Jerónimo” la noticia de la muerte y las reliquias del hijo mayor de la Nueva España.

Iniciados los procesos de beatificación en 1598 y tras 30 años, el Papa Urbano VIII por bula “Salvatoris Nostri Jesu Christi” del 14 de septiembre de 1627, declaró beatos a Felipe de Jesús y sus 25 compañeros mártires. En la Nueva España las ceremonias fueron pomposas, asistiendo la mamá del beato a las fiestas y procesión del convento a la catedral llevando la imagen de vestir, nombrándose patrón de la ciudad siendo confirmado por la Santa Sede. Y durante la fiesta de Pentecostés, el 8 de junio de 1862, el Beato Pío IX elevaba a los altares a los 26 mártires de Japón, con la asistencia de varios obispos desterrados por el gobierno liberal de México.

Iglesia conmemorativa de los 26 mártires (Nagasaki, Japón) construida en 1962 por el arquitecto japonés Kenji Imai, quien tuvo influencias de Gaudí. La iglesia está dedicada a Felipe de Jesús, debido a que ya existía una iglesia de los 26 mártires en Italia.

Las fuentes para este texto tenemos de la Hna. Guadalupe Pimentel con su obra llamada “San Felipe de Jesús” (2000), al Padre Jose Armando Espinoza, MG con “Mártires Mexicanos” (s.f.) y a fray Agustín de Osimo con “Historia de los veinte y seis mártires japoneses, etc.” (1871).

Eddy Lorenzo González Jiménez


[1] El apellido se debe a que el rey San Fernando III que les dio un caserío en Illescas, a partir de ello les fueron denominando De las Casas.
[2] Dice el letrero “En esta pila fue bautizado el gloriosísimo mártir del Japón, San Felipe de Jesús, criollo de esta ciudad de México y su patrón.”
[3] La reforma que había surgido entre la orden franciscana en el siglo XV se vio coronada con la amalgama de comunidades y provincias que deseaban vivir mejor la regla de la pobreza, entre los estudiosos del tema tenemos al R.P. Fray Lino Gómez Canedo.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “San Felipe de Jesús de las Casas Martínez: protomártir de México

  1. Gracias, Eddy, éste me ha parecido uno de tus mejores artículos, precioso y conmovedor. Conocía a este Santo y su martirio, pero admito con cierto rubor que normalmente poco hacía más que fastidiarme cuando buscaba en el Santoral información o imágenes de Santa Águeda y, en lugar de ella, lo encontraba a él, pues ambos se celebran el mismo día.

    Pero me ha encantado conocerlo mejor y me ha encantado porque lo que vemos en este artículo es a un ser humano, con sus defectos y sus virtudes, sus tropiezos y sus aciertos, el recorrido de una vida hasta un martirio angustioso, pero impresionante. Ojalá de todos los mártires supiésemos tanto y tan bien. Yo sería la primera contenta.

    • Gracias Anita, de todo corazón, pues creerás que a mi me pasaba lo contrario, encontré más de Santa Águeda que de san Felipe, a pesar de que se supone que en Méxido debería ser oficialmente conocido, mucha gente no sabe ni quien es él. Por esta razón me di a la tarea de elaborar una pequeña biografía de este santo que en sus muchos aspectos me maravilla, a veces yo he pasado por ciertas circunstancias como las que pasó, me identifico con san Felipe. Además, la orden franciscana que humildemente me ha acogido entre los suyos, le tiene mucha devoción por ser patrono de esta Provincia en México.

      Con mis consideraciones estimada Anita, envío un cordial saludo.

      Paz y Bien!!!

  2. Hay algo que me da curiosidad. Ústed dice que parte de los restos de Felipe fueron traidos de regreso a la Ciudad de México al poco tiempo del martirio, pero en la capilla del santo en la Catedral Primada solo hay un ostensorio de estilo contemporáneo con un fragmentito de hueso (ninguna urna, sepulcro ni nada por el estilo); incluso yo no puedo recordar de niño haber visto ese ostensorio. Y no sé de nungún otro lugar del país donde se diga tener reliquias suyas. Además antes de externar esta duda busqué en internet y encontré una nota del diario El Universal donde se menciona la donación de una reliquia del santo apenas en 2001 al cardenal Rivera. Y describe el relicario así “Es un estuche de plata de forma elíptica, con siete esferas perimetrales, protegido por dos vidrios muy antiguos.

    En su parte principal dos palomas cargan en su pico el relicario central, donde están las reliquias formando una pequeña Cruz. A los costados se observan dos personajes vestidos con Kimonos.

