Basílica Menor de San Crisógono

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Fachada de la Basílica Menor de San Crisógono, Roma (Italia).

Basílica Menor de San Crisógono
Piazza Sonnino, 44
Roma

Es la tercera de las grandes basílicas del Trastevere, a menudo poco valorada, entre otras cosas por su situación en la caótica plaza de Sidney Sonnino. Este es un título antiquísimo (Titulus Chrysogoni) cuyo origen fue una iglesia doméstica, un lugar de culto privado en el interior de una casa romana (domus romana), modificada y transformada en iglesia a finales del siglo V, iglesia que, ahora sepultada y desmoronada, fue completamente reconstruída a un nivel más alto, entre el 1123 y el 1129 y que es la iglesia actual.

No obstante, la restauración se completó entre el 1620 y 1627 por voluntad del cardenal que ostentaba dicho título, Monseñor Scipione Borghese y por los trabajos del arquitecto Giovan Battista Soria. A estos se debe la actual fachada, precedida de un pórtico que da a cuatro columnas de granito del pórtico medieval anterior. Al lado existe un bello campanario romanico, con una torre del siglo XVII.

En el interior conserva el aspecto y las proporciones del siglo XII, a pesar de las restauraciones del siglo XVII y está dividido en tres naves por veintidos columnas de un granito desnudo, sobre los que se apoyan los dinteles con capiteles jónicos hechos de estuco en el siglo XVII.

El arco triunfal se apoya en dos gigantescas columnas monolíticas de pórfido. Espléndidos son también el suelo de mosaico cosmatesco que es del siglo XII y el artesonado de madera del XVII.
También el ciborio es del XVII y es obra del arquitecto Soria mientras que en el ábside se conserva en un recuadro, un precioso mosaico datado en el año 1290 y en el que se representan a la Virgen y el Niño entre los santos Crisógono y Santiago, obra generalmente atribuida a Pedro Cavanilli y que no forma parte del desaparecido mosaico del ábside, sino que probablemente proviene de un monumento fúnebre existente en la iglesia y que también fue destruido, porque el fondo del mosaico es plano y no cóncavo; como debería ser si hubiese pertenecido al ábside.

Vista del interior de la Basílica Menor de San Crisógono, Roma (Italia).

Desde la sacristía se puede acceder a las ruinas de la basílica del siglo V y a los edificios romanos que estaban anexos, y que conservan restos de frescos casi completamente desaparecidos.

En el altar mayor se conservan las reliquias de una mano y de la tapa craneal de San Crisógono, que es su titular y que están alli desde el siglo XV. Guardada en un precioso relicario, estas reliquias fueron robadas en los años sesenta del siglo pasado y encontradas pocos días después, abandonadas por los ladrones. San Crisógono fue un mártir de la persecución de Diocleciano que, conducido a Aquileya, fue decapitado y tirado al mar aunque su cuerpo fue recuperado.

En la capilla de Jesús Nazareno se conserva una escápula de San Juan de Mata puesta en un precioso relicario. Como sabemos, este santo fue un sacerdote fundador de la Orden de los Trinitarios, que murió en Roma y cuya fiesta se celebra el 8 de febrero. Su cuerpo se conserva en España.

Finalmente, en la capilla de San Crisógono, desde el año 1865, se encuentra una urna con los restos de la Beata Anna Maria Taigi que, aunque nacida en Siena, entró en la Orden Tercera de los trinitarios y murió en Roma en el año 1837 siendo sepultada en esta iglesia del Trastévere.

Vista del altar mayor de la Basílica Menor de San Crisógono, Roma (Italia). Bajo el mismo se aprecia la urna que contiene las reliquias del mártir titular.

En esta iglesia se conservan otras reliquias insignes de San Miguel de los Santos y de los mártires de las catacumbas Vicente, Tranquilino, Ireneo, Rufina, Próspero, Marcial, Adeodato, Teodoro y Valentín, todas expuestas en un precioso armario relicario.

Felice Stasio

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Los santos y la medicina (II)

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Conjunto escultórico de San Juan de Dios. Hospicio Fatebenesorelle, Milán (Italia).

