Pentecostés: la fiesta del Espíritu Santo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Descenso del Espíritu Santo. Vidriera contemporánea.

Hoy celebramos la Fiesta de Pentecostés, hoy es la Fiesta del Espíritu Santo. Ya el año pasado escribimos sobre el significado de esta festividad, en la que conmemoramos la venida del Espíritu Santo sobre la Santísima Virgen y todo el colegio apostólico, cincuenta días después de la Resurrección de Nuestro Señor. Este año queremos darle un enfoque distinto y por eso vamos a poner dos textos, de dos santos de la Iglesia, uno que es una oración a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y el otro que es una homilía pronunciada en el día de Pentecostés.

Invocación al Espíritu santo de San Simeón, el Nuevo Teólogo:
Ven, luz verdadera,
Ven, vida eterna,
Ven, misterio que se oculta,
Ven, tesoro sin nombre,
Ven, realidad que estás más allá de todas las palabras,
Ven, Persona más allá de toda comprensión,
Ven, alegría sin fin,
Ven, luz que no conoce la noche,
Ven, espera infalible de los que somos salvados,
Ven, resurrección de los caídos,
Ven, resurrección de los muertos,
Ven, Todopoderoso, que no cesas de crear, que remodelas y cambias todas las cosas con tu santa voluntad,
Ven, Dios invisible a quién nadie puede tocar,
Ven, fuente de la paz,
Ven, pues eres el deseo que está dentro de mi,
Ven, mi aliento, mi vida,
Ven, consuelo de mi alma humilde,
Ven, alegría mía, gloria mía, delicia mía sin fin.

"Pentecostés", óleo de fray Juan Bautista Maíno (1620-25). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Homilía de San Juan Maximovich en el Día de Pentecostés
“Dios es Santísima Trinidad, Trinidad consustancial e indivisible. Consustancial, es decir, una esencia, una naturaleza de una Trinidad indivisible. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres dioses, sino un solo Dios ya que tienen una sola naturaleza.
Pero su naturaleza no es como la nuestra; nosotros tenemos una naturaleza, una esencia, pero no podemos decir que dos o tres personas tengamos una misma naturaleza por muy amigos que seamos, por muy cercanos que estemos. Todos tenemos un cuerpo, distinto uno del otro, todos tenemos nuestra propia voluntad, nuestros gustos, nuestro propio estado de ánimo. No importa que seamos similares en el cuerpo y en el carácter, porque no todo lo tenemos en común, no todo es lo mismo.

Con las Tres Personas de la Santísima Trinidad todo es común; el amor infinito del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre es el mismo amor entre ellos y el Espíritu Santo; su voluntad y todas sus acciones son comunes. Tienen una sola voluntad y todo está cumplido en ella. Lo que le agrada al Padre, agrada también al Hijo y al Espíritu Santo y lo que desagrada al Espíritu Santo, también desagrada al Padre y al Hijo. Ellos son el amor. Todo lo llevan a cabo conjuntamente, como Santísima Trinidad.

En la creación del mundo, la Biblia dice: “Y dijo Dios: hágase la luz y la luz fue hecha” (Génesis, 1, 3). ¿Qué significa esto? Significa que Dios Padre lo creó todo con su Palabra. ¿Y qué es la Palabra? Lo dice el evangelio: “En el principio existía el Verbo (Palabra) y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios” (Juan 1, 1) y se trata del Hijo Unigénito de Dios. Dios, el Padre, creó todas las cosas con su Palabra, o sea, todo lo que Él creó, lo creó a través de su Hijo. El Padre no crea nada sin el Hijo, así como el Hijo no crea nada sin el Padre y sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo crea el mundo, junto con el Padre y con el Hijo. Lo dice la misma Biblia: “y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas” (Génesis 1, 2). Se mueve sobre la creación, cubre la creación, calienta la creación como una gallina clueca calienta a sus huevos, sentándose sobre ellos y con su calidez saldrán criaturas vivientes.