    En su parte posterior aparecen dos casas, un árbol y una pagoda de cinco pisos de estilo japonés y un pájaro volando.

    Todas las tallas son de marfil, y abajo del enmarcamiento de las reliquias un letrero en tinta sepia dice “San Felipe de Jesús”. El estilo corresponde a la escuela japonesa de arte, nacida en el siglo XVI Ukiyo-e (imágenes de un mundo flotante), cuyos maestros fueron Kaigetsudo, Ando y Maiyagawa Choshun.

    La pintura japonesa se desarrolla a partir del siglo IX al XVI bajo dos corrientes: los temas locales y los influenciados por el arte chino.

    En la reliquia del patrono de la ciudad de México, los Kimonos, La Pagoda , las Casa y Árboles y los Pájaros, nos indican con claridad la influencia del arte japonés. Posiblemente el relicario se realizó después que el Proto Martir fuera beatificado.” (FIN DE CITA)
    Entonces, ¿Antes de la donación de 2001, no había reliquias del Felipe de Jesús expuestas al culto en la Catedral de México? ¿Existen más reliquias (o presuntas reliquias) en el país? ¿Qué pasó con el cuerpo del santo, si de acuerdo al artículo, los martires no mostraron signos de corrupción por lo menos hasta ser entregados por la autoridad a los cristianos?

    Por cierto que en la catedral de Cuernavaca hay un interesante fresco colonial que relata el martirio de San Felipe y fue descubierto detras de capas de pintura en las paredes de la nave del templo. Saludos.

    • Estimado Moisés, esa información es nueva para mi, que se le haya regalado a mons. Rivera una reliquia de San Felipe para la Catedral, sería interesante verla personalmente y además de eso leer el acta de autenticidad, eso nos podría arrojar luces sobre su origen.

      Quiero pedir una disculpa a los lectores sobre algunas omisiones hechas al artículo, debido a la enorme cantidad de información, reste importancia a ciertas parte que tenían mucho que ver para despejar estas incógnitas. Sí había reliquias, la imagen procesional que sacaron para la celebración de la beatificación y a la que asistió la mamá de san Felipe, era un relicario que contenía las primera reliquias, éstas fueron, pedazos de hábito, cabello y telas empapadas con su sangre, pero no era ni carne ni hueso. Presuntas las hay, hasta hace poco sabía que en la catedral de Acapulco, Oaxaca había algunas pertenencias de él, desafortunadamente sin mayor información sobre cuáles son. En la catedral de Cuernavaca también supe por mons. Florencio Olvera que había una que otra reliquia pertenenciente a san Felipe como objetos personales. Efectivamente los cuerpos estaban siendo preservados, pero no hace referencia a que la incorrupción durara todo el tiempo, el autor fray Agustín de Osimo refiere que cuando llegaron los españoles a buscar los cuerpos para bajarlos, muchos ya no estaban porque habían sido despedazados u ocultados por los cristianos japoneses que iban fervorosamente a tomar algo de ellos por devoción. Me he de suponer que eso pasó con San Felipe, o fue despedazado por el robo de reliquias o se fue corrompiendo con el tiempo, pero si nos damos cuenta de la informacion que nos ofreces de este periódico, probablemente haya pedazos de reliquias de su cuerpo más grandes en la colina de los Santos Mártires de Nagazaki.

      Gracias por sus comentarios, Paz y Bien!!!

      • San Felipe de Jesús es el segundo Patrono de México, luego de NUestra Señora de Guadalupe. Sus reliquias se han perdido como coinsecuencia de las guerras del Siglo XIX y XX, el P. Luis Enrique Orozco, en su libro de IconografÍa Mariana, refiere que hay reliquias de San Felipe de Jesús en el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios en Naucalpan, y otros lugares que de momento no recuerdo. En Guadalajara, Jalisco, hay una parroquia dedicada a él, por muchoa años el culto lo proovio el P. Rafael Meza Ledezma, quien al morir dejó reliquias de este santo y fueron usadas para dedicar el altar de la Parroquia de Jesús nuestra Pascua, en Guadalajara, Yo personalmente he venerado un relicario con un fragmento oseo (supongo que lo es) en la parroquia a el dedicada, Dice “sancti philippi martyr japon” el fragmento es más pequeño que la cuarta parte de una uña. Cabe señalar que San Felipe en Guadalajara es el PAtrono del gremio de joyeros, que lo festejan cada cinco de febrero. Quiero señalar además que en la ciudad y arquidiocesis de México se celebra en grado de solemnidad, mientras que en el resto del pais es solamente fiesta. Valga este comentario para nuestro hermano mayor Felipe de las Casas, santo de mi devoción. Gracis

  3. Estimado Eddy.
    Muchísimas gracias por este documentado artículo sobre San Felipe de Jesús, franciscano mártir en Nagasaki.

