Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (II)

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Óleo/tela, Alegoría de la declaración pontifica del patronato Guadalupano sobre la Nueva España, anónimo novohispano, S. XVIII

2. La formación y expansión de su culto
Los Patronazgos guadalupanos.
A partir de la aparición de la Virgen de Guadalupe en 1531 una gran cantidad de indígenas se convirtieron a la fe cristiana, movidos quizá por la leyenda de la aparición a uno de los suyos o por los simbolismos en la ropa de la Virgen o el color de tez de la imagen [1]; esta misma devoción también se expandió entre los criollos y españoles al grado que el jesuita Francisco de Florencia para el siglo XVIII habla de que no existía ningún templo o casa que no tuviera una imagen de la Guadalupana y que era más fácil nombrar los lugares que no la tenían que los que sí.

Esta devoción tan creciente también acarreó que a la Virgen se le nombrara patrona y abogada de diversas localidades y en diversas necesidades; de este modo para 1629 la Virgen de Guadalupe es invocada por la ciudad de México para ser librada de una terrible inundación. Según se cuenta, una india donada del convento de Jesús y María tuvo una visión en la que veía a la Virgen de Guadalupe deteniendo las paredes del convento para evitar que las aguas lo derrumbaran. Al preguntarle la mujer a la Virgen el por qué de tan terrible inundación que había exterminado a gran cantidad de habitantes, la Virgen le respondió que muchos eran los pecados de esta tierra pero que ella en su maternal afecto había logrado mediar ante su Hijo para que sólo enviara aguas torrenciales y no ríos de fuego y le dice que la tan terrible inundación terminaría en 1634.

Ante esta situación se decidió trasladar la imagen de su Santuario en canoa a la catedral en 1629 para suplicar su intercesión y tal como la india había visto en su visión cinco años después ceso la inundación, tal fue el agradecimiento al momento de partir de regreso de la imagen a su Santuario que se compuso una poseía en su honor:

Si vinisteis por el agua,
Ya, Virgen, vais por la tierra
Que, a pesar de mi pecado,
Dios por vos enjuga y seca.
Buen viaje, la mi Señora,
Idos muy en hora buena,
Alegrad los naturales
Que ha tanto tiempo os esperan…

Grabado metal/papel, Verdadero retrato de Nuestra Señora de Guadalupe, abogada de Temblores, anónimo novohispano, S. XVIII

En 1663 se solicitó por primera vez a la Curia Romana que declarase día festivo al 12 de diciembre, y hacia 1667 se obtuvo de S.S. Clemente IX la designación del 12 de diciembre como día de fiesta. Clemente X en 1675 concedió nueve indulgencias plenarias para los días de la festividad de la Virgen.

Hacia 1737 sucedió una terrible peste en la ciudad de México que cobró la vida de más de 40.000 personas. Esta peste no cesó hasta que la Virgen de Guadalupe fue jurada como patrona de la capital de la Nueva España y al punto comenzó una lluvia con la cual termino la peste, la imagen fue llevada en procesión por las calles de la ciudad y puesta en la catedral donde fue venerada por el cabildo de la ciudad. Se hizo una gran fiesta y se le concedió indulgencia a todos aquellos que colaboraran a la celebración instalando altares a la Virgen de Guadalupe. Tal fue el agradecimiento de la ciudad de México a la Virgen de Guadalupe que el historiador Francisco Xavier Clavijero S.J. narra que los joyeros cubrieron de plata maciza los balcones de su casa en agradecimiento a los favores de la Guadalupana.

La devoción a la Virgen llegó a tal grande que los sacerdotes del Santuario informaban que aun los indios más pobres siempre que iba a visitar a la imagen llevaban al menos una moneda o una vela para la Virgen; y los grandes caciques o indios acaudalados tenían en sus casas imágenes de la Virgen rodeadas con marcos dorados, con flores frescas que a diario cambiaban y con perfumes de copal o incienso, algo que ya anterior a la conquista era muy usual en los ritos y devociones de los indios a sus antiguos dioses, pues se creía que estos aromas comunicaban a la tierra con el cielo.