Pentecostés. Icono copto.

“Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos y todo el poder de ellos, por el Espíritu de su boca” (Salmo 32, 6). Todo fue creado y traído a la vida por Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es decir, todo lo que el Padre quería o quiere, de inmediato fue y es cumplido por el Hijo y animado por el Espíritu Santo. Así se creó el mundo; así fue hecho por la providencia de Dios, el mundo y la humanidad. Y como el hombre se había alejado de Dios a causa del pecado y por esto se convirtió en mortal, el Hijo de Dios, de acuerdo con un consejo pre-eterno de la Santísima Trinidad, obedeciendo la voluntad del Padre, vino a la tierra, nació de la siempre Virgen Maria a través de la acción del Espíritu Santo, proclamando a los hombres la voluntad divina del Padre y enseñándonos a adorar a Dios.

Después de haber sufrido por nuestros pecados, descendió a los infiernos y después de liberar a las almas de los muertos, Él mismo, resucitó de entre los muertos. Cristo, antes de morir, dio poder a los apóstoles que Él había escogido entre sus discípulos para que pudieran atar y desatar los pecados cometidos por los hombres. Les concede este poder no a cada uno por separado sino a todos e su conjunto.
Estableció su Iglesia que es el depósito de la gracia estando unidos a ella todos los que creen en Él y en su amor. Y después de prometérselo a los apóstoles, les envió el Espíritu Santo y habiendo cumplido todo aquello para lo que había venido a la tierra, ascendió al cielo recibiendo en su humanidad toda la gloria y el honor que tenía como Hijo de Dios desde antes de la creación del mundo.

Al descender sobre sus discípulos, según su promesa, el Espíritu Santo, este los confirmó en la fe en Cristo y con su gracia, derramó sus dones sobre todos ellos. El Espíritu los fortaleció para que cumplieran su misión evangelizadora, para que se sintieran satisfechos propagando las enseñanzas de Cristo, para que edificaran la Iglesia que Cristo había fundado y hacerla funcionar. La Iglesia tiene los pies puestos en la tierra, pero está encabezada por el Hijo de Dios que está sentado a la derecha del Padre y que es misteriosamente guiada por el Espíritu Santo.
Ella une a sus hijos entre si y los une a Dios. A través de la Iglesia, los dones de la gracia se derraman sobre los que se esfuerzan en seguir el camino de Cristo, santifica y fortalece todo lo bueno en ellos, los limpia del pecado en el que puedan caer y los convierte en receptáculos de la irradiación de la gloria y del poder de Dios.

Pentecostés. Icono ortodoxo americano.

A través de la Iglesia, el hombre es hecho partícipe de la naturaleza divina y entra en relación estrechísima con la Santísima Trinidad. No solo el alma, sino que también el cuerpo del hombre es santificado y entra en comunión con Dios a través de su participación en la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; así el hombre se une a la Santísima Trinidad. A través de la gracia divina y con la participación de su propia voluntad y esfuerzo, el hombre se convierte en una nueva criatura, en un participante del Reino eterno de Dios.
Naturalmente, también se está preparando para la venida del Reino de Dios, para la purificación por el fuego que procede de las consecuencias del pecado y de la maldición que este produjo. Y esta preparación es el primer fruto de la santificación a través de la venida del Espíritu Santo y por medio de las aguas y otros ritos de la Iglesia, de modo que el hombre puede convertirse en una tierra nueva y en un cielo nuevo. Esto se logrará en el tiempo señalado por el Padre y por el Hijo”.

Finalmente, quiero terminar este artículo-oración con el canto en gregoriano del Himno “Veni Creator Spiritus”.

Antonio Barrero

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19 pensamientos en “Pentecostés: la fiesta del Espíritu Santo

  1. Antonio

    Si los apóstoles estaban reunidos y encerrados en aquella casa que nos habla los hechos de los apóstoles por miedo; y entre ellos estaba la Madre de Dios. ¿Ella también tendría miedo? Al recibir el Espíritu Santo ¿Recibiría María también algún don o gracia? lo digo pues afirmamos que María es “la llena de gracia”, tampoco quiero decir que ella fuese excluida de este evento.

