Santas Petronila y Felícula, mártires romanas

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Detalle de la Santa en una vidriera decimonónica en la iglesia de Whepstead, Suffolk (Reino Unido). Fotografía: Simon K.

Hoy, día 31 de mayo, se celebra la fiesta de Santa Petronila. Quienes conozcan a esta Santa, que no serán muchos dada su escasa repercusión en la cristiandad; inmediatamente la asociarán a “virgen” e “hija de San Pedro”, que son los clichés que la tradición nos ha legado respecto a ella. Pero, como viene siendo ya costumbre, la realidad es mucho más complicada: el estudio científico y contrastado de las fuentes arqueológicas y hagiográficas que nos hablan de ella nos revela una verdad muy diferente. Pero como siempre, iremos por partes.

En primer lugar, Santa Petronila no es virgen “a secas”… es una mártir. Algo que no ha trascendido en la iconografía ni en el culto, que la sigue considerando simplemente virgen y muerta de modo natural; salvo excepciones localizadas que comentaré posteriormente. Eso lo han demostrado las fuentes históricas y arqueológicas; ya que, el testimonio más antiguo de su existencia es un fresco paleocristiano, datado en la segunda mitad del siglo IV, que se encuentra en el cubículo derecho del ábside de la basílica subterránea perteneciente al cementerio de Domitila, en la Via Ardeatina romana. En ella, aparece representada una rica difunta llamada Veneranda que es introducida en el Paraíso, a modo de intercesora, por una muchacha joven junto a la cual se lee claramente: PETRONELLA MART(YR). Por lo tanto, este fresco documenta la existencia de una Petronila mártir que ya era conocida y venerada en el siglo IV, tiempo de persecuciones.

Pero, ¿quién era? ¿Cuándo vivió? ¿Cómo murió? ¿Cuál es su sepulcro? Estas preguntas, por desgracia, a día de hoy no tienen respuesta. Sólo se puede afirmar que fue sepultada en la catacumba de Domitila, posiblemente en la basílica, edificada en 390-395 en tiempos del papa Siricio. Esto lo afirman los papiros de Monza, que contienen la relación más antigua de los cementerios romanos; y los famosos Itinerarios. De hecho, a partir del mismo siglo IV este recinto comienza a llamarse Basílica de Santa Petronila, lo que prueba un gran culto a la mártir en aquellos tiempos. Esta basílica fue restaurada por el Papa Juan I (523-526) y en ella consta que San Gregorio Magno hizo un panegírico sobre los Santos Nereo y Aquiles y que Gregorio III (731-741) estableció una statio litúrgica.
En resumen, Santa Petronila es una mártir venerada en las catacumbas de Domitila, donde estuvo su sepulcro y su basílica. Tal es lo que prueban las fuentes arqueológicas. Ahora bien, ¿qué nos dicen las fuentes hagiográficas?

Detalle del fresco paleocristiano donde aparecen la noble Veneranda y la mártir Petronila. Catacumbas de Domitila, Roma (Italia).

Para bien o para mal -yo diría que para mal- la tradición ha tomado su propio camino a la hora de hablar sobre la Santa, inventando una historia de tintes románticos que ha contribuido a desfigurar esta certeza de mártir que se tiene sobre ella. Dichas fuentes literarias han convertido a la Santa en hija de San Pedro y muerta de forma natural, cosa que ha tenido mayor repercusión que las indudables pruebas arqueológicas que demuestran lo contrario; de modo que hasta hoy, Santa Petronila sigue venerándose como virgen no mártir y supuesta hija del santo apóstol. Lo que no era.

¿Qué nos dicen estas fuentes? Se basan principalmente en la passio de los mártires Nereo y Aquiles, compuesta entre los siglos V-VI, y adelanto ya que dicho texto no tiene ningún valor histórico. Dicha historia dice lo siguiente:
Petronila era hija de San Pedro apóstol [1] y desde niña sufría una enfermedad que las fuentes denominan perlesía, esto es, una parálisis acompañada de temblores y fiebres muy intensas, que la mantenían postrada en la cama. Se dice que a Pedro le reprochaban el que hiciera tantos milagros, curando a tanta gente, y a su hija no tuviese corazón para curarla. El apóstol, que era de reconocido mal genio (!!) no tomó nada bien estas insinuaciones, por eso, un día que estaba comiendo con unos discípulos, llamó a gritos a Petronila y le ordenó que les sirviese a la mesa. En el momento la muchacha se levantó, liberada de su parálisis y corrió a servirles. En cuanto los hombres ya tuvieron su ración de comida y bebida, Pedro la mandó de vuelta a la cama y de nuevo la enfermedad se reanudó, volviendo a quedar la chica paralítica en el lecho. Entonces amonestó a los murmuradores diciendo que si no la curaba, era porque Dios no lo quería.[2]

En cualquier caso, Petronila sobrellevó su enfermedad hasta después de la muerte de su padre, momento en que quedó curada. Este largo via crucis que pasó es una especie de metáfora del alma cristiana aspirando a la virtud y a la redención; pues si bien en un principio se mostró reticente al mensaje evangélico y sufrió intensamente su enfermedad, a medida que éste iba calando en su corazón e iba aceptando a Cristo como ser y sentido de su vida, la enfermedad se le iba atenuando hasta desaparecer. Como he dicho, es simplemente una metáfora del alma cristiana que se ve aliviada en sus sufrimientos al aceptar a Dios como su razón de ser.

En este punto entra en presencia una muchacha de nombre Felícula, que es prácticamente desconocida fuera de este ámbito literario de la passio. La tal Felícula era hermana de leche de Petronila -es decir, ambas habían sido amamantadas por la misma nodriza- y por tanto existía una estrecha amistad entre ambas.

