Comentario a la leyenda de Santa Filomena (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Bajorrelieve neoclásico de la Santa, obra de Andrea Galassi. Museo de Sassari, Cerdeña.

Dentro de nuestra sección dedicada a Santa Filomena, virgen y mártir de las catacumbas romanas, lo que voy a presentar a partir de ahora en varias entregas es un comentario y análisis de la popular leyenda de la Santa, difundida a partir de presuntas revelaciones privadas. Como sé que alguno se tomará a mal el que lo haga, quisiera adelantar que lo hago sencillamente porque este ejemplo sirve prácticamente para todas las leyendas tardías de vírgenes mártires, y partiendo por delante mi inmenso respeto y cariño hacia la Santa, a la que profeso devoción personal. Por lo tanto, sirva esto de respuesta para los que pretendan entender que le estoy faltando al respeto a la Santa. Nada más lejos de mi intención.

Los restos de Santa Filomena, el vaso de sangre y la inscripción y simbología de la lápida, cuando fueron hallados en las catacumbas de Priscila en 1802, tan sólo daban la información de que se trataba de una joven mártir de la Iglesia primitiva. En realidad, esto es lo único que podrá asegurarse con veracidad. Sin embargo, la piedad de la época pedía saber más acerca de una mártir de la que era imposible saber nada más, según ocurre con los mártires de las catacumbas. Por eso, en 1832 nacía la leyenda de Santa Filomena, procedente de supuestas revelaciones privadas de la Santa a una monja napolitana, la Venerable Sor María de Jesús, y que dice estar refrendada por otras revelaciones alternativas a otras dos personas que no tuvieron contacto con ella. La realidad es que esas tres versiones no prueban la autenticidad de la leyenda, porque ninguna de las tres dice lo mismo. Tan sólo la versión de Sor María Luisa dice auténticos detalles. Aun cuando fuera aprobada por la Iglesia, esto se hizo tan sólo porque no contenía nada contrario a la fe, pero la realidad es que no es más que la reconstrucción idealizada de una típica leyenda medieval de virgen mártir, basándose exclusivamente en la interpretación – por otra parte, totalmente arbitraria- de los símbolos de su lápida. Esto puede demostrarse fácilmente analizando la leyenda paso a paso. Ésta comienza así:
“Yo soy la hija de un rey de un pequeño Estado de Grecia. Mi madre también era de sangre real.”

Apoteosis de la Santa. Fresco neoclásico en la cúpula de la Basílica de San Jean-Marie Vianney, Ars (Francia)

Será muy típico en las leyendas medievales que a las vírgenes mártires les atribuyan orígenes nobles o reales, precisamente para reforzar el prestigio de las mismas, como si valieran más por ser princesas o nobles, que por ser mártires de la fe. Pero así era en aquellos tiempos. Ese dato fue copiado para la leyenda de Filomena. Sería de ver si a las nobles las enterraban también en las catacumbas, pero en cualquier caso lo que aquí hay que ver por encima de todo es lo siguiente:

En la época de que hablamos, años 303-304, en el ocaso del mandato de Diocleciano, ya no existía ningún “pequeño Estado de Grecia”. De hecho, ya no existía Grecia como tal. El mosaico de polis griegas que formaban la nación helénica desapareció tras la conquista de Alejandro Magno y a su muerte todo lo conquistado por él se fragmentó en diversos reinos helénicos, y lo que había sido Grecia se convirtió en diversos reinos al mando de reyezuelos. Pero estamos hablando de una época anterior a Cristo. Cuando Roma conquistó estas zonas, en tiempos de la República, en principio respetó algunos reinos y a sus reyezuelos, convirtiéndolos en sus aliados. Pero poco después, ya sea porque a la muerte de estos reyezuelos, el reino era legado a Roma, ya sea por pactos políticos, estos reinos fueron suprimiéndose y anexionándose al Imperio, y los reyezuelos convertidos en gobernadores, o sustituidos por magistrados romanos. La parte oriental de la antigua Grecia, fue provincializada en tiempos de César, con el nombre de Acaya. Todavía estamos en la República. Para cuando Jesús vino al mundo, no quedaban reinos independientes en lo que había sido Grecia ni ningún rey gobernando en ella. Mucho menos, por tanto, cuatrocientos años después, en tiempos de Diocleciano, reformador administrativo, con un Imperio bien asentado, aunque amenazado en sus fronteras. Ni reinos ni reyezuelos en Grecia, por tanto. Quien escribió la leyenda, si fue Sor María Luisa u otra persona, desconocía estos datos, o no los quiso considerar.

