Santos Engracia y compañeros, mártires en Zaragoza

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Lienzo decimonónico de la Santa con el suplicio del arrastre al fondo. Basílica de la Santa en Zaragoza, España.

Hoy, día 16 de abril, celebramos la festividad de una mártir ciertamente conocida en ámbito ibérico, aunque sin repercusión fuera del mismo y de culto restringido incluso dentro de España. Es la más conocida de las Santas de este nombre -Engracia, del latín in gratia, “que está en estado de gracia”, “llena de gracia”- que podrían reducirse prácticamente a tres y una de ellas sea probablemente un desdoblamiento de la primera. En cualquier caso, hoy hablaremos de la mártir zaragozana y de sus compañeros.

La fuente primigenia que nos habla de estos mártires, de la cual beben todos los textos posteriores, es el himno IV del poema Peristephanon de Aurelio Prudencio, poeta hispano que exalta el heroísmo de éstos y detalla los horribles sufrimientos experimentados por Engracia. Prudencio no menciona la fecha del martirio, pero se da por sentado que ocurrió en tiempos de Diocleciano. La passio de los mártires, escrita entre finales del siglo VI y principios del VII -por lo tanto, más de un siglo posterior a la muerte del poeta- está atribuida a San Braulio, obispo de Zaragoza; y destaca de nuevo la presencia de Publio Daciano, ese personaje estereotipado presente en todas las passios de la liturgia mozárabe (San Vicente, Santa Eulalia, Santa Leocadia) y algunas otras como la de San Jorge o Santa Fe. Como he apuntado otras veces, no se ha podido demostrar la existencia histórica de dicho personaje.

Pero pasemos a hablar de la passio. Según ésta, Engracia era una joven nacida en la ciudad lusitana de Brácara -actual Braga, Portugal- e hija de un noble cristiano. Llegando a la edad núbil, se concertó su matrimonio con un hombre de Narbona, y partió en dirección a esta ciudad gala acompañada de su śequito de diecisiete esclavos, su tío Luperco y su nodriza, a fin de contraer matrimonio a su llegada. Los esclavos han sido llamados Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Maturio, Casiano, Fausto y Jenaro, y estos cuatro últimos tenían por sobrenombre Saturnino.

Estampa popular española con los mártires zaragozanos: masacre de las Santas Masas (superior), Santa Engracia ante Daciano (izqda.) y San Lamberto en oración (dcha.)

En su viaje, este vistoso séquito se detuvo a descansar en la ciudad hispana de Caesaragusta -actual Zaragoza- donde tuvo lugar su martirio. En ese momento la gobernaba el tal Daciano; quien se había cubierto de gloria realizando una auténtica barbaridad: prometió a la comunidad cristiana zaragozana respetar sus vidas si abandonaban la ciudad todos aquellos que se negaran a sacrificar a los dioses. Y en el momento en que estos cristianos, familias enteras, cruzaban los muros de la urbe, Daciano les arrojó encima a todos sus hombres y los hizo pasar a cuchillo, sin diferenciar entre hombre, mujer, anciano o niño. Todos fueron asesinados y sus cuerpos quedaron allí a la intemperie, como aviso al resto de la comunidad cristiana. Son los llamados Innumerables Mártires de Zaragoza o las Santas Masas.

Estando allí, llegó a oídos de Engracia esta masacre y quedó tan indignada que, ni corta ni perezosa, solicitó inmediata audiencia con el gobernador, quien aceptó verla viendo que era una cristiana noble. Ella se presentó ante su tribunal acompañada de su séquito y, haciendo gala de una ágil oratoria y un genio encendido, recriminó duramente al magistrado su actitud para con los cristianos. Daciano, intentando hacer oídos sordos a las duras palabras de la joven, la halagó con promesas y lisonjas si aceptaba sacrificar a los dioses; pero Engracia le replicó todavía con mayor dureza, tildándolo de “demonio” y augurándole todas las penas del infierno por sus malas acciones. Aquello acabó con la paciencia del gobernador, que la mandó entregar a los verdugos.

