El culto a las imágenes

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Icono del II Concilio de Nicea. siglo XVII, monasterio Novodévichy, Moscú (Rusia).

Pregunta: Hola me parecen muy interesantes sus artículos, realmente disfrute mucho leyéndolos, soy un verdadero amante del arte y las “esculturas” religiosas del catolicismo, he estudiado mucho los efectos que tienen en la gente y la percepción que ellos tiene de ella; recientemente, me he unido a una célula cristiana y sus ideas y perspectiva me parecen muy interesantes, ellos leen mucho la Biblia que vaya da “vergüenza” pues hay una cita que me parece interesante: No te harás imagen, ni siquiera semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni las honrarás; porque yo soy Jahvé tu Dios (Éxodo, 20, 4-5). La pregunta sería: ¿Es correcto admirar y venerar una imagen de yeso o madera? Ok, yo al igual que ustedes admiro un trabajo hecho tan perfectamente y con esmero.

Respuesta: Estimado amigo, aunque en su día te respondimos brevemente a esta doble pregunta, también te dijimos que este era un tema que valía la pena desarrollar mucho más ampliamente mediante un artículo que se publicaría en el blog y eso es lo que pretendo hacer.

Hay que ponerse en primer lugar en el contexto, en el momento en que son escritos esos dos pasajes de las Escrituras, del Libro del Éxodo e incluso habría que remontarse mucho antes hasta los tiempos de Abrahán que originariamente adoraba a dioses extraños, tiempos en el que toda la región estaba influida por las religiones de origen cananeo cuya principal deidad era “Elohim”, palabra que significa “dios”. Es verdad que este era un dios muy particular, creador y misericordioso, padre de todas las criaturas, distinto al resto de los dioses y que fue el precursor de quienes posteriormente adorarían a un solo Dios.
Pero como el proceder de los cananeos no era el correcto, es por lo que el verdadero Dios, Yahvé, decide, como hoy diríamos, darle un toque de atención a Abrahán y con él, a todos los suyos.

Ábside de la iglesia de Santa Irene en Estambul, Turquía. Ejemplo de arte iconoclasta (sólo se mantiene la cruz).

Aunque el estudio de este tema es muchísimo más complejo, podríamos decir que a partir de ahí, los hebreos, el futuro pueblo de Israel empieza a rendirle culto al llamado “Dios de nuestros padres”, que era el único y verdadero Dios.
Pero por las razones que todos conocemos, el pueblo hebreo se ve sometido a Egipto, país o imperio que tenía sus dioses y lógicamente, terminaron por contagiarse de alguna manera por el modo de vida que tenían sus opresores. Y esto chocaba con los designios de Yahvé que eran que adorarlo conllevaba llevar un estilo de vida en concordancia con su divina voluntad.

Dios se aparece a Moisés y le ordena liberar a su pueblo de la opresión de Egipto. Moisés lo hace y el pueblo de Israel sale de un país donde se adoraba a los ídolos, donde esta práctica se les había contagiado y en su caminar y posterior asentamiento, estuvieron siempre rodeados de pueblos vecinos que también practicaban la idolatría.
El Dios de Israel, el que no tenía nombre ni se hacía directamente visible, quería que lo adorasen con el corazón y el espíritu y no mediante figuras físicas aunque estuvieran hechas de materiales preciosos. Pero el caminar por el desierto era penoso y cansado, pasaban hambre y sed y no veían el día en el que llegarían a la tierra que se les había prometido y es por eso por lo que el pueblo de Israel, influenciado por algunos de sus mismos miembros, cae en la idolatría y con las joyas con las que salieron de Egipto ordenan a Aarón: “haznos dioses que marchen delante de nosotros” (Éxodo 32, 1) mientras se sentían abandonados por Moisés, que no bajaba del Monte Sinaí.

Aaron hizo “un becerro de fundición y entonces ellos dijeron: ¡Israel, este es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto! Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro y dijo: Mañana será un día de fiesta dedicado a Jahvé”. (Éxodo 32, 5). ¡Se mezcla al becerro con la fiesta de Yahvé! Pero recordad que leyendo detenidamente todo el Génesis, los hebreos llegaron a identificar a Baal como hijo del dios “Eloim”, que a veces era representado como un toro, por lo que su hijo se representaba como un becerro. El adorar a “este hijo” fue sinónimo de idolatría. Al bajar del monte, Moisés rompe las tablas de la Ley que Yahvé le había dado y les hace recordar los mandatos que tu recuerdas en tus reseñas del capítulo veinte del Éxodo.

Poco a poco Israel lo va entendiendo. Mientras que quienes adoraban a los ídolos basaban su culto y su vida en el materialismo, quienes adoraban al Dios de Abrahán tenían que tener una conducta conforme a sus mandatos: adorarlo y servirlo y ese fue el gran desafío para los israelitas: escoger entre Yahvé y el becerro de oro. Si leemos los textos de todos los profetas (Isaías, Miqueas, Jeremías, Ezequiel, Oseas, etc.), encontraremos numerosas recomendaciones y amonestaciones en este sentido. Esto ya es aceptado unánimemente cuando siglos más tarde se escriben los salmos: “In exitu Israël de Aegypto, domus Iacob de populo barbaro: Facta est Iudaea sanctificatio eius, Israël potestas eius… Ubis est Deus eorum? Deus autem noster in coelo: omnia quaecumque voluit, fecit. Simulacra Gentium argentum et aurum, opera manuum hominum…” (leer completo el salmo 113).

Icono ortodoxo griego de Santa Teodora, emperatriz de Bizancio, portando un icono del Salvador.

Dios no tiene nombre: “Yo soy el que Soy” (Éxodo, 3, 14), no habita en casas construidas por los hombres sino en sus corazones, no admite la idolatría repitiéndosenos machaconamente este mensaje tanto en los textos del Antiguo como del Nuevo Testamento. A Dios se le adora, se le da culto de “latría”, que es el que actualmente damos los cristianos a Dios.

Sin embargo, Cristo que es quién nos enseña que Dios es nuestro Padre y que ha venido a cumplir la Ley, parece que está en contra de que Dios no habita en casas construidas por los hombres: “Esta es la casa de mi Padre y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones” (Mateo, 21, 13). Pero no existe contradicción porque Él, que reverentemente adora a su Padre en el Templo y que admite, como lo admitía Israel, que el Templo es “la morada” de Dios, lo que no quiere es que en él se mercadee. ¡Cómo debiéramos aprender este mensaje de Cristo, nosotros que aun en las mismas iglesias vendemos todo tipo de cosas! Pero el mensaje de Cristo lo deja todo meridianamente claro y por eso, San Pablo dice: “vosotros sois templos del Espíritu Santo” (I Corintios, 6, 19)

Pero es verdad que mientras las otras dos religiones monoteístas no hacen figuras o representaciones de Dios, desde el inicio del cristianismo, cuando los primeros discípulos tienen que esconderse en las catacumbas, necesitan representar símbolos de su fe y aparecen los primeros frescos que llegan a mostrar pasajes de las Escrituras y así comienza a manifestarse estas expresiones artísticas a las que en ningún momento se idolatraban. Había una diferencia absoluta entre la actitud de los cristianos, que solo adoraban en espíritu a Dios, y la de los antiguos hebreos que llegaron a adorar al becerro de oro.
Los pasajes del Éxodo pretenden eliminar la idolatría. En la Iglesia jamás se dio la idolatría sino que desde sus comienzos, empezó a dominar el culto de “latría” que se ofrece solo a Dios en Si mismo, pero nunca a ninguna de sus representaciones físicas.

