Martyrium: por los pelos

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Santa Bárbara, asida por los cabellos por su padre antes de la ejecución. Grabado a partir de un lienzo original barroco. Istituto Nazionalle dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

En el cuero cabelludo –es decir, la piel que recubre nuestro cráneo, de la cual brotan nuestros cabellos- hay muchos vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas, por lo que es una zona que, herida, sangra abundantemente y se percibe gran dolor. Un simple tirón de cabellos basta para hacernos saltar las lágrimas, por lo que –tristemente- no debe extrañarnos que fuera desde antiguo contemplado como un lugar en el que recibir tortura. Especialmente las mujeres, quienes, siguiendo los cánones de belleza más ancestrales, siempre llevaban la cabellera larga como el más bello símbolo de feminidad. Fue frecuente, para castigar a una prisionera, colgarla de los cabellos para que el peso muerto del cuerpo colgante recayera en el cuero cabelludo, causando un sufrimiento difícil de imaginar. Fue frecuente, también –y esto ha durado hasta la actualidad- afeitarles el cráneo a las mujeres para despojarlas de su feminidad y humillarlas públicamente. Como ya he dicho, el cráneo rapado se atormentaba de muchas formas, siendo despellejado, quemado, atravesado con clavos o coronado de espinas. A veces se arrancaba el cabello con piel incluida, práctica atroz y cruel que también padecieron algunos varones, especialmente cautivos celtas y otros pueblos no romanos donde los varones también lucían larga cabellera. Todos los que han padecido este tormento se invocan para la pérdida del cabello.

Santa Fausta de Cízico (20 de septiembre): le fue afeitada la cabeza para su pública humillación.

Santa Sinforosa: la colgaron de los cabellos frente a un templo para ser objeto de burla de todos los transeúntes.

Santa Zoe de Roma: fue colgada por los cabellos a un árbol y encendida una hoguera bajo sus pies.

Santa Gliceria: mártir de Heraclea que primero fue arrastrada por los cabellos y luego colgada de los mismos por el techo, para serle finalmente arrancado el cuero cabelludo.

Santa Mírope de Quíos: le raparon por completo la cabeza y la pasearon así por la ciudad para humillarla.

Santas Justa y Rufina: fueron colgadas por los cabellos al techo de su celda y flageladas hasta que perdieron el conocimiento.

Santa Crispina: mártir africana a la que también le fue afeitada la cabeza para su pública humillación.

Santa Juliana de Nicomedia: estuvo colgada de los cabellos mientras le arrojaban aceite y pez hirviendo sobre el cuerpo.

Santa Julia: también estuvo colgando del cabello mientras le arrancaban los pechos con tenazas. A veces también se representa así a Santa Águeda.

Santa Restituta de Túnez (17 de mayo): la colgaron de los cabellos a un palo para estirarla hacia abajo y torturarla, llegándole a clavar los pies y colgarle pesos para aumentar su sufrimiento.

Santa Bárbara: es la santa asociada por excelencia a los tirones de cabello, porque al saber su padre que se había convertido al cristianismo, la golpeó y arrastró por el suelo cogida de los cabellos, de modo que siempre aparece así en la iconografía, también los verdugos, mientras la torturan, le están tirando del cabello.

Santa Eufemia: estuvo colgada por los cabellos al techo de su celda una noche entera, medida que se tomó para ver si el dolor la hacía ceder al sacrificio pagano, cosa que fue en vano.

Santa Yolana: virgen mártir gala, compañera de Santa Benedicta de Origny, que estuvo también colgada de los cabellos en castigo por haber predicado el Evangelio.

Santa Gudelia: le arrancaron el cuero cabelludo hasta despellejarle el cráneo por completo, para ser luego coronada con espinas.

Santa Teonila: de avanzada edad, reprochó al juez que le hiciera afeitar la cabeza para humillarla, siendo a continuación también coronada con espinas.

Santa Caritina: le afeitaron la cabeza y le quemaron cráneo con carbones encendidos.

Santa Cristina: le raparon la cabeza también y luego fue expuesta al público calva y desnuda, que no obstante se compadeció de ella, especialmente las mujeres.

Santas Digna y Emérita (22 de septiembre): según la passio, fueron colgadas de sus cabellos y torturadas en el ecúleo con hierros al rojo vivo.

Santa Maura de Antínoe (3 de mayo): le arrancaron la cabellera, con cuero cabelludo y todo.

Santa Julia, colgada de sus cabellos para el tormento. Fresco de Ferramola en la capilla de Santa Maria in Solario, monasterio de la Santa en Brescia, Italia.

En las pinturas y representaciones de decapitaciones de las Santas, es frecuente ver al verdugo asiendo a la mártir por la cabellera antes de descargar el golpe. En realidad esto no se hacía así –ya se explicará en otro artículo concretamente- sino que es un símbolo del dominio masculino y la fuerza bruta de un verdugo frente a la delicadeza e inocencia de la víctima, contraste hoy en día un tanto sexista, pero que en tiempos pasados fue considerado edificante e instructivo acerca de las virtudes de la mártir representada, ideal de sometimiento, aceptación y resignación ante el tormento y la muerte.

Por último, añadir que muchas veces el hecho de rapar la cabellera se debía a la creencia popular de que las brujas y hechiceras tenían en ésta su fuente de magia y energía; por lo que, como he comentado en alguna otra ocasión, este dato se halla presente en muchos relatos legendarios de mártires que son asistidas milagrosamente en medio del tormento; pero que dichos milagros eran considerados hechicería por sus ejecutores.

Meldelen

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