La repugnante crueldad y el ensañamiento con que fue torturada Engracia sólo podría explicarse por su osadía e insolencia al tratar con quien era la máxima autoridad de la ciudad y representante del emperador. En primer lugar, Engracia fue desnudada, atada a una columna y azotada. Hicieron lo mismo con todos sus acompañantes, pero ellos, entre golpe y golpe, empezaron a cantar con voz fuerte para infundirse ánimos. Pensando que si se cebaba con Engracia, los otros se acobardarían, Daciano mandó entonces atar a la joven a las colas de dos caballos y arrastrarla por todas las calles de la ciudad. Su cuerpo, magullado por los azotes, se desgarraba con la fricción contra el pavimento, pero ella, en medio de tales dolores, todavía cantaba con voz más fuerte, para hacerse oír por encima de los cascos de los caballos y los gritos de la gente que había acudido a ver su tormento.

Inserción del clavo en la frente de la Santa. Grabado del martirio para un calendario de Santos español.

Inserción del clavo en la frente de la Santa. Grabado del martirio para un calendario de Santos español.

Acabado este suplicio, se la trajeron de nuevo y daba horror y lástima ver su cuerpo destrozado. Viéndola muy debilitada, Daciano aprovechó para reanudar su ataque y le habló con voz dulce y suave, prometiéndole un marido digno de su nobleza y calidad, si accedía a cumplir el edicto. Pero Engracia le retó de nuevo, desafiante, llamándolo “pobre sacrílego” y diciéndole que ya sólo esperaba tener por esposo a Jesucristo. Entonces, el gobernador mandó de nuevo atarla a una columna y que la torturaran con garfios de hierro, que se enganchaban en las ya destrozadas carnes de la joven. La desgarraron hasta dejar sus entrañas a la vista y le amputaron un pecho, con tanta saña que, a través de la herida abierta, se veía latir el corazón. Incapaz de soportarlo más, Engracia se desmayó.

Este espectáculo horrorizó a sus compañeros, que estaban siendo obligados a presenciarlo, y adelantándose Luperco retó al gobernador a probar sus suplicios con ellos, si se atrevía, ya que tan valiente había sido en torturar a una muchacha. Pero Daciano no se dignó a responder, y dio orden de sacarlos a las afueras de la ciudad y decapitarlos allí, sin más. Engracia recuperó el conocimiento cuando los hacían salir y los despidió con gritos de ánimo y fortaleza. Los esclavos, Luperco y la nodriza fueron decapitados a las orillas del río Ebro, y sus cuerpos quemados allí; aunque sus cenizas serían posteriormente rescatadas por los supervivientes de la diezmada comunidad cristiana de la ciudad.

Pero Daciano no había terminado con Engracia. Todavía estaba atada a la columna y desangrándose cuando le trajeron la noticia de la muerte de sus compañeros, aprovechando el gobernador para burlarse de nuevo de ella y darle una última oportunidad. Pero ella la desechó, diciendo que era inútil que intentase convencerla. El sañudo magistrado alargó hasta lo impensable la atroz agonía de la joven. Con un cuchillo la abrieron y le arrancaron el hígado con tenazas. Luego, el mismo gobernador tomó un clavo largo y un martillo y se lo hundió en la frente. A pesar de tantas afrentas, la pobre muchacha no acababa de morirse, por lo que Daciano dio orden de arrojar su cuerpo a una mazmorra para que allí, fuera pasto de las ratas. Y así murió Engracia. Su cadáver destrozado y podrido fue arrojado a las calles para que gentes y bestias siguieran profanándolo, pero fue rescatado también y enterrado junto a las cenizas de sus compañeros.

Detalle del martirio de la Santa. basílica de Santa Engracia de Zaragoza, España. Fuente: www.basilicasantaengracia.es

Detalle del martirio de la Santa. basílica de Santa Engracia de Zaragoza, España. Fuente: www.basilicasantaengracia.es

Hasta aquí el truculento relato de la passio, que pone los pelos de punta por las atrocidades que con todo detalle están inspiradas en el himno de Prudencio. Este poeta dice haber visitado la celda donde la mártir agonizó lentamente hasta morir, y conmovido, recrea cada tormento haciendo hincapié en que murió sufriendo extremo dolor y se le privó de una muerte digna y rápida:

“A ninguno de los mártires aconteció
que habitara en nuestras tierras quedando aún en vida;
tú eres la única que permaneces en el mundo,
sobreviviendo a tu propia muerte.
Hemos visto parte de tu hígado arrancado
y apresado aún a los lejos en las tenazas comprimidas,
ya tiene la muerte pálida algo de tu cuerpo,
aun cuando estás viva”.