Última comunión de la Santa. Lienzo de Simone Pignoni. Museo del Hermitage, San Petersburgo (Rusia).

Por aquellos días, un noble romano llamado Flaco solicitó a Petronila en matrimonio. Ella se quedó turbada y disgustada, porque ya había hecho voto de virginidad a Cristo y no podía entregarse a un hombre. No sabiendo qué decir, pidió que le diese tres días para reflexionarlo, a lo cual respondió Flaco que pasados esos tres días, le mandaría a sus esclavos para que la llevasen a su casa y se convirtiese en su esposa.
Petronila pasó los tres días ayunando, a ratos rezando de rodillas y a ratos llorando en brazos de Felícula, porque no sabía cómo eludir el indeseado matrimonio y poder así conservar su virginidad. Tanto lloró y se disgustó, que le vino una angustia de muerte y entró en agonía. Al ver esto, Felícula se apresuró a llamar a un sacerdote amigo, Nicómedes, que celebró una misa en presencia de la moribunda y le dio la última comunión. Después de esto, Petronila murió y fue enterrada en las catacumbas de Domitila -Via Ardeatina- junto a los mártires Nereo y Aquiles.

Flaco quedó muy decepcionado al saber que la mujer que se había propuesto desposar había fallecido, pero -a rey muerto, rey puesto- no dudó esta vez en reclamar a la propia Felícula como esposa. Ella, quizá más valiente que Petronila, no dudó en confesar abiertamente ante el patricio que era cristiana y que estaba consagrada a Cristo, y que por tanto nunca se casaría con un pagano. Flaco la amenazó con denunciarla a las autoridades si no cedía y se casaba con él, y como no lo hizo, cumplió su amenaza y Felícula fue detenida y encarcelada. Pasó una semana encerrada en prisión, sin agua ni alimento, para hacerla sacrificar; y cuando la vieron bien debilitada, la sacaron y la llevaron al templo de Vesta, para que hiciese las pertinentes ofrendas a la diosa.

Allí la encerraron y le dijeron que no se le daría de comer hasta que sacrificase a Vesta. Y así pasaron otros siete días en los que Felícula siguió padeciendo hambre y sed (!!!); y viendo el juez que antes se moriría de hambre que aceptase sacrificar a la diosa, perdió la paciencia y la entregó a la tortura.
Felícula fue atada a un potro y le descoyuntaron el cuerpo con tanta crueldad que “incluso el tuétano quedó esparcido por el suelo” (Jacobo de la Vorágine dixit); y al final, incapaz de resistir la tortura, Felícula murió en el mismo potro. Su cuerpo roto y destrozado fue arrojado a las cloacas, pero el fiel Nicómedes recuperó el cadáver y le dio sepultura en la Via Ardeatina -sorpresa, también en las catacumbas de Domitila-.

Entierro y apoteosis de la Santa. Óleo de Giovanni Francesco Barbieri "Il Guercino" (1622-23). Capilla de la Santa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Y colorín, colorado… este cuento se ha acabado. Se comprenderá que el relato es inverosímil a más no poder y que cabe “hurgar” en él para desglosar su composición y llegar al por qué una mártir antigua bien documentada se convierte en una fregona emparentada con San Pedro -no en vano el atributo de la Santa es una escoba- que se muere del susto ante la perspectiva de ser casada. Desde que Santas como Afra de Augsburgo y la fiel discípula María Magdalena fueron convertidas en prostitutas nunca se vio despropósito mayor. Pero vamos a analizar dicho despropósito.

Como hemos visto, las fuentes literarias convierten a Santa Petronila, la mártir romana, en una hija de San Pedro muerta naturalmente en tiempos de Domiciano (81-96 d.C). La “culpa” es del autor de la passio de los mártires Nereo y Aquiles, el cual, haciendo gala de una amplia capacidad de enredo, usó ciertos escritos apócrifos y los mezcló con una confusión entre los nombres de Pedro y Petronila; creyendo que el segundo derivaba del primero, cuando en realidad el nombre Petronilla es un diminutivo romano que deriva de Petronius. El hecho de que se sacara a una hija de San Pedro de la manga con esta excusa significa que sólo intentaba darle mayor credibilidad a su passio, sin saber que con el tiempo, lograría justamente lo contrario.

¿Qué escritos apócrifos empleó para montar este berenjenal? Pues las llamadas Actas de San Pedro, datadas en el siglo II, que en efecto hablan de que el Apóstol tenía una hija enferma de parálisis a quien él curó; pero atención, no se dice nombre alguno de esta hija. También se habla de una hija de San Pedro en las Actas -también apócrifas- de San Felipe (principios del s.IV), pero tampoco se dice cómo se llamaba.
Fundándose en estos pobres datos, y sabiendo que en las catacumbas de Domitila, donde estaban enterrados los mártires Nereo y Aquiles, se veneraba a una tal Petronila; se produjo una confusión de nombres y basándose sólo en el pretexto de la similitud entre en nombre de ella y el de Pedro; los hagiógrafos empezaron a difundir que la santa mártir romana Petronila y la hija de San Pedro eran la misma persona; y que estaba enterrada allí, en la Via Ardeatina. Bulo al canto.

Pero, ¿cómo se explica la incongruencia entre una Petronila que es claramente llamada MARTYR en el fresco de las catacumbas y una “Petronila” muerta de muerte natural? Parece que el autor de la passio interpretó a su manera la inscripción paleocristiana y relató esta historia rocambolesca de que he hablado anteriormente.

San Nicómedes recoge el cuerpo de Santa Felícula de la Cloaca Máxima. Grabado de Filipo Biglioli (1841) para el calendario “Il Perfetto Leggendario ovvero Vite de' Santi per Ciascun Giorno dell'Anno …”, Roma 1847, grabador: Gregorio Cleter.