Beato Antonio de la Torre, nacido en Milán en el año 1424. Después de realizar estudios de Humanidades que era lo que quería su familia, también pudo estudiar medicina, consiguiendo ser uno de los médicos más importantes de su tiempo. Pero las gratificaciones profesionales no le llenaban plenamente por lo que decidió hacerse fraile agustino. Fue elegido prior de la Abadía de Padua, pero su popularidad como médico hizo que la población milanesa acudiera en su ayuda. Por eso, continuó ejerciendo la medicina, aunque de forma gratuita, también en Foligno y en L’Aquila. Realizó numerosos milagros y cuando murió fue puesto bajo el altar de Santa Catalina, donde aun continúa.

San Juan de Dios (Juan Ciudad de Dios). Nació en el año 1495 y es el patrono de la ciudad de Granada. Con solo ocho años de edad, se fugó de su casa y siendo adolescente vivió como pastor a sueldo. Aprendió a leer y a escribir y con veintisiete años, se enroló en el ejército donde fue condenado injustamente a muerte por un robo que no había cometido. Fue perdonado y abandonó el ejército, pero al poco tiempo volvió y en una misión fue herido de muerte, apareciéndosele María con una granada. Volvió a su ciudad pero la gente lo tomó por loco por lo que fue recluido en un manicomio; cuando salió de aquella horrible experiencia, decidió hacer el bien a los hermanos que también padecían esa enfermedad y fundó un hospital donde los enfermos fueran asistidos de manera más humana. Este fue el primero de una larga lista de hospitales y, para gestionarlos, fundó la Orden de los Hermanos Hospitalarios. Murió en el año 1550.

San Camilo de Lelis, nacido en el año 1550 y después de una infancia y adolescencia difíciles, preocupado, intentó entrar en el convento franciscano de Manfredonia, pero a causa de una úlcera purulenta en el tobillo izquierdo, se le negó el ingreso. Lo intentó en los capuchinos y en los dominicos, pero nada. Para curarse, ingresó en el hospital de Santiago de los Incurables y allí mismo, comenzó a atender a quienes estaban hospitalizados. Vistas las condiciones sanitarias escandalosas de los hospitales de la época y la falta de asistencia a los enfermos, fundó la Orden de los Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos, llamados actualmente Camilos.

Escultura de San Camilo de Lelis. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

San Juan Grande, nació en Sevilla el día 6 de marzo del año 1546 y desde muy pequeño se interesó por la vida religiosa llegando a ser un joven ermitaño. Pero él sentía que debía hacer el bien a los demás y decidió formar parte de la naciente Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios. Fue nombrado director de dos hospitales. La peste golpeó a España en el siglo XVI y él se dedicó a cuidar y curar a los moribundos esperando que la “hermana muerte” llegase también a llevárselo, cosa que ocurrió el 26 de mayo del año 1600.

San Antonio Maria Zaccaria, uno de los médicos más conocidos de Milán en el siglo XVI. Nació en el año 1502 en Cremona, y siendo muy devoto desde pequeño, estudió medicina. Pero él quería ordenarse de sacerdote a fin de que la imagen del sacerdote, en aquella época algo deteriorada, adquiriera el debido prestigio. Pero la atracción por la medicina siempre volvía por lo que nunca se ordenó de sacerdote aunque fundó una Orden nueva, los Barnabitas, llamados así porque se asentaron en unos locales anexos a la iglesia de San Bernabé, en Milán, donde hoy reposan los restos del santo.

Antonio Maria Zaccaría murió con solo treinta y seis años de edad, el día 5 de julio del año 1539. Es famoso un curioso milagro: una imagen suya, expuesta siempre en la iglesia de San Bernabé de Milán y visitada por cientos de fieles, siempre aparece luminosa y en la figura del santo, pintada en un cuadro se pasó un lirio que tenía en su mano derecha, a la izquierda a fin de poder bendecir a los fieles. Aun hoy, el lirio está en la mano izquierda mientras que el pintor siempre afirmó que se lo había pintado en la mano derecha.