Actualmente los estudiosos ya no aceptan que la mártir fuese lusitana. Tiene más lógica que fuera hispana e incluso zaragozana de nacimiento; pues Prudencio únicamente ha reseñado a los mártires hispanos, y no parece que Engracia tuviese que ser la excepción.

En tiempos de Prudencio existía ya una iglesia erigida en su honor que, por estar durante algún tiempo en poder de los arrianos, fue “reconsagrada” en el año 592. Fue entonces cuando se redactaron la passio y la “Misa de Santa Engracia” de la Liturgia Mozárabe. En aquella época su festividad ya se celebraba, como hoy, el día 16 de abril. Algunos manuscritos y el Martirologio Romano hacen memoria de ella el día 3 de noviembre, que es muy probablemente el día de la “reconsagración” de la iglesia que hemos mencionado.

Reliquias veneradas en la Cripta de la Basílica de Santa Engracia en Zaragoza (España). Cráneo de la Santa, cráneo de San Luperco, clavo, y cenizas de los compañeros.

En el año 1389, con ocasión de la reconstrucción de la iglesia de las Santas Masas, se encontraron las reliquias. Juan II, rey de Aragón y de Navarra, al haber sido curado de una enfermedad gracias a la intercesión de la Santa, le erigió la actual iglesia, cuya fachada fue construida entre los años 1512-1519 por los arquitectos Morlanes (padre e hijo).

Las reliquias de la Santa y de sus compañeros se veneran actualmente en la cripta de esta iglesia. El cuerpo está en un sarcófago (junto con San Luperco) y el cráneo está en un relicario que fue regalado por el antipapa Benedicto XIII en el año 1405. Se conservan también algunos instrumentos del martirio, como el clavo que le atravesó el cráneo. Aparte se conservan los restos de los Innumerables o Santas Masas, que apenas son una masa compacta e informe de huesos, sangre y cenizas.

La Santa suele ser inconfundible en iconografía por tener el clavo hundido en la frente. Sólo dos mártires varones –San Bernardo de Alzira y San Severo de Barcelona- comparten este atributo. Por lo demás, suele aparecer como una virgen mártir (corona y palma); aunque en Zaragoza es habitual representarla recostada en la columna de su flagelación y portando los otros instrumentos de martirio (flagelo, garfios, rastrillos, clavo y martillo).

Es la co-patrona de Zaragoza, aunque su culto está muy eclipsado por el culto mariano a la Virgen del Pilar y fuera de esta ciudad, está prácticamente reducido a algunos pueblos aragoneses y vascos, además de en Lisboa, Portugal; de donde aún se sigue creyendo que era oriunda. Por lo general, el culto no sobrepasa el ámbito ibérico, como decía al principio del artículo, salvo algún caso aislado en Francia y en América, adonde lógicamente llegó por difusión de los conquistadores españoles y portugueses. Tiene parroquias intituladas en Monterrey y San Pedro Garza García (México), que yo sepa hasta la fecha. La intitulación de San Pedro es curiosa porque hubo reticencias en aceptar a esta mártir por patrona, ya que era “muy poco conocida”; pero al fin fue aceptada porque se pensó que “podría ser un ejemplo para los cristianos de hoy”.

Cripta de la Basílica de Santa Engracia, Zaragoza (España). Bajo el altar, sepulcros de la Santa y San Luperco.

En resumen: mártir hispana, real, histórica; cuya existencia y detalles básicos de su cruel martirio están atestiguados por Prudencio desde época muy temprana, pero cada vez de menor presencia y repercusión por la localización aislada de sus lugares de culto. Aunque en el pasado el nombre de Engracia era bastante frecuente entre las mujeres españolas, actualmente está en desuso por considerarse anticuado.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

22 pensamientos en “Santos Engracia y compañeros, mártires en Zaragoza

  1. A ver a ver.

    Ana María. Primero y antes que nada quiero decir que (no se te hace exagerado el martirio) digo ¿no quedó desnucada por arrastrarla por el pueblo? Segundo. Que pena que no conoció al futuro esposo; salvo que se ve que ni se acuerda de él y ahora quiere tomar por esposo al Señor.