Siglos más tarde aparece en la Iglesia la cuestión iconoclasta, cuestión que hacía referencia a la destrucción de las imágenes e iconos que abundaban tanto en Oriente como en Occidente. En el año 726, el emperador León III Isaurico prohibió la veneración de las imágenes e iconos, haciéndolo sobre todo por cuestiones políticas.
El pueblo cristiano, por lo general, se negó a cumplir esta orden ya que la veneración de imágenes e iconos estaba muy extendida, por lo que Constantino V, hijo del emperador anterior ordenó combatir militarmente contra quienes se oponían a obedecer la orden dada por su padre.

Página del Salterio Chdulov (s.IX) donde se ve a unos iconoclastas cubriendo con cal las imágenes de Cristo.

El II Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el otoño del año 787 confirmó la veneración de los iconos ya que esto no suponía ninguna señal de idolatría pues se trataba de simple veneración, nunca de adoración. Este Concilio había sido convocado como consecuencia de esta controversia iconoclasta y a él asistieron los enviados del Papa de Roma y del Patriarcado de Constantinopla, el patriarca de Jerusalén así como algunos archimandritas de los monasterios griegos de Palestina.
Quienes negaban el culto a las imágenes estaban influenciados por los cristianos monofisitas, los musulmanes y judíos (practicantes monoteístas) y el deseo del emperador León III, que era de origen sirio y que quería contrarrestar el poder de los monjes de la Palestina, que defendían la llamada “iconodulia” o veneración de imágenes. Naturalmente argumentaban también con las citas del Antiguo Testamento a la que tú haces referencia en tu pregunta.

El Concilio permitió distinguir entre el culto de adoración tributado a Dios (culto de latría) y la veneración de las imágenes o proskýni̱sis. De esta manera se impedía la adoración de las imágenes como si fueran Dios en si mismas, pero también su destrucción. La propia emperatriz Irene, que fue quién convocó el Concilio, se aseguró de que los cánones del mismo fueran favorables al culto a las imágenes.
Pero en el seno de la familia imperial permanecieron estas disputas que continuaron hasta el reinado del emperador bizantino Teófilo, quién murió en el año 842, momento que aprovechó su esposa, la emperatriz Teodora para movilizar a quienes estaban a favor de la veneración de las imágenes proclamando definitivamente la restauración de los iconos en el año 843.
Esta emperatriz, que pasó los últimos años de su vida recluida como monja en un monasterio, es venerada como santa por la Iglesia, encontrándose sus reliquias en la catedral ortodoxa de Corfú (Grecia).

Quizás valiera la pena hacer mención de los numerosos santos que combatieron la iconoclasia así como los que se distinguieron por ser pintores de iconos o iconógrafos, pero sería alargar excesivamente el artículo.
Aunque ya venía de antes, al iniciarse el segundo milenio comenzó el auge del arte religioso: pinturas e iconos, esculturas, grabados, vidrieras, etc. arte que, aunque de manera distinta, se ha desarrollado tanto en Oriente como en Occidente a lo largo de todos los siglos.
La Iglesia Universal jamás practicó la idolatría. Solo es adorado Dios por Sí mismo (y consecuentemente la Sagrada Eucaristía), pero a las imágenes se les da culto de “dulía”, o sea, veneración y respeto, solo por lo que ellas representan.

Mosaico bizantino donde aparece la Virgen y el Niño entre el emperador Juan II Conmeno (izqda.) y Santa Irene emperatriz (dcha). Santa Sofía, Estambul (Turquía).

Pregunta: Me encontré con una idea muy interesante y revolucionaria; si fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, ¿seremos dioses? La iglesia cristiana cree que si Dios tenía el poder de sanar y expulsar demonios con su palabra, sus hijos, o sea, nosotros, también podemos hacerlo proclamado con poder y autoridad. Espero su respuesta. Amablemente me despido.

Respuesta: En cuanto al segundo tema que planteas, te diré que es verdad que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios pero no somos ni seremos nunca dioses. Es verdad que algunos padres espirituales hablan de convertirnos en “dioses”, en el sentido de la doctrina espiritual de la deificación mediante la oración: es una doctrina mística, que no dogmática, y por eso, en algunos sermones de abades medievales se afirma que, al “crecer” Cristo en nosotros, “vamos siendo como dioses”, en el sentido de que la comunión con Cristo es tan profunda que el hombre se “asemeja” a su Dios; eso sí, siempre precisaron que no se trata de una “fusión”, ni mucho menos de una conversión real en divinidad. Esta enseñanza es popular en la espiritualidad ortodoxa y de hecho está unida con la doctrina de las energías increadas de San Gregorio Palamas.

Somos hijos de Dios, somos hijos suyos por adopción, porque el Único Hijo Consustancial con el Padre, Engendrado por Él, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y aunque este Hijo de Dios hecho Hombre, o sea Cristo, dijo que en mi nombre realizareis milagros y también dijo que la fe mueve montañas, eso no quiere decir que nosotros por nosotros mismos, por muy santos que seamos, seamos capaces de hacer milagros sin ton ni son. Los milagros los hace directamente Dios, que muchas veces se vale de personas santas para hacerlos a través de ellas, pero son casos excepcionales. Este es un tema que quizás valiera la pena ser desarrollado más extensamente. Quedará para otra ocasión.
Espero que comprendas que esta contestación tenía que ser breve porque el tema es de mucha profundidad.

Antonio Barrero

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El Viernes de Dolor en México

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Nuestra Señora de los Dolores, óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, en este cuadro se aprecia a la Virgen dolorosa traspasada por una espada en recuerdo de la profecía de Simeón.

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se difundió especialmente por las visiones de Santa Brígida de Suecia y posteriormente gracias a la Orden de los Siervos de María fundados en el siglo XIII, pero no es hasta 1413 que el Sínodo de Obispos reunidos en Colonia, Alemania deciden dedicar el sexto viernes de Cuaresma a recordar los dolores de la Virgen María. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús y en especial el padre José Vidal promueven la devoción a los Dolores de la Virgen María. Hacia 1960 con S.S. el Beato Pablo VI se suprime esta fiesta del sexto viernes de cuaresma y se traslada la conmemoración de la Virgen Dolorosa para el 15 de septiembre, fecha cercana a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) pero a pesar de este traslado se permite en los lugares que la conmemoración del Viernes de Dolores sigue teniendo mucha devoción se realice una única misa con la liturgia de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre.

