Los Santos y la medicina (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso de San Pantaleón.

Prefacio
Sólo donde florezca un anuncio de redención que contenga la explícita promesa de la resurrección de la carne, puede ser vencido el temor a la muerte aquí en la tierra. Es el ofrecimiento de Cristo a la libertad humana; pero precisamente porque está consignado a la libertad, este don no evita el drama del último viaje, la pérdida total siempre desagradable, la muerte y todo lo que la rodea de sufrimiento y de enfermedad. Si Cristo nos ha liberado del miedo a la muerte, nos ha dejado la lucha diaria para que nos eduquemos en asumir en nuestra propia persona el poder de su victoria: “mors ero mors tua” (la muerte será tu muerte).
Los cristianos damos así testimonio desde el lecho de la enfermedad, no dejamos de atestiguar, también al hombre de hoy que está sofisticado pero también está perdido, la conveniente belleza del seguimiento de Cristo: “porque si vivimos o morimos, somos del Señor” (Romanos, 14, 8).

Las ejemplares figuras de los santos hospitalarios, se centran de manera persuasiva y convincente en su testimonio, vivo y lleno de caridad… prolongando en la historia la figura de Cristo médico: Camilo, Juan de Dios, Benito Cottolengo, José Moscati, Ricardo Pampuri y otros muchos, ¿qué nos enseñan? Normalmente, en el origen de sus testimonios existe la necesidad de responder de manera concisa identificándose totalmente con Cristo. Esta tesis tiene personal y comunitariamente, una atención integral. Además, ofrecen toda su vida por lo que son testigos de una brillante mezcla de amor y de inteligencia que inculca en uno mismo y en los demás una cierta esperanza.

Card. Angelo Scola
(La Buona Salute…, Ed. Cantagalli)

Introducción
“En Él hemos sido elegidos, antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en el amor” (Efesios 1,4). Existe un designio que nos precede. Esto es, una acción de Dios, absolutamente libre y gratuita: prescindir de todo nuestro derecho y de todo nuestro mérito porque “Él nos eligió antes de la creación del mundo”. Nos ha amado siempre y desde el principio, “para ser santos… en el amor”. Siempre será una exageración hablar de santidad en la actualidad, ya que se habla más de personalidad, de dignidad, de realización de sí mismo… La santidad es considerada intimismo, intolerancia, evadirse de la tierra para pensar en el cielo… Sin embargo, paradójicamente, la verdadera realización de uno mismo es, precisamente, la santidad, porque esta es la plenitud de la vida cristiana, es el cumplimiento del designio del amor de Dios, que quiere que seamos felices, como Él lo es: “Sed santos porque yo soy santo” (Levítico, 11, 44).

La imposibilidad de lograr la santidad es el mayor y verdadero fracaso de nuestras vidas. Todas las demás cosas son relativas, no son definitivas, pero si es verdad que nos pueden ayudar en el camino de la perfección. Si hay alguna cosa que nos debe doler es el no ser santo: decepcionar a Dios por no haber respondido a sus expectativas, por haber frustrado su proyecto, su gracia. Gracias al misterio de la Comunión de los santos, nuestra pobreza espiritual influye negativamente en el Cuerpo Místico de Cristo, nuestra mediocridad y nuestra fealdad hace más opaco y más lleno de arrugas el rostro de la Iglesia.

Detalle de San Lucas (s.XVII) en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El no ser santos es también una responsabilidad social; se ha dicho que un alma que se eleva, eleva al mundo entero. Simon Weil escribió: “hoy en día tenemos la genialidad de la santidad, el momento actual exige una santidad nueva, sin precedentes. El mundo necesita santos geniales, como una ciudad en la cual la peste está haciendo estragos, necesita de buenos médicos especialistas”. (Pensamientos desordenados sobre el amor de Dios).
Y el papa San Juan Pablo II: “Los santos salvan a la Iglesia de la mediocridad, la reforman por contagio y la conducen por donde debe ir” (Discurso a los jóvenes, del 5 de octubre de 1986). Nos preocupamos mucho por agradar a los hombres y descuidamos nuestra relación con el Señor. Apreciamos el afecto y la estima de las criaturas e ignoramos fácilmente el juicio de Dios. Somos serviciales ante los poderosos de este mundo y perezosos con aquello que Dios quiere: “¿Para qué le vale al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo?” (Lucas, 9, 25).