    Espero que mi pregunta no te sea de la Escolástica baja o tardía.

    • Emmanuel,
      El Libro de los Hechos de los Apóstoles empieza así la narración: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar” (Hechos, 2, 1). ¿Eso quiere decir que estaban solo los apóstoles? Pues no.
      Estaban los apóstoles, algunos discípulos, las mujeres que normalmente acompañaban al Maestro y Maria y todos recibieron la plenitud del Espíritu Santo.

      ¿Maria también? Maria también recibió al Espíritu Santo, pero Maria ya era la llena de gracias, ya tenía de plenitud de la gracia desde el momento de su Concepción Inmaculada y más cuando aceptó el anuncio del ángel Gabriel en Nazareth.

      ¿Cuándo tuvo miedo Maria? Nunca. Quedó embarazada siendo joven, no estando casada, viviendo en un lugar pequeño y expuesta a ser lapidada por adúltera y ella lo sabía y aceptó. Nació su hijo y por salvarlo tuvo que huir a Egipto, lo educó trabajando y con medios muy escasos, seguro que lo siguió muchas veces durante su vida pública y sobre todo estuvo allí en el momento supremo de la Cruz. ¿Miedo Ella? Jamás; fue siempre valiente y dando la cara.

      ¿El Espíritu Santo la llenó aun más de valor en Pentecostés? No era necesario. Ella ya era la mujer perfecta, valiente, el primer apóstol de su Hijo…, lo tenía todo. ¿Y estaba allí encerrada por miedo? Ni hablar. Estaba allí con ellos apoyándolos, calmándolos, queriéndolos, siendo la Madre de todos ellos. Como la gallina acoge a todos los polluelos.
      Esto no es una explicación escolástica. Esta es la pura realidad; si no hubiera existido Maria, no habría habido Redención. Maria fue indispensable en los planes de Dios, por supuesto porque Dios mismo lo quiso así.

  2. Ya que estamos en discusiones escolásticas, allá va la mía y espero no crear mucho barullo mental.
    En los Evangelios aparecen dos pasajes, aparentemente contradictorios, que tienen que ver con la recepción del Espíritu Santo. En uno, Jesús resucitado se aparece en medio de sus discípulos y exhala su aliento sobre ellos; diciendo, “recibid el Espíritu Santo”. Y el otro es el que conmemoramos hoy, la venida del Espíritu en forma de lenguas de fuego cuando los discípulos estaban escondidos.
    ¿A qué vienen estas dos situaciones contradictorias? ¿Cuándo vino el Espíritu Santo, a través del aliento de Jesús o después, en forma de lenguas de fuego? Porque las dos veces no tiene mucho sentido…

    • No existe contradicción alguna.
      Cuando Jesús Resucitado se presenta a los doce, que estaban encerrados por miedo, los saluda y enseña sus llagas, exhala sobre ellos su aliento y les dice “recibíd el Espíritu Santo”, inmediatamente continuó la frase diciéndoles: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Juan, 20,19-23), lo hace para saludarles, animarles, fortalecerles con la fuerza del Espíritu y darles el poder de perdonar los pecados. Pero después de esto ellos siguen con el mismo miedo de siempre y siguen escondidos. Cristo les alienta y da poderes, pero ellos siguen siendo “unos quejicas”. ¿No habían recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Cena y aun así, horas más tarde, escaparon como unos cobardes?

      Pero la plenitud del Espíritu Santo, vino en Pentecostés. Entonces fue cuando ellos recibieron sus siete dones, entre ellos el don de lenguas y entonces fue cuando los cambió como se cambia un calcetín al darle la vuelta, les quitó el miedo, los transformó en apóstoles de verdad. Antes, solo “habían sido sus seguidores” pero nunca habían dado testimonio de El. ¿Ves la diferencia?