    Sobre la vida y martirio de estos mártires del Japón se ha escrito mucho y muy detallado, y no solo por los franciscanos, sino también por los jesuitas, pero la verdad es que en este artículo se mencionan datos que normalmente no aparecen en otras biografías y mucho me temo que en esta haya también alguna contaminación legendaria.

    Pongo un ejemplo: lo de su nana y el reverdecimiento de la higuera. ¿Te acuerdas que cuando escribimos sobre San Honorato de Amiens el día 16 de mayo del año pasado, decíamos que “cuando fue nombrado obispo, su ama, que en esos momentos cocía pan en la casa paterna, se mostró incrédula y dijo que se lo creería si la requemada pala para hornear que tenía en las manos echaba raíces y se convertía en un árbol. Plantó la pala en el patio de la casa y vio que se convirtió en una morera”? Pues esto es algo parecido; es algo agregado por la devoción popular a una vida que, desde luego no necesita ningún añadido para mostrarnos su ejemplaridad.

    Y con respecto a las reliquias del santo, que yo sepa, no existe ninguna de primera clase, ni siquiera en México. Solo existen los cráneos de San Pedro Bautista y San Francisco Blanco y reliquias óseas insignes de San Martín de la Ascensión, San Pablo Miki, San Diego Kisai y San Juan de Gotto. Es verdad que en el santuario de Nagasaki se encuentra un gran relicario con trozos óseos y lo mismo ocurre en Goa, pero son genéricamente “de mártires del Japón” y tú sabes que entre santos y beatos son muchos los seglares y religiosos que encontraron la palma del martirio en aquellas tierras.

    Resumiendo: el artículo es buenísimo, nos da a conocer a este protomártir mexicano que pertenece a nuestra querida Orden Franciscana y te prometo que continuaré yo escribiendo sobre San Pedro Bautista, San Francisco Blanco y algún otro compañero suyo.

    • Antonio aunque no me corresponde a mi pero debo hacer una anotación, aunque yo también eh tenido mis ciertas dudas sobre el milagro de la higuera hay un hecho que la da cierta credibilidad a lo narrado, cual es, que todavia principios del siglo XX se tomo una fotografia a la que fuera la casa natal de San Felipe de Jesús años antes de ser demolida y en esa foto se puede apreciar nada menos que la higuera reverdecida aun verde, claro que esto no certifica que dicho milagro haya sucedido pero al menos sii que existio una higuera en casa de San Felipe como se cuenta.

  4. Gracias, Eddy, por este artículo! y comparto lo dicho por Ana. Ha captado mi atención el hecho de que no duró mucho tiempo “en vías de perfección”, es decir, llevaba poco de fraile, ya no por probar sino por convicción, y así y todo fue galardonado con la palma del martirio. Me recuerda a aquella evangélica parábola donde algunos trabajadores fueron contratados en la mañana, otros al medio día, otros en la tarde, y a todos se les da la misma paga…

  5. Eddy:
    Hermoso articulo de nuestro Felipillo, vale el crédito de la foto que encontraste en mi flickr se lo debemos a la parroquia por tomar una foto tan chula de su santo pero agradezco que te dez un vistazo a mi flkickr y ocupes mis fotos para ilustrar tu articolo en vredad me siento alagado…. paso a los lectores el link para que vean una pintura del martirio de nuestro santo que se encuentra en el Templo del Exconvento de Sta Bárbara ahora templo de San Antonio en Puebla donde estuvo……
    http://www.flickr.com/photos/tachidin/6716614413/in/photostream

    Saludos y una vez mas bellisimo articulo

  6. Gracias Eddy por el increible articulo realizado del protomartir Mexicano,del cual supe por vez primera leyendo su vida en el comic “Vidas Ejemplares”.
    Sobre el milagro de la higuera yo si creo que pudiera suceder.

  7. Muy bello artículo, el año pasado pudimos visitar el lugar donde estuvo su celda, hoy convertida en capilla neoclásica, la adorna una vidriera con la higuera de la historia. Un santo al que admiro y le tengo gran cariño.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*