Beato Juan Juvenal de Ancina, nacido en Fossano, en el Piemonte, en el año 1545, se marchó a Montpellier en Francia, a Mondovì y a Padua para estudiar medicina. Frecuentaba el trato con personas como San Roberto Belarmino, San Felipe Neri, San Camilo de Lelis y otros. Además de Medicina, estudió Filosofía, Letras y Teología, por lo que se hizo muy popular. Estuvo a punto de entrar en algunas Órdenes, pero no lo hizo por humildad y el Papa Clemente VIII lo nombró obispo de Mondovi. Fue envenenado por un empleado al que había reprendido.

Lienzo de San Antonio Maria Zaccaria, obra de Mattia Traverso. Iglesia de San Sebastián, Livorno (Italia).

San Francisco el Japonés, nacido en Miako (Japón), estudió medicina aun perteneciendo a una familia muy pobre. Fue contratado como médico militar y mientras socorría a los soldados, conoció la religión cristiana. Se hizo franciscano y siguió prestando servicio gratuito como médico y consiguiendo crear una biblioteca. El emperador Taikosama lo hizo prisionero junto a otros compañeros y con algunos misioneros, fue martirizado el día 5 de febrero de 1598, muriendo crucificado.

San Joaquín el Japonés, nacido en Facate (Japón) en la segunda mitad del siglo XV. Ejerció la profesión de médico, reuniéndose frecuentemente con los jesuitas atendiendo a los moribundos y conociendo así a la Compañía de Jesús. Descubierto como cristiano, fue hecho prisionero y torturado dejándolo tres días sin comer ni beber. Posteriormente fue hecho pedazos y arrojado a los perros para que se lo comieran. Era el año 1613.

San Martín de Porres, después de adquirir algunos conocimientos de medicina, entró como fraile lego en la Orden de Santo Domingo, dedicándose a atender a los enfermos y a los indigentes. Su verdadero nombre era Martinico y por ser mulato, su padre no quiso reconocerlo, por lo que fue considerado hijo de padre desconocido. Apenas se hizo dominico se empeñó en la evangelización, apoyando sobre todo a los colonos e indigentes.

Beato Nicolás Stenon (Niels Stensen), el papa San Juan Pablo II al beatificarlo, lo definió como “un encuentro perfecto entre la ciencia y la fe”. Niels nació en Copenhague (Dinamarca) el día 1 de enero del año 1638. Fue una lumbrera y un descubridor de la anatomía (descubrió el “conducto de Stensen”, la existencia de los folículos linfáticos en el intestino, la producción de los óvulos en los ovarios…). En el año 1667 se convirtió del luteranismo al catolicismo y en Florencia recibió las órdenes sagradas. Dos años después, fue consagrado obispo y estuvo evangelizando Escandinavia. Su cuerpo reposa en la iglesia de San Lorenzo en Florencia.

San José Moscati, "el médico santo". Lienzo contemporáneo.

San José Moscati, nació el día 25 de julio del año 1880 en Nápoles. Después de los años de estudio se convirtió en un médico muy apreciado y en un docente universitario. Era considerado un verdadero benefactor por parte de todos los napolitanos, porque pagaba las medicinas, hacia visitas gratuitas hasta tal punto de que era llamado “el médico santo”. Murió el día 12 de abril del año 1927. Él ya lo sabía y fue la primera cosa que hizo reflexionar a los fieles que acudían a su tumba. Fue declarado beato en el año 1975 y canonizado en el año 1975. Su cuerpo reposa en la iglesia del Gesù Nuovo de Nápoles.

Beato Santiago Desiderato Laval, francés y médico brillante hasta los treinta y dos años, cuando decidió convertirse en sacerdote. Hasta entonces, sus pasiones eran los caballos, los juegos de azar y las mujeres bonitas. Después de los estudios en el seminario de San Sulpicio en París, fue párroco en un pueblecito de Normandia en el año 1833. En 1841 decidió seguir el plan de unos amigos seminaristas: fundar una Congregación para evangelizar las islas Seychelles. Allí participó asidua y fructuosamente en la evangelización, pero se confirmó también como un médico valiente durante una epidemia de cólera. Murió con sesenta y un años de edad después de cambiar gran parte de los usos y costumbres de las poblaciones de las islas.