    Se me hizo un gesto de amor y compasión el interesarse por los Cristianos que habían muerto, no le pareció el acontecimiento, se ve que se indignó bastante y enfrentó al tirano. Recibió el martirio tal como a los que defendía.

    No lo que tampoco me parece es que era Cristiana y tenía esclavos. Y si era noble ¿No sería culta y probablemente letrada? no se si la mujer en ese tiempo y de aquellas regiones sabía leer pero es claro lo que dice San Pablo cuando habla del esclavo Felix creo si mal no recuerdo asi se llamaba. Algún miembro de este blog nos recordará ese pasaje de la Sagrada Escritura. O probablemente me vas a decir que eran costumbres de la época el tener esclavos.

    En fin. Una santa valiente.

    • A ver, a ver, como tú dices. 🙂 Vayamos por partes. Que Santa Engracia debió ser valiente por sufrir tanto y no ceder, en esto estamos de acuerdo. Pero hay varias cosas a considerar.

      En primer lugar recordarte que no debes tomar la passio literalmente. Es de los siglos VI-VII, es decir, 200 ó 300 años después de la presunta ubicación cronológica del martirio de la Santa, que se ha colocado en tiempos de Diocleciano, esto es, s.IV. Por lo tanto, hay puntos que no vale la pena discutir: la existencia y crueldad del tal Daciano, que no parece probable; si venía de Brácara, que tampoco; si se iba a casar o no, si tenía esclavos o no, si era noble y letrada o no… de eso no se sabe nada con certeza ya que de lo que habla Prudencio es de su martirio y sus sufrimientos. Así que centrémonos en lo que se puede tratar.

      Si Prudencio habla de su arrastramiento y luego sigue relatando torturas hasta su muerte tirada en la celda; lógicamente no cabe pensar que la mataría el arrastramiento. A San Saturnino de Tolosa sí lo mató porque le chocó la cabeza contra un escalón. Ella no tuvo tanta suerte. Lo demás son detalles de la passio posterior que está bien comentar como reflexión; pero en las que no voy a entrar porque no hay certeza de que fueran así como lo dice San Braulio. Baste decir que no creo que fuera noble, cuando se la torturó con tanto ensañamiento y crueldad. Los nobles siempre se libraban de tales afrentas. ¿Y por qué no creerlo? Parece exagerado, pero recordemos los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo y otros martirios horribles de la época…

      Sí que me parece importante comentar que por supuesto que había mujeres cultas, especialmente en las clases altas, pero culta y letrada era algo que no iba unido. La mujer culta normalmente no sabía escribir, cosa que era trabajo de esclavo. Es decir, el epítome de una mujer culta era no sólo saber mucho sino además disponer de esclavos que escribieran por ella; aunque baste decir que estaba mal visto, por lo machista de la sociedad romana.

      Y por último, por supuesto que los cristianos tenían esclavos, como cualquier hijo de vecino. Los cristianos ricos romanos tenían esclavos; los obispos tardoantiguos tenían esclavos -muchos de ellos eunucos-; los cardenales y obispos y nobleza cristianísima medieval y moderna tenían siervos y criados a los que explotaban y maltrataban… y eso no les quitaba el sueño ni el acudir a misa con la conciencia bien tranquila. No sólo era costumbre sino que además predicaban y sacralizaban esta desigualdad social, diciendo que era la voluntad de Dios en la tierra (recuerda aquello de oratores, bellatores et laboratores… es decir, unos pelean, otros rezan, y todo el trabajo se lo carga el resto). Incluso San Pablo, al esclavo Onésimo -es Onésimo, no Félix- creo que lo hacía regresar con los amos que lo habían maltratado en lugar de esconderlo, si recuerdo bien. En esa época y en todas, sólo unos pocos valientes se atrevieron a romper el status quo social tan injusto, y fueron mal vistos por ello.