¿Qué sentido tiene la vida, la vocación, el trabajo, la lealtad, la alegría, el conseguir nuestras metas, si no se tiende a la santidad? ¿Para qué sirve vivir si no es para crecer en el amor? ¿Para qué sirve morir si no es para realizar eternamente lo propio y realizarse por siempre en él? (G. Courtois). No les ha faltado ni el aliento ni la ayuda a aquellos que han llegado a la meta; ellos brillan como estrellas en el cielo. Por esto, los veneramos, los amamos y esforzamos por imitarlos. Ellos nos demuestran que ser santos es posible. Decimos como decía San Agustín: “Si este y el otro lo han hecho, ¿por qué para mi va a ser demasiado trabajoso?” Él nos exhorta a ser vigilantes y generosos, a no ceder ante las lisonjas ni ante las amenazas del mundo, a no atar el corazón a las cosas que pasan, a agarrarnos a la Roca de nuestra salvación.

Decía Bergson: “Los santos no necesitan exhortarnos. Basta solo con que existan. Sus vidas nos interpelan, desafían”. Nos interpela la vida luminosa de María, de Lucía, del apóstol Pablo… Nos interpelan y nos llaman a la responsabilidad, despiertan nuestros más altos ideales, estimulan nuestras mejores energías, nos lanzan con decisión hacia lo más alto. Porque como hemos dicho muchas veces, se nos hace volar hacia lo más alto. Como el águila, pero sin la soledad del águila. El Espíritu Santo, que vivifica y santifica, ya está haciendo su obra; seamos dóciles a su guía. Vamos a crear, vamos a llevar, no nos entristezcamos. Él es el principio de una vida nueva, es el Maestro interior, del cual debemos dejarnos conducir.

(Mons. Giuseppe Costanzo, arzobispo de Siracusa)

La santidad tiene muchos rostros: desde la mística hasta la elección del mundo como teatro de actuación de la acción salvadora de Dios y lugar de difusión de su Palabra.
Entre estos últimos, tenemos a los santos que se esforzaron en el arte de la medicina, en la curación de los enfermos. He aquí un modesto elenco de ellos:

Icono ortodoxo búlgaro de los Santos Cosme y Damián, siglo XIX.

Santos, Médicos, Medicina y Enfermos

San Lucas Evangelista, patrono de los médicos y farmacéuticos. Exactamente no se sabe si verdaderamente era médico, aunque todos le reconocen habilidades médicas.

San Alejandro de Lyon, oriundo de Frigia y mártir en Lyon alrededor del año 200.

San Zenobio Sidonense, mártir en tiempos del emperador Diocleciano, sacerdote en Sidón (Líbano).

San Dionisio de Roma. En algunos epígrafes se dice que era “un médico hábil” y que curaba gratuitamente.

San Teodoro de Laodicea, obispo de Laodicea aclamado por el pueblo como médico apreciado.

San Cesareo, natural de Nacianzo, en Capadocia, en el año 330, hijo de los santos Gregorio y Nona, sacado de las ruinas de su casa que fue destruida durante un terremoto que le reportó graves heridas, a consecuencia de las cuales falleció.

San Pantaleón, considerado con Lucas, Cosme y Damián, patrono de los médicos. En la iglesia de san Pantaleón, en Roma, sede de la Asociación Italiana de Médicos Católicos, se distribuye el agua bendecida con las reliquias del santo. Nació en el año 283 en Nicomedia. Después de soportar varias torturas y realizar muchos milagros, fue decapitado. La ampolla que contenía su sangre está distribuida entre varias iglesias: Ravallo (la porción mayor); Iglesia Nueva de Santa Maria in Vallicella en Roma; la Basílica de san Marcos en Venecia; en Nápoles, en San Gregorio Armeno; en Vallo; en Lanciano; en Montauro (CZ) y en Madrid, España. Como la sangre de San Jenaro, la sangre de San Pantaleón también se licúa.

Santos Cosme y Damián, patronos de los médicos. Después de varias e inútiles tentativas para matarles, fueron decapitados. Hicieron muchos milagros. Se dice que realizaron trasplantes de piernas. La Basílica a ellos dedicada en Roma está situada en la vía Sacra ai Fori Romani.

Vista del ábside de la Basílica de los Santos Cosme y Damián, Roma (Italia).

San Emiliano, murió en Cartago a manos de los vándalos de Hunerico en el año 484.

San Liberato, graduado en medicina en Boloña. Murió mártir el día 23 de marzo del año 484.

San Liberato de Scandiano, llamado Cesare Magati, médico en el año 1600 en Emilia Romaña. Se graduó en Bologna y perfeccionó sus estudios en Roma, enseñando medicina en la Universidad de Ferrara. Murió en el quirófano en una operación de cálculos.

