La Sábana Santa (I): la flagelación

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen dorsal de la Síndone de Turín.

Sin duda alguna, la Sábana Santa y la Vera Cruz son las principales reliquias de la Pasión de Cristo. La primera de ellas, o sea, la Sábana Santa, de la que nos proponemos redactar algunos artículos, es el lienzo con el cual se envolvió el cadáver de Jesús la tarde del Viernes Santo antes de ser puesto en el sepulcro.

Se trata de una tela de lino, conservada en la catedral de Turín (Italia) y que es lo que pudiéramos llamar un negativo fotográfico de la imagen del cadáver en ella envuelto.
Se ha estudiado hasta la saciedad y no siempre quienes lo han hecho han opinado a favor de que fue la tela que envolvió el Cuerpo de Cristo. Sin embargo es tanto el misterio que esta reliquia tiene consigo que existe toda una ciencia que se ocupa de su estudio, no solo en lo relacionado a su historia, sino en la datación mediante métodos paleo-palinológicos, del Carbono 14 y del estudio de la trama del tejido a fin de poderla datar y localizar su origen geográficamente; de los fluidos en ella existentes, del origen de la radiación que imprimió la imagen del hombre muerto envuelto en ella, de los tormentos que padeció y cual fue la causa de su muerte… en fin de todo cuanto nos podamos imaginar que puede estudiar toda una pléyade de científicos, creyentes, ateos y agnósticos, que han dedicado toda su vida al estudio de esta reliquia. Se ha creado toda una ciencia: la Sindonología.

Poco a poco iremos escribiendo sobre ella, pero hoy, en este primer artículo, he querido hacerlo hablando de un tema muy concreto: el hombre envuelto en la sábana sufrió el tormento de la flagelación como nos lo demuestra la imagen impresa y de ese tormento y en base a lo que la Sábana nos dice, queremos tratar.

Negativo de la imagen dorsal de la Síndone. Son más visibles las heridas de flagelación presentes en espalda, nalgas y piernas.

La flagelación según la Sábana Santa
En la afamada película La Pasión del conocido actor y director Mel Gibson, la escena de la flagelación de Jesús fue la que más impactó en el público en general. Una escena donde el sufrimiento y dolor de Jesús se ponía de relieve de una forma muy realista. Es cierto, que los evangelistas no cargan mucho las tintas en ese pasaje de la pasión. Así, en este sentido encontramos en el Evangelio de San Juan un escueto “Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle” (Juan 19,1).

La crueldad de la flagelación que sufrió Jesús ya nos había sido mostrada en la reliquia más estudiada de cuantas existen: la Sábana Santa de Turín. Aunque el cuerpo del Hombre de la Sábana Santa en sí es una verdadera muestra de los golpes del látigo en el momento de la flagelación, en la espalda, como es lógico, es donde se observan de forma más virulenta estos impactos. Pilatos, cuando ordenó la flagelación de Jesús, no lo hizo con la intención de que éste muriera en ese suplicio, a pesar de que el castigo de ser flagelado era ya de por sí una pena de muerte. Pilatos sólo tenía intención de dar un escarmiento a Jesús para contentar a unos Judíos que a la postre iban a exigirle más. Así en el Evangelio de San Lucas se detalla la verdadera intención que tenía Pilatos “… así que le castigaré y le soltaré” (Lucas 23,16).

Era muy habitual que todo condenado a la Cruz fuera previamente castigado con la flagelación. Allí, en el patio del palacio tuvo lugar de forma pública aquel “espectáculo”. Flavio Josefo describe la crudeza de la flagelación cuando relata el suplicio que sufrió el hijo de Ananías; “despellejado a latigazos hasta los huesos” (La Guerra Judía). Muchos eran los reos que morían recibiendo la crueldad de los latigazos, pero lo cierto es que a Jesús, la intención era castigarlo con la pena de la flagelación como paso previo a la crucifixión, que era la muerte que se demandaba para él.

Detalle del dorsal -en positivo- de la Síndone. Todo el cuerpo, por delante y por detrás, está lleno de las heridas causadas por la flagelación.

La aplicación de la pena de la flagelación pudo bien durar sobre los treinta minutos, y ésta fue infringida por especialistas en estos menesteres. El castigo fue aplicado por los llamados lictores, que sabían perfectamente cómo debían dar los golpes del flagelo para no dañar ningún órgano vital del reo que le impidiera morir como realmente había sido condenado; la cruz.

Por el número de golpes que encontramos en la espalda del Hombre de la Sábana Santa, sí es claro que los lictores o ejecutores de la condena eran romanos, ya que la Ley romana no limitaba el número de latigazos que debía sufrir el ajusticiado, a diferencia de la Ley Judía que sí lo limitaba a cuarenta golpes menos uno (Deuteronomio 25, 2-3).

El modelo de látigo utilizado es el llamado flagellum taxillatum que tenían tres correas que terminaban cada una de ellas en unas piezas bien de hueso o metálicas que al impactar con la espalda del ajusticiado le producía no sólo el daño del golpe sino el desgarro de la piel cuando estas piezas se incrustaba en la carne. Los especialistas en la Sábana Santa han determinado que el condenado estaba inclinado sobre una columna y los golpes le fueron aplicados por dos lictores situados uno a cada lado a un metro, aproximadamente. Un castigo sumamente cruel para el que lo sufría, quien ofrecía toda la espalda a unos verdugos sanguinarios que se ensañaban con el ajusticiado.

De las consecuencias del dolor y el sufrimiento que tuvo que padecer Jesús como consecuencia de la flagelación hace un pormenorizado estudio el Doctor y Profesor D. José de Palacio Carvajal en su obra La Sábana Santa. Estudio de un cirujano. (Ed. Espejo de Tinta. 2.007. págs 101-110).

Las marcas dejadas por la flagelación forman dos abanicos sobre el cuerpo de la víctima, cuyos radios convergen en el punto donde estaría la mano de los flageladores.

El castigo de la flagelación era temido por todos. La ley romana (Porcia y Sempronia) excluían a los ciudadanos romanos de recibir este castigo. A esta ley se agarró San Pablo para librarse de la flagelación (Hechos 22, 25-29).

Decíamos al principio de estas líneas que la escena de la flagelación en la mencionada película creó en todos los que tuvieron ocasión de verla un gran estremecimiento. Y es así. La Historia no ha cambiado en nada; hace dos milenio la flagelación era un castigo tan duro y cruel que los ciudadanos de aquel entonces como los de ahora, sentían verdadero escalofrío y pavor cuando lo veían infringir a alguien.

José Antonio Vieira Roldán

Fuente: http://www.redentoristas.org/sabanasanta/flagelacion.htm

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