      En resumen: que una cosa es la que se predica y otra la que se practica. Bienvenido al mundo real. 🙂

      PD: Se me olvida decir que también puedes tener esclavos, criados, siervos… y tratarlos bien. Así que no nos apresuremos tampoco a crucificar a alguien por el simple hecho de tener esclavos o siervos. Hoy en día nos parece una aberración pero te recuerdo que hace cuatro días los negros eran esclavos en el Nuevo Mundo. No estemos tan orgullosos de nuestros principios, que la mayoría de ellos son neonatos y como dijo el que es Sabio entre los sabios, “quien esté libre de pecado…”

  2. Me han gustado los dos comentarios anteriores y, especialmente, la argumentación que das acerca de la tenencia de esclavos.
    San Pablo llega a decir: “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús”. (Gálatas, 3, 28), pero está claro que quería decir que ante Dios todos somos iguales. ¡Pues claro que unos eran griegos y otros no lo eran, que unos eran libres y otros no lo eran, que había hombres y mujeres, eso él no lo niega, solo dice que “somos iguales ante Dios” y eso él lo predica, luego él que sabe que hay esclavitud, lo reprueba aunque abiertamente en este caso no lo diga.

    Pero en su carta a Filemón, si lo hace cuando se refiere al esclavo Onésimo: “Tal vez, él se apartó de ti a fin de que lo recuperes para siempre, no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Si es tan querido para mí, cuanto más lo será para ti, que estás unido a él por lazos humanos y en el Señor. Por eso, si me consideras un amigo, recíbelo como a mi mismo y si en algo te ofendió o algo te debe, ponlo en mi cuenta, que yo Pablo, lo firmo con mi puño y letra y yo pagaré; no quiero recordarte que tu también eres mi deudor y la deuda eres tu mismo” (Filemón, 1, 15-19)

    Dejando este tema, solo apuntar dos cosillas refiriéndome a las reliquias: que el sarcófago con las reliquias de Santa Engracia y San Lupercio antes estaban sobre el altar y que en la Iglesia de Santa Engracia en Zaragoza existen otras reliquias de los Innumerables mártires de Zaragoza, especialmente en un pozo, en un carro relicario y en cuatro sarcófagos paleocristianos.

    • Disculpa entonces, creo que no he interpretado bien a San Pablo.
      Tenía conocimiento de que las Santas Masas están también en el pozo, es una lástima que no haya cabido la foto en el artículo. La inscripción es chocante: “Aquí en este pozo santo yace reunida una turba innumerable de mártires”.

    • A tu disposición siempre, pero ya que está resuelto me gustaría dejar entonces este tema secundario de los señores y los esclavos y centrarnos de nuevo en la Santa y en su martirio. 😀

  3. Ana María muchas gracias por acercarnos a la vida y pasión de Santa Engracia, este nombre en mi familia tiene mucha tradición y por lo tanto me ha gustado mucho el articulo.
    Me he quedado horrorizado por lo que cuentas de la herida del pecho, que se le veía el corazón latir y más aun cuando le extraen el hígado con unas tenazas, espantoso!!. Pero no cabe duda alguna que fue valiente y comprometida con su Fe porque al enfrentarse a Daciano sabia lo que se podía encontrar.
    Por ultimo decir que aunque he estado muchas veces en Zaragoza, no he tenido la dicha de estar en la preciosa Iglesia donde están sus restos.

    • Ya somos dos, amigo mío. La única vez que he estado en Zaragoza me encontré con su iglesia cerrada… mi gozo en un pozo. 🙁

      Coincido en que la Santa fue muy fuerte y de verdad que me troncho a carcajadas cuando leo la oración colecta de hoy y habla de ella como miembro de un “sexo frágil”. ¿Ridículo, no? Una mujer que sufre todas estas atrocidades en su cuerpo y no cede en sus ideas es de todo menos frágil.

      Me alegro también de que el nombre de Engracia tenga tradición en tu familia. Como decía, mucho me temo que esté en desuso.

      • Yo he tenido la suerte de visitarla (ya por fuera es una auténtica joya) y de estar en la cripta.
        También, hace ya muchos años, un párroco o capellán de dicha iglesia me envió fotos muy antiguas de los relicarios, sarcófagos, etc. Es verdad que una foto o postal moderna es mejor, pero aquellas tienen su encanto.
        Te prometo que las escanearé y te las enviaré.

  4. Como siemore Ana muy interesante el articulo ya antes algo había escuchado sobre Santa Engracia y las Santas Masas pero a decir verdad muy poco, no tnía idea de la cantidad de martirios que había sufrido solo conocia el del clavo y pensaba que ese la había matado de derrame o algo por el estilo ya veo que no y si que es impresionante su fe y persistencia, gracias.