Los siete dolores de la Virgen que tradicionalmente se recuerdan se relacionan con episodios de la vida de Cristo y son:
1.- La profecía de Simeón en el Templo
2.- La huída a Egipto
3.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
4.- El encuentro de María y Jesús en el camino del Calvario
5.- María al pie de la Cruz de Cristo en el Calvario
6.- María recibe a Cristo muerto en su regazo
7.- La sepultura de Cristo.
Es común ver que iconográficamente a la Virgen de los Dolores se le represente con un puñal o con siete puñales o espadas atravesando su pecho y su inmaculado corazón en recuerdo de estos siete dolores y con lágrimas en los ojos. En otras ocasiones portando la corona de espinas o los clavos en las manos, aunque esto es más común en su advocación de Virgen de la Soledad o al pie de la cruz.

Durante la época colonial se popularizó la costumbre de poner en los templos y posteriormente en las casas un altar dedicado a la Virgen de los Dolores; se piensa que posiblemente el ya citado padre José Vida S.J. fuera quien introdujera esta tradición. En el siglo XIX nos narra García Cubas que el Viernes de Dolor era un gran acontecimiento que comenzaba en las primeras horas del día con el toque de diana a lo que la gente se levantaba para ir a diversos mercados a comprar las flores que utilizarían en la elaboración y adorno del altar a la Virgen. Las festividades de la Dolorosa se difundieron especialmente en esta época por considerarla patrona del hogar, abogada de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar.

Altar de Dolor dedicado a la Virgen Dolorosa donde se aprecian el tapete de semillas y aserrín con símbolos de la pasión, fotografía y elaboración del altar cortesía de Alberto Rosher.

La festividad del Viernes de Dolor se comienza a preparar mucho antes de que inicie la Cuaresma, pues el día 2 de febrero festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen se llevan a bendecir al templo junto con las imágenes del Niño Jesús (sobre lo que ya se escribió anteriormente en el articulo Día de Reyes y la Candelaria en México) diversas semillas recordando la profecía de Simeón en el Templo a María diciéndole: “y a ti una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35.), las cuales se pondrán en macetas o recipientes de barro con diversas formas en especial forma de pino con hendiduras que servirán de adorno en el altar de dolor y se cuidaran durante el tiempo que dura la cuaresma hasta el Viernes de Dolor a que retoñen las semillas. Algunas serán guardadas en la oscuridad para que las plantas por la ausencia del sol se tornen de un color amarillo y al ser expuestas en el altar y reciban los rayos del sol poco a poco tomen su color verde haciendo alusión a un tipo de paso de la muerte a la vida y a la resurrección de Cristo. Los recipientes como ya mencioné eran en forma de pino para que al retoñar las semillas tomaran una forma de un ciprés que es un símbolo de la Virgen María.

Con algunos días de anticipo también se comienzan a preparar diversas aguas de sabores con colores muy distintivos, también preparados algunos con semillas como la chía o con flor de Jamaica, también de horchata y el agua de limón. Estas aguas se pondrán en el altar recordando las lágrimas de la Virgen y se endulzan porque aun siendo lágrimas de dolor son dulces por venir de la Virgen María; se ponen en siete vasos recordando sus siete dolores y los diversos colores evocan varios significados: de este modo el rojo recuerda la sangre de Cristo, el purpura la cuaresma, la penitencia, la blanca horchata la pureza de la Virgen, el agua de tamarindo de color café recordaba el vinagre que le dieron a beber a Cristo en la cruz, también había otros colores que se lograban con algunas reacciones químicas como el azul que recuerda a la Inmaculada Concepción de María o el verde que recuerda la esperanza. Estas aguas preparadas también se ofrecerán a los invitados que visiten el altar de la Virgen en este día y al llegar a visitarlo la persona que llega debe preguntar “¿Ya lloró la Virgen?” para que le den un vaso de agua y al momento de entregárselo el anfitrión debe decirle “Aquí lloró la Virgen”, del mismo modo también se ofrecen nieves de sabores.

Altar del Viernes de dolor donde se observan las aguas de sabores y diversos elementos del altar.

Para montar el altar se utilizan mesas y cajones pues tradicionalmente se debe elaborar en tres niveles recordando las tres caídas de Cristo en el Vía Crucis [1] aunque esto puede variar dependiendo la región o la posibilidad de la familia pueden ser menos escalones o más. En algunos lugares los ponen de siete niveles recordando los dolores de María, se pone una cortina blanca o de algún otro color en referencia con la cuaresma, el luto, la sangre de Cristo o la pureza de María y en el nivel más alto del altar se pone el cuadro o la imagen de la Virgen de los Dolores y sobre ella un crucifijo. En los diversos niveles del altar se ponen siete naranjas agrias recordando el dolor de la Virgen por la muerte de Cristo y en la naranja se ponen banderitas en colores oro y plata que simbolizan al sol y la luna, Cristo y María respectivamente. En algunos lugares se acostumbran que sean 14 banderas haciendo alusión a las estaciones del Vía Crucis [2] y también se suelen poner algunas otras frutas, como recuerdo de los frutos de la redención. Como ya se menciono se ponen semillas y los sembrados que se han cuidado durante todo este tiempo; esto es en relación a cierta costumbre prehispánica hacia la fertilidad de la tierra de ofrecer los frutos de estas a sus antiguos dioses queriendo con esto pedirle buenas cosechas a Dios por intercesión de María. Se ponen semillas o espigas de trigo recordando a la Eucaristía y doce velas o cirios al pie del altar o dispersos en el altar recordando a los doce apóstoles.

Asimismo, se ponen lámparas de aceite que se encienden recordando que Cristo es la luz; estas lámparas se suelen poner detrás de las aguas de colores para que al encenderse creen un bello efecto de luz de colores, esta iluminación le ganó a los altares de dolores ser conocidos en el siglo XIX como “incendios” por la luminosidad que despedían. En algunos hogares se acostumbraba exhibir en el altar todas sus vajillas o cubiertos de plata como símbolo de que María es tan pura como la plata fina; en las familias de escasos recursos y que no tenían objetos de plata se comenzó a poner simbolizando lo mismo, esferas de azogue de enorme tamaño en diversos colores sobre jarrones muy similares a la esferas que se cuelgan en el árbol navideño; en la parte de abajo del altar se acostumbra hacer un tapeque con semillas y aserrín pintado por lo general con el monograma de la Virgen o con el corazón traspasado con los siete puñales o algún dibujo en alusión a la Pasión.

Altar de Dolor en una casa del estado de Guanajuato con la curiosa tradición de la "tendida o acostada de los Cristos".

Se acostumbra poner diversas flores como las rosas por ser María la rosa mística, las azucenas o flores blancas por la pureza de la Virgen, flores rojas que recuerdan la sangre de Cristo, flores moradas que recuerdan la cuaresma y la luto de la Virgen. En algunos lugares también se pone un espejo en símbolo de que María es el espejo de justicia, del mismo modo se ponen otros elementos de acuerdo a la imaginación recordando los símbolos de la pasión, de la redención o de la Virgen María, como manzanas y la figura de Adán y Eva por el pecado original y por la redención que vino por María, la Santa Faz recordando el calvario, la lanza, etc.; es común ver adornados los altares con papel picado en diversas formas en especial simbolizando los dolores de María y por lo general el papel debe ser en colores blancos por la pureza, morado por la penitencia o negro por el luto de la Virgen.