Lienzo de la Santa donde aparece revestida de ropajes reales. Iglesia de San Bartolomé en Kolin, República Checa.

“No pudiendo tener hijos, mis padres continuamente ofrecían sacrificios y oraciones a los falsos dioses para obtener un niño. Nosotros teníamos en nuestra familia a un doctor de Roma llamado Publius, que era cristiano. Él se compadeció de la ceguera de mis padres, y especialmente tuvo compasión de mi madre por su infertilidad. Inspirado por el Espíritu Santo, habló a mis padres de nuestra Fe, y les hizo esta promesa: “Si queréis un niño, bautizaos y abrazad la religión de Jesucristo”. La gracia acompañó sus palabras, sus mentes fueron iluminadas y sus corazones ablandados. Aceptaron y siguieron el consejo de Publius. Fueron instruidos durante un tiempo y bautizados junto con varios de sus cortesanos. Al año siguiente -el 10 de enero para ser exacta- yo nací y fui llamada Lumina, porque había sido concebida y nací a la luz de la Fe, de la cual mis padres eran ahora verdaderos devotos. Cariñosamente me llamaban Filomena, o sea, Hija de la Luz, de esa luz de Cristo que habita en mi alma por la gracia que recibí en el bautismo.”

Dos observaciones fundamentales en este pasaje: primero, que el tema de los padres paganos infértiles, que se vuelven fértiles al abrazar al cristianismo, y que son regalados con un hijo o hija que será santo y mártir, es un tema ya muy recurrente en las leyendas de santos tardoantiguas y medievales. Otras veces son padres cristianos pero poco creyentes, que tras años de oración enfervorizada son bendecidos con el hijo. Abundan en las leyendas de santos ortodoxos estos detalles. Esto es una de las razones porque a Santa Filomena se la invoque para tener hijos, porque ella vino al mundo tras una conversión. Pero insisto en que es un dato tomado de las leyendas de santos tradicionales.

La segunda observación es la más importante: hay un gravísimo fallo de etimología en el nombre de Filomena. Si la niña era griega, le pondrían un nombre griego, no un nombre latino. Lumena, o Lumina, es un nombre que no está documentado en ningún lado. No existe. Los nombres femeninos que aluden a la luz, en latín, son Lucía, Lucila, Lucida, entre otros, pero todos con esta raíz. Lumena jamás ha sido documentado, y parece que esto haya surgido simplemente porque alguien leyó LVMENA por una parte y FI por la otra, aun sabiendo que la inscripción correctamente reconstruida dice FILVMENA. Inexplicable esta torpeza. Y por otra parte, pretender que Filomena sea un nombre latino, y que se quiera relacionar con “filia luminis”, es cometer un gravísimo fallo de etimología y poner sobre la mesa un total desconocimiento de las lenguas clásicas. El nombre de Filomena, tal cual es, y como está documentado en la lápida, existió siempre: significa ruiseñor, el ave que adora cantar, “filo”, amor, “menas”, canto, melodía. Y es un nombre griego. La ironía no es poca: teniendo ella un nombre griego en realidad, la leyenda lo destrozó pretendiendo que fuera latino para que significara “filia luminis”, cosa que no significa, y empeoraron las cosas, cuando la realidad era más sencilla. Filomena es un nombre de mujer, es griego, y significa ruiseñor. Sin discusión alguna. De hecho, pasó a la lengua latina sin cambiar su forma ni su significado, como prueba la lápida de la mártir, y otros tantos nombres griegos documentados en las catacumbas.

Educación de la Santa por Publio, ante sus padres. Vidriera decimonónica en la iglesia de la Santa, Santiago de Chile.

Tristemente, hasta hoy se sigue difundiendo esta equivocada etimología, alentada por esta leyenda absurda, que haciéndola nacer en una familia “real” griega, le metieron un significado latino a su nombre griego. El desastre no es poco. Pero aquí está la verdad del caso y cualquier estudioso auténtico de las lenguas clásicas lo tiene a la vista. Jacopo Della Voragine, autor de La Leyenda Áurea, podía permitirse mezclar latín con griego y destrozar etimologías de nombres, por la época de ignorancia en que vivió, y por ser su tarea más de recopilación que de autoría, pero que esto sucediera en una leyenda del siglo XIX, y que hasta el siglo XXI se haya seguido difundiendo este craso error, es simplemente inadmisible, se mire por donde se mire.