San Ricardo Pampuri. Su nombre era Herminio Felipe y lo cambió por Ricardo cuando entró en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y lo hizo, en señal de gratitud hacia su padre espiritual Ricardo Beretta. Nació en el año 1897 en Trivolzio (PV) y con solo veinte años de edad y siendo estudiante de medicina, fue enrolado en el ejército en la Primera Guerra Mundial. En la derrota de Caporetto, desobedeció la orden de abandonar el campo de batalla para recuperar los medicamentos que se utilizaban para curar a los heridos y así, salvarlos; por este hecho, le dieron la medalla al valor. Terminada la guerra pudo finalizar sus estudios y se convirtió en el médico de Moromondo, el pueblo de sus tíos. En el año 1927 entró en la Orden Hospitalaria, vocación que él sentía desde muy pequeño y allí realizó un gran servicio. Murió el día 1 de mayo de 1939, después de estar durante varios meses trabajando aun a pesar de una enfermedad que había cogido. Su cuerpo reposa en Trivolzio, en la iglesia donde fue bautizado.

Beatos mártires hospitalarios, conocidos como Braulio Maria Corres, Federico Rubio y 69 compañeros mártires hospitalarios. Murieron en 1936 en la guerra civil española. Todos pertenecían a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y todos fueron fusilados.

Beato Enrique Rebuschini, religioso camilo nacido en Gravedona (Como) el día 28 de abril de 1860 y aunque estaba licenciado en Matemáticas, entró en la Orden de los Camilianos, después de haber prestado servicio en los hospitales como voluntario. Se ordenó de sacerdote en el año 1889 y murió el día 10 de mayo del año 1899.

Gloria de San Roque. Iglesia del Santo en Cascinagrossa, Italia.

San Benedicto Menni, nacido el día 11 de marzo del año 1841 en Milán. En el año 1869 entró en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y en ella se hizo médico y sacerdote. Fue enviado a España para reorganizar a la Orden que hacía algún tiempo estaba descuidada. Murió el día 24 de abril del año 1914. Tuvo especial cuidado con los pacientes psíquicos.

San Roque de la Croix, nacido en Montpellier (Francia) y así definido en el Martirologio Romano: “adquirió fama de santidad en su pío peregrinar por Italia curando a los enfermos de peste”. El Concilio de Constanza en el 1414 lo invocó como santo para la liberación de la epidemia de peste que se propagó durante los trabajos conciliares. Está entre los santos más invocados en todos los casos de grandes epidemias ocurridos en los siglos posteriores y actualmente, junto con San Luís Scrosoppi es patrono de los enfermos de sida.

Damiano Grenci

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Beato Nicolás Factor: gran hombre piadoso de la Valencia del S.XVI

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Lienzo del Beato, obra de José Vergara (1788). Capella de la Sapiència, La Nau (antigua Universitat de València), Valencia, España.

Pedro Nicolás Factor nació en Valencia en el año 1520 y, como el Beato Gaspar de Bono, es un gran desconocido incluso en Valencia. El hecho es que recibió de sus padres una intensa educación cristiana que le llevó a los diecisiete años a ingresar en la observancia franciscana, siendo ordenado de sacerdote en el año 1544. Por la proximidad con la fecha de su nacimiento, Fray Nicolás pertenecerá al movimiento de restauración católica que emanará del Concilio de Trento.

Curiosamente, desde bien temprano su vida se asemejaba a la de San Francisco de Asís, aunque sea exagerada esa comparación por sus distintas personalidades. Ejemplo de esto son hechos como que, yendo de niño a la escuela, vio en la puerta de la parroquia de San Martín un pobre leproso. Movido por una fuerza interior se arrodilló y le besó pies y manos con mucha humildad. Repitió una escena parecida con una enferma en las puertas del hospital de San Lázaro y, con parecidas muestras de caridad, servía a los enfermos pobres y ayunaba cada semana.

Como sus superiores juzgaban que el mejor estímulo para los religiosos era el de proponerles el ideal seráfico de amor y alabanza a Dios que él daba es por lo que, a su pesar por el disgusto de aceptar jerarquías, fue guardián de los conventos de Santo Espíritu, Chelva, Val de Jesús, Sagunto, de los Recoletos de Bocairent y también maestro de novicios. Esto le provocaba grandes conflictos interiores que hacían colisionar su voto de obediencia con su humildad.