Por las tardes durante el siglo XIX era común tener invitados con los cuales hacer el rezo del rosario y posteriormente las familias de más dinero realizaban una misa en sus casas a la cual asistían hombres y mujeres de riguroso negro y se entonaban cantos dedicados a la Dolorosa, en especial el Stabat Mater, se acostumbraba dar alimentos a los asistentes y las ya mencionadas aguas de sabores. Habían muchos que iban de casa en casa visitando altares para probar los diversos platillos cuaresmales que se preparaban y el sabor de las aguas preparadas en cada casa; las familias de menos recursos acostumbraban ir a los diversos templos donde se montaba el altar a escuchar la misa del día dedicada a la Virgen de los Dolores y también se acostumbraban devociones como el rezo de la coronilla de los siete dolores o la meditación de estos.

En algunos estados del país se acostumbra después del Viernes de Dolor, no quitar el altar y se realiza otra curiosa tradición conocida como “la tendida o acostada de los Cristos” la cual consiste que en una mesa en la que se usó para el altar de dolor muchas veces, sobre flores y otras hierbas se recuesta un crucifijo recordando el Santo Entierro y simulando una especie de velorio a Cristo muerto esperando su resurrección. Con esto se repite la tradición de la gente que pasa a venerar la imagen del Cristo muerto como antes lo hicieran con la Virgen dolorosa.

Altar de dolor donde se aprecian las plantaciones de las semillas bendecidas el día de la Candelaria. Fotografía y elaboración del altar, cortesía de Saúl Legazpi.

Debo recordar que tanto los elementos como el significado de los mismos pueden variar. Esta tradición del altar de dolor actualmente en México se celebra únicamente en el centro del país y en algunos estados del norte, y desgraciadamente cada vez son menos los hogares y templos que los instalan; esta disminución en la tradición puede deberse en primer lugar a la supresión hecha de la memoria del Viernes de Dolor para darle más énfasis a la del 15 de septiembre; lo que propició que en muchos templos esta tradición quedara en el olvido y que ya no se hable en absoluto de ella, así como el aumento de religiones protestantes y la misma antipatía de los creyentes, sumado a que además la devoción a la Virgen Dolorosa siempre tuvo más devotos en estas regiones del país donde existen diversos templos y santuarios dedicados a ella, a diferencia del sureste mexicano donde es una advocación poco venerada.[3]

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo

BIBLIOGRAFÍA:
– García Cubas, Antonio, “Viernes de Dolores”, en Altamirano, Ignacio Manuel et. al., “Leyendas y costumbres de México”, México, Editorial Valle de México, s/E, s/a.
– Cedillo Vargas, Reina A., “El altar de Dolores rescate arqueológico de una tradición mexicana”, en Arqueología Mexicana, revista bimestral, México, Vol. XV, Núm. 90, marzo-abril de 2008.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, “La Semana Santa en México con la muerte en la cruz”, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– N/N, “Las fiestas tradicionales de México”, México, Selector, primera edición, 2009.
– Parra Sánchez, Tomás, “Diccionario de los Santos”, México, San Pablo, cuarta edición, 2002.


[1] Los significados del altar siempre tienen relación con la pasión de Cristo o con la Virgen.
[2] Los números y la cantidad de elementos pueden variar del mismo modo dependiendo de la región o la costumbre del lugar.
[3] Lo que ha sucedido en mi caso que al residir en el sureste de México esta hermosa tradición del altar de Dolor me era totalmente desconocida y ajena hasta hace poco tiempo, y aun actualmente y a pesar de este articulo aun me sigo considerando bastante ignorante en varios simbolismos y tradiciones alrededor de esta tradición la cual en mi ciudad no existe.

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Nuestra Señora de la Soledad de Puebla

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Detalle del rostro y manos de la imagen.

Este artículo está dedicado a la advocación de María Santísima, nuestra Madre, a la que este humilde colaborador le tiene especialísima devoción, con cariño también a todos nuestros lectores del blog.

¡Oh Madre Solísima, llorosa por el mejor Hijo, viuda del mejor Esposo, y huérfana del mejor Padre! Ofrecimientos del Rosario a los Dolores de María Sma. Sor Juana Inés de la Cruz.

El misterio de la Soledad de María ha contado con la más tierna veneración entre los católicos mexicanos; como muestra de ello son los actos de piedad dedicados a ella el Viernes Santo, dándole el Pésame y acompañándola en la Marcha o Procesión del Silencio. También las imágenes de esta advocación han suscitado gran devoción entre los fieles como la de la Soledad de Oaxaca (en mi opinión la más famosa imagen de esta advocación en el país), Patrona del mismo estado; de Jerez en Zacatecas, la imagen que se venera en Parral, Patrona del estado de Chihuahua; la Virgen de la Soledad patrona del Puerto y Arquidiócesis de Acapulco, Guerrero. La de Ayotlán en Jalisco, la Imagen patrona de la ciudad de Irapuato, Guanajuato o la Virgen de Córdoba, Veracruz.
En la levítica ciudad de Puebla de los Ángeles no podía faltar el amor a Ntra. Señora bajo esta advocación, cuya imagen taumaturga goza de gran devoción entre los habitantes, que desde su llegada a la ciudad ha causado gran impacto espiritual…

Historia de la Imagen:
El mulato Manuel de los Dolores, criado del Gral. Diego de Santillana, Conde de Casalegre, contando con la estima de su amo, que iba a la Península Ibérica, preguntó al mulato que deseaba que le enviara de allá. El humilde criado pidió una efigie de la Madre de Cristo en el momento de su mayor aflicción después de la muerte de su Hijo. Al efecto el Conde al encontrarse en el Puerto de Cádiz, buscó en varios talleres de escultura la mencionada imagen pero todas las que se le ofrecían no parecían agradarle del todo hasta que fue llevado con un escultor, terciario de Santo Domingo en ciudad de Sevilla.

Fotografía de la imagen, año 1930.

Ya tenida la imagen, el Conde al no poder de inmediato enviarla, y no queriendo que la santa imagen quedara almacenada en lúgubres bodegas, determinó guardarla momentáneamente en un lugar más digno; recomendó el escultor que si era necesario se podía acudir a su hija que era religiosa agustina recoleta en Cádiz, como efectivamente se hizo. Ya en presencia de la comunidad de religiosas, el Conde abrió la caja y las religiosas quedaron prendadas de la belleza de la escultura solicitando permiso para colocarla en la capilla conventual. Las monjas se enfervorizaron tanto con la imagen de María Santísima, que decidieron quedarse con ella, poniéndose al frente de esta idea la misma hija del escultor. Se ignora las acciones tomadas por el Conde de Casalegre, aunque no fue necesario que se metiera en líos con las religiosas, pues “la misma Señora tomó a su cargo la decisión, porque inmediatamente asaltó a la religiosa (la hija del escultor), una fiebre aguda y maligna que en breve la condujo a las puertas de la muerte, y hallándose en este conflicto, así ella como las demás religiosas, ofrecieron entregar luego la imagen si el Señor daba salud a la enferma; al punto que hicieron la oferta quedo enteramente libre de la fiebre la religiosa”. Tal suceso causó la admiración del pueblo enterado el hecho y se tomó como milagro de la Virgen a través de su imagen. Las religiosas cumplieron su voto sacando con solemnidad la santa efigie para que fuera debidamente empacada y puesta en el barco correspondiente, ya que estaba la flota próxima a salir hacia el Puerto de Veracruz (México). Se dice, que en el transcurso del convento agustino al muelle, la Santa Señora concedió muchos milagros a quien lo pidió con verdadero fervor, por lo cual, la vieron embarcarse con suma tristeza. La travesía del puerto andaluz al jarocho fue tranquila la cual muchos viajeros atribuyeron a tan especial pasajera (otras versiones cuentan que pasó todo lo contario que estando en una tempestad los marineros sacaron a cubierta la imagen de la Virgen y cesó la tormenta como sucedió con la pintura de la Virgen de la Piedad de la Ciudad de México).