Hacia 1747 la Virgen de Guadalupe es jurada como patrona de toda la Nueva España en la catedral de la ciudad de México el 4 de diciembre. El 24 de abril de 1754, S.S. Benedicto XIV decretó la aprobación del oficio propio y misa, y la celebración del 12 de diciembre con rito doble de primera clase con octava. No fue hasta 1756 que el Papa la declaró oficialmente patrona de la Nueva España como ya se narró en el artículo anterior. La celebración por el patronato de la Virgen sobre Nueva España se llevó a cabo los días 9, 10 y 11 de noviembre con una solemne procesión y fuegos artificiales. En el mes de diciembre durante las festividades de la Virgen la celebración duró nueve días en el Santuario. Pero aun antes de la declaratoria oficial ya para 1743 la corona española había dado pie para la creación de la Real Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe de México, cuyo primer firmante fue Felipe V de España. Los miembros de dicha congregación se comprometían a promover las apariciones de la Guadalupana y aumentar su culto, así como a explicar las diferencias entre las dos Guadalupes: la mexicana y la extremeña.[2]

Óleo/tela, Imagen de jura de Nuestra Señora de Guadalupe como patrona de la ciudad de México, anónimo, siglo XVIII

En toda la Nueva España se construyeron templos dedicados a la Virgen de Guadalupe y varias poblaciones la tomaron por patrona, aun en lugares tan olvidados de la labor evangelizadora como la provincia de Tabasco, ya para el siglo XVIII, los habitantes de la Villa de San Fernando de Frontera, pedían que se les cambiara el nombre y el patronato por el de Villa de Nuestra Señora de Guadalupe, patronato el cual actualmente aun conservan.

En abril de 1787 se organiza un novenario para pedir la intercesión de la Virgen de Guadalupe para que cesen los múltiples temblores que se sintieron en la ciudad de México desde el 28 de marzo; terminó el novenario con una procesión con la imagen de la Virgen y de San José.

Una curiosidad sobre otro patronato de la Virgen de Guadalupe es que se dice que cuando en la ciudad de México pedían que lloviera recurrían al patrocinio de la Virgen de los Remedios y cuando querían que las lluvias pararan recurrían a la Virgen de Guadalupe.

Durante el siglo XIX, ya empezada la guerra por la independencia, son insurgentes como Ignacio López Rayón quien en sus Elementos Constitucionales declara a la Virgen de Guadalupe “Patrona de nuestra libertad” y del mismo modo lo haría José María Morelos y Pavón hacía 1814 en sus Sentimientos de la Nación, donde además de volver a nombrarla “Patrona de nuestra libertad” estipula que su fiesta se celebre anualmente y que mensualmente se celebre en todas las provincias.

Es ya entrado el siglo XX en 1910 que la Virgen de Guadalupe es declarada patrona de toda América. Así lo refiere Joaquín Arcoverde Cavalcanti Arzobispo de San Sebastián, Brasil en su petición:

Grabado metal/papel, La Virgen de Guadalupe intercede por la epidemia de Matlazahuatl de 1737, José de Ibarra y Baltazar Troncoso, siglo XVIII.

“Por tanto, como el culto a la Santísima Virgen de Guadalupe, no sólo florece en la República Mexicana, sino también se difunde ya por toda la América, todos los venerables prelados de la Nación Mexicana, conjuntamente con muchos de la América Latina, así como de los Estados Unidos y Canadá, postrados a los pies de Vuestra Santidad, suplicantes rogamos a Vuestra Beatitud que se digne declarar a la Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona Celestial de toda la América”

Ante esta petición y después de haber recibido más de setenta cartas de Obispos de América pidiendo lo mismo, San Pío X la proclamó patrona de América el 24 de agosto de 1910.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA
– Álvarez del Real, María Eloísa, Santuarios de la Virgen María: apariciones y advocaciones, Panamá, primera edición, 1990.
– Camacho de la Torre, María Cristina, Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– Sánchez Lacy, Alberto Ruy, Visiones de Guadalupe, México, Artes de México, revista libro de publicación bimestral, Número 29.
– Zarebska, Carla, Guadalupe, México, Debolsillo, primera edición, 2005.
– Zerón-Medina, Fausto, Felicidad de México, México, Clío, primera edición, 1995.


[1] Esta misma masiva conversión de los indios a partir de la aparición de la imagen en 1531 ha hecho dudar sobre la veracidad de las apariciones; y comenzar a creer en que podría haber sido un método utilizado por los misioneros para lograr atraer a los naturales a la fe, haciendo uso de su ya anterior culto a Coatlicue o Tonantzin en el cerro del Tepeyac, diosa sobre la cual paradójicamente se creía había quedado embarazada de Huitzilopochtli al ser tocada por una pluma en el vientre.
[2] Por este punto en especial es que se hace dudoso creer que la Guadalupe mexicana sea una copia o una calca de la Guadalupe española, pues se entiende que ya en el siglo XVIII se tenía claro que ambas eran dos advocaciones diferentes aunque con el mismo nombre.

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