Su ordinaria comida era pan y agua, con pocas excepciones; le bastaba una sola túnica y caminaba siempre descalzo. Dormía muy poco y lo hacía siempre sobre una dura tabla a la que añadía como cabecera un leño o una piedra. Ejerció una gran labor caritativa con los enfermos de peste que llenaban las calles sin rumbo y organizaba fecundas rogativas para implorar por el agua para paliar las sequías de su tiempo. A menudo abandonaba la estrechez de su Claustro y anunciaba el Reino de Dios.

Detalle del rostro del Beato. Boceto a lápiz de Ángel María de Barcia.

Fue altamente estimado como consejero y confesor de órdenes monacales como el de las religiosas de la Trinidad de Valencia, de las Clarisas de Gandía y, por mandato de Felipe II, de las Descalzas Reales de Madrid. Se dice que sus prédicas eran de dicción sencilla y breve con palabras contundentes que eran creíbles por la honradez de su ejemplo, conjugando su celo ardiente y su ingenio agudo para conmover y convertir.

También sintió impulsos irrefrenables por derramar su sangre en defensa de la fe y defendió el ir a tierra de infieles para propiciar las conversiones. Tan vehementes eran sus prédicas que en Segorbe ofreció a unos mahometanos arrojarse entre las llamas, dejando a su voracidad la decisión sobre la verdad o falsedad de lo que él predicaba. Ignoramos lo que le eximió de hacerlo pero la escena debió ser curiosa.
A pesar de eso, los pobres y los enfermos seguían siendo sus predilectos. Se dice que en la olla de caridad dejaban los devotos su limosna y fray Nicolás la recogía y distribuía por sí mismo. Además se desprendió de su capa y de su túnica como un San Martín de su tiempo. Su comportamiento con los enfermos del hospital era como el de la madre más tierna con sus hijos y promovió con su ejemplo esta clase de caridad entre la misma nobleza. En los pobres llagados y leprosos veía a Jesucristo llagado por los pecados y, sin poderse contener, les besaba los pies, las manos y las llagas.

El hospital de San Lázaro contempló estas muestras de fuerte religiosidad penitencial que hería la sensibilidad de los hombres pudientes de su tiempo, incluso hubo algún eclesiástico que le advirtió de que se abstuviese de aquellas demostraciones calificándolas de groseras. No obstante, este hombre extraño que parecía encontrar acomodo en la penitencia y en la humillación poseía un gran sentido del arte y de la belleza. En concreto, tenía grandes habilidades para la creación artística, gozaba de la música y componía versos y manejaba con destreza los pinceles en la pintura.

Felipe II venera el cuerpo incorrupto del Beato. Boceto de José Vergara. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, España.

En la Valencia de su tiempo, el siglo XVI, convivió con grandes religiosos como los franciscanos Beato Andrés Hibernón y San Pascual Bailón, el mínimo Beato Gaspar de Bono, el dominico San Luis Bertrán y el patriarca y arzobispo San Juan de Ribera. Los que de estos le sobrevivieron fueron testigos excepcionales en su proceso de canonización. Pero sin duda su amigo entrañable e íntimo fue el dominico San Luis Bertrán y no era raro verles admirar cada uno la santidad del otro sin reconocer la propia.

Ya posteriormente, Nicolás Factor, que buscaba una mayor perfección seráfica, pasaba al convento Recoleto de Onda. Su casi congénita insatisfacción personal le llevó a emigrar a los capuchinos recién llegados a Barcelona que en aquel tiempo renovaban la vida eremítica y las estrecheces de los primeros franciscanos. Pero en Junio de 1583 decide el retorno a la observancia y a su primer Convento de Santa María de Jesús de Valencia. Este humano fracaso él lo atribuía a su carácter voluble.