Mientras, en la ciudad de Puebla de los Ángeles, el mulato Manuel de los Dolores en unión con un vecino Juan Sánchez, obtuvieron en 1698 del obispo Dn. Manuel Fernández de Santa Cruz la licencia para fabricar una modesta capilla, al fin de albergar a la imagen de la Virgen Solitaria, y antes de la llegada de esta, funcionaba como Escuela de Cristo, contando con numerosos colegiales que acudían regularmente a los ejercicios piadosos.

Vista de la imagen completa extraída de su altar.

Debido a sus responsabilidades, el Señor Santillana no pudo viajar de inmediato, por lo que envió la imagen con su lugarteniente don Juan González, con el encargo de entregarlo en propia mano a Manuel de los Dolores. Mucho debió ser el afecto que se le guardaba a este sirviente, puesto que se tomó esa molestia en cumplir su encargo. Para entonces la capilla tenia varios años de concluida. Fue el año de 1706 en que llegó la Bendita Imagen y junto con ella llegaron las historias de los sucesos en Cádiz, y la forma como milagrosamente quiso venir hasta Puebla; grande fue el júbilo de aquel mulato que vio cumplido sus mas caros deseos y la fama que había adquirido la santa efigie se esparció por toda la ciudad, de tal manera que se dieron cita muchas personas para admirar la escultura. Pero aun así faltaba completar el tronco de la escultura que tardo mucho tiempo para su elaboración que concluyo al año siguiente de su llegada, con la desesperación del ansioso poseedor, pues había llegado solo de medio cuerpo.

El primer vestido fue de terciopelo bordado en plata y oro hecho por las niñas vecinas del barrio del Carmen, bajo la dirección de la Señorita Soledad Franco que costeo los materiales de dicha vestimenta.
La Sacratísima Imagen de Nuestra Señora de la Soledad fue solemnemente colocada en su capilla el domingo de la Sexagésima, el 12 de febrero de 1708, previa a una procesión de personas de todas las esferas que concurrieron a ella con luces en las manos.

La felicidad del pobre mulato no duró mucho, pues, los Congregantes de la Escuela de Cristo estaban mezclados con otras cofradías de la Ciudad y que disputaban entre si ya que todos se sentían con derechos sobre la Capilla y lógicamente también sobre la Imagen Mariana. El punto del litigio llegó al grado que para evitar algún atentado o problema mayor, la capilla junto con la efigie fue declarada propiedad de la Sagrada Mitra, quedando el pobre mulato sin su imagen. La decomisación de la imagen a favor de la Mitra sacó de la escena al mulato sirviente que con seguridad murió de dolor y pena –haciendo honor a su nombre- al verse despojado de lo que consideraba su único tesoro. Posiblemente, manos caritativas lo sepultaron en el templo que tan piadosamente promoviera, pero solo es una suposición, ya que es posible que ni siquiera esa gracia póstuma hubiera alcanzado; la figura del mulato se pierde opacado por la personalidad del canónigo y arcediano Juan Francisco Vergara y Muñatones, afortunadamente para bien.

Imagen de la Virgen colocada en su altar. Fotografía: Montserrat Báez.

El referido padre Vergara habiendo visto la sagrada Imagen, concibió desde luego una tierna y afectísima devoción a ella, pues gracias a el se hizo completar la escultura de la Virgen. El primer capellán del templecito fue Dr. Pedro José Rodríguez y el Padre Vergara como protector. La atención que daban a la capilla, rindieron buenos frutos de tal manera que la devoción se fue acrecentando a tal magnitud que logaron que el conjunto coral catedralicio interviniera en las solemnidades del templecito, sobre todo en la Semana Santa, concurriendo mucha gente a dar el “pésame” a la Madre del Redentor.

El padre Vergara ideó un nuevo templo mucho más capaz y magnifico para ensalzar a María Purísima en su Soledad, y con ello también igualmente fundar un Convento de Carmelitas Descalzas que se dedicaran a honrar a la Solitaria Virgen. Con gran tesón y empeño que lo caracterizaba, el padre Vergara inició la obra de la fabrica del nuevo templo a pesar de la oposición del capellán que creía una empresa difícil de lograr; el padre Vergara debió ser un predicador elocuente, ya que todo lo que se propuso lo logró con creces, el carisma del sacerdote, logro avivar mas la devoción y el fervor de los habitantes de la ciudad y se dice que de los barrios de Analco y el Alto acudían sus vecinos con materiales y mano de obra gratuitos para acelerar las obras y que incluso logró que personas de reconocida calidad y fortuna participaran, además de los óbolos pecuniarios, con su presencia directa , acarreando materiales, mientras rezaban y cantaban el Rosario, iban y venían con su carga para los cimientos. Grande fue la ayuda de los fieles para edificar este nuevo templo.

Mientras tanto el padre Vergara buscaba lo aprobación papal para la fundación de Monasterio Carmelita la cual se obtuvo en Santa María la Mayor, Roma el 23 de febrero de 1729 por Benedicto XIII. Con la venia papal el Padre Vergara aceleró los trabajos para concluir la iglesia y consagrarlo solemnemente en el año de 1731. El templo quedó concluido con algunas casa anexas que albergaría el convento cuya realidad aun estaba lejos. El templo se dedicó a la imagen patronal de la Virgen de la Soledad pero parece ser que esperando que las monjas se alojaran en su nueva casa, se conservó por lo menos durante un tiempo en su templo primitivo, después llamada Capilla Vieja de la Milagrosísima imagen de Ntra. Sra. de la Soledad (Durante algún tiempo este templo funcionó independientemente del Convento y para no dejar vacio el nicho del altar se mando a tallar una imagen que, hasta donde fuera posible, resultara copia de la original; mucha gente le tomo devoción a la “Hermanita”, después de que la capilla vieja dejó de funcionar, se convirtió en el camarín de la imagen patronal y la “hermanita” actualmente esta en la entrada del templo).

Réplica menor de la imagen original, conocida como "la Hermanita".

Para no desperdiciar las instalaciones adyacentes se permitió que fueran utilizadas para Colegio de Niñas Escoletanas de Ntra. Sra. de la Merced, que estrenaron el edificio y en el habitaron hasta 1748 en que arribaron las dueñas definitivas reubicándose en la casa del capellán del templo de Guadalupe en la misma ciudad. Esto ya no lo pudo disfrutar el Padre Vergara, pues alegóricamente murió en brazos de las niñas escoletanas en 1737 pero al menos tuvo en sus manos la aprobación papal para su erección; fue su voluntad que su corazón embalsamado quedara depositado en el altar de la Virgen, pero en el nuevo templo.