      • ¿Debo entender entonces que no les bastó el mismísimo aliento de Cristo, y que tuvieron que ver un espectáculo apoteósico -viento fuerte, llamas de fuego- para empezar a creer y que les “hiciese efecto” el Espíritu Santo? ¿Después de haberlo visto a Él mismo resucitado? Eso no deja en muy buen lugar a los pobres discípulos.

        • Es que realmente aunque convivieron con El durante tres años, aunque vieron sus muchos milagros y oyeron todas sus predicaciones, aunque fueron consagrados y comieron su Pan en la Cena, aunque lo vieron Resucitado y glorioso e incluso subir a los cielos, eran….. unos pobres hombres. Débiles, cobardes, timoratos, incrédulos, analfabetos (casi todos), ignorantes…. La transformación se produjo en Pentecostés y no por las lenguas de fuego o ráfagas de vientos, sino porque el Espíritu de Dios les llegó hasta el tuétano, los traspasó, se apoderó de ellos. Como te dije antes, los cambió como a un calcetín.

  3. Gracias Antonio. Fantástico el artículo que demuestra la coincidencia con los ortodoxos (por las dos homilías señaladas) de la universalidad del espíritu santo. Me pregunto en este caso si los credos protestantes tienen la misma concepción del espíritu santo que tienen católicos y ortodoxos.

    • La práctica totalidad de las Iglesias Protestantes aceptan el Credo de Nicea, el Credo de San Atanasio y el Credo de los Apóstoles, por lo que en cuanto a la doctrina trinitaria no se diferencian en nada de las Iglesias Católica y Ortodoxa. Son minoritarias las “sectas” que no lo aceptan como los Testigos de Jehová, los Pentecostales y no se si alguna otra.

      • Antonio respecto a eso, yo tengo un familiar que es adventista del séptimo día y siempre que habla al respecto dice que ellos consideran que Cristo es sólo hijo de Dios y no Dios, entonces creo que aqui si hay una diferencia importante.

        • Andrés, cuando yo me refiero a las Iglesias Protestantes que aceptan el Credo de Nicea (y por lo tanto, la Trinidad) me estoy refiriendo a las grandes: Anglicanos, Luteranos, Calvinistas, Episcopalianos, etc.
          Las otras iglesias protestantes minoritarias que no aceptan el Credo, con todos los respetos, para mi son sectas, porque quién no considere a una de las Tres Personas como Dios, simplemente no es cristiano.
          ¿Se puede ser cristiano y decir que Cristo no es Dios como hacen por ejemplo los Testigos de Jehová? Yo creo sencillamente, que no.

      • A ver, según patriarcados sí hay diferencia en la concepción trinitaria entre ortodoxos y católicos, en un matiz que podría parecer minúsculo, pero que tiene sus repercusiones teológicas. ¿Os acordáis de la frase del credo sobre el E.S. que dice: … que procede del Padre y del Hijo. Pues los ortodoxos, tomando al pie de la letra el pasaje antes comentado dicen que el E.S. …procede del Padre por el Hijo. No sé si veis la diferencia, que no es tan baladí si rascamos teológicamente. Esto viene de los primeros siglos y provocó agrias discusiones.

        • David, aunque este comentario ya lo he hecho, lo repito de nuevo:
          En lo referente al “Filioque”, quiero decirte que la primera versión de Credo se fijó en el Concilio de Nicea en el año 325; como bien sabes, ese Credo se conoce como Credo Niceno. En este Credo no se hacía referencia alguna al origen del Espíritu Santo ya que lo que en ese momento se intentaba era combatir el arrianismo en lo relativo a la figura de Cristo, por lo que en ese Credo se incluyeron las frases: “engendrado, no creado” y “de la misma naturaleza del Padre”, refiriéndose a la Persona del Hijo.