En gran parte es conocido por éxtasis frecuentes a los que le llevaban cosas tales como la contemplación de la naturaleza, una conversación espiritual o las grandes solemnidades litúrgicas, que por sí solas eran motivo para sus arrebatos místicos. También tenía el don de la profecía y su devoción profunda a los sagrados misterios de la Trinidad, Eucaristía, Pasión era desmedida, siendo su amor a la Santísima Virgen tal que en sus lienzos la reprodujo multitud de veces con su devota inspiración.

Otro dato llamativo es que escribió una profesión de fe con su propia sangre colgando este escrito ante la imagen de Nuestra Señora de la Vela en el Monasterio de la Trinidad. En el año 1583 dio su último aliento pronunciando estas palabras: «Jesús, creo». En su humildad había rogado que le enterrasen en un vertedero, «porque no debía ser colocado entre sus hermanos un hombre tan ingrato a su Dios y Señor».

Glorificación del Beato. Fresco de Vicente López Portaña. Camerino del Beato, iglesia de Santa María de Jesús, Valencia (España).

En cambio, su cadáver exhalaba un perfume agradable los nueve días que permaneció insepulto. Se dice que aún duraba esa suave fragancia cuando en 1586 el rey Felipe II mandó abrir el féretro para venerar los sagrados despojos de su bienaventurado amigo. Su cuerpo incorrupto pasó entonces a la capilla sepulcral que en el Convento de Santa María de Jesús tuvo.

Salvador Raga Navarro

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Santa Zita de Lucca, virgen

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Óleo de la Santa, obra de Arnould de Vuez. Museo del Hospice de la Comtesse en Lille, Francia.

Pregunta: Soy trabajadora social y tengo especial devoción a Santa Zita, que como sabréis es la patrona del servicio doméstico. ¿Podríais facilitarme algunos datos sobre nuestra santa?

Respuesta: Por supuesto que estamos encantados en atenderte y escribir algo sobre esta santa, de la que en realidad no se sabe mucho. Su nombre es una variante local de la palabra “citta” que significa muchacha joven, muchacha virgen.
Santa Zita nació en el año 1218 en Monsagrati, un pueblecito muy cercano a la ciudad de Lucca, en la Toscana italiana. Sus padres eran muy pobres, pero gracias a sus enseñanzas y a su ejemplo, así como por su simpatía y felicidad innata, se desarrolló muy pronto en la niña un carácter dulce y modesto, con un sentido muy profundo del deber. Todas estas cualidades determinaron desde muy joven su personalidad: simpática, feliz, dulce, modesta y muy trabajadora.

Como su familia vivía en la extrema pobreza, con solo doce años de edad, fue a trabajar como criada al servicio de la familia de un noble de Lucca, llamado Pagano Fatinelli. Aunque fue tratada con muchísima severidad por parte de sus amos, que no querían que a su casa acudieran los pobres a los que Zita socorría, así como por algunos envidiosos compañeros, (debido a su piedad y a la delicadeza y precisión con la que realizaba todas las tareas domésticas intentando incluso suplir las deficiencias de sus compañeros de trabajo pues ella lo consideraba como un servicio prestado al mismo Dios), se fue ganando la estima y el cariño de cuantos la trataban.

Como ocurre con otras muchas santas, en la vida de santa Zita también “ha metido mano” la leyenda y así se cuenta que otra criada de la casa, que era muy envidiosa, le dijo a los señores Fatinelli que Zita robaba en la casa para darle limosnas a los pobres y un día en el que Zita llevaba en el delantal pan para repartir, el amo le preguntó qué llevaba, respondiendo ella que flores, las cuales cayeron al suelo cuando el señor Fatinelli le hizo abrir el delantal; no conforme con esto, él acudió a la despensa de la casa y la encontró llena de víveres. Esto ya lo hemos oído varias veces, pero aunque sea solo una devota leyenda, en nada menoscaba la bondad y caridad que Santa Zita mostraba hacia todos los que acudían a ella solicitando ayuda.

Escultura de la Santa mostrando el milagro de las rosas. Duomo de Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Otro hecho que se cuenta es que un día, atendiendo a un mendigo dejó por un momento su trabajo en la cocina y uno de los criados se lo dijo al señor Fatinelli. Este acudió a la cocina y encontró a unos ángeles que estaban realizando el trabajo de Zita.