El retraso de la posesión del convento por parte de la monjas carmelitas se debió a que no se tenía la aprobación real. La licencia se concedió el 20 de enero de 1747 y arribó a la Ciudad de Puebla al año siguiente en el día de la Purificación de la Virgen, siendo Obispo de la Ciudad Don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, que eligió cuidadosamente junto con otros jueces eclesiásticos “a las cuatro flores del huerto de Santa Teresa y las trasplantaran en la Soledad”. La noticia causó gran expectación en el Convento Carmelita de San José (hoy Santa Teresa), y en los demás conventos de la ciudad pues se envidiaba “santamente” la suerte de las que fueran elegidas, pues el nuevo cenobio gozaba de privilegiadas instalaciones. Además, se tenia la garantía del templo que para entonces resultaba uno de los mas grandes y suntuosos de la ciudad, así como de los mas visitados por la devoción que inspiraba la imagen de la Santísima Virgen.

Las religiosas Carmelitas de San José elegidas fueron: Sor María Teresa de San José como prelada fundadora, Sor María Jacinta de la Asunción como maestra de novicias, Sor Micaela María de San Elías para tornera y Sor María Josefa de Santa Teresa como lega para servicio de la comunidad. El propio obispo designó con prontitud la consagración del convento y el traslado de las monjas a su nueva casa decidiendo que fuera el 26 de febrero de 1748.

Aunque parece que la imagen de la Soledad, ya tenía algún tiempo en la iglesia grande; como una deferencia hacia las religiosas fue bajada de su nicho un día antes del traslado, y se llevo hasta la Catedral, para esperar a que sus “flores” salieran del antiguo recinto teresiano. El convento fue fundado con el titulo de “Nuestra Señora de la Soledad y la Transverberación o el Dardo” de la Santa Madre Teresa. A pesar de la insistencia de las monjas para llamarlo “del Dardo” el pueblo soberano en ese tipo de cuestiones le siguió llamando simplemente La Soledad, aunque también, se le dijo “Santa Teresa la Nueva”, “Convento Nuevo de la Soledad”, “Convento de Santa Teresa la Nueva Fundación” y otros varios.

Pero en 23 de febrero de 1861 fueron exclaustradas las religiosas por la Leyes de Reformas. Aun subsiste esta comunidad de religiosas en un convento a las afueras de la ciudad conservando el patronato y titulo del antiguo monasterio con la réplica de la Virgen taumaturga. A pesar de esa época el templo aun conserva retablos espléndidos (aunque a pesar de que a mitad del siglo XIX fue sustituido el antiguo altar mayor por el actual frio neoclásico muy de moda en esa tiempo), también guarda muchos de sus muebles originales sobre todo en la sacristía sin contar con los ornamentos litúrgicos.

Salida de la imagen con ocasión de la procesión del Viernes Santo, frente a la catedral.

Se dice que antiguamente, llegaban cada Viernes Santo, las damas de más alcurnia de Puebla, presentadas con su familia, todos rigurosamente vestidos de luto, hasta los niños, para dar “el Pésame” a la Virgen y para hacer un curioso depósito; devotamente arrodilladas ante la Sacra Imagen de María, previa confesión y absolución, rezaban siete “Salves”, que quedaban guardadas en simbólica caja fuerte, estas oraciones era “retiradas” del caudal, en diversas épocas del año en que se necesitaran, por ejemplo, si moría algún conocido, la “cuentahabiente espiritual” aplicaba una parte de ese tesoro por el eterno descanso del alma del difunto.

Se supone que esas oraciones resultaban más valiosas o efectivas por haber sido rezadas en tan grande día. También el arqueólogo Eduardo Merlo en una entrevista decía que la Imagen de la Virgen de la Soledad en la Procesión del Viernes Santo, era llevada por damas de la mas alta sociedad de la Puebla antes de las leyes de reforma y que las misma damas prestaban sus joyas a la imagen de la Virgen para que las luciera por ellas en ese día. Resulta una simpática anécdota pero con poca seguridad de ser posible.
La Imagen de Nuestra Señora de la Soledad con sus vecinos participa el Viernes Santo en la gran procesión que empieza y concluye en la Catedral Poblana desde el año de 1991.

A la mayor gloria de Cristo y su Madre
Ayudemos almas
en tanto penar,
a la Virgen Pura
de la Soledad.
(Canto popular)

Tacho de Santa María

Fuentes:
Las Calles de Puebla. Autor Hugo de Leicht. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla y H. Ayuntamiento de Puebla, 1999.
Las Iglesias de la Puebla de los Ángeles, Tomo II. Autores Eduardo Merlo Juárez y José Antonio Quintana Fernández. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Popular Autónoma de Puebla. Octubre de 2001.
Colaboración de José Gutiérrez, Miembro de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad de Puebla.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los ciento setenta y nueve mártires del Monasterio Ntaou Penteli

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Icono ortodoxo griego que representa el martirio de los monjes. Katholikon del monasterio de Ntaou Penteli, Grecia.

Existe un relato espeluznante del martirio de los ciento setenta y nueve monjes del monasterio Pantokratos de Ntaou Penteli, acaecido a finales del siglo XVII.

Un barco de piratas argelinos (algunos dicen que eran turcos e incluso que eran albaneses) atracó en el puerto de Rafina, cercano al monasterio, durante la Semana Santa del año 1680. Después de fracasar en su intento de asaltar la fortificación que rodeaba el monasterio con el fin de robar los tesoros del mismo, un criado del monasterio decidió traicionar a los monjes y poniéndose en contacto con los piratas les señaló un acceso que era desconocido por los extranjeros y que en la actualidad ha sido descubierto por los arqueólogos. Y así, durante los servicios de la media noche del Día de Pascua, o sea, durante la Vigilia Pascual, mientras los monjes cantaban y oficiaban la Divina Liturgia, los piratas irrumpieron en el katholikon del monasterio y comenzaron a masacrar a los monjes. El katholikon es la iglesia principal de un monasterio.

Fueron masacrados ciento setenta y nueve monjes, entre ellos el egumeno. Robaron todas las pertenencias de valor del monasterio, lo incendiaron y se volvieron al puerto de Rafina. Sin embargo, dos monjes consiguieron escaparse: un sacerdote (o hieromonje) y un novicio, ya que esa noche no estaban en el monasterio sino en la vecina localidad de Nea Makri, oficiando la Divina Liturgia Pascual en otro monasterio.

Cuando a la mañana siguiente regresaron al suyo, se encontraron dos monjes muertos a la entrada, el monasterio calcinado (con excepción del katholikon que milagrosamente aún se conserva) aunque por los suelos estaban los cadáveres ensangrentados y algunos calcinados del resto de los monjes. Algunos mostraban signos de haber sido severamente torturados y otros estaban completamente despedazados, descuartizados.