Pero… ¿se sabe dónde está la tumba de la mártir Petronila? Pues no. Por sorprendente que parezca, nunca se ha localizado exactamente dónde pudieron reposar los restos de la Santa que aparece pintada junto a la tal Veneranda. Sin embargo, unos huesos fueron extraídos de las catacumbas de Domitila en el año 757 y fueron considerados, sin más, como los de Santa Petronila. Esto lo hizo el papa Pablo I, en cumplimiento de una promesa hecha por su predecesor -Esteban II- a Pipino, rey de los francos. Este cuerpo anónimo -que por obra y gracia de una inscripción en su sarcófago que veremos a continuación- se había convertido en el de Santa Petronila, fue llevado, junto con el sepulcro que lo contenía, a la Basílica de San Pedro -el “presunto” padre de la Santa- en el Vaticano. Actualmente aún se veneran allí [3], en una capilla impresionante con una bellísima pintura de Il Guercino que representa el entierro y apoteosis de la Santa.

Esta noticia del traslado de las reliquias la sabemos por el Liber Pontificalis, que dice textualmente que el papa Pablo “exinde eius venerabile ac sanctum corpus Petronillae, cum sarcofago marmoreo un quo reconditum inerat, abstulit, sculptum litteris eodem sarcofago legente: AUREAE PETRONILLAE FILIAE DULCISSIMAE. Unde non dubium est quia sculptura illa litterarum propria beati Petri apostoli manu designata esse dinosci ob amorem suae dulcissimae natae”.
Atención, que eso es importante. En dicho sarcófago se leía “Áurea Petronila, hija dulcísima”. Pero Pedro Sabino, que vio el sarcófago en 1474, afirmó que el primero nombre no debía leerse AUREAE, sino AURE(LI)AE, es decir, que no era Áurea, sino Aurelia. El nombre de la persona que ocupa ese sarcófago es Aurelia Petronila.

Queda claro que al poseer dua nomina -doble nombre-; esa persona es romana y de clase noble, además. Pero, ¿quién es Aurelia Petronila? ¿Es la mártir que aparece en el fresco, o una mujer noble que llevaba el mismo nombre, frecuente, por lo demás, en la onomástica romana? Pedro Sabino dijo también que dicha inscripción no permitía entender, ni que fuera mártir, ni mucho menos que fuera hija de San Pedro, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo.

Vista de la capilla de la Santa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia). En el interior del altar se encuentra su sepulcro.

Hay quienes han resuelto este tema afirmando que “Santa” Aurelia Petronila es la hija noble, martirizada, y descendiente de Titus Flavius Petrus (!!), abuelo de Vespasiano. Así la emparentaba con Santa Flavia Domitila, mártir titular de dichas catacumbas, Santa que también tiene una controversia parecida y de la que hablaré en su día. Pero tal asociación me parece aventurada e igual de inexacta. En efecto, ésta podría ser la tal Aurelia Petronila, pero nada nos dice que ésta última tenga que ser la mártir.

¿De quién son pues, los restos de Aurelia Petronila, venerados en el Vaticano como Santa Petronila, hija de San Pedro? No se sabe. Pero me parece importante dejar claro que una es Petronila, la mártir; otra, la tal Aurelia Petronila; y por último, la hija de San Pedro cuyo nombre desconocemos. En resumen: tres personas diferentes, infortunadamente unidas en una por culpa de malos estudiosos y hagiógrafos.

Y habréis notado que en ningún lado, aparte de la passio de los mártires Nereo y Aquiles, se habla de una compañera de martirio llamada Felícula. ¿Es posible que esta otra mártir no sea más que un invento del autor de dicha passio? Es posible y probable, además; tristemente, no sería el primer ni el único caso.

Pero no quisiera concluir sin hablar antes de la iconografía, patronazgo y culto a la Santa, que me parecen muy interesantes. En primer lugar, decir que Santa Petronila es la patrona de Francia y protectora de la -infortunada- monarquía francesa. Recordemos que se había prometido a Pipino el franco la exhumación de sus restos. También se ha dicho que su hijo Carlomagno, como emperador de Occidente, se consideraba hijo adoptivo de San Pedro y mandó que la nueva tumba de la Santa que se consideraba hija del Apóstol pasara a ser panteón de los reyes francos. Posteriormente, los Delfines -esto es, los príncipes herederos de Francia- también la adoptaron como patrona, pero porque entre los símbolos que decoraban su sarcófago había un delfín (!!!). Una explicación más detallada y mejor argumentada sobre este patronazgo de la Santa sobre Francia y su monarquía la podéis ver en este enlace. Por último, afirmar que también es protectora de los enfermos de fiebre y parálisis, de los lisiados en general y de los melancólicos, por entenderse que murió de tristeza.

La iconografía de la Santa es curiosa, dependiendo de la zona. Generalmente aparece como una fregona -es decir, con una escoba- y haciendo labores de la casa: limpiando, sirviendo la comida a su “padre” San Pedro y los demás discípulos… otras veces aparece portando un corazón ardiendo, en alusión a que murió “abrasada en el amor de Cristo” (!!) y también con un manojo de llaves, que es el atributo principal de su “padre” San Pedro, pero que también podría hacer alusión a su papel de ama de casa.

Iluminación gotica de Jean Roi para el manuscrito Speculum Historiale de Vicent de Beauvais (s.XV): Petronila sirviendo a la mesa de su padre (izqda.) y Felícula torturada en el potro (dcha.) Biblioteca Nacional de París, Francia.