San Guillermo Firmat, nacido al inicio del milenio en Tours. En Francia existen tres Fuentes que llevan su nombre, junto a las cuales, se dice que surge agua milagrosa. Una está adjunta a la iglesia que lleva su nombre en Tours, otra en la carretera que va desde Mortain a Teilleul y la otra junto a la iglesia de Mantilly, en la diócesis de Selz.

San Gil de Santarem, de Vagliadinos (Portugal), nacido en el año 1190. Estudió medicina en París. Sus contemporáneos lo consideraron un hechicero, hijo del demonio, alquimista al servicio del “Señor de las tinieblas”, un brujo. Se decía que había hecho un pacto con el diablo. En un sueño legendario encontró la conversión y en el año 1221, entró en el convento de Santarem (Santa Irene), donde vivió hasta los 75 años de edad.

Santa Hildegarda de Bingen, nació en el 1098 en Berbersheim, en Francia, en la diócesis de Mainz, siendo la décima de diez hijos y por esto fue destinada a la vida religiosa. Entró con ocho años en el monasterio benedictino de Disibodemberg, y recibió el velo a los quince años. Nunca realizó ningún curso de medicina, pero por sus numerosísimos escritos médico-científicos “inspirados por el Espíritu Santo”, siempre se le atribuyó la calificación de médico, función que practicaba dentro de la abadía. Fue también abadesa del convento y fundo además la abadía de Rupertsberg.

San Juan XXI (Pedro Hispano). Nació en Lisboa. Después de realizar estudios en Francia, fue docente en Siena y seguidamente en Roma y en Viterbo. Fue amigo y médico de los papas Urbano IV, Clemente IV y Gregorio X. Eran tiempos en los que los papas morían muy pronto. A estos tres les sucedieron Inocencio V y Adriano V. El día 13 de septiembre de 1276 los cardenales eligieron papa a Pedro, que tomó el nombre de Juan XXI, causando gran rabia entre los franciscanos y dominicos que lo tachaban de mago. Dante lo puso en el Cielo del Sol.
Después de ocho meses de pontificado, durmiendo en su cama, cayó al darse una vuelta y después de siete días de agonía, murió.

Grabado del papa San Juan XXI (Pedro Hispano).

San Felipe Benizi, nacido en Florencia en el año 1233 en el seno de una familia noble. Desde su infancia, su vida estuvo salpicada de hechos milagrosos y de santidad. Estudió medicina en París y después en Padua y graduándose, ejerció la profesión en Florencia. Allí conoció a los Siervos de María y por ello decidió ingresar en la Orden, abandonando definitivamente la profesión de médico y dedicándose a la difusión de la Orden de los Servitas en Francia. Rechazó por dos veces el papado (en su puesto estuvieron Clemente IV y Gregorio X). Murió el 22 de Agosto de 1285 en Todi.

Beato Marcos de Montegallo, nacido en Santa Maria in Gallo, fue un gran médico en Ascoli. Se casó y posteriormente, comprendiendo que su vocación no era la de esposo ni la de médico, se hizo Fraile Menor Observante. Fue un gran difusor por toda Italia de los bancos caritativos de empeño, llamados Montes de Piedad. Murió de una enfermedad en la garganta (contra estos males es invocado) en Piacenza en el año 1490.

Damiano Grenci

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

6 pensamientos en “Los Santos y la medicina (I)

  1. Grazie, Damiano, per questa primera parte de l’elenco dei Santi medici. La foto dell’abside della Basilica dei Santi Cosma e Damiano é bellissima, comme la icona bulgara. 🙂

  2. Gracias Damiano. Ahí van gozos relacionados con santos médicos;
    En Benimodo se venera a San Felipe Benicio http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2011/12/gozos-en-alabanza-del-glorioso-san.html
    En Relleu a los Santos Cosme y Damián http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2012/01/gozos-de-los-santos-medicos-cosme-y.html
    En Cheste se venera a San Lucas Evangelista y además se dedica su parroquia http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2012/01/gozos-de-san-lucas-venerado-como-patron.html

  3. ¡Precioso artículo Damiano!

    Se lo reenviaré a una amiga que está interesada en San Pantaléon y bueno, creo que los santos más famosos asociados a la medicina que conozco son San Cosme y San Damián, gracias por compartir.

  4. Muchas gracias por este articulo muy interesante, este tema de los santos y la medicina siempre me ha causado curiosidad, espero las siguentes partes.

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