La mañana del lunes de Pascua, el monje superviviente y el novicio fueron a buscar ayuda al monasterio de la Dormición de la Theotókos, a fin de sepultar a los monjes martirizados. En el camino entre ambos monasterios se divisaba la localidad de Rafina y vieron cómo los piratas zarpaban a la mar. Los dos monjes consiguieron ayuda, sepultaron a los monjes mártires y celebraron un funeral en su honor. Pero a partir de ese momento se perdió toda información acerca de la ubicación de las sepulturas hasta el año 1963.

Vista exterior del monasterio Ntaou Penteli, Grecia.

Este monasterio Pantokrator de Ntaou Penteli, había sido construido antes del siglo X sobre las ruinas de una iglesia más antigua y de un antiguo templo de la Grecia clásica. Tiene la misma arquitectura de los monasterios armenios y georgianos y fue llamado “Ntaou” (que en el griego antiguo es el epigrama de Tao, el cual se encuentra en el citado monasterio). Fue fundado por Nikos Kamatiros antes de la ocupación otomana y en un principio tenía unos seiscientos monjes. A lo largo de la historia había sufrido incendios, ataques de los turcos e incluso de los cruzados. Estaba rodeado de otros monasterios por lo que al monte Pentelis se le conocía como el monte de los monasterios, al estilo de lo que actualmente es la península del Monte Athos en Grecia. Este monasterio Ntaou era el principal de ellos hasta esa destrucción del 1680.

En el año 1692, las ruinas del monasterio se pusieron bajo la protección del Patriarca Ecuménico Cirilo, dejando de estar bajo la protección del obispo local, pero desde esa fecha hasta el año 1963, las ruinas del monasterio permanecieron desiertas, abandonadas a excepción de unos jardines que eran cuidados por unos monjes. Así, 283 años después de la masacre, once monjas del monasterio de San Patapios en Loutraki, con la autorización del arzobispo Crisóstomos de Atenas, marcharon a Ntaou Penteli para asentarse en él, darle nueva vida.

El abad Theoklitos, del monasterio de la Dormición de la Theotokos, había construido unas celdas para las monjas y les dio unas tierras para que cultivándolas, pudiesen vivir de sus frutos. Así, finalmente, el 18 de marzo de 1971, las ruinas del monasterio con algunas celdas reconstruidas se convirtieron en un nuevo cenobio.

Vista del ábside de la iglesia del monasterio de Ntaou Penteli, Grecia.

Una de las características más interesantes del katholikon del monasterio Ntaou Penteli es que la iglesia cuenta con un total de ocho altares lo que indica que en dicho monasterio se oficiaba en continuo durante las veinticuatro horas del día, todos los días del año. Era lo que se llama un monasterio “Akoimiton”, que podríamos traducir como “un monasterio continuamente despierto”. La razón por la cual existían ocho altares era porque según las reglas canónicas, el sacrificio eucarístico no puede realizarse más de una vez en un mismo día en un mismo altar por un mismo sacerdote. Con ocho altares, se pueden oficiar ocho Divinas Liturgias por ocho sacerdotes diferentes. Tengamos en cuenta que la Divina Liturgia, cuando se celebra solemnemente, tiene una duración de más de tres horas, luego había oficios durante todo el día.

Cuando las monjas llegaron al monasterio se desconocía la ubicación de las sepulturas de los mártires, ya que aunque los registros indicaban que los mártires fueron allí sepultados por los monjes del monasterio de la Dormición de la Theotokos, no se sabía el lugar en concreto ni se conocían los nombres de los mártires. Las monjas intentaron buscar las sepulturas pero no lo consiguieron.

En el mes de septiembre de 1963 se iniciaron las obras y las monjas permanecieron en oración durante cuarenta días rogando al cielo se dignase indicar dónde estaban los mártires y en la tarde del cuadragésimo día se realizó el descubrimiento. Los primeros cuerpos fueron encontrados por la abadesa y las monjas en el interior del katholikon cuando los trabajadores levantaban las baldosas del suelo para sustituirlas por otras nuevas. Fue entonces cuando todo el katholikon quedó inundado de una hermosa fragancia que se expandió por todo el monasterio (ver artículo sobre los santos miroblitas, publicado el día 10 de mayo del año pasado). La abadesa comprendió que se trataban de los restos de los mártires y solicitó que se siguiera excavando a las puertas del propio katholikon encontrándose un cuerpo completamente incorrupto. Supusieron que podría ser el cadáver del egumeno (abad) del monasterio que en el momento de la masacre salió a las puertas para tratar de aplacar a los piratas. En total, hasta ese momento se encontraron sesenta y cinco cuerpos.

Vista de los restos de los mártires en sus sepulcros actuales. Monasterio de Ntaou Penteli, Grecia.

De todo esto se informó al arzobispado de Atenas que envío a unos notarios para que lo certificaran todo. Aun hoy en día, de las reliquias de los mártires se exhala una delicada fragancia y esto es verificable por todas las personas que se acercan a ellas. Sin embargo, los cuerpos de todos los mártires no se habían encontrado aun y seguían desaparecidos los cuerpos de ciento catorce mártires.

Algunos peregrinos, como el Venerable padre Iakovos Tsalikes o el metropolita Anthonios Sisan, vieron unas luces, como una especie de lámparas de aceite en las tumbas de los mártires. El Gerontos Venerable Porfirios llegó a decirle a la abadesa que al pisar el monasterio sintió la sensación de que estaba caminando por encima de las tumbas del resto de los santos y siguiendo su consejo, en el año 1990 se continuaron las excavaciones en el perímetro del katholikon y en verdad, se encontraron otras muchas reliquias. O sea, los monjes habían sido sepultados dentro y fuera del katholikon.

Todas las reliquias fueron colocadas en un larnax dentro del katholikon así como en una capilla construida a tal efecto. Los ciento setenta y nueve mártires no fueron proclamados santos de inmediato, pero debido a los muchos milagros que se realizaron por su intercesión, el arzobispo Serafín de Atenas solicitó al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla la canonización oficial, lo que ocurrió en el año 1992, estableciéndose su fiesta el martes de la primera semana de Pascua, día de sus enterramientos. Como los piratas quemaron el monasterio con todas sus pertenencias y registros, no se conocen los nombres de los mártires, aunque algunos fieles dicen haber soñado con los nombres de algunos de ellos, pero eso es mejor que lo dejemos.

Vista de la urna con el resto de las reliquias de los mártires. Monasterio de Ntaou Penteli, Grecia.

Actualmente, el monasterio es habitado por unas treinta monjas que viven de sus trabajos de bordados, confección de iconos y las propias tareas agrícolas del huerto. En este monasterio existe una famosa escuela de música bizantina. En unos albergues especiales que se mantienen gracias a las donaciones de los peregrinos, se atienden a niños huérfanos, a los que se les brinda afecto, alimentación, alojamiento y educación.

Por la región circulan relatos de milagros en concretos y a modo de ejemplo, me referiré a uno: un sacerdote llamado Serafín y que era muy devoto de estos mártires comenzó hace unos años a sufrir intensos dolores de cabeza por lo que tuvo que viajar a Thessaloniki a fin de que le realizasen algunas pruebas médicas. Los rayos X revelaron que tenían un tumor en el cerebro y dada la gravedad de la situación, los médicos le aconsejaron fuera intervenido quirúrgicamente de manera inmediata.