A diferencia de otros lugares, en Alemania sí que ha calado su auténtica condición -la de mártir de Cristo- y por eso aparece debidamente representada con una palma. Son frecuentes las representaciones de la Santa muriendo “de amor”; en algunos casos ha dado lugar a pinturas bellísimas, como es el caso la obra de Simone Pignoni. Sin embargo, a juzgar por las pinturas de las catacumbas, queda claro que su muerte fue el martirio y que murió decapitada.

Resumiendo todo este rollo: Santa Petronila es una mártir romana venerada en las catacumbas de Domitila. No es hija de San Pedro, no tiene nada que ver con la hija paralítica de San Pedro, y tampoco puede afirmarse que sea la tal Aurelia Petronila cuyos restos se veneran en el Vaticano. La historia que se cuenta de ella es sólo un invento y no parece existir ninguna compañera de nombre Felícula.

Por desgracia, y a pesar de estas pruebas arqueológicas evidentes que demuestran lo contrario, hasta día de hoy esta Santa, además de poco conocida, se considera una virgen muerta de amor -o de horror- para escapar a un matrimonio indeseado, tomada por hija de San Pedro e ilustre fregona, cuando no estaba paralítica.

Santa Petronila, perdónanos, et ora pro nobis Deum.

Meldelen


[1] La cuestión de la filiación entre Pedro y Petronila es compleja. Generalmente se ha asumido que sería hija carnal, lo cual cuadraba relativamente bien porque sabemos que Pedro, como buen judío, era casado y padre de varios hijos cuando Nuestro Señor lo llamó. Sin embargo eso cuadra poco con la cronología de la Santa llamada Petronila y de su ubicación en Roma. Se ha querido arreglar este desperfecto aduciendo que se trataría de una hija “espiritual”, esto es, discípula de San Pedro. Sin embargo, en el fondo estas observaciones son irrelevantes: la passio de los mártires Nereo y Aquiles, que nos habla de la Santa, no tiene valor histórico y por tanto cualquier especulación sobre la misma es una pérdida de tiempo.
[2] Semejante anécdota, llena de una misoginia atroz, es -gracias a Dios- fruto de la imaginación del autor de la passio y hace un flaco favor a San Pedro, como cualquier creyente y seguidor del Evangelio podrá notar, convirtiendo al Apóstol en un ser cruel y poco practicante del amor de Cristo.
[3] En Namur y en Rekem (Bélgica) se veneran sendos cráneos tenidos por Santa Petronila; lo que casa mal con la tumba venerada en el Vaticano. Lo más probable, a pesar de la reticencia de los belgas en este aspecto, es que esos cráneos pertenezcan a presuntas compañeras de Santa Úrsula y que el nombre de “Petronila” les haya sido adjudicado arbitrariamente.

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La canonización de Juana de Arco

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Escultura de la Santa en una plaza de la ciudad de Compiègne, Francia.

Pregunta: Estoy en una comunidad de 20 personas y entramos en la duda y controversia si Juana de Arco ya fue nombrada Santa y si es asi deseamos saber todas las causas y demas motivos por los cuales la nombraron asi. Podrían ayudarme a resolver esta duda mil gracias que Dios les Bendiga.

Respuesta: En primer lugar, sí, Juana de Arco es Santa. Fue canonizada el 16 de mayo de 1920 por el papa Benedicto XV. Pero para entender bien todo el proceso por el cual llegamos a este punto, es preciso remontarnos al momento de su condena y ejecución en la hoguera. Hablar de Juana de Arco es siempre complejo y polémico, puesto que ha sido un personaje muy manipulado de acuerdo a conveniencias políticas y nacionalistas, sobre todo durante el siglo XIX.

Juana de Arco fue condenada a muerte por herejía el 29 de mayo de 1431 por un tribunal jurídico y eclesiástico sito en el arzobispado de Rouen. Sus faltas habían sido la insumisión al tribunal de la Iglesia, el vestir ropas masculinas y llevar cabello corto, haberse declarado enviada de Dios y visionaria y oyente de voces celestiales; pero ante todo, el haber acaudillado las tropas francesas contra los ingleses en la guerra (algo que, naturalmente, no consta en acta pero que fue el motivo de mayor peso). Veintitrés años después de su quema en la hoguera, la familia de Juana solicitó al papado un proceso de rehabilitación para ella, que fue autorizado por el entonces pontífice Calixto III. Tras una serie de investigaciones que llevaron a declarar numerosos testigos presentes en el proceso (frailes, jueces, verdugos), al fin, el 7 de julio de 1456, Juana de Arco fue rehabilitada y se le levantó la excomunión. Había quedado demostrado de sobra que el proceso condenatorio había sido injusto, plagado de irregularidades y de abusos, de falsificaciones de actas, de interrogatorios malintencionados y otras muchas infamias. El odio y el interés puramente político del arzobispo de Rouen, Pierre Cauchon, de sus allegados y de los propios ingleses, habían conducido a la condena y ejecución de una joven que no sólo era inocente de cualquier acusación de brujería, sino que además estaba dotada de una profunda espiritualidad y una devoción intachable.

Nadie había creído nunca que Juana fuese bruja o hereje y desde ese momento se había formado en torno a ella un halo de santidad. El horror y la compasión de aquellos testigos que luego declararían en el proceso de rehabilitación y del pueblo que la vio morir en la hoguera ya estaban santificándola mucho antes de que se pensara en ningún proceso oficial de reconocimiento a su santidad. Fue el pueblo francés quien empezó a construir el mito de la Juana de Arco heroína, salvadora de Francia, enviada de Dios. Durante 500 años la figura de Juana fue cambiando y modelándose de acuerdo a las necesidades patrióticas del pueblo francés, construyendo lentamente una heroína nacional aureolada de santidad, que diera satisfacción a las necesidades patrióticas y espirituales de un país cuyo devenir histórico está presente en cualquier manual de Historia. En el siglo XIX, los obispos franceses, con Dupanloup a la cabeza, solicitaron al papa Pío IX que se canonizara a la Doncella. La petición fue denegada. En cambio, su sucesor, León XIII, aprobó que su causa fuera trasladada a la Congregación de Ritos. No fue hasta Pío X que el proceso culminó y por fin, el 18 de abril de 1909, Juana de Arco fue beatificada. El camino hasta la canonización fue ya muy corto, como podemos ver.