    • Lo cierto es que yo tampoco me explico cómo puede atravesarte el cráneo un clavo y no matarte en el acto, pero tengo entendido que hay partes del cerebro más vulnerables que otras, y que una herida en la parte frontal es menos grave que una herida en la parte trasera.

      Imagino entonces que si le hundieron el clavo en la frente, no la mató en el acto, pero sí la dejarían completamente inconsciente hasta que se desangró por las heridas y las complicaciones derivadas. Lo digo porque hay gente que ha sobrevivido a tiros en la frente, pero en muy pocos casos.

  5. Ana bellisimo articulo:
    Cuando llege a ir a Zaragoza conoci a esta simpatica santa y despues en mi ciudad fue un gran descubrimiento encontrar una pintura de ella en una de sus Iglesias y con lo que nos platicas de la passio esta muy acorde con la pintura lastima que esta muy alta y no la puedo fotografiar! 🙁 Saludos!

    • Pues como decía, Tacho, esta Santa se hace muy cara de ver y si algún día tienes ocasión de sacar una foto o conseguir una imagen de este martirio, no sabes cuánto te lo agradecería.

  6. Es una lastima que no haya tenido su culto mayor difusion,yo hace bastantes años creia que era una santa martir bastante famosa,y por ello conocida en “media Europa”.
    Excelente el articulo Ana Maria.

    • Qué bueno saber por fin de ti, Abel, me tenías preocupada con tu silencio. 🙂
      Por desgracia Santa Engracia es muy poco conocida fuera de España y se hace muy difícil encontrar manifestaciones artísticas de ella. Yo me las he visto y me las he deseado para reunir la carpetita de imágenes que tengo de ella.

  7. Hermana, creo que cuando no puedo sorprenderme más por martirios excesivos ¡siempre sale algo peor!

    Por otro lado, me parece muy interesante que se conserven tantas reliquias de la santa, sobre todo el clavo y huesos de los esclavos. Comparto tu opinión al pensar que es chocante la inscripción de las reliquias de las santas masas, “turba” me hace pensar en un pleito de pueblo con antorchas y toda la cosa ¡pero qué falta de tacto! jaja.

    • En realidad, “turba” es una palabra latina que significa “grupo” o más bien “multitud”, recuerda que en no pocos textos se hace referencia a los Apóstoles como “la turba duodena”, es decir, el grupo de los Doce. Por desgracia le hemos dado connotaciones de masa reunida para fines violentos, jaja.

      • Sí claro, estaba pensando en la manera de usar la palabra hoy en día y cualquier cristiano que vea semejante inscripción, es más fácil que lo asocie con violencia que con grupo en latín jaja!

  8. Santa Engracia es muy querida en Zaragoza y su basílica es una de las más céntricas y pudientes (a pesar de no ser ya fiesta, pues lo son la Virgen del Pilar y San Valero). El calendario litúrgico diocesano recoge el 3 de noviembre a Santa Engracia y los protomártires de Zaragoza (antes se celebraba separados, el 16 de abril Santa Engracia y compañeros, y el 3 de noviembre los Innumerables Mártires; pero se unificaron en 1999 en esa fecha del 3 de noviembre). Junto a la iglesia hubo monasterio y se mantuvo el culto durante la dominación musulmana; lo más curioso es que desde 1063 (ratificado por el rey Sancho Ramírez en 1086) la parroquia perteneció al Obispado de Huesca hasta 1956 (¡imaginaos cuantos pleitos hubo¡). Durante el primer sitio de Zaragoza por los franceses en 1808, fue destruido todo el monasterio y la iglesia, excepto la fachada del XVI; se inauguró nuevo templo en 1899 (con la antigua fachada). Como curiosidad podéis buscar el bonito manuscrito de las “Ordinaciones de la Cofradía de Santa Engracia de Ygries” de 1292 a 1626 de Igriés (Huesca), me consta que en el pueblo les gustaría que alguien les tradujese el texto más antiguo. Gracias por acordaros de esta pequeña Santa y de otros tantos innumerables anónimos.

    • ¡ah¡ No me puedo olvidar de San Lamberto, labrador decapitado por no apostatar y que fue andando con su cabeza bajo el brazo hasta esta iglesia porque quería descansar con ellos (según la tradición). Aquí están sus restos también.

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