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

9 pensamientos en “Comentario a la leyenda de Santa Filomena (I)

  1. Muchas gracias, Ana Maria. Ya no se qué decir.
    Sobre Santa Filomena nos das dado información “como por un tubo” como decimos en Huelva y ahora te pones a desmenuzar y a rebatir esa “historieta inventada de su vida” y lo haces con unos argumentos que no hay quién los pueda refutar.
    La verdad es que creo que es un trabajo magnífico y espero ya el siguiente artículo del mes que viene. Creo que deberías publicar todos tus estudios sobre esta mártir de las catacumbas.

    • Gracias, Antonio. Como ves, a lo largo de esta laaaarga serie de artículos dedicados a Santa Filomena, primero he dado prioridad a lo que es importante y verídico: las pruebas documentales y arqueológicas de la existencia de la mártir.

      Ahora, como por desgracia y a pesar de haber sido hallada en el siglo XIX, era de la razón y el progreso, también se le inventó una leyenda, me pareció apropiado analizarla para que sirva de modelo y para que se vea que realmente, es un relato que no hay por dónde cogerlo.

      Esta serie también tiene su tiempo y cuando la publiqué más de uno se enfadó y recibí alguna amenaza -me amenazaron con la ira de la Santa, ¡fíjate!-; por eso me he visto obligada a añadir ese prólogo que se lee en el primer párrafo.

      Es cierto que la Iglesia aprobó estas supuestas revelaciones pero lo hizo porque no vio nada peligroso en ellas para la fe; ni obligó a creerlas, ni se manifestó más sobre el tema. Yo digo que no son revelaciones sino una chapuza mal escrita que se hizo mirando la Leyenda Áurea y poco más; por eso, voy a dedicarme a refutarlo en los próximos artículos y nada de eso me hace vacilar lo más mínimo en mi cariño y devoción hacia la Santa.

  2. Gracias Ana María por este completo curso de “Filomenismo”. Me pregunto en relación a aquellas supuestas revelaciones que fueron hechas a Sor MAría de Jesús en Nápoles de qué modo fueron hechas, si en sueños o de alguna otra forma inverosimil. También me cuestiono por curiosidad en qué se basaban o en qué molestó tu trabajo a quien te atacó cuando publicaste tus opiniones.

    • Ya que lo preguntas; las presuntas revelaciones se produjeron cuando la Venerable María Luisa de Jesús estaba orando ante una imagen de la Santa; y sintió gran deseo de conocer su vida y, sin más, la estatua empezó a hablarle (!!!!) y le contó la historia que verás en letra cursiva en éste y sucesivos artículos. Vamos, que una estatua se lo contó.

      Que me perdone la Venerable María Luisa, de cuya santidad y buenas intenciones no dudo; pero definitivamente esto no hay quien se lo crea.

      En cuanto a las amenazas que recibí en el anterior blog donde publiqué este análisis; fueron de varios devotos de la Santa que me amenazaron con su ira. Dijeron que lo que yo estaba diciendo enfurecía a Santa Filomena y que ella me castigaría severamente por dudar de su vida y de las revelaciones. Me dijeron que ella era “poderosa con Dios” -lo cual no sólo no dudo sino que además, corroboro- y que por tanto yo lamentaría lo que estaba diciendo.

      Que Dios los perdone, porque llevados por su devoción, estaban convirtiendo a una Santa de Dios en una especie de divinidad pagana vengativa, de ésas que enviaban mil males y castigos a sus fieles si les fallaban en lo más mínimo. Una concepción que nada tiene que ver con el amor y entrega de una niña que muere por Cristo.

      • Meldelen, no se quien sos…pero te leo tan “furibunda” contra Santa Filomena, que me llama mucho la atención, qué te motiva a “destrozar” su “historieta” como le llamas. No voy a discutir contigo por este medio…nisiquiera quiero discutir contigo, sino invitarte a que compartamos con seriedad científica y FE (una combinación algo difícil, pero no imposible), lo que sobre Filomena quieres compartir. Mi nombre es Clemente Guido Martínez, soy historiador de Nicaragua y mi correo es [correo editado por razones de seguridad] por lo que te invito a escribirme, para que pueda responder tu correo y comenzar lo que espero sea un respetuoso dialogo entre personas maduras sobre temas de interés. Si no me escribes, entenderé que no te interesa este diálogo. Con afecto, desde la Patria del Obispo Mártir, Fray Antonio de Valdivieso. afecto.