          Este Credo se amplió en el Concilio de Constantinopla en el año 381 y en este Credo, se agregó que el Espíritu Santo procede del Padre conforme se manifiesta en el evangelio de San Juan. El Concilio agregó: “Y en el Espíritu Santo que procede del Padre”. Este texto lo conocemos como Credo niceno-constantinopolitano, pero no tuvo carácter normativo hasta el Concilio de Calcedonia en el año 451, que prohibió expresamente cambiarlo.

          Por mucho que nosotros al rezar este Credo digamos “que procede del Padre y del Hijo”, el texto original del Concilio solo dice “que procede del Padre”; o sea, nos saltamos lo decretado por el Concilio de Calcedonia.

          ¿Y por qué hacemos eso? Porque en el primer concilio de Toledo celebrado antes (en el 397, pero que no es un Concilio Ecuménico) se añadió el “Filioque” por lo que se empezó a decir que el “Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. Recuerdo que el Concilio Ecuménico de Calcedonia prohibió cambiar el Credo niceno-constantinopolitano, que fue el dictaminado por el anterior Concilio Ecuménico de Constantinopla.

          Esta cláusula del “Filioque” se extendió por Europa, pero el Papa San León III, en el concilio de Aquisgrán que fue convocado por Carlomagno, prohibió el uso de esta cláusula, para que el Credo volviera a su definición original y así, sin el “Filioque” se grabó en dos tablas de plata que fueron expuestas en la Basílica Vaticana.

          Pero a pesar de esta prohibición papal, esta cláusula se siguió utilizando, permitiéndolo Roma “bajo cuerda”. Y para terminar de liarla, el Papa Benedicto VIII cuando consagró al emperador Enrique II, recitó el Credo con el “Filioque”. Esta actitud sería una de las causas del llamado cisma de Focio que fue el germen del futuro Gran Cisma del 1054.

          Resumiendo, cuando nosotros rezamos el Credo con el “Filioque”, no rezamos la versión original del Concilio Ecuménico de Constantinopla, versión que corroboró el Concilio Ecuménico de Calcedonia que, además, prohibió tajantemente cambiarlo.
          Luego independientemente de si el Espíritu Santo procede del Padre o si procede del Padre y del Hijo, el texto original del Credo dice solo que “procede del Padre”.

          • Pienso que lo mejor es dejarnos iluminar por unos artículos del Catecismo que hablan al respecto. Es donde mejor viene de lo que he buscado. Lo pongo literal, porque mejor seguro que no lo sé poner yo. Se trata de los números 246 al 248.

            246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu “procede del Padre y del Hijo (Filioque)”. El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: “El Espíritu Santo […] tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración […]. Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único al engendrarlo a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente” (DS 1300-1301).
            247 La afirmación del Filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa san León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 (cf. Quam laudabilitier: DS 284) antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.
            248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como “salido del Padre” (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo (cf. AG 2). La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice “de manera legítima y razonable” (Concilio de Florencia, 1439: DS 1302), porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que “principio sin principio” (Concilio de Florencia 1442: DS 1331), pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él “el único principio de que procede el Espíritu Santo” (Concilio de Lyon II, año 1274: DS 850). Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.
            Queda muy claro, ¿verdad?

    • Abel,
      Aunque no entiendo bien tu comentario, deduzco por la frase final “para nosotros ocurrió realmente”, que afirmamos que Pentecostés fue un hecho histórico. Asi fue realmente, lo que pasa es que ese hecho histórico, cambió el rumbo de la Iglesia, le dió nuevos brios.

      Lo que no entiendo es la expresión “aunque no tenga ni de lo uno ni de lo otro”

  4. Antonio muchas gracias por el articulo, muy interesante el sermon de San Juan Maximovich y la invocación al Espiritu Santo, este hecho fundador de la Iglesia creo que a veces en la feligresía en general es muy desconocido y con muy poca relevancia por el mismo desconocimiento del significado de este acontecimiento, asi que siempre sera excelente dar a canocer más sobre ella, muchas gracias, y el canto es maravilloso.