La Santa rezando en la iglesia de Sèvres. Óleo de Paul Hippolyte Flandrin.

Lo que resulta realmente controvertido son las causas de la canonización, que el papado, ciertamente incómodo, acabó por ofrecer a la Francia de 1920. A esas alturas poco quedaba ya de la Juana original, había nacido un mito, una heroína nacional y patriótica que había sido enviada por Dios para salvar a Francia contra la tiranía de Inglaterra. Los argumentos esgrimidos, ciertamente, son más políticos y nacionalistas que religiosos. La Juana de Arco que fue canonizada en 1920 es el resultado de todo un proceso que sería demasiado complejo de analizar aquí. Naturalmente, no es que no hubieran razones buenas para reconocer la excepcionalidad y la maravillosa espiritualidad de aquella campesina lorena (no francesa) que había logrado lo que ninguna mujer en su época. Juana era inteligente, buena cristiana y devota; y en cuanto a las visiones y las voces, realmente sólo ella sabía si eran verdaderas, porque ello es indemostrable, pero desde luego siempre actuó creyendo fervientemente en su papel como enviada de Dios. El problema es que, en mi opinión, se ha instrumentalizado a esta persona convirtiéndola en algo que no era: no hay más que verla en las estatuas ecuestres para convenir en que más que una santa, parece lo que realmente ha sido forzada a ser: un caudillo militar y patriótico, un jefe de guerra, un héroe de nación.

En fin, creo que la respuesta está quedando demasiado larga y en cualquier caso siempre será un tema controvertido. Las actas de canonización de Juana de Arco actualmente no están disponibles para consulta (que yo sepa), pero, se den las razones piadosas que se quieran dar para la canonización, la realidad del proceso es ésta, política y nacionalismo, más que piedad y devoción. No digo con esto que no debiese ser Santa, en absoluto; ni que la canonización no sea válida, que tampoco; ni que el papado entrara en ese juego político y nacionalista, ni mucho menos. Digo, en cambio, que la auténtica canonización ya tuvo lugar en 1431, en aquella hoguera de la plaza de Rouen, y en aquella sentencia de Jean Tressart, secretario del rey inglés, cuando observando cómo arrojaban las cenizas de Juana al Sena, comentó amargamente: “¿Qué hemos hecho? ¡Hemos quemado a una santa!”. En fin, que la proclamación de la santidad de Juana se adelantó varios siglos al mito de la heroína nacional, y al propio proceso de canonización.

Meldelen

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Santos Sisinio, Martirio y Alejandro, mártires de Anaunia

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Icono de San Vigilio con los tres mártires de Anaunia, obra de Fabio Nones, Trento (Italia).

Este grupo de tres mártires de Trento representan un caso hagiográfico realmente interesante porque los datos biográficos y la “passio” están sólidamente garantizados por una serie de fuentes entre las cuales merecen ser destacadas dos cartas de San Vigilio, obispo de Trento, escritas a San Simpliciano obispo de Milán y a San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla. Estas cartas las escribió poco después de la muerte de los tres santos, exaltando el martirio y enviándoles reliquias; o sea, no puede existir más garantías porque las fuentes son fidedignas y del mismo año del martirio.

Sisinio era el mayor de los tres, era capadocio o griego y procedía de una familia noble. Vino desde aquella región oriental junto con sus dos hermanos, Martirio y Alejandro, abandonando su tierra y su familia, haciéndose peregrinos. Martirio había sido militar y había dejado el ejército cuando se hizo catecúmeno para recibir el bautismo. Los tres fueron colaboradores de San Ambrosio, que los envió a Trento para que ayudaran a San Vigilio, siendo los tres un apoyo a la obra evangelizadora emprendida por este santo obispo.

Sisinio fue ordenado de diácono, Martirio recibió el oficio de lector y Alejandro, el de hostiario y con estos ministerios, los tres fueron enviados a evangelizar la región de Anaunía (la actual Val di Non), que es un territorio bien delimitado dentro de la región de Trento. De ahí que a estos tres santos se les conozca también como los santos mártires de Anaunía o santos mártires anaunienses. Ellos fueron los primeros evangelizadores de aquellas tierras y con sus propios medios construyeron la primera iglesia cristiana para que en ella se reunieran los nuevos fieles. Ellos, allí mismo, llevaban una vida ascética viviendo en estado de virginidad.

En mayo del año 397, con ocasión de las lustraciones que los paganos solían realizar para conseguir la fecundidad de los campos, Sisinio tuvo que intervenir para proteger a una familia cristiana contra la imposición de que facilitara las víctimas para los sacrificios paganos según los turnos tradicionales que ellos mismos se habían impuesto. Las lustraciones eran unas ceremonias religiosas paganas que se hacian con diversos motivos: purificar las ciudades o los campos, a los rebaños y casas, a los niños, etc. y normalmente se realizaban mediante aspersiones, procesiones y sacrificios expiatorios. Esta actitud de Sisinio hizo que los paganos mostraran su hostilidad de forma muy cruel contra estos tres misioneros.

Procesión con las reliquias de los Santos en la ciudad de Sanzeno, Italia.