        • Estimado Clemente, gracias por tu preocupación, pero permíteme que te diga que me has juzgado mal. Yo no sólo no estoy contra Santa Filomena, sino que le tengo el mayor cariño y devoción a esta pequeña Santa, como habrías descubierto si te hubieses tomado la molestia de leerte la totalidad de los artículos que le he dedicado. No puedes sacar conclusiones sólo con haberte leído una única primera parte de toda esta serie, soltar tu correo electrónico -cosa que jamás deberías hacer por Internet, porque te convertirás en blanco de correos basura- y decir que, si no te escribo a mi vez, es que no me interesa este diálogo. ¿Cómo no ve ma a interesar, si he escrito sobre esta Santa, y muchísimo? Es sobre la Santa que más he escrito en ese blog, cosa que sabrías, nuevamente, si te hubieras molestado en leer todo lo que he escrito sobre ella, y entonces, ni hubieras dicho de mí eso que has dicho; ni me habrías hablado como si yo negara la conciliación entre ciencia y fe, algo en lo que creo tanto o más que tú, quizás.

          Por favor, discúlpame si no te escribo a tu correo, pero hasta que no hayas leído todo lo que he escrito sobre Santa Filomena y veas lo que en verdad pienso sobre esta querida Santa que venero desde mi infancia, no encuentro que estemos en un buen punto de partida para un debate justo. Me has juzgado sin conocerme y sin entender la totalidad de lo que yo quiero exponer; que precisamente es una combinación de ciencia y fe. Cuando lo hagas, estoy dispuesta al debate que gustes, pero aquí, en el blog, que para eso está y para que todos se beneficien de ello, no a escondidas donde nadie pueda disfrutar de una fructífera dialéctica. Cordiales saludos.

  3. Ana Maria a ver…¡que ya llego el Abel! jajajaja 😉
    Me parece que estas en tu derecho y libertad mas siendo entendida en este tema que hagas una “diseccion” de la/las leyendas de Santa Filomena.

    Te voy a decir lo unico de todo que me ha sabido mal,y es por decirlo asi,la “guasa” con la que te tomas el que la revelacion de esta vida de la Santa a la Venerable Sor Maria Luisa de Jesus le fuera revelado por una estatua de la Santa en cuestion.
    No entrare en el tema de los hechos prodigiosos por no llevar el debate a mas,pero las exclamaciones que has colocado tras comentar el hecho da a entender como una cosa inadmisible.

    • Abel de mi alma 🙂 Cuando he dicho que no dudaba de la santidad y buenas intenciones de la Venerable María Luisa; lo he dicho precisamente para que nadie piense que me burlo de ella. Pero me parece totalmente esperpéntico imaginarme una estatua de Santa Filomena hablándole y si conoces un poco el criterio de la Iglesia Católica, la primera en dudar y desconfiar de este tipo de manifestaciones es (¡sorpresa!) la Iglesia Católica. Así que no hago más que atenerme a su buen criterio: las revelaciones se aprueban porque no dicen nada herético, pero eso es todo, que es bien poco.

      El tema de las estatuas parlantes, al igual de las estatuas que lloran sangre, que se mueven de sitio, y cosas así, personalmente me parecen de un esperpento total y soy bastante escéptica al respecto. Pero ni todo mi escepticismo, que es mucho, se compara con el escepticismo de la Iglesia, que es la primera en estudiar y controlar estrictamente estos casos, y censurarlos la mayoría de veces al comprobarse que no son más que farsas.

      No hago referencia al caso de las revelaciones de Sor María Luisa porque no necesito cuestionar a la estatua parlante para demostrar que es una farsa; las incoherencias que le dijo lo prueban de sobra. Es que no hace falta casi ni estudiar la carrera de Historia para ir viendo la cantidad de fallos que tiene el relato; que los vamos a ir viendo próximamente, y te garantizo que no te aburrirás. 😀

      Además, si esa estatua realmente hubiese hablado, ¿no crees que se hubiera montado una auténtica parafernalia de cultos y santuario en torno a ella? ¿Por qué no se sabe nada de dicha estatua ni dónde está? Para mí, nunca hubo estatua parlante alguna. Y gracias a Dios, que es más sabio que todas estas bobadas.

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