    • Pues quien frecuente los servicios litúrgicos sabe de sobras que Pentecostés tiene prácticamente la misma consideración que la Pascua.
      La Pascua: Resurrección de Cristo.
      Pentecostés: el Nacimiento de la Iglesia.

  5. Amigo David,
    En tu comentario terminas diciendo que todo queda muy claro y aunque ambos somos católicos, yo te digo que no. Y te digo que no porque yo no discuto la “procedencia del Espíritu Santo” sino la conveniencia o no de haber incluido la cláusula del “Filioque” en el Símbolo Niceno-constantinopolitano, cuando expresamente, el Concilio Ecuménico de Calcedonia (donde también estaba la representación de Roma) prohibió expresamente modificarlo.

    El Símbolo decía textualmente: “Καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον, τὸ κύριον, τὸ ζωοποιόν, τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον, τὸ σὺν Πατρὶ καὶ Υἱῷ συμπροσκυνούμενον καὶ συνδοξαζόμενον, τὸ λαλῆσαν διὰ τῶν προφητῶν”. O sea: “Y en el Espíritu Santo, Señor Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, y que habló por los profetas”.
    En este texto aunque no se dice que el Espíritu procede del Hijo, está claro que da a entender que existe una estrecha relación entre ambos, porque ambos son Dios, junto con el Padre y los tres tienen que ser adorados y glorificados.

    Yo se que en Occidente, desde los tiempos de San Ambrosio y San Agustín había quienes defendían lo expresado por dicha cláusula, pero también es verdad que entre los Santos Padres orientales, también habían quienes no lo hacían, como San Basilio o San Atanasio. San Ireneo lo dice de otra manera: “Todo viene del Padre por el Hijo en el Espíritu Santo”. Durante siglos coexistieron pacíficamente las dos fórmulas: “qui ex Patre procedit” y el “qui ex Patre Filioque procedit”, pero el Credo decía lo que decía y expresamente se prohibió cambiarlo. Se planteaba de diferente manera el acceso al misterio de la Trinidad, pero todos aceptaban su integridad.

    Tu sabes que la teología oriental parte de la confesión en las Tres Personas Divinas para hablar después de su Unidad en esencia, mientras que en Occidente se habla primero de Un Solo Dios, para seguir diciendo que en Él hay Tres Personas distintas. Ambas posturas no son incompatibles, sino que son complementarias. La oposición entre ambas teorías es ficticia.

    Cuando San León Magno en el Sermón de Pentecostés I utiliza el Filioque en el año 447, no está dogmatizando. Entonces, los dogmas no los declaraba Roma sino que lo declaraban los Concilios Ecuménicos. Si hubiera sido declarado dogma por San León Magno, ¿cómo el Papa San León III, en el concilio de Aquisgrán que fue convocado por Carlomagno, prohibió el uso de esta cláusula, para que el Credo volviera a su definición original?

    Pero conforme nos acercamos a finales del siglo IX, la cosa se va liando, más por cuestiones políticas que estrictamente religiosas y en el Concilio IV de Constantinopla se excomulga al Patriarca Focio, a quién las Iglesias Ortodoxas consideran como un gran Santo teólogo. ¿Excomulgado y Santo? No nos extrañemos porque también nosotros tenemos a anti-papas santos. Y es aquí cuando empieza la gestión del Gran Cisma que culmina en el 1054.

    Resumiendo: cuando el Papa Benedicto VIII incluyó la cláusula del “Filioque” en el rezo del Credo de la misa de consagración del emperador Enrique II en el año 1014, “metió la pata hasta el corbejón”; el Gran Cisma vendría cuarenta años más tarde. Pero bueno, yo no discuto el dogma en sí, sino la oportunidad de incluir la cláusula “Filioque” en el Credo cuando Calcedonia lo prohibió y me felicito porque ambas Iglesias han nombrado a una comisión de teólogos para que estudien la posibilidad de llegar a un entendimiento que facilite de nuevo la unión.

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