El sacerdote, entristecido, telefoneó a la abadesa del monasterio y ella le aconsejó que antes de operarse fuera a venerar las reliquias de los mártires. Cuando el sacerdote lo hizo, la abadesa le regaló una pequeña reliquia en una cajita de plata, la cual colocó en el altar de su parroquia. Al día siguiente, al entrar en el iconostasio para celebrar la Divina Liturgia se dio cuenta de que alrededor de la caja de plata había un círculo con algo que parecía petróleo. Cogió un trozo de algodón y lo empapó en aquella sustancia aceitosa y con ella hizo la señal de la cruz untando su cabeza. Finalizada la Divina Liturgia, telefoneó al monasterio diciendo a la abadesa que los dolores de cabeza le habían desaparecido, se marchó nuevamente al médico que lo exploró de nuevo y que le comunicó que el tumor había desaparecido por completo.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan el Ruso, confesor ortodoxo

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Detalle del rostro del Santo en un icono ortodoxo griego de su iglesia de Halkis, Eubea (Grecia).

Nació en una localidad ucraniana difícil de precisar alrededor del año 1690, en el seno de una familia de campesinos cristianos ortodoxos. En los años de su infancia tuvo que soportar las traumáticas reformas que llevó a cabo Pedro el Grande y las guerras de Rusia con Suecia y Turquía, las cuales determinaron el alistamiento de innumerables campesinos rusos y ucranianos.

Juan, con solo veinte años de edad, fue llamado en el año 1710 para que combatiera contra Turquía y participó en la infeliz campaña de Prut, en el curso de la cual fue capturado y vendido como esclavo a un rico oficial turco que vivía en Prokopion, en la Capadocia. Como esclavo cristiano sufrió numerosos maltratos y el odio y el desprecio por parte de los turcos así como incesantes tentativas de su dueño para que se convirtiera a la religión musulmana, pero él no cedió ni a las lisonjas ni a las amenazas.

El dueño respondía amenazándolo: fue torturado, apaleado con estacas, le quemaron los cabellos y el cuero cabelludo con una sartén e incluso lo tiraron al estiércol de la cuadra de los animales. El soportaba las torturas con fortaleza y alegría diciendo como San Pablo: “¿Quién me puede separar de mi amor por Cristo? Ninguna tribulación, ni angustia, ni persecución, ni desnudez, ni el cautiverio”. “Tengo la creencia, la fe y el amor de mi Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de mi Dios y ningún sufrimiento me va a separar de su amor”.

Ante esto, e interrogado de nuevo por su amo, él le respondió: “Si me respetas mi fe yo te serviré fielmente, pero si me sigues forzando a la apostasía, tendrás mi vida pero no mi fidelidad. Yo soy cristiano y como tal moriré”. A partir de ahí, el dueño no insistió en sus tentativas y lo dejó tranquilo.
Desde ese momento, Juan vivió en una gruta cuidando el ganado de su dueño y llevando una vida de ermitaño. Vivía en la más absoluta de las pobrezas porque compartía su escasa comida y ropas con todos aquellos que recurrían a él, dedicándose asimismo a consolar a los débiles y a cuidar a los enfermos. Esa humildad y entrega impresionó profundamente al resto de los esclavos de la casa e incluso a su dueño.

Así, consiguió que le dejaran frecuentar la iglesia ortodoxa de San Jorge, cercana a Prokopion y en ella se pasaba las noches enteras en oración volviendo sin falta a su trabajo a la mañana siguiente. En esta difícil situación, se esforzaba en vivir intensamente su fe ortodoxa, rezando, ayunando y acercándose a la Santa Comunión.

Sepulcro del Santo en su iglesia de Halkis, Eubea (Grecia).

Se cuenta que un día, yendo a la hora de la comida a la casa de su dueño que se encontraba de peregrinación a la Meca, oyó a una mujer lamentarse por el hecho de no haber podido probar su plato favorito hecho con arroz y que había sido servido aquel día; él solicitó a su dueña un plato de aquella comida y esta se lo dio convencida de que serviría para darle de comer a cualquier pobre. Cuando el dueño volvió de su peregrinación contó que un día se encontró en su habitación un plato con el escudo de su casa y con aquella comida que era su favorita. Ante esto, la sorpresa de la familia fue inmensa y proclamó ante todos sus vecinos que en efecto, Juan era un hombre de Dios.

El dueño le solicitó que abandonase el cuidado de sus animales y se fuera a vivir junto a él en la casa, pero Juan no quiso abandonar su gruta y su forma de vida, sin rechazar ningún trabajo, rezando y ayunando.
Al poco tiempo, sintiéndose enfermo y pensando que se acercaba la hora de su muerte, llamó a un sacerdote ortodoxo, para que en secreto a fin de evitar la profanación por parte de algunos turcos, le trajera la Comunión y así, murió el día 27 de mayo del año 1730 con cuarenta años de edad.

Detalle del rostro incorrupto del Santo. Iglesia del Santo en Halkis, Eubea (Grecia).

Amargado por la muerte de Juan, su dueño entregó su cuerpo al sacerdote que lo había asistido en sus últimos momentos y se le realizó un solemne funeral al que asistieron todos los cristianos de aquella región, siendo sepultado en el cementerio greco-ortodoxo local. Tres años más tarde, se le apareció en sueños al mencionado sacerdote diciéndole que era voluntad de Dios que exhumara su cuerpo y lo sepultase en la iglesia. Lo exhumaron y lo encontraron incorrupto, como podemos comprobar en las fotos que acompañan al artículo, y en la iglesia de San Jorge fue sepultado. Sin embargo, en el año 1832, el Pachá turco Chatkeral Oglou Osman saqueó la iglesia y pretendió quemar las reliquias del santo, pero finalmente no se atrevió y lo dejaron intacto, en parte por miedo y en parte por veneración.
Desde entonces se le han atribuido numerosos milagros y no solo por parte de los ortodoxos, sino por los armenios, los musulmanes turcos e incluso por algunos protestantes.

En el año 1845 sus reliquias fueron llevadas a la iglesia de San Basilio y en el año 1898, a una iglesia a él consagrada por el propio patriarca de Constantinopla. Finalmente, en el año 1929, los cristianos de Prokopion, obligados a abandonar Turquía se llevaron las reliquias del santo a Halkis, en Eubea (Grecia). En esto fue determinante el trabajo de Panagiotis Papadopoulus, quién con su dinero, fletó una nave, el “Destounis Basil”, en la que junto a las reliquias del santo, trasladó a más de ochocientos compatriotas griegos. En Eubea, en el año 1951 se terminó de construir una nueva iglesia en su honor, iglesia que es meta de peregrinación de todos los cristianos ortodoxos griegos y del resto de países vecinos.

Detalle de los pies incorruptos del Santo. Iglesia del Santo en Halkis, Eubea (Grecia).

Nació en Ucrania, vivió en Turquía y está sepultado y venerado en Grecia. Aunque la Iglesia Ortodoxa lo conmemora el día 27 de mayo, nosotros escribimos sobre él en el día de hoy, dos meses antes, ya que ese día 27 de mayo, nosotros celebramos la festividad de Pentecostés.

Antonio Barrero

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