Pero Zita, ante la actitud severa, injusta y dura de sus patrones, lejos de sentir rencor hacia ellos, los amaba y respetaba exquisitamente y con el tiempo, esta maldad se fue convirtiendo en amor y confianza de forma que tanto se hizo querer y admirar por todos que le fue confiada la dirección de la casa. En su nuevo trabajo como organizadora de toda la servidumbre le fue aun más fácil conseguir el cariño de todos, pues siempre disculpaba cualquier descuido, no era severa con nadie, trataba a los criados con la misma exquisitez que a los señores y lo hizo siempre con una bondad infinita hasta su muerte, que le sobrevino con sesenta años de edad, el día 27 de abril del año 1278, en la misma casa donde trabajaba, después de estar cinco días enferma.

Ya en vida, por su carácter y bondad, tenía fama de santa, pero ésta se acrecentó después de su muerte, confirmándose con muchos milagros obtenidos por su intercesión. Tanta fama adquirió en vida que cuando murió, siendo una simple criada, fue sepultada en la iglesia de San Frediano de la misma ciudad, por lo que los fieles acudían en masa a esta iglesia en Lucca para venerar su sepulcro. Allí aun se conserva, incorrupto como puede observarse en una de las fotos, incorrupción que pudo comprobarse cuando en el año 1652 se exhumó el cadáver para realizar el reconocimiento canónico previo a la canonización.

Sólo cuatro años después de su muerte, el obispo Paganello de Lucca autorizó su culto a nivel local, aunque definitivamente fue aprobado por el Papa Inocencio XII en el año 1696. Es la patrona de la ciudad de Lucca y el 26 de septiembre del año 1935, el Papa Pío XII la proclamó patrona del servicio doméstico. Su fiesta se celebra el día de su muerte, o sea hoy, día 27 de abril.

El hecho de que la humilde Zita no sólo recibiese culto y veneración en su lugar de origen y en Italia, sino incluso en la corte imperial de Augsburgo, es realmente un signo del poder de la humildad y de la caridad proveniente de la santa. Y lo mismo pasa con el hecho de que en diversos países sea representada esta santa italiana vestida a la usanza de cada lugar, haciéndola de esa manera como santa propia; esto puede verse por ejemplo, en una escultura de madera que se encuentra en la iglesia de Saint-Divy, en la región francesa de Finistère, donde la santa está vestida como visten las mujeres bretonas. Un emblema suyo propio es la azucena, que simboliza la pureza que observó durante toda su vida.

Detalle del cuerpo incorrupto de la Santa tal cual se venera en la iglesia de San Frediano, Lucca (Italia).

En las vidrieras del siglo XV de la catedral de Winchester y en una escultura que se encuentra en la Abadía de Westminster la santa está representada con un manojo de llaves, con una jarra e incluso con un cubo de limpieza. En la Toscana en general y en Lucca en particular existen diversas representaciones de Santa Zita, siendo la más notable una imagen que se encuentra en la Iglesia de San Frediano y que es obra de Francesco del Tintore, del siglo XVII.

El nombre de Santa Zita se utiliza a veces para designar a la propia ciudad de Lucca, como por ejemplo hicieron Fazio degli Uberti en el “Dittamondo” o Dante Alighieri en la “Divina Comedia”, donde hace referencia a un anciano magistrado de la ciudad, llamándolo “el anciano de Santa Zita”.
Y finalmente, una curiosidad: cuando a una persona se le pierden las llaves, se le dice que recurra a Santa Zita, pues ella era la encargada de guardar las llaves de la casa donde trabajaba.

Antonio Barrero

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Conclusiones sobre el informe del Dr. Mark Miravalle

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Imagen-relicario yacente de la Santa. Ermita de San Onofre de Algemesí (Valencia, España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Después de traducir y por tanto leer el informe “Estatus eclesial presente de la devoción a Santa Filomenadel teólogo Dr. Mark Miravalle, he sacado unas cuantas valoraciones y conclusiones sobre el mismo, que sólo reflejan mi opinión personal y por tanto no fuerzo a nadie a compartirlas:

1. El informe del Dr. Miravalle constituye uno de los pocos documentos realmente serios y presentables que circulan hoy día por Internet (si no el único), pues se trata de un informe bien estructurado y que da fe de todas sus informaciones mediante citas exactas a pie de página. No las incluí en mi traducción por aligerar el texto, pero doy fe de ello, siendo cierto además, que los demás contenidos online se limitan a temas devocionales y muy poco informativos en realidad, y esto incluye a las webs principales del culto a Santa Filomena.
2. El Dr. Miravalle es claramente un devoto y promotor del culto público a Santa Filomena, pero eso no quita que no haya demostrado con razonamientos teológicos y eclesiásticos, que esta mártir es auténtica en el sentido en que lo es un corposanto bien estudiado en las catacumbas: el martirio está demostrado por la ampolla de sangre, y la lápida realmente no está reutilizada, como exponen diversos argumentos arqueológicos bastante convincentes.
3. Sin embargo, es importante hacer notar que en su informe el Dr. Miravalle no ha hecho la menor mención a la Venerable Sor María Luisa de Jesús, quien dijo habérsele aparecido la Santa, ni a la absurda historia que dice que ella le transmitió. Simplemente, esto está omitido. Ello parece confirmar que el Dr. Miravalle no cree tampoco en esta disparatada historia construida, sin la menor validez histórica, y ello se desprende también de las afirmaciones de todas las ilustres personas que cita, papas incluidos: la vida terrena no es relevante, ¿por qué, aparte de todo lo teológicamente expuesto? Pues porque se desconoce absolutamente.
4. No siendo válida esta pseudobiografía de la mártir, tampoco es válida la iconografía de las flechas, el ancla, y el látigo como atributos martiriales. Se podrían conservar si se especificase que tan sólo hace alusión a los símbolos de su lápida, que no se han interpretado correctamente; pero, si ni siquiera el Dr. Miravalle ha entrado a hablar de los símbolos en sí, ¿quién va a molestarse en hacerlo? Entretanto, se sigue difundiendo una iconografía que es tan falsa como la “historia revelada” de la mártir.
5. El estudio del Dr. Miravalle, serio y competente, no viene a demostrar otra cosa que lo que siempre hemos defendido en el blog: que Santa Filomena es un corposanto, una mártir de las catacumbas, con su martirio y autenticidad documentados; y que dejando aparte el tema de la intercesión y los milagros –en los que sí parece ser especial-, en nada más se diferencia de otras mártires y corposantos de las catacumbas. Más allá de esto nada puede saberse y es inapropiado llevar a cabo inventivas devotas que falseen la imagen real de esta mártir, por lo demás, digna de veneración en cuanto a lo que realmente es.
6. En cuanto al nombre Filomena y su autenticidad, el Dr. Miravalle prefiere no entrar a analizarlo, limitándose a citar al papa Pío X, que tan sólo dijo que era irrelevante; y que Monseñor Ponzetti lo leyó como tal. Ahora bien, ¿ponía realmente Filomena en la lápida? Yo creo que sí, pero si es Filomena o no, no es tan importante como que las instituciones devotas en torno a Santa Filomena están difundiendo una etimología falsa de este nombre, pues Filomena evidentemente, ni es un nombre latino, ni significa hija de la luz. Y esto es algo difícil de digerir para los que sí han estudiado latín y griego y saben de etimologías.

Detalle del busto de la imagen-relicario de la Santa. Ermita de San Onofre de Algemesí (Valencia, España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

En fin, que se agradece poder contar con un material de más calidad en un tema en el que los materiales de calidad brillan por su ausencia. Evidentemente, ante este documento, que todas las páginas web principales de Santa Filomena citan –sin que existiera, que yo sepa, una traducción al español, por eso me decidí a hacerla-; el corto comunicado de Monseñor Braschi realizado en 2005, y por tanto, 3 años posterior al primero, se queda pobre, corto y no aporta realmente nada útil. Seguimos sin tener más documentación apropiada al respecto, pero al menos agradecemos a Monseñor Braschi que pusiera el informe del Dr. Miravalle disponible en su web del Santuario de Mugnano. Sigue quedando todavía que hablar acerca de Santa Filomena, pero lo demás ya queda a juicio personal de cada uno.

Meldelen

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