Los enfurecidos campesinos golpearon gravemente al diácono Sisinio la tarde del día 28 de mayo; a la mañana siguiente se presentaron aun más furiosos, saqueando y destruyendo la iglesia y matando finalmente a los tres hermanos; y después de haberlos arrastrado por un terreno empinado quemaron sus cuerpos delante de una figura del dios Saturno, en un fuego que hicieron con los propios materiales de la iglesia destruida.

San Vigilio fue rápidamente al lugar de los hechos, recogió los restos de los mártires que aun estaban entre los rescoldos del fuego y los llevó a Trento, donde aun se encuentran. Por la Epístola escrita por San Agustín a Marcelino (Epistulam 139 ad Marcellinum), sabemos que al día siguiente de ocurrir estos hechos, las autoridades romanas arrestaron a los principales responsables de este delito y se les impuso la misma pena, pero los cristianos, en un acto de perdón, intervinieron ante la corte imperial y los reos fueron perdonados.

El hecho de que este martirio ocurriera cuando ya los cristianos no eran perseguidos y en una época en la que incluso ya se les daba culto a los mártires, hizo que este hecho tuviera una enorme resonancia entre todos los cristianos. San Gaudencio obispo de Brescia y San Máximo obispo de Turín nos atestiguan que inmediatamente estos mártires recibieron culto y veneración.

El obispo Vigilio envió reliquias a la iglesia de Milán, donde en aquel mismo año (el 397) San Simpliciano había sucedido a San Ambrosio. El diácono Paulino da información precisa de cómo fueron acogidas en Milán las reliquias de estos clérigos mártires, llamándolos hermanos y compañeros de San Ambrosio.

En Milán, las reliquias se encuentran en la iglesia de San Simpliciano, donde actualmente y a lo largo de los siglos ha recibido culto popular, han sido muy veneradas; a ellas, por ejemplo, se les atribuye la victoria de la Liga Lombarda contra Federico Barbarroja, acontecida en Legnano en el año 1176. Tanto en Lombardía (especialmente en la zona de Milán) como en el Trentino, la veneración a estos tres hermanos mártires ha tenido enorme difusión, especialmente en la época del cisma de los “Tres Capítulos”.

Fotografía de un relicario de los tres mártires venerado en Belledo, Italia.

El códice CXXVI de la Biblioteca de Vercelli posee oraciones muy antiguas dirigidas a estos mártires anaunienses y en la Liturgia Ambrosiana tienen Misa propia con prefacio también propio. Como dije antes, ya San Vigilio envió reliquias a Constantinopla y en tiempos del famoso hagiógrafo, San Venancio Fortunato, obispo de Poitiers (536-610) ya también existían reliquias suyas en la iglesia de San Andrés en Ravenna.

San Vigilio construyó una basílica en el lugar del martirio en el Val di Non (concretamente en Sanzeno), pero esta fue demolida y sobre ella, se encuentra actualmente la iglesia parroquial de la localidad. Bajo el altar mayor de esta iglesia se encuentra un arca donde se guarda parte de la tierra quemada mezclada con algunos huesos de los mártires, aunque la mayor parte de las reliquias se conservan en la catedral de Trento. Dentro de la catedral estuvieron ubicadas primitivamente en la cripta, pero desde el año 1966 se encuentran en una preciosa urna sobre el altar a ellos dedicado. Aquel solemne traslado estuvo presidido por el cardenal Juan Colombo, quién con aquel motivo intercambió mensajes ecuménicos y de fraternidad con el entonces Patriarca Atenágoras I de Constantinopla. Hay que recordar que este Patriarca, junto con el Papa Beato Pablo VI, fueron quienes levantaron las respectivas excomuniones del año 1054 entre ambas Iglesias.

Vista del sepulcro de los tres Santos en Salzeno, Italia.

En el año 1997, con motivo del 1600 aniversario del martirio, las reliquias de estos tres santos recorrieron en peregrinación todas las parroquias del Trentino. Estos tres hermanos cristianos orientales misionaron en Occidente y son muy venerados por el conjunto de la Iglesia Universal.

Antonio Barrero

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Siervo de Dios Juan Gilabert Jofré

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El padre Jofré bautizando y amparando a los enfermos mentales. Lienzo de José de Vergara.

El Siervo de Dios Juan Gilabert Jofré, conocido popularmente como el Padre Jofré, fue un valenciano de la Orden Mercedaria que hizo de su vida en el Siglo XIV una dedicación completa a los más desfavorecidos y que además estudió Derecho.
Esta orden mercedaria a la que pertenecieron San Pedro Nolasco, San Pedro Pascual, San Ramón Nonato, San Pedro Armengol o San Serapio dedicaba su actividad a asistir y rescatar a los cristianos cautivos en la guerra de reconquista frente a los musulmanes.

En aquellas épocas los árabes tenían adelantos en la asistencia a enfermos y así el Padre Jofré conoció los tratamientos que se aplicaban a los enfermos mentales en el mundo islámico. En el mundo cristiano de la época los enfermos mentales eran considerados por la gente ignorante como endemoniados, lo que daba lugar a infanticidios, tratamientos exorcistas y abandonos.
Y sucedió que el Padre Jofré, un 24 de febrero de 1409, se dirigía a la Catedral a pronunciar un sermón y presenció cómo una pandilla de chavales perseguía a un joven demente, gritando “al loco… al loco” mientras lo apedreaban. El religioso se enfrentó a la turba y los detuvo pidiendo compasión, lo llevó a su convento y lo cobijó tras curar sus heridas.

El Padre Jofré, en el apasionado mensaje de su predicación, pidió a los asistentes caridad para los enfermos abandonados, objeto de burla y malos tratos. El mensaje fue tan convincente que conmovió a los asistentes y su sermón dio lugar a que de la iniciativa surgiera el proyecto que permitió inaugurar el primer psiquiátrico del mundo, hospicio denominado de los Santos Mártires Inocentes. Esta institución acabaría aglutinando a los diversos hospicios que en su momento tuvo la ciudad.

Las contundentes palabras del clérigo, no sin las reiteraciones propias del mensaje en que se pronunciaron, han llegado hasta hoy. “En la presente ciudad, hay mucha obra pía y de gran caridad y sustentación; pero aún falta una, que es de gran necesidad, cual es un “hospital” o casa donde los pobres inocentes y furiosos sean acogidos. Porque muchos pobres inocentes y furiosos van por esta ciudad, los cuales pasan grandes desaires de hambre, frío e injurias. Por tal, como por su inocencia y furor no saben ganar ni pedir lo que han de menester para sustentación de su vida, por lo que duermen por las calles y perecen de hambre y de frío, muchas personas malvadas, no teniendo a Dios ante los ojos de su conciencia, les hacen muchas injurias y daño, y señaladamente allá donde les encuentran dormidos los vejan y matan a algunos y a algunas mujeres avergüenzan. Asimismo, los pobres furiosos hacen daño a muchas personas que van por la ciudad. Estas cosas son notorias a toda la ciudad, por lo que sería santa cosa y obra muy santa que en la ciudad de Valencia fuese hecha una habitación u “hospital” en que semejantes locos e inocentes estuviesen de tal manera que no fuesen por la ciudad ni pudiesen hacer daño ni les fuese hecho”.

El padre Jofré protegiendo al demente. Óleo del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida. Palau de la Generalitat Valenciana, Valencia (España).

El Hospital de Inocentes, de los locos y orates, (Dels Ignoscents, dels folls y dels Orats), se inauguró en Junio de 1410 y estaba situado en lo que hoy es Biblioteca Valenciana, entre la calle Guillem de Castro y Hospital.
En dicho sanatorio se colocó una imagen de la Virgen que, según la tradición o leyenda, realizaron tres peregrinos que pidieron asilo por unos días en dicho hospital y que marcharon sin dejar otro recuerdo que la que se convertiría en la Mare de Déu dels Folls, Inocents i Desemparats y que, con esta última denominación, motivó el fervor de los valencianos para convertirse en la Patrona de Valencia y de sus tres provincias.

En aquella época, aquellos enfermos solían permanecer atados o encadenados, pero el Padre Jofré introdujo trabajos manuales, o dedicados a labores de la huerta, las mujeres hacían hilados, bordados y bolillos, juegos y distracciones, ejercicios, dietas adecuadas, higiene, tratamiento médico y terapia rehabilitadora.

El Padre Jofré, junto a San Vicente Ferrer, fundó el primer orfanato para niños abandonados y también dedicó atención a la protección de mujeres reformando a prostitutas.
Además organizó una Hospedería en El Puig, para atender los peregrinos pobres.
Sus restos se conservan finalmente en el magnífico Real Monasterio de los religiosos mercedarios de El Puig de Santa Maria, donde murió.

Recorte de periódico que habla de la fundación de la "Casa dels Ignoscencs". En la imagen, grabado antiguo de la primitiva imagen de Nuestra Señora de los Desamparados, patrona de la institución antes de serlo de Valencia.

En el año 1996, en el arzobispado de Valencia se inició la fase diocesana del proceso de beatificación, fase que ha quedado clausurada once años más tarde en el monasterio donde está sepultado. El proceso diocesano ya se había intentado concluir en dos ocasiones: a principios del siglo XIX y en los años treinta del siglo XX, pero en ambos casos, fue paralizado. El día de la clausura del proceso diocesano coincidió con el quinientos noventa y ocho aniversario del célebre sermón del Padre Jofré en la catedral de Valencia, en el que promovió la fundación del primer hospital psiquiátrico del mundo para la acogida y el tratamiento de los enfermos mentales. Actualmente, los documentos de la Causa se encuentran en Roma.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Pentecostés: la fiesta del Espíritu Santo

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Descenso del Espíritu Santo. Vidriera contemporánea.

Hoy celebramos la Fiesta de Pentecostés, hoy es la Fiesta del Espíritu Santo. Ya el año pasado escribimos sobre el significado de esta festividad, en la que conmemoramos la venida del Espíritu Santo sobre la Santísima Virgen y todo el colegio apostólico, cincuenta días después de la Resurrección de Nuestro Señor. Este año queremos darle un enfoque distinto y por eso vamos a poner dos textos, de dos santos de la Iglesia, uno que es una oración a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y el otro que es una homilía pronunciada en el día de Pentecostés.

Invocación al Espíritu santo de San Simeón, el Nuevo Teólogo:
Ven, luz verdadera,
Ven, vida eterna,
Ven, misterio que se oculta,
Ven, tesoro sin nombre,
Ven, realidad que estás más allá de todas las palabras,
Ven, Persona más allá de toda comprensión,
Ven, alegría sin fin,
Ven, luz que no conoce la noche,
Ven, espera infalible de los que somos salvados,
Ven, resurrección de los caídos,
Ven, resurrección de los muertos,
Ven, Todopoderoso, que no cesas de crear, que remodelas y cambias todas las cosas con tu santa voluntad,
Ven, Dios invisible a quién nadie puede tocar,
Ven, fuente de la paz,
Ven, pues eres el deseo que está dentro de mi,
Ven, mi aliento, mi vida,
Ven, consuelo de mi alma humilde,
Ven, alegría mía, gloria mía, delicia mía sin fin.

"Pentecostés", óleo de fray Juan Bautista Maíno (1620-25). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Homilía de San Juan Maximovich en el Día de Pentecostés
“Dios es Santísima Trinidad, Trinidad consustancial e indivisible. Consustancial, es decir, una esencia, una naturaleza de una Trinidad indivisible. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres dioses, sino un solo Dios ya que tienen una sola naturaleza.
Pero su naturaleza no es como la nuestra; nosotros tenemos una naturaleza, una esencia, pero no podemos decir que dos o tres personas tengamos una misma naturaleza por muy amigos que seamos, por muy cercanos que estemos. Todos tenemos un cuerpo, distinto uno del otro, todos tenemos nuestra propia voluntad, nuestros gustos, nuestro propio estado de ánimo. No importa que seamos similares en el cuerpo y en el carácter, porque no todo lo tenemos en común, no todo es lo mismo.

Con las Tres Personas de la Santísima Trinidad todo es común; el amor infinito del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre es el mismo amor entre ellos y el Espíritu Santo; su voluntad y todas sus acciones son comunes. Tienen una sola voluntad y todo está cumplido en ella. Lo que le agrada al Padre, agrada también al Hijo y al Espíritu Santo y lo que desagrada al Espíritu Santo, también desagrada al Padre y al Hijo. Ellos son el amor. Todo lo llevan a cabo conjuntamente, como Santísima Trinidad.

En la creación del mundo, la Biblia dice: “Y dijo Dios: hágase la luz y la luz fue hecha” (Génesis, 1, 3). ¿Qué significa esto? Significa que Dios Padre lo creó todo con su Palabra. ¿Y qué es la Palabra? Lo dice el evangelio: “En el principio existía el Verbo (Palabra) y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios” (Juan 1, 1) y se trata del Hijo Unigénito de Dios. Dios, el Padre, creó todas las cosas con su Palabra, o sea, todo lo que Él creó, lo creó a través de su Hijo. El Padre no crea nada sin el Hijo, así como el Hijo no crea nada sin el Padre y sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo crea el mundo, junto con el Padre y con el Hijo. Lo dice la misma Biblia: “y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas” (Génesis 1, 2). Se mueve sobre la creación, cubre la creación, calienta la creación como una gallina clueca calienta a sus huevos, sentándose sobre ellos y con su calidez saldrán criaturas vivientes.

Pentecostés. Icono copto.

“Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos y todo el poder de ellos, por el Espíritu de su boca” (Salmo 32, 6). Todo fue creado y traído a la vida por Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es decir, todo lo que el Padre quería o quiere, de inmediato fue y es cumplido por el Hijo y animado por el Espíritu Santo. Así se creó el mundo; así fue hecho por la providencia de Dios, el mundo y la humanidad. Y como el hombre se había alejado de Dios a causa del pecado y por esto se convirtió en mortal, el Hijo de Dios, de acuerdo con un consejo pre-eterno de la Santísima Trinidad, obedeciendo la voluntad del Padre, vino a la tierra, nació de la siempre Virgen Maria a través de la acción del Espíritu Santo, proclamando a los hombres la voluntad divina del Padre y enseñándonos a adorar a Dios.

Después de haber sufrido por nuestros pecados, descendió a los infiernos y después de liberar a las almas de los muertos, Él mismo, resucitó de entre los muertos. Cristo, antes de morir, dio poder a los apóstoles que Él había escogido entre sus discípulos para que pudieran atar y desatar los pecados cometidos por los hombres. Les concede este poder no a cada uno por separado sino a todos e su conjunto.
Estableció su Iglesia que es el depósito de la gracia estando unidos a ella todos los que creen en Él y en su amor. Y después de prometérselo a los apóstoles, les envió el Espíritu Santo y habiendo cumplido todo aquello para lo que había venido a la tierra, ascendió al cielo recibiendo en su humanidad toda la gloria y el honor que tenía como Hijo de Dios desde antes de la creación del mundo.

Al descender sobre sus discípulos, según su promesa, el Espíritu Santo, este los confirmó en la fe en Cristo y con su gracia, derramó sus dones sobre todos ellos. El Espíritu los fortaleció para que cumplieran su misión evangelizadora, para que se sintieran satisfechos propagando las enseñanzas de Cristo, para que edificaran la Iglesia que Cristo había fundado y hacerla funcionar. La Iglesia tiene los pies puestos en la tierra, pero está encabezada por el Hijo de Dios que está sentado a la derecha del Padre y que es misteriosamente guiada por el Espíritu Santo.
Ella une a sus hijos entre si y los une a Dios. A través de la Iglesia, los dones de la gracia se derraman sobre los que se esfuerzan en seguir el camino de Cristo, santifica y fortalece todo lo bueno en ellos, los limpia del pecado en el que puedan caer y los convierte en receptáculos de la irradiación de la gloria y del poder de Dios.

Pentecostés. Icono ortodoxo americano.

A través de la Iglesia, el hombre es hecho partícipe de la naturaleza divina y entra en relación estrechísima con la Santísima Trinidad. No solo el alma, sino que también el cuerpo del hombre es santificado y entra en comunión con Dios a través de su participación en la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; así el hombre se une a la Santísima Trinidad. A través de la gracia divina y con la participación de su propia voluntad y esfuerzo, el hombre se convierte en una nueva criatura, en un participante del Reino eterno de Dios.
Naturalmente, también se está preparando para la venida del Reino de Dios, para la purificación por el fuego que procede de las consecuencias del pecado y de la maldición que este produjo. Y esta preparación es el primer fruto de la santificación a través de la venida del Espíritu Santo y por medio de las aguas y otros ritos de la Iglesia, de modo que el hombre puede convertirse en una tierra nueva y en un cielo nuevo. Esto se logrará en el tiempo señalado por el Padre y por el Hijo”.

Finalmente, quiero terminar este artículo-oración con el canto en gregoriano del Himno “Veni Creator Spiritus”.

Antonio Barrero

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